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sábado, agosto 02, 2008

Legado oculto de Kafka podría salir a la luz

A 125 años de su natalicio, manuscritos inéditos son conservados en Tel Aviv
Eva Usi (Especial para La Jornada)

Kafka y Max Brod

Hamburgo, 29 de julio. Franz Kafka, uno de los personajes superlativos de la literatura universal, es recordado y celebrado con motivo del 125 aniversario de su natalicio. Exposiciones, simposios, escenificaciones de sus obras y nuevas publicaciones muestran su vida y creación bajo una nueva luz.

Como Shakespeare, Goethe, Dostoievski, Borges o Freud, Kafka es una marca, no necesita nombre de pila. Considerado la figura lingüística más poderosa e influyente de la literatura moderna, el escritor judío alemán nacido en Praga en tiempos del imperio austro-húngaro, publicó en vida un puñado de escritos y hoy sería tal vez conocido sólo en círculos académicos, de no ser porque su amigo y albacea, el escritor austriaco de origen judío, Max Brod, ignoró su voluntad expresa de que fueran quemados sus manuscritos y cartas tras su muerte por tuberculosis en 1924, poco antes de cumplir 41 años de edad.

Brod admiraba a Kafka, a quien llamaba ?el gran poeta de nuestro tiempo?. El crítico de arte recopiló buena parte de la obra de su amigo y publicó tres de sus novelas más importantes, que lo lanzaron a la fama póstuma cuando fueron traducidas en Estados Unidos: El proceso (1925), El castillo (1926) y América (1927).

Acervo desconocido

Max Brod abandonó Praga en 1939, huyendo de la ocupación nazi y llevando consigo numerosos manuscritos y cartas de Kafka, que en parte conservó hasta su muerte en 1968, en Israel. Su legado quedó en manos de su amante y secretaria, Ilse Esther Hoffe, quien se opuso rotundamente a abrir el archivo, pero Hoffe murió el año pasado, lo que da esperanzas a investigadores del mundo entero de que por fin pueda ser evaluado dicho legado, el cual se encuentra en un departamento de Tel Aviv.

?Ese legado de Max Brod no sólo es importante por Kafka, sino por toda la época del expresionismo, cuando hubo autores judíos de gran envergadura que escribieron en alemán?, afirma Reiner Stach, uno de los biógrafos de Kafka más renombrados, quien también espera estudiar esos documentos para completar su trilogía sobre la vida del escritor checo, con un tomo sobre su niñez y juventud.

?Hay papeles que son testimonio de sus años de estudiante, pero también cartas y manuscritos de otros escritores y músicos que contienen valiosa información sobre el ambiente artístico de Praga en aquel entonces?, afirma Stach en conversación con La Jornada.

?Alguien debía de haber calumniado a Josef K., porque sin haber hecho nada malo, fue detenido una mañana?, así comienza El proceso, de Kafka, una de las frases más citadas de la literatura moderna que ha dado pie a numerosas interpretaciones con las que se podría llenar una biblioteca. Sus obras fueron primero traducidas al francés. En Alemania, donde sus libros fueron prohibidos por los nazis, alcanzó fama tardía. Las ediciones de bolsillo aparecieron en las librerías en los años 50, lo que le dio celebridad de la noche a la mañana.

?Ya no se ve su obra desde el punto de vista teórico, como en las décadas de los 60 y 70, cuando sus textos fueron interpretados en relación con el sicoanálisis, el existencialismo, la teología y el estructuralismo. Ahora se lee como literatura, por su lenguaje, sus metáforas y las imágenes de su obra que ocupan un papel central?, afirma Stach, nacido en Sajonia en 1951, quien se hizo aficionado a Kafka desde la edad escolar.

Libro para público no académico

El primer tomo publicado por Stach (2002), Los años de las decisiones, (Ediciones Siglo XXI), que relata la vida del escritor judío alemán de 1910 hasta su muerte, fue aplaudido por la crítica por su empatía histórica y calidad narrativa, que ofrece imágenes panorámicas de la época acompañadas de tomas cercanas que abordan, como en el cine, las escenas más importantes.

?Mi intención era escribir un libro que acercara a Kafka al público no académico y por eso decidí utilizar ciertas técnicas que provienen de la novela, pero nada en el libro es ficción, todo está documentado al detalle?, afirma Stach, quien se valió de las numerosas cartas que escribió el entonces joven abogado y asesor de una compañía de seguros para relatar su relación sentimental con Felice Bauer, mientras en el trasfondo la Primera Guerra Mundial estaba a punto de comenzar.

Kafka leyó a Nietzsche, Byron y Goethe, y le fascinaban los nuevos inventos como el automóvil, el cine y el teléfono. Un artículo escrito por él en el diario praguense Bohemia, sobre un encuentro de aeroplanos en Brescia, es el primer testimonio en la literatura alemana de la prodigiosa técnica.

Su biografía estuvo marcada por la adversidad y una compleja personalidad que sigue sin comprenderse plenamente hoy día; vivió como una tortura su llamado a ser escritor, quiso casarse en tres ocasiones y no pudo mantener una relación de largo plazo con una mujer.

