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lunes, febrero 04, 2008

La Última Noche Del Mundo (Ray Bradbury)

- ¿Qué harías si supieras que ésta es la última noche del mundo?
- ¿Qué haría? ¿Lo dices en serio?
- Sí, en serio.
- No sé, no lo he pensado.
El hombre se sirvió un poco más de café. En el fondo del vestíbulo las niñas jugaban sobre la alfombra con unos cubos de madera, bajo la luz de las lámparas verdes. En el aire de la tarde había un suave y limpio olor a café torrado.
- Bueno, será mejor que empieces a pensarlo.
- ¡No lo dirás en serio!
El hombre asintió.
- ¿Una guerra?
El hombre sacudió la cabeza.
- No.
noche
- ¿La bomba atómica o la bomba de hidrógeno?
- No.
- ¿Una guerra bacteriológica?
- Nada de eso -dijo el hombre, revolviendo suavemente el café-. Sólo, digamos, un libro que se cierra.
- Me parece que no entiendo.
- No. Y yo tampoco, realmente. Sólo es un presentimiento. A veces me asusta.
A veces no siento ningún miedo, y sólo una cierta paz. -Miró a las niñas y los caballos amarillos que brillaban a la luz de la lámpara-. No te lo he dicho. Ocurrió por primera vez hace cuatro noches.
- ¿Qué?
- Un sueño. Soñé que todo iba a terminar. Me lo decía una voz. Una voz irreconocible, pero una voz de todos modos. Y me decía que todo iba a detenerse en la Tierra. No pensé mucho en ese sueño al día siguiente, pero fui a la oficina y a media tarde sorprendí a Stan Willis mirando por la ventana, y le pregunté: ¿Qué piensas, Stan?, y él me dijo: Tuve un sueño anoche. Antes que me lo contara yo ya sabía qué sueño era ése. Podía habérselo dicho. Pero dejé que me lo contara.
- ¿Era el mismo sueño?
- Idéntico. Le dije a Stan que yo había soñado lo mismo. No pareció sorprenderse. Al contrario, se tranquilizó. Luego nos pusimos a pasear por la oficina, sin darnos cuenta. No concertamos nada. Nos pusimos a caminar, simplemente, cada uno por su lado, y en todas partes vimos gentes con los ojos clavados en los escritorios, o que se observaban las manos, o que miraban la calle. Hablé con algunos. Stan hizo lo mismo.
- ¿Y todos habían soñado?
- Todos. El mismo sueño, exactamente.
- ¿Crees que será cierto?
- Sí, nunca estuve más seguro.
- ¿Y cuándo terminará? El mundo, quiero decir.
- Para nosotros, en cierto momento de la noche. Y a medida que la noche vaya moviéndose alrededor del mundo, llegará el fin. Tardará veinticuatro horas.
Durante unos instantes no tocaron el café. Luego levantaron lentamente las tazas y bebieron mirándose a los ojos
- ¿Merecemos esto?- preguntó la mujer.
- No se trata de merecerlo o no. Es así, simplemente. Tú misma no has tratado de negarlo. ¿Por qué?
- Creo tener una razón.
- ¿La que tenían todos en la oficina?
La mujer asintió.
- No quise decirte nada. Fue anoche. Y hoy las vecinas hablaban de eso entre ellas. Todas soñaron lo mismo. Pensé que era sólo una coincidencia. -La mujer levantó de la mesa el diario de la tarde-. Los periódicos no dicen nada.
- Todo el mundo lo sabe. No es necesario. -El hombre se reclinó en su silla, mirándola.- ¿Tienes miedo?
- No. Siempre pensé que tendría mucho miedo, pero no.
- ¿Dónde está ese instinto de autoconservación del que tanto se habla?
- No lo sé. Nadie se excita demasiado cuando todo es lógico. Y esto es lógico. De acuerdo con nuestras vidas, no podía pasar otra cosa.
- No hemos sido tan malos ¿no es cierto?
- No, pero tampoco demasiado buenos. Me parece que es eso. No hemos sido casi nada, excepto nosotros mismos, mientras que casi todos los demás han sido muchas cosas, muchas cosas abominables.
En el vestíbulo las niñas se reían.
- Siempre pensé que cuando esto ocurriera la gente se pondría a gritar en las calles.
- Pues no. La gente no grita ante la realidad de las cosas.
- ¿Sabes? Te perderé a ti y a las chicas. Nunca me gustó la ciudad, ni mi trabajo, ni nada, excepto vosotras tres. No me faltará nada más. Salvo, quizá, los cambios de tiempo, y un vaso de agua helada cuando hace calor, y el sueño. ¿Cómo podemos estar aquí, sentados, hablando de este modo?
- No se puede hacer otra cosa.
- Claro, eso es; pues si no estaríamos haciéndolo. Me imagino que hoy, por primera vez en la historia del mundo, todos saben qué van a hacer de noche.
- Me pregunto, sin embargo, qué harán los otros, esta tarde, y durante las próximas horas.
- Ir al teatro, escuchar la radio, mirar la televisión, jugar a las cartas, acostar a los niños, acostarse. Como siempre.
- En cierto modo, podemos estar orgullosos de eso? como siempre.
El hombre permaneció inmóvil durante un rato, y al fin se sirvió otro café.
- ¿Por qué crees que será esta noche?
- Porque sí.
- ¿Por qué no alguna noche del siglo pasado o de hace cinco siglos o diez?
- Quizá porque nunca fue 19 de octubre de 1969 y ahora sí. Quizá porque esa fecha significa más que ninguna otra. Quizá porque este año las cosas son como son, en todo el mundo, y por eso es el fin.
- Hay bombarderos que esta noche estarán cumpliendo su vuelo de ida y vuelta a través del océano, y que nunca llegarán a tierra.
- Eso también lo explica, en parte.
- Bueno -dijo el hombre incorporándose-, ¿qué haremos ahora? ¿Lavamos los platos?
Lavaron los platos y los apilaron con un cuidado especial. A las ocho y media acostaron a las niñas y les dieron el beso de buenas noches y apagaron las luces del cuarto y entornaron la puerta.
- No sé? -dijo el marido al salir del dormitorio, mirando hacia atrás, con la pipa entre los labios.
- ¿Qué?
- ¿Cerraremos la puerta del todo, o la dejaremos así, entornada, para que entre un poco de luz?
- ¿Lo sabrán también las chicas?
- No, naturalmente que no.
El hombre y la mujer se sentaron y leyeron los periódicos y hablaron y escucharon un poco de música, y luego observaron, juntos, las brasas de la chimenea mientras el reloj daba las diez y media y las once y las once y media.
Pensaron en las otras gentes del mundo, que también habían pasado la velada, cada uno a su modo.
- Bueno -dijo el hombre al fin.
Besó a su mujer durante un rato.
- Nos hemos llevado bien, después de todo- dijo la mujer.
- ¿Tienes ganas de llorar? -le preguntó el hombre.
- Creo que no.
Recorrieron la casa y apagaron las luces y entraron en el dormitorio. Se desvistieron en la fresca oscuridad de la noche, y retiraron las colchas.
- Las sábanas son tan limpias y frescas?
- Estoy cansada.
- Todos estamos cansados.
Se metieron en la cama.
- Un momento -dijo la mujer.
El hombre oyó que su mujer se levantaba y entraba en la cocina. Un momento después estaba de vuelta.
-Me había olvidado de cerrar los grifos.
Había ahí algo tan cómico que el hombre tuvo que reírse.
La mujer también se rió. Sí, lo que había hecho era cómico de veras. Al fin dejaron de reírse, y se tendieron inmóviles en el fresco lecho nocturno, tomados de la mano y con las cabezas muy juntas.
-Buenas noches -dijo el hombre después de un rato.
-Buenas noches -dijo la mujer.

