¿En directo o en diferido?
Ayer estaba tomando cañas con Antonio Orejudo y Eduardo Vilas en La Ardosa de la calle Colón. Entró un tipo más bien bajito, con una bolsa de plástico en la mano y unas gafas de sol puestas. Tropezó, claro, porque en la taberna siempre hay una acogedora penumbra muy poco propicia a las gafas de sol.
--¿Ese no es Ray Loriga? preguntó Orejudo.
--Ni puta, pero supongo que sí. Si no, ¿por qué iba a llevar gafas de sol?,dije yo.
--Atinada presunción, dictaminó Vilas.
El presunto Loriga pidió una cerveza y se quitó las gafas. En ese orden, sí.
--Oye, ¿tú eres Loriga?, le pregunté.
--Yes, dijo en inglés.
--Soy Reig.
Nos sentamos en el mismo barril (las mesas en La Ardosa son barriles; las camareras, hipnóticas; el salmorejo, excelente; y para ir al baño hay que pasar por debajo de la barra, lo que siempre alegra la mañana). Charlamos un rato. En versión original subtitulada.
Loriga (ya no presunto) está pálido, casi lácteo, como si llevara una agotadora vida nocturna, y muy flaco, no debe de comer nada que no salga de un envase de plástico. Lleva en la muñeca una respetable cantidad de pulseras, casi como Aznar, pero con más cuero, no sé si me explico.
--¿Tú vivías en el ático de Merino?, le pregunté.
--Yes, admitió. Encima de Javier. Lo alquilaba como estudio.
Estaría estudiando, claro. Los estudiantes necesitan estudios, ¿no? Si quisiera escribir, lo alquilaría como escritorio; y si quisiera dormir, como dormitorio; y si quisiera tomar copas y charlar con los amigos, como libatorio-locutorio. Es de sentido común, ¿no?
Javier Marías. Ignacio Merino. Ray Loriga. Menudo inmueble, pobres vecinos, qué bolsas de basura llenas de manuscritos.
Dice Loriga que era pavoroso encontrarse con Marías en la escalera, porque se empecinaba en regalarle varios libros.
--No parece tan terrible, comento.
--Todos escritos por él, aclara.
--Entonces terrible, sí.
Un relámpago interrumpió la acogedora tiniebla de La Ardosa, se había abierto la puerta y entraba por un momento la luz de la calle. Loriga pestañeó. A continuación, apareció Marcos Giralt Torrente.
¿Es que todos los plumíferos de Madrid han decidido esta mañana tomar cañas en La Ardosa?
Es la primera vez en mi vida que veo a Marcos despeinado. La verdad, produce cierta sensación de alarma.
--Menuda resaca, comenta.
Es la primera vez en mi vida que veo a Marcos con resaca. La verdad, provoca alarma social. Si Marcos tiene resaca, ¿a qué no estaremos expuestos los demás? ¿De qué no seremos víctimas? ¿Qué sórdidas y contundentes amenazas no nos acecharán?
Además, dice que anoche le robaron la cartera.
--Te advertí que no te pasearas por Chueca con el delantal puesto, opina Loriga, con misterioso acento. Añade: No era buena idea.
--No, pero la tía aquella que llevaba la argolla en el ombligo me lo regaló?
¿Qué hay que hacer en estos casos?
No preguntar nada. Jamás. Pase lo que pase.
En cuanto preguntas qué es eso del delantal, estás perdido sin remedio. Te expones a que te lo cuenten.
¿Hay algo más aburrido que una noche de copas contada?
Bueno, sí, quizá un polvo contado.
De joven pensaba yo que iba con retraso, que siempre llegaba tarde, porque quedaba con amigos y siempre contaban y recordaban lo bien que lo habían pasado? ¡la noche anterior!
Al parecer yo llegaba el día después, en lugar de la noche anterior, esa legendaria noche anterior que acabó con un delantal puesto en la plaza de Chueca, por ejemplo.
Recuerdo el primer día que escuché a unos amigos hablar, como siempre, con pasión desatada, de la noche anterior. Tardé en reconocerla, claro, en darme cuenta de que era la misma noche en la que yo sí que había estado. Lo contaban como si hubiera sido la gran juerga, algo épico, pero yo recordaba perfectamente que nos habíamos aburrido como ostras (con delantales puestos en la plaza de Chueca, por ejemplo) y que mis amigos, esa noche, también estuvieron recordando otra noche anterior en la que sí que lo pasaron bien.