En su diario expresó la angustia de no vivir su vida como hubiera querido y el pánico a perder, por una relación amorosa, el último resto de libertad para escribir. ?El coito como castigo a la felicidad de estar juntos? escribió en 1913.

Una escena en particular no podía pasar inadvertida por el biógrafo y es relatada en detalle. En julio de 1914, Felice Bauer, acompañada de su hermana Erna y de su amiga Grete Bloch, cita a Kafka en un cuarto de hotel en Berlín para pedirle una explicación sobre las cartas que envió el escritor a Grete.

En ellas, Kafka duda de su matrimonio con Felice. Ésta sabe de las inseguridades de su prometido, Kafka le escribió unas 350 cartas, a veces más de una diaria. El compromiso entre ambos, festejado seis semanas antes, quedó disuelto.

Kafka se sintió juzgado como en un tribunal, como lo formula en su diario. Esa experiencia que lo marcó profundamente fue el detonador para redactar, apenas un mes después, El proceso, una delirante historia tragicómica en la que un tribunal invisible procesa a Joseph K. por delitos que desconoce.

La metamorfosis, donde Gregorio Samsa amanece un día convertido en un monstruoso insecto, turba y fascina a su público durante las contadas lecturas que realizó Kafka de su obra.

Algunos oyentes pierden el sentido al escuchar fragmentos de En la colonia penitenciaria, que narra con naturalidad una ejecución en la que una máquina de tormento graba el delito sobre la piel del condenado.

Aunque su obra ya provocaba conmoción, nadie imaginó en 1914 que se convertiría en un icono de la literatura del siglo XX.

?En esos años, Kafka tomó decisiones fundamentales en su vida. Por un lado tenía el profundo deseo de concentrarse por completo en la escritura, lo que se vuelve muy claro a partir de 1912, teniendo 29 años. Pero las expectativas de su familia y de sus amigos de que llevara una vida burguesa le provocan un sentimiento de inferioridad, y por eso quería fundar una familia.

Quería casarse con Felice Bauer, pero ella nunca entendió que él estuviera obsesionado por escribir, un conflicto que no tenía solución?, afirma Stach.

Según el experto, Kafka no estaba enamorado de Grete Bloch, quien asumió el papel de intermediaria a pedido de Felice, pero sí supuso una gran satisfacción constatar que podía hablar abiertamente con una mujer.

Con motivo del 125 aniversario del nacimiento de Kafka, Reiner Stach, biógrafo residente en Hamburgo, publicó el segundo tomo de la biografía del escritor checo, en el cual aborda la última fase de su vida, de 1916 a 1924.

Los años del conocimiento (Die Jahre der Erkenntnis) comienza con un nuevo acercamiento con Felice Bauer y un nuevo compromiso matrimonial. ?Hubo probablemente un contacto sexual, pactaron que en cuanto terminara la guerra vivirían juntos, pero que Felice seguiría trabajando, lo que permitiría a Kafka continuar escribiendo. Sin embargo, la situación cambió dramáticamente?, afirma el investigador. En 1917 le diagnosticaron tuberculosis pulmonar, lo que era equivalente a una condena de muerte.

?Ya nadie podía presionarlo a que formara una familia, además, la situación que vivía su entorno familiar era catastrófica, que lo marcó tanto como la enfermedad misma?, señala.

Intensa relación con Milena

En 1918 desaparece el Imperio Austro-Húngaro y en su lugar fue fundada Checoslovaquia, donde los alemanes, que tenían bastiones en Praga y Bohemia, eran odiados por los checos, quienes fueron particularmente agresivos hacia los judíos alemanes, a los que responsabilizaron de la guerra.

?En Praga imperaba una situación sumamente hostil y ya no era un hogar para Kafka, quien debió considerar hacia dónde emigrar. Así fue como surgió su acrecentado interés por el judaísmo, el sionismo y su sueño de emigrar a Jerusalén. Aprendió hebreo y los planes para emigrar adquirieron cada vez más importancia?, afirma el historiador.

Según Stach, fue en esos años cuando Kafka escribió textos completamente diferentes a sus narraciones anteriores, que cuentan con un argumento.

Surgen escritos enigmáticos y leyendas, como Informe para una academia o Un mensaje imperial. ?Se tiene la impresión de que Kafka ya no narra, sino que reflexiona sobre el mundo, sobre su situación y las alternativas que le quedan y lo decisivo es que reconoce que no tiene que integrarse a la sociedad como los demás, tal vez se percató de que no le quedaba mucho tiempo y esa fue una certidumbre central?, afirma el biógrafo.

Stach narra la relación de Kafka con la joven Julie Wohryzek, con quien estuvo a punto de casarse en 1919. Posteriormente conoce al gran amor de su vida, según el experto, y también tuvo un final desafortunado.

Después de su hermana Ottla, la periodista checa Milena Jesenská, quien tradujo algunos de sus textos al checo, fue la mujer más importante para Kafka, una relación intensa aunque breve, en la que la literatura jugó un papel muy importante.