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jueves, enero 03, 2008

Arthur C. Clarke. El soñador cumple 90 años

Abandonó la ciencia por la ciencia ficción y se convirtió en clásico de un género no siempre bien tratado con una prosa llena de imaginación y compromiso
14.12.07 -
TEXTO: MARIO VIRGILIO MONTAÑEZ FOTO: G. AMARASINGHE. AP (sur.es)

ESTE hombre que cumple 90 años dentro de dos días tiene el título de Sir, se le buscan entrevistas que apenas concede y se le pregunta, como si viera el futuro, por el porvenir de este planeta achacoso, martirizado por el calentamiento global y amenazado de ataques. Ahora mismo está en las librerías su última novela, 'El ojo del tiempo', escrita en colaboración con Stephen Baxter, y que demuestra que las facultades del autor británico no han desaparecido con la edad.

Arthur C. Clarke

Es un caso extraño el de Sir Arthur Charles Clarke, Arthur C. Clarke para la historia de las letras, pues es uno de esos nombres, junto a Isaac Asimov y poco más, que es conocido por todo amante o aficionado a la literatura cuando se ha dedicado escrupulosamente al género de la ciencia ficción. Por ello, a la vez que llegan los homenajes y las evocaciones en masa, dediquemos estas páginas a glosar al gran superviviente de la edad de oro del género que se esfuerza en dibujarnos un futuro imperfecto que vamos evadiendo con nuestro presente imperfecto.

Radicado en Sri Lanka desde 1956, comparte con alguien tan insospechado como Ernesto Sábato (en activo a sus 96 años cumplidos) el hecho de haberse dedicado a la ciencia antes de abandonarla para dedicarse únicamente a la literatura. De hecho, el primer libro publicado por Clarke es 'Vuelo interplanetario. Una introducción a la Astronáutica', publicado en 1950 y premiado por la Unesco en 1962. Su actividad literaria, con todo, comenzó a finales de los años 30, siendo de 1937 su primer relato de ciencia ficción, con ensayos y artículos científicos que serán interrumpidos en el periodo 1941-1946, cuando sirva en la RAF participando como especialista en radares en la Segunda Guerra Mundial.

Ficciones y ensayos

Es entonces cuando empieza a compaginar la ciencia con la ciencia ficción. Muestra de ello es que en 1945 predice en un ensayo lo que mucho más tarde será el satélite de comunicaciones geosincrónico y en 1946 publica su primer relato importante del género que, por entonces, se consideraba algo escapista, hecho para mentes candorosas. Dentro de su actividad científica, es curiosa su presencia en Barcelona en 1957 dentro del comité británico participante en el VIII Congreso Internacional de Astronáutica, que coincide con el lanzamiento del 'Sputnik Unon' por la URSS.

Este caso de científico que soñaba con aventuras estelares terminará convirtiéndose en el de un soñador sin paliativos gracias a una película, analizada en estas páginas por Juan Antonio Vigar, convertida en una de las más enigmáticas, más abiertas, más sugerentes, de la historia del cine: '2001, una odisea del espacio'. Por lo tanto, poco se hablará aquí del monolito, de la película y de la breve novela que Clarke fue escribiendo a medida que el proyecto de Kubrick maduraba. Clarke es responsable de indiscutibles obras maestras como 'El fin de la infancia' (1953) y el ciclo iniciado con 'Cita con Rama' (1973).

En la primera de estas novelas, la Tierra recibe la visita de los extraterrestres, que ocultan en todo momento su apariencia y garantizan un periodo de prosperidad y paz como nunca se había conocido. El acceso a su aspecto quedará aplazado por cincuenta años según se acuerda con el secretario general de Naciones Unidas, convertido en interlocutor con ellos. Los detalles de la trama de este libro altísimamente recomendable no serán desvelados aquí. En todo caso, se trata de una fábula moral y de una amarga reflexión acerca de la esperanza. Tiene los componentes necesarios para que pueda ser leída desde una clave religiosa, tal como sucede, por poner un ejemplo notorio, con 'Contacto' de Carl Sagan. El punto de vista de Clarke, con todo, no deja tanto espacio a la posibilidad del optimismo.

