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domingo, julio 01, 2007

¿Dónde está el sexto replicante?

El 25 de junio 'Blade Runner' de Ridley Scott cumple un cuarto de siglo

Mauricio Montiel Figueiras (extraído de diario Reforma, México)


Ciudad de México (17 junio 2007).- En julio de 2000, dieciocho años después de que Blade Runner se estrenara en mil 290 salas de Estados Unidos ante la miopía generalizada de la crítica, Ridley Scott declaró que Rick Deckard era en efecto un replicante.

Acuñado por los guionistas Hampton Fancher y David Peoples, este término es un feliz relevo de "androide", la palabra utilizada en la novela que inspiró la película de un modo tan libre que Scott llegó a confesar que nunca la había leído. (El azar y sus cálculos caprichosos: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick, se publicó en 1968, pero se ubica en 1992, el año en que se lanzaría el director's cut de Blade Runner que prescinde, ya se sabe, de la molesta narración en off endilgada por los productores en la versión de 1982, que vio la luz a unos meses de la muerte de Dick. El filme se ubica en 2019 y no en 2020, el año pensado originalmente, para proponer desde el inicio una óptica imperfecta del futuro).


La polémica no se hizo esperar: Harrison Ford, que reemplazó a Dustin Hoffman en el papel protagónico, ¿alguien imagina a Tootsie con un impermeable chandleriano?, saltó al ruedo para decir que Scott y él habían acordado que Deckard no era en definitiva un replicante.

El meollo del asunto está en el conteo que tantas confusiones y teorías ha generado desde hace un cuarto de siglo y que algunos, aun M. Emmet Walsh, que encarna al jefe de policía Bryant, justo el responsable del conteo, atribuyen a una inexplicable incongruencia de Scott, que durante el rodaje fue más que congruente con el modelo del director vuelto tirano.

Un tirano que llevaba a todos lados una foto de Nighthawks, el célebre cuadro de Edward Hopper, para mostrar qué tipo de atmósfera quería obtener.

Pero recordemos el relato que Deckard oye de labios de Bryant. Dos semanas atrás, seis replicantes de la generación Nexus 6, tres varones, tres mujeres, huyeron de las colonias del espacio exterior rumbo a la Tierra al cabo de un sangriento motín. Uno de ellos, suponemos que es hombre, murió en un campo eléctrico, y los otros siguen sueltos. Pero en el registro de Bryant sólo aparecen cuatro portapieles con sus fechas de "nacimiento": el líder Roy Batty (Rutger Hauer), 8 de enero de 2016, lo que significa que es Capricornio; Pris (Daryl Hannah), 14 de febrero de 2016, Acuario; Zhora (Joanna Cassidy), 12 de junio de 2016, Géminis; Leon Kowalski (Brion James), 10 de abril de 2017, Aries. Leon es el único que pudo entrar en la Corporación Tyrell antes de ser detectado gracias a la prueba Voight-Kampff por un policía que comparte con Deckard la misma ocupación o condena: blade runner. (El término, aplicado a quienes se dedican al tráfico ilegal de instrumentos quirúrgicos, proviene de la novela homónima de Alan Nourse en que se basa un libreto del escritor William Burroughs que jamás se filmó).

Así pues, ¿dónde está el sexto replicante?
Hay fuentes que afirman que el guión incluía en sus primeros drafts a una portapiel extra: Mary, que al igual que Pris era eliminada por Deckard en el apartamento de J.F. Sebastian (William Sanderson), el diseñador genético que sufre el síndrome de Matusalén a sus 25 años, la edad que esta película imperecedera cumple el 25 de junio de 2007, y que vive en el edificio Bradbury, frente al que se hallan el teatro Million Dollar (donde se presentan Los Mimilocos-Mazacote y Orquesta) y la librería México (Libros-diarios-revistas en español); pero, mala suerte, Mary acabó perdiéndose en el tiempo como una lágrima en la lluvia ácida. Hay quienes dicen que la faltante en el conteo es Rachael (Sean Young), pero queda claro que esta maravilla tecnológica está a las órdenes de Eldon Tyrell (Joe Turkel), el padre ajedrecista que termina siendo asesinado por Roy Batty, el hijo pródigo que parafrasea a William Blake e improvisa una de las mejores despedidas de la historia del cine ("He visto cosas que ustedes no creerían. He visto naves en llamas sobre el hombro de Orión. He visto brillar rayos C en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhuser...").

Los más, sin embargo, asumen como suya la declaración de Ridley Scott y aseguran que el ausente no es sino el casi omnipresente Deckard: el solitario que vive en el piso 97 de un bloque de 4 mil departamentos vacíos, el cruzado futurista que se solaza tocando el piano y estudiando una colección de fotografías antiguas que podrían activar memorias implantadas.

Las pistas están ahí: el hecho de no haberse sometido nunca a la prueba Voight-Kampff, el brillo rojo que despunta en su mirada y remite a Rachael o al búho mecánico de Tyrell, el unicornio soñado que se convierte en origami real.

La cuestión es que Deckard trabaja desde hace varios años para el cuerpo de policía: puede ser un replicante, un mercenario que traiciona a los de su propio género, pero de ninguna forma es el que omite Bryant.

¿Y entonces?

Quizá la respuesta esté en otra pregunta: ¿de quién es el ojo azul que nos da la bienvenida al Los Ángeles infernal de 2019?

Quizá, bajo el cielo salpicado de pantallas en las que una japonesa hace gala de su ubicuidad orwelliana (Big Geisha is watching you), deambula el dueño o la dueña de ese ojo, una figura que se mantiene al margen del relato porque ha descubierto lo que los otros, sus semejantes, anhelan: el grial auténtico. Es el sexto replicante que, al igual que el filme donde aparece sólo como misteriosa alusión, ha encontrado la fórmula de la inmortalidad.

Escritor y periodista

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