<?xml version='1.0' encoding='ISO-8859-1'?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1893710994440474203</id><updated>2008-05-14T23:05:25.380-07:00</updated><title type='text'>Blog de Cristina Cerrada</title><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/cristina_cerrada/'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1893710994440474203/posts/default'/><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://hotelkafka.com/blogs/cristina_cerrada/atom.xml'/><author><name>Cristina Cerrada</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03120255804813871779</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>3</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1893710994440474203.post-4200785113675072293</id><published>2008-05-07T15:50:00.000-07:00</published><updated>2008-05-07T16:56:28.888-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Locura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='embriaguez'/><title type='text'>Demencia</title><content type='html'>&lt;a href="http://hotelkafka.com/blogs/cristina_cerrada/uploaded_images/patito-de-goma-765274.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://hotelkafka.com/blogs/cristina_cerrada/uploaded_images/patito-de-goma-765269.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Desesperada, aún sin tema para mi intervención semanal, decido entrar en un bar a ver qué pasa. A veces, en los bares ocurren cosas. Pido una Cocacola light y me siento; el camarero, otro parroquiano y yo somos toda la concurrencia. Son las tres de la mañana y, si no encuentro sobre qué escribir, empezaré a desesperarme. Pero entonces, el hombre que bebe a dos taburetes del mío se aproxima a mí, ocupa el asiento vacío e inicia una conversación.&lt;br /&gt;Mientras apura su vaso de whisky, me cuenta que hace meses bebía, pero que lo ha dejado. Añade que empezó a beber no por gusto, sino a consecuencia de una decepción: su mujer lo engañaba. Hace un gesto de tristeza, me pide que espere, y del bolsillo izquierdo de su americana saca un patito de goma. Me lo presenta como Chelo y luego, despacio, lo deposita sobre el mostrador.&lt;br /&gt;Deduzco que el hombre, además de triste, está también algo trompa (tal vez podría hacer girar mi texto alrededor del tema de la embriaguez).&lt;br /&gt;No quiero ser maleducada, así que me levanto disimuladamente, y pido la cuenta al camarero, pero el hombre no lo permite. Insiste en pagarla él. Yo me resisto, porfiamos, y finalmente me invita a otra copa d&lt;a href="http://hotelkafka.com/blogs/cristina_cerrada/uploaded_images/patito-de-goma-722574.jpg"&gt;&lt;/a&gt;e lo que esté tomando. Pide para él otro whisky, y pregunta si pueden ponerle al pato un Cacaolat. Me vuelvo a sentar. (Tal vez el tema no sea finalmente la embriaguez, sino la enajenación mental.)&lt;br /&gt;A las cuatro, el hombre se ha bebido dos whiskys y no parece que tenga intención de parar. Insiste, sin embargo, en que ya no bebe y que únicamente lo está celebrando. El qué, le pregunto. Hoy, me contesta, su mujer le ha pedido que le permita volver, y aunque no va a ser fácil olvidar el pasado, dice, él le ha dado su consentimiento. Acerca el pato a su mejilla izquierda mientras asegura que se siente feliz. Ahora, prosigue algo nostálgico, parecen lejanos, pero aquellos meses de separación fueron para él una penosa agonía. Mientras observa (con una mirada entre mística y febril) al pato de goma sobre el mostrador, confiesa que su mujer lo engañaba con un profesor de aerobic. Lo conoció, según dice, las últimas Navidades, durante una exhibición que celebraba el gimnasio de su junta municipal. Aparta un momento la mirada del pato y añade algo torvo:&lt;br /&gt;--En esos sitios, ya se sabe, todos maricones o degenerados.&lt;br /&gt;--Claro --contesto yo. Me sabe mal interrumpirlo. Y, por otra parte, tengo el tema de la columna, sí, pero no la conclusión.&lt;br /&gt;A las cuatro y media aún seguimos allí. Me ha contado ya que intentó suicidarse arrojándose a las vías del tren, y que después de aquello estuvo ingresado en un hospital psiquiátrico. No me sorprende. Le hace una seña al camarero, y pregunta si tendría unas galletitas para acompañar el Cacaolat. Vuelve a dirigirse a mí. Me asegura que todo el tiempo que él estuvo ingresado, su mujer continuaba viéndose con el profesor de aerobic, y que por ese motivo él se dio finalmente a la bebida. Mastica con saña un trozo de hielo y confiesa, con la mirada fija en el pato, que aunque estuvo fantaseando algún tiempo con la idea de matar a su esposa, ahora siente hacia ella un sincero perdón.