l Blog de Rafael Reig: Miénteme

Rafael Reig, escritor y profesor de literatura

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sábado 21 de junio de 2008

Miénteme

Tengo una gran cantidad de amigos diplomáticos, así que no me extraña que el servicio exterior español esté a la cuarta pregunta, ¿qué se puede esperar de unos tipos que se resignan a ser mis amigos?

Raro será que no estalle una guerra.

A Antonio Álvarez-Barthe, que ahora es Consejero de Cultura en la Embajada de Rabat, lo conocí hace ya veinte años, en Madrid. Lo que más le gustaba era la hipérbole irónica y erudita, las chicas con pantalones o faldas cortas de piel de leopardo y beber cualquier alcohol destilado, a condición de que se lo sirvieran sin hielo (si bien propendía a la ginebra Giró).

En aquellos tiempos en que padecíamos una keynesiana "preferencia de liquidez" fue Antonio el que me hizo conocer aquel soneto de uno de los hermanos Argensola (no está claro si Bartolomé o Lupercio Leonardo):

Yo os quiero confesar, don Juan, primero,
que ese blanco y carmín de doña Elvira
no tiene de ella más, si bien se mira,
que el haberle costado su dinero.

Pero también que confeséis yo quiero
que es tanta la beldad de su mentira,
que en vano a competir con ella aspira
belleza igual en rostro verdadero.

¿Qué, pues, que yo mucho perdido ande
por un engaño tal, ya que sabemos
que nos engaña igual Naturaleza?

Porque ese cielo azul que todos vemos
ni es cielo ni es azul; ¿y es menos grande,
por no ser realidad, tanta belleza?


Formidable, ¿verdad? Esta defensa del maquillaje, en el siglo XVI (o principios del XVII) me conmovió. Antonio escribió entonces un magnífico estudio (en una revista mexicana) sobre el soneto y el diálogo que ha mantenido con la idea de verdad y belleza la historia de la literatura. Borges, por ejemplo, le contestaba con el famoso artículo: "El cielo azul es cielo y es azul" y quizá en aquel poema que termina:

El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.


Tenue y eterno... qué felicidad, ¿no? Como diría Borges, en cada página hay una felicidad.

Los poetas siempre están contra el tiempo, es una insurreción contra la eternidad, a favor del instante; contra los valores, a favor de los bienes; contra la verdad, a favor de la belleza. Al final, es una insurrección contra la muerte, que es eterna y verdadera, y a favor de la vida, ese espejismo fugaz, tenue y quebradizo, que sólo el arte puede hacer que perdure. Por eso los tipos de Altamira pintaban bisontes con pigmentos inalterables y Antonio Machado hablaba de la "palabra en el tiempo", es decir, contra el tiempo.

Miénteme, dime que me quieres, ¿te acuerdas de Johnny Guitar? ¿Recuerdas aquel diálogo de Johnny con Vienna, la espectacular Joan Crawford, que repetíamos por los bares desoladores de tu barrio sin árboles en las aceras ni charcos ni ropa tendida en los patios de luces?

Johnny: ¿A cuántos hombres has olvidado?
Vienna: A tantos como mujeres tú recuerdas.
Johnny: ¡No te vayas!
Vienna: No me he movido.
Johnny: Dime algo agradable.
Vienna: Claro. ¿Qué quieres que te diga?
Johnny: Miénteme. Dime que me has esperado todos estos años. Dímelo.
Vienna: Te he esperado todos estos años.
Johnny: Dime que habrías muerto si yo no hubiese vuelto.
Vienna: Habría muerto si tú no hubieses vuelto.
Johnny: Dime que aún me quieres como yo te quiero.
Vienna: Aún te quiero como tú me quieres.
Johnny: Gracias (bebe un trago de whisky). Muchas gracias.


Muchos años después, mi amigo Claudio Chiaramonte me regaló en Nueva York un disco de una amiga suya, argentina, que cantaba el poema de Argensola con aire de tango, así que se puede decir que ese poema no me ha dejado nunca en paz, hasta hoy mismo.

Total, que me han traducido un libro al árabe y me fui a presentarlo. Se titula más o menos, en árabe, Muhakamat Addabía, o sea, juicios literios.

