El Mesón del Surtidor
He recaído.
Estoy volviendo a leer Moby Dick.
J'ai trébuché, como le decía mi amiga a las monjas francesas.
O como en el vallenato aquel: qué bonita piedrecita pa' pegar un tropezón.
No es por chivarme, pero la culpa es de Muñoz Molina. Vi en la biblio una biografía de Melville con un prólogo de Muñoz Molina que la ponía por los cuernos de la luna.
Doscientas páginas y no puedo más. El libro de Andrew Delbanco es tan soporífero que decidí que sólo podía ponerle remedio volviendo a leer Moby Dick, ese libro que me regaló mi novia de entonces hace ya veinte años.
Como sabes, Ismael quiere embarcarse y abandona Nueva York rumbo a Nantucket. Antes pasa por New Bedford (el otro gran centro ballenero). Allí duerme en el Mesón del Surtidor.
Lo primero que ve es un cuadro extraño en el que "lo que más desconcertaba era la negra masa de algo blando y portentoso, que se alzaba en el centro del cuadro, sobre tres líneas azules, sombrías y perpendiculares, flotando en una espuma indescifrable".
Como es obvio, el cuadro se parecería a un Turner.
Este cuadro, en la antesala de la novela, ocupa el lugar de una declaración de intenciones, una poética.
Lo mira y ve diferentes cosas, adivina formas y figuras, hasta que afirma:
Pero al final, todas estas conjeturas llevaban a aquel portentoso centro del cuadro. Una vez aclarado este algo, el resto del cuadro se veía claro.
Ismael ve, por supuesto, una ballena en el centro del cuadro.
A mí me parece que está declarando su intención: una novela con una masa indefinible en el centro, un misterio que, si se resolviera, permitiría entender todo lo demás.
O de otra forma: según resuelve cada lector esa macha de color en el centro, así interpreta y aclara todo lo demás. Por eso Moby Dick puede ser una novela metafísica, de aventuras, de amor, sobre el fracaso, teológica...
De Melville viene mucho de lo mejor y de lo peor de la literatura norteamericana. Lo mejor, esa ambición que lleva a una "sublimidad indefinible e inimaginable, casi lograda". Lo peor, el uso fraudulento de esa masa de color sin forma.
Así:
Uno escribe un poema entero, un relato, una novela, alrededor de un árbol, sobre una piedra, al pie de un cadáver. Cuando está terminado, se le quita el árbol, la piedra, el cuerpo muerto, y se esconde en un armario. En el centro queda entonces un misterioso vacío y la novela, el relato o el poema queda más sugerente, seudo-sublime, perturbador, lleno de sentido indescifrable. A lo Carver (o sus imitadores). El lector, crédulo, trémulo, entregado, no sabe de qué narices se está hablando, aunque sospecha (con un estremecimiento de placer culpable) que le concierne.
Melville, Hawthorne, Poe y, para mí, sobre todo Twain. Sólo con esos cuatro ases, como diálogo con ellos, se puede leer casi todo el resto de la literatura norteamericana.
Aquí estoy, como era entonces, peregrinando en Hannibal, el pueblo en el que Mark Twain vivió y donde situó (aunque le puso otro nombre) las aventuras de Huck Finn.

En el ejemplar que me regaló Maribel (pongamos que se llamaba así), encontré una nota dirigida a mí:
Típico de mí: en un libro que me regala mi novia escondo una nota de mi amante.
Alicia tenía que ser (pongamos que se llamaba así). Colombiana, claro: el peor siriri.
Fue mi primera experiencia de adulterio recíproco.
Yo vivía con Maribel; Alicia con una novia que tenía, Belle, digamos.
Hasta entonces yo me había liado con señoras casadas o, estando liado yo, con chicas solteras, pero nunca recíprocamente.
