l Blog de Rafael Reig: El capítulo 31

Rafael Reig, escritor y profesor de literatura

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viernes 15 de junio de 2007

El capítulo 31

Anoche mi hija Anusca eligió Huckleberry Finn para que le leyera antes de dormir.

Es una de mis novelas preferidas.

Leímos el primer capítulo. Huck vuelve a casa de la viuda, a la que ahora no hay más remedio que imaginar con la cara de Elena Salgado, la ministra déspota: tampoco deja fumar ni beber.

La viuda le habla del cielo y el infierno y Huck ya intuye que quizá preferiría el infierno, sobre todo porque la viuda tiene planes de ir al cielo y porque le dice que Tom Sawyer va a ir al infierno.

--Yo prefiero ir al infierno, sobre todo por los amigos --solíamos decir de jóvenes.

Sólo leímos hasta que Huck se mete en su habitación a fumar a escondidas y luego oye un ruido en la oscuridad, al otro lado de la ventana.

Salta por la ventana... "y, por supuesto, allí estaba Tom Sawyer, esperándome".

Así es como comienza siempre una buena aventura. El lector salta por la ventana, hacia la oscuridad, sin mirar atrás.

Supongo que Mark Twain ya estará prohibido en Estados Unidos: salen niños fumando. Con eso te lo digo todo.

La verdad, cuando leo algo tan resplandeciente, se me quitan las ganas de escribir. ¿Para qué? ¿No es mejor leer? ¿Qué va a añadir uno, después de esto?

Dejé su libro en la mesita de noche de Anusca y busqué otro ejemplar.

Me quedé fumando y leyendo en la cama.

Es la tercera vez que leo esta novela.

La primera, de niño, en un libro de tapas amarillas que he perdido. La segunda, de joven, en una edición de Penguin, la misma que tengo ahora delante.

El vértice de la novela está en el capítulo 31. Huck decide ser bueno, salvarse, hacer caso a los mayores; así que escribe una nota delatando a Jim, el negro fugitivo.

Entonces "todas mis dificultades desaparecieron".

Con el papel al lado, se queda pensando. Por fin tiene la posibilidad de que desaparezcan todas las dificultades y ser aceptado por los que mandan.

Sí, pero Huck también recuerda a Jim, lo que han pasado juntos, y se da cuenta de que está metido en un buen lío:

It was a close place. I took it up, and held it in my hand. I was a trembling, because I'd got to decide, forever, betwixt two things, and I knowed it. I studied a minute, sort of holding my breath, and then says to myself:
"All right, then, I'll go to hell", and tore it up.


O sea, más o menos:

Estaba metido en un buen lío. Cogí el papel y lo sujeté en la mano. Estaba temblando, porque tenía que decidir, para siempre, entre dos cosas, y lo sabía. Estudié el asunto un minuto, conteniendo la respiración, y luego me dije a mí mismo:
--Vale, muy bien, pues entonces iré al infierno --y rompí el papel.


Dan ganas de aplaudir.

Huck decide ir al infierno, seguir su propio juicio y mandar a hacer gárgaras la moral que le imponen.

Renuncia a que desaparezcan todos sus problemas.

No hay mayor aventura posible: la de tener una vida propia.

A los veinte años, me emocioné leyendo esto. Vivía en Long Island, en casa de Esther y Antonio, que me habían mandado la llave en un sobre por correo. Leía por las mañanas, de cinco a seis, antes de empezar a escribir. Cuando acabé el capítulo 31 me sentí tan feliz que me puse un whisky.

A los cuarenta y tres me ha sucedido lo mismo, aunque anoche no tenía whisky en casa. Qué le vamos a hacer.

Espero que mi hija, cuando lleguemos a este capítulo 31, se emocione también:

--¡Alero timotero! --confío que diga, que es lo que dicen ahora, no sé por qué--. ¡¡Bien por Huck!!

El niño que fui guardaba como un tesoro el libro de tapas amarillas.

Este niño, en Cangas de Onís, la oveja negra con la oveja negra, merendando juntos:



¿Tiene razón entonces Martín Casariego, el talibán? ¿Todas las novelas son una decisión moral? ¿Tú qué crees?

En la vida, cada dos por tres tenemos que volver al capítulo 31. Una y otra vez, en casa, en el trabajo, con los amigos, al empezar a escribir, nos encontramos en ese capítulo 31, con el papel en la mano.