Llegué a Casablanca y me llevó un coche a la Embajada en Rabat. En Marruecos conducen como lo haría alguien a quien le acaban de diagnosticar una enfermedad mortal: con un alegre fanatismo y una impaciencia fatalista. Pasé algo de miedo, para qué mentir.

Antonio tenía guardía y esperamos en su despacho, hablando de chicas, claro, de qué vamos a hablar a nuestra edad.

Luego fuimos a su casa, donde estuve muy a gusto, con su biblioteca y su bodega a mi disposición. Comíamos en el jardín, con buen vino, y los libros al alcance de la mano, porque Antonio es de una precisión admirable.

-Eso es un poco como lo que decía Brecht -podía decir yo, por ejemplo.

Y Antonio se levantaba y traía a Brecht y, en treinta segundos, leía en voz alta, en alemán, la frase exacta.

Así que yo bebía el doble, mientras él iba y venía acarretando la historia de la cultura. Trajo el Corán, Nabokov, Rilke, los inevitables hermanos Argensola, Flaubert, Melville y hasta un ejemplar de Marta Harnecker que resultó ser el mío, que se lo habría dejado a Antonio en aquellos tiempos; me emocioné al ver mi nombre en la primera hoja y una fecha remotísima.

-Llévatelo.

-No, macho, quédatelo. No lo he echado de menos en un cuarto de siglo...

-¿Nunca has necesitado aclarar un concepto, qué sé yo, algo de la alienación?

-Sí, claro, pero me aguanto y me sirvo otra copa: el hombre es voluntad.

-Miénteme, dime que lo has echado de menos.

-He echado de menos los Conceptos elementales del materialismo histórico.

-Eso me tranquiliza.

Pasé unos días allí, yendo a cócteles de diplomáticos y cosas así. Di una conferencia en la Universidad de Rabat, la Mohamed V Agdal. Como en todo el mundo, en Filología predominan las chicas, aunque algo más variadas que en mi antigua Autónoma, hay que reconocerlo.

Tal que así:



Un día, con Alfredo Mateos, del Cervantes, compramos tres kilos de percebes (¡a cuatro euros!) y nos los comimos con jamón ibéricos (Antonio debe de llevarlo en valija diplomática) y unas cuantas botellas de single malt.

Antes pasamos por la medina porque nos hacía falta laurel y otras cosas,pero ¿cómo narices se dice laurel en árabe o francés? Ninguno de los tres nos acordábamos, así que pasamos la tarde intentando describir una hoja de laurel, que no es tarea fácil, y oliendo todas las hierbas que nos iban sacando y rechazándolas, hasta que apareció el laurel.

Nos dijeron cómo se decía en árabe, pero se me ha olvidado.

Aquí están en la medina de Rabat Antonio, a la izquierda; y Alfredo, a la derecha.




Las cinco de la mañana nos dieron. Bebimos como esponjas. Conversación de chicos: recuento de novias (entre los tres, llegaban a tres cifras), aventuras, ¿has tenido muchas experiencias de squirting? (dos manos levantadas), ¿cuándo has pasado vergüenza en la cama? (no menos que novias, entre los tres), y aquella vez que llaman a la puerta y...

También presentamos el libro en la la librería Kalila wa Dimma de Rabat.

Luego me fui a Casablanca.

Allí me recibió Larbi El Harti, de quien me hice amigo de forma instantánea. Qué simpatía y qué alegría transmite. Comimos al lado del mar, viendo las olas contra los acantilados y hablando de política. La cerveza Casablanca me gustó casi tanto como la Mahou; el Johnny Walker es invariable en cualquier latitud. Tomé salmonetes. Larbi me preguntó por Anusca: le habían hablado de ella. ¿Quién? Pues otros papás del cole que estuvieron por allí, Olvido y José Freixanes, que hizo una exposición espectacular en la catedral de Casablanca, en la que desplegó una enorme tela cosida con retales de ropa usada por inmigrantes de pateras. Lo efímero, la tela ligera, lo tenue (y eterno) contrapuesto a lo sólido, a la voluntad de permanencia de la enorme catedral.

