l Blog de Rafael Reig

Rafael Reig, escritor y profesor de literatura

Tfno.
917 025 016

Estás en Home » Blogs » Blog de Rafael Reig

sábado 3 de mayo de 2008

Lo que estoy leyendo: Una puta recorre Europa

El otro día iba por la calle San Vicente Ferrer y me encuentro de pronto a dos poetas o dos poetisas. Yo iba cuesta abajo; ellas, cuesta arriba. La colisión era inevitable y nos metimos en el bar de enfrente para el atestado.

Le pedimos a la camarera que dibujara un croquis del impacto, y le salió así, a mano alzada:




Almudena Guzmán, yo y Xelo Candel.

Hace más de veinte años que conozco a Almudena, a la que los malvados prosistas llamábamos entonces Almidona, la Poesita.

En la Autónoma los poetos y poetas ligaban entre sí, como debe ser, había segregación.

-Esa gente que ni siquiera acaba los renglones -decíamos, mirando por encima del hombro a esa infame turba de personas con inspiración y con sensibilidad.

Nosotros detestábamos la sensibilidad. Abominábamos de la inspiración. El lenguaje musical nos hacía vomitar hasta la primera papilla.

¡Poetas! ¡Esa gente que cuenta las sílabas con los dedos, como quien cuenta monedas! ¡Escriben con la calderilla que los demás dejamos de propina! ¡Revisan las vueltas y pagan con moneda fraccionaria, en lugar de con billetes!

Desafiando todos los prejuicios de género (literario), Almudena y yo ligamos alguna vez, y nos salían tardes multiformes, polimétricas, con trozos narrativos y fragmentos poéticos intercalados, como La Dorotea, de Lope, por ejemplo: un arte nuevo de hacer comedias.

Total, que nos tomamos unas cañas en uno de esos inevitables bares gallegos.

En Madrid, si alguien propone tomar unas cañas, en cuanto te das la vuelta para buscar el primer bar disponible, ese bar de enfrente, aparece un bar gallego que no tiene más remedio que llamarse O'Compañeiro o A' Casiña o algo así.

Siempre con un apóstrofe y alguna eñe.

Todos están equipados con las reglamentarias raciones de lacón y pulpo, su queso de tetilla en el expositor, sus tazas para caldo y su correspondiente camarera con delantal puesto, mirada prometedora y dedos amoratados de tanto fregar vasos.

Son de toda la vida, pero quizá ahora ya reciban subvenciones de la Xunta, no sé.

Allí estuvimos recordando aquellos tiempos y el bar La Alegría de Lista, donde bebíamos coñac y fumábamos Fortuna, unos cigarrillos espachurrados, de tanto llevar el paquete en el bolsillo de atrás del vaquero.

A Xelo la conocí en Saint-Louis University, en Madrid, donde ella organiza con Ángeles Encinar aquelarres mujeristas hasta que se quedan con las rodillas frías y la voz ronca de tanto denunciar el patriarcado, qué le vamos a hacer.

El patriarcado. He estado leyendo Una puta recorre Europa, de Alberto Lema. Gallego, como el bar de enfrente, por cierto.

Me ha gustado mucho. Qué novela tan inteligente. Desde el título (un fantasma recorre Europa...). Dos tías deciden pasar a la acción, empiezan a matar a tiros a los clientes y dejan una tarjeta que pone "Putas Asesinas". Quieren denunciar la prostitución como violación institucionalizada. Intervienen las autoridades. La policía. El Conselleiro. Hacen un manifiesto. Etcétera. Es apasionante y se lee casi sin parar ni para revolver un colacao.

Alguien me comentó que le había gustado, pero que le parecía escrita de forma desmañada, descosida, como si fuera un borrador. A mí me ha parecido todo lo contrario: una difícil construcción, un estilo nuevo muy logrado.

Como suelo decir, esto es como los trapecistas: que parezca que se hace sin esfuerzo es lo que más trabajo exige. No queremos ver a un trapecista sudar ni que se note cuánto le cuesta saltar: lo tiene que hacer con apariencia de facilidad, como si dar un triple mortal fuera lo más natural del mundo. Yo creo que eso es lo que hace Lema. A mi modo de ver, es una construcción tan difícil y rigurosa como el "gran estilo" de Benet, pero en otra dirección.