'Cita con Rama' tiene el privilegio de ser una de las novelas más premiadas del género, al haber recibido los premios Nébula, Júpiter, Hugo, Locus, John W. Campbell y el de la Asociación Británica de Ciencia Ficción. Todo ello solamente con la primera novela del ciclo, continuado en 1989, 1991 y 1993 en colaboración con Gentry Lee. Para los no iniciados, cabe indicar que el Premio Hugo es equiparado al Nobel dentro del género, ganándolo también Clarke en 1980 por 'Fuentes del paraíso' (un libro en el que se trata de la construcción de un puente sobre el Estrecho de Gibraltar y de una 'torre orbital' que lleve al hombre hacia un satélite; por medio, nuevamente los sentimientos religiosos tienen un papel fundamental). Un enorme artefacto extraterrestre, de dimensiones gigantescas es detectado en el siglo XXII. Una misión terrestre se encargará de explorar el gigantesco artefacto.

El sentido de extrañeza, de maravilla, de incertidumbre, de finitud ante lo aparentemente infinito, de fragilidad ante lo que parece inalterable y eterno, nunca ha sido tan bien expresado. Esta sensación coincide con una de las 'leyes de Clarke', la tercera, según la cual la tecnología, a medida que vaya creciendo, se irá haciendo indistinguible de la magia.

La leyes de Clarke

Las otras tres leyes, surgidas entre 1962 y 1999, resumen el pensamiento del veterano científico y escritor: Primera: «Cuando un anciano y distinguido científico afirma que algo es posible, probablemente está en lo correcto. Cuando afirma que algo es imposible, probablemente está equivocado». Segunda: «La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse hacia lo imposible». Cuarta: «Frente a cada experto, existe otro experto igual y opuesto».

En justicia, deben señalarse ciertos puntos oscuros ante quien es el último clásico vivo de uno de los géneros literarios más ricos en posibilidades y más incomprendidos. En 1998, Clarke fue nombrado caballero por el Príncipe Carlos de Inglaterra en el curso de una visita a Sri Lanka. El sensacionalista 'The Daily Mirror' argumentó en su contra una turbia historia de pedofilia, ante lo que, a petición del autor, se detuvo el procedimiento de investidura de la alta dignidad honorífica hasta que la verdad quedara establecida. Una detallada investigación de la justicia de Sri Lanka determinó la absoluta inocencia de Clarke, y el periódico difamador publicó la necesaria rectificación. El 26 de mayo de 2000 sería finalmente investido como Sir Arthur Charles Clarke, caballero de la Orden del Imperio Británico. Por otra parte, es de rigor reconocer que algunas de las obras escritas en colaboración desde 1991 no tienen el nivel esperable de un maestro tan veterano. Con todo, y gracias a todo, Clarke sigue siendo el gran y último clásico vivo de la ciencia ficción. Con honores. Y con honor.

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domingo, julio 29, 2007

"Fahrenheit 451" versión Frank Darabont

La novela de ciencia-ficción de Ray Bradbury que causó una agradable impresión con la versión que hizo François Truffaut en 1966, será revisitada por Frank Darabont.

Mel Gibson, dueño de los derechos de la novela de cara a ser llevada a la pantalla, está detrás del proyecto a través de su compañía Icon en asociación con Castle Rock, y no es seguro aún que la protagonice pero sí que la producirá, por lo que ha elegido a Darabont para que la dirija (de cara a estrenarse entre el 2003 y 2004).

Es muy recordada la versión de Truffaut (por la que, evidentemente sí ha pasado el tiempo), convertida ya en un clásico de la ciencia-ficción, y considerada una de las mejores adaptaciones de Bradbury a la pantalla, por donde han desfilado miniseries como ?Crónicas Marcianas? o filmes como ?El Hombre Ilustrado?.

Frank Darabont es un realizador nada convencional de Hollywood, donde ha sido capaz de ir contracorriente gracias a trabajos como ?Enterrado vivo? y ?Cadena Perpetua?, y que ha visto que tras la buena acogida de ?La Milla Verde? su ?Mr. Majestic? con Jim Carrey naufraga en un mundo plagado de Harry Potters y Señores de los Anillos.

?Fahrenheit 451? se refiere a la temperatura a la que se quema el papel, el papel de libros y revistas que en un futuro, según Bradbury estarán prohibidos (pensar es lo último que se debe hacer, lo mejor es obedecer) y que serán quemados sin piedad por los bomberos. Quienes los guarden y lean serán encarcelados (o algo peor)... el libre pensamiento y marcar la diferencia (como en ?1984?) será un delito.

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viernes, junio 29, 2007

Fahrenheit 451 en las novedades de Minotauro

Minotauro nos presenta en sus novedades de este mes algunos clásicos de la CiFi (nota de prensa)

Biblioteca de Autor Bradbury

Fahrenheit 451: la temperatura a la que el papel se enciende y arde.


Guy Montag es un bombero y el trabajo de un bombero es quemar libros, que están prohibidos porque son causa de discordia y sufrimiento. El Sabueso Mecánico del Departamento de Incendios, armado con una letal inyección hipodérmica, escoltado por helicópteros, está preparado para rastrear a los disidentes que aún conservan y leen libros. Como 1984, de George Orwell, como Un mundo feliz, de Aldous Huxley, Fahrenheit 451 describe una civilización occidental esclavizada por los medios, los tranquilizantes y el conformismo.

La visión de Bradbury es asombrosamente profética: pantallas de televisión que ocupan paredes y exhiben folletines interactivos; avenidas donde los coches corren a 150 kilómetros por hora persiguiendo a peatones; una población que no escucha otra cosa que una insípida corriente de música y noticias transmitidas por unos diminutos auriculares insertados en las orejas.

