l Blog de Rafael Reig: junio 2007

Rafael Reig, escritor y profesor de literatura

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sábado 30 de junio de 2007

En presencia de desconocidos

Ayer me fui con Rafa Escudero a recoger a las niñas del campamento. Mari Luz no venía porque de vez en cuando, por distracción o por casualidad, los políticos aciertan en sus nombramientos. Enhorabuena, Luz.

Habíamos quedado en La Nueva, en Quevedo, así que me fui un par de horas antes para trabajar en la taberna.

Me encanta leer y escribir en bares, y también perder el tiempo. Me siento a gusto cuando estoy solo y en presencia de desconocidos. Recordé de pronto esa frase: "not exactly alone but in the presence of strangers".

¿De dónde la habría sacado?

Cuando llegó Rafa le hice una foto, ésta:

Rafael Escudero

Nos tomamos una plataforma de cañas, por si acaso: no era cuestión de presentarse in albis en una granja-escuela, en un pueblo llamado Chapinería.

Nunca se sabe.

Las niñas, Blanca y Anusca, estaban agotadas y felices:

Blanca y Anusca

La mochila de Anusca pesaba mucho, demasiado.

--¿Pero qué llevas aquí?
--Un regalo para ti.
--¿Qué es?
--Ah, sorpresa.

¿Una escultura hecha con pinzas de tender? ¿Un barco modelado a navaja en madera de árbol? ¿Un jabón fabricado por ella? ¿Una pulsera? ¿Un porta-mecheros de escayola?

Decía que no a todo. Era una sorpresa. Pesaba más que una maleta grande.

Cuando llegamos a casa abrimos por fin la mochila y apareció el regalo.

Anusca estaba resplandeciente.

Me pareció tan increíble que le hice una foto:


Anusca y granito

--¡Granito del Guadarrama, papá! Lo que tú prefieres siempre... --decía Anusca, radiante.
--Me encanta, amor. Gracias.

¿Ahora comprendes por qué adoro a Anusca, por qué siempre me gusta estar con ella? ¿A que sí? ¿Te la imaginas buscando el pedrusco, guardándolo en la mochila, ilusionada, cargando con eso para mí?

Hace tiempo, un verano, me preguntó cuál era mi "piedra preciosa" favorita.

--El granito del Guadarrama --le dije.
--¿Pero es una joya?
--Yo creo que sí, hija. Se puede considerar joya, ¿por qué no?

Es verdad, el granito me emociona y me da que pensar. A menudo me repito, como una letanía:

--Cuarzo, feldespato y mica; cuarzo, feldespato y mica; cuarzo, feldespato y mica...

Y me siento a salvo, como si estuviera en presencia de desconocidos, en un bar, leyendo.

Granito: simple, pero duradero, resistente al tiempo, conmovedor.

Desde entonces, siempre que ve granito, mi hija me lo señala muy contenta:

--Mira, papá: ¡granito del Guadarrama!

Y en casa ya tengo pequeños trozos de granito que me ha ido trayendo.

Me hacen mucha compañía. Me siento protegido.

A mi hija le pasa lo mismo que a mí: decir sólo "granito" da mucha menos alegría que añadir "del Guadarrama".

"Granito del Guadarrama", en cambio, es un conjuro que desata emociones y ensancha la sonrisa.

¿Te imaginas a Anusca guardando el tesoro, la "piedra preciosa" favorita de su padre?

Es muy buena persona: tiene lo único importante, lo único que de verdad cuenta.

La roca indestructible de la bondad, el mejor material de construcción.

La invité a merendar el helado más grande que la imaginación humana pueda concebir.

Aunque me cuesta creerlo, en el desorden de mi casa a veces incluso soy capaz de encontrar un libro.

Me sonaba que lo había sacado de ahí y no me equivocaba.

Democracy, de Joan Didion. Lo leí, según pone en la primera página, en 1987.

Me aburrió soberanamente, de eso sí me acuerdo; pero subrayé esto en la p. 33:

"Some men (fewer women) are solitary, unattached to any particular place or institution, most comfortable not exactly alone but in the presence of strangers."


Que nos viene siendo, sobre poco más o menos:

"Algunos hombres (menos mujeres) son solitarios, sin vínculos con un lugar o una institución concreta, se encuentran cómodos, no exactamente solos, sino en presencia de desconocidos"


Dentro del libro hay una nota: "Bill Carroll called about the oral exam"... Un estudiante llamó al departamento para cambiar una fecha de examen. También hay una invitación a una barbacoa. En aquel año 87 yo enseñaba en Boston. En la universidad tenía poco trabajo, sólo les torturaba con el subjuntivo los martes y jueves, y podía estudiar gratis lo que quisiera, así que me matriculé en cine y en literatura norteamericana. Por eso leí ese libro aburrido de esta señora tan poco atractiva.


Una niña buena es una piedra preciosa, mi preferida: granito de Guadarrama contra el tiempo.

Se considera joya, sí, ¿no te parece? ¿Aceptamos granito como joya y pulpo como animal de compañía?

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viernes 29 de junio de 2007

Telemadrid

Telemadrid es más grande que la catedral de León, quizá más grande que Notre Dame de París, pero aún así no han sido capaces de poner una sala para fumadores en todo el edificio.

Hacemos turnos para ir a echar un cigarrito a los lavabos.

Tampoco dan alcohol, pero hemos traído una botella de J&B de la que nos vamos sirviendo sin sacarla de la bolsa.

(Gracias, Arancha, encanto).

Así las cosas, el ambiente es como de campamento juvenil, con varios adultos fumando y bebiendo a escondidas. Un poco patético, ¿no te parece?

Me acuerdo de Anusca, en su campamento, ¿estará tomando demasiadas golosinas a escondidas? ¿Le habrá dado un beso a Ignacio o a Guille detrás del árbol? ¿Llevará mercromina en las rodillas?

La echo más de menos.

Lola Beccaria y Martín Casariego han venido elegantes.

Casariego y Beccaria


Yo no. Yo llevo pantalones cortos, aspardeñas de suela de esparto y una camiseta de la Penya El Rot, de Piles.

--No se nos ve de cintura para abajo --me disculpo.

Nos ha invitado Fernando Sánchez Dragó para hablar de Re:, la colección de (per) versiones de los clásicos que ha empezado Chavi Azpeitia en 451.

Fernando empieza hablando, sin embargo, de un viaje que hizo en Land-Rover y unos avistamientos de OVNIS cerca de Soria.

--¿Y no te abdujeron los marcianos? Podían haberte abducido...
--No, y es raro, porque iba con una chica guapísima: cualquiera la habría abducido.
--A lo mejor los marcianos sí te abdujeron, manipularon tus neuronas y luego lo borraron todo de tu memoria...
--¿Tú crees?
--Explicaría muchas cosas...

Fernando nos pregunta si es que acaso nosotros no hemos visto nunca OVNIS:

--No me digáis que entre seis escritores ninguno habéis visto un OVNI.
--Pues no --confieso--. Yo soy el típico escritor que nunca ve OVNIS.

Eso es quizá lo que más define mi estilo literario.

--Hay que joderse --comenta Chavi.

Ángela Vallvey habla de su libro. Martín Casariego habla de su libro. Lola habla de su libro. Fernando Sánchez Dragó habla de Fernando Sánchez Dragó. Irene Zoe Alameda habla de Hobbes. Sí, Hobbes. Al principio yo también creí que era el santo Job, pero no: parece que es Hobbes, un filósofo o algo.

Irene se acalora con el amigo Hobbes y yo no dejo de mirarle el escote.

Irene Zoe Alameda


Ante mí, a pocos metros, tengo a una doctora por Columbia, novelista, profesora de universidad, investigadora del CSIC... y yo, en lugar de absorber sin parar conocimientos útiles cual esponja, lo único que hago es mirarle el escote.

Qué pena, ¿verdad?

Llámame machista. Llámame superficial. Llámame guarro inclusive. ¿Tú crees que tengo arreglo?

Todos somos vecinos, pero resulta que es demasiado complicado anular los taxis que ya han pedido, así que nos vamos luego todos para el barrio, pero cada uno en un taxi.

Echamos carreras por la carretera de Extremadura. Mi taxi se pone en cabeza en el túnel, ¡toma ya!

La línea de meta en la que hemos quedado es el bar de Pedro, el Expres, en Noviciado.

Mi conductor gana, ¡bien!, seguido a pocos metros por el de Chavi.

Las chicas se retrasan, así que vamos empezando con las cañas.