El libro es rápido, eficaz, lleno de sorpresas, pero sin ningún truco. Quiero decir: no parece, en absoluto (y gracias a Dios), una película de Tarantino. Todo lo contrario. Hay violencia, pero no es una violencia estética, imprevista, inexplicable: es la violencia estructural del sistema, una violencia real, mucho más perturbadora que esa violencia de tebeo (en el fondo tan inocente). Los personajes no son tampoco anormales, excéntricos, tipos singulares (y por lo tanto, tranquilizadores, como lo son en las películas de Tarantino), sino que son reconocibles. Tanto los políticos, como los clientes, como las putas somos nosotros.

Un buen libro, te lo recomiendo. Y, por una asociación de ideas que sería largo explicar, te recomiendo de paso una de mis novelas favoritas de los últimos años: El amo del corral, de Tristan Egolf.

Orejudo la había leído y, tanto le había gustado, que un día íbamos paseando y se metió en una librería, compró un ejemplar y me lo regaló.

Esa misma noche leí esa crónica de una huelga de basureros y quedé impresionado. Me pareció una Iliada, una guerra de Troya, un ejército revolucionario y terrible que se entrega a un fracaso memorable.

No sé por qué no se lee más esa novela, te lo digo en serio.

Luego me fui con mi hija a hacer pulseras al bar de los chicos (mi hermana Helena y mi cuñado Álvaro), el Acme, en la calle Velarde.




Este es el catálogo, porque le prometí a Anusca que pondríamos el catálogo on-line, con precios, por si alguien quería hacer un pedido. Así que terminamos esta emisión con unas ofertas comerciales:




¿Quieres comprar alguna pulsera, gargantilla o llavero?

Etiquetas: , , , , ,

jueves 1 de mayo de 2008

Dos nueces

Últimamente leo en estéreo. Dos cosas a la vez. Decía Freud que los problemas son como la nueces: si no puedes resolver uno, coge dos, aprieta uno contra el otro en el puño, como las nueces, y acabarás cascando uno de los dos.

Andaba leyendo por un lado libros de amigos, como Lección de anatomía, de Marta Sanz, y Niños de tiza, de David Torres; y por el otro canal se me cruzó el discurso de ingreso en la Academia de Javier Marías.

Habla el académico de la dificultad para contar las cosas como son, lo real: "Contar, narrar, relatar es imposible, sobre todo si se trata de hechos ciertos, de cosas en verdad acaecidas".

Bueno, leyendo a Marías uno siente la tentación de darle la razón: a él se nota que le cuesta mucho esfuerzo contar algo real.

A mí el libro de Marta y el de David me parece que hablan de lo real. Aquí están Chema, mi novia y Marta Sanz, en casa:



Y aquí los herbívoros, Isaac Rosa y su hija Olivia, con Chema:




Cómo contar lo real. Al final, hay que hablar de Wittgenstein. Un austriaco.

Wittgenstein cara A: sólo hay que hablar de lo que se pueda hablar con precisión (Tractatus). Wittgenstein cara B: de lo único que importa hablar es de lo que no podemos hablar con precisión (Investigaciones).

¿Cömo se cascan esas dos nueces, esos dos Wittgenstein, uno contra otro, en el puño?

Como a todos, me ha impresionado la historia del tipo este Fritzl, otro austriaco, el que encerró a su hija en un sótano, la embarazó, etc.

En Austria.

He pensado, claro está, en Freud. Austriaco.

En Boston, a mediados de los ochenta, leí un libro entonces muy famoso: The Assault on Truth (El asalto a la verdad), de Jeffrey Moussaieff Masson.

Como sabes, el Gran Salto Adelante de Freud fue la "teoría de la seducción", el momento en que decide que sus pacientes tienen fantasías. Una mujer le cuenta que de pequeña su padre le hacía cosas. Luego otra. Luego un hombre. Y otro. Hasta que llega un día en que Freud decide: no me lo creo, ya está bien, esto es una fantasía, es ella la que desea acostarse con su padre, etc.

La teoría de la seducción es, claro está, la pieza axial de la construcción freudiana, el trampolín desde el que salta hacia el inconsciente.

Bien, pues este Masson, que era director del Archivo Freud, resulta que descubre documentación que, según él, prueba que Freud prevaricó. Sabía de sobra que no eran fantasías. Tenía datos suficientes para concluir que el verdadero problema era la el abuso sexual de los hijos por parte de papá y mamá. Mucho más común de lo que Freud quería admitir. Una monstruosidad que no se atrevió a hacer pública: mejor barrer debajo de la alfombra. Eligió no creerlo y mirar para otro lado. Es una fantasía. Punto. Se lo inventan.