Llegué a la conclusión de que aquellos amigos míos, en realidad, no se divertían nunca: tenían la sensación de haberse divertido, sí, pero siempre sucedió otro día, en otro lugar, con otras personas.
Decidí apuntarme al otro bando, ese borroso ejército enemigo, esa oscura gente que se divierte en el acto, donde le pille, esté con quien esté; decidí divertirme con lo puesto, a todas horas y aquí te pillo, aquí te mato.
Y así me ha ido, claro, en el bando de los perdedores.
¿Les pasará lo mismo a Loriga y a Marcos Giralt? ¿Tú que piensas? ¿En qué bando crees tú que se han alistado ellos?
Fiel a mis convicciones, dejé a los escritores de leyenda en la tenebrosa Ardosa y nos fuimos a comernos un cocido donde Pepi.
Luego me fui con mi hija Anusca en metro, que le gusta mucho.

Y después, en casa, la bañé.

Anusca y yo nos divertimos siempre en directo, nunca en diferido. Nos divertimos con lo primero que haya disponible, un viaje en metro, jugar a monjitas con las toallas o dibujar delfines, nos da lo mismo: somos de esa oscura gente que se entretiene con cualquier cosa.
Y tú, ¿de qué lado estás? ¿Te diviertes en directo o te lo retransmites en diferido al día siguiente?
--¿Ese no es Ray Loriga? preguntó Orejudo.
--Ni puta, pero supongo que sí. Si no, ¿por qué iba a llevar gafas de sol?,dije yo.
--Atinada presunción, dictaminó Vilas.
El presunto Loriga pidió una cerveza y se quitó las gafas. En ese orden, sí.
--Oye, ¿tú eres Loriga?, le pregunté.
--Yes, dijo en inglés.
--Soy Reig.
Nos sentamos en el mismo barril (las mesas en La Ardosa son barriles; las camareras, hipnóticas; el salmorejo, excelente; y para ir al baño hay que pasar por debajo de la barra, lo que siempre alegra la mañana). Charlamos un rato. En versión original subtitulada.
Loriga (ya no presunto) está pálido, casi lácteo, como si llevara una agotadora vida nocturna, y muy flaco, no debe de comer nada que no salga de un envase de plástico. Lleva en la muñeca una respetable cantidad de pulseras, casi como Aznar, pero con más cuero, no sé si me explico.
--¿Tú vivías en el ático de Merino?, le pregunté.
--Yes, admitió. Encima de Javier. Lo alquilaba como estudio.
Estaría estudiando, claro. Los estudiantes necesitan estudios, ¿no? Si quisiera escribir, lo alquilaría como escritorio; y si quisiera dormir, como dormitorio; y si quisiera tomar copas y charlar con los amigos, como libatorio-locutorio. Es de sentido común, ¿no?
Javier Marías. Ignacio Merino. Ray Loriga. Menudo inmueble, pobres vecinos, qué bolsas de basura llenas de manuscritos.
Dice Loriga que era pavoroso encontrarse con Marías en la escalera, porque se empecinaba en regalarle varios libros.
--No parece tan terrible, comento.
--Todos escritos por él, aclara.
--Entonces terrible, sí.
Un relámpago interrumpió la acogedora tiniebla de La Ardosa, se había abierto la puerta y entraba por un momento la luz de la calle. Loriga pestañeó. A continuación, apareció Marcos Giralt Torrente.
¿Es que todos los plumíferos de Madrid han decidido esta mañana tomar cañas en La Ardosa?
Es la primera vez en mi vida que veo a Marcos despeinado. La verdad, produce cierta sensación de alarma.
--Menuda resaca, comenta.
Es la primera vez en mi vida que veo a Marcos con resaca. La verdad, provoca alarma social. Si Marcos tiene resaca, ¿a qué no estaremos expuestos los demás? ¿De qué no seremos víctimas? ¿Qué sórdidas y contundentes amenazas no nos acecharán?
Además, dice que anoche le robaron la cartera.