&lt;br /&gt;Yo estoy bastante cansada y, con franqueza, me cuestiono si abandonar mi propósito (en la vida real, según parece, los conflictos no siempre encierran una conclusión). Pero de alguna manera me siento responsable. Le pregunto al hombre si lo puedo acompañar. No obtengo respuesta. En cambio, él apura su último vaso de whisky de un trago y, del bolsillo de la americana, saca una polaroid. La mira, la besa delicadamente, me la entrega, y con una expresión en el rostro de devoción infinita, declara:&lt;br /&gt;--Mi mujer en el baño.&lt;br /&gt;Me violenta bastante espiar de ese modo a una extraña. No obstante, cojo la fotografía de sus manos y la observo. No puede ser. Aparto la vista y miro el juguete que aún está en el mostrador. Y otra vez a la foto.&lt;br /&gt;Con una sonrisa, se la devuelvo al hombre, y admito:&lt;br /&gt;--Preciosa.&lt;br /&gt;Después de todo, parece, el tema de esta semana no será exactamente la embriaguez, o la enajenación mental. Sólo un pobre pato de goma sobre la barra de un bar.&lt;/div&gt;</content><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/cristina_cerrada/2008/05/demencia.html' title='Demencia'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1893710994440474203&amp;postID=4200785113675072293' title='2 comentarios'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hotelkafka.com/blogs/cristina_cerrada/atom.xml' title='Enviar comentarios'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1893710994440474203/posts/default/4200785113675072293'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1893710994440474203/posts/default/4200785113675072293'/><author><name>Cristina Cerrada</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03120255804813871779</uri><email>noreply@blogger.com</email></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1893710994440474203.post-6528595424880700953</id><published>2008-04-24T15:04:00.000-07:00</published><updated>2008-04-25T03:28:13.303-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Familia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vejez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cristina Cerrada'/><title type='text'>La última parte</title><content type='html'>&lt;a href="http://hotelkafka.com/blogs/cristina_cerrada/uploaded_images/anciana-770558.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://hotelkafka.com/blogs/cristina_cerrada/uploaded_images/anciana-770555.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Hace muchos años, cuando la abuela se vino a vivir con nosotros después de enviudar, empezó a decir cosas raras. Lo primero fue lo del tigre. Era una mujer de una pieza, tan sensata. Había pasado una guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Hija --le dijo a mamá--, no tiene ninguna gracia que hayáis dejado eso en mi habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--¿El qué, madre?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Eso. El tigre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--¿El tigre? ¿Qué tigre? ¿Ha dejado la niña sus juguetes otra vez en tu habitación?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Pero si no es un juguete --replicó la abuela--. Lo que hay en mi cama es un animal de verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--¿Un animal de...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Se parece a Ulises, pero no es Ulises. Los tigres se parecen a los gatos, pero son bastante menos tranquilos. Y más grandes. Menos Ulises, al abuelo no le hacían gracia los gatos. Y tenía razón, porque luego pasa lo que pasa. Pero a ti y a tu hermana os gustaban tanto, ¿te acuerdas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Pero, madre, si a Ulises lo atropelló una moto hace más de treinta años --dijo mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Cuando a los gatos los dejas de cuidar se vuelven agresivos. No soportan que los ignores. Pueden incluso crecer y crecer hasta convertirse en alfombras peludas con las que siempre tropiezas, y entonces hasta hay que mudarse. Lo de convertirse en tigres no es más que una progresión natural.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá tocó el hombro de la abuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Madre, ¿estás bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Pues, hombre, no me hace ninguna gracia que ese tigre ande merodeando por mi habitación. Si estuviese aquí tu padre...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él, dijo la abuela, sabría cómo tratarlo. A menudo nos preguntaba si nos acordábamos de él. Sacaba la fotografía del señor con el sombrero y nos la enseñaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--El abuelo era como un gato. Tan hermético. Por eso le gustaba tanto a Ulises. ¿Te acuerdas, hija?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Claro que me acuerdo, madre --decía mamá. Rodeaba a la abuela con sus brazos como si se fuese a romper--. Ulises quería mucho a padre. Pero nosotros también te queremos mucho a ti, ¿verdad que sí, nena?