<?xml version='1.0' encoding='ISO-8859-1'?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss'><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620</id><updated>2009-02-13T17:38:05.630+01:00</updated><title type='text'>Julio Cortázar</title><subtitle type='html'>&lt;img src="/jc.jpg" align="right"/&gt;Empiece por romper los espejos de su casa,deje caer los brazos,mire vagamente la pared,olvídese. Cante una sola nota,escuche por dentro. Si oye(pero esto ocurrirá mucho después)algo como un paisaje sumido en el miedo con hogueras entre las piedras,con siluetas semidesnudas en cuclillas, creo que estará bien encaminado,y lo mismo si oye un río por donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro,si oye un sabor de pan,un tacto de dedos,una sombra de caballo.</subtitle><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25'/><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/atom.xml'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>81</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-7353343084795227066</id><published>2008-10-25T14:43:00.003+02:00</published><updated>2008-10-25T14:49:37.562+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Imagen de Julio Cortázar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuentos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fomento de la lectura'/><title type='text'>Ignacio Solares publica "Imagen de Julio Cortázar"</title><content type='html'>30 de septiembre de 2008 - El Universal (Caracas)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;México.-El escritor mexicano Ignacio Solares afirmó que revivir al argentino Julio Cortázar (1914-1984) "es lo mejor que le puede pasar a este planeta" y animó, sobre todo a los jóvenes, a acercarse a él porque "no hay mejor entrada a la literatura que sus cuentos". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.fce.com.ar/images/tapas/1135900.gif"/&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solares dijo en declaraciones que su reciente libro "Imagen de Julio Cortázar" (Fondo de Cultura Económica, 2008), quiere ser "un granito de arena para revivir a Cortázar", muy especialmente entre los lectores adolescentes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El autor de la obra, donde se comentan cartas, entrevistas y testimonios sobre el famoso intelectual argentino, cree que animando la imaginación de los lectores primerizos hay una esperanza de que el mundo cambie para bien. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Me gustaría pensar que si se inician con Cortázar, el escritor, solito, se encarga de meterlos de cabeza en la literatura y ya no pueden salir de ahí", añadió. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solares confesó que él mismo fue uno de los que descubrió al escritor argentino en su adolescencia, una influencia que le ha marcado el resto de su vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sostiene que en su libro ha tratado de reflexionar menos sobre el mundo académico que envuelve al escritor argentino y más sobre los aspectos "mágicos" y "esotéricos" del literato, muy influido por la filosofía hindú. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El autor de libros como "La invasión" (2004) y "Columbus" (1996) consideró que sería muy sano que en su propio país, México, se instalara un "cronopio" en el poder. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con ese nombre Cortázar aludía a unos seres mitológicos que inventó, extravagantes, rebeldes, irónicos y sensibles, capaces de romper en el mundo con las reglas generalmente aceptadas, establecidas por las "esperanzas" y las "famas", sus enemigos mortales. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Con un 'cronopio' en el poder nos salvamos, ¿no?", ironizó Solares. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para el también novelista mexicano, en Cortázar confluyen dos dimensiones sobre las demás, una de poeta, culto y humanista, y otra de visionario, que "creía en vampiros, en fantasmas, en horóscopos". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esos dos aspectos le hacían confiar en el enorme potencial de las personas, a las que consideraba "seres integrales y llenos de posibilidades en todos los sentidos". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las facetas que más atrajeron a Solares de Cortázar fue la manera que tenía de ver el mundo de los sueños. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Él tenía una creencia en lo onírico como una puerta que nos da acceso a lo que puede ser el otro mundo. No creía en la muerte", aseguró Solares, admirado de que Cortázar, en algunos de sus cuentos, haya hecho descripciones maravillosas del "Más Allá", como la que hizo en "La cinta de Moebius". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A su propia esposa, Aurora Bernárdez, a quien el escritor mexicano entrevistó, Cortázar llegó a decirle una vez: "no te preocupes por mí, me voy a ir a mi ciudad", aludiendo al "Otro Mundo", que imaginó con gran detalle en vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solares recordó que otro relato, titulado "El perseguidor", da una de las claves de la concepción cortazariana del ser humano: "Nuestro problema es haber inventado el tiempo, (al hacerlo...) inventamos la muerte. Los grandes enemigos de la vida son el tiempo, el miedo y el dolor", aseguró a la agencia de noticias Efe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Imagen de Julio Cortázar" ha sido prologado por el Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez, a quien Solares considera "un cortazariano irredento".</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/7353343084795227066/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=7353343084795227066' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/7353343084795227066'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/7353343084795227066'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2008/10/ignacio-solares-publica-imagen-de-julio.html' title='Ignacio Solares publica &quot;Imagen de Julio Cortázar&quot;'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-9081700824309736139</id><published>2008-09-26T22:37:00.006+02:00</published><updated>2008-09-29T15:51:26.623+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Gabo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Carlos Fuentes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Gabriel García Márquez'/><title type='text'>Miedo al avión unió a "Gabo", Cortázar y Fuentes en una "noche irrepetible"</title><content type='html'>México, EFE.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El miedo a volar propició que los escritores latinoamericanos Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes vivieran en 1968 una "noche irrepetible" durante un viaje en tren que hicieron juntos por Centroeuropa, reveló el Nobel de Literatura colombiano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.procesofoto.com.mx/procesofoto/pf-9281940202-fuentes-31-m.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El trayecto París-Praga se convirtió en un enorme placer gracias precisamente a Cortázar, que a una pregunta "casual" de Fuentes contestó con una "cátedra deslumbrante" que duró varias horas, recuerda García Márquez en el prólogo de un libro recién publicado por el Fondo de Cultura Económico (FCE) al que hoy tuvo acceso Efe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Viajábamos en tren desde París (a Praga) porque los tres éramos solidarios en nuestro miedo al avión", cuenta García Márquez. Según "Gabo", en aquel trayecto, en el que atravesaron la entonces dividida Alemania, llegó un momento en que habían "hablado de todo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces Carlos Fuentes quiso saber "en qué momento y por iniciativa de quién se había introducido el piano en la orquesta de jazz", y así se lo preguntó al autor argentino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La pregunta era casual y no pretendía conocer nada más que una fecha y un nombre, pero la respuesta fue una cátedra deslumbrante que se prolongó hasta el amanecer, entre enormes vasos de cerveza y salchichas con papas heladas", agregó el autor de "Cien años de soledad".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Cortázar, que sabía medir muy bien sus palabras, nos hizo una recomposición histórica y estética con una versación y una sencillez apenas creíble, que culminó con las primeras luces en una apología homérica de Thelonious Monk" (1917-1982), el célebre pianista y compositor estadounidense.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"No solo hablaba (Cortázar) con una profunda voz de órgano de erres arrastradas, sino también con sus manos de huesos grandes, como no recuerdo otras más expresivas", agrega García Márquez.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/9081700824309736139/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=9081700824309736139' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/9081700824309736139'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/9081700824309736139'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2008/09/miedo-al-avin-uni-gabo-cortzar-y.html' title='Miedo al avión unió a &quot;Gabo&quot;, Cortázar y Fuentes en una &quot;noche irrepetible&quot;'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-6345398436730039214</id><published>2008-07-20T20:24:00.002+02:00</published><updated>2008-07-20T20:28:50.757+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='escritores argentinos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='UIMP'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='César Aira'/><title type='text'>Afirma Aira que Cortázar es un Borges de segunda categoría</title><content type='html'>Destaca el escritor argentino César Aira el carácter iniciático de Cortázar para los adolescentes que quieren ser escritores y que siempre lo van a seguir leyendo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.quarterlyconversation.com/TQC10/cortazar1.jpg" width="240" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EFE&lt;br /&gt;El Universal&lt;br /&gt;Santander, España Martes 08 de julio de 2008&lt;br /&gt;13:16 El escritor argentino César Aira definió hoy a Julio Cortázar como un "Borges de segunda categoría", de latón", ya que "quien ha llegado a apreciar a Borges" deja a Cortázar para el "kindergarden (guardería)".&lt;br /&gt;César Aira, que esta semana imparte un taller en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de la ciudad española de Santander, dijo que no aprecia "especialmente" a Cortázar, aunque admitió su "carácter iniciático" para "los adolescentes que quieren ser escritores" y que "siempre lo van a seguir leyendo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según Aira, "un escritor realmente bueno aparece una vez cada cincuenta años".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Los argentinos tuvimos a Borges en el siglo XX", por lo que "no tenemos que preocuparnos en cuatro o cinco siglos por tener otro bueno", añadió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ello, el escritor, a quien Carlos Fuentes calificó como el primer Nobel de Argentina, criticó que la prensa haya adoptado el "mal hábito" de descubrir "cada quince días" un escritor "imprescindible" al que "hay que leer".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Aira, "la literatura literaria es una actividad estrictamente minoritaria que interesa a poquísima gente" y lo que se practica en la actualidad es "una novela comercial, que es una puesta al día temática de la vieja novela del siglo XIX".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo que nunca le ha preocupado, a pesar de haberse ganado la vida y criado a sus hijos "traduciendo novelas norteamericanas malísimas".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su opinión, conviene "mucho más traducir mala literatura que buena literatura porque los editores pagan lo mismo por una y por otra y la mala es muchísimo más fácil de traducir, porque está escrita con estereotipos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ello, publica su obra en "pequeñas editoriales independientes en Argentina" creados por amigos suyos. "A veces -apostilla- sólo para publicarme a mí".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El escritor, nacido en Coronel Pringles en 1949, afirmó que le gusta escribir "pequeños libritos secretos" y que no busca adular al público sino crear en él "esa actitud del coleccionista que tiene que buscar, a veces con mucho trabajo, esos libros que se venden en una sola librería en algún suburbio alejado".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;César Aira confesó que aceptó la invitación de impartir el taller en la UIMP porque "nunca había dado clases" y quería probar "qué se siente con esto antes de irme de este mundo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Advirtió a sus alumnos de que lo iba a hacer "a su modo y lo aceptaron con mucho gusto", porque "al escritor se le perdonan muchas cosas".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"El hecho de que estos cursos sean breves, cinco días intensivos, crea un estado de efervescencia intelectual en el que se participa mucho y, por suerte, en un clima muy distendido y agradable", añadió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lo que respecta al estilo, César Aira defendió que está formado tanto por los buenos como por los malos hábitos, ya que "la literatura es una actividad tan rara que a veces los defectos sirven más que las virtudes. De hecho, los escritores muy virtuosos suelen ser los más aburridos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El autor argentino defiende que, frente a la pretensión de escribir algo "bueno" es mejor escribir algo "nuevo", puesto que "ya se han escrito demasiados libros buenos" y "¿si no alcanza toda una vida para leerlos, para qué se necesita alguno más?", se preguntó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esa búsqueda de "lo nuevo", la función del escritor es "dejarle al mundo algo que no tenía antes de que estuviéramos nosotros", aunque esa búsqueda le lleve hasta "el fondo de lo desconocido" o a "escribir mal y sacrificar la calidad si es necesario para que salga algo que no había antes".</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/6345398436730039214/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=6345398436730039214' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/6345398436730039214'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/6345398436730039214'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2008/07/afirma-aira-que-cortzar-es-un-borges-de.html' title='Afirma Aira que Cortázar es un Borges de segunda categoría'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-2623176178786992702</id><published>2008-05-16T19:00:00.001+02:00</published><updated>2008-05-16T19:14:14.674+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Historias de cronopios y de famas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Microrrelato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Historia -de un cronopio</title><content type='html'>Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img alt="cerradura de la puerta" src="http://www.somontano.org/fotos/cerradura.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio Cortázar, de Historias de cronopios y de famas</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/2623176178786992702/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=2623176178786992702' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/2623176178786992702'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/2623176178786992702'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2008/05/historia-de-un-cronopio.html' title='Historia -de un cronopio'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-6701345296057422361</id><published>2008-04-12T12:10:00.000+02:00</published><updated>2008-04-12T12:11:21.721+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='escritores latinoamericanos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Jorge Edwards'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='narrativa'/><title type='text'>Jorge Edwards gana el Premio Planeta-Casa de América</title><content type='html'>El escritor chileno Jorge Edwards fue galardonado este 1 de abril con el II Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América de Narrativa, dotado con 200.000 dólares, por su novela La casa de Dostoievski, anunció el jurado en la capital argentina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La novela ganadora está inspirada en el denominado ?Caso Padilla? que dividió a los intelectuales latinoamericanos frente al gobierno de Fidel Castro en la década del 70. Edwards reconstruye las polémicas y rupturas originadas por la censura del gobierno cubano al poeta Heriberto Padilla, quien finalmente redactó de puño y letra, antes de exiliarse en Estados Unidos, una ?autocrítica? que para los opositores a Castro fue forzada. Algunos como Julio Cortázar privilegiaron entonces la defensa de la revolución cubana, mientras que el peruano Mario Vargas Llosa rompió públicamente con Fidel Castro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El finalista del certamen fue el escritor y periodista colombiano Fernando Quiroz, premiado con 50 mil dólares por su novela Justos por pecadores, una crítica al Opus Dei basada en sus propias experiencias e investigaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jurado del premio que deliberó y comunicó su fallo desde Buenos Aires, estuvo integrado por la nicaragüense Gioconda Belli, los españoles Álvaro Pombo y Miguel Barroso, director general de la Casa de América, la chilena Marcela Serrano y el argentino Ignacio Iraola, director editorial de Planeta Argentina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pombo destacó que la novela premiada ?se trata de una espléndida recreación poética de Chile y de Cuba, porque aquí no se da un retrato de enfrentamiento con el régimen cubano; Edwards cuenta de manera brillante el encanto de La Habana?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edwards, de 76 años, celebró el premio a su novela. ?Me siento muy contento de recibir un premio joven, nuevo, que comparto con escritores muy jóvenes de América Latina. Yo estoy entrando en la tercera o cuarta juventud, como pueden ver?, declaró el escritor en una conferencia de prensa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa de Dostoievski, que fue presentada a concurso con el título provisional La ciudad del Pingüino, es ?una novela sobre la poesía, los poetas y las ganas de ser poetas, los que no lo éramos, queríamos serlo y todos los demás pertenecían a un fondo gris que no veíamos?, resumió Edwards, ganador del Premio Cervantes en el año 2000.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia se sitúa en ?una casa de los años 50 que se estaba desmoronando, ocupada por pintores, en una época en que todos leían la novela rusa?. El protagonista, un escritor chileno que se encuentra becado en La Habana al estallar el ?caso Padilla?, es ?deliberadamente indefinido, parecido al poeta Enrique Lihn, que pasa por la política de izquierda de mi país, va a París, Cuba, y vuelve al Chile de la dictadura?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edwards fue embajador en Cuba durante el gobierno socialista de Salvador Allende pero su traumática experiencia en la isla de donde fue virtualmente expulsado por Fidel Castro, inspiró el relato Persona non grata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;?No soy analista político, pero considero que hay gestos de (el presidente cubano) Raúl Castro que indican que algo comenzó a cambiar? en la isla, afirmó Edwards, en su primer contacto con la prensa luego de proclamarse al ganador del certamen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En total se presentaron 557 manuscritos de los cuales 164 procedieron de Argentina, 92 de España, 71 de Colombia y 62 de México.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuentes: Ansa ? EFE</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/6701345296057422361/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=6701345296057422361' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/6701345296057422361'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/6701345296057422361'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2008/04/jorge-edwards-gana-el-premio-planeta.html' title='Jorge Edwards gana el Premio Planeta-Casa de América'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-6301975176239741941</id><published>2008-04-01T01:23:00.002+02:00</published><updated>2008-04-01T01:30:38.209+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Circe'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Dante Gabriel Rossetti'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>CIRCE</title><content type='html'>And one kiss I had of her mouth, as I took the apple from her hand. But while I bit it, my brain whirled and my foot stumbled; and I felt my crashing fall through the tangled boughs beneath her feet, and saw the dead white faces that welcomed me in the pit.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DANTE GABRIEL ROSSETTI - The Orchard-Pit&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque ya no ha de importarle, pero esa vez le dolió la coincidencia de los chismes entrecortados, la cara servil de Madre Celeste contándole a tía Bebé la incrédula desazón en el gesto de su padre. Primero fue la de la casa de altos, su manera vacuna de girar despacio la cabeza, rumiando las palabras con delicia de bolo vegetal. Y también la chica de la farmacia -"no porque yo lo crea, pero si fuese verdad, ¡qué horrible!"- y hasta don Emilio, siempre discreto como sus lápices y sus libretas de hule. Todos hablaban de Delia Mañara con un resto de pudor, nada seguros de que pudiera ser así, pero en Mario se abría paso a puerta limpia un aire de rabia subiéndole a la cara. Odió de improviso a su familia con un ineficaz estallido de independencia. No los había querido nunca, sólo la sangre y el miedo a estar solo lo ataban a su madre y a los hermanos. Con los vecinos fue directo y brutal; a don Emilio lo puteó de arriba abajo la primera vez que se repitieron los comentarios. Ala de la casa de altos le negó el saludo como si eso pudiera afligirla. Y cuando volvía del trabajo entraba ostensiblemente para saludar a los Mañara y acercarse -a veces con caramelos o un libro- a la muchacha que había matado a sus dos novios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img alt="Circe" src="http://i9.photobucket.com/albums/a55/rosebud_05_/waterhouse_circe_offering_the_cup_t.jpg" width="280" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me acuerdo mal de Delia, pero era fina y rubia, demasiado lenta en sus gestos (yo tenía doce años, el tiempo y las cosas son lentas entonces) y usaba vestidos claros con faldas de vuelo libre. Mario creyó un tiempo que la gracia de Delia y sus vestidos apoyaban el odio de la gente. Se lo dijo a Madre Celeste: "La odian porque no es chusma como ustedes, como yo mismo", y ni parpadeó cuando su madre hizo ademán de cruzarle la cara con una toalla. Después de eso fue la ruptura manifiesta; lo dejaban solo, le lavaban la ropa como por favor, los domingos se iban a Palermo o de picnic sin siquiera avisarle. Entonces Mario se acercaba a la ventana de Delia y le tiraba una piedrita. A veces ella salía, a veces la escuchaba reírse adentro, un poco malvadamente y sin darle esperanzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vino la pelea Firpo-Dempsey y en cada casa se lloró y hubo indignaciones brutales, seguidas de una humillada melancolía casi colonial. Los Mañara se mudaron a cuatro cuadras y eso hace mucho en Almagro, de manera que otros vecinos empezaron a tratar a Delia, las familias de Victoria y Castro Barros se olvidaron del caso y Mario siguió viéndola dos veces por semana cuando volvía del banco. Era ya verano y Delia quería salir a veces, iban juntos a las confiterías de Rivadavia o a sentarse en Plaza Once. Mario cumplió diecinueve años, Delia vio llegar sin fiestas -todavía estaba de negro- los veintidós.