Traslado a Berlín

En 1923, Kafka se trasladó a Berlín con su nuevo y último amor, Dora Diamant, de origen judío polaco, que hablaba yidish, hebreo y sabía mucho sobre el judaísmo del Este de Europa, lo que interesó vivamente al escritor. ?Podían conversar durante semanas, lo que fue para Kafka muy estimulante, pese a que ya se encontraba gravemente enfermo, con fiebre casi diario. Dora lo adoraba, era para ella como un santo?, afirma Stach.

Esos seis meses que vivió Kafka en Berlín escribió apuntes, dejó unos 20 cuadernos al morir que han sido buscados sin éxito en archivos en Berlín, Praga y Moscú.

Max Brod intentó recuperar todo lo que se encontraba en manos de otros: cuadernos, cartas, fragmentos y también escribió a Dora Diamant, quien mintió.

?Dijo que Kafka mismo había quemado todo antes de morir?, afirma Stach.

En 1934, 10 años después de la muerte de Kafka, la Gestapo inspeccionó el departamento de Dora y su marido en Berlín, acusados de comunismo. En esa redada fueron decomisados los cuadernos de Kafka que no llevaban su nombre.

Ese ?monstruoso mundo que tengo en la cabeza?, como dijera Kafka, ha sido estudiado febrilmente y generado unas 20 mil publicaciones en el mundo.

Con motivo del 125 aniversario de su nacimiento, sus obras han sido reditadas en alemán, nuevas publicaciones muestran imágenes hasta ahora inéditas que documentan paso a paso la vida del escritor.

Los medios reflexionan sobre sus célebres frases polisémicas, mientras que su obra es reinterpretada y revisada desde las artes plásticas, el cine, la música y el teatro.

Próximamente un simposio organizado por la Sociedad Kafka, alemana, reunirá a académicos de todo el mundo para analizar su obra en Heidelberg.

Sin embargo, el escritor checo seguirá siendo un misterio y provocando desconcierto.

?Kafka sigue siendo un enigma, lo fue incluso para su mejor amigo, Max Brod, quien no lo entendió en cuestiones fundamentales. Había como una pared de cristal entre Kafka y el resto del mundo, y esa pared sigue existiendo?, afirma Reiner Stach.

En 1904 Kafka escribió a su amigo Oskar Pollak: ?Lo que necesitamos son libros que hagan en nosotros el efecto de una desgracia, que nos duelan profundamente como la muerte de alguien a quien hubiésemos amado más que a nosotros mismos (...) un libro tiene que ser el hacha para el mar helado que llevamos adentro?. ¿Habrá intuido que sería él quien escribiría esos volúmenes?

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sábado, mayo 24, 2008

Para meditación de los jinetes

(Zum Nachdenken für Herrenreiter)
Franz Kafka (1907-1910).

Nada, si se piensa con detenimiento, puede inducirnos a querer ser los
primeros en una carrera.

La gloria de ser reconocido como el mejor jinete de un país alegra
demasiado cuando la orquesta comienza a tocar como para que al día
siguiente pueda evitarse el remordimiento.



La envidia del contrincante, de gente más astuta e influyente, nos
aflige al atravesar las estrechas barreras hacia aquella planicie que
pronto quedará vacía ante nosotros, si no es por la presencia de algunos
jinetes aventajados que, diminutos en la distancia, cabalgan hacia la
línea del horizonte.

Muchos de nuestros amigos, ansiosos por recoger las ganancias, gritan
"hurras" hacia nosotros por encima de los hombros y desde la alejada
ventanilla de cobros; los mejores amigos, sin embargo, no han apostado
por nuestro caballo, pues temen que si pierden podrían enfadarse con
nosotros, pero como nuestro caballo ha sido el primero y ellos no han
ganado nada, se dan la vuelta cuando pasamos y prefieren mirar hacia las
tribunas.

Los contrincantes, detrás, bien sujetos sobre la silla de montar,
intentan comprender la desgracia que les ha caído, así como la injusticia
que, de algún modo, se ha cometido con ellos. Adoptan una expresión de
frescura, como si fuera a comenzar otra carrera, y una expresión seria
después de ese juego de niños.

A muchas damas el ganador les parece ridículo porque se ufana, y, sin
embargo, no sabe qué hacer con el continuo apretar de manos, con los
saludos, las reverencias, las salutaciones y los saludos a la lejanía,
mientras que los vencidos tienen la boca cerrada y dan palmadas en el
cuello de los caballos, la mayoría de los cuales relínchan.

Finalmente, el cielo se pone turbio y comienza a llover.

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domingo, mayo 11, 2008

El sonido de eBay y la imagen de Kafka se exponen en 'Explotando datos'

Cómo sonarían los datos de eBay o qué sería 'El proceso', de Kafka, dentro de un videojuego, se muestran en las 37 obras de 'Explotando datos', una exposición audiovisual dentro del festival 'Les rencontres internationales' abierta en el complejo cultural El Aguila hasta el 14 de mayo.



