l Blog de Rafael Reig: ¿Te acordarás tú de mí?

Rafael Reig, escritor y profesor de literatura

Tfno.
917 025 016

Estás en Home » Blogs » Blog de Rafael Reig

miércoles 14 de noviembre de 2007

¿Te acordarás tú de mí?

EL otro día era el cumpleaños de Benito (no de mi hermano, sino del hijo de María y Arturo). Fiesta infantil con los niños del cole, el Rufino Blanco. Anusca fue feliz y contenta, dispuesta a pasárselo como nunca (es decir, como siempre: en grande).




Y por supuesto lo consiguió:



En primer plano está Benito, que cumplía ocho años; Rafael Olivé y Anusca. Detrás, construendo la torre de Babel, Víctor y Lucas. Al fondo se ve a Tomás.

Luego, como siempre, hubo fiesta de padres. No hay nada más resplandeciente que ligar con las madres del cole, las famosas "mamás del Rufi", con las que siempre acabamos los papás como el rosario de la Aurora, felices y agotados:



Veía a Anusca divertirse y me preguntaba: ¿Qué recordará de esto cuando sea mayor?

Es la pregunta que siempre nos hacemos todos los padres. Cuando sea mayor, ¿se acordará de que la llevaba a patinar sobre hielo, de cuánto le gustaba jugar conmigo al ajedrez, de aquel día que nos pusimos impermeables sólo para salir a mojarnos a propósito?

Siempre he tenido la sensación de funcionar como un antiguo contestador automático, de aquellos que tenían una cinta de casete: los mensajes nuevos se grababan encima de los viejos y los borraban. Me siento igual: me siguen pasando tantas cosas que van grabándose encima de mis recuerdos y borrándolos.

He olvidado las fiestas de mi infancia. Sólo recuerdo, como vista a través de un cristal empañado, una fiesta al aire libre en la que jugábamos con unos palos de madera. Debía de ser en Cali, los años que viví en Colombia de niño.

En cambio, las fiestas de joven aún las recuerdo. Cuando poníamos música lenta y apagábamos la luz. Había que sacar a las chicas a bailar. The Year of Cat era la mejor, porque era una canción larguísima. "No me empujes, por favor", decían las chicas cuando uno se empalmaba bailando. Yo me ponía colorado.

Eran guateques, fiestas en casa de los padres que habían salido de viaje o estaban en el pueblo, en el chalet, en el quinto infierno, qué más nos daba, si estábamos solos y bailando.

Aún veo aquella habitación, al fondo del pasillo, con la luz apagada, sobre la cama en la que se dejaban los abrigos. Aún siento en las yemas de los dedos el tacto del tirante del sujetador, la temperatura, la suavidad de la piel.

Al tocar una teta por primera vez sentí lo mismo que el astronauta Armstrong al entrar en contacto con la superficie de la Luna: era el primer ser humano que lo lograba, una experiencia histórica, irrepetible.

Al contrario que Armstrong, mis primeras palabras debieron de ser:

?Sí, sí? para la Humanidad será un pequeño paso, ¡pero menudo salto de gigante para mí!?

Tras el Alunizaje, los astronautas se sintieron incapaces de llevar una vida normal en la Tierra. A mí me pasó igual. Cuando se ha visto desde fuera el planeta, cuando se ha sentido el propio cuerpo a través de otro cuerpo (sobre un lecho de trenkas, cazadoras y verdaderas parkas coreana Ying), cuando uno ha sido el primer ser humano en salir de sí mismo en un abrazo, la vida terrícola y las noches solitarias provocan un sufrimiento tenaz, devastador, muy difícil de disimular a media tarde. A esa hora no queda más remedio que tomarse un whisky.

Los astronautas de guateque, los exploradores del espacio , si estamos lejos de otro cuerpo, lejos de mi chica (pero no se lo digas),nos sentimos desolados, qué le vamos a hacer.

Este soy yo a los quince años:



La foto es a la salida del cole, en 1978. A la izquierda está Colorado, al que Yáñez le está pegando puñetazos de broma. Después Cachón, yo, Vicky y Abel.

Y aquí estoy dos años después, con Paz, una de mis novias crónicas, esas con las que he reincidido varias veces, y que no me estará leyendo. Es un poco después, en el viaje de COU: fuimos en barco a Mallorca.

Etiquetas: , , , ,

23 Comments:

Blogger pepe montero said...

