Lo que estoy leyendo: Fiambres
Casi siempre leemos lo que debemos leer, lo que nos conviene. Lo que nos recomiendan los suplementos literarios, los amigos, los profesores. También salimos casi siempre con chicas de nuestra edad, esas mujeres que nos convienen. Las que nos presentan los amigos, las compañeras de estudios o de trabajo, las que puedes llevar sin miedo a comer con tu familia.
Y está bien que así sea, no digo que no. Son libros y parejas que forman parte del argumento de nuestra vida, son su desenlace previsible.
En cambio, hay libros, como hay mujeres, que lo interrumpen todo, lo ponen patas arriba, aparecen sin previo aviso y ya sabemos que no nos convienen y nos van a hacer perder (como poco) el tiempo.
¿Por qué me quedé, hace más de veinte años, una noche sin dormir leyendo Los espías no deben amar, una novela impresentable que compré sólo por la foto de la portada y que me hizo suspender el examen del día siguiente? No lo sé, pero en mi cabeza esa noche se parece mucho a la felicidad.
Creo que la felicidad siempre es una insurrección: no voy a estudiar, no me da la gana, ahora me apetece leer esta novela, aunque no me convenga.
Han pasado más de veinte años y ya no podría contar el argumento de Hamlet, que leí en la misma semana, pero aún recuerdo el comienzo de aquella novela de portada chillona, que me hizo seguir leyendo como quien se tira de cabeza a un pozo:
Cuando tenía dieciocho años, mis novias eran las que me convenían: chicas con trenka y un libro en el bolsillo, discutidoras, pero bien educadas, humanitarias y nunca demasiado partidarias del maquillaje. Esas chicas que llevaban zapatos cómodos y ropa interior muy sensata, por lo general blanca.
Sin embargo, entonces yo habría dado todo lo que tenía de valor (hasta mi reloj de bolsillo y mi primera edición en dos tomos de Residencia en la tierra), para que me corrompiera ipso facto un ama de casa de cuarenta y tantos, manipuladora, cínica, con tacones de aguja y minúscula lencería roja; una Mrs. Robinson de chalet adosado que me utilizara como un simple objeto para satisfacer sus más oscuras pasiones, y sin prestarme la menor consideración como persona y ser humano.
Y ahora que el cuarentón ya soy yo, como se cruce en mi camino una cándida y corruptible estudiante o políngona de dieciocho... ¡me choco seguro, impacto frontal total!
Con los libros me pasa algo parecido. Leer a Cormac McCarthy, por ejemplo, que es lo que se espera de mí y lo que me conviene, me da una pereza invencible, aunque sé que tienen razón las personas de orden, sé que lo dicen por mi bien: al final valdrá la pena (cruzo los dedos).
Teniendo mi cabeza estas características (o averías de fábrica), no podía yo resistir la tentación de empezar un libro que se llama Fiambres. El subtítulo es: La fascinante vida de los cadáveres. No conocía ni a la autora, Mary Roach, ni la editorial (Global Rhythm, colección Maledicta).
Así empieza:
A partir de ahí el libro es un divertidísimo recorrido por las otras muchas posibilidades que ofrece la existencia como cadáver. Además de quedarse boca arriba y descomponerse tan campante, un cadáver puede hacer muchas otras cosas, algunas de ellas de gran utilidad y otras bastante pintorescas, pero divertidas. Las opciones que se le presentan son múltiples: un cadáver con buena disposición puede caer desde diversas alturas para comprobar el efecto de los golpes en el cuerpo, puede recibir impactos con un martillo, ser diseccionado, convertido en abono, embalsamado o tiroteado con armas de distinto calibre para descubrir cuál es el proyectil más apropiado. Como cadáver te pueden trocear y utilizar una de tus extremidades inferiores para averiguar qué tipo de calzado es el más recomendable para desactivar minas (parece que la llamada teoría de las sandalias del Vietkong era correcta: las lesiones son menores que con botas militares).