«Fahrenheit 451 es el más convincente de todos los infiernos conformistas.»

Ray Bradbury nació en Waukegan, Illinois, en 1920, y reside en Los Ángeles desde 1934. Entre novelas, colecciones de cuentos, poemas y obras de teatro, ha publicado más de una treintena de libros. Ha desarrollado una amplia actividad en el mundo del cine, el teatro y la televisión. En 1989 fue nombrado Gran Maestro de la SFWA (Asociación de autores de ciencia ficción norteamericanos) y en 1999 recibió el SF Hall of Fame por toda su carrera. Una nueva presentación para este clásico de la literatura utópica que retrata un futuro sin libros.

ISBN: 978-84-450-7641-5 CÓDIGO 493879 14 x 22,5 cm / 224 pp. TAPA DURA CON SOBRECUBIERTA PVP 17,50 euros

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viernes, abril 20, 2007

El periódico «The Wall Street», galardonado con dos premios Pulitzer

La agencia The Associated Press obtuvo un galardón por una fotografía en la que se ve a una mujer judía desafiando a las fuerzas israelíes
AGENCIAS NUEVA YORK



El periódico estadounidense The Wall Street obtuvo ayer dos premios Pulitzer por su investigación del escándalo de stock options de empresas estadounidenses en 2006 y por un reportaje sobre el modo en que el capitalismo emerge en China.
Por su parte, la agencia The Associated Press obtuvo otro galardón por una fotografía en la que se ve a una mujer judía desafiando a las fuerzas de seguridad israelíes en Cisjordania.
La lista de galardonados, que además de la labor periodística premia actividades literarias, teatrales y musicales, incluye una mención especial al escritor Ray Bradbury, por su influyente carrera como escritor de ciencia ficción, y al compositor e intérprete de jazz, John Coltrane, por su aportación a ese género musical.
La Junta que otorga los premios Pulitzer, compuesta por representantes de algunos de los principales diarios de EEUU y de entidades universitarias, decidió los galardones en varias reuniones que mantuvo la pasada semana y serán entregados durante un almuerzo en la Universidad de Columbia el próximo 21 de mayo.

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lunes, marzo 26, 2007

Y cuando Bush despertó, la guerra seguía ahí

?Vamos a volver a la Luna y también vamos a ir a Marte?
Roberto Bardini (BAMBU PRESS, publicado originalmente en agenpress.info http://www.argenpress.info/nota.asp?num=040654&Parte=0 )

En octubre de 2000, una periodista del periódico español La Vanguardia le preguntó al escritor Ray Bradbury cómo imaginaba el futuro. ?Vamos a volver a la Luna y también vamos a ir a Marte. Me gustaría que el gobierno se cuestionara por qué no volvimos a la Luna. No debimos haberla dejado nunca. Nuestro destino no es estar solamente aquí en la Tierra?, contestó el autor de Fahrenheit 451.

Luego, ante la pregunta ?¿para qué hemos nacido??, Bradbury respondió: ?Para mirar todo el universo, para celebrarlo. Tenemos que salir a examinarlo y colonizarlo. Tenemos que cumplir nuestro destino y volver a la Luna, y a Marte, y expandirnos, expandirnos?.



A casi siete años de distancia y ante las noticias que llegan de Medio Oriente, suenan fuertes las palabras ?examinar?, ?colonizar?, ?expandirnos?... Sobre todo porque Bradbury no se considera a sí mismo un escritor de ciencia ficción sino ?un narrador de cuentos con propósitos morales?. El destino de los hombres ?ha dicho? es ?padecer sufrimientos agobiadores para concluir vencidos, contemplando el fin de la eternidad?.



Un mes después de estas declaraciones, George W. Bush ganó la cuestionada elección presidencial de noviembre de 2000 sin haber logrado la mayoría de votos, un hecho inédito en la historia de Estados Unidos desde 1888. Por fallas en las máquinas de recuento de sufragios en el estado de Florida ?donde su hermano Jeb Bush era gobernador? intervino la Corte Suprema de Justicia para darle el triunfo, otro hecho inédito desde 1876.



Durante su campaña como candidato, Bush había asegurado que se oponía a utilizar a las Fuerzas Armadas estadounidenses en intentos de reconstruir países en el extranjero. Desde entonces, Estados Unidos hizo exactamente lo contrario: no regresó a la Luna ni a Marte, pero se ha expandido bastante en la Tierra, sobre todo en Oriente Medio. Por eso hoy es como si las palabras de Bradbury se refirieran a Irak y Afganistán.



Aunque Bush se graduó en Letras por la Universidad de Yale en 1968 ?año en que Ray Bradbury ganó el premio que otorga la Aviation-Space Writers Association (ASWA)? es poco probable que haya leído la obra del autor de Crónicas Marcianas. En su libro de cuentos El Convector Toynbee, publicado en 1988, Bradbury le hace decir a uno de sus personajes algo que es exactamente lo contrario del camino recorrido por Estados Unidos en los últimos seis años y que, visto con ojos actuales, es una pequeña perla del sarcasmo:



?¡Lo logramos!, exclamó. El futuro es nuestro. Reedificamos las ciudades, reconstruimos los pueblos, saneamos los lagos y ríos, purificamos el aire, salvamos a los delfines, aumentamos el número de ballenas, detuvimos las guerras, enviamos estaciones solares al espacio para iluminar el mundo, colonizamos la Luna, nos mudamos a Marte y luego a Alfa Centauro. Curamos el cáncer y derrotamos la muerte?.



El lunes 20 de marzo se cumplieron 48 meses de la invasión estadounidense a Irak y Bush pidió ?paciencia?, con voz apagada, a quienes cada vez más se oponen a la ocupación del país árabe.