Eso dice Masson. Desde entonces a Masson lo expulsaron de la comunidad psicoanalítica.

A mí me convenció entonces y me sigue convenciendo ahora hasta cierto punto. Mi posición (¡cómo si a alguien le importara un pito lo que yo pienso!) es: creo que la teoría de la seducción es acertada. Hay fantasías de seducción. Sí. Creo, sin embargo, que también hay muchas seducciones de niños que realmente han sucedido en las familias (como el mismo Freud reconoció). ¿Prevaricó Freud? No lo creo, pero sí me parece evidente que eligió no pensar sobre la seducción real y dedicarse a la fantasía de la seducción.

Hay seducciones reales y fantasías.

Freud decidió apartar una mitad, una de las nueces,encerrarla en el sótano, y dedicarse sólo a cascar la otra.

¿Se puede cascar una sola nuez con la mano? ¿Se puede entender la fantasía de la seducción sin estudiar con la misma fuerza al tiempo la seducción, el abuso real?

Sigmund Freud. Austria. Abusos a menores. Y un sótano: el del inconsciente. Y otro sótano: el de la fantasía, en el que encerró Freud los abusos reales.

¿Nadie sabía nada? ¿Nadie sospechaba nada?

Me refiero a Fritzl, pero también a Kurt Waldhein, por ejemplo. Cuando se hizo público que había sido oficial nazi y se le acusó de crímenes de guerra, ¿dejaron acaso de apoyarle en Austria? No, fue presidente durante seis años, sin otra incomodidad que no poder viajar demasiado (le declararon persona non grata en casi todo el mundo, con la lógica excepción de Ciudad del Vaticano).

Waldhein. Austria. Otro sótano y un país que mira para otro lado, que no quiere que le obliguen a mirar.

¿No te dan ganas de volver a leer a Thomas Bernhard?

Bernhard prohibió que se representaran sus obras en Austria después de su muerte, así como la publicación allí de su obra inédita.

Leo también un folleto de Karl Marx que comienza así:

"El filósofo produce ideas, el poeta poemas, el cura sermones, el profesor compendios, etc. El delincuente produce delitos. Fijémonos un poco más de cerca en la conexión que existe entre esta última rama de producción y el conjunto de la sociedad y ello nos ayudará a sobreponernos a muchos prejuicios. El delincuente no produce solamente delitos: produce, además, el derecho penal y, con ello, al mismo tiempo, al profesor (...) El delincuente produce asimismo toda la policía y la administración de justicia penal (...) El delincuente produce una impresión, unas veces moral, otras veces trágica, según los casos, prestando con ello un "servicio" al movimiento de los sentimientos morales y estéticos del público (...) produce también arte, literatura, novelas e incluso tragedias (...) Podemos poner de relieve hasta en sus últimos detalles el modo como el delincuente influye en el desarrollo de la productividad"


Este breve y magnífico texto (te lo recomiendo) es de los años sesenta (1860) y se editó póstumamente como apéndice a la Teoría de las plusvalías.

Ahora lo ha reeditado en un magnífico libro la editorial Sequitur, con el título de Elogio del crimen, y acompañado de otros textos (algo de Durkheim, que está muy bien, pero nada de Althusser, el estrangulador, al que he echado de menos).

Se puede entender al criminal como excepción, como hecho aislado, sin conexión con el resto. También se puede entender el crimen, en lugar de como amenaza para la sociedad, como parte de la sociedad, como producto de las relaciones sociales.

Se puede pensar que el criminal es un psicópata, alguien que no comparte nuestra naturaleza, pero se puede pensar también el criminal es como nosotros, porque la maldad, la crueldad, la monstruosidad, también forman parte de nuestra naturaleza, de nuestras posibilidades.

Yo querría entender estos crímenes como parte de nuestro sistema social. Entender a la vez al criminal y las relaciones sociales de las que forma parte el criminal. Cascar las dos nueces a la vez.

No sé bien cómo hacerlo todavía.

Al fin y al cabo, Ludwig Wittgenstein y Adolf Hitler, otros dos autriacos, fueron compañeros de colegio. Como Villalonga y Aznar, pero en la Realschule de Linz, que nos viene siendo como el colegio del Pilar de Madrid.

