l Tropezando con melones - Blog de David Torres

David Torres, escritor, guionista y columnista

Tfno.
917 025 016

Estás en Home » Blogs » Tropezando con melones - Blog de David Torres

viernes 27 de junio de 2008

Borges, Zerolo y yo

Perdonen el exceso de reciclaje al que les he sometido (y voy a someterles) estos días pero el verano, la caló y el premio Ateneo de Sevilla donde he sido jurado sin piedad, me han tenido contra las cuerdas.




Esta semana, en el blog amigo Wells y Beamurguia (ya os vale el nombrecito, melones), mi amigo Javier Blanco Urgoiti ha inventado un género periodístico absolutamente novedoso y genial: la entrevista parásita. ¿No estamos hartos de oír siempre las mismas preguntas a los mismos tipos? Si entrevistan a un actor, le preguntan sobre cine; si es un político, le cae una brea correlativa y así sucesivamente. Ya Glenn Gould, cuando cambió los recitales de piano por el micrófono de radio, exprimió el jugo de eximios genios musicales apartándoles de su especialidad instrumental y preguntándoles por esferas completamente ajenas a su trabajo. De este modo consiguió una perspectiva completamente insólita y fascinante del gran director de orquesta Leopold Stokowski, simplemente al desviarse de la batuta y preguntarle sobre los viajes espaciales.


Como casi siempre, Borges había anticipado esta línea de trabajo en un relato magistral: Pierre Menard, autor del Quijote. Transcribo parasitariamente el último párrafo:

Menard (acaso sin quererlo) ha enriquecido mediante una técnica nueva el arte detenido y rudimentario de la lectura: la técnica del anacronismo deliberado y de las atribuciones erróneas. Esa técnica de aplicación infinita nos insta a recorrer la Odisea como si fuera posterior a la Eneida y el libro Le jardin du Centaure de madame Henri Bachelier como si fuera de madame Henri Bachelier. Esa técnica puebla de aventura los libros más calmosos. Atribuir a Louis Ferdinand Céline o a James Joyce la Imitación de Cristo ¿no es una suficiente renovación de esos tenues avisos espirituales?

La técnica de la entrevista parásita consiste en coger una entrevista ya hecha a un personaje famoso, suprimir las respuestas y colocársela tal cual a un personaje menos famoso. Rafael Martínez Simancas contesta a las preguntas de Nacho Vidal y Rafael Reig hace lo propio con las de Enrique Iglesias. En breve, Vanessa Montfort, Alvaro Muñoz Robledano, Angel García Muñoz y Jesús Llano contestarán a sus respectivos huéspedes (sugiero a Pepe Rubianes para Jesús Llano y a Luis Aragonés para Alvaro).

Como se ve, Javier se decanta generalmente por el contraste, por el brochazo gordo, y con él, a veces, cual Goya desmelenado, alcanza sutilezas que no lograría con un pincel chino. Para entrevistarme a mí, no se le ha ocurrido otro personaje que Pedro Zerolo, quizá porque Javier sabe bien el afecto y la simpatía que me despierta el concejal madrileño, más o menos la misma que Miliki, Leticia Sabater, Silvio Berlusconi y otras estrellas del espectáculo. La gracia del asunto radica en contestar las preguntas como si estuvieran realmente dirigidas a mí y no a Zerolo. ¿No sería fantástico oír las respuestas de Zapatero para una entrevista original de Keith Richards, las de Rajoy a una de Susana Estrada o las de Ana Rosa Quintana a una de Nabokov? Como yo también soy un parásito de mucho cuidado, copio aquí el resultado:




DAVID TORRES: 'SOY UN COMUNISTA DEL AMOR'

- ¡Por fin eres un hombre casado! ¿Más feliz ahora? ¿Para cuándo los hijos?
-David Torres.- Bueno, técnicamente, casado, lo que se dice casado, no estoy. Los hijos es una asignatura pendiente que me ronda cada vez más cerca porque casi todos mis amigos están ya reproducidos mientras que yo me limito a publicar. Algunos incluso están reproducidos y editados. De manera que, ahora que estoy en cuarentena, los hijos no nacidos se encuentran ahí, en algún lugar de la biosfera, y salen en esos pasajes de mis libros que ningún crítico señala, como el ansia de Roberto Esteban por la paternidad o el aborto de Penélope.