En fin, hay vida después de la muerte y, al menos contada por Mary Roach, es muy divertida: yo me he reído a carcajadas. No sé qué más habrá escrito esta señora, pero lo leeré todo y (si la foto de la contraportada no es la de su prima la pechugona) me encantaría encontrármela cualquier noche en un local oscuro y con dos copas de más.
Para un lector curioso y desocupado, las informaciones que da el libro son valiosísimas: cómo es el proceso de putrefacción, cómo se embalsama un cadáver, qué sienten los que llevan un órgano trasplantado, cómo se crucifica a una persona, si una cabeza guillotinada sabe o no sabe que es una cabeza cortada (la respuesta es sí lo sabe, al menos durante nueve o diez segundos), etc.
Del libro me ha gustado todo, hasta las notas al pie. Por ejemplo ésta:
Formidable, ¿verdad? Este es Edison, el científico.
El estilo de Mary Roach es irresistible, se basa en dar rodeos, en asociaciones espontáneas, en el humor, en el detalle hilarante, preciso y revelador, y en la capacidad para caracterizar un ambiente o una persona.
Me leí el libro (326 páginas) en una noche. Al día siguiente lo pasé bastante mal en el trabajo, tenía gripe y me dolía la cabeza. No me cabía duda de que no había aprendido nada útil ni había leído a un autor de esos imprescindibles y que sirven para presumir de culto o de que estás al día.
Tampoco me cabía duda de otra cosa: en la cama con Mary Roach (y con sus laboriosos cadáveres) había pasado una noche feliz. Agitada, agotadora y feliz: una verdadera insurrección a favor de la alegría.
Mañana, como penitencia, tendré que leerme a Cormac McCarthy, a Philip Roth o a Javier Marías. Algo que me convenga. Lo que debo leer. Chicas de mi edad. Mujeres con sentido común, que se maquillan con discreción y llevan calzado cómodo.
Que alguien se apiade de mí, por favor.
¿No te doy pena?
Y está bien que así sea, no digo que no. Son libros y parejas que forman parte del argumento de nuestra vida, son su desenlace previsible.
En cambio, hay libros, como hay mujeres, que lo interrumpen todo, lo ponen patas arriba, aparecen sin previo aviso y ya sabemos que no nos convienen y nos van a hacer perder (como poco) el tiempo.
¿Por qué me quedé, hace más de veinte años, una noche sin dormir leyendo Los espías no deben amar, una novela impresentable que compré sólo por la foto de la portada y que me hizo suspender el examen del día siguiente? No lo sé, pero en mi cabeza esa noche se parece mucho a la felicidad.
Creo que la felicidad siempre es una insurrección: no voy a estudiar, no me da la gana, ahora me apetece leer esta novela, aunque no me convenga.
Han pasado más de veinte años y ya no podría contar el argumento de Hamlet, que leí en la misma semana, pero aún recuerdo el comienzo de aquella novela de portada chillona, que me hizo seguir leyendo como quien se tira de cabeza a un pozo:
Llueve en Milán, llueve con desesperación. Me persiguen y camino sola, empapada bajo la lluvia, sin rumbo, pisando charcos...
Cuando tenía dieciocho años, mis novias eran las que me convenían: chicas con trenka y un libro en el bolsillo, discutidoras, pero bien educadas, humanitarias y nunca demasiado partidarias del maquillaje. Esas chicas que llevaban zapatos cómodos y ropa interior muy sensata, por lo general blanca.
Sin embargo, entonces yo habría dado todo lo que tenía de valor (hasta mi reloj de bolsillo y mi primera edición en dos tomos de Residencia en la tierra), para que me corrompiera ipso facto un ama de casa de cuarenta y tantos, manipuladora, cínica, con tacones de aguja y minúscula lencería roja; una Mrs. Robinson de chalet adosado que me utilizara como un simple objeto para satisfacer sus más oscuras pasiones, y sin prestarme la menor consideración como persona y ser humano.