El primer tacto de una teta cobijada en el hueco de la mano, mezclado con infantiles canturreos de fondo y sin obscenidad lunática. Hay mucha ternura brincando de foto a foto.

Un abrazo.

14 de noviembre de 2007 14:35  
Anonymous Loren said...

"No me empujes, por favor", decían las chicas cuando uno se empalmaba bailando. Yo me ponía colorado.
Ja, ja, ja

Por cierto, muy guapa Paz, ¿eh? vaya un ligón que estás hecho.

A ver si me pasas tu agenda de amigas para que me perviertan a los Mrs. Robinson.

Un fuerte abrazo!

P.D. ¿Cómo llevas la novela?

14 de noviembre de 2007 15:20  
Blogger Más claro, agua said...

Quizás tu hija olvide los detalles pero, cuando crezca, en la piel le quedará la cálida sensación de una infancia feliz.

(Nota aclaratoria: hay quien coge el virus de la gripe. Releyendo mi comentario, creo que me acaba de entrar el virus Paulo Coelho. Necesito irme de cañas con urgencia:-)

14 de noviembre de 2007 16:35  
Anonymous lenita said...

A mí también me pasa, recuerdo mi infancia entre brumas, pero no alguna fiesta en concreto, cumpleaños y demás. Lo que más recuerdo es a mi bisabuela cuando me pelaba manzanas, prometo que cuando murió ninguna manzana me ha sabido igual, dejaba sabor de viejo en ella que me encantaba.

Sinceramente tampoco recuerdo mi primer beso, una pena. Sí mi primera vez, un desastre. En cambio a veces recuerdo detalles, gestos, caricias, una nimiedad en su momento que hoy puede despertar un torrente de emociones.

'No me empujes, por favor' jajajajajaja¡¡¡ Me parto jajaja¡¡ Pero las chicas de su edad no sabían que una polla a veces se empalma con el contacto? O estaban jugando a disimular? jajajaja¡¡

Besos¡

14 de noviembre de 2007 16:43  
Anonymous Javier said...

Muy bonito, Rafael. Brindo por ese whisky.

Javier (Blanco Urgoiti)

14 de noviembre de 2007 19:20  
Blogger Emma said...

Que ha sido de Paz? Que ha sido de ella? Dime que esta viva por favor. Y por que no te casaste con ella?

14 de noviembre de 2007 21:29  
Blogger Marlu said...

Pues mire usted, me he puesto tontita, con ganas de llorar, así, sin más. Quizá escribimos para que el extraño hilo de la memoria selectiva traiga al presente, sin más, porque sí, todo lo que ha quedado casi olvidado bajo los mensajes nuevos. Un buen día, el sol de noviembre nos da en la cara y nos acordamos de la trenka azul y de Ricardo. ¿Ricardo?, no había pensado en él desde..... ¿qué tendrá que ver el sol de noviembre con la trenka de Ricardo? No lo sé, pero mi extraña memoria sí. Benditas libretas que recogen la cintas viejas del contestador, no podría vivir sin esas cintas viejas, aunque vivo casi todo el tiempo sin ellas, pero la luz y el viento rescatan recuerdos inexistentes hasta ese momento.
Mi hija cumplió seis años hace unos días, espero que alguna mañana luminosa rescate esa tarde para ella, o quizá rescate la imagen de su madre en el ordenador, sonriendo con tristeza.
Lo dicho, me he puesto tontita, gracias por este momento dulce en su blog.

14 de noviembre de 2007 21:33  
Blogger LUIS AMÉZAGA said...

¿Fumando a los quince y con el brazo colgando en la Vicki? Sí, se acordará de usted.

14 de noviembre de 2007 22:04  
Blogger nata said...

si no recuerdas tus fiestas infantiles, rafa, es que fueron divertidas, las disfrutaste. y si anusca, cuando sea mayor, tampoco las recuerda, felicítate: lo habrás hecho bien.

las celebraciones infantiles que no se olvidan son aquellas en las que la tarta se cambiaba por suizos y ensaimadas, las fantas y las chuches por cafés y tés, y los niños por venerables ancianas lejanas tías abuelas. créeme, lo sé de buena tinta, esas son las que no se olvidan.

los guateques, afortunadamente, los disfruté normales, con los ojos brillantes de art garfunkel
( o era telefunken?).

un enorme beso.

15 de noviembre de 2007 8:11  
Anonymous tostom said...