Bar Expres

No, Ángela no está indispuesta: esa mano en la barriga es la mía, que no sabía bien donde ponerla.

Tomamos croquetas y cervezas. Más cervezas que croquetas.

Debatimos o departimos (lo primero que salga) sobre nuestros "asuntos propios", como los funcionarios, a saber: divorcios, niños, quién de nosotros ha follado alguna vez en una cabina del Teleférico, por qué narices no nos han invitado a ese viaje de escritores en un buque-escuela ruso, cuánto pagan por ser jurado en tal premio, quién sabe algo de ese nuevo periódico que dicen por ahí que va a salir en otoño.

Todos decimos que no sabemos nada.

Ángela dice que ella no cree que en un viaje en Teleférico dé tiempo a echar un polvo.

¡Gluuups! Los chicos miramos al suelo, carraspeamos y cambiamos de tema a toda velocidad.

Por si acaso.

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jueves 28 de junio de 2007

Los polvos, los lodos

En 1996 conseguí trabajo durante un año en Waterville, Maine.

Maine es tal y como te lo imaginas: una llanura inmensa con un joven en medio que lo quiere todo para la droga.

Bueno, y nieva sin parar.

Mi novia de entonces vivía en Miami y a veces iba a verla. A veces venía una amiga de Nueva York. Muchos fines de semana conducía cinco o seis horas y me iba a Vermont a ver a mis amigos argentinos. A la vuelta, paraba en New Hampshire (que casi no tiene impuestos) y llenaba el maletero de cajas de whisky.

Maine es un sitio avaro en diversiones. Aparte del alcoholismo deliberado, la dichosa naturaleza y algún concurso de Miss Camiseta Mojada, no había mucho que hacer. Íbamos mi amigo Aitor y yo a ver la casa de Stephen King, nos tomábamos unos pitchers y unos shots en el bar del pueblo, hacíamos fiestas, y yo jugaba un día a la semana al ajedrez, en un club que se reunía (no sé por qué) en el Hospital Psiquiátrico.

Qué tranquilizador, ¿verdad?

Aitor y Tania

Intentábamos ligar, por ejemplo con Tania, la becaria que daba clases de conversación de ruso.

Ni caso nos hacía.

En la foto, Aitor con Tania y conmigo. Tatiana era de San Petersburgo, un sitio en el que yo había estado en cientos de novelas. Conocía la Perspectiva Nevsky como si fuera la calle San Bernardo, de tanto leer a Dostoievsky.

Un día, sin embargo, ligué.

Estábamos en casa de Aitor, bebiendo whisky tumbados en el suelo, según nuestra costumbre. Tal que así:


whisky en el suelo


Aparecieron dos chicas medio españolas que Aitor había conocido en el supermercado (allí para ligar había que ir al súper o a misa, así que la decisión estaba clara).

La morena se llamaba Pilar y me preguntó a qué me dedicaba (cuando no bebía tumbado en la alfombra, que era a menudo).

--Doy clases de literatura.
--A mí me apasiona la literatura. Trabajé de asistenta en casa de un poeta español.
--Ah, ¿un poeta conocido?
--Creo que se llamaba Alberti.
--Me suena.

Estas cosas, estas mágicas casualidades, en la inmensa llanura de Maine, acaban por unir a dos espíritus erráticos, quieras que no, así que fuimos a mi casa, donde no había más muebles que una mesa, cuatro sillas de madera y un colchón en el suelo.

En el que acabamos.

Aquí, un paréntesis.

A la mañana siguiente me desperté, iba a hacer café y, ¡cataclonk!, la cafetera al suelo. Tenía la mano derecha sin sensibilidad, no podía sujetar nada. No me dolía. No soy yo de mucho preocuparme, así que me dije:

--Ya se me pasará.

Esperé a que se levantara Pilar y le pedí que hiciera ella el café.

--Se me ha quedado como dormido el brazo derecho --le expliqué, aunque no era esa la sensación: ni dolor ni hormigueo.

Tenía un coche automático, así que pude conducir con una sola mano hasta casa de Aitor, para que Pilar se reuniera con su amiga.

Para una vez que ligo: me quedo paralizado.

Formidable, pensé: típico mío.

--Ya se me pasará --me tranquilizé, empero.

Pues no se me pasó.

A los tres días seguía con la mano tonta, no podía ni sujetar la tiza para escribir en la pizarra.

Tomé una decisión heroica: fui al médico.

Me dijo que tenía esclerosis múltiple.

Joder, pensé: joder.

Pasé un par de días malos, sin saber qué hacer, esperando la cita con el neurólogo.

El neurólogo me aseguró que no era esclerosis múltiple. Que el otro médico era un botarate. El neurólogo tenía un fuerte acento ruso y eso me inspiraba mucha confianza. Me hizo pruebas y preguntas y al final dijo:

--First of all: find the lady.

He llamado a chicas con excusas pintorescas, lo admito, pero conseguí el teléfono de Pilar y llamé a una chica, por primera vez en mi vida, "por prescripción del neurólogo".

--¿Te puedo hacer unas preguntas sin importancia? --le dije.
--Claro.

Así que comencé con la lista que me había preparado el neurólogo al que yo suponía soviético. Y espía: había decidido que era espía también. Un tipo admirable: yo estaba a su favor, al ciento por ciento.

--Mmmm, un mordisco que tengo en la lengua, ¿te acuerdas si me lo hiciste tú o tal vez me lo hice yo solo?
--Ni idea.
--Y, por la noche, ¿recuerdas que haya tenido muchas convulsiones?
--¿Muchas convulsiones? Las justas, tío. Si fue visto y no visto y luego te quedaste roque. De convulsiones nada: ronquidos.
--Vale. ¿Te acuerdas si había alguna luz brillante?
--Oye, ¿qué pasa? Esto es muy raro...
--¿Raro? Qué va. Curiosidad, mujer, simple curiosidad.

Y así todo el rato.

--Bueno, pues te llamo un día... --le dije.
--No, no. No me llames. Mejor te llamo yo, ¿vale? No me llames tú, eh.

Hasta hoy.

El neurólogo finalmente, tras descartar epilepsia, esclerosis y qué sé yo, me dijo que no tenía nada. Una pequeña neuropatía radial, que se me pasaría sola. Me dijo que era algo muy corriente "en los marineros rusos". Esto me pareció un detalle simpático. Me sentí casi parte de la tripulación del acorazado Potemkin. Que al parecer, los marineros rusos, cuando están de vodka hasta las orejas, se acuestan en la litera con un brazo colgando, hasta que consiguen destrozarse bastante tejido nervioso, sin darse cuenta, anestesiados por el vodka.

Eso me había pasado.

En un par de semanas, estaba normal.

Sin embargo, desde entonces duermo siempre en postura póstuma, con las manos enlazadas en el pecho.

Por si acaso.

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miércoles 27 de junio de 2007

No lo digas en voz alta

Mi hija Anusca ya se ha ido al campamento. La echo mucho de menos.



Cuando por fin arranca el autobús, todos los padres salimos cantando y bailando por la calle José Abascal, muertos de risa.

Debería haber aprovechado para trabajar, pero ¿qué hice? ¿te lo imaginas?

Correcto: me fui a tomar una caña.

Me gusta El Mirador de Bayona porque ponen la cerveza en taza. Está helada, muy rica, siempre dan ganas de pedir otra.



Luego me fui a comer con los amigos fumadores, previo paso por el estanco del amigo Jesús Llano, en Cardenal Cisneros, para aprovisionarnos.



Álvaro Muñoz, yo, Javier Blanco y David Torres.

¿Te has fijado en la bonita lámina de Manolete?

Acababa de recibir una información sobre el Edinburgh Book Festival. Advierte, en negrita, para que sea bien visible: "We have some smoking rooms available, but there is very limited availability for these".

O sea, que tienen habitaciones en las que no está prohibido fumar (me niego a decir majaderías como "habitación de fumadores", como si las habitaciones fueran distintas), pero que tienen muy poquitas.

¿Por qué narices no tienen más? Pues por la sencilla razón de que está prohibido tener más habitaciones en las que no se prohíba fumar, igual que en España. Igual que está prohibido poner una sala de fumadores en un centro de trabajo. ¿Por qué? Si un adulto quiere fumar, ¿por qué no puede hacerlo en un lugar donde no moleste a nadie? ¿Porque no le da la gana a la ministra déspota Salgado o a los cagatintas de la Unión Europea? Vamos anda...

A veces le he dicho a alguien:

--Oiga, ahí no se puede aparcar.
--¡Sólo es un momentito, hombre! --me suele responder indignado, casi a punto de golpearme.