La breve declaración televisada desde la Casa Blanca contrastó con su euforia del 1 de mayo de 2003, poco antes del derrocamiento de Saddam Hussein, cuando anunció desde la cubierta del portaaviones Abraham Lincoln que las mayores operaciones de combate en Irak habían terminado. Su frase ¡Mission Acomplished! (?¡Misión cumplida!?) fue reproducida en un enorme cartel que o­ndeaba sobre el buque. Pero hoy, cuando despertó, la guerra seguía ahí.+ (PE/Argenpress)

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martes, marzo 13, 2007

El hombre ilustrado

Reseña publicada en "El Ciudadano de Bariloche"

Recomendado de la Semana: ?El Hombre Ilustrado.? Por la Lic. Julia Elena Fernández
El trabajo posee diferentes relatos, correspondiendo cada uno de ellos a una imagen del hombre ilustrado. Comienza el libro con una narración sumamente interesante, denominada: ?La Pradera?, en la cual unos niños son cuidados por una guardería virtual, sin embargo esto va más allá y los niños generan una realidad virtual que comienza a generar problemas.


Ficha Técnica:
Título: ?El hombre Ilustrado?.
Autor: Ray Bradbury.
Editorial: Booket.



?No estaba prediciendo el futuro, estaba intentando prevenirlo.?
Ray Bradbury


Ray Bradbury es uno de los primeros nombres que se nos viene a la cabeza si pensamos en ciencia ficción. A pesar de que existe una discusión en el mundo literario, sobre si los trabajos de este escritor pertenecen o no a esta categoría. Comúnmente asociamos su nombre con este género y no podemos dejar de resaltar que los trabajos de Bradbury poseen mucha fantasía y misterio, los mismos crean un mundo irreal que nos asombra y fascina. A través de esta construcción las enseñanzas y su análisis de la realidad se trasmiten de generación en generación.

Asimismo, ha producido una amplia gama de libros, cuentos y ensayos. La alta calidad en su redacción y el exquisito estilo literario que posee se evidencian constantemente. La obra hoy recomendada a nuestros seguidores, ?El hombre ilustrado? no se encuentra exenta de estas cualidades.

?El hombre ilustrado? contiene dieciocho cuentos, que poseen un mismo hilo conductor. El personaje principal, es un señor que se encuentra todo cubierto de tatuajes, los cuales cobran vida y hasta predicen el futuro. Cada diseño genera su propia historia.





El trabajo posee diferentes relatos, correspondiendo cada uno de ellos a una imagen del hombre ilustrado. Comienza el libro con una narración sumamente interesante, denominada: ?La Pradera?, en la cual unos niños son cuidados por una guardería virtual, sin embargo esto va más allá y los niños generan una realidad virtual que comienza a generar problemas.

Otros cuentos que podemos resaltar son por ejemplo, ?El otro pie? y ?La última noche del mundo?. En el primero, los hombres de color conquistan Marte, hasta que un día se enteran que los ?blancos? llegarán al planeta. Así los blancos serán considerados como de segunda clase. En el segundo, los hombres saben que el mundo se terminará, con este conocimiento deben continuar con su vida sabiendo que la existencia del mundo está por finalizar.

Todas las narraciones son fantásticas y futuristas. Estas se encuentran caracterizadas por una excelente descripción y los relatos son fascinantes. El contenido que trasmite el escritor apunta básicamente a desnudar y analizar la propia esencia del ser humano.

Ray Douglas Bradbury nació en Agosto de 1920 en los Estados Unidos. Ha realizado numerosos trabajos, como por ejemplo: ?Crónicas marcianas? y ?Fahrenheit 451?. A lo largo de su carrera ha recibo numerosas menciones y premios.

?El hombre ilustrado? fue llevado al cine por el director Jack Smight, pero en ella solo se presentaron tres de las historias del autor: ?La Pradera?, ?La larga lluvia? y ?La última noche del mundo?.


Un libro original, fantástico y crítico producido por una mente ?sin límites?.

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jueves, marzo 08, 2007

Sale a la calle un nuevo sello literario, "451 Editores"

Llega a las librerías una nueva editorial, 451 Editores, un nuevo sello dedicado a la narrativa, el ensayo y el libro ilustrado, dirigido por Javier Azpeitia.

451 Editores se presenta a través de cuatro colecciones, novelas, cuentos y ensayos; versiones de clásicos por autores de hoy, antologías temáticas ilustradas y ensayos ilustrados sobre arte e imagen.

Así, estarán a la venta los cuatro primeros títulos de la colección: "Corazón de tango", de Elia Barceló; "La pértiga del funambulista", de Berta Tabor; "La mujer de Andros", de Thornton Wilder; y "Un verano en mariposa", de Stephen Leacock.

Y a partir del nueve de noviembre saldrá a la venta los primeros títulos de la colección 451.Re, dedicada a las versiones de clásicos por autores de hoy. En esta nueva serie se publicarán títulos como "Cid!" en versión de Antonio Orejudo, Luis Martin y Rafael Reig.

"El lazarillo de Tormes" será puesto al día por Martín Casariego, Marcos Giralt Torrent, Francisco Casavella y Marta Rivera de la Cruz, y "Las leyendas de Bécquer", serán versionadas por Lorenzo Silva, Elia Barceló, Fernando Marías, Mercedes Abad, Juan Bonilla, Juan Bas, Marta Sanz y Carlos Castán.

(fuente Tiramillas.net)-

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viernes, febrero 23, 2007

El emisario - Cuento de Ray Bradbury

Supo que había llegado de nuevo el otoño, porque Torry entró retozando en la casa, trayendo con él un refrescante olor a otoño. En cada uno de sus perrunos rizos negros llevaba una muestra del otoño: tierra húmeda, con la humedad peculiar de aquella estación, y hojas secas, color de oro pajizo. El perro olía exactamente igual que el otoño.
Martin Christie se incorporó en la cama y alargó una mano pálida y pequeña. Torry ladró y exhibió una generosa longitud de lengua, la cual pasó una y otra vez por el dorso de la mano de Martin. Torry la lamía como si fuera una golosina. "A causa de la sal", declaró Martin, mientras Torry se encaramaba a la cama de un salto.

