Rafael Reig, Ph.D.
Entre estas dos fotos han pasado doce años, lo acabo de contar con los dedos.

En esta foto de arriba estoy en la State University of New York at Stony Brook. Es 1995. Acababa de defender mi tesis, así que ya era, hacía pocos minutos, el doctor Reig. En la foto estoy con mi directora de tesis, Lou Deutsch.

Esta otra foto arriba es del viernes por la noche, en el Cock, en Madrid. De nuevo estamos juntos Lou y yo.
Doce años después, creo que los dos estamos mejor, ¿no te parece?
Yo había vivido un año en Boston, en los años ochenta, trabajando como lector de Español, estudiando cine, literatura americana, cosas así; y escribiendo una novela. Luego había vuelto a Madrid y estuve haciendo muchas cosas, sobre todo cambiarme de casa cada pocos meses. Viví en la calle Castelló y en la calle Narciso Serra. Escribí discursos para políticos, fui corrector de pruebas, viaje a México a trabajar con unos de Publicidad, di clases de recuperación, escribí más novelas, etc.
A principios de los noventa vivía en Puente de Vallecas, compartía piso con dos tipos a los que no conocía, un actor y un informático, y empezaba a aburrirme. Solicité un puesto de Teaching Assistant (T.A.) en Stony Brook y me lo dieron. Volví a mudarme, era 1992.

Helena y Antonio Orejudo me ayudaron en todo, aquí están trabajando, mientras yo me siento en la silla. Compramos esa silla en una garage sale, hicimos una mesa con una puerta de madera y me agencié (qué verbo tan bonito) un horrible instrumento de tortura, fabricado con listones de madera, al que llamaban futón (futón fervenero, sería).
Como T.A. me pagaban poco, lo justo para compartir piso (con tres chicas, por suerte) y para comprarme un coche, un Volkswagen Rabbit, me lo vendió una colombiana por 200 dólares (hola, Claudia). Lo que sobraba me lo gastaba en whisky. A cambio, tampoco es que tuviera que matarme: sólo daba clases los martes y los jueves y disponía de un despacho para enredar, escribir, fumar en pipa y ligar con las estudiantes. Me quedaba tiempo para mis aficiones recreativas: jugar al ajedrez, beber y salir con chicas. Tenía esa "novia en Madrid" que siempre hay que tener, y que venía a verme de vez en cuando, y otras que fui teniendo allí: una chica que llevaba una pulsera en el tobillo y vivía en Queens, una fotógrafa que estaba trabajando en una película, una feminista de Tennessee que conducía un Cadillac de color dorado, e incluso una de mis estudiantes, con el (discreto) encanto de que estaba prohibido...

Esta es Suzanne, le pregunté a Lou por ella, pero no ha vuelto a saber nada. Hola, Suzie, confío en que te siga gustando escuchar a Camarón y llevar sombrero Stetson.
En cuanto conocí a Lou decidí hacer una tesis con ella. Nos reíamos mucho (igual que ahora). Leíamos juntos unos seis libros cada semana y quedábamos los jueves por la noche para tomar whisky y comentarlo. A eso lo llamábamos un Independent Studies. El tema de la tesis era la representación de la prostituta en la novela del XIX. El título era obvio: Mujeres por entregas.
Buscábamos en folletines del XIX toda clase de mujeres malvadas, corrompidas, traviesas, rameras de corazón de oro, avarientas meretrices, ninfómanas, suripantas, peripatéticas, alquilonas y pilinguis en general. Fue agotador.
"¿Dónde vas?", me preguntaban.
"A buscar putas".
"¿A la biblioteca?"

Nos salió una cosa muy divertida, me parece a mí.
Cuando terminamos, encontré un trabajo en Missouri y volví a mudarme.

Con tanta mudanza, claro, estaba entonces mucho más cachas que ahora, ¿a que sí?
Total, que el viernes vino Lou a Madrid y recordamos (para suplicio de mi chica y de Vanessa y Edu Vilas) aquellos años en Stony Brook, cuando Lou me llevaba a montar en un velero y a cenar en cochambrosos bares de pescadores portugueses. Nos fuimos a cenar a casa de los Vilas y dimos buena cuenta de una botella de single malt, que ya estamos mayores para beber tonterías, ¿no te parece?