Joder Rafa con la que estaba cayendo en aquellos años y tu en plan "cuentamé apolítico" de la TVE. No me creo que no estuvieras tú o alguno de tus amigos en alguna de las manis de la época dónde tantas hostias nos llevábamos. En aquella de la ronda de atocha dónde la poli mató a dos chavales, o las que hubo por el asesinato de yolanda gonzález joven del INB Tirso de Molina como Carlos el asesinado el domingo pasado a manos del ultraderechista Emilio Hellín, en paradero desconocido gracias a los jueces.
No me creo que tu fueras uno más de idílica juventud apolítica.
un abrazo

15 de noviembre de 2007 8:55  
Anonymous Mar said...

Siempre se ha dicho que las infancias felices no se recuerdan, pero yo sí lo hago, tengo guardadas todavía en la memoria un montón de escenas y de amistades diminutas, ¿y qué decir de los guateques de la adolescencia?, recuerdo la música, las vespinos, las trencas, los abrazos y, por supuesto, la primera vez que una mano deslizó el tirante de mi sujetador. Hay cosas que no se olvidan por muchos años que les pongas encima (like a bridge over troubled water).

15 de noviembre de 2007 11:25  
Anonymous Mar said...

Ah! Se me olvidaba, lenita, las chicas de entonces sí sabíamos que ellos se empalmaban bailando, tampoco es que nos hiciésemos esencialmente las tontas (aunque algo de eso había), sobre todo es que éramos así de delicadas :-)

15 de noviembre de 2007 11:38  
Anonymous maribel said...

En mi caso, más que preguntarme si recordará un hecho en concreto, siempre me he preguntado si todo ese tiempo (fiestas de cumpleaños, conversaciones "serias", paseos bajo la lluvia y en contra del viento...)dedicado a mi hija con mucho gusto actuará como sustrato rico en nutrientes.
Tengo que decir que, afortunadamente, la cosa empieza a dar frutos y que a pesar de que no se recuerden momentos precisos (ya sabemos que la memoria...) las sensaciones (buenas) están ahí dispuestas a echarte una mano. Eso sí, hay que estar atentos porque con tanto ruido a veces no las oímos. Pero están ahí y no es broma.

Y, claro que sí, yo siempre me acordaré de ti, Rafael.

Unos besos.

15 de noviembre de 2007 12:11  
Anonymous Anónimo said...

Yo lo que más recuerdo de las fiestas de cumpleaños es la extraña sensación que me daba encontrarme con mis amiguitos fuera del cole y con nuestros padres. Me gustaba muchísimo y se hacían eternamente felices. Al final me acababa enamorando de todos.
Evis

15 de noviembre de 2007 13:07  
Anonymous Anónimo said...

¿Y por qué queremos que se acuerden de nosotros? Qué extraño afán de perdurar.

15 de noviembre de 2007 13:09  
Blogger Portorosa said...

Jo, qué maravilla de post. No me extraña que seas escritor :)

Seguro que sí se acuerda. Seguro. La felicidad se recuerda muy bien, Rafael.

Fdo.: un padre.

15 de noviembre de 2007 13:35  
Anonymous Anónimo said...

Lo que está claro es que tú recordarás mucho mejor que tu hija los momentos que vas a vivir con ella, y, siento decírtelo, sobre todo te atormentarán cuando llegue su adolescencia y se te escape entre los dedos... Entonces sí que te apetecerá un whisky.

15 de noviembre de 2007 14:59  
Anonymous Marti McFly said...

Lo importante es que en el futuro viva el presente sin necesidad de pensar en el pasado. Eso significará que todo va bien.

Joder, a mi también me ha atacado un virus como a "más claro agua"... aunque yo no sabría decir que virus es... de algún escritor profundista...

15 de noviembre de 2007 16:05  
Anonymous Dio said...

Al leer este post he recordado, por ejemplo, que uno de los recuerdos más entrañables que tengo es el de mi padre, en el salón fumando Ducados y yo-niña pidiéndole que me prestara el cigarro para hacer agujeritos en el plástico del paquete: dos ojos y un arco de sonrisa...
Quizá por eso, una de las cosas que me gusto del chico que es hoy mi pareja, es que fumaba Ducados y me traía el olor de una infancia feliz.
Anuska puede que no recuerde el momento exacto en el que decidió que le gustaba salir a la calle los días de lluvia con un chubasquero, sólo por mojarse; ni sepa tampoco porqué siente un vínculo único con su padre. Pero todo eso lo sentirá.
Un saludo desde Almería, Rafael, con mi más sincera admiración.