¿Y tú qué vas a hacer cuando llegues a tu capítulo 31? ¿Quieres que "desaparezcan todas las dificultades" o prefieres ir al infierno, con los amigos? ¿Vas a romper el papel? ¿Vas a escuchar a tus recuerdos o a lo que te dicen los mayores?

Tú decides.

Cada vez que volvemos a leer otro capítulo 31, tenemos que decidir.

Ojalá no me equivoque. Ojalá no te equivoques.

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15 Comments:

Anonymous Javier said...

Lo expones de una manera que me parece a mí que el infierno se va a llenar de gente. ¿Quién eres tú? ¿Un agente comercial de Belcebú?

Creo que hay un problema en lo que cuentas: las que van a ir al infierno son la viuda y Elena Salgado; donde se fuma, se bebe y se lo pasa uno bien es en el cielo.

Yo, al cielo.

Javier

15 de junio de 2007 7:19  
Anonymous Brodsky said...

Impresionante la literatura que ha ido naciendo en la orilla del Mississipi, pocos ríos tan literarios, quizá el Neva.
Su artículo es brillante, muchas gracias.

15 de junio de 2007 8:13  
Blogger Más claro, agua said...

La verdadera patria de uno se ubica donde residen sus amigos. Llámalo infierno, llámalo bar de la esquina, pero que nunca te falte la única bandera por la que meerce la pena luchar: el abrazo amigo.

Su artículo: Chapeau! (o, como dicen en Francia, "Shapó"!)

15 de junio de 2007 8:18  
Anonymous Anónimo said...

Hola! Me paseo clandestinamente por su blog (ahora le pido la venia) desde que le vi en el programa de Jesús Vigorra "El Publico Lee". No estuve de acuerdo con usted en casi nada de lo que dijo en aquel programa, pero estaba claro que tenía usted un criterio. Por eso busqué su blog. Nada más. Bueno, felicitarle por el comentario de El Capitulo 31, me ha entusiasmado.
Un saludo

15 de junio de 2007 11:08  
Blogger Quiquecu said...

A ver si cuentas algo de tu etapa conquense.

Uno de Cuenca.

15 de junio de 2007 16:16  
Blogger nata said...

Tenía el propósito de no entrar aquí tan a menudo, pero con estas cosas que escribes es difícil resistirse, y yo no me caracterizo precisamente por la capacidad de cumplir mis propósitos.
No creo que continuamente tengamos nuestro capítulo 31, afortunadamente, sería agotador estar todo el día decidiendo.
Pero creo que cuando decidimos, nunca nos equivocamos; podemos acertar mal, pero no equivocarnos. Quiero decir que cuando podemos decidir -que no siempre podemos-, decidir decidir siempre es un acierto, la equivocación sería no hacerlo, no tener vida propia. Otra cosa es que acertemos o no con lo que decidamos.

Y con los amigos no se decide: ellos son la única decisión posible.

(prometo no escribir en unos días)

Un beso.

Y gracias Rafa por decidir escribir.

15 de junio de 2007 17:15  
Anonymous Andrés Gastey said...

Bueno, don Rafael.

Le ha salido un artículo, si me permite la franqueza, un tanto juansalvadorgaviotesco. Me deja el regusto de ese tipo de frases, como "atrévete a ser tú mismo", que sirven para vender un coche, enganchar a alguien a una dieta o hacer propaganda de unas compresas.

Que esta vía de superación personal que ofrece conduzca al infierno no modifica la cosa, porque su infierno es un puticlú con güisquis de malta y mozas cariñosas, y así cualquiera.

Volvamos a la verdadera subversión; a infringir los mandamientos por su orden y a incendiar academias.

Abrazos.

15 de junio de 2007 17:53  
Anonymous Rafael Fernández said...

Nada de acuerdo con Andrés Gastoy.
de juansalvadorgaviotesco nada. Una cosa es el cielo y otra bien distinta el infierno.

Además, de vez en cuando es precioso soñar e invitar a soñar y todo el mundo debería de estar obligado a ello. Incluso los que prefieren el infierno.

Me ha gustado mucho el post. He visto cada una de las imágenes (la niña, el libro pinguin, etc) en mi cabeza. Y de forma entrañable.

Saludos.

15 de junio de 2007 20:26  
Blogger Rafael Reig said...