Que los conductores se salten la ley está bien visto en España.

Creo que los fumadores deberíamos hacer lo mismo. Fumar donde nos dé la gana, como aparcan los conductores en pasos de cebra, doble fila, vados, etc.

--Oiga, ahí no se puede fumar.
--¡Sólo es un cigarrito, hombre! --nos indignamos, y ya está.

En cuanto al lenguaje ese orwelliano de "habitaciones de fumador", etc., pienso que deberíamos rebelarnos. Yo veo un cartel que dice "gracias por no fumar" y, de inmediato, enciendo un cigarrillo. Si lo quieren prohibir, que lo prohíban, pero hay que obligarles a llamar a las cosas por su nombre.

Se trata de una prohibición.

Además, en sí mismas, las habitaciones son iguales, ¿no? ¿Hasta dónde vamos a permitirles que lleguen? ¿Habrá pronto "habitaciones de roncadores" o "habitaciones de masturbadores"?

--En esta habitación no se puede masturbar usted, señorita, tenemos un número muy limitado de habitaciones de masturbadores y están todas ocupadas.

Cada vez entiendo menos cosas. Pero de esto ya no se puede hablar en voz alta.

Leo en El País que:

"según el informe de la OCDE, entre 1995 y 2005 el salario real medio en España ha perdido el 4%"


Y al mismo tiempo:

"los beneficios empresariales han aumentado el 73% entre 1999 y 2005".


En el periódico tienen analistas. Estos tíos piensan, se estrujan las meninges, ven cosas que los demás no vemos y, al final, atribuyen el crecimiento ecónomico a la "moderación salarial" y los cuatro millones de inmigrantes.

Formidable: qué capacidad de análisis.

Con su estilo habitual dicen los analistas: "La receta atenuante consiste en aumentar el capital social". O sea, más transporte público, sanidad, educación, etc. En Europa se destina a protección social el 28% del PIB. Aquí: sólo el 20%.

Sí, pero ¿y la moderación empresarial? ¿Es bueno que las empresas ganen tanto dinero, cuando a la vista está que no lo usan para subir los salarios, sino que se lo llevan crudo? ¿Hay que aguantar encima las peroratas de los empresarios acerca de la "flexibilidad", la "creación de riqueza", etc.?

Pero de esto no se puede hablar en voz alta: es un artículo de fe que, cuanto más ganen las empresas, mejor para todos. Ja, ja, ja.

También leo hoy que "las feministas critican cómo se aplica en los juzgados la ley contra el maltrato". Una va y dice: "No puede ser que las mujeres entren denunciando y salgan imputadas".

¿Ah no? ¿Y por qué no puede ser? Lo que no puede ser, señora, es que cualquiera, hombre o mujer, haga una denuncia falsa y se vaya tan campante. Si un juez ve indicios de falso testimonio o denuncia falsa, tendrá que "deducir testimonio" (o como rayos lo llamen) y tendrá que perseguirlo, ¿no le parece?

Pero de esto, de las denuncias falsas, no se puede hablar tampoco en voz alta. Que se lo pregunten a la jueza decana de Barcelona.

Cada vez hay más cosas de las que ya no se puede hablar en voz alta.

Da pena, pero es así.

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martes 26 de junio de 2007

Dos láminas y un dibujo de verdad

Dalí solía reírse del izquierdismo de Picasso. ¿Picasso comunista? Ja, ja, ja. Siempre decía: Picasso es comunista y yo, en cambio, soy un facha, ¿verdad que sí? Sin embargo, en todos los dormitorios de clase obrera, en todo Coslada, Móstoles o San Sebastián de los Reyes, ¿qué hay? Una reproducción de mis cuadros. Una lámina del Cristo de Dalí encima de la cama.



En cambio (seguía diciendo Dalí), ¿dónde están las putrefacciones de Picasso, el comunista, el portavoz del pueblo obrero? Pues en todos los pisos de señoritos, de los burgueses que juegan a revolucionarios. Allí nunca falta esa tontería del Guernica. Un obrero de verdad jamás pondría ese cromo en su casa: pone mi Cristo, sin dudarlo.

Algo de razón tenía Dalí.

Y da que pensar, ¿verdad?

El Cristo de Dalí se llama: Cristo de San Juan de la Cruz.

Una vez estaba en Ávila con una novia que tenía (Hola, Marisol). Como sufro de vértigo, lo de subir a las murallas me pareció un suplicio. Me tuve que poner a gatas por las escaleras.

Luego fuimos a La Encarnación. Allí, en una pared, tienen el cuadro original, que es muy pequeñito, menos que un folio. Es un dibujo que pintó San Juan de la Cruz. Este dibujo:



Yo había leído mucha poesía mística, pero nunca había visto algo parecido. Un tío que tiene una visión mística y, en lugar de escribir una poesía, hace un dibujo.

Un dibujo extrañísimo, con un escorzo insólito, como visto por un pájaro en vuelo. Un dibujo con una fuerza casi expresionista en las manos, en los clavos, en esas gotas que podrían ser de sangre.

Me impresionó mucho el dibujo de San Juan de la Cruz, tánto que compré esta postal, y la tuve muchos años pegada con celo encima de mi mesa. Se ven las marcas del celo todavía.

A Dalí también debió de impresionarle y lo copió, como si fuera Bryce Echenique o Lucía Etxevarría. Volvió a pintarlo, pero le puso esos colores de estampita que utilizaba Dalí. No podía evitar que todo le saliera como una ilustración de calendario.

El Guernica, el Cristo de Dalí: dos láminas, dos cromos. El Cristo de San Juan de la Cruz: un dibujo de verdad.

¿Conoces algún místico que trasladara su visión a un pentagrama, que compusiera una pieza musical? ¿O una fórmula matemática? ¿Que silbara algo por lo menos?

Peticiones del oyente: aquí pongo la dichosa entrevista con los Hombres-G. Son tres páginas por separado.

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g3.tif

Ayer me llamó Juan Madrid desde Caracas. Está allí, con Isaac Rosa y otros, para dar el premio Rómulo Gallegos. Que llovía en Caracas. Que bueno. Que si presentábamos su libro, Pájaro en mano, el sábado. Que vale. Que hacíamos algo en la librería Estudio en Escarlata, que además son amigos, y luego nos tomábamos unas copas. Que sí, que cojonudación. Pues allí estaremos el sábado, por si a alguien le apetece: Guzmán el Bueno, 46.

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lunes 25 de junio de 2007

La Perla de Labuán

Íbamos diciendo:

--Esas chicas no son unas malvadas: tienen preocupaciones. Piensa que hasta la más fea de ellas ha hecho sufrir a su novio.
--Cierra comillas, Orejudo --le decía yo.

Hablábamos con frecuencia muy tipográficamente: con comillas, subrayados y palabras en negrita.

Era 1983.

Citábamos para enseñar nuestro bachillerato como la chica que se desabrocha otro botón del escote para enseñar el sujetador.

Debíamos de ser insoportables.

Hoy, veinticuatro años después, me levanto para comprobar la cita. Me sigue gustando más la traducción de Orejudo:

Ces femmes ne sont pas méchantes elles ont des soucis
cependant
Toutes même la plus laide a fait souffrir son amant


Es Apollinaire, claro: Zone.

En la Universidad Autónoma de Madrid, la UAM, había chicas. Nos gustaban muchas de ellas. Ninguna nos hacía ni caso. No eran malvadas: tenían preocupaciones. Dedicaban demasiado tiempo a hacer sufrir a sus novios.

Entonces se consideraba importante que las carreras tuvieran salidas. En la librería vendían una voluminosa Guía de salidas universitarias. Recuerdo que conocí a Mariló (hola, Mariló) con sus amigas en la librería. Miraban la Guía de salidas universitarias y comentaban:

--Anda, qué guía tan curiosa. Mira a ver si salimos nosotras.
--No aparecemos nosotras --decía Mariló, hojeando el libro--. Ni siquiera Julita, pues menuda guía.
--Imposible, yo seguro que salgo. Si no salgo yo... --aseguraba Julita.
--¿Salen también profesoras? --preguntaba Belén--. ¿Viene con teléfonos?
--¡Cómo no van a salir! En proporción hay más salidas que entre las estudiantes, ¿no?

Nos hicimos amigos y las llamábamos "Mariló y la extraña familia".




Aquí están Julita, Pilar y Mariló. A mí la que más me gustaba era La finesa bonita. Y también La de la moto, que tenía una Vespa.