La directora general de Archivos, Museos y Bibliotecas, Isabel Rosell, ha sido la encargada de presentar la exposición junto a sus dos comisarios, Jean Francois Rettig y Nathalie Hénon.

Rosell ha señalado el carácter internacional de esta segunda edición de 'Les rencontres internationales', con la que 'se facilita al público madrileño acercarse a las temáticas audiovisuales y a los artistas españoles llegar a ciudades tan punteras como París o Berlín'.

'Explotando datos', que será inaugurada hoy por el consejero de Cultura y Turismo, Santiago Fisas, ocupa tres plantas divididas en varios espacios según artistas y temas.

Data Meanings (explotando datos), Hyper Cinema (hipercine), Spaces (espacios), Public Estates (dominio público) y Monitoring Survey (control vigilado) son las cinco áreas temáticas sobre las que trabajan los seleccionados para la muestra.

La recreación sonora de eBay, convertida en instalación por los austríacos Ubermorgen, es un ejemplo del nuevo 'net art' -arte relacionado con las redes de comunicación- que se expone en 'Explotando datos'.

Además de esta obra, en el espacio Data Meanings se presentan distintas manipulaciones de los datos que manejan muchos portales web, 'transcribiéndolas a números y letras', según han explicado los comisarios.

Al aprovechar un campo tan amplio como el del videoarte, los creadores también analizan temas a debate en los medios de comunicación, como la guerra de Irak, mediante metáforas que 'cuestionan la historia y analizan a los medios', como ha recalcado Jean Francois Rettig ante una filmación de un cubo de azúcar que era consumido lentamente por gotas de petróleo.

La muestra moderniza referentes artísticos de otros campos, como la literatura o el cine. 'El proceso', de Kafka, se articula en un producto de videoconsola en el que el jugador camina junto a una pared que nunca podrá superar; mientras que otros trabajan con 'King Kong' y 'Kill Bill' para explorar la 'especificidad del lenguaje cinematográfico'.

'Explotando datos' es un punto más de la programación de 'Les rencontres internationales', en el que también se proyectarán películas y se desarrollarán debates, desde el próximo día 7 hasta el 14 de mayo.

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miércoles, abril 02, 2008

Francisco Toledo, formidable grabador

La sólida fama internacional del plural artista mexicano, nacido en Oaxaca, despliega su inventiva en una excelente selección de grabados recientes.
Nelson Di Maggio @ LR21

Francisco Toledo es conocido y reconocido en los múltiples lenguajes que ha frecuentado (pintura, cerámica, escultura) pero en el grabado en metal ofrece una maestría de alto voltaje expresivo.



Una de las principales virtudes de Informe para una Academia, muestra inaugurada la semana pasada en el Espacio Cultural de México, es la calidad de las ediciones, en su mayoría pruebas de artista o numeradas en los primeros tirajes de los 43 grabados. Luego, el enmarcado impecable, aunque la deficiente iluminación de la sala (mal resuelta desde el principio, que debería corregirse) incomoda la correcta observación de las obras.

Lo fundamental, empero, es la imaginación de Toledo, un torrente continuo de energía creadora que atrapa al receptor de inmediato. Fechada en 2005, Informe para una Academia es una serie de grabados inspirada en el cuento homónimo de Franz Kafka (1883-1924), donde el escritor checo narra la anterior vida de simio (como lo hizo con la cucaracha en La metamorfosis, 1917) en una transparente alegoría sobre la sociedad y el hostigamiento a la libertad del hombre, a la vulnerable condición humana.

En su mayoría, los grabados son de tamaño apaisado y diferentes dimensiones (entre 21 x 98 cm. y 10x 49 cm.) y Toledo araña la plancha de metal con la delicada técnica de la punta seca, acompañada, a veces, de aguatinta, con extrema sutileza y refinamiento expresivo hasta decantar en las magistrales imágenes de La greñuda y La mujer del gran peine, diferentes títulos para un mismo tema, agrupadas, con acierto, en un panel aislado, donde el dibujo en sucesivas oleadas de perturbardora atmósfera es conducido en una arrebatadora, envolvente composición rítmica, con lejanas resonancias de los latigazos gráficos anticipados por el Art Nouveau.

El sarcasmo y el humor de sus mitologías zoológicas, ya característico de Toledo en toda su trayectoria, transita por la ironía en el referente literario kafkiano y la técnica del azúcar, más pictórica, aunque igualmente lineal en la franqueza del trazo limpio de endiablada circularidad, administrando con extremo cuidado el equilibrio entre blancos sonoros y negros intensos, que adquieren, en Cuento de la luna vaga, He llegado a adquirir el grado de cultura de un europeo o Mono borracho, un clima de jocunda parodia y cristalina sensualidad, que corren con la fresca naturalidad del agua al caer. Sin duda, una de las pocas muestras provenientes del exterior que marcará la temporada de 2007.