El adulterio recíproco es atractivo, una llamada, una voz que se dirige a nosotros, como en el cuadro del Mesón del Surtidor, nos habla desde ese centro escamoteado, desde esa masa confusa, ese agujero negro o esa ballena blanca a la que no se puede dar alcance. Ese vacío ejerce una atracción gravitatoria irresistible, nos hace sentir el mismo placer culpable y la misma agreste ternura, desoladora. Qué bonito jugar a quererse sabiendo que el amor, su posibilidad, no existe. Aquello de lo que trata, ha sido eliminado de antemano, cinco minutos antes de que empezáramos a leernos el uno al otro. Qué resplandor opaco. Qué tragedia de baratillo. Qué jeribeques en el aire, sin lo sublime y lo sórdido, sin lo que somos.
O puede que no: puede que no sea un escamoteo, a lo Carver, sino como en Melville, una ballena de verdad, una masa confusa en el centro.
¿Tú qué piensas?
Vivía yo entonces con Maribel, una novia morena, contundente, cariñosa y hegeliana:
-Todo lo real es racional, Rafita, y todo lo racional es real -me recordaba cada dos por tres.
Así que con Alicia me propuse quitarle la razón, y nos embarcamos (como Ismael y Queequeg) en un Pequod destinado al naufragio heroico, a las citas sobre citas, a buscarnos a las cuatro por pasillos de la biblioteca o en aquella plaza con jardín que había en Queens.
Qué bonita piedrecita pa' pegar un tropezón.
Cuando la conocí ella llevaba una pulsera de plata en el tobillo...
No sé si seguir, porque los amables anónimos se quejan de que hablo de mis ex novias y mi vida privada, y afirman que no les importa.
Caramba, si no te importa mi vida privada, ¿para qué rayos lees esto, que sólo trata, que yo sepa, de mi vida privada?
... estaba sentada en el suelo, descalza...
¿A ti te interesa mi vida privada? ¿Sigo? ¿O sólo te interesa mi vida pública? ¿O piensas, como yo, que no hay diferencia y, si la hay, lo mejor sería confundirlas una con otra?
Estoy volviendo a leer Moby Dick.
J'ai trébuché, como le decía mi amiga a las monjas francesas.
O como en el vallenato aquel: qué bonita piedrecita pa' pegar un tropezón.
No es por chivarme, pero la culpa es de Muñoz Molina. Vi en la biblio una biografía de Melville con un prólogo de Muñoz Molina que la ponía por los cuernos de la luna.
Doscientas páginas y no puedo más. El libro de Andrew Delbanco es tan soporífero que decidí que sólo podía ponerle remedio volviendo a leer Moby Dick, ese libro que me regaló mi novia de entonces hace ya veinte años.
Como sabes, Ismael quiere embarcarse y abandona Nueva York rumbo a Nantucket. Antes pasa por New Bedford (el otro gran centro ballenero). Allí duerme en el Mesón del Surtidor.
Lo primero que ve es un cuadro extraño en el que "lo que más desconcertaba era la negra masa de algo blando y portentoso, que se alzaba en el centro del cuadro, sobre tres líneas azules, sombrías y perpendiculares, flotando en una espuma indescifrable".
Como es obvio, el cuadro se parecería a un Turner.
Este cuadro, en la antesala de la novela, ocupa el lugar de una declaración de intenciones, una poética.
En suma, una intrigante pintura, en verdad, suficiente para aturdir a un hombre nervioso. Y, sin embargo, había una especie de sublimidad indefinible e inimaginable, casi lograda, en aquel cuadro.
Lo mira y ve diferentes cosas, adivina formas y figuras, hasta que afirma:
Pero al final, todas estas conjeturas llevaban a aquel portentoso centro del cuadro. Una vez aclarado este algo, el resto del cuadro se veía claro.
Ismael ve, por supuesto, una ballena en el centro del cuadro.
A mí me parece que está declarando su intención: una novela con una masa indefinible en el centro, un misterio que, si se resolviera, permitiría entender todo lo demás.
O de otra forma: según resuelve cada lector esa macha de color en el centro, así interpreta y aclara todo lo demás. Por eso Moby Dick puede ser una novela metafísica, de aventuras, de amor, sobre el fracaso, teológica...