Nosotros éramos del siglo XIX, queríamos ser escritores, cuando todo el mundo ensayaba en un garage para grabar una maqueta o quería hacer una película o un cómic.

No me sorprende que las chicas no nos hicieran ni caso.

Debíamos de ser abofeteables.

Teníamos ideas tan decimonónicas como la de "fundar una revista".

Esta revista, que en efecto hicimos:



En la UAM, La perla de Lab-UAM: ja, ja, ja. ¿Lo pescas, el chiste? Ja, ja y ja otra vez.

Aquí puedes leer (con algún esfuerzo) la dedicatoria que escribimos Orejudo y yo: dedicatoria.doc

Da pena, ¿verdad? Lo que te digo: abominables.

También pusimos, en la última página, una "Contradedicatoria" igual de larga.

Entrevistamos a un grupo musical que se llamaba Hombres-G. Eran tan poco conocidos que todo el mundo pensó que nos los habíamos inventado (cosa que hubiera sido muy propia de nosotros, por otra parte).

Esos tipos existían, por inverosímiles que parecieran.



A la izquierda están tres hombres-g. El del centro creo que se llama David Summers. A la derecha estamos el Orejudo y yo.

Nos pusimos ciegos de porros y cervezas y la entrevista fue un desastre. Nos parecían tan fachas y tan pijos que, para escandalizarles un poco, Orejudo y yo les dijimos que éramos homosexuales y pareja.

Se escandalizaron más de lo que pensábamos.

Cuando salió la revista y leyeron lo que habíamos escrito juraron partirnos las piernas.

No lo han cumplido.

Todavía.

¿Tú cress que aún corremos peligro o habrá caducado ya el delito?

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domingo 24 de junio de 2007

Corazones insurrectos

Así que ayer por la mañana fui a la buhardilla de mi chica, que estaba preparando una tortilla de patata.



Luego nos fuimos a casa de Vanessa y Edu Vilas. Comimos pollo y la tortilla manufacturada por mi chica a gran altura, sobre los tejados de Madrid, y anchoas. Bebimos. La tortilla estaba buena. Seguimos bebiendo.



Edu y Vanessa tienen dos perros: Colette y Tosco. A Tosco, porque es casi ciego, yo le llamo siempre Borges.

--Borges me está lamiendo las piernas --anuncié.
--Un buen comienzo de novela --propuso Eduardo--: "Borges me lamía las rodillas mientras yo leía El juguete rabioso".

Mi corazón, me di cuenta de inmediato, es como un animal doméstico: caprichoso, reclama atención constante, no soporta que le dejen solo.

¿Tu corazón también es así? ¿O se comporta con más independencia, como un gato? ¿Se sube a los tejados por la noche? ¿Viene tu corazón cuando le llamas? ¿Te está esperando cuando vuelves a casa de madrugada? ¿Te obedece?

Mi corazón está domesticado, si le dejara solo, en la naturaleza, en medio de la ciudad, no sabría defenderse ni encontrar alimento. Mi corazón no sobreviviría entre desconocidos: ya no tiene instinto, pero aún no sabe hablar.

¿Tienes tú un corazón silvestre, un corazón capaz de salir adelante por sí mismo? ¿Tienes tú un corazón insurrecto, incapaz de aprender a comportarse? ¿Un corazón que ladra y araña la puerta cuando se queda solo?

Aquí hay un vídeo breve en el que aparezco, ¡cómo no!, haciendo el payaso. El que lo grabó tampoco debía de andar muy derecho, a juzgar por sus notorias dificulades para enderezar la cámara.

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viernes 22 de junio de 2007

Anda, dímelo al oído

Decía Pascal:

J'ai découvert que tout le malheur des hommes vient d'une seule chose, qui est de ne savoir pas demeurer en repos, dans une chambre.


Como quien dice:

He descubierto que toda la desdicha de los hombres viene de una sola cosa: de no saber quedarse tranquilo, dentro de una habitación.


"S'il savait demeurer chez soi avec plaisir", si el hombre supiera quedarse en casa con placer, nada malo podría ocurrir.

Bueno, sí, supongo.

Y sin embargo...

No sé tú, pero yo siempre estoy deseando "coger calle", como diría Fortunata.

Así que ayer me fui a celebrar el fin de curso del Hotel Kafka. Estuvimos en la taberna de Santi.



En la foto veo a Raúl, a Eloy Tizón hablando con Federico, y a Edu Vilas al fondo, con Mateo de Paz y Tito.

--Ponme una cervecita, Pepi, anda.
--Qué malo eres, ¡pero qué malo eres!



--Vale, pero una cervecita...
--Oyes, oyes, a mí no me echas tú fotos, que eres muy malo, Rafael.
--Si es con la ropa puesta, Pepi.
--¡Si es que eres más malo!... Te voy a dar yo a ti bustos.

Total, que al llegar a casa, chez moi, a solas con mi maldad, me puse a releer a Blaise Pascal.

Yo no leo: releo, faltaría más.

Todo intelectual que se respete siempre relee. Leer debe de ser de ignorantes, lo propio del hombre de la calle.

Rien ne fait mieux entendre combien un faux sonnet est ridicule que d'en considérer la nature et le modèle, et de s'imaginer ensuite une femme ou une maison faite sur ce modèle-là.


O sea, más o menos:

Nada mejor para comprender hasta qué punto un soneto falso es ridículo que considerar su naturaleza y su modelo e imaginarse a continuación una mujer o una casa hecha a partir del mismo modelo.


A ver si entiendo a Blas Pascual: hay que imaginarse una mujer que, en mujer, equivalga a un soneto de Garcilaso, por ejemplo, o sea, fabricados los dos a partir del mismo modelo, aunque en distintas formas y materiales. O dicho de otra manera: si Pepi, por ejemplo, en lugar de mujer, fuera un soneto, ¿qué soneto sería?

Uno en alejandrinos de Rubén Darío: triunfal, apisonador, pegadizo.

Esos versos que se aprenden de memoria sin querer, sin darse cuenta, y los recuerdas de pronto cuando estabas pensando en otra cosa.

Si Zapatero y Rajoy fueran obras literarias, ¿qué serían? Yo creo que los dos serían antologías. No dan para más. Zapatero, una Antología de micro-relatos. Rajoy, la Antología de la Zarzuela.

¿Y si fueran muebles? Zapatero sería algo de Ikea. Una de esos muebles que nunca acabas de montar y para el que, al final, siempre sobran tornillos, dos tuercas y unos inquietantes tarugos de madera.

Rajoy un mueble heredado y de identidad y utilidad dudosas: un respostero, por ejemplo. Vamos a ver, seamos sinceros: ¿alguien sabe qué narices es y para qué sirve un repostero?

¿Cómo sería, en mujer, la poesía de Luis Alberto de Cuenca, con quien tanto se meten los amigos en este blog?

Sería una niña bien de más de cuarenta, que va a misa de doce con resaca y lleva bragas tanga por debajo de la falda de cuero hasta la rodilla. La clase de mujer que podría ser concejala en Marbella.

¿Y la poesía de Caballero Bonald?

Una suegra, sin duda, sería una suegra con cara de vinagre, de esas que resultan más irritantes cuanto más se hacen las simpáticas. La clase de persona que afirma que se siente joven por dentro.

¿Luis García Montero? Yo veo la poesía de Luis como "cuñada tentadora". Esa cuñada a la que uno mira de reojo y siempre acaba provocando pensamientos impuros y repentinos.

¿Cuál es el modelo con el que te han construido a ti? Si fueras poema, con ese mismo modelo, ¿cómo serías? ¿Serías un verso de Claudio Rodríguez o un soneto de Borges?

Anda, dímelo al oído. En voz baja. Recita sin abrir los ojos.

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jueves 21 de junio de 2007

RE: Qué vida más triste

No recuerdo cómo empezó, ni cuando, ni por qué; pero hace años que nos reunimos cada dos o tres meses cinco amigos para comer juntos.

Cuando nos conocimos ni siquiera teníamos barriga ni hijos ni empleos: éramos estudiantes. Ahora los cinco trabajamos en cosas que tienen que ver con la literatura: somos profesores, escritores, editores... por eso jamás hablamos de libros.



De izquierda a derecha, Gerardo Gonzalo, Eduardo Becerra, Chema Gómez Luque y Chavi Azpeitia, tomando las indispensables cañitas previas.

La primera vez comimos en El Quinto Vino, calle Hernani, y ahora ya hemos ido recorriendo todo Madrid.