No se puede ir a ningún sitio sin encontrarse con los fabulosos papás y mamás del Rufi, desde luego.

Por la tarde hicimos una presentación de nuestro libro mi traductora y yo.

Aquí estoy con Fatima Lehsini, mi traductora:



Me encantó Fatima, me pareció que podía haber tomate, ¿tú que crees? Yo no voy a decir nada, que luego mi novia se enfurruña. Que no se entere, ni una palabra, ya sabes.

Sólo diré que me hicieron unas entrevistas a las que respondí en mi cómico francés conjetural, vehemente y disparatado, luego tomamos unas copas con Larbi y nos fuimos a cenar al puerto, donde nos hicieron una lubina resplandeciente.

Aquí estoy en Casablanca, en un bar muy agradable donde, como se ve detrás de mí, la gente va a hacerse arrumacos y carantoñas a la puesta del sol:




Ayer volví cansado y contento.

-Miénteme, anda: dime que no has hecho ninguna travesuras con ninguna traductora, por ejemplo.

-No he hecho ninguna travesura.

-Dime que me has echado de menos.

-Te he echado de menos.

-Mira que eres tonto.

-Miénteme, dime que me quieres.

-Anda, ven, vamos a ponernos una copa.

-Vamos.

Y fuimos, como quien salta a bordo, aunque sea de la barca grande del Retiro, como en esta foto:

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32 Comments:

Anonymous Estrella_Polar said...

Se te echaba de menos Rafael.

un abrazo!

21 de junio de 2008 14:46  
Anonymous Anónimo said...

Rafael, estuviste muy bien en la presentación de Bellas y Bestias, de David Torres, en Hotel Kafka, lo mismo que Fernando Marías y Luis Alberto de Cuenca. Mil gracias.
Delicioso tu relato del viaje a Rabat.
Abrazote.
Román.

21 de junio de 2008 15:24  
Blogger Loren said...

Joder, qué envidia de viaje.
Me he descojonado con lo de la alienación.
Por cierto, no sé para qué quieres un rollo con Fátima teniendo a tu chica que es una santa. Verás cuando hable con ella ;-)

Un abrazo veraniego!

21 de junio de 2008 18:08  
Anonymous Marta said...

Rafael, hijo, qué es eso de omer percebes marroquíes, que ni son percebes ni nada... A cuatro euros,sí, pero malísimos. Me alegro de los del single malt.

Nos sigues debiendo una cena, y yo no soy de las que olvidan.

21 de junio de 2008 18:32  
Anonymous Maribel said...

Pues claro, Rafael, entre col y col? lechuga, que decimos por aquí.

¿No vas llegar cansado? Con el ajetreo de vida que lleváis los escritores, cualquiera.
En cambio yo he tenido una tarde de lo más relajada. Mientras tomaba el sol en la playa(ligera de bikini, como siempre), me ha parecido oír ruido de tambores. Al principio no he hecho caso y he pensado: ?ya está: Maribel y sus ritmos lejanos?. Pero como el sonido persistía me he incorporado un poco y he mirado hacia atrás. ¡Anda! Si no son imaginaciones mías: un chico joven con gafas de sol negras y patillas largas tocaba el tam tam. Por lo visto era su primer día de playa a juzgar por el color de la piel. Bastante más tranquila he continuado disfrutando del sol y de la música. Estaba tan a gusto que me ha dado pena marcharme y dejar al chico del tambor. ¿Volverá mañana? Llevaré la pulsera para el tobillo, por si acaso.

Besos

21 de junio de 2008 20:03  
Anonymous Belén said...

En casa somos unos enamorados del mundo árabe, también del magrebí. Nos ha hecho mucha gracia cómo describes a los conductores marroquíes, aunque discrepamos un poco: creemos que conducen sin mala leche, de manera disparatada y ruidosa, sí, pero sin el odio que transmiten muchos conductores en Madrid, por ejemplo.
Dicho lo cual, me ha gustado mucho el soneto de Argensola: es una maravilla.
Enhorabuena por la traducción. Avisaré a mi cuñado Tono, que vive en Damasco dando clases de español y estudiando, y sé que también te lee.
Besos.