-Baja -le advirtió Martin-. A mamá no le gusta que te subas a la cama. -Torry aplastó sus orejas-. Bueno...-condescendió Martin-. Pero sólo un momento, ¿eh?

Torry calentó el delgado cuerpo de Martin con su calor perruno. Martin aspiró intensamente el olor que se desprendía del perro, un olor a tierra húmeda y a hojas secas. No le importaba que mamá gruñera. Después de todo, Torry era un recién nacido. Recién salido de las entrañas del otoño.

-¿Qué has visto por ahí, Torry? Cuéntamelo.

Tendido allí, Torry se lo contaría. Tendido allí, Martin sabría qué aspecto tenía el otoño; como antes, cuando la enfermedad no lo había postrado en la cama. Ahora su único contacto con el otoño era el perro, con su olor a tierra húmeda y a hojas secas, su color de oro pajizo.

-¿Dónde has estado hoy, Torry?

Pero Torry no tenía que contárselo. Martin lo sabía. Había trepado hasta lo alto de una colina, por un sendero tapizado de hojas secas, para ladrar desde allí su canino deleite. Había vagabundeado por la ciudad pisando el barro formado por las intensas lluvias. Allí había estado Torry.

Y los lugares visitados por Torry podían ser visitados después por Martin; porque Torry se los revelaba siempre por el tacto, a través de la humedad, la sequedad o el encrespamiento de su piel. Y, tendido en la cama, con la mano apoyada sobre Torry, Martin conseguía que su mente reconstruyera cada uno de los paseos de Torry a través de los campos, a lo largo de la orilla del río, por los senderos bordeados de tumbas del cementerio, por el bosque... A través de su emisario, Martin podía ahora establecer contacto con el otoño.

La voz de su madre se acercaba, furiosa.

Martin empujó al perro.

-¡Baja, Torry!

Torry desapareció debajo de la cama en el mismo instante en que se abría la puerta de la habitación y aparecía mamá, echando chispas por sus ojos azules. Llevaba una bandeja de ensalada y jugos de fruta.

-¿Está Torry aquí? -preguntó.

Al oír pronunciar su nombre, Torry golpeó alegremente el suelo con la cola.

Mamá dejó la bandeja sobre la mesilla de noche, con aire impaciente.

-Ese perro es una calamidad. Siempre está metiendo las narices por todas partes y cavando agujeros. Esta mañana ha estado en el jardín de la señorita Tarkins, y ha excavado uno enorme. La señorita Tarkins está furiosa.

-¡Oh! -Martin contuvo la respiración.

Debajo de la cama no se produjo el menor movimiento. Torry sabía cuándo tenía que mantenerse quieto.

-Y no es la primea vez -dijo mamá-.¡El de hoy es el tercer agujero que cava esta semana!

-Tal vez esté buscando algo.

-Lo que se está buscando es un disgusto. Es un chismoso incorregible. Siempre está metiendo las narices donde no le importa. ¡Dichosa curiosidad!

Hubo un tímido pizzicato de cola debajo de la cama. Mamá no pudo evitar una sonrisa.

-Bueno -concluyó-, si no deja de cavar agujeros en los patios, tendré que atarlo y no dejarlo salir más.

Martin abrió la boca de par en par.

-¡Oh, no, mamá! ¡No hagas eso! Si lo hicieras, yo no sabría... nada. Él me lo cuenta todo.

La voz de mamá se ablandó.

-¿De veras, hijo mío?

-Desde luego. Sale por ahí y cuando regresa me cuenta todo lo que ocurre.

-Me alegro de que te lo cuente todo. Me alegro de que tengas a Torry.

Permanecieron unos instantes en silencio, pensando en lo que hubiera sido el año que acababa de transcurrir sin Torry. Dentro de dos meses, pensó Martin, podría abandonar el lecho, según decía el médico, y salir de nuevo a la calle.

-¡Sal, Torry!

Murmurando palabras cariñosas, Martin ató la nota al collar del perro. Era un cartoncito cuadrado, con unas letras dibujadas en negro:

Me llamo Torry. ¿Quiere hacerle una visita a mi dueño, que está enfermo? ¡Sígame!

La cosa daba resultado. Torry paseaba aquel cartoncito por el mundo exterior, todos los días.

-¿Lo dejarás salir, mamá?

-Sí, si se porta bien y no cava más agujeros.

-No lo hará más. ¿Verdad, Torry?

El perro ladró.

***

El perro se alejó de la casa, en busca de visitantes. El día anterior había traído a la señora Holloway, de la Avenida Elm, con un libro de cuentos como regalo; el día antes Torry se había sentado sobre sus patas traseras delante del señor Jacob, el joyero, mirándolo fijamente. El señor Jacob, intrigado, se había inclinado a leer el mensaje y se había apresurado a hacerle una corta visita a Martin.

Ahora, Martin oyó al perro regresando a través de la humeante tarde, ladrando, corriendo, ladrando de nuevo...

Detrás del perro, unos pasos ligeros. Alguien tocó el timbre de la puerta, suavemente. Mamá respondió a la llamada. Unas voces hablaron.

Torry corrió arriba, se encaramó al lecho de un salto. Martin se inclinó hacia delante, excitado, con los ojos brillantes, para ver quién subía a visitarle esta vez. Quizás la señorita Palmborg, o el señor Ellis, o la señorita Jendriss, o...

El visitante subía la escalera hablando con mamá. Era una voz femenina, juvenil, alegre.

Se abrió la puerta.

Martin tenía compañía.

***

Transcurrieron cuatro días, durante los cuales Torry hizo su trabajo, informó de la temperatura ambiente, de la consistencia del suelo, de los colores de las hojas, de los niveles de la lluvia, y, lo más importante de todo, trajo visitantes.

