l Blog de Rafael Reig: julio 2007

Rafael Reig, escritor y profesor de literatura

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martes 31 de julio de 2007

Lo que estoy leyendo: Desgracia, de Coetzee

A mí J. M. Coetzee siempre me había caído gordo. Por infinidad de motivos. Esas iniciales, sin ir más lejos. ¿Es que no puede poner su nombre completo? La cara de presumido que siempre pone en las fotos. Que le hayan dado el Nobel y a mí no. En fin, múltiples motivos, como te digo, todos muy razonables. Otro más: me compré una vez una cosa o libro llamado El maestro de Petersburgo y casi me desmayo de aburrimiento.

Un día viene Chavi Azpeitia y me trae un ejemplar de Desgracia.

Desgracia, Coetzee


--¿Coetzee? ¿No es un rollo?
--Ni idea --dice--. Esta novela no es un rollo. Un profesor se acuesta con una estudiante y le cae una encima de cuidado. Hay que leerla.

Como he sido profe y me he metido en algunos líos, el asunto me interesó.

Luego me encuentro con Constantino Bértolo y le digo que Chavi me ha recomendado Desgracia.

--Es la mejor novela que se ha escrito sobre el País Vasco --me asegura--. Si alguien quiere conocer la situación en el País Vasco, yo siempre le recomiendo Desgracia.

Me la leí y los dos tienen razón.

Aunque la cosa pasa en Sudáfrica, refleja la vida en un pequeño pueblo del País Vasco, convivir con verdugos, el envilecimiento del terror, la importencia frente a los asesinos a los que todo el pueblo protege, la vida en una minúscula sociedad cerrada, esquizoide, violenta, criminal, machista, hipócrita y, encima, rural. Quizá faltan frontones, sociedades gastronómicas y boinas, pero, salvo cuatro detalles sin importancia, es una visión muy exacta del País Vasco.

La chica a la que han violado y tiene que seguir conviviendo con sus agresores, a los que no quiere denunciar, llega un momento en que dice:

"--Estoy dispuesta a lo que sea, a cualquier sacrificio, con tal de conseguir la paz".

¿Te suena? ¿A que sí?

El profesor, en cambio, es un enviado especial. Un corresponsal. Viene de una novela de Graham Greene. Un personaje de una novela de Greene metido en un pequeño y devastador infierno abertzale, en Sudáfrica. Es un hombre moral, que no es poco decir. Moral, no en el sentido de que sea bueno, qué tontería. Moral en el sentido de que es capaz de aceptar las consecuencias de sus actos; moral porque se propone jugar sin ventaja y mirarse a sí mismo sin apasionamiento, casi con melancolía.

Una gran novela, pienso yo.

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domingo 29 de julio de 2007

Sueños capicúas

El viernes por la tarde me fui a la SER a charlar con María Guerra y Julio Rey (de Gallego & Rey).

Julio y yo vamos de becarios, en pleno verano, cuando el equipo titular está al completo en chanclas al borde del mar, con los dedos grasientos de tanto pelar gambas y con espuma de cerveza en los labios. Entonces saltamos nosotros al terreno de juego, los que hemos pasado el invierno calentando el banquillo, esperando una oportunidad.

Nosotros lo damos todo. Sudamos la camiseta. A veces incluso metemos un gol de cabeza.



El sábado me fui a recoger a mi hija Anusca a Alcocéber, que estaba allí con mi hermana Columna.

Es que se iba a llamar Pilar, pero mis padres decidieron que al fin y al cabo no había tanta diferencia entre un pilar y una columna, y eligieron Columna.

Cuando bajé del Auto-Res ya me habían pedido una cervecita en el bar de al lado de la parada, el Dora.



¿Te has fijado que en la mesa del fondo hay un ser humano (una mujer, en apariencia) con camiseta blanca y que está comiendo con las gafas de sol puestas?

Las personas que comen con gafas de sol me hacen perder la fe en la humanidad, no lo puedo evitar.

Por la noche fuimos Columna y yo con Anusca y su amiga Vega a un lugar en el que había fiesta infantil.

La fiesta infantil consistía en un ser humano calvo, con gafas de montura plateada y guayabera blanca, que tocaba un órgano electrónico y cantaba canciones de Gaby, Fofó y Miliki, rancheras, corridos y clásicos melódicos en italiano macarrónico y con acento inverosímil, además de instruir a los niños para que hicieran de pingüinos, ranas, vagones de tren o procesionarias del pino.

También había una plataforma de papás trasegando whiskies y mamás dándole al gintónic y a los cigarrillos light.

A veces se tropezaba alguno de los más pequeños y la correspondiente mamá se agachaba a recogerlo: a menudo se le veían las bragas tanga. Los papás aplaudiamos y pedíamos otra ronda.