En esta foto de arriba estoy en la State University of New York at Stony Brook. Es 1995. Acababa de defender mi tesis, así que ya era, hacía pocos minutos, el doctor Reig. En la foto estoy con mi directora de tesis, Lou Deutsch.
Esta otra foto arriba es del viernes por la noche, en el Cock, en Madrid. De nuevo estamos juntos Lou y yo.
Doce años después, creo que los dos estamos mejor, ¿no te parece?
Yo había vivido un año en Boston, en los años ochenta, trabajando como lector de Español, estudiando cine, literatura americana, cosas así; y escribiendo una novela. Luego había vuelto a Madrid y estuve haciendo muchas cosas, sobre todo cambiarme de casa cada pocos meses. Viví en la calle Castelló y en la calle Narciso Serra. Escribí discursos para políticos, fui corrector de pruebas, viaje a México a trabajar con unos de Publicidad, di clases de recuperación, escribí más novelas, etc.
A principios de los noventa vivía en Puente de Vallecas, compartía piso con dos tipos a los que no conocía, un actor y un informático, y empezaba a aburrirme. Solicité un puesto de Teaching Assistant (T.A.) en Stony Brook y me lo dieron. Volví a mudarme, era 1992.

Helena y Antonio Orejudo me ayudaron en todo, aquí están trabajando, mientras yo me siento en la silla. Compramos esa silla en una garage sale, hicimos una mesa con una puerta de madera y me agencié (qué verbo tan bonito) un horrible instrumento de tortura, fabricado con listones de madera, al que llamaban futón (futón fervenero, sería).
Como T.A. me pagaban poco, lo justo para compartir piso (con tres chicas, por suerte) y para comprarme un coche, un Volkswagen Rabbit, me lo vendió una colombiana por 200 dólares (hola, Claudia). Lo que sobraba me lo gastaba en whisky. A cambio, tampoco es que tuviera que matarme: sólo daba clases los martes y los jueves y disponía de un despacho para enredar, escribir, fumar en pipa y ligar con las estudiantes. Me quedaba tiempo para mis aficiones recreativas: jugar al ajedrez, beber y salir con chicas. Tenía esa "novia en Madrid" que siempre hay que tener, y que venía a verme de vez en cuando, y otras que fui teniendo allí: una chica que llevaba una pulsera en el tobillo y vivía en Queens, una fotógrafa que estaba trabajando en una película, una feminista de Tennessee que conducía un Cadillac de color dorado, e incluso una de mis estudiantes, con el (discreto) encanto de que estaba prohibido...

Esta es Suzanne, le pregunté a Lou por ella, pero no ha vuelto a saber nada. Hola, Suzie, confío en que te siga gustando escuchar a Camarón y llevar sombrero Stetson.
En cuanto conocí a Lou decidí hacer una tesis con ella. Nos reíamos mucho (igual que ahora). Leíamos juntos unos seis libros cada semana y quedábamos los jueves por la noche para tomar whisky y comentarlo. A eso lo llamábamos un Independent Studies. El tema de la tesis era la representación de la prostituta en la novela del XIX. El título era obvio: Mujeres por entregas.
Buscábamos en folletines del XIX toda clase de mujeres malvadas, corrompidas, traviesas, rameras de corazón de oro, avarientas meretrices, ninfómanas, suripantas, peripatéticas, alquilonas y pilinguis en general. Fue agotador.
"¿Dónde vas?", me preguntaban.
"A buscar putas".
"¿A la biblioteca?"

Nos salió una cosa muy divertida, me parece a mí.
Cuando terminamos, encontré un trabajo en Missouri y volví a mudarme.

Con tanta mudanza, claro, estaba entonces mucho más cachas que ahora, ¿a que sí?
Total, que el viernes vino Lou a Madrid y recordamos (para suplicio de mi chica y de Vanessa y Edu Vilas) aquellos años en Stony Brook, cuando Lou me llevaba a montar en un velero y a cenar en cochambrosos bares de pescadores portugueses. Nos fuimos a cenar a casa de los Vilas y dimos buena cuenta de una botella de single malt, que ya estamos mayores para beber tonterías, ¿no te parece?
Etiquetas: Eduardo Vilas, Lou Deutsch, pasado, Rafael Reig, tesis
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.