- Convence a un/una joven de 20 años, que vive en una ciudad pequeña, y cuyos padres son muy conservadores, a salir del armario.
-DT.- Mejor la convenzo para que salga conmigo y se quite de encima todas esas tonterías del machismo y el miedo al falo. Como decía una novia mía, no hay lesbianas sino indecisas.

-¿No puede un homosexual vivir siempre dentro del armario, incluso casarse con una mujer, y ser feliz?
-DT.- Supongo que sí, siempre que el armario sea lo bastante grande.

-Pero tú has tenido novias.
-DT.- Unas cuantas, sí. Muy guapas, muy majas y lo bastante inteligentes como para esquivarme a tiempo. Algo chungo debo de tener porque ninguna ha vuelto a llamarme. Soy un comunista del amor: Stalin dejaba detrás tierra quemada y yo tías quemadas.

-Qué opinas del outing?
-DT.- No estoy muy seguro si te refieres a alguna técnica de tocar el trombón o a una postura del Kamasutra. My inglés is very defectuosly, sorry.

-Dices que es posible ser homosexual y de derechas pero no gay y de derechas. Esto cómo se come.
-DT.-¿Yo he dicho eso? Supongo que me refería a que, visto desde la óptica progre, todo tipo que se declara de derechas es un mariconazo.

-¿Qué produce en ti la lectura de esta noticia? [Le muestro un recorte de El País, con fecha 24 de noviembre, cuyo titular reza así: 'Irán ahorca a dos hombres por mantener relaciones homosexuales'].
DT.- ¿Y qué puedes esperar de Irán, ese lugar donde la revolución -ese gran fantasma que recorría Europa- se ha puesto velo? Ya dijo ese califa en lugar del califa que tienen como presidente que en Irán no hay homosexuales. Para eso, para que no los haya, usan las grúas.

-Ante la actitud de la Iglesia, ¿no sería hora de pasar a la ofensiva y demostrarle su actitud cínica? Todos conocemos a curitas que no cuentan en los púlpitos que hacen el fin de semana...para que no se desmayen sus feligreses.
-DT.-Hombre, la actitud cínica de la Iglesia católica está más que demostrada. A mí me encanta provocar a esa otra clase de feligreses que todavía comulgan con la esvástica o con la hoz y el martillo. Dos insignias mucho más similares de lo que se piensa y que hicieron causa común en 1939, la hora más negra de la Historia.

-¿Me podría decir una razón por la que usted puede casarse con un hombre al que quiere y yo no podría casarme con algún familiar mío (madre, hermana, hermano) si quisiera?
-Usted puede casarse con su mano, si quiere. Por mí no se prive.

-Una vez dijiste en un curso al que yo asistía que la bisexualidad no existía, que era indefinición. Negaste mi sexualidad y la de mucha gente. ¿Has cambiado de opinión?
DT.- Yo creo que la bisexualidad es esa excusa que se inventan algunos gays famosos (por ejemplo Freddy Mercury) para ocultar el hecho de que les da lo mismo acostarte con uno que con dos, con hombres guapos que con hombres feos. Uno de mis sueños bisexuales es encontrar a dos suecas gemelas en la cama. No soy muy original, como se ve.

-Me gustaría saber qué se te pasa por la cabeza al oír a personas hablar de peras, manzanas y utilizar el término 'otra cosa' para referirse a la condición homosexual.
-DT. Pues me entra mucha hambre. Yo es que veo una manzana e inmediatamente pienso en la ley de gravitación universal. La homosexualidad no me ha preocupado nunca lo más mínimo porque, desde que vi la espalda desnuda de Eleanor Parker en Cuando ruge la marabunta, no he dejado de rugir. Otros amigos míos rugían al ver el torso de Charlton Heston. Eso es todo.