Y ahora que el cuarentón ya soy yo, como se cruce en mi camino una cándida y corruptible estudiante o políngona de dieciocho... ¡me choco seguro, impacto frontal total!
Con los libros me pasa algo parecido. Leer a Cormac McCarthy, por ejemplo, que es lo que se espera de mí y lo que me conviene, me da una pereza invencible, aunque sé que tienen razón las personas de orden, sé que lo dicen por mi bien: al final valdrá la pena (cruzo los dedos).
Teniendo mi cabeza estas características (o averías de fábrica), no podía yo resistir la tentación de empezar un libro que se llama Fiambres. El subtítulo es: La fascinante vida de los cadáveres. No conocía ni a la autora, Mary Roach, ni la editorial (Global Rhythm, colección Maledicta).
Así empieza:
Estar muerto es un poco como viajar en un crucero. La mayor parte del tiempo la pasa uno tumbado boca arriba. El cerebro ha dejado de funcionar. La carne comienza a reblandecerse. No llegan muchas noticias y nadie espera noticias tuyas.
A partir de ahí el libro es un divertidísimo recorrido por las otras muchas posibilidades que ofrece la existencia como cadáver. Además de quedarse boca arriba y descomponerse tan campante, un cadáver puede hacer muchas otras cosas, algunas de ellas de gran utilidad y otras bastante pintorescas, pero divertidas. Las opciones que se le presentan son múltiples: un cadáver con buena disposición puede caer desde diversas alturas para comprobar el efecto de los golpes en el cuerpo, puede recibir impactos con un martillo, ser diseccionado, convertido en abono, embalsamado o tiroteado con armas de distinto calibre para descubrir cuál es el proyectil más apropiado. Como cadáver te pueden trocear y utilizar una de tus extremidades inferiores para averiguar qué tipo de calzado es el más recomendable para desactivar minas (parece que la llamada teoría de las sandalias del Vietkong era correcta: las lesiones son menores que con botas militares).
En fin, hay vida después de la muerte y, al menos contada por Mary Roach, es muy divertida: yo me he reído a carcajadas. No sé qué más habrá escrito esta señora, pero lo leeré todo y (si la foto de la contraportada no es la de su prima la pechugona) me encantaría encontrármela cualquier noche en un local oscuro y con dos copas de más.
Para un lector curioso y desocupado, las informaciones que da el libro son valiosísimas: cómo es el proceso de putrefacción, cómo se embalsama un cadáver, qué sienten los que llevan un órgano trasplantado, cómo se crucifica a una persona, si una cabeza guillotinada sabe o no sabe que es una cabeza cortada (la respuesta es sí lo sabe, al menos durante nueve o diez segundos), etc.
Del libro me ha gustado todo, hasta las notas al pie. Por ejemplo ésta:
A la gente le cuesta creerlo, pero Thomas Edison estaba un poco chalado. Sirva como prueba el siguiente extracto de sus diarios en torno a la memoria humana: "No somos nosotros quienes recordamos. Lo hace por nosotros un grupo de personas minúsculas que habitan en esa parte del cerebro que se ha dado en llamar 'la circunvolución de Broca'. Debe de haber doce o quince turnos, de modo que cada uno de ellos está de servicio durante un tiempo determinado, como los obreros de una fábrica. Así pues, lo más probable es que recordar algo sea cuestión de coincidir con el turno que estaba de servicio cuando se almacenó la información".
Formidable, ¿verdad? Este es Edison, el científico.
El estilo de Mary Roach es irresistible, se basa en dar rodeos, en asociaciones espontáneas, en el humor, en el detalle hilarante, preciso y revelador, y en la capacidad para caracterizar un ambiente o una persona.
Me leí el libro (326 páginas) en una noche. Al día siguiente lo pasé bastante mal en el trabajo, tenía gripe y me dolía la cabeza. No me cabía duda de que no había aprendido nada útil ni había leído a un autor de esos imprescindibles y que sirven para presumir de culto o de que estás al día.