--Te advertí que no te pasearas por Chueca con el delantal puesto, opina Loriga, con misterioso acento. Añade: No era buena idea.
--No, pero la tía aquella que llevaba la argolla en el ombligo me lo regaló?
¿Qué hay que hacer en estos casos?
No preguntar nada. Jamás. Pase lo que pase.
En cuanto preguntas qué es eso del delantal, estás perdido sin remedio. Te expones a que te lo cuenten.
¿Hay algo más aburrido que una noche de copas contada?
Bueno, sí, quizá un polvo contado.
De joven pensaba yo que iba con retraso, que siempre llegaba tarde, porque quedaba con amigos y siempre contaban y recordaban lo bien que lo habían pasado? ¡la noche anterior!
Al parecer yo llegaba el día después, en lugar de la noche anterior, esa legendaria noche anterior que acabó con un delantal puesto en la plaza de Chueca, por ejemplo.
Recuerdo el primer día que escuché a unos amigos hablar, como siempre, con pasión desatada, de la noche anterior. Tardé en reconocerla, claro, en darme cuenta de que era la misma noche en la que yo sí que había estado. Lo contaban como si hubiera sido la gran juerga, algo épico, pero yo recordaba perfectamente que nos habíamos aburrido como ostras (con delantales puestos en la plaza de Chueca, por ejemplo) y que mis amigos, esa noche, también estuvieron recordando otra noche anterior en la que sí que lo pasaron bien.
Llegué a la conclusión de que aquellos amigos míos, en realidad, no se divertían nunca: tenían la sensación de haberse divertido, sí, pero siempre sucedió otro día, en otro lugar, con otras personas.
Decidí apuntarme al otro bando, ese borroso ejército enemigo, esa oscura gente que se divierte en el acto, donde le pille, esté con quien esté; decidí divertirme con lo puesto, a todas horas y aquí te pillo, aquí te mato.
Y así me ha ido, claro, en el bando de los perdedores.
¿Les pasará lo mismo a Loriga y a Marcos Giralt? ¿Tú que piensas? ¿En qué bando crees tú que se han alistado ellos?
Fiel a mis convicciones, dejé a los escritores de leyenda en la tenebrosa Ardosa y nos fuimos a comernos un cocido donde Pepi.
Luego me fui con mi hija Anusca en metro, que le gusta mucho.
Y después, en casa, la bañé.
Anusca y yo nos divertimos siempre en directo, nunca en diferido. Nos divertimos con lo primero que haya disponible, un viaje en metro, jugar a monjitas con las toallas o dibujar delfines, nos da lo mismo: somos de esa oscura gente que se entretiene con cualquier cosa.
Y tú, ¿de qué lado estás? ¿Te diviertes en directo o te lo retransmites en diferido al día siguiente?
Etiquetas: Antonio Orejudo, Anusca, bares de Madrid, Marcos Giralt, novelistas, Rafael Reig, Ray Loriga
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.


26 Comments:
Buf, Don Rafael...¡qué miedo bajar una reunión de escalera con Marías, Loriga y Merino! ¿te la imaginas?¿saldrían de copas luego juntos?¿qué contarían a la mañana siguiente? Yo por si acaso ya no vuelvo a pasar por la calle Mayor no vaya a ser que acabe abducida y luego ya no se me entienda (q ahora me cuesta un poco) y termine verbalizando en inglés, entre Tomwaits y Tristamshandy. Mejor me doy una vuelta en metro, como tu hija Anusca, que soy de las q me apunto a jugar a lo de las monjitas con las toallas.
Y si algún día nos cruzamos junto a un barril de la bodega Ardosa pídase una de tortilla (huevítica, fantástica), salmorejo y cerveza a mi salud, q por lo q me alegra los días con sus crónicas lo tiene más q ganado.
Un beso
Bueno, la visión de Loriga con la palidez propia del nosotros-fuimos-héroes-pero-ya-no es, cuando menos curiosa, pero no me negará que es consecuente con las directrices marcadas por el asesor de marketing. Ya sabe que un buen escritor, comercialmente hablando, es el buen vendedor. Y qué mejor manera que ser uno mismo el expositor y el diseño gráfico de la marca en cuestión (sea Loriga, en este caso).
por otro lado debo confesar que no lo pasé nada mal leyendo sus primeros libros.
