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miércoles 14 de mayo de 2008

No me robes que no te oigo

Lo bueno de tener una policía como la que mandaba Ginés Jiménez (nuevo avatar de aquel Ginés de Pasamonte cervantino, atrevido ladrón y bellaco que descabalgó a don Quijote a pedradas) es que durante unos años el municipio de Coslada se ahorró los gastos que conllevan la fundación y el sustento de una mafia local. Con una policía así, ¿quién necesita ladrones? Durante años, Coslada estuvo limpia de chorizos (los pobrecillos no podían mantener la competencia en un hábitat superpoblado de predadores) y se convirtió en una reedición de Copland, aquel pueblo a las afueras de Nueva York donde un pobre poli medio zote y bonachón tenía que aguantar las collejas que le metían los maderos residentes, tipos que escupían en la ley y luego se meaban en los parterres con la impunidad flagrante que sólo proporciona la chapa. Harvey Keitel hacía el papel de chulo en Polilandia, De Niro encarnaba a un funcionario de asuntos internos, pero la parte del león se la llevaba un sorprendente Sylvester Stallone que, para colmo de males, aparte de tonto, era sordo perdido.

En Coslada la sordera también estaba a la orden del día. Las malas lenguas (empezando por la de este periódico, que ayer tuvo la desfachatez de publicar las jetas de 25 heroicos funcionarios que en su vida oyeron ni vieron nada) afirman que la Corporación Municipal estaba atacada de sordera colectiva, un caso único en la historia de la medicina. Cuánta injusticia, cuánta incomprensión para el primer organigrama público de nuestra democracia formado íntegramente por discapacitados. Todos y cada uno de estos 25 concejales no sólo tienen las trompas de Eustaquio ligadas con las de Falopio sino que además eran prácticamente los únicos de toda la población que se han enterado del asunto por los periódicos. Ceguera selectiva, y sólo 7 de ellos llevaban gafas.



Hay que felicitar, además, la agudeza de los polis corruptos, quienes, en un alarde de nomenclatura democrática, se denominaban a sí mismos El Bloque. Robaban en bloque, extorsionaban en bloque y apalizaban en bloque, como un solo hombre, y encima tampoco hacían distinciones entre grupos políticos. PSOE, PP, IU: todos miraban para otro lado en bloque, cegatos como topos, sordos como tapias y mudos como el perrito faldero de La Voz de Su Amo. Igualitos que esos monos que se tapan oídos, ojos y boca (no oigas el mal, no veas el mal, no digas el mal): un desfile de lamas tibetanos que iban y venían por las calles de Coslada con los ojos cerrados, ciegos ante las vergüenzas del mundo, sin que nada les distrajera de su santo propósito salvo, tal vez, el ruido de la campanilla de Ginés de Pasamonte, enésimo y eterno lazarillo de la picaresca. No hay que olvidar que los lamas, pese a su aspecto pordiosero, viven en templos alicatados de oro puro.


(Publicado originalmente en el suplemento M2 de El Mundo el martes 13 de mayo de 2008)

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