Tampoco me cabía duda de otra cosa: en la cama con Mary Roach (y con sus laboriosos cadáveres) había pasado una noche feliz. Agitada, agotadora y feliz: una verdadera insurrección a favor de la alegría.
Mañana, como penitencia, tendré que leerme a Cormac McCarthy, a Philip Roth o a Javier Marías. Algo que me convenga. Lo que debo leer. Chicas de mi edad. Mujeres con sentido común, que se maquillan con discreción y llevan calzado cómodo.
Que alguien se apiade de mí, por favor.
¿No te doy pena?
Etiquetas: lecturas, libros, Lo que estoy Leyendo, novelistas, Rafael Reig
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.


21 Comments:
Da pena tener que leer lo que nos obligan los suplementos culturales. Casi nunca puedo con las críticas, así que ni me planteo los libros. Lo que he leído de McCarthy, Marías y demás me ha parecido espeso y muy profundo, tanto, que casi siempre he muerto ahogado en sus novelas.
Tú lo has dicho: casi siempre. Y como la felicidad es una insurrección, me salté a la torera las indicaciones de mi padre: ?ese chico no te conviene?. ¿Por qué? Me aburren los desenlaces previsibles. Veinte años después, y a pesar de que mi padre piensa que estaba en lo cierto, yo no estoy de acuerdo. Tal vez ese chico me convenía para ver ciertas cosas. Ya las he visto con mis propios ojos y mis gafas (aprendizaje significativo, o ¿no?).
Pues con los libros igual; pero con matices, claro. Como no soy devoradora, tengo que agilizar (y agudizar) el proceso de selección entre una multitud de obras para conseguir leer los que me interesan (me convengan o no). Con los hombres es diferente: la lista es reducida, o sea, que puedo permitirme el lujo de perder el tiempo con alguno, aunque como dice la canción ?nunca el tiempo es perdido?.
En cuanto al calzado, sí, me gusta cómodo: en verano sandalias y en invierno botas. Y la lencería, pues depende, Rafael. Si las botas son de tacón de aguja?
Y no, no me das pena. Eres un quejica.
Besos.
Me has convencido: voy a leer a Mary Roach y a amar políngonas de dieciocho.
Pues si me das un poco de pena Rafaelito, pero que le vas a hacer? Ya no tienes veinticinco años y es que los hombres nunca crecen de verdad como sois, aunque me estoy refiriendo sobre todo al tema de las mujeres, porque en cuestion de libros, de agarrar un libro y meterte con el en la cama y leertelo hasta los tuetanos y pensar en el y repensar o releer creo que es algo que puede hacerse, leer a Marias, Roth y el otro menudo rollazo, yo no los leo, yo leo novelas de detectives, ahora estoy con una muy chula se titula " The Sleeping dog" y va de un detective que esta investigando el asesinato de su socio y una chica de quince años muy lista que esta buscando a su perro le ayuda en su investigacion y es genial, genial el libro y nadie le va a hacer nunca una reseña en el Babelia aunque en mi opinion es el mejor libro que he leido en mucho tiempo, portada tapa blanda con el dibujo de un local de sospechoso cartel luminoso y un perro al fondo del callejon.
Un beso.
Esta es la opinion del New York Daily news sobre el libro que estoy leyendo : "An appealing detective story that reaffirms your faith in ...well, girls and dogs and Sam Spades", jijiji
Yo estoy leyendo EL hombre que se enamoró de la luna y me parece muy buena.
Las novelas negras si no tienen un especial sentido del humor me aburren.
Hombre Philip roth es divertido y ligerito, pero no está usted de camisa de fuerza, sería peor que hubiese gastado la noche viendo "High school musical"
vaya por delante que yo a lo útil, lo práctico, lo necesario y lo conveniente no le doy gran valor. o no siempre; será por eso que a menudo uso tacones.
las lecturas las elijo o bien por mi propio criterio -caprichoso y arbitrario en general-, o bien por recomendaciones de personas con criterio -del bueno-. a veces acierto, otras no; pero normalmente no sé de su conveniencia o incoveniencia hasta que los he leído -creo que sólo he dejado dos libros sin terminar en mi vida-
ahora bien, elegir una lectura que ya sabes que no te conviene, me parece fascinante. ¡dejémonos llevar por lo que no nos conviene de vez en cuando! a sabiendas.