--Hoy voy con el quinto vino --le digo a mi chica cuando hemos quedado.

--¡Cómo me vendrás! --suspira, resignada.

Un día Chema, que es el único que sabe llevar a cabo operaciones aritméticas sencillas, se dio cuenta de que el 85% de la factura de la comida correspondía a líquidos.

--En realidad, comer, lo que es comer, nos ha salido muy barato --nos consolamos.

Lo que sube un poco el precio son los vinos, los vodkas helados de Chavi, los gin-tonic en vaso de sidra de Eduardito, los orujos de Chema, las ginebras de Gerardo y mis Cutty Sarks.

Desde que hay e-mail quedamos siempre con un correo que lleva como título: "Re: qué vida más triste", no recuerdo por qué, pero ha quedado ya así bautizada la ocasión alegre.

--¿Nos hacemos un qué vida más triste?

--Venga.

Ayer comimos rabo de toro en Cantinela, calle Azcona.



Por lo que puedo recordar se habló de: las previsibles dificultades en Argentina de la editorial "Ediciones del Orto", las nalgas de las argentinas (teoría, práctica, modalidades, ejemplos inolvidables, etc.), conjeturas (¿disparatadas?) sobre la vida sexual de antiguos compañeros de clase, el proceso de demencia progresiva y previsible de antiguos profesores, quién se va a comer la última croqueta (salvo Gerardo, que ya le tocó la última vez, nos acordamos todos, macho), ¿es preferible una inocente becaria veinteañera o una cuarentona corrompida y escéptica? (hubo opiniones divididas: tres a favor de la opción A; dos por la B), los jodidos críos (rango de edad: desde meses --Gerardo y los gemelos-- a plena adolescencia --Eduardo y su Marta--), Rioja: añadas, precios, etc., mujeres fáciles en una edad difícil; y qué habrá sido de aquella novia que tuviste, ¿te acuerdas? Sí, hombre: la de la minifalda que bebía coñac, ¡cómo no te vas a acordar!

También conspiramos. Contra Bryce Echenique, por supuesto.

¿Acaso no conspira el universo entero contra Bryce Echenique?

Acabo de leer este titular en El País:

"Bryce Echenique se disculpa por el plagio de un artículo y lo atribuye a un complot político".


Con dos huevos.

Bryce es de carcajada.

Lleva años plagiando artículos y, cada vez que le pillan, da una excusa más pintoresca. Ana Rosa Quintana, a su lado, es una principiante.

Deberían hacer una teleserie, una sit-com en la que Bryce fuera inventando excusas nuevas en cada capítulo. Éxito total, máxima audiencia.

Que yo recuerde, ha atribuido ya la culpa de que él copie sin vergüenza a:

a) errores informáticos

b) su secretaria, la pobre, que no se entera

c) una campaña de desprestigio

d) la diferencia horaria entre Lima y Barcelona

Esta vez se ha superado a sí mismo: ¡un señor complot político! ¡Toma castaña! Como en el circo: ¡más difícil todavía!

Leo el artículo. Bryce, la víctima, "se presenta como centro de un complot del entorno de Fujimori que pretende acabar con él por la vía del descrédito". Formidable. Al parecer Bryce, el detective, todavía "no ha podido identificar al cerebro de la operación", pero afirma que se trata de "algún canalla". Portentoso. Como es natural, Bryce, el hombre que sabía demasiado, "no desvela cómo los confabuladores pudieron acceder a su correspondencia electrónica y enviar al periódico el artículo, firmado por él y levemente retocado". Espectacular.

El escritor plagiado, José María Pérez Álvarez, se ha mostrado sorprendido y ha dicho: "Si hay algún escritor que se ha opuesto radicalmente a Fujimori ése es Vargas Llosa, y no se sabe que nadie haya utilizado su nombre para plagiar a otros".

No, claro, pero Bryce es mucho Bryce.

Estamos todos muy ilusionados: ¿qué será lo próximo? ¿Abducción extraterrestre? ¿Control mental? ¿Telépatas chinos --sicarios de Fujimori, claro-- que introducen en su cerebro ideas de otros para que Bryce crea que son suyas? ¿Se durmió tras unas copas de más y, al despertar, le habían extirpado un riñón y habían publicado con su firma cinco artículos copiados? ¿Narcotizado por el Mossad, la CIA, el Pentágono y los templarios, en una conspiración internacional? ¿Tú qué opinas? ¿Apostamos algo?

Todos queremos que vuelva Bryce con más diversión.

La deshonestidad, la desvergüenza, la prepotente convicción de impunidad, la falta de escrúpulos y de respeto, etc. por lo general resultan entristecedoras.

En cambio, en el caso de Bryce, no. Bryce, además, garantiza siempre unas cuantas carcajadas.

Habría que agradecérselo, ¿no te parece? ¡Queremos tánto a Bryce!




Cuando fui a ver a mi chica a su buhardilla, me miró con compasión:

--Anda, hijo, que cómo me vienes...

--No es lo que parece. Puedo explicártelo todo: es que hemos estado complotando contra Bryce Echenique, ya sabes. Es algo inocente, ¿no lo hace todo el mundo?

--Qué vida más triste, corazón.

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miércoles 20 de junio de 2007

Nunca Hamás

Nuestra idea de democracia es bastante cómica, porque en realidad signfica: que hagan lo que nosotros queremos, pero por su propia voluntad.
Por ejemplo, Argelia. Por ejemplo, Palestina. Etc.
Ya Javier Solana, ese demócrata, ese pacifista, ese intelectual que lee a Víctor Hugo mientras ordena bombardear, advirtió a los palestinos: como se os ocurrá votar a Hamás, cerramos el grifo, tíos, y no vais a ver ni un duro.
Igual que un matón en el patio del colegio.
Los palestinos, esos testarudos, esos obcecados, esas almas de cántaro, votaron a Hamás.
¿Es que no se lo había explicado con claridad Solana? Democracia significa libertad de elegir lo que a EE.UU., la UE e Israel les dé la gana, pero no lo que les dé la gana a los interesados.
Hasta ahí podíamos llegar.
Son fanáticos, duros de mollera, no entienden lo que es la auténtica democracia: votan a quien quieren.
Entonces, en incansable lucha en favor de la democracia, las potencias occidentales, los amigos de Israel y de la democracia, estrangulan a Hamás hasta provocar una guerra civil.
¡Les está bien empleado! ¿A quién se le ocurre votar libremente?
La ayuda financiera cesa, comienza el bloqueo económico, Israel les quita hasta su propio dinero de los impuestos e incluso secuestra con total impunidad a miembros del Gobierno.
Formidable, porque al mismo tiempo, nos presentan a Hamás como un grupo de fanáticos, terroristas, meapilas, barbudos, talibanes y quizá pederastas o por lo menos sin duda homicidas natos. ¡No reconocen el Estado de Israel, los muy trastos! Qué escándalo: Israel en cambio reconoce y respeta el Estado palestino, como todo el mundo sabe. ¿Qué es, además, lo que tienen que reconocer? ¿Tienen que dar legitimidad a la ocupación israelí? ¿Qué Estado de Israel hay que reconocer?
Una vez provocada la guerra civil, EE.UU. e Israel apoyan un Gobierno inventado (¿qué Gobierno, votado por quién, con qué legitimidad?) frente a los extremistas (ahora hay que llamar así al Gobierno legítimo que ganó las elecciones democráticas).
¿Habían pensado los palestinos que podían elegir su Gobierno?
No han entendido nada, les falta "cultura democrática". Si no fueran tan fanáticos, islamistas, pedófilos, etarras, etc., entenderían que el Gobierno palestino se designa en la Casa Blanca, con Olmert y Bush sonriendo y la Unión Europea sirviendo canapés.
Tengo la sensación de que ni Orwell hubiera sido capaz de discurrir algo tan disparatado.
Y aún hay cándidos que opinan que son los novelistas los que tienen imaginación.
En fin, da como risa. Ayer, por cierto, en una almoneda de Álvarez de Castro encontramos casi todos los libros de la colección "El Gorrión". "La colección en donde se dan cita los campeones de la risa, la sonrisa y la ironía".
Qué ilusión me hizo verlos otra vez.
De pequeño leí esos libros, todo Woodehouse, Tono, Enrique Jardiel Poncela... En esa colección leí El repelente niño Vicente, de Rafael Azcona, cuando Azcona aún no había sido canonizado por El País y no inspiraba tanta antipatía a los ateos.
Estaban a cincuenta céntimos cada uno, así que compramos unos cuantos y nos fuimos a tomar un bebedizo a Olavide, al Maracaná.