15 de noviembre de 2007 17:21  
Blogger scouser said...

Me ha encantado...

15 de noviembre de 2007 18:19  
Anonymous Amanda said...

A este lado, alguien que apenas le conoce literariamente, pero a quien este su blog le ha inspirado el prurito de remediarlo.

Hay encanto. Usted y el lugar lo tienen. No puede ignorarlo. Por por si acaso, no me lo callo.

Como si usted no fuera el escritor, o precisamente por serlo, recomiéndeseme.

Ande, anímese y dígale a su lectora por dónde empezar y, si le apetece, también por qué.

Gracias, siempre. Acepte o no mi encargo.

15 de noviembre de 2007 19:05  
Blogger Rafael Reig said...

La hay, Pepe, un abrazo.
No, Loren, qué va, yo ya estoy "recogío". MI agenda te la paso cuando quieras. Abrazo.
Ja, ja... cierto, más claro, es un virus letal. Siento el contagio. Las cañas lo curan. Abrazo.

Bueno, creo que eran irónica las chicas de mi edad, Lenita. Un beso apretao.
Pues nos lo tomaremos juntos, Javier.
Claro que está viva y estupendamente. Tiene dos hijos que a veces se tiran con mi hija por un terraplén que hay en la casa que Paz tiene en el campo. Hace un tiempo que no la veo, pero está estupenda y muy bien. Tranquila, Emma. Un beso.
Gracias a ti, Marlu, por leerlo y por compartir tus evocaciones.
Pues sí, era otra época, Luis. En mi cole estábamos deseando aprobar 8º de EGB porque en BUP ya dejaban fumar. Ya ve usted.
PUes es una buena teoría, Nata. Bueno, y en algún guateque ya hemos coincidido tú y yo, ¿no? Beso.
Oiga, Tostom, no se puede hablar de todo todo el tiempo. Claro que no era apolítico, nunca lo he sido. Y seguro que hemos coincidido en manifestaciones. A mí me dieron una hostia por Princesa; a mí y a una chica bajita con anorak que corría a mi lado. Nos fuimos juntos, cagados de miedo, doloridos, tumefactos, ella cojeando, a un bar. Nos curamos con coñac 103 y arrumacos. Abrazo.
Tienes razón, Mar. Un beso.Y sí, delicadas o irónicas, o ambas cosas.
Pienso igual y, como tú, Maribel, intento poner el oído. Beso.
¿De los amiguitos o de los padres, Evis?
¿Extraño? ¿Le parece extraño el afán de perdurar? No sé, anónimo, debe de ser usted de otra especie, porque en la humana el afán de perdurar es perdurable, desde las cuevas de Altamira hasta hoy, me parece a mí.
Confiemos, portorosa, de padre a padre.
Y me lo tomaré, anónimo. Está bien que se escape, ¿no? Aunque a los padres nos siente mal, es su obligación y su única esperanza.
Ja, ja... marti. No es virus, yo entiendo lo que dice.
Un saludo hacia Almería, dio. Yo fumaba Ducados de joven. Ahora ya sólo fumo tabaco de liar. Beso.
Gracias, Scouser.
Pues entiendo que me pides que te recomiende un libro mío, Amanda. No soy el más indicado, pero en fin. Yo leería "Sangre a borbotones" o "Manual de literatura para caníbales". Y si no te gusta, pues no pasa nada, tan amigos. Un beso.

16 de noviembre de 2007 7:11  
Anonymous Amanda said...

Pues entiendo que me pides que te recomiende un libro mío, Amanda. No soy el más indicado, pero en fin. Yo leería "Sangre a borbotones" o "Manual de literatura para caníbales". Y si no te gusta, pues no pasa nada, tan amigos. Un beso.

16 de noviembre de 2007 6:11
___________

Sí, sí lo es. Para mí, sí lo es. Yo le he elegido para que lo sea. Gracias por aceptar.

¿Entiendo entonces bien, que me recomienda "Sangre a borbotones" más desde el placer que ha sentido como lector de sí mismo, que es el único que yo esperaba con mi propuesta, y menos desde cualquier otro motivo?

Un beso, claro que sí.

19 de noviembre de 2007 14:05  

Publicar un comentario en la entrada

Links to this post:

Crear un vínculo

<< Home

© 2006 Hotel Kafka. C. Hortaleza 104, MadridTfno. 917 025 016Sala de PrensaMapa del SiteAviso Legalinfo@hotelkafka.com