¿pero hay que hacer siempre penitencia al día siguiente, rafa?
un beso
( ese libro lo leo, en cuanto lo pille. de tu criterio me fio)
Sr. Reig,
¿no estará de moda decir que no se lee a los "imprescindibles"? ¿que yo voy en contra de lo que marcan los medios y los intelectuales? ¿que soy muy guay? Por suerte, de todo hay en la viña del Señor. Yo cabo de terminar "Mi vida como hombre" de Philip Roth y me ha dejado impresionado (casi tanto como "Pastoral Americana"). Pero da miedo confesarlo, "Roth, ya está el empollón de la clase con sus lecturas".
Los criticones, todo es moda. ¿Por qué crees que editan libros de Philip Roth? ¿Porque es un "gran escritor"?
El otro día leí "Desgracia" de Coetzee, premio nobel. Menuda basura. Mejor me hubiese ido con Valle-Inclán que no es premio nobel. O con Mishima, o con Borges...
Sinceramente, hay demasiadas cosas por leer como para ceñirse únicamente a los clásicos.
¿Y no estará de moda decir que está de moda decir que no se lee a "los imprescindibles"? Bueno creo que me he liado.
Yo los dos últimos libros que he leído son "Exterminio en Lastenia", de Fernando G. Delgado (¿por qué?, no lo se) y, por razones profesionales, el Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión. Como novela, es mejor el Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión.
Por cierto, a mi que me falta mucho todavía para los 40, también me ponen las amas de casa lascivas.
Creo que nunca he leído lo que debía, por eso ahora, a mis cuarenta y siete, te leo a ti, una persona que, por lo que veo, también entiende de fiambres (tú, no yo). En Guapa de cara incluso coitan una muerta y el personaje de sus cuentos, Viruta. Me da que estás puesto en el género y que te bebiste la información de ese libro pernicioso como yo las Voll-damm en estos cortos atardeceres de otoño. Cuestión de vicios.
Pues lo lamento, Duermevela, pero hay muchas otras cosas que leer. ¡Suerte!
Está bien, opción C, soy un quejica, tienes razón. Me alegro de tu suerte con los hombres. Un beso.
Luego me lo cuentas, escrito por, sobre todo lo de las polingonas.
Caramba, Emma, eso de que los hombres nunca terminamos de crecer, ¿no es un poco tópico? Me leeré The Sleeping Dog, si tú lo recomiendas. Un beso adulto.
No conozco ese libro, Elva.
A ratos, Vilos. A mí me gustan algunas cosas de Roth, la última Elegía. O El pecho. Cuando se pone en plan gran novelista nacional (Pastoral Americana, etc.) no hay quien lo lea, en mi opinión. Abrazo.
¿Cuáles, Nata? No vale el Manual de Derecho Procesal o algo así, eh.
Ya te lo pasaré el libro. Un beso enorme.
Que no, hombre, que no. Que no me quiero hacer el chulo, criticones. A mí de Philip Roth, a ver: me encantan El lamento de Portnoy, El pecho o Elegía. Como dije arriba. Sin embargo otras, sinceramente, me aburren. ¿Por qué no voy a decirlo? En fin, un abrazote o dos.
Pues a mí Desgracia me gustó mucho, Javier, lo conté en este blog. En fin, si lo bueno es opinar y que cada uno tenga un gusto distinto, ¿no?
Ja, ja... cojonudo los del reglamento José Manuel. Todo es opinable, pero sospecho que en las cuarentonas lascivas muchos coincidimos. Abrazo.