¿Volvemos a leer ahora, juntos como dos nueces, el Tractatus y Mein Kampf?

Yo no sabía esa relación entre el filósofo y Hitler, me he enterado en The Jew of Linz, de Kimberley Cornish.

Que Hitler y Wittgenstein eran compañeros de cole es un hecho. No está probado que se conocieran y trataran tanto como asegura Cornish. También afirma Cornish que Wittgenstein fue el que reclutó a Burgess, Philby, Blunt y McLean. No sólo eso: dice que Wittgenstein le pasó el descifrado de Enigma a la Unión Soviética. Digamos: el que facilitó la posibilidad de vencer a Hitler fue su compañero de colegio.

Todo esto no me parece improbable.

En cuanto a su comparación entre la oratoria de Hitler y la filosofía del lenguaje de Wittgenstein, y su raíz común en el pensamiento hermético, pues no sé, qué quieres que te diga.

Tampoco está probado que Hitler y Kafka se conocieran, pero sí es verdad que frecuentaron los mismos cafés en Viena, cuando Hitler quería ser pintor. Y es verdad que en los Diarios de Kafka habla de un tal H., al que considera un loco fascinante y al que escucha absorto.

Partiendo de esta hipótesis escribió Piglia su Respiración artificial. Kafka no imaginó nada: sólo escuchó lo que le decía H., al que nadie más escuchaba.

Y le creyó.

Luego lo contó. Intento contar lo inefable.

Lo inefable: ahí es donde entra Wittgenstein, el compañero de colegio de Hitler. Uno era un aristócrata, heredero de una de las mayores fortunas del Imperio Austro-Húngaro, y un insoportable que exigía a sus compañeros de cole que le trataran de usted. El otro en cambio era hijo de un agente de aduanas que le azotaba.

En esta foto la identificación de Hitler es segura. La de Wittgenstein es casi segura también. Están en la Realschule de Linz:




Bueno, voy a parar, que menudo rollo te estoy soltando.

Prometo ser breve mañana.

Un sótano en Austria, titularía yo una novela que me gustaría hacer sobre Wittgenstein y Hitler.

Y pasaría en Madrid, por supuesto. ¿Por qué no? ¿No somos Austria también?

Lo malo es que, siendo como soy, igual me sale algo como Dos mujeres en Praga, de Millás, que también pasa en Madrid, y con armarios empotrados en lugar de sótanos, qué le vamos a hacer.

Esas son las dos nueces que me gustaría apretar en el puño de una novela: Wittgenstein y Hitler.

¿Cuál se cascaría antes? ¿Cuál lograría abrir contra la otra? ¿Tú que crees?

¿Se puede contar lo real, lo que de verdad ha pasado, lo que existe de verdad?

Etiquetas: , , , , ,

sábado 26 de abril de 2008

Lo indispensable

El 23, miércoles, tuve bastante trajín.

Era La noche de los Libros y mi novia ya se había apiadado de antemano de mí:

-¡Cómo me vendrás, hijo!
-No será para tanto.
-Bebe sólo lo indispensable.
-Hecho.

Por la mañana me fui con mi amigo Paco Oquendo a dar una charla con el siguiente asunto: "¿Qué leía Manolita Malasaña?".

-Nada -dije-. ¿Alguna pregunta?
-¿Y eso?
-Yo creo que era analfabeta.

Iba a despedirme, pero Paco me advirtió que, sólo con eso, no valía.

-Rafita, tío, no tengas tanta cara.

Así que tuve que improvisar cuatro cosas sobre la literatura de cordel hacia 1808.

Luego comimos un bacalao muy rico y salté a un taxi:



Hace años que no conduzco y adoro la expresión "saltar a un taxi".

Lo siguiente era una tertulia en El Comercial, para hablar de sexo con Juan Manuel de Prada y Paula Izquierdo.

Como ahora en el café prohíben fumar, se hizo indispensable tomar una copa en el Okayama y luego otras en la terraza, antes de entrar.

Paula vino como suele, discreta, sin maquillaje, vestida con sencillez y una modestia que rayaba en lo monjil, decidida a pasar inadvertida a cualquier precio.

Empero, yo no podía dejar de mirarle las tetas y esto hacia difícil la concentración:



Aquí estoy, mirándole las tetas a Paula, algo disperso.