26 Comments:
D. Rafael, es usted el Joaquín Cortés de la (mu)danza. Sólo le queda compararse con Pavarotti ;-)
Muy interesante el retrato de la bohemia actual.Pero me temo que dentro de cincuenta años un seboso asapado becario de De prada, haga una novela con todo lo que encuentre en inernet y en el refrito salga usted peor parado que Galvez en el pastiche del meapilas.
Me temo que Loriga tiene más de Galvez que usted, pero con banda sonora de Bowie y no de Chapí.
Saludos
Sí, Rafa. Estabas más cachas, pero ahora al menos tienes dos piernas. jjj.
Si yo hubiera sido tu alumna en aquellos tiempos me hubiera enamorado de ti, perdidamente.
Absolutamente de acuerdo. A ambos dos ('sendos', que diría Marías) os ha ocurrido lo que al buen vino (o a las lentejas): que habeis mejorado bastante con el reposo y el paso del tiempo.
Siempre me ha resultado una sensación muy curiosa ese azogue, ese prúrito interior que suele reconcomerte cuando uno ve, observa y analiza la ética y la estética aparente en fotos de más de diez años de antiguedad. Sobre todo si en las fotos aparece representada la imagen de uno mismo.
Respecto a lo del single malt, como supuesto especialista y adorador de selectos uisge beatha siento curiosidad, ¿Qué marca?
Abrazos,
Pedro de Paz
Está hecho usted un Sara Montiel por el que no pasa el tiempo, con la misma fuerza fotogénica e interpretativa que cuando se estrenó en 1957 "El último cuplé". Le felicito y admiro.
Antonio
Querido Rafael:
¿Dónde guardas tu máquina del tiempo?
Yo tengo la mía en el trastero, tapada con una sábana para que Moka no la vea.
¿La tuya también funciona a pilas?
Cambiar de casa es como reinstalar Windows, o incluso mejor. Parece que empiezas de nuevo, que tienes las puertas (o ventanas) al alcance, todo en su sitio. Pero al poco tiempo se te ha llenado toda la casa otra vez de mierda y de rutina (aunque la rutina a veces pueda ser apetecible).
Yo ya me pasé hacé tiempo al Mac Os y le di carpetazo, dentro de las posibilidades, al windows pordiosero.
Dr Rafael, usted mola
Amigo Dr. Reig, me tiene que dejar su tesis para leerla, tengo mucho interés en comprobar si aparece alguna antepasada. ;-)
Otro día nos tienes que contar lo de las clases de cine. Seguro que hay unas buenas anécdotas.
Un fuerte abrazo
Para los que llevamos una vida metódica (que no aburrida)lo que cuentas resulta envidiable.
Eres mi héroe, doctor!!!
Un beso
Guau¡¡¡ No has tenido tiempo de aburrirte, pedazo de vida¡¡¡ Tienes mucho que contar a tu futuro nieto de nombre impronunciable (suponiendo que tu hija no cambie de opinión).
Quién te pillara en esa época, en la primera foto digamos que no estás nada mal¡¡ Quizá me gusta más que con tanta gimnasia entre mudanzas, es que los musculitos como que no...
Yo de momento viajo por el mundo sin peso, aquí y allá sin estar en ningún sitio y estando en todos. Quizá algún día me encuentre.
Besos¡
Sin bigotito estás de lo más molón.
Y bien cambiado de muda, como manda la amatxu.
No escriba más memorias sin cobrarlas. :P
Pues al paso que voy engordando me queda poco para Pavarotti, don Más claro agua.
No sé decirle, Tostom, no he leído el libro de marras. No sé nada del Gálvez éste. Sí sé que yo soy más bien poco bohemio.
Cierto, dos piernas es mejor que una, aunque uno esté menos cachas.
Y yo de ti, con extravío. En fin, Emma, sigo dando clases aún... Un beso.
Gracias, Pedro. No recuerdo la marca, era un Glen algo impronunciable. Tapón de corcho, caja roja y treinta eurazos. Valió la pena.
Gracias, Antonio, pero eso de que por Saritísima no pasa el tiempo... mejor lo dejamos.
No, yo la tengo debajo de la cama. Se acciona con el movimiento. Beso.
Buena comparación, Dan. Yo sigo con Microsoft, porque soy analfabeto funcional en estas cosas. Abrazo.
Gracias, Ramón.
Claro, te dejaré la tesis. Sí, hablaremos de las clases de cine. Abrazo.
Un beso, Beatriz, pero mi vida es bastante metódica en realidad. Nunca perdono el aperitivo y la siesta. Esas rutinas nos sujetan.
Bueno, Lenita, todos tenemos vidas divertidas, ¿no? Tú desde luego sí, que leo tu blog y lo sé. Siento haberme estropeado, qué le vamos a hacer. Un beso.
¿Bigotito? ¿Llamas bigotito a este magnífico bigote que parece casi el de Brassens? Por dios... Un beso.
Ja, ja, don Luis, si todo es gratis hoy en día. Abrazo.