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Mañara encontraban injustificado el luto por un novio, hasta Mario hubiera preferido un dolor sólo por dentro. Era penoso presenciar la sonrisa velada de Delia cuando se ponía el sombrero ante el espejo, tan rubia sobre el luto. Se dejaba adorar vagamente por Mario y los Mañara, se dejaba pasear y comprar cosas, volver con la última luz y recibir los domingos por la tarde. A veces salía sola hasta el antiguo barrio, donde Héctor la había festejado. Madre Celeste la vio pasar una tarde y cerró con ostensible desprecio las persianas. Un gato seguía a Delia, no se sabía si era cariño o dominación, le andaban cerca sin que ella los mirara. Mario notó una vez que un perro se apartaba cuando Delia iba a acariciarlo. Ella lo llamó (era en el Once, de tarde) y el perro vino manso, tal vez contento, hasta sus dedos. la madre decía que Delia había jugado con arañas cuando chiquita. Todos se asombraban, hasta Mario que les tenía poco miedo. Y las mariposas venían a su pelo -Mario vio dos en una sola tarde, en San Isidro-, pero Delia las ahuyentaba con un gesto liviano. Héctor le había regalado un conejo blanco, que murió pronto, antes que Héctor. Pero Héctor se tiró en Puerto Nuevo, un domingo de madrugada. Fue entonces cuando Mario oyó los primeros chismes. La muerte de Rolo Médicis no había interesado a nadie desde que medio mundo se muere de un síncope. Cuando Héctor se suicidó los vecinos vieron demasiadas coincidencias, en Mario renacía la cara servil de Madre Celeste contándole a tía Bebé, la incrédula desazón en el gesto de su padre. Para colmo fractura del cráneo, porque Rolo cayó de una pieza al salir del zaguán de los Mañara, y aunque ya estaba muerto, el golpe brutal contra el escalón fue otro feo detalle. Delia se había quedado adentro, raro que no se despidieran en la misma puerta, pero de todos modos estaba cerca de él y fue la primera en gritar. En cambio Héctor murió solo, en una noche de helada blanca, a las cinco horas de haber salido de casa de Delia como todos los sábados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me acuerdo mal de Mario, pero dicen que hacía linda pareja con Delia. Aunque ella estaba todavía con el luto por Héctor (nunca se puso luto por Rolo, vaya a saber el capricho), aceptaba la compañía de Mario para pasear por Almagro o ir al cine. Hasta ese entonces Mario se había sentido fuera de Delia, de su vida, hasta de la casa. Era siempre una visita , y entre nosotros la palabra tiene un sentido exacto y divisorio. Cuando la tomaba del brazo para cruzar la calle, o al subir la escalera de la estación Medrano, miraba a veces su mano apretada contra la seda negra del vestido de Delia. Medía ese blanco sobre negro, esa distancia. Pero Delia se acercaría cuando volviera al gris, a los claros sombreros para el domingo de mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora que los chismes no eran un artificio absoluto, lo miserable para Mario estaba en que anexaban episodios indiferentes para darles un sentido. Mucha gente muere en Buenos Aires de ataques cardíacos o asfixia por inmersión. Muchos conejos languidecen y mueren en las casas, en los patios. Muchos perros rehúyen o aceptan las caricias. Las pocas líneas que Héctor dejó a su madre, los sollozos que la de la casa de altos dijo haber oído en el zaguán de los Mañara la noche en que murió Rolo (pero antes del golpe), el rostro de Delia los primeros días... La gente pone tanta inteligencia en esas cosas, y cómo de tantos nudos agregándose nace al final el trozo de tapiz -Mario vería a veces el tapiz, con asco, con terror, cuando el insomnio entraba en su piecita para ganarle la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Perdóname mi muerte, es imposible que entiendas, pero perdóname, mamá." Un papelito arrancado al borde de Crítica, apretado con una piedra al lado del saco que quedó como un mojón para el primer marinero de la madrugada. Hasta esa noche había sido tan feliz, claro que lo habían visto raro las últimas semanas; no raro, mejor distraído, mirando el aire como si viera cosas. Igual que si tratara de escribir algo en el aire, descifrar un enigma. Todos los muchachos del café Rubí estaban de acuerdo. Mientras que Rolo no, le falló el corazón de golpe, Rolo era un muchacho solo y tranquilo, con plata y un Chevrolet doble faetón, de manera que pocos lo habían confrontado en ese tiempo final. En los zaguanes las cosas resuenan tanto, la de la casa de altos sostuvo días y días que el llanto de Rolo había sido como un alarido sofocado, un grito entre las manos que quieren ahogarlo y lo van cortando en pedazos. Y casi enseguida el golpe atroz de la cabeza contra el escalón, la carrera de Delia clamando, el revuelo ya inútil. Sin darse cuenta, Mario juntaba pedazos de episodios, se descubría urdiendo explicaciones paralelas al ataque de los vecinos. Nunca preguntó a Delia, esperaba vagamente algo de ella. A veces pensaba si Delia sabría exactamente lo que se murmuraba. Hasta los Mañara eran raros, con su manera de aludir a Rolo y a Héctor sin violencia, como si estuviesen de viaje. Delia callaba protegida por ese acuerdo precavido e incondicional. Cuando Mario se agregó, discreto como ellos, los tres cubrieron a Delia con una sombra fina y constante, casi transparente los martes o los jueves, más palpable y solícita de sábado a lunes. Delia recobraba ahora una menuda vivacidad episódica, un día tocó el piano, otra vez jugó al ludo; era más dulce con Mario, lo hacía sentarse cerca de la ventana de la sala y le explicaba proyectos de costura o de bordado. Nunca le decía nada de los postres o los bombones, a Mario le extrañaba, pero lo atribuía a delicadeza, a miedo de aburrirlo. Los Mañara alababan los licores de Delia; una noche quisieron servirle una copita, pero Delia dijo con brusquedad que eran licores para mujeres y que había volcado casi todas las botellas. "A Héctor...", empezó plañidera su madre, y no dijo más por no apenar a Mario. Después se dieron cuenta de que a Mario no lo molestaba la evocación de los novios. No volvieron a hablar de licores hasta que Delia recobró la animación y quiso probar recetas nuevas. Mario se acordaba de esa tarde porque acababan de ascenderlo, y lo primero que hizo fue comprarle bombones a Delia. Los Mañara picoteaban pacientemente la galena del aparatito con teléfonos, y lo hicieron quedarse un rato en el comedor para que escuchara cantar a Rosita Quiroga. Luego él les dijo lo del ascenso, y que le traía bombones a Delia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hiciste mal en comprar eso, pero andá, lleváselos, está en la sala. -Y lo miraron salir y se miraron hasta que Mañara se sacó los teléfonos como si se quitara una corona de laurel, y la señora suspiró desviando los ojos. De pronto los dos parecían desdichados, perdidos. Con un gesto turbio Mañara levantó la palanquita de la galena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Delia se quedó mirando la caja y no hizo mucho caso de los bombones, pero cuando estaba comiendo el segundo, de menta con una crestita de nuez, le dijo a Mario que sabía hacer bombones. Parecía excusarse por no haberle confiado antes tantas cosas, empezó a describir con agilidad la manera de hacer los bombones, el relleno y los baños de chocolate o moka. Su mejor receta eran unos bombones a la naranja rellenos de licor, con una aguja perforó uno de los que le traía Mario para mostrarle cómo se los manipulaba; Mario veía sus dedos demasiado blancos contra el bombón, mirándola explicar le parecía un cirujano pausando un delicado tiempo quirúrgico. El bombón como una menuda laucha entre los dedos de Delia, una cosa diminuta pero viva que la aguja laceraba. Mario sintió un raro malestar, una dulzura de abominable repugnancia. "Tire ese bombón", hubiera querido decirle. "Tírelo lejos, no vaya a llevárselo a la boca, porque está vivo, es un ratón vivo." Después le volvió la alegría del ascenso, oyó a Delia repetir la receta del licor de té, del licor de rosa... Hundió los dedos en la caja y comió dos, tres bombones seguidos. Delia se sonreía como burlándose. El se imaginaba cosas, y fue temerosamente feliz. "El tercer novio", pensó raramente. "Decirle así: su tercer novio, pero vivo."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora ya es más difícil hablar de esto, está mezclado con otras historias que uno agrega a base de olvidos menores, de falsedades mínimas que tejen y tejen por detrás de los recuerdos; parece que él iba más seguido a lo de Mañara, la vuelta a la vida de Delia lo ceñía a sus gustos y a sus caprichos, hasta los Mañara le pidieron con algún recelo que alentara a Delia, y él compraba las sustancias para los licores, los filtros y embudos que ella recibía con una grave satisfacción en la que Mario sospechaba un poco de amor, por lo menos algún olvido de los muertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los domingos se quedaba de sobremesa con los suyos, y Madre Celeste se lo agradecía sin sonreír, pero dándole lo mejor del postre y el café muy caliente. Por fin habían cesado los chismes, al menos no se hablaba de Delia en su presencia. Quién sabe si los bofetones al más chico de los Camiletti o el agrio encresparse frente a Madre Celeste entraban en eso; Mario llegó a creer que habían recapacitado, que absolvían a Delia y hasta la consideraban de nuevo. Nunca habló de su casa en lo de Mañara, ni mencionó a su amiga en las sobremesas del domingo. Empezaba a creer posible esa doble vida a cuatro cuadras una de otra; la esquina de Rivadavia y Castro Barros era el puente necesario y eficaz. Hasta tuvo esperanza de que el futuro acercara las casas, las gentes, sordo al paso incomprensible que sentía -a veces, a solas- como íntimamente ajeno y oscuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otras gentes no iban a ver a los Mañara. Asombraba un poco esa ausencia de parientes o de amigos. Mario no tenía necesidad de inventarse un toque especial de timbre, todos sabían que era él. En diciembre, con un calor húmedo y dulce, Delia logró el licor de naranja concentrado, lo bebieron felices un atardecer de tormenta. Los Mañara no quisieron probarlo, seguros de que les haría mal. Delia no se ofendió, pero estaba como transfigurada mientras Mario sorbía apreciativo el dedalito violáceo lleno de luz naranja, de olor quemante. "Me va a hacer morir de calor, pero está delicioso", dijo una o dos veces. Delia, que hablaba poco cuando estaba contenta, observó: "Lo hice para vos". Los Mañara la miraban como queriendo leerle la receta, la alquimia minuciosa de quince días de trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Rolo le habían gustado los licores de Delia, Mario lo supo por unas palabras de Mañara dichas al pasar cuando Delia no estaba: "Ella le hizo muchas bebidas. Pero Rolo tenía miedo por el corazón. El alcohol es malo para el corazón". Tener un novio tan delicado, Mario comprendía ahora la liberación que asomaba en los gestos, en la manera de tocar el piano de Delia. Estuvo por preguntarle a los Mañara qué le gustaba a Héctor, si también Delia le hacía licores o postres a Héctor. Pensó en los bombones que Delia volvía a ensayar y que se alineaban para secarse en una repisa de la antecocina. Algo le decía a Mario que Delia iba a conseguir cosas maravillosas con los bombones. Después de pedir muchas veces, obtuvo que ella le hiciera probar uno. Ya se iba cuando Delia le trajo una muestra blanca y liviana en un platito de alpaca. Mientras lo saboreaba -algo apenas amargo, con un asomo de menta y nuez moscada mezclándose raramente-, Delia tenía los ojos bajos y el aire modesto. Se negó a aceptar los elogios, no era más que un ensayo y aún estaba lejos de lo que se proponía. Pero a la visita siguiente -también de noche, ya en la sombra de la despedida junto al piano- le permitió probar otro ensayo. Había que cerrar los ojos para adivinar el sabor, y Mario obediente cerró los ojos y adivinó un sabor a mandarina, levísimo, viniendo desde lo más hondo del chocolate. Sus dientes desmenuzaban trocitos crocantes, no alcanzó a sentir su sabor y era sólo la sensación agradable de encontrar un apoyo entre esa pulpa dulce y esquiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Delia estaba contenta del resultado, dijo a Mario que su descripción del sabor se acercaba a lo que había esperado. Todavía faltaban ensayos, había cosas sutiles por equilibrar. Los Mañara le dijeron a Mario que Delia no había vuelto a sentarse al piano, que se pasaba las horas preparando los licores, los bombones. No lo decían con reproche, pero tampoco estaban contentos; Mario adivinó que los gastos de Delia los afligían. Entonces pidió a Delia en secreto una lista de las esencias y sustancias necesarias. Ella hizo algo que nunca antes, le pasó los brazos por el cuello y lo besó en la mejilla. Su boca olía despacito a menta. Mario cerró los ojos llevado por la necesidad de sentir el perfume y el sabor desde debajo de los párpados. Y el beso volvió, más duro y quejándose. No supo si le había devuelto el beso, tal vez se quedó quieto y pasivo, catador de Delia en la penumbra de la sala. Ella tocó el piano, como casi nunca ahora, y le pidió que volviera al otro día. Nunca habían hablado con esa voz, nunca se habían callado así. Los Mañara sospecharon algo, porque vinieron agitando los periódicos y con noticias de un aviador perdido en el Atlántico. Eran días en que muchos aviadores se quedaban a mitad del Atlántico. Alguien encendió la luz y Delia se apartó enojada del piano, a Mario le pareció un instante que su gesto ante la luz tenía algo de la fuga enceguecida del ciempiés, una loca carrera por las paredes. Abría y cerraba las manos, en el vano de la puerta, y después volvió como avergonzada, mirando de reojo a los Mañara; los miraba de reojo y se sonreía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin sorpresa, casi como una confirmación, midió Mario esa noche la fragilidad de la paz de Delia, el peso persistente de la doble muerte. Rolo, vaya y pase; Héctor era ya el desborde, el trizado que desnuda un espejo. De Delia quedaban las manías delicadas, la manipulación de esencias y animales, su contacto con cosas simples y oscuras, la cercanía de las mariposas y los gatos, el aura de su respiración a medias en la muerte. Se prometió una caridad sin límites, una cura de años en habitaciones claras y parques alejados del recuerdo; tal vez sin casarse con Delia, simplemente prolongando este amor tranquilo hasta que ella no viese más una tercera muerte andando a su lado, otro novio, el que sigue para morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creyó que los Mañara iban a alegrarse cuando él empezara a traerle los extractos a Delia; en cambio se enfurruñaron y se replegaron hoscos, sin comentarios, aunque terminaban transando y yéndose, sobre todo cuando venía la hora de las pruebas, siempre en la sala y casi de noche, y había que cerrar los ojos y definir -con cuántas vacilaciones a veces por la sutilidad de la materia- el sabor de un trocito de pulpa nueva, pequeño milagro en el plato de alpaca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A cambio de esas atenciones, Mario obtenía de Delia una promesa de ir juntos al cine o pasear por Palermo. En los Mañara advertía gratitud y complicidad cada vez que venía a buscarla el sábado de tarde o la mañana del domingo. Como si prefiriesen quedarse solos en la casa para oír radio o jugar a las cartas. Pero también sospechó una repugnancia de Delia a irse de la casa cuando quedaban los viejos. Aunque no estaba triste junto a Mario, las pocas veces que salieron con los Mañara se alegró más, entonces se divertía de veras en la Exposición Rural, quería pastillas y aceptaba juguetes que a la vuelta miraba con fijeza, estudiándolos hasta cansarse. El aire puro le hacía bien, Mario le vio una tez más clara y un andar decidido. Lástima esa vuelta vespertina al laboratorio, el ensimismamiento interminable con la balanza o las tenacillas. Ahora los bombones la absorbían al punto de dejar los licores; ahora pocas veces daba a probar sus hallazgos. A los Mañara nunca; Mario sospechaba sin razones que los Mañara hubieran rehusado probar sabores nuevos; preferían los caramelos comunes y si Delia dejaba una caja sobre la mesa, sin invitarlos pero como invitándolos, ellos escogían las formas simples, las de antes, y hasta cortaban los bombones para examinar el relleno. A Mario lo divertía el sordo descontento de Delia junto al piano, su aire falsamente distraído. Guardaba para él las novedades, a último momento venía de la cocina con el platito de alpaca; una vez se hizo tarde tocando el piano y Delia dejó que la acompañara hasta la cocina para buscar unos bombones nuevos. Cuando encendió la luz, Mario vio el gato dormido en su rincón y las cucarachas que huían por las baldosas. Se acordó de la cocina de su casa, Madre Celeste desparramando polvo amarillo en los zócalos. Aquella noche los bombones tenían gusto a moka y un dejo raramente salado (en lo más lejano del sabor), como si al final del gusto se escondiera una lágrima; era idiota pensar en eso, en el resto de las lágrimas caídas la noche de Rolo en el zaguán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El pez de color está tan triste -dijo Delia, mostrándole el bocal con piedritas y falsas vegetaciones. Un pececillo rosa translúcido dormitaba con un acompasado movimiento de la boca. Su ojo frío miraba a Mario como una perla viva. Mario pensó en el ojo salado como una lágrima que resbalaría entre los dientes al mascarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hay que renovarle más seguido el agua -propuso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es inútil, está viejo y enfermo. Mañana se va a morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A él le sonó el anuncio como un retorno a lo peor, a la Delia atormentada del luto y los primeros tiempos. Todavía tan cerca de aquello, del peldaño y el muelle, con fotos de Héctor apareciendo de golpe entre los pares de medias o las enaguas de verano. Y una flor seca -del velorio de Rolo- sujeta sobre una estampa en la hoja del ropero. Antes de irse le pidió que se casara con él en el otoño. Delia no dijo nada, se puso a mirar el suelo como si buscara una hormiga en la sala. Nunca habían hablado de eso. Delia parecía querer habituarse y pensar antes de contestarle. Después lo miró brillantemente, irguiéndose de golpe. Estaba hermosa, le temblaba un poco la boca. Hizo un gesto como para abrir una puertecita en el aire, un ademán casi mágico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces sos mi novio -dijo-. Qué distinto me parecés, qué cambiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Madre Celeste oyó sin hablar la noticia, puso a un lado la plancha y en todo el día no se movió de su cuarto, adonde entraban de a uno los hermanos para salir con caras largas y vasitos de Hesperidina. Mario se fue a ver fútbol y por la noche llevó rosas a Delia. Los Mañara lo esperaban en la sala, lo abrazaron y le dijeron cosas, hubo que destapar una botella de oporto y comer masas. Ahora el tratamiento era íntimo y a la vez más lejano. Perdían la simplicidad de amigos para mirarse con los ojos del pariente, del que lo sabe todo desde la primera infancia. Mario besó a Delia, besó a mamá Mañara y al abrazar fuerte a su futuro suegro hubiera querido decirle que confiaran en él, nuevo soporte del hogar, pero no le venían las palabras. Se notaba que también los Mañara hubieran querido decirle algo y no se animaban. Agitando los periódicos volvieron a su cuarto y Mario se quedó con Delia y el piano, con Delia y la llamada de amor indio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una o dos veces, durante esas semanas de noviazgo, estuvo a un paso de citar a papá Mañara fuera de la casa para hablarle de los anónimos. Después lo creyó inútilmente cruel porque nada podía hacerse contra esos miserables que lo hostigaban. El peor vino un sábado a mediodía en un sobre azul, Mario se quedó mirando la fotografía de Héctor en Ultima Hora y los párrafos subrayados con tinta azul. "Sólo una honda desesperación pudo arrastrarlo al suicidio, según declaraciones de los familiares". Pensó raramente que los familiares de Héctor no habían aparecido más por lo de Mañara. Quizá fueron alguna vez en los primeros días. Se acordaba ahora del pez de color, los Mañara habían dicho que era regalo de la madre de Héctor. Pez de color muerto el día anunciado por Delia. Sólo una honda desesperación pudo arrastrarlo. Quemó el sobre, el recorte, hizo un recuento de sospechosos y se propuso franquearse con Delia, salvarla en sí mismo de los hilos de baba, del rezumar intolerable de esos rumores. Alos cinco días (no había hablado con Delia ni con los Mañara), vino el segundo. En la cartulina celeste había primero una estrellita (no se sabía por qué) y después: "Yo que usted tendría cuidado con el escalón de la cancel". Del sobre salió un perfume vago a jabón de almendra. Mario pensó si la de la casa de altos usaría jabón de almendra, hasta tuvo el torpe valor de revisar la cómoda de Madre Celeste y de su hermana. También quemó este anónimo, tampoco le dijo nada a Delia. Era en diciembre, con el calor de esos diciembres del veintitantos, ahora iba después de cenar a lo de Delia y hablaban paseándose por el jardincito de atrás o dando vuelta a la manzana. Con el calor comían menos bombones, no que Delia renunciara a sus ensayos, pero traía pocas muestras a la sala, prefería guardarlos en cajas antiguas, protegidos en moldecitos, con un fino césped de papel verde claro por encima. Mario la notó inquieta, como alerta. A veces miraba hacia atrás en las esquinas, y la noche que hizo un gesto de rechazo al llegar al buzón de Medrano y Rivadavia, Mario comprendió que también a ella la estaban torturando desde lejos; que compartían sin decirlo un mismo hostigamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se encontró con papá Mañara en el Munich de Cangallo y Pueyrredón, lo colmó de cerveza y papas fritas sin arrancarlo de una vigilante modorra, como si desconfiara de la cita. Mario le dijo riendo que no iba a pedirle plata, sin rodeos le habló de los anónimos, la nerviosidad de Delia, el buzón de Medrano y Rivadavia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya sé que apenas nos casemos se acabarán estas infamias. Pero necesito que ustedes me ayuden, que la protejan. Una cosa así puede hacerle daño. Es tan delicada, tan sensible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vos querés decir que se puede volver loca, ¿no es cierto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno, no es eso. Pero si recibe anónimos como yo y se los calla, y eso se va juntando...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vos no la conocés a Delia. Los anónimos se los pasa... quiero decir que no le hacen mella. Es más dura de lo que te pensás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero mire que está como sobresaltada, que algo la trabaja -atinó a decir indefenso Mario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es por eso, sabés -bebía su cerveza como para que le tapara la voz-. Antes fue igual, yo la conozco bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Antes de qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Antes de que se le murieran, zonzo. Pagá que estoy apurado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiso protestar, pero papá Mañara estaba ya andando hacia la puerta. Le hizo un gesto vago de despedida y se fue para el Once con la cabeza gacha. Mario no se animó a seguirlo, ni siquiera pensar mucho lo que acababa de oír. Ahora estaba otra vez solo como al principio, frente a Madre Celeste, la de la casa de altos y los Mañara. Hasta los Mañara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Delia sospechaba algo porque lo recibió distinta, casi parlanchina y sonsacadora. Tal vez los Mañara habían hablado del encuentro en el Munich. Mario esperó que tocara el tema para ayudarla a salir de ese silencio, pero ella prefería Rose Marie y un poco de Schumann, los tangos de Pacho con un compás cortado y entrador, hasta que los Mañara llegaron con galletitas y málaga y encendieron todas las luces. Se habló de Pola Negri, de un crimen en Liniers, del eclipse parcial y la descompostura del gato. Delia creía que el gato estaba empachado de pelos y apoyaba un tratamiento de aceite de castor. Los Mañara le daban la razón sin opinar, pero no parecían convencidos. Se acordaron de un veterinario amigo, de unas hojas amargas. Optaban por dejarlo solo en el jardincito, que él mismo eligiera los pastos curativos. Pero Delia dijo que el gato se moriría; tal vez el aceite le prolongara la vida un poco más. Oyeron a un diariero en la esquina y los Mañara corrieron juntos a comprar Ultima Hora. A una muda consulta de Delia fue Mario a apagar las luces de la sala. Quedó la lámpara en la mesa del rincón, manchando de amarillo viejo la carpeta de bordados futuristas. En torno del piano había una luz velada. Mario preguntó por la ropa de Delia, si trabajaba en su ajuar, si marzo era mejor que mayo para el casamiento. Esperaba un instante de valor para mencionar los anónimos, un resto de miedo a equivocarse lo detenía cada vez. Delia estaba junto a él en el sofá verde oscuro, su ropa celeste la recortaba débilmente en la penumbra. Una vez que quiso besarla, la sintió contraerse poco a poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mamá va a volver a despedirse. Esperá que se vayan a la cama...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera se oía a los Mañara, el crujir del diario, su diálogo continuo. No tenían sueño esa noche, las once y media y seguían charlando. Delia volvió al piano, como obstinándose tocaba largos valses criollos con da capo al fine una vez y otra, escalas y adornos un poco cursis, pero que a Mario le encantaban, y siguió en el piano hasta que los Mañara vinieron a decirles buenas noches, y que no se quedaran mucho rato, ahora que él era de la familia tenía que velar más que nunca por Delia y cuidar que no trasnochara. Cuando se fueron, como a disgusto, pero rendidos de sueño, el calor entraba a bocanadas por la puerta del zaguán y la ventana de la sala. Mario quiso un vaso de agua fresca y fue a la cocina, aunque Delia quería servírselo y se molestó un poco. Cuando estuvo de vuelta vio a Delia en la ventana, mirando la calle vacía por donde antes en noches iguales se iban Rolo y Héctor. Algo de luna se acostaba ya en el piso cerca de Delia, en el plato de alpaca que Delia guardaba en la mano como otra pequeña luna. No había querido pedirle a Mario que probara delante de los Mañara, él tenía que comprender cómo la cansaban los reproches de los Mañara, siempre encontraban que era abusar de la bondad de Mario pedirle que probara los nuevos bombones -claro que si no tenía ganas, pero nadie le merecía más confianza, los Mañara eran incapaces de apreciar un sabor distinto-. Le ofrecía el bombón como suplicando, pero Mario comprendió el deseo que poblaba su voz, ahora lo abarcaba con una claridad que no venía de la luna, ni siquiera de Delia. Puso el vaso de agua sobre el piano (no había bebido en la cocina) y sostuvo con dos dedos el bombón, con Delia a su lado esperando el veredicto, anhelosa la respiración, como si todo dependiera de eso, sin hablar pero urgiéndolo con el gesto, los ojos crecidos -o era la sombra de la sala-, oscilando apenas el cuerpo al jadear, porque ahora era casi un jadeo cuando Mario acercó el bombón a la boca, iba a morder, bajaba la mano y Delia gemía como si en medio de un placer infinito se sintiera de pronto frustrada. Con la mano libre apretó apenas los flancos del bombón, pero no lo miraba, tenía los ojos en Delia y la cara de yeso, un pierrot repugnante en la penumbra. Los dedos se separaban, dividiendo el bombón. La luna cayó de plano en la masa blanquecina de la cucaracha, el cuerpo desnudo de su revestimiento coriáceo, y alrededor, mezclados con la menta y el mazapán, los trocitos de patas y alas, el polvillo del caparacho triturado. Cuando le tiró los pedazos a la cara, Delia se tapó los ojos y empezó a sollozar, jadeando en un hipo que la ahogaba, cada vez más agudo el llanto, como la noche de Rolo; entonces los dedos de Mario se cerraron en su garganta como para protegerla de ese horror que le subía del pecho, un borborigmo de lloro y quejido, con risas quebradas por retorcimientos, pero él quería solamente que se callara y apretaba para que solamente se callara; la de la casa de altos estaría ya escuchando con miedo y delicia, de modo que había que callarla a toda costa. A su espalda, desde la cocina donde había encontrado al gato con las astillas clavadas en los ojos, todavía arrastrándose para morir dentro de la casa, oía la respiración de los Mañara levantados, escondiéndose en el comedor para espiarlos, estaba seguro de que los Mañara habían oído y estaban ahí contra la puerta, en la sombra del comedor, oyendo cómo él hacía callar a Delia. Aflojó el apretón y la dejó resbalar hasta el sofá, convulsa y negra, pero viva. Oía jadear a los Mañara, le dieron lástima por tantas cosas, por Delia misma, por dejársela otra vez y viva. Igual que Héctor y Rolo, se iba y se las dejaba. Tuvo mucha lástima de los Mañara, que habían estado ahí agazapados y esperando que él -por fin alguno- hiciera callar a Delia que lloraba, hiciera cesar por fin el llanto de Delia.