A mí es que las tetas me dispersan mucho, qué le vamos a hacer, tienden a evaporarme el pensamiento, que luego se me condensa sobre la frente en nubosidad de evolución variable, filamentos, cirros formados de cristales de hielo que arañan, estratocúmulos ondulantes, nimbos sin sombras en su interior y un cielo del paladar encapotado, cubierto hasta donde alcanza la vista.

Total, que una idea se me iba y otra se me venía.

Se hizo indispensable beber unas copas.

La idea que se me venía solía ser siempre la misma, una idea sencilla y acompañada de ruido de cremalleras y batir de alas.

¿Y la que se me iba? Sería la más remota y, además, ¡échale un galgo!

Prada dijo que a él le excitan mucho las mujeres con los sobacos sin depilar.

-¿Y qué haces? -le pregunté- ¿Practicas muchos coitos axilares?
-No, hombre, no... -se rió.
-¿No? Pues pruébalo, ya verás -le recomendé.

Hablamos del hirsutismo de Prada, de diversas posturas que me parecieron algo agotadoras, a mi edad, y de si teníamos o no secretos.

Dijimos que sí, claro. ¿Quién no tiene secretos? Como suele decir Edu Vilas: ¿a quién le gustaría que se hiciera público el historial de páginas vistas en su ordenador?

Los elementos eliminados de la papelera de reciclaje son el único resto de nuestra verdadera y minúscula vida espiritual, la huella de un alma, el vaciado de una identidad, el fósil que conserva intacta una verdad interior sublime y sombría.

Cuando acabamos, me fui a firmar libros (es un decir) a Estudio en Escarlata; y de allí, a un VIPS.

Firmar no firmé mucho, así que se hicieron indispensables unos whiskies.

A la salida, ya de noche, me encontré con Chavi Azpeitia y acabamos en el Hotel Kafka, vaciando botellas: fue bastante indispensable.

Mientras iba de vuelta a casa, rozando las paredes con las manos y silbando bajito un tanto, vi a Eloy Tizón en una librería que han puesto en mi calle y que se llama Tres rosas amarillas. Entré a saludar y repostar, sólo porque se había hecho indispensable, una emergencia.

Cansado sí que llegué, sí.

Nublado de tetas como si fuera a llover a cántaros, hasta dejar las aceras encharcadas.

-¡Cómo me vienes! Si es que eres más tonto...
-Un poco sí: lo indispensable.
-Anda, ven.

A menudo me pregunto cuánto será mi mínimo indispensable de ser tonto, de copas, de lectura, de pasear con las manos en los bolsillos.

¿Y el tuyo?

Etiquetas: , , , ,

lunes 21 de abril de 2008

Mala pata

Fue salir del estudio de Félix y sonar el móvil.

-Que han llamado del cole -eso me dijo la madre de Anusca.

Que llamen del cole es lo peor que le puede pasar a unos padres.

¿Mala conducta? ¿Canibalismo en las aulas? ¿El Rufino entero en cuarentena por escorbuto? ¿Brote de meningitis?

Por suerte, fue solamente un nuevo esguince de Anusca, esta vez en el otro pie. Radiografías (o fotografías de mi esqueleto, como las llama ella, con más propiedad). Venda. Muleta.

Al día siguiente nos habían invitado a cenar Marta Sanz y Chema y llamé por la mañana.

-Ya está todo preparado -me dijo Marta.

-¿Es comida tarterable, la puedes meter en una tupper y os venís para acá? Es que mi hija está menos transportable...

-Todo es transportable en tartera.

-Pues hecho.

No me acordaba de cuántos años tiene la hija de Isaac Rosa, así que a mi hija y a la de mi novia les dije que vendría un bebé.

-¿Un bebe? ¿Para nosotras?
-¡Eso! ¿Podemos "cuidarlo"?

Lo preguntaron como si fueran la niña de El Exorcista.

Cuando llegó Olivia la secuestraron y la encerraon en su cuarto, para "cuidarla".

En fin, comimos como canónigos, charlamos, nos reímos y bebimos hasta no poder más.

Al día siguiente fui a una charla de Lorenzo Sila en Saint-Louis University y luego comí con Ángeles Encinar y Lorenzo.