En esta otra foto de ayer (es que me he comprado para el verano una cámara dactilar, ¿qué pasa?) están Paco y Alicia, con su padre, Miguel Tomás, muertos de risa con Las mil peores poesías de la lengua castellana, de Jorge Llopis, en la colección "El Gorrión".



Miguel estaba leyendo las "Rimas del huevo frito":

Del salón en el centro, la mesa,
ostentaba el condumio casero
y en el plato de límpida loza
veíase el huevo.

¡Cuánta clara tenía en la clara!
¡Cuanta yema tenía en su pecho,
aguardando la mano de nieve
que moje en su centro!

¡Ay, pensé, cuántas veces el hombre
está frito cual tímido huevo,
esperando una voz que le diga:
"¡este mes te subimos el sueldo!"


Creo que a los niños les gustó más la que empieza:

Con cien kilos por banda,
viento en popa, a la deriva,
va la gorda sensitiva
lo mismo que un galeón.


¿Tú no crees que la colección "El Gorrión" debería publicar un Manual de democracia firmado por Bush, Solana y Olmert? Los tres "campeones de la risa, la sonrisa y la ironía".
¿A que sería un éxito?
Un libro indispensable para esos lugares en los que, por falta de información o por fanatismo islamista o algo así, votan a quien les da la gana.

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martes 19 de junio de 2007

Farmacia de guardia

Ayer conocí a Fernando Arias. Estoy leyendo su novela El ojo hambriento. Resulta que Fernando y yo somos parientes, pero no lo sabíamos. Los dos hemos dejado de beber, así que en todos los bares pedíamos sólo una cosa. Una sola cosa, por favor.

--Un whisky, sólo un whisky, es que ya no bebo.

--Para mí otro, solamente uno, que lo estoy dejando.

Nos tomamos ni se sabe de whiskies, pero siempre de uno en uno, con prudencia y moderación.

Debe de ser que antes los pedíamos uno de dos en dos y otro de tres en tres, como Lazarillo y el ciego.

Hablamos de los coffe-table books, los libros para poner encima de la mesa. Libros decorativos. Con dibujos de Miquel Barceló o alguna otra pamplina semejante. Las mil y una noches, ilustrado por Frederic Amat, tres tomos, 180 euros. ¡Toma ya!

--No son para leerlos.

--No. Nadie se los traga. Son de uso tópico, como una pomada o así. Se ponen en el sitio adecuado, en una mesa o en la librería, y hacen su efecto, no hace falta ingerirlos.

Hay libros de uso tópico, que funcionan sólo con ponerlos en el sitio. Causan una impresión en las visitas y también en el feliz propietario, que se considera cultivado sólo por tener los libros a la vista.

Otros, en cambio, son de uso interno: hay que leerlos para que hagan efecto.

También hay ciertos libros que actúan como placebos, es decir: son inocuos, daño no hacen, pero no contienen ningun principio activo. La gente los lee de buena fe, se sugestiona y cree que le están sirviendo de algo. Por ejemplo, la poesía de José Ángel Valente: no es nada, sólo agua con azúcar, una pastilla de colores, pero esos hipocondríacos intelectuales se la tragan y piensan que les está haciendo efecto. Se sugestionan y se convencen a sí mismos de que están leyendo algo sublime, algo para paladares exigentes, y que están ya curados de sus enfermedades imaginarias.

¿Qué serían los clásicos entonces? Medicamentos genéricos: más baratos, más eficaces, pero sin publicidad y sin envase atractivo.

Lo que le da beneficio a las farmacéuticas editoriales son las novedades. Se hace una pequeña modificación en la fórmula, se busca un paquete de colores y se invierte una pasta gansa en publicidad. Y ya está. Es una simple aspirina de toda la vida, pero ahora tiene un nombre ingenioso y lo anuncian por la tele como si tuviera propiedades muy poderosas. Henning Mankell, por ejemplo, debe de ser el Frenadol de la novela policíaca.

Francisco Ayala, en cambio, se parece a las pastillas del Dr. Andreu. No sirve para nada, no quita ni siquiera la tos, pero tiene un prestigio incomprensible, que debe de ser extraterrestre: un prestigio con movimientos que no puede describir ningún escritor convencional, un auténtico PVNI (Prestigio Volante No Identificado).

Los libros deberían venir con sus contraindicaciones y sus efectos secundarios. Álvaro Pombo: evite su lectura si va a conducir o a manejar maquinaria pesada. Ray Loriga: puede provocar mareos, náuseas, vértigos, sensación de fatiga y hormigueo en las extremidades. Muñoz Molina: puede producir intensa somnolencia. Etcétera.

Y la posología, claro: no puedes tomar más de un Javier Marías cada diez años. ¿O eran quince?

En caso de sobredosis, hay que provocarse el vómito y llamar de inmediato al Instituto de Toxicología.

Por último está la parafarmacia: libros sobre templarios y enigmas históricos, bífidus activo, Isabel Allende, confesiones de una ninfómana, César Vidal, cremas reafirmantes, etc. Son cosméticos, en realidad, no son libros ni medicinas, pero imitan su apariencia y los venden en establecimientos que parecen librerías, con sus farmacéuticas de bata blanca.

Se lo conté a una amiga editora, María Casas. Le dije que, en lugar de solapas o cuartas de cubierta, los libros deberían tener prospectos, como los medicamentos.

Rafael Reig

En la foto estoy con María, en el Cabreira, calle Ruiz. Como ya no bebo estoy tomando un solo vino.

Creo que no le convenció mi idea. Sería porque ella tomaba café.

¿Y tú qué tomas? ¿Que me recomiendas para la melancolía? ¿Una dosis de Coetzee? ¿Lo puedo mezclar con un tratamiento de Pessoa que estoy siguiendo hace tiempo? ¿A ti qué efecto te hace César Vallejo? ¿Tomas Caballero Bonald? Yo no, a mí las píldoras Bonald me atontan y me dan mucho ardor de estómago. ¿Has probado Aldecoa efervescente? Es estupendo: funciona. No lo tienen en todas las farmacias, pero contra el aburrimiento, tómate un Felisberto Hernández antes de cada comida, ya verás. ¿Tú que lees cuando llueve? ¿El gran momento de Mary Tribune? ¿Claudio Rodríguez? Igual que yo. Da alegría leer a Claudio o a García Hortelano. A veces también a Miguel Hernández y a Garcilaso. Este fin de semana, que no paró de llover, leíamos mi chica y yo en voz alta la égloga de Miguel donde recuerda a Garcilaso bajo el agua del Tajo:

Un claro, caballero de rocío,
un pastor, un guerrero de relente...


Llegamos a eso de:

Diáfano y querencioso caballero,
me siento atravesado del cuchillo
de tu dolor, y si lo considero
fue tu dolor tan grande y tan sencillo.


Y entonces miramos por la ventana. Escampaba. Nuestro "dolor tan grande y tan sencillo" ya no nos hacía sufrir. La medicina había hecho su efecto: nos dieron ganas de salir a la calle y ponernos a pisar charcos.

¡Si no fuera por los medicamentos!

Mira, te recomiendo algunas farmacias de guardia. El Hotel Kafka, donde tienen inyecciones austrohúngaras; Arrebato, con las grageas de toda la vida; o Fuentetaja, donde aún te hace fórmulas magistarales la farmacéutica Amelia, con su bata que transparenta la ropa interior.

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lunes 18 de junio de 2007

Algunas detestaciones (1)

--Detesto a las personas que se cepillan los dientes. El instrumento se llama, sí,es verdad, cepillo de dientes. ¿Es suficiente motivo para cepillarse los dientes? Se cepilla un abrigo o una puerta de madera, pero ¿tus propios dientes?
--Abomino de las personas que almuerzan. ¿Por qué no comen, como todo el mundo? ¿Qué es eso de almorzar? Manuel Seco, en su insustituible Diccionario de dudas, lo deja claro. Las comidas, en España, son desayuno, comida, merienda y cena. Ya está. Punto. Nada de almuerzos. Eso del almuerzo, dice Seco, es un uso que "aparece con cierta frecuencia en la prensa, la radio y la televisión, a veces en la literatura y siempre en las listas oficiales de precios de los hoteles". En otras palabras, una soberana tontería.
Se ve que hay a quien le da vergüenza decir "comer", como si quedara en evidencia que se trata de una función corporal. Prefieren almorzar. Allá ellos. Hay que ser cursi. Se empieza almorzando y se acaba diciendo "pompis".
En Argentina, al parecer, lo que los cursis consideran de mal gusto es "cenar": siempre "comen" por la noche.
Cuando alguien me ofrece quedar "a almorzar", suelo decir:
--Vale, ¿a las diez o así?
Porque la única excepción admisible es para los que madrugamos en poblaciones de menos de mil habitantes.
En el pueblo, me levanto como a las cinco y trabajo hasta las nueve o diez. A esa hora allí se almuerza. Un bocadillo, ensalada, cerveza o vino, y luego una copa de coñac o de anís. A las dos o las tres se come, claro, como Dios manda, antes de la siesta.
Este es uno de los bares en los que suelo almorzar en Piles, el Casa Nati.