A las mamás que no hacen top-less se les veían los pechos blancos, resplandecientes, con el latido de las constelaciones: un lugar en el que apoyar la cabeza.

"Los pájaros tienen nidos y los zorros madrigueras; sólo el hijo del hombre no tiene un lugar en el que apoyar la cabeza", algo así decía el Evangelio, ¿te acuerdas?

El ser humano del órgano electrónico ponía a los más pequeños a hacer un tren (como si fuera Juan Benet, por ejemplo, en su mítico chalet de la calle Pisuerga) y cantaba:

Al compás del cha-ca-chá,
del cha-ca-chá del tren,
que gusto da viajar
cuando se va en exprés...




A las mamás y a los papás, ya con un número de copas múltiplo de tres, aquello nos parecía la cima del erotismo refinado, y nos sonreíamos unos a otros con los ojos brillantes.

"Si no fuera por los críos...", dijérase que nos decíamos, por vía telepática.

Y cantábamos con voz ronca y añadiendo comillas de traviesa intención:

--¡Qué gusto da "viajar"...!

Las personas sencillas tenemos esa ventaja: con cualquier cosa somos capaces de ser felices. Con lo que esté a nuestro alcance tenemos bastante.

Ayer, domingo, vuelta a Madrid Anusca y yo, en el condenado Auto-Res (los trenes ya no existen en este país, salvo el AVE de las narices; el transporte público en general está mandado recoger).

Anusca se aburría tanto que se dedicó a fotografiarse un pie con la cámara.




Al final, con fotos de su pie, de los dedos de su mano, de un zapato y del perrito de peluche, se quedó dormida



¿Qué estaría soñando? ¿Lo sabes tú?

El sueño de Anusca nublaba las ventanillas del autobús, empañaba los cristales y mi corazón multitudinario.

Cuando yo me quedé dormido, Anusca se acercó y se puso a escribir con un dedo sobre mi corazón empañado.

Luego yo lo he leído desde dentro, desde el otro lado del vidrio, al revés.

No importa nada: todo lo que escribe mi hija es como su nombre, es capicúa, palíndromo, se lee igual de un lado que del otro, desde dentro o desde fuera, hacia la izquierda o hacia la derecha, con los ojos cerrados o abiertos.

Se entiende siempre: Ana lava lana.

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viernes 27 de julio de 2007

¿Cuándo acabaremos?

Ayer le dije a mi chica que saliéramos de casa hacia la derecha. Siempre salimos del portal y tiramos a la izquierda, pero cabamos en el Dos de Mayo y en seguida empezamos a encontrarnos gente. Lo de tomar una cañita acaba convertido en volver a casa a gatas.

Así que salimos y fuimos hacia la derecha, como exploradores que se adentran en una manigua tropical o en la tundra helada.

Habíamos quedado con Antonio Orejudo en la Taberna del Limón.

Pero resulta que el Orejudo se había encontrado a Chavi Azpeitia en Plaza de España y le había secuestrado para tomar una caña.



Aquí están Azpeitia, mi chica y Orejudo, pidiendo la primera en la barra.

Al final da lo mismo, saliendo a mano derecha también volvimos a casa a gatas.

En La Taberna del Norte, con una botella de vino y unos pinchos de solomillo, nos formulamos interrogaciones existenciales: ¿Es que no se ha ido nadie de vacaciones? ¿Por qué está todo tan lleno en Madrid? ¿Cuándo acabará Orejudo su próxima novela? ¿Y Chavi? ¿Y yo?

A mí que me registren.

¿Lo sabes tú? Dímelo, anda.

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jueves 26 de julio de 2007

¿Nos infamamos, cariño?

El juez alcornoque Del Olmo ordenó el secuestro de una revista porque aparecía un dibujo de dos personas conocidas follando. Según el alcornoque están: "en actitud claramente denigrante y objetivamente infamante".

¡Toma del frasco! ¿Follar es denigrante? ¿Es una infamia objetiva echar un polvo?

Acabo de leer que un sexólogo ya ha protestado. No me sorprende.

Viendo fotos del juez, con su maletín y su cara de vinagre, tampoco me sorprende que considere el sexo "objetivamente infamante".

Y su chica, ni te digo lo que pensará.

Mientras tanto, yo a mi chica le hago proposiciones:

--¿Me infamas, cariño? Anda, denígrame, corazón.

Cuando un juez hace una imbecilidad (secuestrar una revista) el Gobierno y los bienpensantes se apresuran a decir que respetan las decisiones judiciales. Qué guay.

Pocas horas después, cuando otro juez hace otra imbecilidad (contra la homosexualidad, en un caso de custodia), los bienpensantes montan en cólera, el propio ministro de Justicia critica públicamente una decisisón judicial y, a los pocos días, ya están a punto de abrirle un expediente. Qué guay.