-Hay que tener una actitud moral -creo que dije, supongo que habría bebido o algo así, porque si no, no me lo explico.
-Vale, pero lo moral no es hacer las cosas bien. A veces uno hace cosas que no están bien. Lo que caracteriza una actitud moral es conservar la capacidad de avergonzarse.

Me parece que tiene razón Lorenzo.

¿Tú qué piensas? ¿Tú te avergüenzas? ¿Has hecho algo que te dé vergüenza haber hecho? ¿Eres moral?

Ayer Día del Libro, mañana te lo cuento.

sábado 19 de abril de 2008

Comulgar con ruedas de Molina

En El País entrevistan a César Antonio Molina y me apresuro a leerla.

Molina nunca decepciona, siempre está a la altura de lo que se espera de él.

Le pregunta el periodista por su notoria afición a cesar gente para poner a otros y el tío nos elabora una novedosa y profunda teoría política sobre los nombramientos.

Ésta:

TEORÍA MOLINA SOBRE CESES Y NOMBRAMIENTOS:

En todos los lugares, el director tiene el derecho de cambiar a sus equipos. Pues lo mismo un ministro o un presidente del Gobierno. ¿Por qué no investiga usted los cambios que ha habido en otros ministerios? ¿Por qué no investiga los ceses que ha habido estos días en el Instituto Cervantes, de antiguos colaboradores míos, ceses que se han ejecutado sólo por fastidiarme a mí? En cambio, nosotros, todos los cambios los hemos hecho siguiendo las buenas prácticas.



¿Ha quedado claro?

Pues a espabilar.

Hay dos tipos de ceses y nombramientos:

A) Los que hace César Antonio Molina. Estos ceses Y nombramientos son un derecho que él tiene y no deben discutirse. Más faltaba que él no pudiera cambiar un equipo. Los que hay que "investigar" son los del tipo (B). En lugar de de preguntarle a él (¡a él!), ¿por qué no "investigan" a los demás, eh? Como un niño acusica: yo no he sido, pero anda que la otra, la Caffarel.

B) Los que hacen los demás. Estos (abominables) ceses y nombramientos tienen un único objetivo: fastidiar a César Antonio Molina. Sí, señor. No se hacen con otra finalidad. La directora del Cervantes, es obvio, no tiene el mismo derecho a cambiar su equipo. Qué va: ella lo hace para fastidiar. Por pura maldad y ganas de hacer daño al pobre y desvalido Molina.

Las mujeres, ya se sabe, ¡con tal de chinchar!

Un aplauso para Molina, que nunca decepciona.

A mí cada día me entretiene más comulgar con las legendarias ruedas de Molina.

Yo, como Molina, todo lo hago por puro altruismo, con "buenas prácticas". Si los demás hacen lo mismo, salta a la vista que lo hacen con el único propósito de fastidiarme a mí.

Somos malos malasombra, somos malos de verdad
y más malos que la quina
¡que sólo saben chinchar!


Hay gente, demasiada gente, que en esta vida sólo tiene un objetivo: fastidiar a César Antonio Molina.

Son capaces de todo con tal de darle un disgusto a este señor que no les ha hecho nada.

Cuánta maldad, ¿a que sí?

Etiquetas: , , ,

viernes 18 de abril de 2008

Félix de la Concha



¿Éste soy yo?

Sí, así me ve Félix.

Verse uno mismo desde fuera, desde la mirada de otro, es perturbador.

Conocí a Ana Merino hace años en una Semana Negra de Gijón donde lo pasamos muy bien e incluso escribimos juntos un cuento a cuatro manos, una noche, en la redacción de A Quemarropa (el periódico de la Semana). Sus poemas me gustan mucho. Ella también.

A través de Ana conocí a Félix de la Concha: me entusiasma discutir a voces con ellos y con Ángela Vallvey sobre Israel y Palestina en el bar de Pedro.

El otro día me llama Félix y me propone posar para un retrato.

-Claro, no sabes lo vanidoso que soy, me encanta -le dije.

Sólo he posado otra vez, para mi amigo Arturo Revuelta, y me lo pasé muy bien.

A mí me gustan los pintores, el desorden que tienen, la cantidad de objetos que acumulan, yo creo que van con carretillas o con carritos de la compra, en cuanto cae la tarde, recogiendo lo que encuentran en los contenedores, juntando cartones, coleccionando platos de peltre, baldosas rotas y muelles oxidados. Me encanta lo poco que hablan, lo mucho que preguntan y la velocidad a la que se concentran en su trabajo.