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Sí --decía yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces ni siquiera quería entrar en su habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--¡Vaya con el gato rencoroso! --gruñía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá se empeñaba en hacerla entender. Corría al altillo a por el álbum de fotos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Mira, madre, este es Ulises, ¿no te acuerdas? Era un gato, no un tigre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La abuela sacudía la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Si tu padre estuviera aquí. --Parecía más pequeña, como si de pronto su cuerpo hubiese encogido--. ¿Ahora dónde voy a dormir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de aquel día, la abuela siguió diciendo cosas raras. Un día dijo que había tenido gemelas. Mamá la miró preocupada. Había alineado mis muñecas en el sofá del salón, desnudas, con los brazos mirando hacia delante, en esa actitud de alegría tensa, con el cabello recortado y peinadas de manera grotesca. Dijo que era la moda de París. Luego les confeccionó nuevos vestidos, las mandó a estudiar. Era como si, de repente, después de haber trabajado y luchado durante toda su vida para sacar a su familia adelante, ahora quisiera volver a empezar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mañana empezó a hablar con el abuelo. Se sentó en el sofá, recostó su cuerpo en el respaldo, y se puso a explicarle lo mucho que había subido la vida... al cojín. Aseguraba que el abuelo se comunicaba con ella a través de ese cojín. Empezó a pasar más tiempo allí. Sentada, con las manos estremecidas en torno a sus agujas de ganchillo, vestida con su bata de medio luto y las zapatillas de franela, le recriminaba cosas al abuelo: ?¡Nunca me llevabas a ningún sitio, qué hombre más cobardón!?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá la dejaba hacer; pero era un cojín, se la veía preocupada. Yo le dije que si la abuela creía que hablaba con el abuelo, pues que la dejara. ¿No era eso como si realmente hablase con él? Ella dijo, no sé, y pasó una hebra rebelde del pelo canoso de la abuela por detrás de su oreja, como si quisiera que se quedase allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que el tigre la estuvo visitando hasta el final.&lt;/div&gt;</content><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/cristina_cerrada/2008/04/la-ltima-parte.html' title='La última parte'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1893710994440474203&amp;postID=6528595424880700953' title='1 comentarios'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hotelkafka.com/blogs/cristina_cerrada/atom.xml' title='Enviar comentarios'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1893710994440474203/posts/default/6528595424880700953'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1893710994440474203/posts/default/6528595424880700953'/><author><name>Cristina Cerrada</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03120255804813871779</uri><email>noreply@blogger.com</email></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1893710994440474203.post-3574865719545176068</id><published>2008-03-31T08:48:00.000-07:00</published><updated>2008-04-17T00:51:18.990-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='la otra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='el doble'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cristina Cerrada'/><title type='text'>La otra</title><content type='html'>Convivo con una persona que no se parece en nada a mí, y esa persona es mi otro yo. Vivimos en el mismo cuerpo, respondemos por el mismo nombre, comemos por la misma boca y compartimos el resto de orificios. A veces es ella quien se rasca cuando me pica a mí. Pero somos muy diferentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.mariaargeliavizcaino.com/sitebuilder/images/g-gemelas-357x367.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ella, a la otra, no le gustan las mismas cosas que a mí. Odia la espiritualidad. No puede oír hablar de jaicus, ni de incienso, ni de Oriente. Yo quiero estar en armonía con el universo, leo a Chopra, hago tai chi, pero ella me desprecia cuando practico la postura del loto y se ríe con la boca torcida.&lt;br /&gt;No le gusta el campo. Dice que pensar en el Universo le produce ataques de ansiedad. Yo intento hacerle entender que venimos de ahí, pero es cobarde. Se lleva continuamente la mano al pecho porque teme que se le pare el corazón. Una vez pasamos la noche en Urgencias. No podía pronunciar la palabra «traslación».&lt;br /&gt;--¿No lo oyes? La erre no suena bien --insistía.&lt;br /&gt;--Pues no la pronuncies --decía yo.&lt;br /&gt;--Podría ser un cáncer de paladar.&lt;br /&gt;No soporta las películas de ciencia ficción ni nada relacionado con el cosmos.