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/6301975176239741941/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=6301975176239741941' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/6301975176239741941'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/6301975176239741941'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2008/04/circe.html' title='CIRCE'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-267915141109267064</id><published>2008-03-29T12:03:00.003+01:00</published><updated>2008-03-29T12:09:37.397+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='escritor'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Aurora Bernárdez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Ortega'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><title type='text'>Muestran al 'otro' Julio Cortázar</title><content type='html'>Thursday, 13 de March de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerda Aurora Bernárdez, viuda del literato argentino, los hábitos y costumbres de su esposo&lt;br /&gt;MARCELA FÉLIX&lt;br /&gt;AGENCIA REFORMA&lt;br /&gt;GUADALAJARA, JALISCO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.diariodelibros.com/wp-content/uploads/2007/06/ray.jpg" alt="Julio Cortázar, Rayuela" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como una presencia constante que se revela no sólo en su obra, sino en el pensamiento de sus lectores, es como Aurora Bernárdez, viuda de Julio Cortázar, percibe al autor a más de 20 años de su muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una charla con Julio Ortega, escritor y profundo conocedor de la vida y obra del literato argentino, sirvió de íntima plataforma para que unos 80 admiradores del autor de Rayuela descubrieran el viernes al escritor detrás de sus palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A petición de Bernárdez, a quien Ortega calificó como una viuda muy modesta, su visita a Guadalajara no fue una conferencia magistral como suelen ofrecerlas los invitados a la Cátedra Cortázar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera esposa y albacea de su obra expresó con los ojos y contó con el verbo espontáneo, sin escatimar un solo detalle que acompañara sus recuerdos, cómo es que a partir de su oficio heredado, de organizar los textos, recordó el proceso de creación, espontáneo y secreto del escritor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Yo nunca tenía la impresión de que estaba escribiendo un libro, anotaba cosas...era vivir como todos los días y tomar notas, escribir tres páginas que nunca mostraba, Julio nunca mostraba sus proyectos. Decía: 'se me ha ocurrido una idea', pero no decía cuál era", recordó Bernárdez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, la traductora radicada en París, a raíz de un viaje que hizo junto a Cortázar y del que nunca volvió, compartió sus apuros por conseguir trabajos para financiar sus paseos en pareja, las necesidades del autor, sus obsesiones y su costumbre por crear historias a partir de los "disparates" que decía ella o cualquiera que se los contara. Recordó también el gusto de su esposo por la trompeta y sus intentos por tocarla; su atractivo con sus lectoras femeninas, su respeto por los sueños que muchas veces se convirtieron en obras, como La Casa Tomada y El Examen, esta última nacida a partir de un sueño de Aurora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante su intervención Ortega recordó la "distancia deportiva y juguetona" que Cortázar mantenía con los textos de su autoría, y que lo hacía un escritor inédito de situaciones excepcionales, que llegaban inevitablemente a las páginas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La parte visible de la obra es la que conocemos, pero no es el proceso, la gestación, la exploración, la apuesta, el riesgo, que solamente se puede ver en los manuscritos", añadió Ortega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esos textos, Bernárdez los compartirá con el público en próximas publicaciones, con la ayuda del filólogo Carlos Álvarez, junto con sus obras completas, la extensa correspondencia que el autor tuvo con personalidades e instituciones, entrevistas, textos dispersos, proyectos de cuentos y artículos que se han publicado en diferentes periódicos del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object height="355" width="425"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/mXb33aHIFNk&amp;amp;hl=en"&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/mXb33aHIFNk&amp;amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" height="355" width="425"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al término de la charla, se proyectó un video del portal YouTube en el que se vio a Cortázar, Octavio Paz y la propia Aurora bailando, en una fiesta en el traspatio de la Embajada de México en la India.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/267915141109267064/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=267915141109267064' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/267915141109267064'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/267915141109267064'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2008/03/muestran-al-otro-julio-cortzar.html' title='Muestran al &apos;otro&apos; Julio Cortázar'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-6680633868457350358</id><published>2008-03-17T13:57:00.001+01:00</published><updated>2008-03-17T13:59:42.700+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Círculo de Lectores'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='obra completa'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><title type='text'>Cortázar monumental</title><content type='html'>La edición española, dirigida por Saúl Yurkievich, amigo y albacea, constará de nueve tomos de mil páginas cada uno. Los dos primeros volúmenes saldrán en noviembre e incluirán sus poemas y cuentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FUENTE: PAGINA 12&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://158.109.216.17/blog/wp-content/uploads/2007/04/cortazar.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Falta más de un año para que la efeméride (noventa años de su nacimiento y veinte años de su muerte) justifique el despliegue, pero el prestigio de Julio Cortázar en Europa consigue que se adelanten los homenajes, los seminarios y las reediciones relacionadas con su figura. Habrá, por ejemplo, una Expo Cortázar itinerante que recorrerá el mundo. Pero antes se concretará lo que, seguramente, más disfrutaría el autor de Rayuela: la edición de sus obras completas, un proyecto editorial monitoreado desde España, que prevé publicar a partir de noviembre próximo, en nueve tomos, un total de nueve mil páginas. La iniciativa para ofrecer al lector un conocimiento pleno de Cortázar será desarrollado por el Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg y cerrará la celebración de sus 40 años de implantación en España.&lt;br /&gt;La obra de Cortázar será editada en nueve tomos de más de mil páginas cada uno y la edición estará dirigida por el ensayista y poeta argentino Saúl Yurkievich, amigo personal y albacea de Cortázar y experto en la obra del autor argentino, nacido en Bélgica y ciudadano parisino. En noviembre saldrán los dos primeros volúmenes, el de poesía y el de cuentos. El propósito de la editorial es ir sacando luego dos tomos por año.&lt;br /&gt;El propio Yurkievich recordó que es la primera vez que se publican las obras completas de Cortázar, un escritor ?dijo? dotado de ?una franca e impresionante vocación literaria, y que hizo de la literatura el eje de su vida durante mucho tiempo?. Hasta el momento se habían editado antologías varias, que reunían sus cuentos o su obra crítica, pero nunca se había encarado un proyecto de tanta magnitud.&lt;br /&gt;Las Obras Completas nacen con la intención de ?ser definitivas?, incluirán numerosos inéditos y todo el material disperso que se conoce del escritor, según Yurkievich. Además de los volúmenes citados, en el tercero figurará el teatro y las novelas anteriores a Rayuela. El cuarto estará dedicado a las novelas de madurez; el quinto incluirá su Prosa varia; el sexto, la obra crítica; el séptimo y el octavo la correspondencia, y el noveno las principales entrevistas publicadas en distintos medios.&lt;br /&gt;En su testamento, Cortázar le confió a Yurkievich y a su segunda esposa, Gladys, su obra inédita, para que la editaran o la destruyeran, si así lo veían necesario. Pero ellos fueron publicando el teatro, las dos primeras novelas (El examen y Divertimento) y ensayos. El resto será incluido en las Obras Completas.&lt;br /&gt;También manejó Yurkievich un gran número de manuscritos y su ingente correspondencia, ésa en la que el autor de Las armas secretas ?se explayaba a sus anchas y contaba todo: lo que estaba haciendo, lo que pensaba, sus proyectos... Las cartas son su verdadera biografía?, añade el albacea. La intención de los editores es que sean las obras definitivas, pero ?siempre quedarán textos sueltos?, advierte el director, ya que hay algunos que no se podrán conseguir, como su correspondencia con Carlos Fuentes. Esas cartas están en la Universidad de Princeton y sólo se podrá acceder a ellas dentro de 50 años.&lt;br /&gt;Si se le pregunta a Yurkievich cómo era Cortázar, no duda al responder que, ?fundamentalmente, era un hombre de letras. Su mayor aspiración era cambiar la vida y dominarla a través de la literatura; en el campo literario veía posible llegar a la manifestación más intensa, más íntima y más poderosa de lo humano. También quiso cambiar el mundo, y en un momento dado descubre la revolución, descubre la solidaridad?, dice Yurkievich al referirse a la militancia política de Cortázar, que comenzó ?cuando ya había escrito la mayor parte de su obra?. Para el director de las Obras Completas es tan importante la faceta cuentística como la novelística. ?El estaba muy orgulloso de sus cuentos? y de hecho ?añade Yurkievich? ?es realmente difícil encontrar en la literatura española un corpus de más de cien cuentos de esa calidad?.&lt;br /&gt;La obra novelística ?es más osada, porque hay una gran capacidad de innovación en ella. Los cuentos le salían solos y le salían redondos; sus novelas son lo contrario de lo redondo, tienen una forma estallada, en el sentido de que son fragmentadas, intermitentes?, asegura Yurkievich. Yurkievich considera además que la publicación de Rayuela, la novela cumbre de Cortázar, ?supuso una revolución literaria?, hasta el punto de que en la historia de la novela hispanoamericana ?hay un antes y un después? de este libro. En la edición de las Obras Completas de Cortázar participarán expertos en su legado literario, a manera de prologuistas, como Rosalba Campra, Jaime Alazraki, Steven Boldy, Saúl Sosnowski, Alberto Manguel, Alicia Borinsky o Tomás Eloy Martínez.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/6680633868457350358/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=6680633868457350358' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/6680633868457350358'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/6680633868457350358'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2008/03/cortzar-monumental.html' title='Cortázar monumental'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-8734169743467708072</id><published>2008-02-29T07:36:00.002+01:00</published><updated>2008-02-29T07:39:45.948+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='París'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='escritores argentinos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rayuela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><title type='text'>Hace 45 años los lectores descubrían Rayuela</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.elresumen.com/libros/rayuela.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 260px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.elresumen.com/libros/rayuela.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Lunes 18 de febrero de 2008 - lanacion.com&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 18 de enero de 1963 se publicó Rayuela , novela -o antinovela- de Julio Cortázar. "¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua." Así comienza, en su versión convencional, o sea a partir del capítulo 1, uno de los escritos más influyentes del llamado boom de la literatura latinoamericana. Según se anuncia en el Tablero de Dirección con que abre el volumen: "A su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros". Allí, además de aclararle al lector que puede leerse de forma convencional, también se informa que existe otro orden, que lo lleva, por ejemplo, de los capítulos centrales a los primeros, luego al final y así. La historia principal está basada en un grupo de intelectuales y buscavidas sudamericanos en París en la década del 50, aunque hay continuos datos, aparentemente inconexos, que ayudan a darle a la narración una visión caleidoscópica. Toques existencialistas, humor, desenfado, Cortázar consiguió con este escrito un nombre propio en las letras contemporáneas. Traducido a doce idiomas, hay quienes han querido ver en esta obra lo mismo que significó el Ulises , de James Joyce, una verdadera revolución dentro la literatura española.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luis Ini</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/8734169743467708072/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=8734169743467708072' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/8734169743467708072'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/8734169743467708072'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2008/02/hace-45-aos-los-lectores-descubran.html' title='Hace 45 años los lectores descubrían Rayuela'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-1579126234203808425</id><published>2008-02-05T10:54:00.000+01:00</published><updated>2008-02-05T10:57:58.042+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Franz Kafka'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Revista Ñ'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rosa Montero'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='inéditos'/><title type='text'>Cuando los textos generan polémica o sorprenden</title><content type='html'>Ha sucedido muchas veces que, muerto el escritor, sus descendientes o albaceas publiquen manuscritos que el desaparecido no los dio a conocer en libro o revistas mientras vivía. En este texto, Carlos Sforza expone su punto de vista sobre esta cuestión a propósito de la edición de Caminos y cantos juveniles, de Julio Manuel Bielinis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A raíz de un cuento inédito de Julio Cortázar publicado en la Revista Ñ (Nº 215), se desató una polémica por una nota que en su columna, en la misma revista, escribió Rosa Montero bajo el título Malditos sean los inéditos. En ella critica la publicación del cuento mencionado y dice que Cortázar ?sigue siendo inmenso como cuentista, y no merece que se publique este relato tedioso y obviamente innecesario?.&lt;br /&gt;En el número siguiente de la misma revista, en la sección Cartas, dos lectores salen en defensa de Cortázar y atacan directamente a la escritora española.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img alt="Primavera, Sandro Botticelli" src="http://mimosa.pntic.mec.es/jgomez53/pintura/botti-primavera.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es sabido que F. Kafka ordenó a su amigo y albacea que destruyera los manuscritos y éste no atendió esa orden cuando murió el autor de El Castillo, sino que gracias a esa desobediencia, salvó al publicarla, la obra de uno de los grandes narradores. La Montero afirma que el caso del autor de La Metamorfosis debe dejarse de lado ?(...) porque Kafka era una singularidad literaria, un formidable neurótico? (sic).&lt;br /&gt;Pienso que resulta difícil, ante una obra como el cuento Ciao, Verona de Cortázar (que es el inédito que motivó la polémica), defender o atacar su publicación cuando el autor ha muerto y no lo ha publicado.&lt;br /&gt;Es evidente que todos quienes somos escritores, de mayor o menor fuste o calidad, tenemos manuscritos inéditos. Y en mi caso particular, tengo una primera novela que no publiqué ni pienso publicar ni deseo que cuando desaparezca, se publique. Es un primer ensayo de novela, que recibió el visto bueno del amigo Martín del Pospós, definiéndola precisamente como un buen ensayo de novela. Lo que siempre le agradecí.&lt;br /&gt;Hay escritores, por otra parte, que recuperan manuscritos de su juventud, a veces primeros trabajos que no se han publicado puesto que otros, posteriores, han requerido convertirse en libros porque la labor creadora se ha afirmado, se ha purificado el estilo, y rescatan esos manuscritos como una forma de que no se pierdan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CANTOS JUVENILES. El escritor Julio Manuel Bielinis que nació en San Salvador (Entre Ríos) y desde niño reside en Villaguay, acaba de publicar Caminos y cantos juveniles (Ediciones Mis Escritos, Lanús ?Buenos Aires?, 2007, 104 págs.). Y todo el introito a esta nota se justifica porque estos poemas de Bielinis como lo expresa desde el título, son de su juventud. Anteriormente publicó La Palabra Unitiva (1994), Morada transitoria (2001), Intervalos de sombra (2004) y Matices de olvido (2006).&lt;br /&gt;El autor en el prólogo de este nuevo libro da una explicación de por qué lo publica. Dice: ?Cuando edité mi primer libro ?La Palabra Unitiva? en 1994, expresé en esa oportunidad que había realizado una selección de mis trabajos, por diversos motivos, uno de ellos la brevedad y otro la preferencia de piezas, por entender que era lo más logrado de mi quehacer literario. Ahora, pasados ya varios años de aquel evento tan agradable para mí, y habiendo escrito otros libros cuya valoración dejo a criterio de los lectores, me puse a revisar una carpeta de hojas amarillentas, como si el otoño hubiera anclado en ellas, habiendo observado que muchísimas poesías correrían el riesgo de perderse, si yo no me animaba a publicarlas. Es por eso que este volumen viene a ser la continuación de mi primer libro, todas composiciones de mi época de juventud, de ahí el título del mismo (...)?.&lt;br /&gt;Evidentemente el poeta, al recorrer esas primeras poesías, encontró muchos ecos que lo movieron a revisarlas y publicarlas. En el libro se nota en algunos versos, que son creaciones de una juventud que trata de expresarse a través del poema, con la impronta de los años que tenía al escribirlos, y donde se entrecruzan las poesías libres con los metros clásicos, especialmente con el soneto.&lt;br /&gt;En los primeros es, creo, donde más se hace patente esa búsqueda de una forma, a través del verso libre que se expandió durante el siglo pasado. Bielinis en los sonetos demuestra un conocimiento de esta forma clásica, a la que le pone su sello a través de los temas, que no son sino emociones, sentimientos, creencias, apetencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RECUPERACIÓN. El poeta, con esta entrega ha querido recuperar esas poesías que como lo dice expresamente ?correrían el riesgo de perderse?. Y él no ha querido que ello suceda. Y edita el volumen como un tributo a su esposa Ofelia, que es en gran parte destinataria de estos versos de juventud.&lt;br /&gt;En el final del libro, Bielinis realiza traducciones de Oda Maecenas Atravis y Oda XII del libro I del poeta latino Horacio. Y como cursó latín y griego en el Seminario Arquidiocesano de Paraná, y no perdió estos estudios, realiza una labor poética de traducción digna de aplauso. Porque no es fácil vertir al español las obras de los poetas latinos como lo hace Bielinis en su libro. Quizá fuera un ejercicio de su juventud tras las huellas de la esquiva poesía, pero que le ha servido para ceñir la forma, buscar la palabra fundante y encontrar la senda en su discurso poético que desde estos primeros poemas juveniles, ha ido ascendiendo en sus posteriores creaciones (aunque publicadas antes que este volumen).&lt;br /&gt;Un gusto, un deseo del poeta que no ha esperado que sus descendientes lo publiquen o no. Él, en plena lucidez y actividad creadora, lo ha hecho.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/1579126234203808425/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=1579126234203808425' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/1579126234203808425'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/1579126234203808425'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2008/02/cuando-los-textos-generan-polmica-o.html' title='Cuando los textos generan polémica o sorprenden'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-5563004080624977921</id><published>2008-01-26T15:35:00.000+01:00</published><updated>2008-01-26T15:37:45.223+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='escritores latinoamericanos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuentos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Todos los fuegos el fuego'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>Todos los fuegos el fuego</title><content type='html'>Por Julio Cortázar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.leelibros.com/biblioteca/files/images/41E0XP8E6GL._SS500__0.preview.jpg" alt="Todos los fuegos el fuego"/&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Así será algún día su estatua, piensa irónicamente el procónsul mientras alza el brazo, lo fija en el gesto del saludo, se deja petrificar por la ovación de un público que dos horas de circo y de calor no han fatigado. Es el momento de la sorpresa prometida; el procónsul baja el brazo, mira a su mujer que le devuelve la sonrisa inexpresiva de las fiestas. Irene no sabe lo que va a seguir y a la vez es como si lo supiera, hasta lo inesperado acaba en costumbre cuando se ha aprendido a soportar, con la indiferencia que detesta el procónsul, los caprichos del amo. Sin volverse siquiera hacia la arena prevé una suerte ya echada, una sucesión cruel y monótona. Licas, el viñatero, y su mujer Urania son los primeros en gritar un nombre que la muchedumbre recoge y repite: "Te reservaba esta sorpresa", dice el procónsul. "Me han asegurado que aprecias el estilo de ese gladiador". Centinela de su sonrisa, Irene inclina la cabeza para agradecer. "Puesto que nos haces el honor de acompañarnos aunque te hastían los juegos", agrega el procónsul, "es justo que procure ofrecerte lo que más te agrada". "¡Eres la sal del mundo!", grita Licas. "¡Haces bajar la sombra misma de Marte a nuestra pobre arena de provincia!" "No has visto más que la mitad", dice el procónsul, mojándose los labios en una copa de vino y ofreciéndola a su mujer. Irene bebe un largo sorbo, que parece llevarse con su leve perfume el olor espeso y persistente de la sangre y el estiércol. En un brusco silencio de expectativa que lo recorta con una precisión implacable, Marco avanza hacia el centro de la arena; su corta espada brilla al sol, allí donde el viejo velario deja pasar un rayo oblicuo, y el escudo de bronce cuelga negligente de la mano izquierda. "¿No irás a enfrentarlo con el vencedor de Smirnio?", pregunta excitadamente Licas. "Mejor que eso", dice el procónsul. "Quisiera que tu provincia me recuerde por estos juegos, y que mi mujer deje por una vez de aburrirse". Urania y Licas aplauden esperando la respuesta de Irene, pero ella devuelve en silencio la copa al esclavo, ajena al clamoreo que saluda la llegada del segundo gladiador. Inmóvil, Marco parece también indiferente a la ovación que recibe su adversario; con la punta de la espada toca ligeramente sus grebas doradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       "Hola", dice Roland Renoir, eligiendo un cigarrillo como una continuación ineludible del gesto de descolgar el receptor. En la línea hay una crepitación de comunicaciones mezcladas, alguien que dicta cifras, de golpe un silencio todavía más oscuro en esa oscuridad que el teléfono vuelca en el ojo del oído. "Hola", repite Roland, apoyando el cigarrillo en el borde del cenicero y buscando los fósforos en el bolsillo de la bata. "Soy yo", dice la voz de Jeanne. Roland entorna los ojos, fatigado, y se estira en una posición más cómoda. "Soy yo", repite inútilmente Jeanne. Como Roland no contesta, agrega: "Sonia acaba de irse". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Su obligación es mirar el palco imperial, hacer e saludo de siempre. Sabe que debe hacerlo y que verá a la mujer del procónsul y al procónsul, y que quizá la mujer le sonreirá como en los últimos juegos. No necesita pensar, no sabe casi pensar, pero el instinto le dice que esa arena es mala, el enorme ojo de bronce donde los rastrillos y las hojas de palma han dibujado los curvos senderos ensombrecidos por algún rastro de las luchas precedentes. Esa noche ha soñado con un pez, ha soñado con un camino solitario entre columnas rotas; mientras se armaba, alguien ha murmurado que el procónsul no le pagará con monedas de oro. Marco no se ha molestado en preguntar, y el otro se ha echado a reír malvadamente antes de alejarse sin darle la espalda; un tercero, después, le ha dicho que es un hermano del gladiador muerto por él en Massilia, pero ya lo empujaban hacia la galería, hacia los clamores de fuera. El calor es insoportable, le pesa el yelmo que devuelve los rayos del sol contra el velario y las gradas. Un pez, columnas rotas; sueños sin un sentido claro, con pozos de olvido en los momentos en que hubiera podido entender. Y el que lo armaba ha dicho que el procónsul no le pagará con monedas de oro; quizá la mujer del procónsul no le sonría esta tarde. Los clamores le dejan indiferente porque ahora están aplaudiendo al otro, lo aplauden menos que a él un momento antes, pero entre los aplausos se filtran gritos de asombro, y Marco levanta la cabeza, mira hacia el palco donde Irene se ha vuelto para hablar con Urania, donde el procónsul negligentemente hace una seña, y todo su cuerpo se contrae y su mano se aprieta en el puño de la espada. Le ha bastado volver los ojos hacia la galería opuesta; no es por allí que asoma su rival, se han alzado crujiendo las rejas del oscuro pasaje por donde se hace salir a las fieras, y Marco ve dibujarse la gigantesca silueta del reciario nubio, hasta entonces invisible contra el fondo de piedra mohosa; ahora sí, más acá de toda razón, sabe que el procónsul no le pagará con monedas de oro, adivina el sentido del pez y las columnas rotas. Y a la vez poco le importa lo que va a suceder entre el reciario y él, eso es el oficio y los hados, pero su cuerpo sigue contraído como si tuviera miedo, algo en su carne se pregunta por qué el reciario ha salido por la galería de las fieras, y también se lo pregunta entre ovaciones el público, y Licas lo pregunta al procónsul que sonríe para apoyar sin palabras la sorpresa, y Licas protesta riendo y se cree obligado a apostar a favor de Marco; antes de oír las palabras que seguirán, Irene sabe que el procónsul doblará la apuesta a favor del nubio, y que después la mirará amablemente y ordenará que le sirvan vino helado. Y ella beberá el vino y comentará con Urania la estatura y la ferocidad del reciario nubio; cada movimiento está previsto aunque se lo ignore en sí mismo, aunque puedan faltar la copa de vino o el gesto de la boca de Urania mientras admira el torso del gigante. Entonces Licas, experto en incontables fastos de circo, les hará notar que el yelmo del nubio ha rozado las púas de la reja de las fieras, alzadas a dos metros del suelo, y alabará la soltura con que ordena sobre el brazo izquierdo las escamas de la red. Como siempre, como desde una ya lejana noche nupcial, Irene se repliega al límite más hondo de sí misma mientras por fuera condesciende y sonríe y hasta goza; en esa profundidad libre y estéril siente el signo de muerte que el procónsul ha disimulado en una alegre sorpresa pública, el signo que sólo ella y quizá Marco pueden comprender, pero Marco no comprenderá, torvo y silencioso y máquina, y su cuerpo que ella ha deseado en otra tarde de circo (y eso lo ha adivinado el procónsul, sin necesidad de sus magos lo ha adivinado como siempre, desde el primer instante) va a pagar el precio de la mera imaginación, de una doble mirada inútil sobre el cadáver, de un tracio diestramente muerto de un tajo en la garganta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Antes de marcar el número de Roland, la mano de Jeanne ha andado por las páginas de una revista de modas, un tubo de pastillas calmantes, el lomo del gato ovillado en el sofá. Después la voz de Roland ha dicho: "Hola", su voz un poco adormilada y bruscamente Jeanne ha tenido una sensación de ridículo, de que va a decirle a Roland eso que exactamente la incorporará a la galería de las plañideras telefónicas con el único, irónico espectador fumando en un silencio condescendiente: "Soy yo", dice Jeanne, pero se lo ha dicho más a ella misma que a ese silencio opuesto en el que bailan, como en un telón de fondo, algunas chispas de sonido. Mira su mano, que ha acariciado distraídamente al gato antes de marcar las cifras (¿y no se oyen otras cifras en el teléfono, no hay una voz distante que dicta números a alguien que no habla, que sólo está allí para copiar obediente?), negándose a creer que la mano que ha alzado y vuelto a dejar el tubo de pastillas es su mano, que la voz que acaba de repetir: "Soy yo", es su voz, al borde del límite. Por dignidad, callar, lentamente devolver al receptor a su horquilla, quedarse limpiamente sola. "Sonia acaba de irse", dice Jeanne, y el límite está franqueado, el ridículo empieza, el pequeño infierno confortable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       "Ah", dice Roland frotando un fósforo. Jeanne oye distintamente el frote, es como si viera el rostro de Roland mientras aspira el humo, echándose un poco atrás con los ojos entornados. Un río de escamas brillantes parece saltar de las manos del gigante negro y Marco tiene el tiempo preciso para hurtar el cuerpo a la red. Otras veces -el procónsul lo sabe, y vuelve la cabeza para que solamente Irene lo vea sonreír- ha aprovechado de ese mínimo instante que es el punto débil de todo reciario para bloquear con el escudo la amenaza del largo tridente y tirarse a fondo, con un movimiento fulgurante, hacia el pecho descubierto. Pero Marco se mantiene fuera de distancia, encorvadas las piernas como a punto de saltar, mientras el nubio recoge velozmente la red y prepara el nuevo ataque. "Está perdido", piensa Irene sin mirar al procónsul que elige unos dulces de la baraja que le ofrece Urania. "No es el que era", piensa Licas lamentando su apuesta. Marco se ha encorvado un poco, siguiendo el movimiento giratorio del nubio; es el único que aún no sabe lo que todos presienten, es apenas algo que agazapado espera otra ocasión, con el vago desconcierto de no haber hecho lo que la ciencia le mandaba. Necesitaría más tiempo, las horas tabernarias que siguen a los triunfos, para entender quizá la razón de que el procónsul no vaya a pagarle con monedas de oro. Hosco, espera otro momento propicio; acaso al final, con un pie sobre el cadáver del reciario, pueda encontrar otra vez la sonrisa de la mujer del procónsul; pero eso no lo está pensando él, y quien lo piensa no cree ya que el pie de Marco se hinque en el pecho de un nubio degollado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      "Decídete", dice Roland, "a menos que quieras tenerme toda la tarde escuchando a ese tipo que le dicta números a no sé quién. ¿Lo oyes?" "Sí", dice Jeanne, "se lo oye como desde muy lejos. Trescientos cincuenta y cuatro, doscientos cuarenta y dos". Por un momento no hay más que la voz distante y monótona. "En todo caso", dice Roland, "está utilizando el teléfono para algo práctico". La respuesta podría ser la previsible, la primera queja, pero Jeanne calla todavía unos segundos y repite: "Sonia acaba de irse". Vacila antes de agregar: "Probablemente estará llegando a tu casa". A Roland le sorprendería eso, Sonia no tiene por qué ir a su casa. "No mientas", dice Jeanne, y el gato huye de su mano, la mira ofendido. "No era una mentira", dice Roland. "Me refería a la hora, no al hecho de venir o no venir. Sonia sabe que me molestan las visitas y las llamadas a esta hora". Ochocientos cinco, dicta desde lejos la voz, cuatrocientos dieciséis. Treinta y dos. Jeanne ha cerrado los ojos, esperando la primera pausa en esa voz anónima para decir lo único que queda por decir. Si Roland corta la comunicación le restará todavía esa voz en el fondo de la línea, podrá conservar el receptor en el oído, resbalando más y más en el sofá, acariciando el gato que ha vuelto a tenderse contra ella, jugando con el tubo de pastillas, escuchando las cifras, hasta que también la otra voz se canse y ya no quede nada, absolutamente nada como no sea el receptor que empezará a pesar espantosamente entre sus dedos, una cosa muerta que habrá que rechazar sin mirarla. Ciento cuarenta y cinco, dice la voz. Y todavía más lejos, como un diminuto dibujo a lápiz, alguien que podría ser una mujer tímida pregunta entre dos chasquidos: "¿La estación del Norte?"