De Melville viene mucho de lo mejor y de lo peor de la literatura norteamericana. Lo mejor, esa ambición que lleva a una "sublimidad indefinible e inimaginable, casi lograda". Lo peor, el uso fraudulento de esa masa de color sin forma.
Así:
Uno escribe un poema entero, un relato, una novela, alrededor de un árbol, sobre una piedra, al pie de un cadáver. Cuando está terminado, se le quita el árbol, la piedra, el cuerpo muerto, y se esconde en un armario. En el centro queda entonces un misterioso vacío y la novela, el relato o el poema queda más sugerente, seudo-sublime, perturbador, lleno de sentido indescifrable. A lo Carver (o sus imitadores). El lector, crédulo, trémulo, entregado, no sabe de qué narices se está hablando, aunque sospecha (con un estremecimiento de placer culpable) que le concierne.
Melville, Hawthorne, Poe y, para mí, sobre todo Twain. Sólo con esos cuatro ases, como diálogo con ellos, se puede leer casi todo el resto de la literatura norteamericana.
Aquí estoy, como era entonces, peregrinando en Hannibal, el pueblo en el que Mark Twain vivió y donde situó (aunque le puso otro nombre) las aventuras de Huck Finn.

En el ejemplar que me regaló Maribel (pongamos que se llamaba así), encontré una nota dirigida a mí:
No me fui, porque no te vi y no me dijiste nada. Te quiero ver. Nos buscamos a las cuatro. Atte. El peor siriri que te has conseguido.
Típico de mí: en un libro que me regala mi novia escondo una nota de mi amante.
Alicia tenía que ser (pongamos que se llamaba así). Colombiana, claro: el peor siriri.
Fue mi primera experiencia de adulterio recíproco.
Yo vivía con Maribel; Alicia con una novia que tenía, Belle, digamos.
Hasta entonces yo me había liado con señoras casadas o, estando liado yo, con chicas solteras, pero nunca recíprocamente.
El adulterio recíproco es atractivo, una llamada, una voz que se dirige a nosotros, como en el cuadro del Mesón del Surtidor, nos habla desde ese centro escamoteado, desde esa masa confusa, ese agujero negro o esa ballena blanca a la que no se puede dar alcance. Ese vacío ejerce una atracción gravitatoria irresistible, nos hace sentir el mismo placer culpable y la misma agreste ternura, desoladora. Qué bonito jugar a quererse sabiendo que el amor, su posibilidad, no existe. Aquello de lo que trata, ha sido eliminado de antemano, cinco minutos antes de que empezáramos a leernos el uno al otro. Qué resplandor opaco. Qué tragedia de baratillo. Qué jeribeques en el aire, sin lo sublime y lo sórdido, sin lo que somos.
O puede que no: puede que no sea un escamoteo, a lo Carver, sino como en Melville, una ballena de verdad, una masa confusa en el centro.
¿Tú qué piensas?
Vivía yo entonces con Maribel, una novia morena, contundente, cariñosa y hegeliana:
-Todo lo real es racional, Rafita, y todo lo racional es real -me recordaba cada dos por tres.
Así que con Alicia me propuse quitarle la razón, y nos embarcamos (como Ismael y Queequeg) en un Pequod destinado al naufragio heroico, a las citas sobre citas, a buscarnos a las cuatro por pasillos de la biblioteca o en aquella plaza con jardín que había en Queens.
Qué bonita piedrecita pa' pegar un tropezón.
Cuando la conocí ella llevaba una pulsera de plata en el tobillo...
No sé si seguir, porque los amables anónimos se quejan de que hablo de mis ex novias y mi vida privada, y afirman que no les importa.
Caramba, si no te importa mi vida privada, ¿para qué rayos lees esto, que sólo trata, que yo sepa, de mi vida privada?
... estaba sentada en el suelo, descalza...
¿A ti te interesa mi vida privada? ¿Sigo? ¿O sólo te interesa mi vida pública? ¿O piensas, como yo, que no hay diferencia y, si la hay, lo mejor sería confundirlas una con otra?
