Corazones insurrectos
Así que ayer por la mañana fui a la buhardilla de mi chica, que estaba preparando una tortilla de patata.

Luego nos fuimos a casa de Vanessa y Edu Vilas. Comimos pollo y la tortilla manufacturada por mi chica a gran altura, sobre los tejados de Madrid, y anchoas. Bebimos. La tortilla estaba buena. Seguimos bebiendo.

Edu y Vanessa tienen dos perros: Colette y Tosco. A Tosco, porque es casi ciego, yo le llamo siempre Borges.
--Borges me está lamiendo las piernas --anuncié.
--Un buen comienzo de novela --propuso Eduardo--: "Borges me lamía las rodillas mientras yo leía El juguete rabioso".
Mi corazón, me di cuenta de inmediato, es como un animal doméstico: caprichoso, reclama atención constante, no soporta que le dejen solo.
¿Tu corazón también es así? ¿O se comporta con más independencia, como un gato? ¿Se sube a los tejados por la noche? ¿Viene tu corazón cuando le llamas? ¿Te está esperando cuando vuelves a casa de madrugada? ¿Te obedece?
Mi corazón está domesticado, si le dejara solo, en la naturaleza, en medio de la ciudad, no sabría defenderse ni encontrar alimento. Mi corazón no sobreviviría entre desconocidos: ya no tiene instinto, pero aún no sabe hablar.
¿Tienes tú un corazón silvestre, un corazón capaz de salir adelante por sí mismo? ¿Tienes tú un corazón insurrecto, incapaz de aprender a comportarse? ¿Un corazón que ladra y araña la puerta cuando se queda solo?
Aquí hay un vídeo breve en el que aparezco, ¡cómo no!, haciendo el payaso. El que lo grabó tampoco debía de andar muy derecho, a juzgar por sus notorias dificulades para enderezar la cámara.
Luego nos fuimos a casa de Vanessa y Edu Vilas. Comimos pollo y la tortilla manufacturada por mi chica a gran altura, sobre los tejados de Madrid, y anchoas. Bebimos. La tortilla estaba buena. Seguimos bebiendo.
Edu y Vanessa tienen dos perros: Colette y Tosco. A Tosco, porque es casi ciego, yo le llamo siempre Borges.
--Borges me está lamiendo las piernas --anuncié.
--Un buen comienzo de novela --propuso Eduardo--: "Borges me lamía las rodillas mientras yo leía El juguete rabioso".
Mi corazón, me di cuenta de inmediato, es como un animal doméstico: caprichoso, reclama atención constante, no soporta que le dejen solo.
¿Tu corazón también es así? ¿O se comporta con más independencia, como un gato? ¿Se sube a los tejados por la noche? ¿Viene tu corazón cuando le llamas? ¿Te está esperando cuando vuelves a casa de madrugada? ¿Te obedece?
Mi corazón está domesticado, si le dejara solo, en la naturaleza, en medio de la ciudad, no sabría defenderse ni encontrar alimento. Mi corazón no sobreviviría entre desconocidos: ya no tiene instinto, pero aún no sabe hablar.
¿Tienes tú un corazón silvestre, un corazón capaz de salir adelante por sí mismo? ¿Tienes tú un corazón insurrecto, incapaz de aprender a comportarse? ¿Un corazón que ladra y araña la puerta cuando se queda solo?
Aquí hay un vídeo breve en el que aparezco, ¡cómo no!, haciendo el payaso. El que lo grabó tampoco debía de andar muy derecho, a juzgar por sus notorias dificulades para enderezar la cámara.
Etiquetas: animales, Eduardo Vilas, mi chica, Rafael Reig, Roberto Arlt
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.


7 Comments:
Don Rafael, mientras usted sigue disfrutando de sus amistades, vinos y tortillas (y hace muy bien, que hasta nos da un poco de envidia), un terremoto está sacudiendo los cimientos de la literatura... Sí, los suelos del cotarro se están resquebrajando, y más de uno se va a caer por el agujero. Como experto en actualidades y cerebro de conspiraciones, creo que debe estar al corriente del acontecimiento (el día D ha llegado, o el comando G, que para el caso es lo mismo): http://nietos-de-solana.blogspot.com/
Los caníbales de la literatura se devoran entre sí, aunque sea sólo como deporte gastronómico, para pasar el rato (sin acritud, como decía Felipe González, sin maldad); lo difícil es hacer la digestión.
Nada volverá a ser lo mismo. Hasta la tortilla de patatas de su chica tendrá un sabor distinto. El cogollito tiene los días contados y acabará doblando la cerviz. Tiembla, Javier Marías.
Un saludo, Sr. Reig.
Mi corazón es como una patata con las que tan ricas tortillas hace su prójima, al igual que la mía. Deberían hacer un día un concurso, de corazones o de tortillas, es lo mismo, ellas, digo, y mientras tanto, nosotros, carreras de corazones insumisos. Aunque, si la meta es el reposo del corredor, no le veo la gracia a ganar esa carrera, por lo que debería ser un concurso sin final, correr por correr, como lo de follar, sin más consecuencias que una breve y pasajera agonía. No es una proposición, no tema, sino una por hablar de corazones.
Se ha comido "disgresión antihipertensiva" su máquina de mierda. Iba al final, entre "una" y "por".
Pues últimamente no sé si es mi corazón el que no obedece cuando le llamo o soy yo la que no obedece cuando me llama mi corazón.
¡Y ahí estamos!
Qué espanto!!!!
Dios mío, Conde-Duque, me deja usted con la carne de gallina. Ahora mismo me meteré en esa dirección para intentar tomar medidas. Gracias por el aviso.
¿Y un concurso de tortillas de patata, don Antonio? Usted y yo de jurado, claro, de catadores...
Esas dudas con comunes, al menos para mí, anónima. Ánimo.
¿Qué es lo espantoso, anónimo? ¿Lo que he escrito? ¿Mi forma de bailar? ¿La tortilla de mi chica? ¿Las tres cosas?
Pues a mí me gusta lo que dice Roberto Iniesta:
Que nunca llevo el corazón encima, por si me lo quitan.
Fdo: La otra cabeza de Criticones.
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