A la señorita Haight, otra vez, el sábado. La señorita Haight era la joven sonriente y guapa con el brillante pelo castaño y el suave modo de andar. Vivía en la casa grande de la Calle Park. Era su tercera visita en un mes.

El domingo vino el reverendo Vollmar, el lunes la señorita Clark y el señor Henricks.

Y, a cada uno de ellos, Martin les explicó su perro. Cómo en primavera olía a flores silvestres y a tierra fresca; en verano tenía la piel caliente y el pelo tostado por el sol; en otoño, ahora, un tesoro de hojas doradas ocultas entre su pelaje, para que Martin pudiera explorarlo. Torry demostraba este proceso a los visitantes, tendiéndose boca arriba, esperando ser explorado.

Luego, una mañana, mamá le habó a Martin de la señorita Haight, la joven guapa y sonriente.

Estaba muerta.

Había fallecido en un accidente de automóvil en Glen Falls.

Martin estaba cogido a su perro, recordando a la señorita Haight, pensando en su modo de sonreír, pensando en sus brillantes ojos, en su maravilloso pelo castaño, en su delgado cuerpo, en su andar suave, en las bonitas historias que contaba acerca de las estaciones y de la gente.

Ahora está muerta. No sonreiría ni contaría historias nunca más. Porque estaba muerta.

-¿Qué hacen en la tumba, mamá, debajo del suelo?

-Nada.

-¿Quieres decir que se limitan a estar tendidos allí?

-A descansar allí -rectificó mamá.

-¿A descansar allí...?

-Sí -dijo mamá-. Eso es lo que hacen.

-No parece que tenga que ser muy divertido.

-No creo que lo sea.

-¿Por qué no se levantan y salen a dar un paseo de cuando en cuando si están cansados de estar allí?

-Bueno, ya has hablado bastante por hoy -dijo mamá.

-Sólo quería saberlo.

-Pues ahora ya lo sabes.

-A veces creo que Dios es tonto.

-¡Martin!

Pero Martin estaba lanzado.

-¿No crees que podría tratar mejor a la gente, y no obligarla a permanecer allí tendida, sin moverse? ¿No crees que podía encontrar un sistema mejor? Cuando yo le digo a Torry que se haga el muerto, lo hace durante un rato, pero cuando se cansa mueve la cola, y parpadea, y le dejo que se levante y salte a mi cama... Apuesto lo que quieras a que a esas personas que están en la tumba les gustaría poder hacer lo mismo, ¿verdad Torry?

Torry ladró.

-¡Basta! -dijo mamá, en tono firme-. ¡No me gusta que hables de esas cosas!

***

El otoño continuó. Torry corrió a través de los bosques, a lo largo de la orilla del río, por el cementerio, como era su costumbre, y arriba y abajo de la ciudad, sin olvidar nada.

A mediados de octubre, Torry empezó a obrar de un modo muy raro. Al parecer, no podía encontrar a nadie que viniera a visitar a Martin, nadie parecía prestar atención a su cartoncito. Pasó siete días seguidos sin traer a ningún visitante. Martin estaba profundamente desilusionado por ello.

Mamá se lo explicó.

-Todo el mundo está ocupado, hijo mío. La guerra, y todo eso... La gente tiene otras preocupaciones para andar leyendo los cartoncitos que un perro lleva colgados al cuello.

-Sí -dijo Martin-, debe de ser eso.

***

Pero la cosa era algo más complicada. Torry tenía un extraño brillo en los ojos. Como si en realidad no buscara a nadie, o no le importara, o... algo. Algo que Martin no conseguía imaginar. Tal vez Torry estaba enfermo. Bueno, al diablo con los visitantes. Mientras tuviera a Torry, todo iba bien.

Y entonces, un día, Torry salió de casa y no regresó.

Martin esperó tranquilamente al principio. Luego... nerviosamente. Luego... ansiosamente.

A la hora de cenar oyó que papá y mamá llamaban a Torry. No ocurrió nada. Fue inútil. No hubo ningún sonido de patas a lo largo del sendero que conducía a la casa. Ningún ladrido desgarró el frío aire nocturno. Nada, Torry se había marchado. Torry no iba a regresar a casa... nunca.

Unas hojas cayeron más allá de la ventana. Martin hundió el rostro en la almohada, sintiendo un agudo dolor en el pecho.

El mundo estaba muerto. Ya no había otoño, porque no había ya ninguna piel que lo trajera a la casa. No habría invierno, porque no habría unas patas humedecidas de nieve. No habría más estaciones. No habría más tiempo. El emisario se había perdido entre el tráfago de la civilización, probablemente aplastado por un automóvil, o envenenado, o robado, y no habría más tiempo.

Martin empezó a sollozar. No tendría ya más contacto con el mundo. El mundo estaba muerto.

***

Martin se enteró de que había llegado la fiesta de Todos los Santos por los tumultos callejeros. Pasó los tres primeros días de noviembre tumbado en la cama, mirando al techo, contemplando en él las alternativas de luz y de oscuridad. Los días se habían hecho más cortos, más oscuros, lo sabía por la ventana. Los árboles estaban desnudos. El viento de otoño cambió su ritmo y su temperatura, pero sólo era un espectáculo en la parte exterior de su ventana, nada más.

Martin leía libros acerca de las estaciones y de la gente de aquel mundo que ahora no existía. Escuchaba todos los días, pero no oía los sonidos que deseaba oír.

Llegó el viernes por la noche. Sus padres iban a ir al teatro. La señorita Tarkins, la vecina de la casa contigua, se quedaría un rato hasta que Martin cayera dormido, y luego se marcharía a su casa.

Mamá y papá entraron a darle las buenas noches y salieron al encuentro del otoño. Martin oyó el sonido de sus pasos en la calle.

La señorita Tarkins se quedó un rato, y cuando Martin dijo que estaba cansado, apagó todas las luces y se marchó a su casa.