Ja, ja, Hank. HOmbre, puesto no. Pero sí me interesa, como otros mil temas. Gracias por leer la Guapa, espero que te gustara,pero si no, nos tomamos unas Voll-Damm tan tranquilos. Abrazo.
Bravo.
Pues sí, opinar es lo bueno. Y mejor si las opiniones se bifurcan. Es más, me gustaría encontrar una persona, sin contar a Borges -"cincuenta años hubiesen bastado"-, a quien no le haya gustado, por ejemplo, 'Cien años de soledad'.
A todo el mundo le parece una gran obra, incluso a Arsenio Escolar. Quien pese a haber sufrido la "buena educación" de García Márquez reconoce su talento.
Enlace al artículo en que A. Escolar narra la anécdota: http://blogs.20minutos.es/arsenioescolar/post/2005/12/18/garcia-marquez-cojones
Saludos.
Santo bebedor, ¿y 'Suttree' de Cormac McCarthy?
no, esas no, rafa. aunque a mi el derecho procesal me gusssta -como a jaimito el amoniaco-; pero eso, más que otra cosa, es una perversión.
otro beso.
La Guapa me gustó y me quitó horas de sueño; un buen síntoma. Me molestaron las calles inundadas de Madrid, no te voy a engañar, a pesar de la originalidad que pueda derrochar la idea.
Ahora voy a por Borbotones, que creo que también está inundada, pero ¿de qué?
Pues a mí te juro que McCarthy, además me entretiene, aunque, eso sí, me lo dosifico mucho: es lo bueno de ser estudiante de literatura, que a uno no le queda tiempo para leer.
Bravo, Leo.
A mí me gusta 100 años. Y la anécdota de Arsenio es estupenda. Un abrazo, Javier.
No lo conozco, FV.
Bueno, hay mejores perversiones disponibles, Nata. Un besito.
Sí, está inundada. De agua, claro. A ver qué te parece. Es muy distinta. Guapa es más sentimental e introspectiva. Sangre es más movida, con más peripecia y más humor. Ya me dirás. Abrazo.
Yo también leo, Carlos. Aunque McCarthy todavía no. Lo leeré.
Abrazos y besos.
Por alusiones: Se habló aquí de alguien a quien no le gustó "Cien años de soledad" y tengo que deciros que indudablemente soy yo. De hecho me pareció un tostón y la dejé por la mitad, visto que la cosa avanzaba rutinariamente y yo en ningún momento me divertía. Otras cosas más breves que sí que acabé de García Márquez tampoco me han gustado, está visto que no empatizo con ninguno de sus personajes (ni con el narrador), me parecen todos igual de planos y grises y para mi gusto carecen completamente de sentido del humor. Cualquier sirviente que aparezca para llevar una carta de un personaje de Dostoyevski a otro tiene más vida propia e interés. Macondo parece estar mucho más inerte que los FIAMBRES de Roach: Sus habitantes deambulan por ahí como zombis sin apenas diálogo ni personalidad ni chispa alguna. Acaban casi dando una imagen de la gente de Colombia bastante sosa y átona, (que ni siquiera creo que se corresponda con el carácter de allí, puesto que he conocido a colombianos muy ocurrentes y dicharacheros). Así que he llegado a la conclusión de que el aburrimiento que me produce es mérito enteramente del autor.
Confieso que yo no soy literato ni he leído tantos libros como la mayoría de vosotros pero tampoco colecciono vídeos de Lina Morgan, y puedo comprender toda la mitomanía que despierta en la gente por ejemplo Kafka, porque es imposible escribir algo tan amargo y a la vez tan descojonante como "La metamorfosis" ...pero el porqué todo el mundo se ha puesto de acuerdo en adorar a San Gabriel García Márquez es para mí un misterio que nunca he podido entender, aún habiéndolo intentado. Si es por algo referente a lo brillante o virtuoso de sus ideas políticas ya estoy más dispuesto a tenerlo de gobernante que a volver a leerlo.
Sé que todo esto me convierte en un monstruo, pero así es la cosa.
Brasas
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