22 de junio de 2008 12:02  
Anonymous Marieta said...

Para el escribidor: un placer leer tu artículo, por todo, y por describir de forma tan realista los disfrutes que encontramos en Marruecos los que vamos desde aquí "arriba".
Para Belentxín:
Muy buena esa precisión de que estáis enamorados del mundo árabe y TAMBIÉN del magrebí.
Yo me he identificado mucho con el miedo de Rafael a la forma peculiar de conducir de los vecinos de abajo. Sólo evitas el peligro si tienes una buena cuneta para meterte en el último segundo antes de que te choque el que viene de frente ocupando tu carril.
Es como todo, has de adaptarte a la realidad local.
Petonets

22 de junio de 2008 12:33  
Anonymous Javier Divisa said...

Pues qué bueno tu viaje. He estado de viaje por la India -no te miento si te digo que cada dos o tres días chequeaba tu blog, pero no sentía ganas allá en Delhi de enviar mensajes, costumbres, solo escribo si estoy en Madrid-, en fin por Delhi, "trabajando", visitando mercados, fábricas, y a algunos amigos de esos mercados, con una fiebre de 38 y medio el día que fui a Jaipur, y con María cenando pasta con langosta por 300 rupias, bebiendo Kingfisher, y haciendo cientos de fotos, como siempre. Espectaculares esas hindúes, profundas de mirada y bonitas, preciosas, mágicas. Acabo de llegar a Madrid, vamos a ver que dice el Reig, leo, a escribir. A ponerme las pilas en Madrid, estas ausencias pasan buena facutra los lunes.

22 de junio de 2008 13:33  
Blogger Raúl Betadine said...

Coño, Rafael, te leo muy de vez en cuando, pero, aparte de sana envidia (y admiración, pero eso no se dice), me das unas ganas de vivir que me duran una semana.
Un abrazo.

22 de junio de 2008 21:07  
Blogger Isola said...

Si no estuviera en plena mudanza con mis libros tristes y empaquetados a ocho o nueve manzanas de aquí te escribiría el diálogo de Hamlet con Ofelia al que me recuerda, y mucho, el poema de Argensola...si no recuerdo mal es el acto tercero o cuarto: lo de Hamlet es un lamento por el maquillaje y las maneras de las mujeres, que imagino ve como otra muestra más de la fisura entre la realidad y las apariencias que lo tiene loquito al pobre chico.

Y lo de la insurrección contra la eternidad me ha recordado a La vida breve, de Onetti.

Es que si no lo comentaba no me quedaba tranquila, ya me disculparás el marisabidismo.

Un saludo

22 de junio de 2008 21:37  
Blogger Más claro, agua said...

Casablanca... Gran cerveza... Gran película... Gran ciudad... ¿Por qué tuvieron que venir los norteamericanos con su White House?...

;-)

23 de junio de 2008 10:02  
Anonymous Anónimo said...

El personaje es, claro, Fátima.

Tiene ojos de una belleza que intimida, una hermosa sonrisa... y un pañuelo que le cubre el pelo.

En este mundo de confusiones, la prenda es una declaración, una toma de partido; pero el mensaje es ambiguo.

¿Qué hay en la cabeza cubierta de una mujer joven que traduce al árabe -al idioma y al mundo- libros subversivos como los tuyos?

23 de junio de 2008 11:13  
Anonymous Anonymouse said...

Pues anónimo, yo diría que en la cabeza de una mujer (bien guapa, por cierto) que se cubre el pelo y traduce a su lengua a Reig o a cualquier otro, hay conocimiento, sabiduría, cultura y apertura a otros mundos. Igual que en la cabeza de quien traduce con el pelo al viento, cubierto por una gorra o luciendo una calva resplandeciente. Cubrirse el pelo no es cubrirse los ojos. Ni las neuronas.

23 de junio de 2008 12:06  
Anonymous Marieta said...

Anonymouse, Plas, plas, plas
Aplaudo tu inteligente respuesta.
¡Qué bonita!

23 de junio de 2008 14:22  
Anonymous unademiedo said...