-¿Como puedes explicarnos tu ascenso tan rápido en tu carrera política, de concejal del ayuntamiento de Madrid a miembro de la Comisión ejecutiva del PSOE, todo en menos de dos años? ¿Formas parte de un nuevo tipo de cuotas, los homosexuales? En tu opinión ¿Debe haber una cuota de homosexuales en los gobiernos, parlamentos y demás instituciones públicas? Un saludo y mucha suerte en tu carrera política.

-DT.-¿Concejal de qué, dice usted? Yo, como mucho, llego a miembro (eréctil en mis mejores momentos). Me temo que se equivoca de persona y de cargo. En cuanto a la cuota de homosexuales, no sé si debería haberla, pero mariconazos, por un tubo, oiga.

-¡Ole tus cojones! Ya era hora que en España alguien llamara a las cosas por su nombre, no desistas, por favor. Mi pregunta ¿Crees que la iniciativa de España se extenderá por Europa, al menos, ya que en Estados Unidos resultará imposible visto lo visto?
-DT.-¿A qué iniciativa se refiere Vd.? ¿A prohibir el castellano en los colegios? Eso ya lo hizo Reagan. Hasta en eso copian los baturros periféricos a los estadounidenses.

-¿Cuál ha sido el poder de los medios en la represión sexual? La televisión ha fomentado la imagen de gay=loca, ¿cree que ha sido digna la imagen del homosexual en los medios? ¿Nos cabe esperar un tratamiento no denigrante en la nueva era ZP?
-DT.- Afortunadamente, genios como Almodóvar o Boris Izaguirre han hecho todo lo posible para demostrar que un homosexual puede ser una persona perfectamente normal y equilibrada emocionalmente, en lugar de un chupapollas histérico. No hay más que ver Kika.

-Respiro aire puro cuando oigo en RNE un programa sobre el mundo gay, ¿Para cuando en TVE? ¿Lo ha hablado ya con Caffarel?
-DT.-No tengo el teléfono de Caffarel, pero hablaré con el padre Mundina, que sabe un montón de peras y manzanas.

-Señor Zerolo, aunque estoy de acuerdo la normalización civil de las parejas de homosexuales, esto me abre nuevas inquietudes, tales como, ¿deberían legalizarse matrimonios poligámicos, fuesen estos de homosexuales o no, si hubiese un movimiento social que los reclamase?
DT.-Zerolo lo será su padre. Lo de los matrimonios poligámicos legalizados me parece una crueldad innecesaria. Imagínese Vd. soportar a cuatro esposas en lugar de a una. Creo que eso explica el retraso centenario de la cultura islámica.

Lean las demás entrevistas en http://wellsybeamurguia.blogspot.com/, su blog amiga.

Etiquetas: , , , , ,

domingo 6 de abril de 2008

Charlton Heston en la tierra prometida

Ha muerto Charlton Heston y hoy un montón de imbéciles habrán reproducido sus palabras para hacer el chistecito fúnebre: 'Ya podemos quitarle el rifle de las manos'. Muy pocos habrán recordado al hombre que se paseó en las manifestaciones y marchas a favor de los derechos civiles, cuando en los sesenta, en los Estados Unidos, entre las manchas de sangre de Kennedy y de King, ese acto tenía mucho más valor que el de entrar en la casa de un pobre anciano con alzheimer y obligarle a decir cuatro tonterías sobre las armas. Pero, por desgracia, la mayoría va a recordar a Heston por su actuación, involuntaria y patética, en Bowling for Columbine.


Charlton Heston

'A ver quién tiene cojones'


Recordar a uno de los grandes del cine porque un gordo de mierda abusara de su credulidad y sus tontunas de viejo chocho en un documental sobrevalorado es una obscenidad. Es como recordar a John Ford por su costumbre de babear sobre un pañuelo y orinar en público; a Ava Gardner porque se meó, borracha perdida, en las alfombras del Ritz; a Borges porque piropeó a Videla; a Wagner porque coleccionaba batines de seda. Sábato escribió una vez: 'Puedes reírte de un tipo que ha subido a la cumbre del Everest porque no sabe manejar los cubiertos en la mesa, pero ten en cuenta que lo que está en juego ahí es la cumbre del Everest'.