Etiquetas: Alicia, Huck Finn, Maribel, Melville, pasado, Rafael Reig
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.



27 Comments:
rafa, lo mejor es la vida privada ¿no?
hay quien vive para contarlo, en cada momento van pensando cómo van a relatar lo que están viviendo.
siempre me ha parecido mejor contarlo (si es que quieres contarlo) porque lo has vivido, es decir, vivir, disfrutarlo y luego si se tercia, compartirlo y echar unas risas
me sorprende q hablando de escamoteos no hables de hemingway, supongo q cada cual tiene sus filias y sus fobias
un abrazo
Grandioso lo del adulterio recíproco. ¡Qué envidia!
A mí tambíen me gusta mucho Mark Twain. De Melville sólo he leido Bartleby, Benito Cereno y algunos cuentos.
Un fuerte abrazo.
P.D. Por cierto, a mí me interesa todo lo que cuentas en el blog. Pues muchas veces no es lo que cuentas sino cómo lo cuentas, lleno de gracia, profundidad y sensibilidad.
Me ha parecido muy certera la observación sobre Carver.
Separar vida pública y vida privada es como quien decide ser filósofo sólo leyendo libros. Filosofar es un estilo de vida, como en Spinoza, por ejemplo. No hay distinción entre vida privada y vida pública. Todo está relacionado. Todo está en todo, como dijo algún presocrático.
Rafael, siga con su vida privada. Acuérdese que est es un país de cotillas.
Cuéntenos lo de la muchacha con la pulsera de plata en el tobillo y olvídese de los anónimos pedantuelos y envidiosos, que si le reprochan que cuente usted su vida privada es porque en la suya no hay nada digno de ser contado. Cuente, cuente...
Pues me interesa lo que Ud. me quiera contar. Para eso tiene un blog y para eso lo leemos quienes lo leemos ¿no?
Por cierto, comparto la misma idea de que leyendo a esos cuatro norteamericanos se podría leer el resto de la literatura de ese país (y sí, sobretodo a Twain). ¿De qué autores españoles se podría decir lo mismo? ¿De cuáles nace la literatura actual española? Me gustaría que fuera Valle (a todos, creo, nos gustaría) pero algo en mi interior me dice que no es así y que es una pena.
Un saludo... después de tanto tiempo.
Desde un hotel de la costa malagueña, sito en la calle Moby Dick (lo prometo) le animo a que siga contando en el blog lo que le salga del níspero, que para eso es suyo (el blog)(y el níspero, claro ;-)
Rafa, si tu quieres copartir tu vida privada con nosotros por mí encantado. Es tu blog, tú decides. Un abrazo, ¡simpático!
A mí paseme su vida privada hasta el grado que quiera. Si puede ser empecemos por la chica del tobillo.
Escribí una vez una historia en la que el narrador comenzaba riéndose de la adaptación cinematográfica de los 30 y terminaba declarando que, pese a haber querido ser Fedallah, tuvo que conformarse con ser Ishmael. Nos ha pasado a muchos y unos días lo llevamos mejor que otros.
Rafa, sigue, joder. Que les den por culo a los talibanes envidiosillos.
A mí, en ese póker que te has marcado, me falta el as de picas, Faulkner.
¿Maribel y hegeliana? Qué peligro, Rafael.
A mí me interesa lo que cuentas: público, privado, real o imaginario. Lo que tú quieras. Como decía Labrousse: ?ni realidad ni ficción, repartición fluctuante de psicologías profundas?.
Bueno, lo único que sé es que cuando leo tu blog tengo la sensación de que te conozco desde hace veinte años, o más.
Ay, si no fuera por los tropezones? Qué lástima que sigan empeñados en asfaltar todos los caminos. En fin.
Besos.
Sigue, sigue escribiendo de cuanto gustes. Público (visto desde tu privado punto de vista) o privado (hecho público aquí), qué más da.
El Blog es: el Blog de Rafael Reig, no el Blog De Los que Opinan Sobre el Blog De Rafael Reig, por lo que usted escriba lo que quiera, o pueda.
