Esbjörn Svensson: el trío decapitado

Técnicamente, es posible que el trio de Svensson no estuviera a la altura de sus más ilustres contemporáneos (el inmenso Keith Jarret o el tristemente desaparecido Michel Petrucciani), pero lo cierto es que el pianista sueco sacó fuerza de su debilidad, avanzando sin cesar hacia esas tierras movedizas que forman el non plus ultra de la música, ese nebuloso más allá donde las palabras se despegan y el jazz va adquiriendo, al tiempo que surge de los dedos de sus demiurgos, su recién nacida carta de ciudadanía, su libertad maravillosa. Sin doblegarse jamás a la tiranía de los estandars (esos temas clásicos que los grandes pianistas repiten una y otra vez, y donde afilan interminablemente sus uñas), Svensson prefirió conquistar un territorio personal, una tierra propia bañada de resplandor melódico y de luz visionaria.
Tuve oportunidad de verlo en Madrid, el pasado invierno, en un concierto extraordinario donde, en una hora escasa, él y sus dos escuderos incendiaron el teatro con un sonido que brillaba como el fuego y que, como el fuego, transfiguraba el espacio en tiempo y las melodías en la sombra quemada de su pasado. Ahora, por culpa de una desgracia, todo ese fuego son cenizas. El trío ha sido decapitado, Dan Berglund y Magnus Öström son huérfanos de nuevo y, con ellos, todos nosotros.
Etiquetas: david torres, E.S.T., jazz, Keith Jarrett, música, piano

El primer melón me lo encontré en una playa andaluza, un día de verano. El último lo veo cada mañana al enfrentarme al espejo. ¿Qué me dirá ese tipo hoy? ¿Qué inesperados regalos, qué decepciones, qué frescas dentelladas me tendrá reservadas el día?