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Por segunda vez alcanza a zafarse de la red, pero ha medido mal el salto hacia atrás y resbala en una mancha húmeda de la arena. Con un esfuerzo que levanta en vilo al público, Marco rechaza la red con un molinete de la espada mientras tiende el brazo izquierdo y recibe en el escudo el golpe resonante del tridente. El procónsul desdeña los excitados comentarios de Licas y vuelve la cabeza hacia Irene que no se ha movido. "Ahora o nunca", dice el procónsul. "Nunca", contesta Irene. "No es el que era", repite Licas, "y le va a costar caro, el nubio no le dará otra oportunidad, basta mirarlo". A distancia, casi inmóvil, Marco parece haberse dado cuenta del error; con el escudo en alto mira fijamente la red ya recogida, el tridente que oscila hipnóticamente a dos metros de sus ojos. "Tienes razón, no es el mismo", dice el procónsul. "¿Habías apostado por él, Irene?" Agazapado, pronto a saltar, Marco siente en la piel, en lo hondo del estómago, que la muchedumbre lo abandona. Si tuviera un momento de calma podría romper el nudo que lo paraliza, la cadena invisible que empieza muy atrás pero sin que él pueda saber dónde, y que en algún momento es la solicitud del procónsul, la promesa de una paga extraordinaria y también un sueño donde hay un pez y sentirse ahora, cuando ya no hay tiempo para nada, la imagen misma del sueño frente a la red que baila ante los ojos y parece atrapar cada rayo de sol que se filtra por las desgarraduras del velario. Todo es cadena, trampa; enderezándose con una violencia amenazante que el público aplaude mientras el reciario retrocede un paso por primera vez, Marco elige el único camino, la confusión y el sudor y el olor a sangre, la muerte frente a él que hay que aplastar; alguien lo piensa por él detrás de la máscara sonriente, alguien que lo ha deseado por sobre el cuerpo de un tracio agonizante. "El veneno", se dice Irene, "alguna vez encontraré el veneno, pero ahora acéptale la copa de vino, sé la más fuerte, espera tu hora". La pausa parece prolongarse como se prolonga la insidiosa galería negra donde vuelve intermitente la voz lejana que repite cifras. Jeanne a creído siempre que los mensajes que verdaderamente cuentan están en algún momento más acá de toda palabra; quizá esas cifras digan más, sean más que cualquier discurso para el que las está escuchando atentamente, como para ella el perfume de Sonia, el roce de la palma de su mano en el hombro antes de marcharse han sido tanto más que las palabras de Sonia. Pero era natural que Sonia no se conformara con un mensaje cifrado, que quisiera decirlo con todas las letras, saboreándolo hasta lo último. "Comprendo que para ti será muy duro", a repetido Sonia, "pero detesto el disimulo y prefiero decirte la verdad". Quinientos cuarenta y seis, seiscientos sesenta y dos, doscientos ochenta y nueve. "No me importa si va a tu casa o no", dice Jeanne, "ahora ya no me importa nada". En vez de otra cifra hay un largo silencio. "¿Estás ahí?", pregunta Jeanne. "Sí", dice Roland dejando la colilla en el cenicero y buscando sin apuro el vaso de coñac. "Lo que no puedo entender...", empieza Jeanne. "Por favor", dice Roland, "en estos casos nadie entiende gran cosa, querida, y además no se gana nada con entender. Lamento que Sonia se haya precipitado, no era ella a quien le tocaba decírtelo. Maldito sea, ¿no va a terminar nunca con esos números?" La voz menuda, que hace pensar en un mundo de hormigas, continúa su dictado minucioso por debajo de un silencio más cercano y más espeso. "Pero tú", dice absurdamente Jeanne, "entonces, tú..."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Roland bebe un trago de coñac. Siempre le ha gustado escoger sus palabras, evitar los diálogos superfluos. Jeanne repetirá dos, tres veces cada frase, acentuándolas de una manera diferente; que hable, que repita mientras él prepara el mínimo de respuestas sensatas que pongan orden en ese arrebato lamentable. Respirando con fuerza se endereza después de una finta y un avance lateral; algo le dice que esta vez el nubio va a cambiar el orden del ataque, que el tridente se adelantará al tiro de la red. "Fíjate bien", explica Licas a su mujer, "se lo he visto hacer en Apta Iulia, siempre los desconcierta". Mal defendido, desafiando el riesgo de entrar en el campo de la red, Marco se tira hacia delante y sólo entonces alza el escudo para protegerse del río brillante que escapa como un rayo de la mano del nubio. Ataja el borde de la red pero el tridente golpea hacia abajo y la sangre salta del muslo de Marco, mientras la espada demasiado corta resuena inútilmente contra el asta. "Te lo había dicho", grita Licas. El procónsul mira atentamente el muslo lacerado, la sangre que se pierde en la greba dorada; piensa casi con lástima que a Irene le hubiera gustado acariciar ese muslo, buscar su presión y su calor, gimiendo como sabe gemir cuando él la estrecha para hacerle daño. Se lo dirá esa misma noche y será interesante estudiar el rostro de Irene buscando el punto débil de su máscara perfecta, que fingirá indiferencia hasta el final como ahora finge un interés civil en la lucha que hace aullar de entusiasmo a una plebe bruscamente excitada por la inminencia del fin. "La suerte lo ha abandonado", dice el procónsul a Irene. "Casi me siento culpable de haberlo traído a esta arena de provincia; algo de él se ha quedado en Roma, bien se ve." "Y el resto se quedará aquí, con el dinero que le aposté", ríe Licas. "Por favor, no te pongas así", dice Roland, "es absurdo seguir hablando por teléfono cuando podemos vernos esta misma noche. Te lo repito, Sonia se ha precipitado, yo quería evitarte ese golpe". La hormiga ha cesado de dictar sus números y las palabras de Jeanne se escuchan distintamente; no hay lágrimas en su voz y eso sorprende a Roland, que ha preparado sus frases previendo una avalancha de reproches. "¿Evitarme el golpe?", dice Jeanne. "Mintiendo, claro, engañándome una vez más". Roland suspira, desecha las respuestas que podrían alargar hasta el bostezo un diálogo tedioso. "Lo siento, pero si sigues así prefiero cortar", dice, y por primera vez hay un tono de afabilidad en su voz. "Mejor será que vaya a verte mañana, al fin y al cabo somos gente civilizada, qué diablos". Desde muy lejos la hormiga dicta: ochocientos ochenta y ocho. "No vengas", dice Jeanne, y es divertido oír las palabras mezclándose con las cifras, no ochocientos vengas ochenta y ocho. "No vengas nunca más, Roland". El drama, las probables amenazas de suicidio, el aburrimiento como cuando Marie Josée, como cuando todas las que lo toman a lo trágico. "No seas tonta", aconseja Roland, "mañana lo comprenderás mejor, es preferible para los dos". Jeanne calla, la hormiga dicta cifras redondas: cien, cuatrocientos, mil. "Bueno, hasta mañana", dice Roland admirando el vestido de calle de Sonia, que acaba de abrir la puerta y se ha detenido con un aire entre interrogativo y burlón. "No perdió tiempo en llamarte", dice Sonia dejando el bolso y una revista. "Hasta mañana, Jeanne", repite Roland. El silencio en la línea parece tenderse como un arco, hasta que lo corta secamente una cifra distante, novecientos cuatro. "¡Basta de dictar esos números idiotas!", grita Roland con todas sus fuerzas, y antes de alejar el receptor del oído alcanza a escuchar el click en el otro extremo, el arco que suelta su flecha inofensiva. Paralizado, sabiéndose incapaz de evitar la red que no tardará en envolverlo, Marco hace frente al gigante nubio, la espada demasiado corta inmóvil en el extremo del brazo tendido. El nubio afloja la red una, dos veces, la recoge buscando la posición más favorable, la hace girar todavía como si quisiera prolongar los alaridos del público que lo incita a acabar con su rival, y baja el tridente mientras se echa de lado para dar más impulso al tiro. Marco va al encuentro de la red con el escudo en alto, y es una torre que se desmorona contra una masa negra, la espada se hunde en algo que más arriba aúlla; la arena le entra en la boca y en los ojos, la red cae inútilmente sobre el pez que se ahoga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Acepta indiferente las caricias, incapaz de sentir que la mano de Jeanne tiembla un poco y empieza a enfriarse. Cuando los dedos resbalan por su piel y se detienen, hincándose en una crispación instantánea, el gato se queja petulante; después se tumba de espaldas y mueve las patas en la actitud de expectativa que hace reír siempre a Jeanne, pero ahora no, su mano sigue inmóvil junto al gato y apenas si un dedo busca todavía el calor de su piel, la recorre brevemente antes de detenerse otra vez entre el flanco tibio y el tubo de pastillas que ha rodado hasta ahí. Alcanzado en pleno estómago el nubio aúlla, echándose hacia atrás, y en ese último instante en el que el dolor es como una llama de odio, toda la fuerza que huye de su cuerpo se agolpa en el brazo para hundir el tridente en la espada de su rival boca abajo. Cae sobre el cuerpo de Marco, y las convulsiones lo hacen rodar de lado; Marco mueve lentamente un brazo, clavado en la arena como un enorme insecto brillante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      "No es frecuente", dice el procónsul volviéndose hacia Irene, "que dos gladiadores de ese mérito se maten mutuamente. Podemos felicitarnos de haber visto un raro espectáculo. Esta noche se lo escribiré a mi hermano para consolarlo de su tedioso matrimonio".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Irene ve moverse el brazo de Marco, un lento movimiento inútil como si quisiera arrancarse el tridente hundido en los riñones. Imagina al procónsul desnudo en la arena, con el mismo tridente clavado hasta el asta. Pero el procónsul no movería el brazo con esa dignidad última; chillaría pataleando como una liebre, pediría perdón a un público indignado. Aceptando la mano que le tiende su marido para ayudarle a levantarse, asiente una vez más; el brazo ha dejado de moverse, lo único que queda por hacer es sonreír, refugiarse en la inteligencia. Al gato no parece gustarle la inmovilidad de Jeanne, sigue tumbado de espaldas esperando una caricia; después, como si le molestara ese dedo contra la piel del flanco, maúlla destempladamente y da media vuelta para alejarse, ya olvidado y soñoliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      "Perdóname por venir a esta hora", dice Sonia. "Vi tu auto en la puerta, era demasiada tentación. Te llamó, ¿verdad?" Roland busca un cigarrillo. "Hiciste mal", dice. "Se supone que esa tarea les toca a los hombres, al fin y al cabo he estado más de dos años con Jeanne y es una buena muchacha". "Ah, pero el placer", dice Sonia sirviéndose coñac. "Nunca le he podido perdonar que fuera tan inocente, no hay nada que me exaspere más. Si te digo que empezó por reírse, convencida de que le estaba haciendo una broma". Roland mira el teléfono, piensa en la hormiga. Ahora Jeanne llamará otra vez, y será incómodo porque Sonia se ha sentado junto a él y le acaricia el pelo mientras hojea una revista literaria como si buscara ilustraciones. "Hiciste mal", repite Roland atrayendo a Sonia. "¿En venir a esta hora?", ríe Sonia cediendo a las manos que buscan torpemente el primer cierre. El velo morado cubre los hombros de Irene que da la espalda al público, a la espera de que el procónsul salude por última vez. En las ovaciones se mezcla ya un rumor de multitud en movimiento, la carrera precipitada de los que buscan adelantarse a la salida y ganar las galerías inferiores, Irene sabe que los esclavos estarán arrastrando los cadáveres, y no se vuelve; le agrada pensar que el procónsul ha aceptado la invitación de Licas a cenar en su villa a orillas del lago, donde el aire de la noche la ayudará a olvidar el olor a la plebe, los últimos gritos, un brazo moviéndose lentamente como si acariciara la tierra. No le es difícil olvidar, aunque el procónsul la hostigue con una minuciosa evocación de tanto pasado que la inquieta; un día Irene encontrará la manera de que también él olvide para siempre, y que la gente lo crea simplemente muerto. "Verás lo que ha inventado nuestro cocinero", está diciendo la mujer de Licas. "Le ha devuelto el apetito a mi marido, y de noche..." Licas ríe y saluda a sus amigos, esperando que el procónsul abra la marcha hacia las galerías después de un último saludo que se hace esperar como si lo complaciera seguir mirando la arena donde enganchan y arrastran los cadáveres. "Soy tan feliz", dice Sonia apoyando la mejilla en el pecho de Roland adormilado. "No lo digas", murmura Roland, "uno siempre piensa que es una amabilidad". "¿No me crees?", ríe Sonia. "Sí, pero no lo digas ahora. Fumemos". Tantea en la mesa baja hasta encontrar cigarrillos, pone uno en los labios de Sonia, acerca el suyo, los enciende al mismo tiempo. Se miran apenas, soñolientos, y Roland agita el fósforo y lo posa en la mesa donde en alguna parte hay un cenicero. Sonia es la primera en adormecerse y él le quita muy despacio el cigarrillo de la boca, lo junta con el suyo y los abandona en la mesa, resbalando contra Sonia en un sueño pesado y sin imágenes. El pañuelo de gasa arde sin llama al borde del cenicero, chamuscándose lentamente, cae sobre la alfombra junto al montón de ropas y una copa de coñac. Parte del público vocifera y se amontona en las gradas inferiores; el procónsul ha saludado una vez más y hace una seña a su guardia para que le abran paso. Licas, el primero en comprender, le muestra el lienzo más distante del viejo velario que empieza a desgarrarse mientras una lluvia de chispas cae sobre el público que busca confusamente la salida. Gritando una orden, el procónsul empuja a Irene siempre de espaldas e inmóvil. "Pronto, antes de que se amontonen en la galería baja", grita Licas precipitándose delante de su mujer. Irene es la primera que huele el aceite hirviendo, el incendio de los depósitos subterráneos; atrás, el velario cae cobre las espaldas de los que pugnan por abrirse paso en una masa de cuerpos confundidos que obstruyen las galerías demasiado estrechas. Los hay que saltan a la arena por centenares, buscando otras salidas, pero el humo del aceite borra las imágenes, un jirón de tela flota en el extremo de las llamas y cae sobre el procónsul antes de que pueda guarecerse en el pasaje que lleva a la galería imperial. Irene se vuelve al oír su grito, le arranca la tela chamuscada tomándola con dos dedos, delicadamente. "No podremos salir", dice, "están amontonados ahí abajo como animales". Entonces Sonia grita, queriendo desatarse del brazo ardiente que la envuelve desde el sueño, y su primer alarido se confunde con el de Roland que inútilmente quiere enderezarse, ahogado por el humo negro. Todavía gritan, cada vez más débilmente, cuando el carro de bomberos entra a toda máquina por la calle atestada de curiosos. "Es en el décimo piso", dice el teniente. "Va a ser duro, hay viento del norte. Vamos".</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/5563004080624977921/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=5563004080624977921' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/5563004080624977921'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/5563004080624977921'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2008/01/todos-los-fuegos-el-fuego.html' title='Todos los fuegos el fuego'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-6740340257499694073</id><published>2008-01-18T10:15:00.000+01:00</published><updated>2008-01-18T10:16:50.160+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El perseguidor'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Johnny Carter'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='teatro'/><title type='text'>El Aula CAM de Alicante acoge la obra de teatro-jazz 'El Perseguidor' de Julio Cortázar</title><content type='html'>ALICANTE, 18 Ene. (EUROPA PRESS)&lt;br /&gt;El Aula de Cultura de Caja Mediterráneo acogerá hoy viernes la obra de teatro-jazz 'El Perseguidor', la obra de teatro-jazz basada en el relato homónimo de Julio Cortázar, según informaron ayer en un comunicado fuentes de la entidad financiera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   La representación, que se celebrará a las 20.30 horas de hoy viernes, es una adaptación del escritor y guionista Andreu Martín, quien se encargó de seleccionar los textos y de adaptar la obra de Julio Cortázar, 'El Perseguidor', a música y palabras. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Al texto de Martín, se le añadió la música de Dani Nel·lo, el director musical, y del resto se encargó Lurdes Barba, que acomete la dirección artística de los actores. Esta obra es una coproducción de 'Barcelona ad libitum' y del Festival Grec de Barcelona, en la que además colaboran la Casa América, RBA y Círculo de Lectores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   'El perseguidor' narra la vida del músico Johnny Carter y de su relación antagónica con un crítico musical llamado Bruno. El actor Gonzalo Cunill se encarga de dar vida al crítico, mientras que Pedro Gutiérrez se enfunda en la piel del saxofonista, con fama de ser uno de los mejores músicos de jazz de la época, pero que muere por su dependencia al alcohol y las drogas. Cortázar escribió 'El Perseguidor' tras leer la necrológica de Charlie Parker, considerado el mejor saxo alto de la historia del jazz y que murió a los 34 años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   La música "establece un diálogo con el texto" a través de la pequeña banda que permanece todo el tiempo en el escenario, y que está formada por Jordi Prats, saxo alto, Dani Nel·lo, saxo barítono, Ramón Ángel Rey, batería, y Miquel Ángel Cordero, contrabajo.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/6740340257499694073/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=6740340257499694073' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/6740340257499694073'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/6740340257499694073'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2008/01/el-aula-cam-de-alicante-acoge-la-obra.html' title='El Aula CAM de Alicante acoge la obra de teatro-jazz &apos;El Perseguidor&apos; de Julio Cortázar'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-5123312176154127175</id><published>2008-01-13T12:37:00.000+01:00</published><updated>2008-01-13T12:40:58.361+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='libros'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='París'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cultura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='café'/><title type='text'>La cultura en el café</title><content type='html'>Un ensayo sobre el Café como el espacio donde se gestó la modernidad literaria europea.&lt;br /&gt;Por Luis Fernando Afanador (semana.com)&lt;br /&gt;Fecha: 01/12/2008 -1341&lt;br /&gt;Antoni Martí Monterde&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poética del Café&lt;br /&gt;Anagrama, 2007&lt;br /&gt;491 páginas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Cielito lindo, cielito de café", decía Julio Cortázar en Rayuela. Sin duda él perteneció a una generación que vivió el esplendor del Café como un escenario propicio para la lectura, la escritura y la discusión. "El café aguza la inteligencia y aviva la sociabilidad", pensaba el escritor catalán Josep Pla. El escritor vienés Joseph Roth, dijo: "Salir del café y ver la luz del sol era como despertarse en medio de un sueño. Dentro se paraba el tiempo". Para el profesor George Steiner, Europa está hecha de cafés: "Dibujad un mapa de los cafés y tendréis uno de los indicadores esenciales de la idea de Europa". Por eso, la decadencia del café implica la decadencia de una civilización entera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.britishpubguide.com/media-pub/100652.jpg" width="400" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las coffeehouses inglesas y el café Procope de París, en el siglo XVIII, pueden ser considerados los primeros. Se inspiraron en los salones de las grandes damas aristocráticas de Francia como Madame de Staël y Madame de Sévigné. Toma su modelo de tertulia, de centro de las novedades culturales y políticas, pero sin un carácter excluyente y elitista. Son espacios abiertos, burgueses, con un único requisito: el pago del consumo que legitima la ocupación de una mesa. En el nuevo café no hay protocolos ni se reconocen jerarquías: el prestigio se gana y se pierde con el buen o el mal uso de la palabra. Aunque tampoco existe la obligación de lucirse: el derecho a permanecer callado, solitario, también hace parte de sus reglas no escritas. Un espacio democrático para el debate al que, sin embargo, sólo accederían las mujeres mucho tiempo después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al igual que la bebida, los cafés son adictivos. Se empieza con una visita esporádica que se va transformando en asiduidad y permanencia. ¿Cuál es el misterio de su fuerte atracción? ¿La cálida intimidad provocada por sus dimensiones reducidas? ¿La familiaridad encantadora que reina porque todo el mundo se conoce? Responde el periodista Sebastià Gasch: "No lo sé. Lo cierto es que se trata de un no sé qué tan seductor que el día que no vais lo añoras".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el Café se interrumpe la continuidad de la vida, o se la ve desde una distancia irónica. Allí, como en ningún otro lugar, se cruza lo individual y lo colectivo, la soledad y la sociedad. "El Café es la vida interior de la ciudad como ciudad", sostenía Ramón Gómez de la Serna. Más que una historia de los Cafés, este libro de Antoni Martí Monterde, -finalista del último Premio de Ensayo Anagrama- busca seguirle la pista a esa hipótesis: cómo se ha gestado en los cafés la escritura de la ciudad y una noción de literatura. Artistas y muy buenas anécdotas desfilan por estas páginas. Que son una memoria de una forma de vida que se extingue, pero también un punto de reflexión hacia el futuro. "Pero Literatura y Café, en tiempos de pérdida, vuelven a proponerse, en silencio, para una generación -que nunca se afirmará como tal- de individuos desleídos en una nebulosa, donde leen incansablemente y se escriben".</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/5123312176154127175/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=5123312176154127175' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/5123312176154127175'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/5123312176154127175'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2008/01/la-cultura-en-el-caf.html' title='La cultura en el café'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-8157487449866522286</id><published>2008-01-04T08:18:00.000+01:00</published><updated>2008-01-04T08:21:50.383+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Francisco Porrúa'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mario Muchnik'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='escritores'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cádiz'/><title type='text'>Diputación de Cádiz recupera en una obra colectiva la memoria del escritor Julio Cortázar</title><content type='html'>La Fundación Provincial de Cultura de la Diputación Provincial publica en estas fechas la memoria del encuentro que en marzo de 2004 rindió homenaje en Cádiz al escritor Julio Cortázar en el veinte aniversario de su muerte. Bajo el título Volver a Cortázar el libro recopila las conferencias y reflexiones que se hicieron en dicho ciclo dedicado al maestro argentino y en el que participaron expertos en su biografía y obra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://boletinargentino.com/img/Cortazar%20Jullio%202.JPG" alt="Julio Cortázar"/&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;26.12.07 - MARÍA ALMAGRO (lavozdigital.es)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La memoria, según explica en el prólogo de la memoria, su coordinadora la profesora de Literatura Española de la Universidad de Cádiz, Nieves Vázquez Recio, «es el resultado de aquel encuentro, que no sólo pretendía volver a reflexionar sobre la obra de Julio Cortázar, sino que también contar con personas cercanas al autor que pudieron hablar de él desde su mirada más personal». &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mayoría de los textos que componen la obra son transcripciones de las conferencias y mesas redondas que se programaron, y, como indica Vázquez, «poseen la frescura y la riqueza de lo vivido y también de lo compartido, pues incluimos las preguntas y reflexiones que se formularon en esa especie de epifanía cortazariana que se generó». Otros textos se elaboraron con posterioridad con el reposo de lo comentado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La coordinadora destaca dos aportaciones testimoniales que se dejaron: la de Félix Grande y Cristina Peri Rossi, que abren la memoria. Carmen de Mora escribe sobre la estética fundacional de la escritura cortazariana, Mario Muchnik indaga en El examen para descubrir porqué Cortázar dejó Argentina. Sobre el cuento y otros lados escriben Miguel Herráez y Lázaro Covadlo. En torno a Rayuela, obra capital del homenajeado, hablaron Francisco Porrúa, Mario Muchnik y Jean Andreu y la misma Nieves Vázquez. Y sobre la subversión lingüística de esta misma obra trató la conferencia de Michelle Débax, entre otras cuestiones. Además, el libro incluye los textos de los gaditanos María Jesús Ruiz, José Manuel Benítez Ariza y Manuel Ruiz Torres que hablan de la celebración de un encuentro similar que se celebró en Cádiz en 1984. Todo ello enriquecido con las palabras cercanas que dejó en dicho encuentro la primera esposa del escritor, Aurora Bernárdez-.