A continuación, silencio. Martin permaneció tendido en la cama, contemplando las estrellas que se movían lentamente a través del cielo. Era una noche clara, iluminada por la luz de la luna. Una noche para vagabundear con Torry a través de la ciudad, a través del dormido camposanto, a lo largo de la orilla del río, cazando fantasmales sueños infantiles.

Sólo el viento era amistoso. Las estrellas no ladraban. Los árboles no se sentaban sobre sus patas traseras con expresión suplicante. Sólo el viento agitaba su cola contra la casa de cuando en cuando.

Eran más de las nueve.

Si Torry regresara ahora a casa, trayendo con él algo del mundo exterior... Un cardo, empapado en escarcha, o el viento en sus orejas. Si Torry regresara...

Y entonces, en alguna parte, se produjo un sonido.

Martin se incorporó en la cama, temblando. La luz de las estrellas se reflejó en sus pequeños ojos. Tendió el oído, escuchando.

El sonido se repitió.

Era tan leve como una punta de aguja moviéndose a través del aire a millas y millas de distancia.

Era el fantástico eco de un perro... ladrando.

Era el sonido de un perro acercándose a través de campos y arroyos, el sonido de un perro corriendo, lanzando su aliento al rostro de la noche. El sonido de un perro dando vueltas y corriendo. Se acercaba y se alejaba, crecía y disminuía, avanzaba y retrocedía, como si alguien lo llevara cogido de una cadena. Como si el perro estuviera corriendo y alguien le silbara desde atrás y el perro retrocediera, dando la vuelta, y echara a correr de nuevo hacia la casa.

Martin sintió que la habitación giraba a su alrededor, y la cama tembló con su cuerpo. Los muelles se quejaron con sus vocecitas metálicas.

El débil ladrido siguió avanzando, creciendo más y más.

¡Torry, ven a casa! ¡Torry, ven a casa! ¡Torry, muchacho, oh, Torry! ¿Dónde has estado? ¡Oh, Torry, Torry!

Otros cinco minutos. Cada vez más cerca, y Martin pronunciando el nombre del perro una y otra vez. Perro malo, perro malvado, marcharse de casa y dejarlo solo tantos días... Perro malo, perro bueno, ven a casa, oh, Torry, ven a casa y cuéntamelo todo... Las lágrimas cayeron y se disolvieron sobre el edredón.

Más cerca ahora. Muy cerca. En la misma calle, ladrando. ¡Torry!

Martin oyó su respiración. El sonido de las patas del perro en el montón de hojas secas, en el sendero que conducía a la casa. Y ahora... junto a la misma casa, ladrando, ladrando, ladrando. ¡Torry!

Ladrando junto a la puerta.

Martin se estremeció. ¿Bajaría a abrir al perro, o debía esperar a que papá y mamá regresaran a casa? Esperar. Sí, tenía que esperar. Pero sería insoportable si, mientras esperaba, el perro volvía a marcharse. No, bajaría a abrir, y su querido perro saltaría a sus brazos otra vez. ¡Torry!

Había empezado a escurrirse de la cama cuando oyó el otro sonido. La puerta que se abría. Alguien había sido lo bastante amable como para abrirle la puerta a Torry.

Torry había traído un visitante, desde luego. El señor Buchanan, o el señor Jacobs, o quizás la señorita Tarkins.

La puerta se abrió y se cerró y Torry corrió escaleras arriba, entró en la habitación y se encaramó al lecho de un salto.

-¡Torry! ¿Dónde has estado? ¿Qué has hecho toda esta semana?

Martin reía y lloraba al mismo tiempo. Se abrazó al perro. Y entonces dejó de reír y de llorar, repentinamente. Se quedó mirando a Torry con ojos asombrados.

El olor que había traído Torry era... distinto.

Era un olor a tierra. A tierra muerta. A tierra que olía a putrefacción, a tumba. De las patas de Torry se desprendieron pegotes de tierra putrefacta. Y... algo más. Un pequeño trozo blanquecino de... ¿piel?

¿Lo era? ¡Lo era! ¡LO ERA!

¿Qué clase de mensaje le traía Torry? ¿Qué significaba aquel mensaje? La tierra era... la espantosa tierra del cementerio.

Torry era un perro malo. Siempre cavando donde no debía.

Torry era un perro bueno. Siempre haciendo amigos con la misma facilidad. Torry era un perro bueno. Todo el mundo simpatizaba con él. Y Torry traía a la gente a casa.

Y ahora, el último visitante estaba subiendo la escalera:

Lentamente. Arrastrando un pie detrás del otro, penosamente, lentamente, lentamente, lentamente.

-¡Torry, Torry! ¿Dónde has estado? -gritó Martin.

Un pegote de tierra húmeda se desprendió del pecho del perro.

La puerta de la habitación se abrió.

Martin tenía compañía.

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jueves, febrero 15, 2007

Sitio Oficial de Ray Bradbury

Después de innumerables mensajes conviene dedicar la atención al sitio oficial de Ray Bradbury, mantenido por la editorial Harper Collins, entre las distintas secciones que contiene es interesante la sección de videos:
http://www.raybradbury.com/at_home_clips.html

donde el autor norteamericano repasa distintos temas además de su propia obra.

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miércoles, enero 31, 2007

Sound of Thunder, uno de los más grandes fracasos de taquilla

La posición número cuatro entre los fracasos económicos mayores de la historia del cine lo ocupa El Sonido del Trueno (2005), cuya inversión fue de 80 millones de dólares. Muy diferente a la proyectada fue la recaudación que alcanzó la módica cifra de U$ 6.300.451. La cinta prometía mucha acción dado que se basaba en un relato de Ray Bradbury. Sin embargo, durante el rodaje la productora quebró y se tuvo que buscar otra. La película finalizó su rodaje pero con efectos desastrosos a la hora de la exhibición.

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