En cuanto a lo del divertimento diferido, pues creo que es un mal que nos ha acechado a todos alguna vez. Quién no ha contado una juerga de tal modo que parezca mucho más divertida de lo que en realidad fue. Divertirse en directo me parece una sana elección, aunque no la única. Recuerdo que un profesor mío me comentó en una ocasión que cómo iba a preferir alguien una descripción (por hermosa que ésta fuera) de una puesta de sol a una verdadera puesta de sol. Yo le reí la gracia como buen alumno que busca el notable, pero siempre he pensado que, en realidad, no lo veo tan claro. Hay puestas y puestas, así como hay descripciones y descripciones. Digo yo que habrá también juergas y juergas. Algunas, casi mejor que las olvidemos.
En vivo y en directo. Yo, por ejemplo, prefiero leer tu blog en la oficina que trabajar.
Siempre es mejor disfrutar en directo. Puede suceder que al día siguiente no te acuerdes de nada y tengas que recurrir al diferido de un extraño, con los peligros que eso conlleva...
En cuanto a la escalera de Loriga-Marías-Merino... ¿se pelearán por ser presidentes de la Comunidad de Vecinos o delegarán automáticamente en el Rey de Redonda? ¿Quién de ellos escribe las actas de las reuniones?
Siempre que puedo, procuro divertirme en directo. Tiene su riesgo pero? es más emocionante. Si el tiempo (o cualquier excusa) no me lo permite, entonces me leo un libro determinado o un blog concreto. Y es que pienso que el problema no es lo que te cuenten, sino quién te lo cuente y cómo te lo cuente.
¿Objetivar lo subjetivo? Depende. Si es con fines científicos, desde luego. Si se trata de aguantar las fanfarronadas de alguien, por supuesto que no. Por muchos polvos mágicos que le ponga.
Yo me divierto con bastante facilidad: intento reírme hasta de mi sombra y poner en práctica eso de ?los raros son los otros?, van con el paso cambiado. Allá ellos, siempre les quedará hablar con pasión desatada.
Y de Ray Loriga? Lo veo muy serio. Va a ser eso: no come bien.
Ah! Además de las pulseras de cuero, Rafael, tiene (o tenía) un tatuaje en el antebrazo izquierdo.
Me encantan los cursos de verano al lado de la playa.
Besos (de frente)
Yo prefiero divertirme en directo, claro está.
Por cierto, acabo de leer dos libros tuyos, "Manual de literatura para caníbales" y "Autobiografía de Marilyn Monroe".
El primero, ambicioso, aunque... diría que no llega a gran novela. Me gustan Rubén Darío, Constantino Bértolo y García Márquez como personajes, pero ninguno de los Belinchón llega a convencerme del todo.
El segundo, no tan ambicioso, sí creo que es una gran novela.
No me preguntes por qué, no sabría justificarme. Nunca he hablado con un escritor acerca de sus libros y podría pillarme los dedos.
Saludos.
Tío, eres un padrazo de los pies a la cabeza.
Me río mucho con las cosas de este blog, algunas veces a carcajadas, pero lo que más me gusta es cuando escribes sobre Anusca.
Por cierto, Perzival ¿?, Manual de literatura es una novela cojonuda, una de las mejores de los últimos años. Te recomiendo que vuelvas a leerla y ya nos contarás.
Saludos!
Anusca, ya es tu obra maestra. No creo que la divinidad se vuelva a mostrar tan generosa de nuevo. Sería demasiada potra. La carne trémulamente pálida de Loriga se debe a que él no tiene una Anusca con quien jugar, las musas ya le permitieron escribir Héroes.
Sea en directo o en diferido a mi lo que me hace gracia es esa actitud de "como nos lo estamos pasando" o "como nos lo pasamos el otro día". Y además como orgullosos, diciendose "somos la ostia".
Muy bueno lo de la misteriosa referencia al delantal, haciendose que estaban hablando entre ellos y deseando que les preguntases. Esa situación me suena mucho.
Pero peor que el relato de una noche de copas será tener de vecino a Javier Marías y que Javier Marías te regale libros de Javier Marías acerca de Javier Marías. Y después comentarlos con Javier Marías. Demasiado Marías.