Además, ¿no había quedado claro que lo personal es político, o sea, público?
Para todo lo demás tienen sus trabajos en Público y sus libros, ésto es otra cosa, aunque todo sea lo mismo, claro.
me gusta cuando recuerdas el pasado mezclando melancolía y sonrisas.
y no es que me interese tu vida, es que me gusta como escribes. podrías ser un domador de leones que escala en annapurna mientras se acuesta con miss universos y atractivas modelos, que si no supieras escribir, no te leería (aunque quizá te envidiaría)
A mí, Tres Rosas Amarillas de R. Carver, me parece magnífico. Y algunos de sus poemas absolutamente conmovedores.
Saludos Rafael, te conocí en la librería Literanta de Palma de Mallorca. Aquí Antonio Rigo, finalmente ha dejado de llover en el Mediterráneo.
Está muy bien eso de contar lo de las amantes.
Se rumorea de algun famosillo escritor se lo montó en plan salvaje en una de las casetas de la feria del libro, tras un flechazo con la firmante de la caseta de al lado. Con la lluvia, salía vapor del interior del cuartito cerrado a cal y canto a ultima hora de la tarde. El vigilante apunto estuvo de llamar a los bomberos.
El vigilante aunque vió a los contendientes, pensaba que eran trabajadores de la editorial y no afamados autores que creyó reconocer en un programa de Tv.
Y que opinas de John Steinbeck? No es tan rollo como parece, esas malditas uvas de la ira le hicieron mucho daño pero tiene una novela corta titulada " el poney rojo" bellisima, que he releido mas veces que " Moby Dick" de quien me quedo con el Capitan Ahab sin duda (todavia le recuerdo.
Me gusta la vida privada de las personas que nunca seran celebridades ni lo pretenden.
Me confieso: no he leído Moby Dick. Ahora mismo estoy leyendo 'La chica del tambor'. Y antes que ese, fué 'La isla de las tormentas'. He desempolvado la colección de libros de mi padre y estoy en ellos; esos libros que al final ponía el precio: 195 pesetas.
¿Infidelidad? Je, no soy la mas indicada para hablar de ello. Infiel propiamente dicho no he sido nunca; tambien debido a que no he tenido una relación lo suficientemente larga como para considerarlo como cuernos ó infidelidad. En cuanto a liarme con casados, ennoviados, prometidos y demas pues va a ser que sí. Un par de veces y si te he visto no me acuerdo. Lo mas cómodo cuando no quieres nada serio.
Claro que tambien hay que tener en cuenta la definición de infidelidad. Para mí un infiel es alguien que pone los cuernos premeditadamente, es decir, queda repetitivamente con otra persona a expensas de su pareja. Pero si estás un día de juerga y te enrollas con alguien a quién no vas a volver a ver fruto del calentón del momento, pues eso ya no serían cuernos ¿no?
Besos
Pd. lo siento, tras tiempo de ausencia vaya tocho te he metido.
Pd2. he encontrado un huequecillo, con su permiso voy a husmear entre las entradas antiguas.
Me encanta este blog, y me gusta mucho como escribe. También le leo en público que es otro tipo de blog que me resulta más interesante. Siga escribiendo igual y haciéndonos cómplices de sus historias, pero por favor... QUITE LA PUBLICIDAD DEL CORTE INGLES DE SU WEB!!! Me he quedado un poco sorprendida de que se preste a anunciar una megaempresa tan capulla como esa... :( Helena
Los nombres que primero me vienen a las mientes cuando oigo hablar de literatura norteamericana son: Whitman, Dickinson y Poe.
Sólo es mi opinión.
Entretenida e interesante bitácora la suya, sr. Reig.
Un saludo.
¡Sigue, Rafael! ¿Cómo te atreves a parar? ¿Y a quién le importan esos anónimos?
Tus aventuras pasionales (o sexuales, porque amorosas no creo) son cautivadoras. Y por lo que veo no soy la única que lo cree. David Torres lo ha expresado muy bien...