Yo le miento gustosamente, Don Rafael. Verá: no me ha gustado nada, pero nada, su blog de hoy, ni envidio su viaje, ni me ponen sus libros. ¿Le miento más?

Abrazos.

23 de junio de 2008 16:39  
Anonymous La-Ruina said...

Joder, Rafael, qué calidades literarias te gastas.

Si yo fuese mujer...

Ruina.

24 de junio de 2008 5:08  
Blogger LUIS AMÉZAGA said...

Un viaje así y dejó usted intactos los velos. Ya no somos lo que éramos.

24 de junio de 2008 12:16  
Anonymous Anónimo said...

Bueno, anonymouse, gracias por la respuesta.

Si lo que quieres decir es que hoy en día ir en Marruecos con un pañuelo cubriéndote la cabeza es lo mismo que llevar la cabellera al viento, creo que te equivocas.

24 de junio de 2008 12:22  
Anonymous Anonymouse said...

De nada, anónimo. Lo que quiero decir es que mostrar extrañeza por que una muchacha que se cubre el pelo traduzca a Reig dice más de los velos mentales de quien se hace la pregunta que de la muchacha, de cuya personalidad, conocimientos o circunstancias nada sabe. El velo que ella lleva no es más que un trozo de tela, el que nubla la visión de quien la juzga por llevarlo es más tupido y más difícil de quitar.

24 de junio de 2008 14:29  
Anonymous estherpg86@... said...

Pues yo espero no tener que decir nunca eso de "miénteme". Engañarse en el amor no sirve de nada.

24 de junio de 2008 23:47  
Anonymous Anónimo said...

Ese que se ha colado en el barco, que está como de tapadillo, ¿es nuestro amigo Alberto?

25 de junio de 2008 11:13  
Anonymous Anónimo said...

Ya te has pasado de lirismo, anonimouse. ¿Tú verías a una monja traduciendo al español, digamos, al Divino Marqués? Aplica el ejemplo mutatis mutadi. No descarto que bajo un hábito se esconda una mente libre, pero la cosa es, al menos, infrecuente.

Por eso expresé mi curiosidad ante lo que tendrá Fátima en su cabeza, que sin duda es muy interesante. Más interesante que lo que parece haber en la tuya, por cierto, que debe de funcionar precariamente con los cuatro tópicos de la triste corrección política al uso.

25 de junio de 2008 12:58  
Anonymous Mahmud Sánchez said...

Una mujer musulmana que se cubre el pelo no es una religiosa, eso es lo que parece no entrar en mentes obtusas ni a la de tres. Además hay que añadir una barrera cultural importante: el Divino Marqués es producto de su tiempo y también de su ámbito cultural (en el que la religión está presente). Menos denostar la corrección política y más darse cuenta del etnocentrismo cultural que ciega mucho más.

25 de junio de 2008 13:14  
Blogger Portorosa said...

¡Qué maravilla de texto, Rafael, del principio al final! Me ha gustado muchísimo.
La parte de la poesía, de su insurrección, me parece genial, de verdad.
La traductora estaba muy bien. Tú sabrás...

En fin, que se agradece mucho poder leer algo así. Un abrazo.

25 de junio de 2008 13:16  
Blogger La chica automática said...

Hace menos de cinco minutos me encontre en la misma tesitura de no saber decir laurel en ingles, y la descripcion no era facil, no: "What you would normally put in the lentils..." pero no habia manera. Menos mal que la tienda Garcia de Portobello Road nunca falla, aunque sus precios sean una verguenza. Saludos desde Londres.

25 de junio de 2008 15:19  
Blogger Esther said...

Qué posts más bonitos escribes, de verdad... me van a dejar de tomar en serio, cada vez que leo cualquier actualización se la envío a todo el mundo.
P.D: la verdad es que con carmín mejora todo. ¿Qué no tiene arreglo con un poco de colorado?

25 de junio de 2008 16:23  
Blogger begoyrafa said...