Queda muy guay decir "Yo prefiero la vida en directo a la diversión en diferido" -y así es como gustan de verse a sí mísmos casi todos los que están opinando- pero a mi modo de ver tiene razón Dan: NO ESTÁ LA COSA TAN CLARA.
Con lo de contar las juergas me ha venido a la cabeza "Trópico de Cáncer". De hecho si SIEMPRE es mejor lo vivido físicamente que lo contado podríamos tirar a la basura la Literatura entera, junto con la tele, el cine, los discos de música y demás sucedáneos.
De igual modo sería una mariconada detenerse a hacer fotos de un momento digamos "auténtico". ¿Para qué todas esas fotos que hacemos de nuestros seres queridos y momentos agradables? (¿Para luego CONTAR y regurgitar mediante ellas la diversión?).
¡¡¡ PUES SÍ, QUÉ COÑO !!!
El presente eterno para los peces.
Totalmente de acuerdo con el anterior comentario. La literatura es diversión en diferido.
Yo las juergas las prefiero en riguroso directo. En cambio, las emociones gusto de disfrutarlas tanto en directo como en diferido. El poder de evocación del ser humano siempre me ha resultado algo realmente fascinante. Me basta recordar cierta noche de verano de 1988 frente a la inmensidad de unos preciosos ojos azules y con los Doors sonando como telon de fondo para que se dibuje una sonrisa idiota en mis labios y se me ponga un nudo en la garganta. ¿Vé? Ahora mismo tengo los pelos como escarpias. Y sin tener que salir de casa.
Ese poder, querido amigo, no es desdeñable.
Abrazos,
Pedro de Paz
Las juergas que se recuerdan no son juergas ni son na. Una buena juerga es esa que uno no es capaz de recordar.
Bueno, nunca he sido buena contando mis juergas, además estoy contigo en que me da la sensación de que aburro a todo el mundo al contarlas, y son historias larguísimas. Así que más vale que me lo pase bien "mientras"... ¡y funciona!
Yo estoy dispuesto a escuchar cualquier historia, a menos que el narrador empiece diciendo "no sabes lo que te has perdido"
¿Por qué eres tan brillante, Rafa?
me encantó, rafa. a mí me gusta también divertirme en futuro, en un ratito próximo. besazos
m.
¿Quién lee en diferido? Me temo anónimo que la literatura siempre es en directo, igual que mirar una foto o ver una peli. Otra cosa es que te cuenten un libro, una peli o la foto. A mi sólo me gustan en diferido las broncas o los tortazos, jaja.
Prefiero imaginarme a Rafael Reig y a Antonio Orejudo compartiendo piso y teniendo de vecino a Javier Marías. Eso podría ser la repanocha. Yo creo que en ese caso la diversión en diferido, si nos lo contaran ellos, sería incluso más aterradora que en directo.
Bueno tocayo, lo de "leer en diferido" me temo que es aportación tuya, ya nos explicarás en qué consiste.
Mi comentario si te fijas hablaba de la diferencia entre "lo vivido físicamente" y "lo contado", -y me pareció que el artículo de Rafael también.
Sólo me permití recordar que la literatura es un medio para CONTAR cosas, como también lo puede ser el cómic, o la mímica, o la narración oral en un bar.
(Si para tí vivir una juerga y leerla es todo lo mismo pues enhorabuena).
Lo malo de estos malentendidos es que son farragosos, y ahora entrará algún usuario registrado diciendo ¿porqué no se largan con la música a otra parte toda esta mierda de anónimos?
Yo me divierto mucho leyéndote -en directo, en diferido y por satélite.
Besos cóncavos, que ya cansé de los convexos.
Lo del aspecto de Ray Loriga yo creo que es por los tatuajes de las cobras, que le usan los abdominales y los glúteos de alimento y luego vierten su veneno, haciendo que la víctima empiece a padecer el síndrome de Pedro el de Arrebato, cosa por la que se pone las gafas, no sea que el sol injerte en sus retinas ápice de sombra alguno que revele su mortalidad.
Por cierto, profe ¿Cómo anda ahora de churris el bueno de Ray? ¿Porque lo dejó con Cris, no?