Yo prefiero recordarlo como el último hombre vivo, el único superviviente humano en un planeta maldito que acaba arrastrándose por la orilla del mar, frente a una ciudad despedazada, mientras maldice las guerras y las armas. Prefiero recordarlo como el policía obstinado que da cobijo a un desventurado y anciano Edward G. Robinson en un Nueva York superpoblado donde la gente se alimenta de unas tabletas llamadas Soylent Green cuya composición es el secreto definitivo de la raza humana.

De acuerdo, Charlton Heston, Chuck para los amigos, no era un gran actor. No lo era en el sentido en que valoramos a los actores hoy. Con ese rasero, ni John Wayne, ni Clark Gable, ni Marilyn Monroe, ni Humprey Bogart, eran grandes actores. Como ellos, como todos los grandes iconos del cine clásico, Heston era menos y más que un actor: era un tótem viviente, un lienzo ardiente de ojos esforzados y grandes mandíbulas, una estatua en carne y hueso. Cecil B. De Mille lo fotografió junto al Moisés de Miguel Ángel para demostrar de una vez por todas el parecido de aquella joven estrella con el patriarca bíblico. Con el tiempo, Heston llegaría a incorporar al mismísimo Miguel Ángel en lucha contra la Capilla Sixtina y contra un malévolo papa guerrero, Julio II, encarnado nada menos que por Rex Harrison.

En Horizontes de grandeza, uno de los westerns por excelencia, se peleó toda una noche a hostia limpia contra Gregory Peck y todavía resuena en mi cabeza, revestida del doblaje viril de entonces, su voz mientras se limpiaba la sangre de la boca: 'He de reconocer que tarda usted un infierno en despedirse, señor'. En Sed de mal, se enteró de que Orson Welles sólo estaba contratado como intérprete y removió cielo y tierra para que el gran mago desterrado pudiera hacer su última gran película en Hollywood. En 55 días en Pekín intentó en vano que el productor Samuel Bronston no quemara los magníficos decorados españoles en la traca final de la película, que se los vendiera de saldo para que Orson Welles pudiera usarlas en una película. '¿Qué película?' preguntó el mercachifle. 'Qué más da' respondió Chuck. 'Es Orson'.

En la fiesta de fin de rodaje, Heston salió a la calle y vio a Ava Gardner borracha, toreando coches con su chal en la Castellana. Esa anécdota fue el germen de un relato mío donde un matador fracasado acaba toreando el tráfico en la Glorieta de Atocha. Pero no pude igualar la grandeza de Heston en la última anotación de ese día, mientras veía la belleza inmortal de Ava bajo la luz fugaz de los faros: 'Triste, triste dama'.

Era un caballero de la cabeza a los pies, un hombre de otra época, un auriga invencible al que la enfermedad mordisqueó los últimos años, como una estatua rota a orillas del mar, sin alterar ni un ápice de su gloria.

Las aguas se han abierto, Chuck. Al otro lado espera la tierra prometida.

Etiquetas: , , , , , ,

martes 1 de abril de 2008

¿Sueña Ridley Scott con unicornios eléctricos?


Supongo que pocos dejarán estar de acuerdo con la afirmación de que la irrupción de Ridley Scott en el cine de los 80 fue una de las más gloriosas que se recuerdan. Debutó con la mejor adaptación que se haya hecho jamás de una novela de Conrad (Los duelistas), con un Harvey Keitel en estado de gracia, y acto seguido reinventó el mito de la bella y la bestia con Alien, el cruce más afortunado entre el terror y la ciencia-ficción jamás plasmado en una pantalla.

Ahora bien, para mí, y para muchos otros, la cumbre de la cinematografía de Scott es Blade Runner, una obra de arte en estado mestizo, un milagro alquímico donde la ciencia-ficción se alía con el cine negro y la cámara de cine da a luz frescos barrocos.