Anda, vuelve aquí y quítanos la miel de los labios
Bueno, tampoco pretendía celebrar un referéndum. Ya sé, yo contaré lo que me dé la gana y al que le dé la gana, que lo lea. Sólo me había extrañado un poco aquel comentario de que no le importaba mi vida privada.
Tienes razón, iba a hablar de Hemingway, claro que sí: me vale igual para el ejemplo. Abrazo, 29 febrero.
¿Grandioso? No sé, Loren, yo pretendía pintarlo como sombrío y juvenil, no sé. Un gran abrazo, Loren.
De acuerdo, Eugenio, sin duda.
Yo también soy cotilla, eh.
Contaré, contaré.
Déjame pensarlo, situacionista. A bote pronto, diría yo que El Lazarillo, Calderón, Cervantes y Galdós, pero lo pensaré mejor. Buena pregunta, pero difícil.
Calle Moby Dick, qué maravilla.
ïdem, hasta Plutón.
Por ahí empezaremos, tiraremos de ese hilo hasta devanar el ovillo, lteraturario.
Caramba, Carlos.
Bueno, David, yo decía el origen, la pre-historia, de dónde viene. Creo que Faulkner (a quien leo con tanto placer como tú) viene de una mezcla de Melville y Twain.
Escucha la canción, Opción C, es maravillosa: qué bonita piedrecita pa' pegar un tropezón. Nos conocemos de siempre, no hay duda. Un beso.
Así lo haré, Portorosa.
Todo es lo mismo, Mike, en efecto.
Hombre, Scouser, que yo me acuesto con una atractiva modelo: mi novia.
A mí me gustan muchas cosas de Carver. Pero me parece que ha producido un efecto tóxico, venenoso, difundido en talleres de escritura. Si nos conocimos allí, Antonio, iría con doscientas copas, porque me acuerdo que esa noche fue toledana. Un abrazo enorme.
Pues dé nombres, anónimo, que si no, no tiene gracia.
No he leído o no recuerdo a Steinbeck, Emma. Lo leeré. Un beso. O dos.
Qué alegría, Lenita, volverte a ver por aquí. ¿Consideramos infidelidad un polvo de una noche y pulpo animal de compañía? No sé, lo voy a pensar. Mientras, un beso.
Oiga, Helena, ¿de qué vive usted? Yo, de mi Olivetti. Le aseguro que no es fácil llegar a fin de mes tecleando. Si El Corte Inglés quiere poner un banner, yo encantado; y si usted juzga que hago mal, pues no sé, puede que tenga razón, pero de momento creo que no. Un beso.
Bueno, sí, pero dos son poesía, yo hablaba de novela. Pero de acuerdo en que esos dos son grandes nombres, Ignacio.
Ja, ja... Esther, qué cosas tienes. ¿Tienes miel en los labios? Encantado de quitártela, con los labios. Un beso meloso.
Y no sólo vida privada, también vida prohibida.
Saludos.
PD: En esa foto te faltan unos kilos, Rafael.
Qué bonito, lo de la piedrecita pa darse un tropezón... Yo me he dado hasta con rocas, jaja.
A mí me da lo mismo lo que escribas, sea público o privado (eso ya es tu problema), aunque cuando te pones en berenjenales meafísico-literarios (por definirlos de alguna manera) me cuesta un poco más seguirte, pero lo intento, y alguna vez creo que llego a comprender algo.
En cualquier caso, a quien no le guste lo que escribes, que pase página.
No dejes de escribir nunca (frase tonta, pues no lo piensas hacer, diría yo).
Por cierto, mi novia tiene celos de ti, jaja.
Una abraçada.
Joder, Rafa, pues claro. Sigue con el Blog. En este país donde todo el mundo se mete donde no le llaman y la gente te cuenta su vida sin que le preguntes es bueno aprender de experiencias como la tuya. Y al que no le interese... que no lo lea. Un abrazo.
A mí me interesa tu vida privada, porque me gusta cómo la cuentas y las reflexiones a las que tus historias dan lugar.
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