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sábado, marzo 29, 2008

Homenajear a Kafka sin morir en el intento

Jon Bilbao reflexiona sobre el deseo de evadirse gracias a un protagonista que se metamorfosea en miles de moscas

MAGDA BANDERA - Madrid - 19/03/2008 12:49 (Público)

El fotógrafo quiere saber de qué trata la primera novela de Jon Bilbao antes de retratarle. El aludido tarda en responder. No es fácil defender que has escrito una historia "realista" cuando el protagonista de tu relato es un hombre que se transforma en un enjambre de moscas, así, por las buenas. Pero Jon tiene arrestos incluso para bautizar al hombre-multimosca con el nombre de Grego. A partir de ese momento, se acaba el homenaje a Kafka.

"Cuando leí La metamorfosis, tenía 14 años. Fue una lectura bastante peculiar porque a mí me gustaban los cómics y esperaba otra cosa. En ese momento, ni me gustó Kafka ni me convenció la historia. No entendía por qué su personaje no se hacía preguntas, por qué no indagaba en los motivos de su transformación", recuerda.

Lo que de verdad decepcionó al adolescente Jon fue que entre página y página no apareciese "toda una familia de insectos temibles". Pero de eso hace ya más de veinte años y este ingeniero de minas, nacido en Ribadesella en 1972, tiene otras preocupaciones y acumula varios premios literarios por sus relatos.


Las vacaciones perfectas


En El hermano de las moscas, Bilbao ha querido reflexionar sobre la idea de la evasión y la responsabilidad a través del caso de Grego. Este personaje, un treintañero bohemio que se gana la vida alquilando embarcaciones en el sudeste asiático, se transforma una vez al año en un enjambre de moscas durante diez días. "Es algo que puede parecer horrible, pero en realidad son las vacaciones perfectas. No sólo te permiten descansar del trabajo, sino también de la condición humana", comenta el autor.

Sin embargo, esas vacaciones "no son gratuitas". Alguien tiene que responsabilizarse de alimentar a las moscas, cuidarlas para que no se dispersen, vigilar que nadie las mate de un manotazo o un chorro de insecticida. Y, sobre todo, debe impedir que descubran el secreto de Grego.

Esa persona es "el hermano de las moscas", Héctor, un hombre tranquilo y racional, con un trabajo y una familia estables. Conseguir que alguien tan práctico como él asumiese que su hermano podía transformarse de tal manera fue todo un reto.

"Cuando comencé a trabajar en la novela, sabía que lo más importante era lograr que Héctor creyese a su hermano. Si él lo hacía, también lo haría el lector. A partir de ese momento, la historia es realista y lo de menos son las moscas", asegura Bilbao. Lo importante es que el lector que se atreva con el libro publicado por Salto de Página se haga preguntas a partir del tercer capítulo.

Preguntas vitales

Para Bilbao, una de esas preguntas esenciales versa sobre el tema de la responsabilidad y hasta qué punto esta sociedad está preparada para asumir "cargas" tan pesadas, como la de cuidar incondicionalmente a un hermano calavera sin apenas hacer reproches, y arriesgando la estabilidad laboral y familiar.

Para facilitarle los paralelismos al lector, Bilbao sitúa la acción en una ciudad y una casa indeterminadas, prototípicas de la burguesía globalizada de inicios del tercer milenio. Podría pasarte a ti, insinúa hasta rozar la amenaza.

"La novela tiene una voluntad crítica. En realidad, Héctor y Grego son la misma persona desgajada en dos. Uno tiene una vida de tecnócrata y el otro es un aventurero", compara. Por eso, ambos se envidian y se complementan. Y, como ocurre en tantas familias, nunca hablan. Apenas lo mínimo para pedirse y dejarse dinero, y concretar asuntos de intendencia.

Todo muy "normal", excepto el lugar de trabajo de Héctor. Como su padre literario hasta hace unos años, el hermano de las moscas trabaja en una refinería de petróleo, un entorno frío y poco dado a alentar la fantasía.
"Me interesaba mostrar el entorno laboral del protagonista. Me fastidia que en los libros y en las películas no se muestre el ámbito laboral de los personajes", argumenta Bilbao. Dime dónde trabajas y te diré cuánta presión soportas a diario. Si es demasiada, quizás sueñes con
desintegrarte en miles de ligeras moscas.

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lunes, marzo 17, 2008

El muro del emperador

Son 7200 kilómetros de piedra y ladrillos con los que se pretendió cercar un reino. Se empezó a construir por orden del primer emperador chino Qin Shi Huan, quizás el mayor megalómano de la historia, quien se volvió loco buscando el elixir de la inmortalidad. Sin embargo, 2 mil años de trabajo y varios millones de soldados y esclavos en acción no alcanzaron para unir los fragmentos de la muralla ni siquiera en la cara norte del imperio.

Por Julián Varsavsky / Página 12

Gran Muralla China

Aunque la Gran Muralla probablemente haya sido el mayor delirio terrenal del primer emperador chino Qin Shi Huan, el megalómano más grande de la historia, tuvo otro no menos sorprendente: luego de decapitar a medio centenar de oficiales que fracasaron en la búsqueda del elixir de la inmortalidad, decidió llevarse al inframundo de la muerte un ejército completo de 7 mil soldados moldeados en terracota, a quienes conduciría en sus batallas subterráneas por el lapso de la eternidad.