Querido Javier, si tú vas al cielo, yo también, claro.
Gracias a usted, Brodsky. Sí, el Neva es otro río muy literario.
Gracias, Más claro agua. Sin duda.
Anónimo, me alegro de que no estuviera de acuerdo con nada de lo que dije. Yo creo que pensar es eso: decir algo con lo que se pueda no estar de acuerdo. Gracias por la visita.
Bueno, intentaré relatar algo, pero en Cuenca era muy niño, tengo pocos recuerdos. Si bien, hace poco fui a un instituto en Cuenca y lo pasé realmente bien, comimos estupendamente y nos tomamos luego unos whiskies muy agradables. Otro día lo cuento.
Nata, querida, no sé si te sigo, con eso de "acertar mal". Pero sigue escribiendo, que a mí me encanta leerte. Gracias.
Pues no sé qué decirle, don Andrés Gastey. Puede que tenga razón. ¿Obran en mi descargo las lecturas que vengo haciendo por razones profesionales, desde Paolo Coelho al Dr. Estivill? Lamento su regusto, en cualquier caso.
D. Rafael Fernández, le agradezco su opinión y me alegra que le haya podido transmitir algo de la emoción que yo sentí.
Gracias a todos. Abrazos.

15 de junio de 2007 22:55  
Anonymous Anónimo said...

esa foto es más tierna que el día de la madre, sólo falta el abuelo de Heidi con el tazón de leche recién ordeñada...
... nunca pude con ningún libro de Pérez, y sus columnas me ponen muy nerviosa. El es un fantasma. A la gente le gusta, de eso me he dado cuenta.
Y que viva Huck y los libros y la música que vienen de allí de Dixieland.

16 de junio de 2007 12:16  
Blogger Rafael Reig said...

Ja,ja... sí, es verdad. Es tierna. Por ahí debe andar mi abuelo Benito, pero no sale en la foto. Te diré una cosa: detesto la leche. Creo que es por haber tomado de pequeño leche recién ordeñada. Al parece, no me sentó muy bien (eso me contaron, me puse malo alguna vez). El queso en cambio me encanta. Y, como a ti, la literatura del Sur de EE.UU. Un beso.

17 de junio de 2007 8:41  
Blogger Katrina said...

¡Al infierno! Yo también decidí ir. Y como dice usted, lo sigo decidiendo continuamente.
Muy auténtico el texto.

Respecto a uno de los comentarios a los que ha respondido:
"¿Obran en mi descargo las lecturas que vengo haciendo por razones profesionales, desde Paolo Coelho al Dr. Estivill?"
¡Me atrevería a aventurar que sí! La absolución de parte de los cargos a Jodorowski me pareció también sospechosa. Empiezo a comprender... jajajaja.

Un saludo y gracias, Señor Reig.

18 de junio de 2007 0:02  
Blogger Rafael Reig said...

Otro saludo, Katrina, y gracias a ti. Más que absolver a Jodorowsky, lo que pretendí fue acusar al fraude del arte contemporáneo a través de Jodorowsky. Jodorowsky es un vendedor de crecepelos, vale, pero ¿y todos los demás que hacen lo mismo, pero a quienes se toma en serio?

18 de junio de 2007 7:37  
Anonymous Anónimo said...

De acuerdo con usted en todo ¡qué bonito artículo sobre un libro tan estimulante! Me parece precioso ese "y por supuesto allí estaba Tom Sawyer esperándome", que no recordaba de mi antigua lectura. Le cuento que trabajo en una biblioteca pública y tuve que atender a una madre que venía indignada porque a su niña (siempre son "niños" o "niñas" aunque tengas 16 añazos y puedan ir ellos perfectamente a por el libro) le habían mandado leer "Ton Sawyer": lamentablemente tuve que oir "hija, yo no sé cómo les mandan estos libros", y cuando lo ve "vaya rollo, ¿no?". COn esos ánimos que le daría su progenitora dudo mucho que el vástago abriera siquiera el libro. ¿Qué esperan? ¿Que les recomienden Harry Potter? ¿Los libros que de todas maneras leerán? ¿Los insoportables tochos de niñatas ligonas que hoy se perpetran para adolescentes, con cubiertas rosas, y niñas-magas, y estrellitas y todo, absolutamente repulsivos? ¿biografías de futbolistas tal como "Yo quiero ser Raúl", sí, así, se lo juro, con un niño en portada besando un anillo tras un gol, se supone? En fin . Usted siga así; me encantaron sus artículos sobre Coelho y el más reciente sobre ROjas MArcos. Tiene toda la razón.

27 de junio de 2007 20:30  
Blogger Rafael Reig said...

Muchas gracias, anónimo, y siga usted también así: recomiende libros que, si no fuera por usted, no leerían. Se lo agradecerán (ellos; no sus progenitores).
Un abrazo

28 de junio de 2007 11:57  

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