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/8157487449866522286/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=8157487449866522286' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/8157487449866522286'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/8157487449866522286'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2008/01/diputacin-de-cdiz-recupera-en-una-obra.html' title='Diputación de Cádiz recupera en una obra colectiva la memoria del escritor Julio Cortázar'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-6895893721573818019</id><published>2007-12-31T21:26:00.000+01:00</published><updated>2007-12-31T21:28:50.328+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='libros'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='escritores argentinos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Jorge Luis Borges'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Penúltimas lecturas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><title type='text'>El libro objeto en la obra de Cortázar</title><content type='html'>(26noticias.com.ar &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los ensayos que integran la obra "Penúltimas lecturas", sobre el escritor argentino, aborda ese aspecto lúdico y aparentemente secundario del autor de "Rayuela", a partir de "La vuelta al día en ochenta mundos" y "Ultimo round".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los ensayos que integran el libro "Penúltimas lecturas", sobre Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, aborda un aspecto lúdico y aparentemente secundario del autor de "Rayuela", a partir de las obras "La vuelta al día en ochenta mundos" y "Ultimo round". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"En la época en que fueron publicadas, lo sagrado de un libro era el texto y cuando tomás estas obras de Cortázar lo que te salta a la vista es que tenés un objeto y esa forma te dice algo desde el vamos, eso es lo que más me impresionó", dijo a Télam, Victoria Riobó, autora del ensayo, recién publicado por Edhasa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad, destacó la investigadora, "hay como un efecto pantalla, antes del texto está el libro como objeto, como mensajero. A partir de esa constatación yo fui para atrás para ver que le pasaba a Cortázar y por qué. Por supuesto que cuando el empieza esta búsqueda ya tiene un nombre en la literatura". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Cortázar socava intencionalmente la ilusión que identifica, por asimilación, libro y texto, poniendo el acento en el libro como "artefacto", y por ello mismo, situándolo fuera de un terreno estrictamente lingüístico", escribe. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Riobó abona la tesis de que Cortázar "llegó demasiado pronto a la fórmula del buen cuento, a él le resultaba muy fácil. Y en vez de dejarse ir por ese lado, que era lo más exitoso, toma su riesgo cuando saca estas dos obras que continúan la exploración de las opciones de la forma como elementos significantes". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cortázar se refiere a estas obras como libro-collage, libro almanaque, "especie de baúl", divertimento, libro-objeto, juguete, polilibro, artefacto, nomenclaturas, enumera Riobó, "que nos hablan de una mirada que engloba el conjunto de materiales que las componen y de su peculiar articulación". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando estos libros se publican, mencionó la ensayista que es una de las autoras de "Penúltimas lecturas" junto a otros investigadores y profesores universitarios, "la crítica, más que el público, se queda desconcertada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"?Y ahora qué hace Cortázar ...pavadas?. Pero él sigue en ese proceso de exploración que también está acotado. Dice que es un paso necesario pero tampoco se queda en esto", resaltó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resulta asombroso pensar hoy, reflexionó Riobó, "que estos dos libros hayan tirado cuando aparecieron 12.000 ejemplares. Aunque se trataba de obras de vanguardia era una cuestión de época, ahora es impensable, apenas con un gran escritor se alcanzan esas cifras". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La renovación del lenguaje en ese tiempo, apuntó la investigadora, "tenía que ver también con un signo de época, se pensaba entonces que todo se podía cambiar. Ahora la actitud general es de mayor escepticismo". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Incluso algunas declaraciones de Cortazar leídas a distancia pueden sonar ingenuas -consideró Riobó- pero ellos realmente creían en la búsqueda y en la revolución". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un elemento importante que la ensayista incorpora al análisis está relacionado con una afirmación de Cortázar: "una de sus mejores críticas es que no se hace literatura revolucionaria por escribir acerca del tema, sino que se trata de revolucionar la novela. Cuando lo plantea esta postura pudo haber sido irritante". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;?Uno de los más agudos problemas latinoamericanos es que estamos necesitando más que nunca los Che Guevara del lenguaje, los revolucionarios de la literatura más que los literatos de la revolución", dice Cortázar, según transcribe el escritor y profesor de Literatura Mario Goloboff. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Riobó, "el espíritu lúdico en el escritor es muy fuerte y al concepto de literatura concebida para durar le contrapone esa otra forma de arte más espontáneo, efímero, que le permite ser menos solemne, irreverente". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Un arte más de interpretación como es la música, en donde el presente entra mucho más, esto le permite no pensar en entrar en el canon, en la historia", definió. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El contrapunto entre estos dos libros y la literatura tradicional "es increíble" según la ensayista. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ejemplo, señala, en ?El ultimo round?, "juega en las tapas con el diario". A su vez, el tema de las misceláneas, la falta de jerarquías en el texto, mencionó la investigadora, "si uno las ve desde lo que hoy pasa en Internet, es fácil deducir que el escritor se adelanta a su tiempo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque usa soporte papel, en realidad lo hace como si estuviera manejando un soporte digital". "El contexto de autor, del boom, hicieron posible estos libros, ahora se puede ver que las editoriales a veces publican algún capricho pero los libros objetos están pensados al revés: no parten del autor, salen a propuesta del editor", concluyó. (Télam)</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/6895893721573818019/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=6895893721573818019' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/6895893721573818019'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/6895893721573818019'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2007/12/el-libro-objeto-en-la-obra-de-cortzar.html' title='El libro objeto en la obra de Cortázar'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-4126791154968585942</id><published>2007-12-09T09:50:00.000+01:00</published><updated>2007-12-09T09:53:26.611+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Barcelona'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El Club de la Serpiente'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='concierto'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='jazz'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rayuela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><title type='text'>Un concierto escenificado con textos de Julio Cortázar recalará en el Versus Teatre de Barcelona</title><content type='html'>'La maga i el Club de la Serpiente' de Quim Lecina es un concierto escenificado con textos de la novela 'Rayuela' de Julio Cortázar, que el autor argentino dedica al club, y la música de clásicos del jazz. El espectáculo puede verse del 4 al 22 de diciembre en el Versus Teatre de Barcelona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.rosak.com.ar/imagenes/figuras/julioCortazar3.jpg" alt="Julio Cortázar" longdesc="retrato de Julio Cortázar"/&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La acción empieza en París, a finales de los años 50, concretamente en el barrio de Saint Germain-des-Près, donde los intelectuales de distintas nacionalidades, un grupo de amigos, forman 'El Club de la Serpiente'.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el local se reúnen para escuchar jazz, beber vodka y disertar sobre política, literatura, pintura y sobre todo sobre las relaciones humanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jazz es el contrapunto musical de los acontecimientos, un protagonista más, que enlaza las conversaciones y las relaciones de los componentes del Club.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las piezas musicales que suenan son de Bix Beiderbeke, Louis Armstrong, Bessie Smith, Coleman Hawkins y Big Bill Broonzy, Champion Jack Dupree, Duke Ellington, Jelly Roll Morton y Earl Hines, entre otros. La dirección musical va a cargo de Àngel Molas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los habituales del Club son el exiliado argentino Horacio Oliveira, el filósofo checo Ossip Gregorovius, el músico norteamericano de jazz Ronald Bab y la maga Lucía, una paraguaya que llegó a París con su hijo Rocamadour, entre otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terra Actualidad - Europa Press</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/4126791154968585942/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=4126791154968585942' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/4126791154968585942'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/4126791154968585942'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2007/12/un-concierto-escenificado-con-textos-de.html' title='Un concierto escenificado con textos de Julio Cortázar recalará en el Versus Teatre de Barcelona'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-6923480054753670634</id><published>2007-11-25T21:52:00.000+01:00</published><updated>2007-11-25T21:53:28.427+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Los Amantes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='poemas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><title type='text'>LOS AMANTES - Julio Cortázar</title><content type='html'>¿Quién los ve andar por la ciudad &lt;br /&gt;si todos están ciegos ? &lt;br /&gt;Ellos se toman de la mano: algo habla &lt;br /&gt;entre sus dedos, lenguas dulces &lt;br /&gt;lamen la húmeda palma, corren por las falanges, &lt;br /&gt;y arriba está la noche llena de ojos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son los amantes, su isla flota a la deriva &lt;br /&gt;hacia muertes de césped, hacia puertos &lt;br /&gt;que se abren entre sábanas. &lt;br /&gt;Todo se desordena a través de ellos, &lt;br /&gt;todo encuentra su cifra escamoteada; &lt;br /&gt;pero ellos ni siquiera saben&lt;br /&gt;que mientras ruedan en su amarga arena &lt;br /&gt;hay una pausa en la obra de la nada, &lt;br /&gt;el tigre es un jardín que juega. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amanece en los carros de basura, &lt;br /&gt;empiezan a salir los ciegos, &lt;br /&gt;el ministerio abre sus puertas. &lt;br /&gt;Los amantes rendidos se miran y se tocan &lt;br /&gt;una vez más antes de oler el día. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya están vestidos, ya se van por la calle. &lt;br /&gt;Y es sólo entonces &lt;br /&gt;cuando están muertos, cuando están vestidos, &lt;br /&gt;que la ciudad los recupera hipócrita&lt;br /&gt;y les impone los deberes cotidianos.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/6923480054753670634/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=6923480054753670634' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/6923480054753670634'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/6923480054753670634'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2007/11/los-amantes-julio-cortzar.html' title='LOS AMANTES - Julio Cortázar'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-5729498304374921564</id><published>2007-11-17T12:14:00.000+01:00</published><updated>2007-11-17T12:20:47.570+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='París'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuentos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>Cortázar nuevamente</title><content type='html'>11.11.07 - JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ CANO (laverdad.es)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;París es en esta época del año algo así como una fotografía color sepia del álbum de la memoria literaria trasnochada, donde desde todos los ángulos sus luces quieren ser captadas y hallar su acoplamiento en el cuaderno de campo de cualquier escritor del mundo que busca en su callejero el imaginario que les dé tablas y autoría a sus personajes. París no es ahora precisamente una fiesta, como titulara Hemingway su célebre libro, que en este incipiente otoño, tan tópico con sus hojas caídas y Sena tristón y gris, acelera huelgas e indaga en prensa amarilla los deslices sentimentales de los Sarkozy. Pero uno, también en café tópicamente parisino, lee en un suplemento literario de un diario español -Babelia, El País- que un relato inédito de Julio Cortázar Ciao, Verona ve la luz tres décadas después por esas cosas tan raras de los herederos, en este caso la viuda y albacea Aurora Bernárdez, que tuvo a bien hacérselo llegar a Carmen Balcells cuando sus obras completas ya estaban editadas (Galaxia Gutemberg. Círculo de Lectores) e incluía, in extremis, un cuento inédito, Bix Beiderbecke. De cualquier forma, y a pesar de quedar descatalogado de momento, fue gratificante desayunar en París con cuento inédito y netamente cortazariano en un café de la Rue Reaumur, un lugar fetiche en su Rayuela particular, café en el que sus protagonistas comienzan la aventura del desamor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/uploaded_images/Cortazar-785294.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/uploaded_images/Cortazar-785291.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El cuento que leemos ahora, Ciao, Verona, es de una composición magnífica, epistolar, intimista, que tal vez debiera haberse incluido en Alguien que anda por ahí, pero eso es lo de menos, la gran suerte ha sido rescatar una nueva pieza maestra de Cortázar a la que tal vez Antonioni, como ya hiciera en otra ocasión, le hubiese puesto rostro a las palabras. También la sorpresa de comprar un periódico español y encontrarte con el gran Julio en centrales, en fotos excepcionales, esas que tanto enamoraron a La Maga cuando se exiliaba del libro y se encontraba con Julio por las callejas del barrio Latino y los puentes del Sena. Julio Cortázar, abrigo de espiguilla, hoy tan de moda, y jersey existencialista, en el café de Cluny o en el Flore, tal vez La Closerie, que más da. Ya se sabe que París es una cuestión de cafés y de gatos errantes. Este cuento que leemos ahora y con el que yo deambulo por bulevares y plazas, periódico doblado bajo el brazo, me trae a la memoria ese bestiario tan particular del escritor belga-argentino que fue uno de los pioneros del boom literario hispanoamericano en París. También me acompaña un librito que traje para leer en las largas travesías del metro y autobús y que a Julio Cortázar le hubiera gustado. Se trata de un libro fábula, El niño del pijama de rayas, que acabé cuando esbozaba esta columna y me contagió con el frío de la mañana; la mirada inocente de un niño que ve Auschwitz como una idílica campiña, la pesadilla de una verja y una amistad prohibida. Una denuncia en clave de metáfora de la mayor tragedia de la historia reciente y que bien podría haberse alineado en la borgeana Historia universal de la infamia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas cosas traen esos momentos que infunden tristeza a la vez que desolación. El librito, ya acabado, también se sobresalta con la buena literatura que hoy nos hemos encontrado, casi de regalo y sin esperarlo. Se revive un poco el París de Rayuela, aunque el cuento hable de Ginebra, Verona y otras ciudades, pero la sombra de su autor siempre es inseparable a París, creo que es el escritor que mejor la entiende, explica y narra, algo así como estar casado con ella. Él mismo escribió: «Las ciudades son siempre mujeres para mí. Mi relación con ellas ha sido siempre la de un hombre con una mujer.» Y en este romance de piedras, hormigón, metales, plomadas invisibles que descubren los caminos de lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande, el tragaluz de una lejana educación sentimental, especie de efecto involuntario del recuerdo, alertan con sus rasgos las facciones y la música callada de tantos lugares como instantes mágicos. He creído estar en el París de La Maga, de Oliveira, tan excelentemente retratado por Héctor Zamplagione en libro que siempre llevo conmigo cuando visito la ciudad, amante que como un bálsamo de muerte ronda y sigue los pasos de su autor, cuando todo es silencio y la escritura matemática y sabia de la naturaleza nos desvela nuestras identidades proscritas. Ya no es el París de Cortázar, Vallejo y tantos ilustres huéspedes que hicieron de la ciudad personaje de carne y hueso en sus novelas y poemas. Ya no existe el lado de acá ni de allá -los cortazarianos me entenderán-. Ahora son las prisas impuestas por Sarkozy las que neutralizan el tempo lento que la literatura precisa. Se trata de un París postsesentayochista, mestizo y multicultural, con suburbios reivindicativos y existencialistas xenófobos, aunque algunos cronopios y famas de los que todavía quedan nos adentran en los paraísos de la imaginación y la realidad, como ese hermoso cuento que se ha rescatado al posible olvido y al infinito. En Montparnasse, de donde no ando muy lejos, puede leerse en la tumba de Cortázar: « empezar a caminar, caminar solo, hasta la esquina, la esquina sola ».</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/5729498304374921564/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=5729498304374921564' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/5729498304374921564'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/5729498304374921564'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2007/11/cortzar-nuevamente.html' title='Cortázar nuevamente'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-8284902130643790695</id><published>2007-11-11T12:33:00.000+01:00</published><updated>2007-11-11T12:40:27.875+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='&quot;Amargos pedazos de mi vida&quot;'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='inéditos'/><title type='text'>"Amargos pedazos de mi vida", un inédito de Cortázar</title><content type='html'>&lt;a href="http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/uploaded_images/julio-cortazar-716638.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/uploaded_images/julio-cortazar-716635.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Posiblemente, es el único cuento considerable de Julio Cortázar que aún permanecía inédito. Lo escribió en los años 70 y tiene rasgos autobiográficos, según su propia confesión. En realidad, continúa la historia de otro cuento, "Las caras de la medalla", publicado en "Alguien que anda por ahí", en 1977. Se desconoce por qué Cortázar no hizo publicar luego este texto. Parte del legado de Aurora Bernárdez, su primera mujer, a un proyecto de la agente catalana Carmen Balcells, "Ciao, Verona" se publica aquí, seguido del cuento édito que le antecede y de sendas opiniones del argentino Mario Goloboff y la española Rosa Montero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;CARLES ALVAREZ GARRIGA ESPECIAL PARA Ñ. (Clarín)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la primavera de 1977 Alfaguara publicó en la elegante colección de cubiertas de color violeta diseñada por Enric Satué el libro de relatos &lt;em&gt;Alguien que anda por ahí&lt;/em&gt;, de Julio Cortázar, cuya edición íntegra había sido prohibida en Argentina. Por primera vez se publicaba en España un libro inédito de narrativa del autor, y si bien éste era ya conocido en el país y en dicha ocasión se resignó al circo de las presentaciones y de las conferencias -algo a lo que años atrás se negaba en redondo-, el volumen fue recibido con tibieza o desdén por aquellos que no le perdonaban repeticiones formales ("Cortázar, pero menos") o aquellos otros que no consentían que la política se entremezclara en sus textos ("¡Qué lástima, un escritor que había empezado con tan buena letra...!").&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al no saber muy bien qué decir sobre él, o no saber exactamente de qué trataba, qué ocultaba, todos pasaron de puntillas en especial sobre "Las caras de la medalla", enigmática crónica de la relación -o, mejor, de la falta de relaciones- entre una mujer soltera y un hombre casado que trabajan en el Consejo Europeo para la Investigación Nuclear (¡Cortázar hizo de traductor en el Organismo Internacional de Energía Atómica!); un texto de inquietante lectura donde el protagonista no es capaz de comprender el rechazo amoroso al que lo somete su compañera; un texto que parecía, como se lee en el último párrafo, una pesadilla de la que trató de despojarse me diante la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Dedicatoria enigmática&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También era enigmática la dedicatoria ("A la que un día lo leerá, ya tarde como siempre"), a la que se sumó después otro misterio mayor, el contenido en esta frase de una carta que Cortázar escribió al año siguiente a su amigo Jaime Alazraki, uno de sus mejores críticos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;En "Alguien que anda por ahí" hay amargos pedazos de mi vida, por ejemplo "Las caras de la medalla" cuya historia siguió y terminó en otro cuento muy largo que escribí hace meses y que entrará en otro libro, si libro hay; se llama "Ciao, Verona", y fue tan duro de escribir como el otro.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por razones que no es éste el lugar para debatir, "Ciao, Verona" no fue incluido por Cortázar en los dos únicos libros de relatos que editó con posterioridad (&lt;strong&gt;Queremos tanto a Glenda&lt;/strong&gt; y &lt;strong&gt;Deshoras&lt;/strong&gt;), así que permanecía inédito y la única copia de la que hasta la fecha se tenía noticia, conservada en la Universidad de Texas, estaba prácticamente olvidada; prueba de ello es el hecho de que no se incluyera en el volumen de los cuentos con que se inició recientemente la edición de las obras completas. El examen de los documentos del legado que Aurora Bernárdez, viuda y albacea del escritor, donó a Carmen Balcells en febrero de 2007 para que fueran integrados a la colección de manuscritos de Barcelona Latinitatis Patria, ha permitido el descubrimiento de otra versión original, mecanuscrita con correcciones manuscritas de inconfundible caligrafía cortazariana, de este "cuento muy largo" (diecisiete páginas), quizás el último acabado y de innegable importancia que pueda llegar a encontrarse entre los inéditos del autor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una de las clases que dio en 1980 en Berkeley, California, Cortázar completó aquella famosa comparación suya según la cual la novela es al cine lo que la fotografía es al cuento, diciendo que las fotografías más reveladoras no eran, para él, aquellas de perfecto encuadre sino aquellas en que por ejemplo hay dos personajes con un fondo de una casa y luego, quizá a la izquierda, donde termina la foto, hay la sombra de un pie, de una pierna. Esa sombra corresponde a alguien que no está en la foto y al mismo tiempo la foto está haciendo una indicación llena de sugestiones, apelando a la imaginación para decirnos qué había allí después. La atmósfera que se proyecta fuera de la fotografía, ese aura de misterio, guarda una especie de vibración que me parece indispensable para la realización del cuento memorable, que el lector transforma luego en la memoria y en admiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la lectura del por treinta años inédito "Ciao, Verona", el lector sabrá a qué correspondía la sombra de "Las caras de la medalla" y, al mismo tiempo, podrá imaginar otras atmósferas, otras sombras no menos inesperadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr/&gt;&lt;br /&gt;Si te interesa la obra de Julio Cortázar, te recomendamos el &lt;a href="http://www.hotelkafka.com/Curso_Relato_Breve.htm"&gt;Curso de Relato Breve&lt;/a&gt; que imparte &lt;a href="http://www.hotelkafka.com/profesor_Eloy_Tizon.html"&gt;Eloy Tizón&lt;/a&gt; y el &lt;a href="http://www.hotelkafka.com/cursos/talleres-literarios/Taller_Reparacion_Cuentos.htm"&gt;Taller de reparación de cuentos&lt;/a&gt;.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/8284902130643790695/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=8284902130643790695' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/8284902130643790695'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/8284902130643790695'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2007/11/amargos-pedazos-de-mi-vida-un-indito-de.html' title='&quot;Amargos pedazos de mi vida&quot;, un inédito de Cortázar'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-397332115309511289</id><published>2007-10-31T09:15:00.000+01:00</published><updated>2007-10-31T09:19:30.878+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Boom'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='posboom'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='nueva novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='narrativa'/><title type='text'>Continuidad de las rupturas (II)</title><content type='html'>Mario Roberto Morales&lt;br /&gt;La Insignia. Guatemala, octubre del 2007. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.5 La narrativa&lt;br /&gt;Pero fue en el género de la novela en donde la ruptura con el pasado y la continuidad de las manifestaciones modernas se hizo más evidente, debido a que se realizó a contrapelo del prestigioso peso muerto que Asturias ejercía ya en los narradores de entonces, junto con la influencia de Juan Rulfo. Estas referencias estéticas estaban presentes en novelas como La sangre del maíz, de José María López Valdizón, Lo que no tiene nombre, de Raúl Carrillo Meza, y en su cuento El vuelo de la Jacinta, así como también en los relatos de Edgardo Carrillo Fernández y Marco Augusto Quiroa. En lo local, estos narradores estaban todavía en deuda con novelistas locales del realismo social como Flavio Herrera, Virgilio Rodríguez Macal y Mario Monteforte Toledo, quienes remitían sus estéticas a la novelística regionalista e indigenista hispanoamericana de la primera mitad del siglo XX. La gran excepción de la época fue Augusto Monterroso, quien en 1969 publica La oveja negra y demás fábulas, libro con el que logra llamar la atención hacia su libro anterior, Obras completas y otros cuentos (1959) y hacia su estética de la brevedad epigramática. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.5.1 Antecedentes de la "nueva novela"&lt;br /&gt;En el mismo registro rulfiano y asturianista, pero ya bajo la influencia del "boom", entre 1970 y 1971 se escribieron dos novelas que permanecieron inéditas por la autocensura de sus autores. Me refiero a Obraje (escrita por mí en 1970 y todavía inédita) y El tiempo principia en Xibalbá, de Luis de Lión (escrita en 1971 y cuyo primer borrador sin corregir fue publicado en 1985; unos años después se publicó una versión corregida que Luis había dejado entre sus manuscritos). Estas dos novelas constituyen la bisagra de transición entre la novela rural, y a la vez experimental, previa a las estéticas del "boom" y a la llamada "nueva novela" o "novela del lenguaje". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Digo esto porque, a finales de los años 60, cuando aún no conocíamos a Marco Antonio Flores (con quien nos pusimos en contacto por vez primera en 1970), Luis y yo decidimos escribir una novela cada uno, en la que no ocurriera nada, en la que la anécdota no fuera el eje de la narración, sino en la que el contenido o "mensaje" (como todavía lo concebíamos) se expresara por medio de la estructura formal; una novela que no tuviera principio ni fin y que se pudiera leer de adelante hacia atrás y del centro hacia los lados; una novela en la que el lector pudiera llegar a su centro desde cualquiera de sus puntos de partida; una novela parchada como pelota de fútbol, en la que los nexos de continuidad debía inventarlos el lector, y que a la vez diera cuenta de aspectos básicos de lo que nosotros imaginábamos como "lo esencial-popular" guatemalteco (tanto del mundo indígena -a cargo de Luis- como del mundo ladino -a mi cargo) en el momento histórico que vivíamos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto nos llevó a una concepción no circular sino esférica de la novela, y más cercana -como más tarde nos enteraríamos que había dicho Jorge Enrique Adoum respecto de su novela (emblemática del "posboom") Entre Marx y una mujer desnuda (1976)- a la escultura que a la pintura. Nuestra inquietud venía sobre todo de la lectura entusiasta de novelas como El señor presidente (1946) y Hombres de maíz (1949), de Miguel Ángel Asturias; ¡Ecue-Yamba-O! (1934), de Alejo Carpentier; Pedro Páramo (1953), de Juan Rulfo; Rayuela (1963) y 62 Modelo para armar (1968), de Julio Cortázar; La región más transparente (1958), de Carlos Fuentes; La casa verde (1965), de Mario Vargas Llosa; Cien años de soledad (1967), de Gabriel García Márquez; (El astillero (1961), de Juan Carlos Onetti; Yawar Fiesta (1941), de José María Arguedas; Al filo del agua (1947), de Agustín Yánez; La traición de Rita Hayworth (1965) y Boquitas Pintadas (1969), de Manuel Puig; Paradiso (1966), de José Lezama Lima; y muchas otras novelas; y el resultado fue, por un lado, Obraje, cuyos originales se perdieron junto con otros manuscritos míos durante los años de mi militancia en la guerrilla, y desaparecieron también de la municipalidad de Quetzaltenango, en donde el libro obtuvo, en 1971, el premio de novela de los Juegos Florales Centroamericanos; y por otro lado, El tiempo principia en Xibalbá, que obtuvo el mismo premio al año siguiente. A pesar de los premios, ambas obras fueron engavetadas por nosotros, pues decidimos no publicarlas por considerarlas inacabadas, luego de interminables tertulias de crítica y autocrítica, ya con Flores y José Mejía, en las que éstos nos convencieron de que ambas novelas eran muy malas. Los dos libros de cuentos que Luis y yo habíamos ya publicado, Los zopilotes (1966) y La debacle (1969), respectivamente, también fueron repudiados por aquéllos y por nosotros, al extremo de que tratamos de que el público los olvidara. Yo llegué aun más lejos y formé una hoguera frente a mi casa con casi toda la primera edición de La debacle, el 7 de diciembre de 1971, día de la popular "quema del diablo". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De estas tertulias (y ya con el grupo ampliado con Luis Eduardo Rivera y Enrique Noriega) surgió mi ensayo juvenil (que funcionó como una especie de manifiesto del grupo), "Matemos a Miguel Ángel Asturias" (1972), el cual ha provocado tremendos equívocos en el medio, pues se ha interpretado de múltiples maneras erróneas que van desde la afirmación según la cual se trataba de una descalificación nuestra de Asturias y de un regateo de su premio Nóbel, hasta la acusación de que en efecto queríamos eliminarlo físicamente, pasando por otras versiones menos truculentas pero no menos alucinantes, como la que ubica la envidia literaria como base del ensayo. Lo que en realidad ocurrió fue que, como entonces ya se nos invitaba a ser jurados en certámenes de provincia, nos dimos cuenta de que era demasiada la gente que trataba de escribir como Asturias, quedándose en la epidermis de sus malabarismos verbales, y también nos percatamos de que Luis y yo habíamos estado escribiendo muy influidos por él. Fue Luis quien entonces dijo algo así como: "Tenemos que matar a Asturias dentro de nosotros mismos para poder avanzar hacia una expresión nuestra, pero para eso debemos leerlo más y comprenderlo a cabalidad, porque sólo haciéndolo nos lo vamos a quitar de encima y a dejar de imitarlo". Y alguien más dijo: "El mejor homenaje que se le puede hacer a Asturias no es imitarlo sino encontrar una expresión propia, como lo hizo él". Y fue así como el "matar a Asturias" fue concebido como el único homenaje que le podíamos hacer al maestro, el cual consistía en encontrar nuestro camino a partir de su aporte, sin imitarlo y sin negarlo. Pero "matar a Asturias" implicaba también una crítica literaria e ideológica a él, y no una actitud complaciente ni seguidista. Era la única manera de hallar una expresión nuestra. Y, como dice Luis Cardoza y Aragón cuando comenta el "Matemos?" en su libro Miguel Ángel Asturias casi novela (1991): "los mejores lo han logrado". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.5.2 La estética del "boom" y el conjunto inaugural&lt;br /&gt;de la "nueva novela" guatemalteca&lt;br /&gt;Fue después de esto que ocurrió la fractura novelística que nos tocó protagonizar a mediados de los años 70 a Marco Antonio Flores y a mí, concretizada en una respuesta narrativa radical a los procesos de modernización periférica que, junto a los regímenes militares contrainsurgentes, cundían en América Latina y habían alcanzado al istmo centroamericano y a Guatemala, pues (ateniéndonos a su orden de aparición) la llamada "nueva novela" guatemalteca se inaugura con la publicación de Los compañeros (1976), de Flores, y con la de Los demonios salvajes (1978), ambas escritas al mismo tiempo y bajo supuestos estéticos similares, con la diferencia de que, debido a las diferencias generacionales, la primera resultó ser una obra de madurez y culminación literaria para su autor, y la segunda una expresión juvenil y juvenilista de un escritor primerizo. Estas dos obras -que además expresan las convergencias intergeneracionales que caracterizaron al arte y a la literatura de la época- constituyen el conjunto inaugural de la "nueva novela" guatemalteca, tanto por su aparición en el tiempo como por su inmediato impacto local en por lo menos dos generaciones de lectores. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para explicar la estética de la "nueva novela" guatemalteca, hace falta referirse antes a algunas cuestiones relativas a la novela estadounidense de la primera mitad del siglo XX, al "boom" latinoamericano y a la escritura de "la onda" en México, sobre todo porque es "la nueva novela" guatemalteca el referente local de lo que se siguió haciendo localmente en materia narrativa después de su inauguración en los años 70, y también porque este clima internacional explica en parte la pujanza del movimiento cultural guatemalteco de la época y también sus desarrollos ulteriores. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Estados Unidos, casi a principios del siglo XX, Mark Twain, había sentado las bases de una narrativa que luego habrían de desarrollar autores como John Dos Passos, William Faulkner, John Steinbeck, Henry Miller, Jack Kerouac, J.D. Salinger y William Bourroughs, entre otros. Hay una conexión directa entre esta novelística y lo que luego se llamó la "nueva novela" hispanoamericana, cuyos exponentes clásicos fueron los integrantes originales del llamado "boom" literario de los años sesenta: Carlos Fuentes, Mario Vargas-Llosa, Julio Cortázar y Gabriel García Márquez. Por otra parte, la cercanía de México con Estados Unidos y el proceso acelerado de industrialización y urbanización mexicanos después de su revolución, condicionaron allí el desarrollo vertiginoso de una cultura urbana que dio lugar a una llamada "época de oro" del cine mexicano, directamente ligada a Hollywood en su estética y en sus argumentos, y también, ya en los años sesenta, a una novelística que participó activamente en el "boom", sobre todo por medio de Carlos Fuentes, con obras como La región más transparente y La muerte de Artemio Cruz, que de plano nos remiten a la novela estadounidense de los años cincuenta hacia atrás: concretamente, a Manhattan Transfer, de John Dos Passos, en el primer caso, y a Mientras agonizo, de William Faulkner, en el segundo. Las otras novelas emblemáticas del "boom" fueron: La casa verde, de Vargas-Llosa, Rayuela, de Cortázar, y Cien años de soledad, de García Márquez (que es la que menos se ajusta a las estéticas de la "nueva novela" porque su tono y su "tempo" están más remitidos a las narraciones lineales de la gran novela europea del siglo XIX, aunque sí participa del "boom" editorial que le dio nombre al grupo y a su conjunto de obras). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por su parte, los escritores de "la onda" mexicana, como Parménides García Saldaña, José Agustín y Gustavo Sáinz nos remiten al juvenilismo de Jack Keoruac en The Dharma Bums, al desenfado de Salinger en Catcher in the Rye, y a los excesos y desbordamientos de William Bourroughs en The naked lunch. De todo lo cual, el referente cinematográfico notable fue la película Rebelde sin causa (1955), que hizo de James Dean el prototipo del joven inadaptado y rebelde respecto de un sistema que se le ofrecía a la vez perfecto y opresivo, como resultado del auge económico y de la consiguiente expansión de capas medias que Estados Unidos había alcanzado gracias al negocio millonario de la reconstrucción de la derrotada Alemania nazi, todo lo cual requería de las juventudes su alineamiento en un proyecto económico que necesitaba afirmar a sus ciudadanos como disciplinados consumidores de mercancías, y a la vez como patriotas anticomunistas y puritanos de capilla dominical. Rebelde sin causa fue, al mismo tiempo, la expresión de la rebeldía juvenilista de la época, y la afirmación de la creciente capacidad del mercado de bienes simbólicos de domesticar estas y otras formas culturales de contrahegemonía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La "nueva novela" hispanoamericana se caracterizaba, en primer lugar, por la maximización de la función estructurante del lenguaje, el cual venía a definir situaciones, personajes y acción por medio de su ejercicio dramático, mimético, "háblico". Es decir, que el texto se estructuraba desde las dinámicas de las hablas populares, haciendo de la novela más que una novela "del idioma", una novela "del habla" (o, mejor dicho, "de las hablas") de sus personajes, uno de los cuales era siempre el autor. A partir de este recurso, se modificó el concepto estructural del edificio novelístico, haciendo de los mecanismos estructurales (de forma) verdaderos universos de significación que le valieron a esta expresión el calificativo de "novela del lenguaje", por parte del crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal, cuyas posiciones criticó Françoise Perús posteriormente, en un intento por reivindicar la validez y originalidad de la llamada "novela de la tierra" o "del realismo social" (de la primera mitad del siglo XX), a la que tanto Monegal como Fuentes relegaban al cajón de los recuerdos en su promoción entusiasta del "boom". Quizá la exponente más pura (aunque no reconocida) de la propuesta estética "del lenguaje" fue, en su tiempo, Tres tristes tigres (1968), del cubano Guillermo Cabrera Infante, en cuyo inicio el autor alude a Mark Twain en el sentido del condicionamiento que la oralidad ejerce sobre la escrituralidad, tanto en Twain como en él, y advierte que su novela, más que leerse, se escucha. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra de las características de la "nueva novela" es la expresión de visiones de mundo diversas por medio de la indagación en las hablas populares y de capas medias, cuestión que obedece a la convicción de que los hablantes expresan su visión de mundo por medio de su personal manera de ejercer la lengua, y los escritores por medio de su práctica escritural, creando lenguas literarias a partir de las hablas como factores estructurantes del texto. Se trataba, pues, de inventar lenguas literarias, estilos literarios, partiendo de las formas particulares de hablar de grupos sociales e incluso de individuos, localizados geográfica y epocalmente, en lugares y tiempos a veces perfectamente circunscritos, diferenciados y focalizados. Todo esto implicaba una inmersión del punto de vista narrativo en los universos individuales desde los cuales se narraba, haciendo a un lado la omnisciencia patente de un narrador que sabe todo y que, como deus-ex-machina, simplifica y complica el mundo por medio de la descripción y la explicación, respetando siempre los componentes gramaticales más estáticos del idioma. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos estos rasgos se hallaban ya presentes en la novela tradicional latinoamericana, pero no maximizados en su ejercicio creativo como parte de una combinación de recursos estructurantes que pretendió plasmar la historia de nuestros países y fijar, por esa vía, rasgos de identidades nacionales y regionales en extensos murales narrativos. Tal, el empeño del "boom". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.5.3 "La onda" mexicana y la "nueva novela" guatemalteca&lt;br /&gt;como parte del "posboom"&lt;br /&gt;En cuanto a "la onda" mexicana, aunque acusa estos rasgos "háblicos" de expresión de visiones de mundo y también los de la función estructurante del lenguaje, se diferencia del "boom" en que su intencionalidad se circunscribe a expresar las tribulaciones y las alegrías, íntimas y compartidas, de la adolescencia urbana clasemediera, de barrio, del Distrito Federal, influida por la cultura urbana pop de Estados Unidos y su culto al rock y a la brecha generacional, que culminó en el hipismo. De aquí, las imitaciones mexicanas del "rebelde sin causa" en películas como Los Caifanes y 5 de chocolate y 1 de fresa, entre muchas otras de la época. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por todo, la enérgica irreverencia verbal rupturista de "la onda" mexicana, encontró eco en la percepción que de su realidad urbana vivían algunos jóvenes acomodados de la pequeña burguesía guatemalteca, quienes ya se agrupaban en pandillas de amigos que manejaban motos y autos de carrera, escuchaban el rock estadounidense y sus versiones mexicanas, tocaban guitarras eléctricas, fundaban grupos musicales con nombres en inglés, practicaban artes marciales y, a la vez -y esto constituye un rasgo específicamente local- algunos de ellos se enrolaban en las filas guerrilleras y a veces morían en ellas, alimentando así la mitología guerrillera del héroe y el mártir revolucionario como parte del juvenilismo aventurerista y rocanrrolero de los adolescentes, todo lo cual amplió aquí la cultura de "la onda", haciéndola desbordar sus iniciales linderos hedonistas y "New Age", de pasatiempo consumista a la moda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los escritores guatemaltecos que de verdad ingresaron a las filas guerrilleras, fueron absorbidos de con tal intensidad por su militancia que consideraron la literatura como una actividad secundaria, a la vez que hondamente vocacional, ya que las vocaciones y cualesquiera inclinaciones personales debían subordinarse a lo que se percibía como el deber revolucionario para con el pueblo, de modo que a estos escritores primerizos no se les ocurría, al menos como objetivo principal de la vida, labrarse una "carrera literaria" ni perseguir el reconocimiento local o internacional como finalidad de su práctica escritural. Por ello, sólo unos pocos (contados con los dedos de una mano) se preocuparon por promover su obra en México, que era entonces la potencia editorial más cercana a la barbarie militar guatemalteca; misma que, entre otras muchas cosas, acabó con la extraordinaria producción oficial de libros que había existido en el país desde la revolución de 1944. Pero la mayoría de escritores revolucionarios, aun teniendo una obra respetable en prosa y poesía, nunca lo hicieron, y mucho menos sistemáticamente. Lo cual, visto en perspectiva histórica, fue probablemente un error, de los muchos que provocó la militancia idealista, ya que varios de ellos se perdieron para la literatura nacional a causa de que dejaron de escribir prematuramente, o porque se los tragó la militancia y la muerte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos son los ingredientes que le dieron a la "nueva novela" de nuestra geografía su peculiaridad frente a otras formas de cultivarla en otros países de América Latina. No se trató de una intención novelística temática en el sentido de escribir "novelas de la revolución guatemalteca" al estilo de las "novelas de la revolución mexicana". Lo que ocurrió fue que, como la lucha armada se había perfilado como un fenómeno político de corte juvenil, protagonizado tanto por jóvenes oficiales del ejército como por estudiantes de secundaria y primeros años universitarios que se tornaban guerrilleros, eso la constituyó a su vez en un vigoroso y atractivo fenómeno cultural para muchas juventudes que vieron en ella una muy idealista oportunidad de encarnar altos valores humanos, y por eso mismo generó apasionadas expresiones artísticas y literarias. Por ejemplo, la llamada "poesía revolucionaria" y, para el caso que nos ocupa, la "nueva novela" guatemalteca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las narrativas del "boom", renovadas, frescas, ágiles, culturalmente híbridas e inmersas en las cotidianidades urbanas, cayeron después en la retorización de sus términos de ruptura y acabaron produciendo literatura para el mercado del consumismo editorial transnacionalizado. Pero, al mismo tiempo, abrieron las puertas de la posmodernidad literaria en países a los que la modernidad económica y política no acababa (ni acaba) aún de llegar. Esas puertas fueron transitadas por escritores latinoamericanos que, sin trabajar todavía para el mercado editorial, continuaron experimentando con las estéticas del "boom", tratando de dar cuenta de su entorno histórico cambiante y particular, y es a este amplio conjunto literario dentro del que se cuenta a "la onda" mexicana, al que le ha caído encima el sambenito de "posboom", una caracterización tan incierta como todas las que vienen precedidas por los prefijos "pre" y "pos", pero que puede resumirse como el conjunto de desarrollos que, a partir del "boom", los escritores hispanoamericanos realizaron, a lo largo de los años 70 y 80, tratando de dar cuenta, por medio de los recursos "háblicos" del "boom" y de sus experimentalismos neovanguardistas, de los conflictos de la modernidad urbana en sus respectivos países. Y es en este marco que surgen autores que entonces logran, por distintas razones, una gran difusión editorial. Por ejemplo: el argentino Manuel Puig y el cubano Severo Sarduy, entre otros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Centroamérica no hubo escritores del "boom" sino continuadores de su estética (o "posboomers"), como los autores de la "nueva novela". Es por eso que, al tiempo que publicaban bajo estéticas similares Antonio Skármeta, en Chile, Marco Tulio Aguilera Garramuño, en Colombia, y José Agustín y Gustavo Sáinz, en México, los guatemaltecos Flores y Morales, y el salvadoreño Manlio Argueta, con su Caperucita en la zona roja (1978), lo hacían en Centroamérica, por lo que constituyen el conjunto centroamericano inaugural de la "nueva novela", sobre todo por la similitud en de sus direcciones experimentales, por sus temáticas urbanas y por el punto de vista de los narradores, siempre viviendo las culturas de la urbanidad desde marginalidades políticas y culturales. Después, el movimiento se desarrolló con la publicación de libros que exploraron las estéticas arriba explicadas desde perspectivas diversas y no siempre ligadas a las coordenadas de la modernidad urbana, como ocurrió con novelas escritas por Arturo Arias, Marcos Carías (de Honduras), Carlos René García Escobar y Edwin Cifuentes (publicadas entre 1979 y 1987), así como con los desarrollos ulteriores que de lo mismo hicimos Flores y yo al retornar al tema de la lucha armada y a las estéticas del "boom", en novelas como El esplendor de la pirámide (1986), En el filo (1993), de Flores, y El ángel de la retaguardia (1997). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por todo lo dicho, resulta demasiado parcial y limitante (por decir lo menos) considerar al conjunto inaugural de la "nueva novela" guatemalteca y a sus continuaciones, como "novelas de la guerrilla", pues aunque el referente histórico sea ese, las temáticas que articulan las tramas y los desarrollos tienen que ver más con los sentimientos y emociones que el conflicto armado produjo en algunos de sus protagonistas, y con los dilemas morales que el ejercicio de la violencia provocó en adolescentes de la clase media urbana. La teorización crítica de eso y de las formas literarias de la "nueva novela", no se agota ni mucho menos en el devaluado encasillamiento de la llamada "literatura comprometida", que es a lo que se alude cuando se la clasifica como "novela de la guerrilla". Su estudio crítico necesita de un radical replanteamiento teórico y de una ineludible perspectiva historicista para su explicación exhaustiva, pues de esto depende también la evaluación crítica responsable de la producción literaria posterior. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.6 El periodismo y otras manifestaciones contraculturales&lt;br /&gt;Como parte del movimiento cultural de los años 70, el ejercicio periodístico ligado a ideologías antiburguesas, desmitificadoras e irreverentes, también tuvo expresiones fecundas para el futuro de la prosa en los diarios locales. Sin duda, la columna de opinión de mayor impacto en la época fue "Lo que otros callan", de Irma Flaquer, caracterizada por denunciar la corrupción política al uso con una valentía del todo inusual en el medio. Estos fueron los tiempos en que, gracias al dinamismo de Marco Antonio Flores, surgió la llamada Sección Polémica en la Revista La Semana, en la que Flores, Luis de Lión, Luis Eduardo Rivera y yo escribíamos sobre un mismo tema todos los viernes. En este espacio, y también en el del Suplemento La Cultura del Diario Impacto, solían acompañarnos a veces José Mejía y Lionel Méndez Dávila, y fue en la Sección Polémica que Marco Augusto Quiroa inició su página de caricatura política, que luego cuajaría en otros medios escritos. Por ese tiempo surgieron varias publicaciones literarias, entre las que destaca la Revista Alero, de la Universidad de San Carlos, de gran prestigio en toda la América Latina, y en la que el grupo nuestro, llamado por Noriega, Los Irreverentes, publicó cuentos, ensayos y poemas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A principios de los 70, el mismo grupo realizó lo que llamamos "la muralización de la USAC", un proyecto para el que Flores, Rivera, De Lión y yo, acompañados de otros amigos, inventamos frases que fueron pintadas en los muros universitarios, junto a diseños de Ramírez Amaya. Recuerdo que Luis escribió una que decía: "Auditor es sinónimo de 'oreja'", y que fue pintada en la Facultad de Economía. También una mía que decía: "Todo aquello por conseguir nos pertenece". Y muchas otras, entre las que se cuenta aquella que decía: "Yo hago la revolución con Marx Factor", la cual fue una broma mía a mi buen amigo, el entonces asesor jurídico de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), Factor Méndez, y a la que, en uno de sus típicos arranques de humor negro, Ramírez Amaya agregó, con pintura roja, las siglas PGT, provocando un iracundo comunicado del Partido Guatemalteco del Trabajo (comunista) en contra de nosotros, al que se sumaron acciones de hecho por parte del secretariado general de la universidad, controlado por el PGT, que solicitó el ingreso de la fuerza pública al campus universitario autónomo para capturar a Ramírez Amaya. Éste logró escapar gracias a la distracción que Flores, Rivera y yo logramos hacerle a la patrulla, metidos en el Mini Cooper que manejaba Flores. La muralización de la universidad fue un acto contracultural de estética pop y contenidos irreverentes que, en un país con un auge guerrillero en marcha, resultaba subversivo no sólo para el Estado militar sino incluso para el conservador partido comunista, por lo que emblematizó el filón más radical y rebelde del movimiento cultural de los años 70, muy ligado a la plástica y a la literatura, aunque apelando al efectismo del happening y la performance, entonces muy de moda en las culturas urbanas del primer mundo. Quizá sea necesario decir que la muralización fue financiado por la AEU, la cual estaba controlada por las guerrillas, y que esto explica en parte la pugna entre los estudiantes y las autoridades universitarias comunistas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A principios de los años 80, el grupo irreverente formado espontáneamente por De Lión, Rivera, Noriega, Flores, Ramírez Amaya, José Mejía y yo, se dispersa debido a la intensificación de la represión gubernamental y la militancia de izquierda de algunos de nosotros. Luis de Lión es capturado y desaparecido en 1984. A mí se me asignan tareas internacionales en México, Costa Rica y Nicaragua desde 1982, y no vuelvo a saber de mis amigos sino hasta los años 90. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. La literatura en los años 80, 90 y 2000&lt;br /&gt;Comparada con la década anterior, durante los años 80 la literatura perdió brío y esplendor, quizá debido al clima de persecución y terror que la contrainsurgencia instauró en el país. Los escritores que permanecieron en el territorio y que no entraron en la clandestinidad fueron aquellos que no tenían participación política en la izquierda y, si la tenían, se vieron obligados a autocensurar cualquier expresión que acusara simpatías hacia las luchas populares. La literatura local pasó entonces a ser representada por escritores como William Lemus, Max Araujo, Carlos René García Escobar, Juan Fernando Cifuentes y otros, quienes publicaron a lo largo de la década controlando la organización gremial, la actividad editorial y el estamento mediático paraliterario. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el ámbito internacional de la izquierda, los años 80 fueron la época del auge de los movimientos de masas y las guerrillas, del testimonio y de la novela testimonial, con libros como el del guerrillero nicaragüense Omar Cabezas, grabado por él y vuelto escritura de tono conversacional por Sergio Ramírez y Claribel Alegría, La montaña es algo más que una inmensa estepa verde (1982); los testimonios novelados de Mario Payeras, Los días de la selva (1981) y El trueno en la ciudad (1987) y del libro de la venezolana Elizabeth Burgos, Me llamo Rigoberta Menchú (1984). También fue la época de la novela testimonial Un día en la vida (1980), del salvadoreño Manlio Argueta, y de El esplendor de la pirámide (1986). Lo que llamé "testinovela" no cobró forma sino hasta 1993, con Señores bajo los árboles (1994), y lo que llamé "folletimonio" se concretó con Los que se fueron por la libre (1998). En mi caso personal, a partir de entonces dejó de interesarme hacer novelas y me dediqué al ensayo sobre la problemática intercultural, y también al periodismo de debate sobre la izquierda, el movimiento culturalista "maya" y el neoliberalismo, por juzgar que eso era lo que tenía que hacer en aquel momento de la historia local. Toda la mencionada producción de los 80 y 90 estuvo ligada, tanto en sus contenidos como en sus propuestas estéticas, al accidentado proyecto revolucionario, y contrasta en general con las temáticas de los escritores de los 80 mencionados arriba, y con su visión de la experiencia guerrillera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo largo de estas dos décadas sobresalen, con una poesía exteriorista de intenso sentido del humor y la ironía, autores como Otoniel Martínez, Rafael Gutiérrez y Francisco Nájera. También, con poemas y prosas de sensibilidad femenina y, a veces, feminista, Norma García Mainieri, Carmen Matute, María del Rosario Molina, Dina Posada, Mildred Hernández, Gloria Antonieta Sagastume y Aída Toledo. En la narrativa destacan Fernando González Davison, Dante Liano, Adolfo Méndez Vides, Carlos Navarrete, Rodrigo Rey Rosa y Raúl de la Horra, quienes acusan temáticas más existenciales y formas menos experimentales y más lineales que las que preocupaban a los autores de la "nueva novela". Se trata de narraciones más explícitas, que no buscan expresar realidades complejas mediante obsesivas manipulaciones lingüísticas experimentales, sino que aspiran a una narración directa y centrada en la anécdota. En estos años se dedicaron al ensayo de crítica literaria académica, Lucrecia Méndez de Penedo, María del Carmen Meléndez de Alonso, Helen Umaña y Dante Liano, entre otros, gracias al magisterio de Francisco Albizúres Palma. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los 90 sobresalen los cuentos de Luis Aceituno, contenidos en su libro Los años sucios (1993), una interesante continuación creativa y actualizada de las estéticas del "posboom" y los juvenilismos. En la vena coloquialista y experimental, también las novelas de Franz Galich, Huracán corazón del cielo (1995) y Managua salsa city (2000), así como la prolífica e intensa producción narrativa de Francisco Alejandro Méndez. Y con registros que evitan el experimentalismo a menudo exagerado del "posboom", la cuentística evocativa de Ivonne Recinos. También, la poesía de Humberto Akabal, que constituye un nexo de continuidad respecto de algunas de las estéticas coloquialistas del Grupo Nuevo Signo, en primerísimo lugar, de la poesía de su mentor Luis Alfredo Arango, con la diferencia de que el seguidor la ofrecía al público no como el esfuerzo del mentor por recrear y reivindicar lo popular rural mediante versos conversacionales de humor ladino, sino como una supuesta continuación contemporánea de la tradición literaria "maya" (sea eso lo que fuere), que él recitaba con colorida teatralidad en performances que incluían danza y simulacros de ceremonialidad religiosa indígena, con todo lo cual inauguró, localmente, la concepción y práctica del escritor como entertainer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuando con esta preocupación por la resonancia mediática, a lo largo del entresiglo y en lo que va de los años 2000, las tendencias literarias internacionales que cundieron localmente en los 70, fueron vueltas a visitar por escritores primerizos que protagonizaron, en sus primeras épocas, una juvenil ilusión rupturista que en realidad no fue sino una fiel continuidad de los experimentalismos neovanguardistas anteriores (tanto en la prosa como en la poesía). Es el caso de jóvenes como Estuardo Prado, Maurice Echeverría, Ronald Flores, Javier Payeras, Alan Mills y Regina José Galindo, entre otros, quienes (unos más, otros menos) desplegaron lúdicos y a menudo estridentes simulacros mediáticos de rebeldía, imbuidos de ese entusiasmo contracultural de mercado que, según las pautas de "lo alternativo" estadounidense y signados por una religiosa exégesis de las drogas y las modas contraculturales de la transgresión consumista controlada, adhiere a las conocidas propuestas de la publicidad y el mercadeo de productos para jóvenes que en el primer mundo aspiran a ser reconocidos como "diferentes". Su expresión, a ratos intensa, oscilaba entre el efectismo de la performance contestataria y el simulacro de marginalidad juvenilista de clase media, expresado en las mencionadas claves neovanguardistas de explícito efectismo mediático. Como parte obligada de su imagen de rebeldes posmodernos, sus declaraciones públicas (pues se ocuparon aplicadamente de aparecer en las secciones impresas de cultura y farándula) incluían invariablemente una disciplinada descalificación agresiva del pasado guerrillero (por obsoleto, inútil, dañino y como una herencia indeseable), de las literaturas ligadas a él y de las estéticas del "posboom" que las conformaron, de las cuales ellos mismos constituyeron un inequívoco nexo de continuidad, matizado por influencias internacionales vueltas a descubrir por ellos, como les ocurrió con William Burroughs y la Generación Beat. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este mismo filón y como parte de las modas editoriales globalizadas, algunos escritores menos jóvenes que los anteriores, como Eduardo Halfon (y el salvadoreño Horacio Castellanos Moya), entre otros, decidieron escribir para el mercado editorial internacional y practicaron modas como la de la novela "metaliteraria", escrita a partir de la recreación libre de temas de otros libros, y también (como parte de la moda "retro") la de la novela neohistórica y neodetectivesca, que forman parte del menú literario que incluye otra modas como la de la "literatura de mujeres", la de la "literatura gay" y la de las "literaturas étnicas", casi todas ellas imbuidas de los lugares comunes de la "estética" ligera de la "corrección política" (travestida de discurso contrahegemónico), al uso en universidades estadounidenses y en los ámbitos de la cooperación internacional; la que, junto a las editoriales transnacionales, controlan, por medio de la promoción de un discurso literario ecualizado para amplios segmentos de consumidores escasamente letrados, los criterios de "consagración" local y la publicación de obras literarias. Señalo estas direcciones no como tendencias creativas (que es como han existido siempre de manera espontánea), sino como parte de las modas posmodernas que magnifican la condición sexual o étnica de los autores por encima de la especificidad estética de sus obras, gracias a una estrategia de mercadeo editorial segmentado que al "diferenciar" la literatura la ecualiza, reduciéndola a unas cuantas normas obligadas de expresión multiculturalista "políticamente correcta", y asegurándose con ello una gran cantidad de consumidores de libros que -como todos los buenos consumidores- buscan satisfacer una ingente necesidad de llenar el vacío existencial que provoca la sociedad consumista, con toda suerte de autoindulgencias hedonistas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos de estos jóvenes (y no tan jóvenes) ejercieron también un pertinaz opinionismo culturalista cuyo eje crítico fue la descalificación aplicada del pasado literario inmediatamente anterior a ellos. Es decir, el ejercicio obsesivo del rupturismo o de lo que Octavio Paz llamó "la tradición de la ruptura", oxímoron que tipifica la naturaleza esquizoide del arte, la literatura y la cultura de la modernidad. Sin embargo, al parecer, su proceso de maduración llevó a estos jóvenes a asumir poco a poco actitudes más cognitivas y menos impresionistas y efectistas respecto de la literatura anterior y de la que hacen ellos mismos, por lo que algunos han empezado a producir obras más ligadas a la sinceridad y a la honestidad emocional y reflexiva, que a la ilusión efímera de la exhibición mediática. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como contrapartida de la adhesión entusiasta y acrítica a las modas literarias y culturales de la alternatividad para el consumo, estas generaciones de jóvenes también produjeron escritores que ejercieron un discurso literario de subversión paródica, desconstructiva y carnavalesca del pensamiento y las conductas "light", al tiempo que participaban de ellas. Es el caso de algunos textos de Estuardo Prado y de Julio Calvo, y de muchos de los breves artículos ensayísticos de Andrés Zepeda (a quien acompañan en el cultivo efectivo de este género irónico y punzante, Luis Aceituno y Raúl de la Horra, con registros más ligados al conocido desencanto existencial de la cultura francesa). Aquí cabe mencionar también la narrativa de Eugenia Gallardo y Carol Zardetto, quienes, aunque no pertenecen a la generación de jóvenes de la época, publican en estos años sus primeros libros, los cuales constituyen también, cada cual a su manera, contrapartidas narrativas de la adhesión acrítica a las modas literarias al uso. Lo mismo puede decirse de algunos autores destacados en estos años como Edy Alfaro Barillas, Johanna Godoy, Enán Moreno, Juan Carlos Lemus, Jessica Masaya, Claudia Navas Dangel, Oswaldo y Rogelio Salazar de León y Kingston González, entre otros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Excepcional es sin duda un conjunto de ensayistas que surge ejerciendo la reflexión sobre la cultura con una responsabilidad intelectual y una calidad literaria inusual en el medio. Es el caso de Ramón Urzúa Navas y Alexander Sequén-Mónchez (en el ensayo literario) y el de Mario Castañeda (en el ensayo de análisis histórico-cultural). Asimismo, el caso de Andrés Zepeda, en el cultivo efectivo de la sátira y la desconstrucción irónica de ideologías y mentalidades localistas. Y el de Mario Palomo, quien ha desplegado una abundante producción ensayística de aguda y lúcida reflexión y replanteo marxista de los problemas culturales y políticos que brotan de los desarrollos recientes de la lógica del capital, como ocurre con el neoliberalismo y la globalización de los consumos y las mentalidades consumistas, y quien ha promovido el debate intelectual con los jóvenes de su generación que abrazan las ideologías neoliberales. Igualmente, y como parte de este grupo espontáneo, destaca la producción de Marcela Gereda, quien ha cultivado con agudeza y lucidez el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres saharauis que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica, tanto dentro como fuera de sus territorios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto que ignoro los derroteros que tomarán estos jóvenes y la manera como serán caracterizadas estas generaciones de escritores en el futuro. Sobre todo porque esta es la hora en que todavía no existe una crítica responsable que fije y caracterice con ecuanimidad historicista la producción literaria de los años 70. En todo caso, tanto en su filón lúdico-mediático como en su vertiente lúcida-reflexiva, los escritores de los 90 y lo que va de los 2000, están registrando, de la manera como mejor pueden hacerlo, lo que ocurre en el mundo que les toca vivir. Y si admitimos que de eso se trata ser escritor, podemos concluir en que, como ha ocurrido siempre en nuestro medio, la literatura y la elite letrada avanzan a pasos mucho más apresurados que los que son capaces de dar la economía, la política, la educación y la cultura de nuestra totalidad ciudadana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalizo estas líneas reiterando mi convicción de que los cuatro tomos de la Historia de la literatura guatemalteca constituyen el único basamento sobre el que hasta la fecha es posible realizar una evaluación crítica y una periodización didáctica responsables de nuestra producción literaria. Esta es una tarea urgente desde hace muchísimo tiempo. Los estudiosos de nuestras literaturas se la deben a sus escritores y a sus lectores. Por ello, no me queda sino esperar que este corto prólogo haya echado alguna luz sobre posibles caminos a transitar en la ineludible misión intelectual de clasificar, interpretar y explicar lo que quizá sea el producto más sofisticado que haya producido y sigue produciendo nuestro país hasta la fecha: su literatura. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guatemala, 18-29 de noviembre del 2006; 6 de enero del 2007.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/397332115309511289/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=397332115309511289' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/397332115309511289'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/397332115309511289'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2007/10/continuidad-de-las-rupturas-ii.html' title='Continuidad de las rupturas (II)'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-3934989574538103392</id><published>2007-10-27T21:32:00.000+02:00</published><updated>2007-10-27T21:35:46.282+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Queremos tanto a Glenda'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>Queremos tanto a Glenda</title><content type='html'>Cuento de Julio Cortázar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquel entonces era difícil saberlo. Uno va al cine o al teatro y vive su noche sin pensar en los que ya han cumplido la misma ceremonia, eligiendo el lugar y la hora, vistiéndose y telefoneando y fila once o cinco, la sombra y la música, la tierra de nadie y de todos allí donde todos son nadie, el hombre o la mujer en su butaca, acaso una palabra para excusarse por llegar tarde, un comentario a media voz que alguien recoge o ignora, casi siempre el silencio, las miradas vertiéndose en la escena o la pantalla, huyendo de lo contiguo, de lo de este lado. Realmente era difícil saber, por encima de la publicidad, de las colas interminables, de los carteles y las críticas, que éramos tantos los que queríamos a Glenda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://weblog.educ.ar/especiales/cortazarforo.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevó tres o cuatro años y sería aventurado afirmar que el núcleo se formó a partir de Irazusta o de Diana Rivero, ellos mismos ignoraban cómo en algún momento, en las copas con los amigos después del cine, se dijeron o se callaron cosas que bruscamente habrían de crear la alianza, lo que después todos llamamos el núcleo y los más jóvenes el club. De club no tenía nada, simplemente queríamos a Glenda Garson y eso bastaba para recortarnos de los que solamente la admiraban. Al igual que ellos también nosotros admirábamos a Glenda y además a Anouk, a Marilina, a Annie, a Silvana y por qué no a Marcello, a Yves, a Vittorio y a Dirk, pero solamente nosotros queríamos tanto a Glenda, y el núcleo se definió por eso y desde eso, era algo que sólo nosotros sabíamos y confiábamos a aquellos que a lo largo de las charlas habían ido mostrando poco a poco que también querían a Glenda.&lt;br /&gt;A partir de Diana o Irazusta el núcleo se fue dilatando lentamente: el año de El fuego de la nieve debíamos ser apenas seis o siete, cuando estrenaron El uso de la elegancia el núcleo se amplió y sentimos que crecía casi insoportablemente y que estábamos amenazados de imitación snob o de sentimentalismo estacional. Los primeros, Irazusta y Diana y dos o tres más, decidimos cerrar filas, no admitir sin pruebas, sin el examen disimulado por los whiskys y los alardes de erudición (tan de Buenos Aires, tan de Londres y de México esos exámenes de medianoche). A la hora del estreno de Los frágiles retornos nos fue preciso admitir, melancólicamente triunfantes, que éramos muchos los que queríamos a Glenda. Los reencuentros en los cines, las miradas a la salida, ese aire como perdido de las mujeres y el dolido silencio de los hombres nos mostraban mejor que una insignia o un santo y seña. Mecánicas no investigables nos llevaron a un mismo café del centro, las mesas aisladas empezaron a acercarse, hubo la grácil costumbre de pedir el mismo cóctel para dejar de lado toda escaramuza inútil y mirarnos por fin en los ojos, allí donde todavía alentaba la última imagen de Glenda en la última escena de la última película.&lt;br /&gt;Veinte, acaso treinta, nunca supimos cuántos llegamos a ser porque a veces Glenda duraba meses en una sala o estaba al mismo tiempo en dos o cuatro, y hubo además ese momento excepcional en que apareció en escena para representar a la joven asesina de Los delirantes y su éxito rompió los diques y creó entusiasmos momentáneos que jamás aceptamos. Ya para entonces nos conocíamos, muchos nos visitábamos para hablar de Glenda. Desde un principio Irazusta parecía ejercer un mandato tácito que nunca había reclamado, y Diana Rivero jugaba su lento ajedrez de confirmaciones y rechazos que nos aseguraba una autenticidad total sin riesgos de infiltrados o de tilingos. Lo que había empezado como asociación libre alcanzaba ahora una estructura de clan, y a las livianas interrogaciones del principio se sucedían las preguntas concretas, la secuencia del tropezón en El uso de la elegancia, la réplica final de El fuego de la nieve, la segunda escena erótica de Los frágiles retornos. Queríamos tanto a Glenda que no podíamos tolerar a los advenedizos, a las tumultuosas lesbianas, a los eruditos de la estética. Incluso (nunca sabremos cómo) se dio por sentado que iríamos al café los viernes cuando en el centro pasaran una película de Glenda, y que en los reestrenos en cines de barrio dejaríamos correr una semana antes de reunirnos, para darles a todos el tiempo necesario; como en un reglamento riguroso, las obligaciones se definían sin equívoco, no acatarlas hubiera sido provocar la sonrisa despectiva de Irazusta o esa mirada amablemente horrible con que Diana Rivero denunciaba la traición y el castigo. En ese entonces las reuniones eran solamente Glenda, su deslumbrante ubicuidad en cada uno de nosotros, y no sabíamos de discrepancias o reparos. Sólo poco a poco, al principio con un sentimiento de culpa, algunos se atrevieron a deslizar críticas parciales, el desconcierto o la decepción frente a una secuencia menos feliz, las caídas en lo convencional o lo previsible. Sabíamos que Glenda no era responsable de los desfallecimientos que enturbiaban por momentos la espléndida cristalería de El látigo o el final de Nunca se sabe por qué. Conocíamos otros trabajos de sus directores, el origen de las tramas y los guiones; con ellos éramos implacables porque empezábamos a sentir que nuestro cariño por Glenda iba más allá del mero territorio artístico y que sólo ella se salvaba de lo que imperfectamente hacían los demás. Diana fue la primera en hablar de misión, lo hizo con su manera tangencial de no afirmar lo que de veras contaba pata ella, y le vimos una alegría de whisky doble, de sonrisa saciada, cuando admitimos llanamente que era cierto, que no podíamos quedarnos solamente en eso, el cine y el café y quererla tanto a Glenda.&lt;br /&gt;Tampoco entonces se dijeron palabras claras, no nos eran necesarias. Sólo contaba la felicidad de Glenda en cada uno de nosotros, y esa felicidad sólo podía venir de la perfección. De golpe los errores, las carencias se nos volvieron insoportables; no podíamos aceptar que Nunca se sabe por qué terminara así, o que El fuego de la nieve incluyera la infame secuencia de la partida de póker (en la que Glenda no actuaba pero que de alguna manera la manchaba como un vómito, ese gesto de Nancy Phillips y la llegada inadmisible del hijo arrepentido). Como casi siempre, a Irazusta le tocó definir por lo claro la misión que nos esperaba, y esa noche volvimos a nuestras casas como aplastados por la responsabilidad que acabábamos de reconocer y asumir, y a la vez entreviendo la felicidad de un futuro sin tacha, dé Glenda sin torpezas ni traiciones.&lt;br /&gt;Instintivamente el núcleo cerró filas, la tarea no admitía una pluralidad borrosa. Irazusta habló del laboratorio cuando ya estaba instalado en una quinta de Recife de Lobos. Dividimos ecuánimemente las tareas entre los que deberían procurarse la totalidad de las copias de Los frágiles retornos, elegida por su relativamente escasa imperfección. A nadie se le hubiera ocurrido plantearse problemas de dinero, Irazusta había sido socio de Howard Hughes en el negocio de minas de estaño de Pichincha, un mecanismo extremadamente simple nos ponía en las manos el poder necesario, los jets y las alianzas y las coimas. Ni siquiera tuvimos una oficina, la computadora de Hagar Loss programó las tareas y las etapas. Dos meses después de la frase de Diana Rivero el laboratorio estuvo en condiciones de sustituir en Los frágiles retornos la secuencia ineficaz de los pájaros por otra que devolvía a Glenda el ritmo perfecto y el exacto sentido de su acción dramática. La película tenía ya algunos años y su reposición en los circuitos internacionales no provocó la menor sorpresa: la memoria juega con sus depositarios y les hace aceptar sus propias permutaciones y variantes, quizá la misma Glenda no hubiera percibido el cambio y sí, porque eso lo percibimos todos, la maravilla de una perfecta coincidencia con un recuerdo lavado de escorias, exactamente idéntico al deseo.&lt;br /&gt;La misión se cumplía sin sosiego, apenas asegurada la eficacia del laboratorio completamos el rescate de El fuego de la nieve y El prisma; las otras películas entraron en proceso con el ritmo exactamente previsto por el personal de Hagar Loss y del laboratorio. Tuvimos problemas con El uso de la elegancia, porque gente de los emiratos petroleros guardaba copias para su goce personal y fueron necesarias maniobras y concursos excepcionales para robarlas (no tenemos por qué usar otra palabra) y sustituirlas sin que los usuarios lo advirtieran. El laboratorio trabajaba en un nivel de perfección que en un comienzo nos había parecido inalcanzable aunque no nos atreviéramos a decírselo a Irazusta; curiosamente la más dubitativa había sido Diana, pero cuando Irazusta nos mostró Nunca se sabe por qué y vimos el verdadero final, vimos a Glenda que en lugar de volver a la casa de Romano enfilaba su auto hacia el farallón y nos destrozaba con su espléndida, necesaria caída en el torrente, supimos que la perfección podía ser de este mundo y que ahora era de Glenda para siempre, de Glenda para nosotros para siempre.&lt;br /&gt;Lo más difícil estaba desde luego en decidir los cambios, los cortes, las modificaciones de montaje y de ritmo; nuestras distintas maneras de sentir a Glenda provocaban duros enfrentamientos que sólo se aplacaban después de largos análisis y en algunos casos por imposición de una mayoría en el núcleo. Pero aunque algunos, derrotados, asistiéramos a la nueva versión con la amargura de que no se adecuara del todo a nuestros sueños, creo que a nadie le decepcionó el trabajo realizado; queríamos tanto a Glenda que los resultados eran siempre justificables, muchas veces más allá de lo previsto. Incluso hubo pocas alarmas: la carta de un lector del infaltable Times asombrándose de que tres secuencias de El fuego de la nieve se dieran en un orden que creía recordar diferente, y también un artículo del crítico de La Opinión que protestaba por un supuesto corte en El prisma, imaginándose razones de mojigatería burocrática. En todos los casos se tomaron rápidas disposiciones para evitar posibles secuelas; no costó mucho, la gente es frívola y olvida o acepta o está a la caza de lo nuevo, el mundo del cine es fugitivo como la actualidad histórica, salvo para los que queremos tanto a Glenda.&lt;br /&gt;Más peligrosas en el fondo eran las polémicas en el núcleo, el riesgo de un cisma o de una diáspora. Aunque nos sentíamos más que nunca unidos por la misión, hubo alguna noche en que se alzaron voces analíticas contagiadas de filosofía política, que en pleno trabajo se planteaban problemas morales, se preguntaban si no estaríamos entregándonos a una galería de espejos onanistas, a esculpir insensatamente una locura barroca en un colmillo de marfil o en un grano de arroz. No era fácil darles la espalda porque el núcleo sólo había podido cumplir la obra como un corazón o un avión cumplen la suya, ritmando una coherencia perfecta. No era fácil escuchar una crítica que nos acusaba de escapismo, que sospechaba un derroche de fuerzas desviadas de una realidad más apremiante, más necesitada de concurso en los tiempos que vivíamos. Y sin embargo no fue necesario aplastar secamente una herejía apenas esbozada, incluso sus protagonistas se limitaban a un reparo parcial, ellos y nosotros queríamos tanto a Glenda que por encima y más allá de las discrepancias éticas o históricas imperaba el sentimiento que siempre nos uniría, la certidumbre de que el perfeccionamiento de Glenda nos perfeccionaba y perfeccionaba el mundo. Tuvimos incluso la espléndida recompensa de que uno de los filósofos restableciera el equilibrio después de superar ese periodo de escrúpulos inanes; de su boca escuchamos que toda obra parcial es también historia, que algo tan inmenso como la invención de la imprenta había nacido del más individual y parcelado de los deseos, el de repetir y perpetuar un nombre de mujer.&lt;br /&gt;Llegamos así al día en que tuvimos las pruebas de que la imagen de Glenda se proyectaba ahora sin la más leve flaqueza; las pantallas del mundo la vertían tal como ella misma -estábamos seguros- hubiera querido ser vertida, y quizá por eso no nos asombró demasiado enterarnos por la prensa de que acababa de anunciar su retiro del cine y del teatro. La involuntaria, maravillosa contribución de Glenda a nuestra obra no podía ser coincidencia ni milagro, simplemente algo en ella había acatado sin saberlo nuestro anónimo cariño, del fondo de su ser venía la única respuesta que podía darnos, el acto de amor que nos abarcaba en una entrega última, ésa que los profanos sólo entenderían como ausencia. Vivimos la felicidad del séptimo día, del descanso después de la creación; ahora podíamos ver cada obra de Glenda sin la agazapada amenaza de un mañana nuevamente plagado de errores y torpezas; ahora nos reuníamos con una liviandad de ángeles o de pájaros, en un presente absoluto que acaso se parecía a la eternidad.