&lt;br /&gt;--Estamos miserablemente hendidos, como la corteza de un pan --dice asomada a la ventana.&lt;br /&gt;Sonríe torcidamente, pero yo sé que lo está pasando mal. Aún así no deja de mirar, y yo le digo:&lt;br /&gt;--Cierra la ventana, hombre, apártate de ahí.&lt;br /&gt;Pero ella se queda, y al final es a mí a quien le toca tomarse un Orfidal.&lt;br /&gt;Nos hemos matriculado en un curso de turismo. Conocemos a un montón de gente, profesores, alumnos, todos estupendos; pero a ella no le parecen bien. Unos son demasiado tontos, otros demasiado listos, los profesores caminan a las dos menos diez, ?y eso no puede aguantarse en un profesor?.&lt;br /&gt;--Pero si todo el mundo sabe que los profesores caminan a las dos menos diez ?le digo yo.&lt;br /&gt;Pero es envidiosa, no le gusta que la gente disfrute. Si estamos comiendo un bocadillo y el camarero nos dice ?para disfrutar hay que veranear en Benidorm?, ella lo mira de arriba abajo, se lo imagina electrocutado, comido por las medusas, y yo tengo que dejar que una gota de aceite me resbale por el mentón para que el camarero no piense mal de mí. Siempre dice que hay un vacío entre cada uno de nosotros.&lt;br /&gt;--Insalvable --dice--una cadena de bicicleta, ahí lo tienes. --Todo el mundo es sospechoso?. Una dentellada nos aparta de los demás.&lt;br /&gt;Sólo se lleva bien con un hombre con el que habla en sueños; un hombre con sombrero y pajarita, y acento argentino. Yo pienso que podría ser Dios, le digo, pero ella dice, ?joder?.&lt;br /&gt;Fuimos de vacaciones. Conocimos a un tipo interesante que nos invitó a cenar, hasta se ofreció a ir a buscarnos en su coche a la urbanización. ¿Qué había de malo en ello? Era guapo. Pero ella se empeñó en quedar con él en un bar. Yo me arreglé y ella se dejó arreglar. Estábamos bien. Habíamos adelgazado y teníamos la piel bronceada, los ojos brillantes, el pelo encrespado. Los treinta y cinco los habíamos dejado ya atrás, pero, ¿y qué?, teníamos el culo más apretado que algunas chicas más jóvenes.&lt;br /&gt;Mientras le esperábamos ella quería estar todo el tiempo en la terraza, mirando el mar. Me sorprendía que el mar, grande como es, igual que el cosmos, no le produjera ataques de ansiedad. No lo mires mucho, le dije, por si acaso; pero ella me ignoró. Había vuelto a fumar, y eso que le producía tantos remordimientos que por las noches no me dejaba dormir. Déjalo entonces, le dije. Ella miró nuestro reflejo en el cristal de la terraza y dijo, qué horror. Dónde crees que vas. No nos poníamos de acuerdo. A mí me esperaba el resto de la vida, le dije. Ella, en cambio, masculló sombríamente que el tiempo la había dejado atrás.&lt;br /&gt;Entonces apareció el enano. Se situó junto a nosotras en la terraza y miró también el mar. Por un momento tuve la esperanza de que lo acompañase otra persona. Hola, dijo. Estaba hablando con nosotras, no había nadie más con él. Busqué a mi amigo. Miré hacia otro lado, pero ella dirigió la vista hacia abajo y le contestó.&lt;br /&gt;--Hola.&lt;br /&gt;El enano dijo:&lt;br /&gt;--Es bonito, ¿verdad?&lt;br /&gt;Sacudimos la cabeza.&lt;br /&gt;--Es como la puerta de salida. Hacia el más allá.&lt;br /&gt;Le dije a ella:&lt;br /&gt;--No nos llevamos bien con los enanos, así que deja de hablar con él.&lt;br /&gt;El enano dijo:&lt;br /&gt;--O de entrada.&lt;br /&gt;Sonreí.&lt;br /&gt;--O de entrada, sí.&lt;br /&gt;Qué podía hacer. De haberse tratado de un tipo de metro setenta le habría ignorado, pero ignorar a un enano no está bien.&lt;br /&gt;--¿Te apetece tomar algo? --le oí preguntar.&lt;br /&gt;Ella dijo:&lt;br /&gt;--Pues no sé.&lt;br /&gt;--Estamos esperando a alguien --me apresuré a decir yo--. ¿Estás tonta? ¿Quieres dar falsas esperanzas a un enano? No queremos tomar nada. Para enanos, ya tenemos los pequeños cortaúñas de nuestro ajuar.&lt;br /&gt;Pero ella no se inmutó. Llevó mi mano hasta la mano del enano y leyó el futuro en sus pliegues. Era un futuro corriente, nada prometedor. Pero era largo.&lt;br /&gt;--¿Sabes esos pólipos que se fijan a los cascos de los barcos? --le dijo--. Pues con la gente es igual.</content><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/cristina_cerrada/2008/03/la-otra.html' title='La otra'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1893710994440474203&amp;postID=3574865719545176068' title='4 comentarios'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hotelkafka.com/blogs/cristina_cerrada/atom.xml' title='Enviar comentarios'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1893710994440474203/posts/default/3574865719545176068'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1893710994440474203/posts/default/3574865719545176068'/><author><name>Cristina Cerrada</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03120255804813871779</uri><email>noreply@blogger.com</email></author></entry></feed>