--Me espeluzna la expresión "una pieza de fruta". ¿Es que acaso son desmontables las manzanas? Su uso me parece propio de individuos a medio alfabetizar: banqueros, políticos, ejecutivos, etc.
--Me repele la voluntad de ser original. La originalidad es inevitable. No hay por qué buscarla. Es más, como diría (quizá) Tolstoi: todas las buenas novelas se parecen; en cambio, cada novela mala ha tenido la pretensión de ser original.

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sábado 16 de junio de 2007

La potencia de Pérez

Me entero por mi amigo Iñigo de que más de la mitad de los alumnos en un examen de Selectividad "fueron incapaces de comprender una columna de Arturo Pérez-Reverte". Esta columna en concreto.

Enhorabuena a esos estudiantes: yo les habría puesto un sobresaliente.

La profesora que corrigió los exámenes ha dicho: "No me explico cómo han sacado el título de bachiller".

¿No? Pues yo sí. Porque saben leer.

He leído la columna de Pérez y yo tampoco he entendido nada.

Dice mucho "gilipollas", dice "pavos y pavas", "bebedero de patos" y cosas así: viriles. Esenciales. Celtíberas. Tan nuestras.

Su estilo literario apenas se distingue del de un legionario borracho en la barra de un bar.

Al leerlo se percibe que, entre párrafo y párrafo, el autor se rasca los testículos con delectación y fanfarronería. A veces eructa. A veces reclama otra copa de Soberano a gritos: ¡Cagüendiós, pon otra, Hermógenes! ¡Que, si no, me lío a hostias! ¡Que tengo yo mucho peligro, os enteráis!

Como el legionario, empieza advirtiendo que él "está curtido en broncas, adversidades y otros etcéteras.".

A Pérez no le tose nadie.

Ya se lo habíamos oído: yo cagué sangre en Eritrea, los disparos silbaban sobre mi cabeza, pero era cuestión de cojones, soy el novio de la muerte, hay que tener redaños, etc.

Luego sigue un poco de su habitual humildad: asegura Pérez que él tira a la basura muchas "invitaciones a tal o cual acto presidencial, real, ministerial, social o literario; de los que, por cierto, debe de haber tarjetones a cientos, pues nunca voy a ninguno".

Por Dios, no hacia falta decirlo, señor académico.

Pérez caza solo, ya lo sabemos. Es un lobo estepario. Los poderosos de la tierra no hacen más que invitarle sin parar, pero él jamás acepta ni se doblega. Él se ríe de los poderosos, jamás se le ha visto en un pesebre. Faltaría más. ¡Pérez, la potencia de Pérez!

El nudo de su argumento (por lo que he podido comprender, que es bien poco) es que hay unos traperos que se llevan parte de la basura. Esto al parecer irrita a Pérez. Le toca los cojones. Y es sabido que a Pérez nadie le toca los cojones.

Ante este estado de cosas, Pérez ha decidido no reciclar.

Pues bueno, pues vale.

En cuanto a los mencionados traperos, Pérez ha decidido darles su merecido, así que está deseando coger "a una de esas ratas de cloaca e incrustarle los borradores de mis obras completas, previamente bien enrollados y a hostias, en el esófago".

No esperábamos menos.

Enternecedor, ¿verdad?

Igual que un lejía apurando el décimo coñac en la barra del bar.

En la última frase de la columna afirma Pérez, a modo de brillante conclusión, que él saca la basura toda mezclada y "con las siglas QLRVPM pintadas en las bolsas con rotulador: Que Lo Recicle Vuestra Puta Madre."

Pues bueno, pues vale.

Fin de la columna.

¿Hay algo que comprender acaso?

¿A ti Pérez no te recuerda a José María Aznar diciendo que a él nadie le dice lo que tiene que beber? ¿Son Pérez-Reverte y Aznar los dos últimos ejemplares masculinos de español-de-verdad que quedan? Y Ana Botella, la última mujer-mujer, por supuesto. ¿No deberían estar los tres protegidos, como las especies en extinción? ¿No deberían incluso estar subvencionados? ¿No deberían los musulmanes disculparse también ante Pérez por haberle invadido?

Tras la muerte de Cela (¡presente!), Pérez es lo más cómico que le ha pasado a las Letras españolas, ¿no te parece?

Ahora que dan la lata con la letra del himno nacional, ¿no es evidente que el único que puede escribirla es Pérez?

Espero que cuando mi hija Anusca se examine de Selectividad, si le toca algo de Pérez, no entienda ni una palabra.

Si comprendiera algo, entonces sí que me preocuparía mucho.

Pensaría que se ha echado un novio legionario.

Una preocupación para cualquier padre, ¿no te parece?

Tendría que llevarla al médico. Al de Urgencias.

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viernes 15 de junio de 2007

El capítulo 31

Anoche mi hija Anusca eligió Huckleberry Finn para que le leyera antes de dormir.

Es una de mis novelas preferidas.

Leímos el primer capítulo. Huck vuelve a casa de la viuda, a la que ahora no hay más remedio que imaginar con la cara de Elena Salgado, la ministra déspota: tampoco deja fumar ni beber.

La viuda le habla del cielo y el infierno y Huck ya intuye que quizá preferiría el infierno, sobre todo porque la viuda tiene planes de ir al cielo y porque le dice que Tom Sawyer va a ir al infierno.

--Yo prefiero ir al infierno, sobre todo por los amigos --solíamos decir de jóvenes.

Sólo leímos hasta que Huck se mete en su habitación a fumar a escondidas y luego oye un ruido en la oscuridad, al otro lado de la ventana.

Salta por la ventana... "y, por supuesto, allí estaba Tom Sawyer, esperándome".

Así es como comienza siempre una buena aventura. El lector salta por la ventana, hacia la oscuridad, sin mirar atrás.

Supongo que Mark Twain ya estará prohibido en Estados Unidos: salen niños fumando. Con eso te lo digo todo.

La verdad, cuando leo algo tan resplandeciente, se me quitan las ganas de escribir. ¿Para qué? ¿No es mejor leer? ¿Qué va a añadir uno, después de esto?

Dejé su libro en la mesita de noche de Anusca y busqué otro ejemplar.

Me quedé fumando y leyendo en la cama.

Es la tercera vez que leo esta novela.

La primera, de niño, en un libro de tapas amarillas que he perdido. La segunda, de joven, en una edición de Penguin, la misma que tengo ahora delante.

El vértice de la novela está en el capítulo 31. Huck decide ser bueno, salvarse, hacer caso a los mayores; así que escribe una nota delatando a Jim, el negro fugitivo.

Entonces "todas mis dificultades desaparecieron".

Con el papel al lado, se queda pensando. Por fin tiene la posibilidad de que desaparezcan todas las dificultades y ser aceptado por los que mandan.

Sí, pero Huck también recuerda a Jim, lo que han pasado juntos, y se da cuenta de que está metido en un buen lío:

It was a close place. I took it up, and held it in my hand. I was a trembling, because I'd got to decide, forever, betwixt two things, and I knowed it. I studied a minute, sort of holding my breath, and then says to myself:
"All right, then, I'll go to hell", and tore it up.


O sea, más o menos:

Estaba metido en un buen lío. Cogí el papel y lo sujeté en la mano. Estaba temblando, porque tenía que decidir, para siempre, entre dos cosas, y lo sabía. Estudié el asunto un minuto, conteniendo la respiración, y luego me dije a mí mismo:
--Vale, muy bien, pues entonces iré al infierno --y rompí el papel.


Dan ganas de aplaudir.

Huck decide ir al infierno, seguir su propio juicio y mandar a hacer gárgaras la moral que le imponen.

Renuncia a que desaparezcan todos sus problemas.

No hay mayor aventura posible: la de tener una vida propia.