Miénteme Rafa Reig y dime que te lees todos los comentarios que aparecen en tu blog.
Y ya puestos y si fuera tu cardiólogo o algún familiar cercano o alguien que no leyera tus libros, te diría que debes cuidar un poco más lo que comes, lo que bebes y lo que fumas. Conste que lo dice alguien que lee y disfruta tus libros y que cree que sin ese alcohol, esa alimentación y ese humo no serían lo mismo.
Un abrazo
Rafa

26 de junio de 2008 9:44  
Anonymous anonymouse said...

Pues vale, anónimo. ¿Qué quiere que le diga? Allá usted con sus prejuicios. Le confieso que la comparación entre musulmana con pañuelo y monja ha desactivado el precario funcionamiento de mi mente.

26 de junio de 2008 11:34  
Anonymous Belén said...

Se me olvidó comentar el buen aspecto de Antonio Álvarez-Barthe: parece un hombre guapo y elegante. Y eso que no lleva pañuelo tapándole la melena.

26 de junio de 2008 14:26  
Blogger Rafael Reig said...

Yo también te echaba de menos, Estrella POlar. Abrazo.
Tú sí que estuviste muy bien, Román.
Ni una palabra, Loren, ni una palabra.
Te estaba esperando, Martita, sabía que ibas a decir que los percebes marroquíes no son percebes y bla, bla, bla... Pero el caso es que no estaban malos, eh. Y los salmonetes tampoco. Un beso y reconozco la deuda. Pronto pago.
Estáis hechos el uno para el otro, Maribel: la de la pulsera y el del tam-tam. Suerte y un beso.
Dile a tu cuñado Tono que se junte con mi amigo Fernando López-Murcia, que también está en Damasco y es muy buena gente. Un beso, Belén.
Tienes razón, Marieta: donde fueres... Petonets.
Me alegro de tu viaje, pese a la fiebre, Javier. Abrazo.
Coño, Raúl, si eso fuera verdad, no me podría dar mayor alegría. Abrazo.
Cómo no disculparlo, Isola. Y miraré lo de Shakespeare. La vida breve es un novelón, la verdad. Beso.
No sé, Más claro, no sé. A mí me agobia un poco Casablanca. Rabat tiene otro encanto.
Anónimo, no te dejes engañar. No hay nada diferente de lo que habrá en una mujer que lleve falda corta, porque así lo impone nuestra religión laica.
De acuerdo, anonymouse.
Sí, miénteme, una de miedo.
¿Qué? Si fueses mujer, ¿qué?
Pues, don Luis, prefiero yo meterme con la corbata, ¿no es más lógico? ¿No debería, antes de meterme con el velo, meterme por ejemplo con la corbata? Un abrazo.
Es que eres joven, Esther: engañarse en el amor, como en todo, consuela mucho. Un beso.
No, es alguien que pasaba por allí.
Un velo no es un hábito, anónimo. Es como una corbata. ¿Todo el que lleva corbata expresa fidelidad a la empresa? No creo. Lo mismo con el velo.
De acuerdo, Mahmud.
Gracias a ti, Portorosa.
Saludos, automática. Y un beso.
Con carmín, buena voluntad y dejarse llevar por el engaño, todo mejora, sí. Un beso, Esther.
Sí, los leo todos, Rafa, todos. Y mi salud está espléndida, no te preocupes. Más que suficiente salud tengo, no hay problema, pero gracias por el consejo. Un abrazo.
¿Guapo y elegante? Mujer, sí, no sé, le alegrará saber que gusta.

28 de junio de 2008 10:30  
Anonymous Belén said...

Rafael, qué cosas, conozco a Fernando. Lo conocí en Damasco, cenamos con él: Tono trabajaba también en el Cervantes. Sé que se acaba de casar. Fernando, no Tono. ¿Sabes a quién me encontré varias veces, por cierto, en el centro de Damasco? A mi admirado Eduardo Mendoza, que estaba invitado allí por el Cervantes. Ahora sólo nos falta conocerte a ti. Besos.

28 de junio de 2008 16:02  
Anonymous Ibn Foucault said...

Por cierto Rafa, para la próxima vez que vayas a Marruecos, Laurel se dice "Güarkat sidna Musa" (literlement, "Hoja de nuestro señor Moisés").
Un placer leer tu blog..

4 de julio de 2008 11:41  

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