En el aspecto visual hay momentos que todavía no han sido superados, por ejemplo, ese color apagado y mojado por la lluvia (imitado una y mil veces, empezando por Seven) o la prodigiosa escena del escaneo de una simple fotografía. Pero es en su profundidad moral, en el latido de su metafísica desesperada, donde la película alcanza la resonancia de un mito trágico. La androide que no sabe que lo es, el cazador de robots que se enamora de uno, el replicante que va buscando a su dios para pedirle cuentas, la grandiosa escena de redención final en que hombre y máquina se igualan... Uf, meter todo eso en una película de acción no es que sea imposible: es que es casi intolerable.





video


'He visto melones que vosotros no creeríais...'




Todo está medido con tal maestría narrativa y tal percepción milimétrica que parece mentira. En su aria di forza, un inmenso Rutger Hauer, trasunto de Sigfrido wagneriano vestido de atleta olímpico, lleva en una mano una paloma y en la otra un clavo del Calvario de Cristo. Cuando deja caer la cabeza, después del parlamento mortuorio más glorioso que haya parido el cine, la mano se abre y la paloma escapa al cielo como el alma en los grabados medievales: el alma que nunca tuvo y que obtiene merced a su postrer acto de gracia.




Ridley Scott nunca ha vuelto hacer otra igual. Filmó una extraordinaria maravilla llamada Thelma y Louise (casi, casi la única película de amistad entre mujeres, una versión en música de cámara de El hombre que pudo reinar con bragas), pero también pifias monumentales como La teniente O'Neill o Gladiator, una absolutamente ridícula película de romanos hecha al gusto de Boris Izaguirre y de los frecuentadores de saunas.



Con todo, la mayor pifia de Scott es la que ha perpetrado con Blade Runner. Puede ser más o menos lógico que un artista se cabree porque mangoneen lo que él considera suyo, pero pocas veces he visto un caso tan flagrante de miopía estética (y ética) como esas versiones remix que el director se saca una y otra vez de una manga más ancha que la paciencia de sus fans.



Básicamente, las diferencias entre la versión del productor y la del director son dos supresiones y una adición:



1. La voz en off. Que Harrison Ford (uno de los más grandes actores vivos pero también de los más tontos, no hay más que ver su filmografía apenas se hizo famoso) grabó a regañadientes. En la versión del director, Scott suprimió la voz-guía de Deckard. Esto, en mi opinión, es un error tremendo, primero porque la pelicula ya es bastante compleja sin ella, y segundo, y más importante, porque esa voz de ultratumba del detective remite inmediatamente al universo del cine negro.



2. Los planos finales de Rachel y Deckard en su nave. A Scott le olían demasiado a happy end forzado, pero la voz en off de Ford anuncia la espada de Damocles de toda relación de pareja: ninguna sabe cuánto tiempo van a estar juntos. Hay quien piensa que los paisajes verdes de los títulos de crédito finales son una horterada. Bueno, que sepan que son descartes de El resplandor de Kubrick.


3. El puñetero unicornio que sueña Deckard sobre el piano. Sobre este mínimo apoyo visual (y sobre el unicornio de papiroflexia que E. J. Olmos deja en el dormitorio de Rachel para que conste que ha estado allí y que le ha perdonado la vida) está basado toda la tesis scottiana de que Deckard, en realidad, es otro replicante. Es la lectura más traída por los pelos que he visto nunca. Pero es que, además, el unicornio es un añadido posterior de Scott y sale clavadito de Legend, su película-cagada posterior, con Tom Cruise de duende.

'Nada por aquí, nada por allá, ¡hop!'

Debo decir que, por razones elementales, yo prefiero con mucho la versión del productor, la versión primera, en la que queda claro que Deckard es un hombre. Borges dijo que las obras maestras son fruto del azar o de la casualidad. Si eso es cierto, Blade Runner salió de puro churro. Yo creo que Scott no se enteró de la misa la media de la que estaba armando mientras rodaba.



¿Tú con qué versión te quedas? ¿Por qué? ¿Te gustan las ovejas?

Etiquetas: , , , , ,

© 2006 Hotel Kafka. C. Hortaleza 104, MadridTfno. 917 025 016Sala de PrensaMapa del SiteAviso Legalinfo@hotelkafka.com