Una carta desde el pasado

Cinco años después, en Sevilla, Andrés me enseñó una carta que había llegado unas semanas después de aquella entrevista, dirigida a los locutores de Onda Cero, 'a la atención del Locutor que habló el 28 de agosto de 2003 a las dos de la madrugada'. Está fechada en Barcelona un día después y llegaba a mis manos con un lustro de retraso. La transcribo tal cual. No sé lo que Roberto Esteban le habría respondido a esta pobre mujer, pero me imagino que no se quedaría de brazos cruzados.
Les felicito por los programas, es la única emisora que escucho desde hace muchos años.
Paso a pedirles un gran favor, por las circustancias que atravieso con vecinos y su familia me hacen allanamiento de morada, entran como hacienda sin amo.
Me han robado todo lo que poseía que era mucho, por ellos he perdido millones de ptas; me han destrozado toda la casa, ello me acarrea muchos problemas y gordos, han intentado matarme con gas, hace poco con veneno, la Dtra. Mari Carmen me dijo es un milagro que se aya salvado de la gran intosicación que ha tenido le quedará soriasis, no se cura. A la media hora me puse a morir, me bebí cuatro botellas de leche, creo eso es lo que me salvó. Lo pasé muy mal.
He buscado justicia por todas partes, vivo sola, no tengo a a nadie, para las personas mayores, solas y pobres en España no existe la justicia. No se le ayuda en nada, es bergonzoso que no tengan para comer donde trabajar como fieras para sentir la nación y mal comidos. Desde que tengo este problema odio a la policía, pero sí que la tengo que mantener.
Anoche, habló un ex boxeador, si mal no recuerdo se llamaba Esteban. Habló sobre las dos menos cuarto de la madrugada 28-8-2003.
Les pido por favor que me dieran la dirección o el telf. de este señor. Se lo agradecería con todo mi corazón.
Dios les guarde muchos años. Les saluda atentamente
Etiquetas: Andrés Pérez Domínguez, david torres, literatura, radio, Roberto Esteban

El primer melón me lo encontré en una playa andaluza, un día de verano. El último lo veo cada mañana al enfrentarme al espejo. ¿Qué me dirá ese tipo hoy? ¿Qué inesperados regalos, qué decepciones, qué frescas dentelladas me tendrá reservadas el día?