Mi primera intención al conocer este blog era entrar a tocar las bolas, pero me rindo. Tus textos y fotos son entrañables y te honra que siempre tengas el detalle de responder un poco a todos. Me pareces un tío majo. No descarto echar un vistazo a tus novelas.
¡Salud!
habéis mejorado los dos, rafa, sin duda. y a lo mejor es que madrid también os sienta bien.
para los que ni hemos vivido fuera del terruño ni somos pdf o ph.d, leer tus aventuras planetarias y locales es estupendo, y supongo que para los que tienen más mundo también. así te va a engordar el club de fans.
y mmmmm, me muerdo la lengua para no sacarte el parecido de la primera foto, al menos en público.
Un besazo.
( y las diversiones, que no llegué a tiempo, en directo, en diferido, en v.o, con subtítulos y hasta por alusiones; guapo)
Llevaba un tiempo pensando en escribir por aquí pero no me atrevía. Con este post supongo que ha llegado el momento.
Saludos desde Stony Brook (que, por lo que cuentas, no ha cambiado mucho desde el 95).
buenos días! una suerte haber descubierto tu blog! C.
No suelo comentar más de dos veces, por eso de no parecer pesada, pero ésto merece una aclaración: lejos de mi intención estaba decirle que está estropeado, ni mucho menos¡ Me quería referir a las diferencias entre la primera foto y la que sale en el camioncito, me gustan menos musculosos. En épocas antiguas claro y visto en fotos. En la actualidad puedo valorar pero ya sabe que me pierde el morbo y usted (con todo el respeto a su chica) debe tener cantidad.
Un honor para mí que me lea.
Besos¡
¡Qué manera tan divertida de hacer una tesis! Si lo llego a saber antes...
En esta universidad, la cosa en algo distinta. Hay que leer libros, por supuesto, pero ¿cervezas?, ni una. Lo mismo se necesita una contraseña. Preguntaré a otras doctorandas más puestas en el tema, por si acaso.
Mientras tanto, aquí estoy con P. Vilar que me habla de economía, derecho, historia y todo eso. El caso es que me lía de tal manera que ya ni sé lo que escribo en tu blog. Menos mal que a ti no se te escapa una. (Si, Rafael, es algo que hay que hacer con poca ropa. Ya te contaré).
¡Menuda pinta de buscador de tesoros! (foto nº5)
Besos
El de la foto 5 no es usted... es Groucho Marx.
O tal vez sea usted en su época marxista (es un chiste, es un chiste, no empecemos con política que se llena este blog de aburrida discusión).
Se les ve felices en su reencuentro.
Saludos, Doc.
Sr. Reig, explíquenos por qué ya no está en la mancheta del diario Público. ¿No han soportado un inquilino comunista entre sus columnistas nacionalistas, socialistas de palo y modernos con gaficas de pasta? Cuente, cuente.
Sr. Reig ¿usted no habrá sido guionista de Back to the Future? Pareciéralo. (o lo pareciese)
PD. ¿el Orejudo se asoma mucho por estas páginas, de qué proviene tu relación con el Casariego?
Pues gracias, anónimo. De todas formas, si tocas las bolas con gracia, tampoco molesta a nadie. Un abrazote.
Dios mío, Nata, ¿a quién me parezco? ¿Tan horrible es? Un beso enredado, guapa.
Coño, Vicente, ¿estás en SUNY at SB? Cuenta, cuenta.... sigue Roncero? Si ves a Suzie, dale un beso, anda. Y a mí su teléfono. Abrazo para ti y bienvenido.
Suerte para nosotros, Curro. Abrazo.
Pues, Lenita, morbo no sé si tengo, pero tú sí me lo provocas. Y de honor, nada. Es un placer. Un beso prolongado.
Bueno, Opción C, no busco tesoros, pero sin buscarlos aparecen: tú. Un beso y gracias.
Me ha descubierto, Marti. La foto es de Groucho.... qué le vamos a hacer.
Pues, mire, no es así. A mí me gusta escribir, tomar el aperitivo, pasear con mi hija, ligar con chicas y leer novelas. ¿Qué pinto yo en una mancheta? Nada, pensé. Y hago lo que creo que sé hacer: escribir. Oír canciones de Brassens. Beber whisky a sorbitos. Ver pasar la tarde desde el balcón. ¿No le parece que hago bien?
Pues no, nada de Regreso al futuro, ¿por qué? Sólo hice un guión y luego fui al rodaje, con Maribel Verdú, me lo pasé en grande. Otro día se lo cuento. A Casariego lo conocí de copas, y desde el primer día nos lo pasamos juntos muy bien. Y que siga así, confiamos los dos.
Parece todo muy apetecible e incluso envidiable. Al menos desde aquí fuera.
No quiero hundirte, pero creo que de la primera a la segunda foto... no has mejorado.
Un saludo. (¿No estar en la mancheta es sólo no estar en la mancheta, o es que has dejado el periódico?)
Publicar un comentario en la entrada
Links to this post:
Crear un vínculo
<< Home