Ahora otra vez en serio:
Yo quiero ser siempre del bando de los del aquí te pillo pero, joe, se me olvida en seguida que me acuerdo y, entonces -cuando me he acordado-, echo mano de los tranquilizantes.
Un abrazo, jefe.
Desde luego, Vulgarcita, aterroriza pensar en ese vecindario. Cuando quieras, vente a jugar a monjitas. Y si nos cruzamos te invito yo en la Ardosa. Un beso.
A mí también me han gustado algunos libros de Loriga, Dan. Y claro que todos caemos en la retransmisión en diferido de vez en cuando, cómo no. Un abrazo.
Sabia elección, Scouser.
Ja, ja... hombre, supongo que el Rey tiene privilegios, ¿no? Se podía hacer una buena parodia de un Acta de reunión escrita por Marías o escrita por Loriga. Abrazo.
¿Objetivar lo subjetivado? Dios mío, Opción C, ¿qué es eso? Suena a algo que hay que hacer con poca ropa... No me fijé en el tatuaje. Besos de frente y de perfil.
¿No? Bueno, Perzival, pues lamento que no lleguen a convencerte los pobres belinchones. Es un potaje el Manual, mitad novela, mitad ensayo. Rubén Darío es quizá, sí, el personaje en el que más cariño puse. De Marilyn no sé qué decirte. A mis amigos les gusta más que mis otros libros y nunca he logrado entender por qué. En cualquier caso, mil gracias por leerlos y un fuerte abrazo.
PUes intentaré escribir más sobre Anusca, Loren. Un abrazo.
En eso estoy de acuerdo, Pepe, mejor que mi hija, nada. Ray creo que tiene un par de hijos, no estoy seguro. Abrazos.
Ja, ja, tiene razón, José Manuel, menuda indigestión de Marías. Sí, lo del delantal es lo que dijeron, pero parece sin más el típico ejemplo. Un abrazo.
Sí, hombre, anónimo, tiene razón. NO quería hacerme el guays. Es verdad que muchas veces contar las cosas es una forma de vivirla más intensamente. Sólo me refería a esa actitud (en la que yo también caigo, repito) de contar algo para molar y dar a entender que te lo pasaste de miedo. Un abrazo.
Y otro para usted, Raposu.
En absoluto desdeñable, amigo Pedro. A mí me sobran los Doors, hubiera apagado el casette, pero en fin. Abrazos.
Puede ser, cherter.
Me alegro de que funcione, Magapola. Un beso.
Cierto, Subidú: ese principio es desalentador, echa para atrás. Un abrazote.
Lo pasé estupendo, M, aunque cuando lo contemos inventaremos algo para que parezca aún más divertido. Besos varios y muchos.
Sí, los golpes, mejor contados, sin duda.
Dio, qué cosas propone. Orejudo y yo estamos mayores para compartir piso y, encima, con ese vecino. Abrazo.
Oiga, anónimo, aquí no echamos a nadie ni miramos por encima del hombro a los anónimos. Esto, por fortuna, no es un selecto club.
Besos, Jenny, me has hecho recordar el verso de Gerardo Diego: "quisiera ser convexo para tu mano cóncava".
De las churris de los amigos nada sé, ni idea. Deja los tranquilizantes, hombre, tómate una cerveza, que tranquiliza más y mejor.
Besos y abrazos.
para divertirse hay un monton de cosas, como follar o el cine. Luego hay otras cosas que te pueden hacer feliz sin ser divertidas, de hecho hay gente rara que suele ser mucho más feliz con cosas dramáticas y tal, entre ellas yo. Reig es divertido, pero Marías es un genio. Meterse con él a veces es un recurso facilón, ya se mete todo el facherío patrio, empezando por el mono ese con elque a veces compartes tertulia y que suele autocitarse y usa tiras de colorines para señalar cosas en libros de los que no aprende nada...
Me ha encantado el post.
Y muy buen consejo, el de cómo y cuándo divertirse.
A mi me toca los cojones que un tipo como tú se atreva a meterse- por que lo haces- con Marías siempre que tienes ocasión. Me toca los cojones por lo obvio de tu postmodernismo.
kk
paz
Mis dos amores platónicos:Ray y Marias. ¿Sabes si hay algún piso en venta en esa casa donde dices que viven?
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