A los veinte años, me emocioné leyendo esto. Vivía en Long Island, en casa de Esther y Antonio, que me habían mandado la llave en un sobre por correo. Leía por las mañanas, de cinco a seis, antes de empezar a escribir. Cuando acabé el capítulo 31 me sentí tan feliz que me puse un whisky.

A los cuarenta y tres me ha sucedido lo mismo, aunque anoche no tenía whisky en casa. Qué le vamos a hacer.

Espero que mi hija, cuando lleguemos a este capítulo 31, se emocione también:

--¡Alero timotero! --confío que diga, que es lo que dicen ahora, no sé por qué--. ¡¡Bien por Huck!!

El niño que fui guardaba como un tesoro el libro de tapas amarillas.

Este niño, en Cangas de Onís, la oveja negra con la oveja negra, merendando juntos:



¿Tiene razón entonces Martín Casariego, el talibán? ¿Todas las novelas son una decisión moral? ¿Tú qué crees?

En la vida, cada dos por tres tenemos que volver al capítulo 31. Una y otra vez, en casa, en el trabajo, con los amigos, al empezar a escribir, nos encontramos en ese capítulo 31, con el papel en la mano.

¿Y tú qué vas a hacer cuando llegues a tu capítulo 31? ¿Quieres que "desaparezcan todas las dificultades" o prefieres ir al infierno, con los amigos? ¿Vas a romper el papel? ¿Vas a escuchar a tus recuerdos o a lo que te dicen los mayores?

Tú decides.

Cada vez que volvemos a leer otro capítulo 31, tenemos que decidir.

Ojalá no me equivoque. Ojalá no te equivoques.

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jueves 14 de junio de 2007

Octavio Paz: ¿petómano o pedófilo?

Leí en ese libro (algo aburrido) de Bioy Casares sobre Borges esta cariñosa conversación que ambos mantuvieron sobre Octavio Paz (pág. 695):

"Octavio Paz envió a Sur un poema de amor con el verso
Tus pedos estallan y se desvanecen
BORGES: "Se verá a sí mismo como un conquistador de nuevas regiones para la poesía... Qué regiones".
BIOY: "Menos mal que se desvanecen".


Me imagino a Octavio Paz, el petómano, embelesado con las ventosidades de su adorada Marie José.

Me entra la risa, pero sí, tiene razón Bioy: menos mal que se desvanecen.

Me imagino a Octavio abriendo la ventana:

--¡Híjole! Esta peste no se desvanece: ¡la gran chingada!

Luego compruebo, busco el poema.

Está en Salamandra, se titula Agua y viento.

Es verdad que en el poema, en poco espacio, hay bastantes tonterías:

Caminas por el bosque de mi sangre
árboles con olor a semen


Y cosas así, pero el verso en cuestión resulta que ahora dice:

tus quejas estallan y se desvanecen


¿Lo corrigió Paz en esta Obra Poética que él mismo preparó para Galaxia Gutemberg, cuando era premio Nobel y, claro, todo eso de los pedos ya no le parecía tan gracioso?

¿Se lo inventaron ese par de cabrones viperinos que se reunían a diario en Buenos Aires para poner como hoja de perejil a todo bicho viviente?

¿Tú qué piensas?

La respuesta: Octavio Paz escribió "pedos", pero, tiempo después, lo cambió a "quejas", así lo explica Guillermo Sheridan.

Que los pedos se transformen en quejas, así, por la cara (ya no por el culo), es muy indicativo del rigor poético de Octavio Paz.

Un poeta puede rectificar, faltaría más, pero ¿para qué cambiar pedos por quejas?

En mi ejemplar tacho con lápiz y restituyo los pedos.

Ahora vuelvo a leer el poema.

Describe un coito.

El mar te levanta hasta el grito más blanco
la yedra del gemido clava sus uñas en mi nuca


Esa clase de cosas.

Vale, la tía le clava las uñas en la espalda, gime, etc., hasta que, en el momento justo del orgasmo, la mujer se tira un pedo. Bueno, varios pedos, en realidad: sería un orgasmo múltiple.

Glorioso. Para mear y no echar gota.

Eso sí que es correrse "con todo el equipo".

Seamos justos: a cualquiera se le puede escapar un pedo (o dos) en un momento así, hay que reconocerlo. Es una "simpática anécdota", de acuerdo; pero ¿tanto como para dedicarle un poema? Y, en todo caso, ¿por qué convertir luego los pedos en quejas? ¿De qué se queja esa mujer ahora, en lugar de tirarse pedos? ¿Quién entiende a las mujeres?

Hay que tener en cuenta que Octavio Paz era un tipo al que le encantaba que le llamaran "Maestro". Le vi una vez hace muchos años: me pareció pomposo, presumido y muy poco simpático.

En la foto está el Maestro con su delicada y flatulenta esposa:

Octavio Paz

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miércoles 13 de junio de 2007

¡Alarma: vuelven los Tres Tenores!

He tenido angustiosas pesadillas con esta foto, como si fuera la del Trío de las Azores:



¡Oh, no, maldición: los Tres Tenores atacan de nuevo! ¡Sálvese quien pueda!

Saramago, en la foto, parece que va a empezar a cantar, quizá una habanera llena de sentimiento y con voz ronca, mientras los dos vicetiples (los que no tienen ni corbata ni Nobel) le hacen coros.

Quizá coros raperos, como en el último libro (o lo que sea) de Fuentes.

El titular de El País de ayer era "Tres maestros incuestionables".

¿Incuestionables? ¿De qué? ¡Vamos anda!

Estos seres humanos (o lo que sean) ya se han convertido en los Tres Tenores. No me cabe duda de que muy pronto empezarán a dar conciertos benéficos y grabarán juntos un disco con rancheras (Carlos Fuentes), fados (Saramago) y flamenco arabigo-andaluz (Goytisolo).

Y nada podrá evitar que se abrazen sobre el escenario y se aplaudan unos a otros... ¡Socorro! ¡SOS! ¡Salvad nuestras almas!

El artículo de ayer en El País resonaba en mis pesadillas.

José Andrés Rojo, el autor, es amigo mío y muy simpático, pero, no sé yo lo que pasa, cuando alguien escribe sobre los santones "incuestionables" de El País, escribe como si hubiera sido abducido por los marcianos o le hubieran inyectado a la fuerza una dosis de un poderoso estupefaciente (lameculol sódico, debe de ser).

Escribe así, por ejemplo: Carlos Fuentes "desentrañó su relación con las palabras y la imaginación". Todo por ese estilo pomposo y vacuo. Dan ganas de agarrarle por las solapas y zarandearle:

--¡Rojo, amigo, vuelve en ti! ¿Qué narices significa esa memez que acabas de escribir? ¡Reacciona, compañero, reacciona!

Y Fuentes va y dice que "la literatura es siempre un estorbo para el poder".

Ja, ja, ja.

Dicho por Carlos Fuentes, ese ser humano que se pasa todo el santo día agradeciendo favores, premios y homenajes a reyes, banqueros y poderosos, suena a chiste.

Perdón: es un chiste. Tiene que serlo.

Al parecer, según Rojo, Nélida Piñón (¡socorro! ¡piedad! ¡es demasiado!) también dijo innumerables sandeces: "Habló del mestizaje entre carne y verbo, del carácter proteico de su literatura y lo dibujó como exégeta de las Américas".

Que Dios nos pille confesados.

Me desperté en mitad de la noche, sobresaltado, empapado de todo el almíbar que inunda el culto al Trío Calavera, rodeado de un mefítico olor a incienso.

--Tranquilo, Rafita, tranquilo: ya pasó todo. Sólo era un sueño... --me intentó tranquilizar mi chica--. Duérmete, venga, dame la mano...

Al final, conseguí volver a dormirme.

Cuando me desperte, los Tres Dinosaurios aún seguían allí, dándose homenajes unos a otros sin parar.

¿A ti no te dan mucho miedo? Tú ¿qué haces? ¿Dejas una luz encendida? ¿Silbas para quitarte el miedo? ¿Lees a Galdós para tranquilizarte? ¿Hay remedio?

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martes 12 de junio de 2007

¡Exclusiva: Rafael Reig desnudo!

Cansado, muy cansado de no firmar ni un libro en la Feria del Libro. He decidido tomar medidas dramáticas para impulsar las ventas de mis novelas. Voy a difundir fotos en las que salgo desnudo, a ver si así me convierto en superventas. Fotos en pelotas, como la concejala de Lepe o como Lucía Etxevarría. A ver si funciona.



Que ya me tienen harto.

¿Tú crees que así se dispararán por fin las ventas de mis libros?

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