&lt;br /&gt;Sí, pero un poeta había dicho bajo los mismos cielos de Glenda que la eternidad está enamorada de las obras del tiempo, y le tocó a Diana saberlo y darnos a noticia un año más tarde. Usual y humano: Glenda anunciaba su retorno a la pantalla, las razones de siempre, la frustración del profesional con las manos vacías, un personaje a la medida, un rodaje inminente. Nadie olvidaría esa noche en el café, justamente después de haber visto El uso de la elegancia que volvía a las salas del centro. Casi no fue necesario que Irazusta dijera lo que todos vivíamos como una amarga saliva de injusticia y rebeldía. Queríamos tanto a Glenda que nuestro desánimo no la alcanzaba; qué culpa tenía ella de ser actriz y de ser Glenda; el horror estaba en la máquina rota, en la realidad de cifras y prestigios y Oscars entrando como una fisura solapada en la esfera de nuestro cielo tan duramente ganado. Cuando Diana apoyó la mano en el brazo de Irazusta y dijo: "Sí, es lo único que queda por hacer", hablaba por todos sin necesidad de consultamos. Nunca el núcleo tuvo una fuerza tan terrible, nunca necesitó menos palabras para ponerla en marcha. Nos separamos deshechos, viviendo ya lo que habría de ocurrir en una fecha que sólo uno de nosotros conocería por adelantado. Estábamos seguros de no volver a encontrarnos en el café, de que cada uno escondería desde ahora la solitaria perfección de nuestro reino. Sabíamos que Irazusta iba a hacer lo necesario, nada más simple para alguien como él. Ni siquiera nos despedimos como de costumbre, con la liviana seguridad de volver a encontrarnos después del cine, alguna noche de Los frágiles retornos o de El látigo. Fue más bien un darse la espalda, pretextar que era tarde, que había que irse; salimos separados, cada uno llevándose su deseo de olvidar hasta que todo estuviera consumado, y sabiendo que no sería así, que aún nos faltaría abrir alguna mañana el diario y leer la noticia, las estúpidas frases de la consternación profesional. Nunca hablaríamos de eso con nadie, nos evitaríamos cortésmente en las salas y en la calle; sería la única manera de que el núcleo conservara su fidelidad, que guardara en el silencio la obra cumplida. Queríamos tanto a Glenda que le ofreceríamos una última perfección inviolable. En la altura intangible donde la habíamos exaltado, la preservaríamos de la caída, sus fieles podrían seguir adorándola sin mengua; no se baja vivo de una cruz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Queremos tanto a Glenda&lt;br /&gt;Cortázar, Julio; Cuentos completos 2, Buenos Aires, Alfaguara, 1996</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/3934989574538103392/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=3934989574538103392' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/3934989574538103392'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/3934989574538103392'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2007/10/queremos-tanto-glenda.html' title='Queremos tanto a Glenda'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-1591145369616884082</id><published>2007-10-21T14:04:00.000+02:00</published><updated>2007-10-21T14:06:44.350+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fomento de la lectura'/><title type='text'>Va recuperando su protagonismo el espacio El cuento de la Televisión cubana</title><content type='html'>El género entre los cubanos cuenta con muchísimos cultores y no pocos receptores&lt;br /&gt;Por: Frank Padrón&lt;br /&gt;En Juventud Rebelde (Cuba)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;17 de octubre de 2007 00:36:39 GMT&lt;br /&gt;El espacio televisivo El cuento (CV, martes, 10:20 p.m.) está recuperando el protagonismo que algún día tuvo, y no es raro, si se tiene en cuenta que el género entre nosotros cuenta con muchísimos cultores y no pocos receptores. &lt;br /&gt;El de hace dos semanas, nos acercó a uno de los grandes de la narrativa latinoamericana, una de las figuras emblemáticas del llamado boom literario de los años 60 en el siglo pasado, y verdadero paradigma para los amantes del relato: el argentino Julio Cortázar, quien, pese a la fama de su fundacional e innovadora Rayuela, continuó (y aún continúa) siendo una referencia dentro de y para la narración más breve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mundo mágico de un escritor que leyó y estudió mucho (pero vivió más, y así lo reflejó en su vasta y rica obra), los frecuentes cruces y nexos entre la realidad y la ficción, y la plasmación de un universo absurdo que no procedía de su imaginación sino que respondía a la más llana realidad, encontraron plasmación en una cuentística aún reveladora, vanguardista, singular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su cuento Cuatro actos para un té propone un tema recurrente en su narrativa: una curiosa intersección entre arte y vida. Durante una representación teatral, uno de los espectadores es obligado a representar un papel, y una de las supuestas actrices en escena está en el mismo caso. Al parecer no es un simple juego teatral, sino un plan macabro que el protagonista intenta descubrir, y más allá de todo esto, una reflexión profundamente ontológica, filosófica, como hallamos a lo largo y ancho de la obra cortazariana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya la referencia argumental deja claro que no se trata de un texto lineal, y por tanto, nada fácil en su traslación a la pequeña pantalla. El autor de la versión para el medio y a la vez director de la puesta, Rubén Consuegra, supo de entrada armar una ambientación convincente: la atmósfera peculiar de un teatro (a propósito, el matancero y mítico Sauto), ese raro y encantador elíxir que rodea las representaciones desde mucho antes de que se alce el telón, aparece adecuadamente plasmada en la puesta televisual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, las indudables complejidades del corpus literario, los sugerentes subtextos que el nada inocente juego entre la escena y ese otro escenario, mucho más amplio y difícil (como es la realidad) propone el relato, se simplifican un tanto dados los recurrentes efectos (devenido efectismos) a que convoca la imagen. Consuegra y sus colaboradores pensaron quizá que recurriendo a los mismos, lograrían trasmitir los intrincados pasadizos de la narración, pero estos quedaron en la epidermis del espectador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, la iluminación resultó otro rubro desacertado; no extrañó leer en los créditos finales la cantidad de especialistas en dicha rama que trabajaron aquí, y es que el énfasis y los excesos dieron al traste con la atmósfera mucho más íntima que requerían gran parte del sujet y sus espacios; no se apreció una delimitación rigurosa, como tocaba, entre las luces de la puesta en el escenario y, digamos, las del camerino a que conducen al actor improvisado, o los momentos finales fuera del teatro, cuando justamente la importancia de esas diversas locaciones para las tesis que propone el relato según avanza la trama, precisaban de una mayor diferenciación en el diseño lumínico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por último, las actuaciones. En tan importante acápite el director demostró cuidado, rigor, pero desafortunadamente se tuvo que enfrentar a bisoños actores (comenzando por el protagonista) aún sin suficiente experiencia y energía para asumir personajes tan contundentes y matizados como los de este cuento, de modo que el error partió aquí de la propia selección, del casting, a pesar de lo cual, descollaron algunos desempeños individuales como los de Aramís Delgado y Dianelis Brito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.juventudrebelde.cu/UserFiles/Image/2007/octubre/17/aramis-delgado.jpg"/&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuatro actos para un té quedó, sin duda, por debajo de sus posibilidades, pero entreabrió una puerta: si bien clásicos de la narrativa hispanoamericana merecen, como en este caso, ser asumidos y representados por nuestra Redacción dramatizada (empeño que desde un principio saludamos) también precisan de un mayor y mejor estudio previo, un tratamiento más consciente para así arribar a resultados mucho más estimulantes.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/1591145369616884082/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=1591145369616884082' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/1591145369616884082'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/1591145369616884082'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2007/10/va-recuperando-su-protagonismo-el.html' title='Va recuperando su protagonismo el espacio El cuento de la Televisión cubana'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-8326173974700185566</id><published>2007-10-14T12:45:00.000+02:00</published><updated>2007-10-14T12:49:29.152+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alan Poe'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alfonso Sastre'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='bicentenario'/><title type='text'>La guarida de Edgar Allan Poe</title><content type='html'>POR FEDERICO MARÍN BELLÓN. MADRID. (publicado originalmente en abc.es)&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.galeon.com/literarias/poe7.gif" /&gt;&lt;br /&gt;Falta poco más de un año para que se cumplan dos siglos de su nacimiento y la «Poemanía» no ha hecho sino comenzar. El fantasma de Edgar Allan Poe (1809-1849) se ha paseado durante el mes de septiembre por el Teatro Español, con Alfonso Sastre como ilustre médium gracias a su obra «¿Dónde estás, Ulalume, dónde estás?», que evocaba el universo atormentado del bostoniano. Homenajeado en discos tan notorios como «The raven» («El cuervo»), de Lou Reed, e incluso en alguna ópera, asiduo a las pantallas de cine gracias sobre todo al incansable Roger Corman, «Edgardo, aquel fumador de amapolas», como cantaba Silvio Rodríguez, desparrama ahora su talento por las viñetas que edita Panini Cómics, publicadas en los Estados Unidos por la mítica factoría Marvel.&lt;br /&gt;El dibujante Richard Corben y el guionista Rich Margopoulos han recopilado diez adaptaciones de sus poemas y relatos en el volumen «La guarida del horror», que incluye, para regocijo de sus admiradores, los textos originales del maestro, con lo que el noble y nada odioso oficio de comparar se torna más fácil que nunca. Los cuentos «El corazón acusador» y «Berenice» acompañan a la recreación de los poemas «El cuervo» -uno de los más celebrados de la literatura en inglés-, «La durmiente», «El gusano conquistador»; «El espíritu de los muertos», «Eulalia», «El lago», «Izrafel» y «El día más feliz».&lt;br /&gt;Apuntes biográficos&lt;br /&gt;Hijo de un matrimonio de actores por lo general secundarios, a Poe lo abandonó su padre a los nueve meses, mientras que su madre murió cuando el futuro escritor tan sólo tenía tres años. Tras una juventud difícil y viajera, el joven Edgar desempeñó oficios tan poco diversos como el de periodista, editor, crítico y, siempre, escritor. Maestro del relato, precursor de la ciencia ficción y padre del primer detective de la historia de la literatura, Arsenio Lupin, Poe tuvo frecuentes ataques depresivos, era adicto al láudano y al alcohol, y en su vida amorosa abundaron los episodios complejos y desequilibrados. Una enfermedad tan literaria como la tuberculosis se llevó por delante a su madre y a su mujer. Él llegaría a fijar fecha para una nueva boda, pero nadie sabe cómo se las arregló para no acudir nunca al altar en el que se lo esperaba.&lt;br /&gt;Edgar Allan Poe murió a los cuarenta años, días después de ser encontrado en un estado lamentable, entre las alucinaciones y los desvaríos propios del delirium tremens. Las causas exactas de su muerte (a buen seguro eran varias) no están claras, aunque se habla de diabetes e incluso de rabia. Puede que en un último instante de lucidez dijera antes de expirar: «¡Que Dios se apiade de mi pobre alma!». También es posible que la leyenda le haya tomado el gusto a la exageración.&lt;br /&gt;«La guarida del horror» multiplica la dificultad del reto al escoger nada menos que ocho poemas del autor de «El pozo y el péndulo». Su fantástica prosa nos ha llegado en unas condiciones envidiables gracias a las soberbias traducciones de Julio Cortázar, quien se detuvo ante el abismo de su poesía, prácticamente inatacable, por lo que el escritor nunca alcanzó en español el reconocimiento que le profesan los críticos anglosajones, ni siquiera en el caso de «El cuervo», cuyo ritmo original apenas se queda en un remedo en la lengua de Cervantes. El cómic que ahora nos llega no sólo publica ocho de esos poemas, sino sus interpretaciones, casi cinematográficas y en muchos casos libérrimas hasta el atrevimiento. Un buen ejemplo es la oda «El gusano conquistador», convertido por Corben, en colaboración con Rick Dahl, en una tenebrosa historia de ciencia ficción.&lt;br /&gt;Corben y Margopoulos&lt;br /&gt;Los resultados, claro, son a veces discutibles, aunque los dibujos poseen siempre la fuerza necesaria para llamar la atención del lector menos interesado. Colaborador habitual de la revista «Heavy Metal», Richard Corben ha ilustrado cómics para Marvel, DC Comics, Dark Horse, Kitchen Sink, IDW y otras editoriales, además de su sello personal, Fangoria. También ha trabajado en el cine, en animación y como ilustrador de carteles. Entre sus portadas de libros y discos destaca el clásico de Meat Loaf «Bat Out of Hell». Creador «underground» que alcanzó notoriedad con títulos como «Creepy» y «Vampirella», aquí sabe variar su estilo en función de las necesidades de cada narración, desde el terror gótico al realismo sucio, combinados con actualizaciones muy cercanas a la novela negra.&lt;br /&gt;Rich Margopoulos, por su parte, inició su carrera de guionista de historietas en la década de los setenta en revistas de terror como «Vampirella», «Eerie» y «Creepy». Entre sus primeras obras se encuentran algunas adaptaciones de Poe al cómic y varias colaboraciones con Corben. También ha trabajado con otros sellos, como Archie, DC, Fantagor y Marvel, y se ha ocupado de varios personajes, incluidos superhéroes como el Capitán América, Hulk y el entrañable Lobezno.&lt;br /&gt;«La guarida del horror» es también el símbolo de una tendencia imparable. Los más talluditos recordarán la vieja propaganda institucional que nos auguraba un libro allá donde hoy apareciera un tebeo. El tiempo ha acabado subvirtiendo también esta frase y ahora son los cómics los que empiezan a sustituir a los clásicos literarios. La agencia Efe recuerda la osadía de Peter Kuper al meterle mano a «La metamorfosis» de Kafka o la iniciativa de la editorial Graphic para cuartear nada menos que «Macbeth», de Shakespeare, y «Jane Eyre», de Charlotte Brontë.&lt;br /&gt;Incluso un autor tan difícil como Marcel Proust puede presumir de algún antecedente esperanzador. La primera entrega de «En busca del tiempo perdido», a cargo de Stéphane Heuet (publicada en España por Sexto Piso), ha vendido en Francia 75.000 ejemplares. Quizá mañana vuelva el libro. De momento, miren y lean y, como en el caso de Poe, teman.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/8326173974700185566/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=8326173974700185566' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/8326173974700185566'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/8326173974700185566'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2007/10/la-guarida-de-edgar-allan-poe.html' title='La guarida de Edgar Allan Poe'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-7648077022808595293</id><published>2007-10-04T23:16:00.000+02:00</published><updated>2007-10-04T23:20:11.040+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cronopios'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuentos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>Los cronopios nunca mueren</title><content type='html'>Ignacio Ramirez (Colaborador de Prensa Latina)*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rayuela, publicada convencionalmente en 1963, ya no cumple años sino siglos, si nos atenemos a los despachos internacionales que la señalan entre las favoritas de compradores y lectores, al lado de El Quijote, La Biblia, Ulises, el de Joyce, los Cien años de aoledad de nuestro señor de Aracataca y algunos otros que no se dejan desbancar de las vitrinas ni de las cabeceras de las camas o los lugares de mostrar en las bibliotecas porque los libros, quién lo creyera, son también vanidosos cual sus dueños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.lasectaliteraria.com.ar/cicuta/rayuela0.jpg"/&gt;&lt;br /&gt;El pasado 26 de agosto el Gran Cronopio cumpliría 93 años (nació en Bruselas en 1914) pero le dio por morirse en el 84 del siglo ya transcurrido y desde entonces duerme en polvo con su osita Carol Dunlop en un céntrico cementerio de París, pero lo curioso es que aun frente a la desmesura envidiosa de los críticos que ya lo señalaban como pasado de moda y suficiente, el ave fénix se levanta y canta su canción de palabras renovadas, concierto de propuestas literarias para que el oficio de escribir tenga sentido y gloria como se prueba ahora que este mundo mediático se ha acordado de él, por fuera de las fechas exactas de conmemoraciones, como si se tratara de seguir sus juegos literarios que se burlaban del tiempo y transgredían almidonadas normas narrativas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ¿eso por qué? Porque los Cronopios nunca mueren como él mismo lo había ya proclamado. Y porque en medio de tanta producción y tan poca calidad surgen la lúdica y la poesía como tabla de salvación para el naufragio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al hacer memoria en torno a la figura de ese niño escondido en el cuerpo de un gigante, surgen el significado y el alcance de los aportes que suministró, desde su ejercicio de escritor, para que cambiaran muchas facetas de nuestro continente latinoamericano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Colombia, el comienzo de los años sesenta se asoma con el influjo rampante del movimiento nadaísta, cuyo aporte fundamental fue la irreverencia, el escándalo, el criticado pero efectista espectáculo promovido desde la plataforma del pensamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empieza a conocerse a nivel popular la existencia de los poetas malditos de Francia, la literatura río (burla, denuncia, erotismo, goce) del norteamericano Henry Miller, el existencialismo con su carga de náusea, la filosofía criolla de Fernando González.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí, en esa confluencia del surrealismo y el existencialismo, surge de repente (año 62) un mundo nuevo, extraño, desmesurado y fantástico, a pesar de que no dejaba de tener los pies sobre la tierra: la literatura de Julio Cortázar, cuya propuesta -desde todos los puntos de vista desde los cuales pueda ser analizada la expresión artística-, constituía una ruptura vital, positiva, con todo lo que anteriormente se conocía no sólo a nivel latinoamericano sino en el ámbito universal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cortázar, como ya lo dije, había nacido en Bruselas el 26 de agosto de 1914 (comenzaba la I Guerra Mundial). Había ejercido como maestro en escuelas normales de diferentes lugares de Argentina, su patria americana, y publicado casi clandestinamente, en 1938, con el seudónimo de Julio Denis, su primer libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una colección de sonetos titulada "Presencia", de la cual nunca quiso reediciones ni divulgación porque, a pesar de la factura perfecta de su contenido, su esencia de Cronopio ya había infundido en su conciencia el precepto básico de que para convertirse en escritor real existe la necesidad de construir textos, atmósferas, lenguajes, ritmos y especialmente propuestas novedosas, casi perfectas, como fueron en lo sucesivo todas las que presentó al mundo a través de su obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vinieron sus primeros libros de cuentos (Los Reyes, Bestiario, Final del juego, entre 1949 y 1956), pero es en 1956 cuando llegan a Colombia los primeros ejemplares de Las armas secretas, cuyos relatos suscitan toda una revolución entre los lectores y los aprendices de escritores de la correspondiente generación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es con El perseguidor, una pieza magistral de la cuentística de todos los tiempos, con el que se rompen todos los esquemas existentes, se cambia el pensamiento de los jóvenes frente a la utilización del lenguaje y de los temas, las nociones del tiempo y del espacio se hacen más libres y se desata toda una revolución claramente cortazariana desde la cual se proponen formas distintas de acometer las preguntas, replanteamientos de los hábitos mentales del lector y códigos diferentes para la edificación de estructuras, contenidos y atmósferas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vendrá luego la gran iluminación de Rayuela, desde donde Cortázar rechaza el lenguaje literario -"espejo para lectores-alondra"- y busca uno que, sin renunciar a la estética, tampoco la utilice como medio. Se niega a escribir literariamente sólo para facilitar la lectura y hacerla más agradable; propone una escritura en la que la estética sea a la vez una ética y no simplemente un medio, pero es preciso que el creador haya identificado en sí mismo su sentido de la condición humana con su sentido de la condición de artista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, 62, modelo para armar, El libro de Manuel, El último round, La vuelta al día en 80 mundos, Octaedro, Un tal Lucas, Los autonautas de la cosmopista, para citar simplemente algunos de los títulos que publica y testimonian su lucha; su fe, su sentido del amor por la palabra y desde la palabra su sentido de esperanza en días mejores para la raza humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchos críticos actuales tildan ya de caduca y de superada la obra de Julio Cortázar. El gran fantasma del posmodernismo, que pasará en forma rauda como todos las modas que imponen los clasificadores del arte, irradia una sombra supuesta sobre éste y muchos otros autores cuya popularidad en tiempos del boom parece haber sido nefasta, si se mira desde el punto de vista de quienes pasan por encima de los textos sin detenerse a escrutarlos, a palparlos, a evaluarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la literatura de Cortázar aún palpita, su concepto del juego pervivirá y opacará a la truculencia; la vigencia de su lenguaje y la posibilidad de ir y volver por los vericuetos de los libros, igual que se hace con el pensamiento, también permanecerán. Por algo él mismo nos enseñó que los Cronopios nunca mueren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ag ir &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*Escritor y periodista colombiano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr/&gt;&lt;br /&gt;Si estás intersado en el relato breve te recomendamos los cursos impartidos en Hotel Kafka por &lt;a href="http://www.hotelkafka.com/profesor_Eloy_Tizon.html"&gt;Eloy Tizón&lt;/a&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/7648077022808595293/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=7648077022808595293' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/7648077022808595293'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/7648077022808595293'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2007/10/los-cronopios-nunca-mueren.html' title='Los cronopios nunca mueren'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35421620.post-4476510624195888730</id><published>2007-09-22T09:57:00.000+02:00</published><updated>2007-09-22T10:00:00.992+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Obra Crítica'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ensayo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><title type='text'>Julio Cortázar, la obra crítica</title><content type='html'>Compilación recoge sus libros de ensayos y sus numerosos artículos publicados en revistas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Carlos Villanes Cairo.&lt;br /&gt;Diario La República&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.elefanteblanco.com/ideaviva/nro1/cortazar.jpg" alt="fotografía de Julio Cortázar"/&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Obra Crítica de Cortázar es el sexto tomo de los nueve que tendrán sus Obras Completas. El libro, de 1,107 páginas, fue publicado por Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, de Barcelona, bajo el cuidado de Saúl Yurkiévich, quien nos abandonó para siempre hace un par de años cuando finalizaba la preparación de este monumental repertorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su publicación coincide con el 60 aniversario de la aparición de Teoría del túnel, donde en 1947 ya fijaba, con clarividente lucidez, su adhesión a la libertad creativa, sin grilletes a escuelas y doctrinas. Trae un prólogo de Saúl Sosnowski.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mucho ha llovido desde 1938, en que Cortázar publicó su primer ensayo "Para obras de Frederic Chopin", hasta "Una maquinación diabólica: las desapariciones forzadas", en noviembre de 1983. Su estética se deslizó entre las grandes corrientes de los años 50 al 80 y creció con sus lectores, pero la imagen de lo literario, que abrigaba el gran escritor, no cambió sus esencias ni en su débito con el hombre, especialmente, el latinoamericano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Una literatura que merezca su nombre es aquella que incide en el hombre desde todos los ángulos (y no por pertenecer al Tercer Mundo, solamente o principalmente en el ángulo sociopolítico), que lo exalta, lo incita, lo cambia, lo justifica, lo saca de sus casillas, lo hace más realidad, más hombre", escribió el autor de Rayuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por su parte, Sosnowski dice: "Cortázar no fue un "crítico literario"; tampoco un revolucionario de sillón. Supo leer como pocos, emitió juicios de valor cuando otros se ceñían a asepsias descriptivas, a conveniencias ideológicas, a frecuentar en imponer el aburrimiento". Pocos palpitaron con tanto ardor, creación y libertad, las turbulencias, muchas veces discriminadoras, de la literatura, la política y la sociedad, durante las cuatro décadas del siglo XX, en que volcó al papel su singular poligrafía literaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuatro fundamentales&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Obra Crítica se inicia con Teoría del túnel. Notas para una ubicación del surrealismo y el existencialismo. Se insiste en el tema de la novela, sus alcances y limitaciones, sus peripecias ante las posibilidades de su libre ejercicio como llave de la literatura a la realidad y a lo más profundo de lo humano, mediante la complicidad del lector y el desenmascaramiento de las estafas y la búsqueda de nuevos órdenes que permitan al hombre avanzar, realmente, sobre la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El segundo libro, Ensayos críticos, abarca sus colaboraciones en buena cantidad de revistas, de 1938 a 1984, donde aparecen especialmente literatos. A nuestro Vallejo lo considera como "un padre de una palabra capaz de atacar los viejos órdenes y abrirnos ancha la puerta de este tiempo más nuestro y más hermoso", y recuerda cómo llegó hasta su poesía, gracias a Pablo Neruda. El volumen cierra con dos libros: Nicaragua tan violentamente dulce (1983) y Argentina: años de alambradas culturales (1984).</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/4476510624195888730/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=35421620&amp;postID=4476510624195888730' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/4476510624195888730'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35421620/posts/default/4476510624195888730'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hotelkafka.com/blogs/julio_cortazar/2007/09/julio-cortzar-la-obra-crtica.html' title='Julio Cortázar, la obra crítica'/><author><name>Hotel Kafka - Escuela de creación literaria y escritura de guión</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08144062015585532343</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry></feed>