En La Muralla y los Libros, Jorge Luis Borges plantea una relación nada fortuita entre la orden del emperador de quemar todos los libros anteriores a él (o anteriores al ?tiempo?, que era lo mismo), y la condena que impuso a todo aquel que osara guardar uno de esos libros de trabajar por el resto de su vida en la construcción de la muralla. ?¿Acaso Qin Shi Huan condenó a quienes adoraban el pasado, a una obra tan vasta como el pasado, tan torpe y tan inútil??, se pregunta Borges.

La utopía de cercar un reino para impedir las invasiones nunca fue concretada, ya que su propia longitud no permitió defenderla ni garantizar su invulnerabilidad. Por otra parte, a pesar de sus 7200 kilómetros de largo, la muralla tampoco llegó a conectar todos sus fragmentos al mismo tiempo: a lo largo de sus casi 2 mil años de construcción, mientras un segmento se levantaba otro era tumbado por el enemigo del norte e incluso otros se caían de viejos, derruidos por el polvo y el viento. Pero lo cierto fue que ningún emperador de las veintitrés dinastías que rigieron el imperio pudo renunciar a la fantasía de amurallar su dominio, incapaces de darse cuenta de que en verdad estaban rodeados por la virtual muralla de un vasto horizonte.

EL ORIGEN

Uno de los hechos que más impresionan de la Gran Muralla es la cantidad de personas que participaron en su construcción. Sólo en los 10 años iniciales de la Dinastía Qin ?214 al 204 a.C.?, trescientos mil soldados al mando del general Meng Tian se dedicaron a poner ladrillo sobre ladrillo, inaugurando quizá la idea de la famosa ?paciencia china?. Más tarde, en el 555 d.C., se realizó una sección de 450 kilómetros en la que 1,8 millón de personas fueron forzados a edificar el muro que, al mismo tiempo que protegía el imperio, le imponía un límite a su expansión (tarde o temprano su destrucción vendría de un lado o del otro de la muralla). Esto vendría a comprobar la inutilidad de la muralla, cuyos fines fueron más de ostentación del poder que de carácter defensivo real. Una estructura de estas magnitudes era porosa por naturaleza, pero las dinastías se aseguraron de convencer a las sucesivas generaciones ?por miedo o por convicción? de la conveniencia de esta empresa. En La edificación de la muralla china, Franz Kafka desentraña la razón de esa obra descomunal cuando escribe que el objetivo único y absoluto de construirla era comprometer a los súbditos y esclavos en el círculo vicioso de aquella obsesión. La muralla era entonces un fin en sí mismo, alrededor de cuya edificación se organizaban las jerarquías sociales del reino. Según como se lo mire, en algún momento el cerco de piedra era una defensa o también una prisión en la que estaban confinados los que vivían tras sus muros, independientemente de los peligros que pudiesen venir de afuera. Además, los constructores morían por decenas de miles durante los trabajos y eran enterrados debajo mismo de la muralla, fundiéndose directamente con la herramienta de su condena.

Los primeros segmentos se comenzaron a levantar entre los siglos VII y VIII, cuando los diferentes estados de la futura China guerreaban entre sí. Hasta que Qin Shi Huan unificó China en el 214 a.C. con mano de hierro y surgió la idea de corporizar la unidad del imperio completando la muralla.

LA DISCONTINUIDAD

El sistema defensivo, a pesar de ser imperfecto, tuvo también su éxito para detener a los ejércitos pequeños. Y según Gengis Khan su efectividad dependía del coraje de quienes la defendieran. La muralla mide un promedio de diez metros de alto por cinco de ancho, y en el medio tiene un corredor que permite el desplazamiento rápido de las tropas. Desde sus torres le disparaban al atacante con flechas y con toda clase de proyectiles ?como balas de cañón? desde que se inventó la pólvora. Además tenían un parapeto de un metro de alto y por supuesto había también puertas fortificadas que permitían traspasar hacia adentro o hacia fuera los límites del reino.

La comunicación entre las distintas torres de vigilancia y aprovisionamiento de la muralla era fundamental para anunciar la llegada del enemigo. El método más común era el de las columnas de humo. Una sola de ellas significaba que un ejército de menos de 500 soldados estaba asediando la muralla. Y una columna doble de humo advertía que los atacantes eran menos de 3 mil.

Los principales constructores de la muralla que llegó hasta nuestros días fueron los emperadores de la Dinastía Ming (1368-1644). Hoy, igual que en los tiempos de sus inicios, la muralla se encuentra desconectada y en algunos lugares se ha reducido a polvo y aparece como borroneada en la inmensidad del desierto de Gobi. En otros sectores como Badaling ?a 60 kilómetros al norte de Pekín?, está restaurada a la perfección. Y hay quienes la usan en el campo como cantera para construir sus casas sin saber siquiera que se trata de la famosa muralla del primer emperador. No es cierto que su serpenteo se vea desde la luna, lo cual no quita que la Gran Muralla haya sido y siga siendo la obra de construcción humana más cruel y desbordada de egocentrismo que se haya realizado jamás.