A mí, que soy muy vago, ver a un pintor pintando me tranquiliza.

Me digo: bueno, no pasa nada, alguien ya se está haciendo cargo de todo.

Así que me fui a casa de Félix, aquí al lado, en Palma, y me pintó.

La cosa es una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo, en la que ya hay cincuenta retratos que pintó en 2005. Son retratos con conversación, porque mientras pinta graba una charla con el retratado y se puede escuchar al ver el cuadro. Ahora Félix está añadiendo más retratos, pinta uno cada día y los muestra en un blog sobre el proyecto. Luego se unirán todos en el Museo. Aquí puedes ver el blog de Félix: Diario de una exposición.

Félix se disfrazó de pintor, con una especie de pijama, gorra y una camiseta manchada de colores, y se puso a pintar mientras charlábamos. Tardó un poco más de dos horas y ni sé ya las tonterías que debí de decir, con tal de no dejar de hablar.

Este es Félix ante la obra recién terminada:



¿Tú también me ves así, como me ve Félix?

Yo estoy acostumbrado a verme mirándome, en fotos o en el espejo, mis ojos me miran casi siempre. Aquí no, aquí estoy mirando para otro lado y veo a un desconocido.

Un tipo casi machadiano: triste, cansado, pensativo y viejo.

También me gustaría ver a un tipo convencido su tarea, un tipo que ha aceptado una responsabilidad y ae repite a menudo a sí mismo, en voz muy baja: "la alegría es mi deber diario".

¿Tú qué ves? ¿A quién ves? ¿Me ves a mí?

Etiquetas: , , , ,

martes 15 de abril de 2008

Con tetas, pero sin páncreas

Varias escritoras han publicado un libro sobre sexo o así. Además, se han fotografiado todas de esta forma tan sugerente:



Qué monada, ¿a que sí?

Son curiosas las chicas. Si comentas cómo van vestidas las ministras, eres machista. Ellas en cambio se fotografían en Vogue.

Si dices que una escritora está buena, eres machista. Ellas en cambio acompañan sus libros con unas fotos sin ropa.

Los escritores también son curiosos. El otro día estaba en una presentación de un libro. El autor hizo un brindis al sol, una de esas cosas que tanto regocijo provocan en el respetable, una declaración en contra de la pedantería:

-No les voy a hablar de mi poética, porque yo no tengo ninguna poética ni cosas de ésas. Cuando me preguntan por mi poética, digo que yo no tengo de eso, que yo sólo escribo.

Formidable. Gran ovación. Queda bien no tener poética.

A mí me suena como decir que no tengo páncreas. ¿Páncreas yo? ¡Vamos anda! ¡Si nunca me lo he visto...!

-Yo no hablo de mi intestino, porque no tengo intestino. Yo me limito a comer y ya está.

¿Se puede mear sin saber que uno tiene vejiga? Sí, claro, pero no por eso deja uno de tenerla, ¿no te parece?

Por tosca que sea, por primitiva, mínúscula o improvisada que sea, un escritor tendrá una poética, aunque ni siquiera lo sepa.

¿O no? A lo mejor no. A lo mejor escribir una novela es como estornudar: algo que se hace sin querer, sin saber ni preguntarse cómo, algo que no se aprende y que ni siquiera puede evitarse. Algo que no se piensa antes, sino que te sucede en el momento más inoportuno.

-He escrito una novela.
-¡Jesús!

¿Tú qué piensas?

Claro que, ahora que por fin hay un ministerio de Igualdad, ¿nos obligarán a los escritores a hacer lo mismo que las escritoras?

¿Tendremos que poner en la contraportada fotos insinuantes?

¿Algo así será obligatorio a partir de ahora?




Dios mío.

Qué miedo.

¡Pobre Antonio Gamoneda!

¡Pobre Juan Manuel de Prada!

¡No quiero ni pensar en el pobre David Torres! Me dan escalofríos.

Y sobre todo:

¡Pobre de mí!

Con las nuevas fotos de contraportada homologadas por el Ministerio de Igualdad, el único que va a vender libros a partir de ahora va a ser Andrés Barba, ¿no crees?

Etiquetas: , , ,

© 2006 Hotel Kafka. C. Hortaleza 104, MadridTfno. 917 025 016Sala de PrensaMapa del SiteAviso Legalinfo@hotelkafka.com