Una aventura china
La clásica excursión en la zona de Badaling no es la más recomendable para visitar la muralla. Está restaurada con un dudoso criterio y la recorren millares de turistas perseguidos por molestos vendedores. El lugar en el cual mantiene su impronta original ?con muy pocos turistas? es en Simatai, donde, a pesar de no haber sido restaurada, la construcción posee largos segmentos en perfecto estado de conservación. Allí la muralla está construida sobre una cadena montañosa y en algunos sectores se ha desbarrancado con el paso del tiempo. El recorrido en grupo implica horas de subir y bajar escalones, pero la aventura comienza en las partes ruinosas, donde es un verdadero desafío seguir adelante en pos de alcanzar la torre de vigilancia más alta. En los lugares más derruidos, la muralla se hace tan angosta que es preciso avanzar a gatas por prevención ante los precipicios que se abren a cada costado. En estos tramos, muchos visitantes suelen abandonar la travesía. Como a medida que la cosa se complica cada cual avanza a su propio ritmo, por momentos uno se encuentra absolutamente solo en la cumbre de la montaña. Sin nadie a la vista, entre piedras milenarias, la mirada alcanza para abarcar esa infinita serpiente de piedra gris que parece arrastrarse sobre las montañas en busca de la eternidad. Y basta con cerrar los ojos para que nos alcance el rumor de los ancestrales ejércitos mongoles con sus catapultas al acecho, y los silbidos de las flechas chinas cortando el aire.



La muralla kafkiana
En el cuento La construcción de la muralla china del escritor checo Franz Kafka, el personaje de uno de los constructores de la muralla es quien explica la función política de esa obra desmesurada. ?Uno pensaría de antemano que hubiera sido más ventajoso en todo sentido construir la muralla seguidamente, o, a lo menos, seguidamente dentro de las dos secciones principales. La muralla, como universalmente se proclamó y como nadie ignora, había sido planeada como una defensa contra las naciones del norte. Pero ¿qué defensa puede ofrecer una muralla discontinua? Ninguna, y la muralla misma está en incesante peligro. Esos pedazos de muralla abandonados en mitad del desierto podrían ser fácilmente derribados por los nómadas, ya que esas tribus, alarmadas por los trabajos de construcción, cambiaban de querencia como langostas, con inconcebible velocidad y lograban tal vez una mejor visión general de los progresos de la muralla que nosotros los constructores. Sin embargo, la obra no pudo hacerse de otro modo. Para entenderlo así debemos considerar que la muralla tenía que ser una defensa para los siglos: por consiguiente, la edificación más escrupulosa, la aplicación de la sabiduría arquitectónica de todas las épocas y de todos los pueblos y el sentimiento perenne de la responsabilidad personal de los constructores, eran indispensables para la obra. Es verdad que para la tarea más subalterna podrían emplearse jornaleros ignorantes ?hombres, mujeres, niños, llevados por el mero interés?, pero ya un capataz de cuatro jornaleros debía ser un hombre versado en albañilería, un hombre que en el fondo del corazón sintiera todo lo que significaba la obra. Cuanto más alto el cargo, mayor la exigencia. Y se encontraban tales hombres, quizá no todos los requeridos para la obra, pero muy numerosos. El trabajo no debía ser emprendido a la ligera. Medio siglo antes de empezarlo, la arquitectura y la albañilería, en particular, había sido proclamada en toda la China (que se pensaba amurallar) la más importante de las ciencias, y las otras no eran reconocidas sino en cuanto se relacionaban con ella. Recuerdo todavía que nosotros, niños tambaleantes aún, nos juntábamos en el jardín del maestro, para levantar con piedrecillas una especie de muro, y que el maestro se remangaba la túnica, arremetía contra el muro, lo hacía naturalmente pedazos y nos vociferaba tales reproches por la fragilidad de la obra que nosotros huíamos llorando en todas direcciones en busca de nuestros padres. Un episodio mínimo, pero típico del espíritu de la época.?

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jueves, febrero 28, 2008

Kafka vivió el origen del cine

A partir de 1900, el proyector cambió el ocio del público

AFPPAULA CORROTO - PÚBLICO - Madrid - 27/02/2008 22:38

Una de las revoluciones más apasionantes dentro del universo cultural fue la aparición del cine. Dicen las enciclopedias que todo comenzó en 1896, con la primera proyección de los hermanos Lumière. Sin embargo, la verdadera explosión de este nuevo lenguaje llegaría durante las dos primeras décadas del siglo XX. Porque antes de las bombas (las de la gran guerra), toda Europa -principalmente París, Berlín, Praga y Viena- se llenará de cines y de unos espectadores embelesados y estupefactos.



Las primeras salas de exhibición fueron ambulantes. El artesano -aún no podía llamarse empresario- llegaba con su proyector y se iba. Pero, a partir de 1907, se establecerán las salas fijas, controladas por las empresas que dominarán la industria durante estos primeros años: las francesas Pathé y Gaumont, la alemana Mutoskop y la estadounidense, pero afincada en Europa, Edison Company. Ellas se encargaban de todo: producían, distribuían y, por supuesto, exhibían.

Influencia en los artistas

A las salas comenzó a acudir el público en tropel. Y, tal y como relata Hanns Zischler en su libro Kafka va al cine (Minúscula), uno de estos espectadores fue el joven checo Franz Kafka, quien, desde 1910 a 1914, recorrió, junto a su amigo Max Brod, los cines de París, Berlín y Praga con ojos desorbitados. La metáfora es evidente: si a Warhol, la televisión junto a la publicidad y el technicolor, le convirtieron en el artista más moderno de la posmodernidad, el cine para Kafka fue una especie de llegada a la Luna que influirá sobremanera en sus formas artísticas.

Por otra parte, los cines cambiaron el rostro a las ciudades. Muchos de ellos habían sido antes teatros, pero otros fueron construidos a partir de las premisas conceptuales del art-decó. Dentro de esa corriente se encontraba el Omnia Pathé, abierto en 1905 en París. "Fuente de nuestros placeres", escribió Kafka sobre él. En Berlín destacaba la zona de la Postdamer Platz, que poseía unos cines, dirigidos por los hermanos Herrnfeld, donde se proyectaron algunos de los éxitos de la época como Por fin solo, de Max Mack, en 1914. En la ciudad natal de Kafka, Praga, la profusión de cines era enorme: el Landestheater, el Lucio Azul, el Orient, el Bio-Lido o el Bio-Lucerna, una sala que también tenía un café y un cabaret.

Un cine muy ingenuo

Esto último dice mucho sobre cómo eran esos primeros cines y ese primer público que se acercaba expectante. En relación con las películas, algunas de las que, por ejemplo refiere Kafka en sus Diarios es la danesa La esclava blanca (1910), llena de tópicos eróticos y sexuales, y convertida en un éxito. Los títulos son muy característicos de estos primeros años de cine en blanco y negro y mudo. Ahí está la alemana Para yerno sólo quiero a un funcionario (1913). Todo un reflejo de que lo que empieza es espontáneo, sin maldad y con una deliciosa ingenuidad.

Ahora bien, tampoco hay que olvidar otras temáticas que gustaban mucho al público como los dramas realistas cercanos al suceso. Este tipo de filmes los explotaba mucho Pathé. Uno de sus éxitos fue El robo de la Mona Lisa, basado en el caso acaecido en 1911.

Macarras y obreros


En cuanto al público, según escribió el crítico cinematográfico Ulrich Rauscher en 1912, fue desde el inicio popular: "Había en Alexanderplatz (Berlín) un cine de barrio abarrotado de obreros, putas y macarras, y por encima de ellos se alzaba el comentario sensiblero del narrador". Exacto, estos narradores, dobladores especiales de aquellas películas mudas, eran también pieza clave en cualquier sala, junto a los carteles que anunciaban las películas, los cuales se convertirían en auténticos lienzos artísticos.

Por supuesto, el cinematógrafo, como se llamaba a los cines, provocó una caída de espectadores en los teatros. Es más, también entre los actores, ya que algunos de los más famosos de entonces, como Albert Basserman, tras brillantes Hamlet, o Delia Gill, no dudaron en ponerse ante la cámara. El cine era la meca y no al revés. Lo había cambiado todo.

Y también fue un termómetro para la sociedad. Un ejemplo que vivió el propio Kafka es evidente: año 1921, pase de la película Regreso a Sión, financiada por el Fondo Nacional Judío, en el Lido-Bio de Praga. Multitud de judíos acuden a la proyección. Kafka se acerca y observa cómo una extraña muchedumbre se agolpa a las puertas del cine. "¡Ahora los judíos hacen cine, qué desfachatez!", grita una mujer. Qué ironía: en 2008 la mayoría de las salas está copada por cine judío.


Franz Kafka, un enamorado del cinematógrafo

Según relata Hanns Zischler en Kafka va al cine, el escritor se enamoró del cine en 1910, cuando tenía 27 años. A tal llegó su pasión que, según afirmó en sus ?Diarios?, podía dejar la escritura ?su vida, su respiración? para dejarse caer por el Landestheater de Praga a ver qué programa emitían (en aquel entonces había muchas sesiones continuas, ya que las películas no tenían mucho metraje). Acudió en numerosas ocasiones al cine en compañía de su amigo Max Brod.

Le gustaban las comedias y las tragedias. Y es que a pesar de esa percepción universal de un carácter apocado, a Kafka no le gustaba estar un segundo quieto. Quería conocer todo lo que se movía en la ciudad. Hasta 1914 se encuentran numerosas entradas en los diarios sobre películas, cines y actores.

Después, curiosamente, tendría lugar su explosión literaria (La Metamorfosis, El Castillo, El Proceso). Nos queda la duda: ¿habría sido otro escritor sin su pasión cinéfila?

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