A mí me parece estupendo que le metan un paquete al sandio del juez Ferrín.

Dicho esto, ¿por qué no le abren expediente también al alcornoque y, sobre todo, al Ministerio Fiscal, que es a quien se le ocurrió la salida de pata de banco? ¿Unas decisiones judiciales son respetables y otras no merecen respeto? ¿Nadie va a hacerse responsable y responder de una vez?

Lo más triste, la reacciones de personas supuestamente racionales. El secuestro está mal, pero la portada era mala, faltaba al respeto, era grosera, etc.

El mismo razonamiento que lleva a decir: la violación está mal, pero hay que reconocer que la tía llevaba una minifalda cortísima, etc.

Da pena, da vergüenza, da rabia.

Mientras tanto, yo insisto:

--Anda, amor, hazme un par de infamias objetivas. ¿Nos denigramos? ¿Sí?

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miércoles 25 de julio de 2007

Mis negociaciones con editores (1)

Hace un par de años, gracias a Carmen de Eusebio, conocí en una fiesta a un editor y me dijo que teníamos que hablar. Manuel Fernández Cuesta me invitó a una fabada en Casa Portal, que es una de las formas más civilizadas que conozco de hablar.

Que por qué no hacía un libro para su editorial. Que por qué no.

Me había pasado media vida leyendo y tomando notas, así que el libro que se me ocurrió era una historia de la literatura contada como una novela.

Como siempre, estaba a la cuarta pregunta. O quinta. Le pedí dinero, claro, un anticipo para ponerme a hacer el libro.

--La mitad ahora y la mitad cuando acabes el trabajo.
--No te preocupes, haremos que parezca un accidente.

Es la fórmula consagrada para pagar trabajos sucios, sicarios, pistolas en venta, asesinos a sueldo, novelas por encargo y palizas en aparcamientos subterráneos.

Como es natural, no escribí ni una línea hasta que no vi el dinero. Manuel lo sabía y me dio el cheque a toda velocidad.

Tenía la idea de que lo importante era un índice. Lo demás vendría sólo: bastaba con rellenar el índice. Nos reunimos un par de noches en El Parnasillo y en la terraza del Cabreira, hasta que hicimos entre los dos un índice.

Como todos los escritores, yo también tengo ilusiones (somos tipos sensible): quería volver a Las Vegas, donde había estado en los años ochenta. Entonces llegué en coche desde el Este. Estuvimos en el cañon del Colorado, que le gustó mucho a la Lorenza.



--Es una maravilla de la naturaleza --decía Laurence.
--¡Por favor!

A mí la expresión "maravilla de la naturaleza" me da urticaria.

Igual que cuando me dicen:

--Es una película basada en hechos reales.
--Me importa un pimiento: a mí lo que me gustan son los hechos reales basados en películas --respondo siempre, porque así es mi vida, basada en escenas de películas, personajes de novela y canciones de Brassens.

Vale, sí, el cañón no estaba mal del todo, con ese silencio sobrecogedor y patatín patatán, pero yo quería ver una maravilla de la ingeniería, la Hoover Dam, una de las presas de bóveda más contundentes del mundo.

Vimos la presa (vale la pena) y, luego, ya de noche, nos fuimos hacia Las Vegas.

Vas por el desierto y, de pronto, a lo lejos, en el horizonte tembloroso, ves las luces de la ciudad, de una ciudad irreal, edificada en medio de la nada, sin relojes, sin día ni noche, siempre con luz artifial, una ciudad consagrada por entero al vicio, a las flaquezas humanas, a las pasiones improvisadas y ficticias. Una maravilla.

Me emocioné.

Nos quedamos en Las Vegas unos días, alimentándonos únicamente de desayunos a cualquier hora del día o la noche. En cuanto te sentabas a jugar venían chicas con patines a traerte whiskies. Todo era de pésimo gusto, chabacano, pretencioso, recargado: me sentí feliz.

Se lo conté a Manuel.

--Si vendemos más de quinientos mil, la editorial te lleva a Las Vegas --me prometió para estimularme.
--¿Todo pagado?
--Todo. Putas y todo, en Las Vegas, en primera clase, a partir de quinientos mil. Paga la editorial Debate.
--Trato hecho.

Eso es lo que yo llamo "negociar con los editores", je, je. Además de tipos sensibles, somos tipos optimistas, casi insensatos: ¡quinientos mil!

Así que me puse a escribir, rellenando el índice que habíamos hecho en unas servilletas de bar. Me fui a Piles y se vino también Chavi Azpeitia (y nuestras respectivas chicas y las niñas). Nos levantábamos a las cinco y nos metíamos en una habitación en la que sólo había dos mesas y una orla del Colegio San José de Valencia, promoción 1956-57. Los nombres de todos los personajes de la novela de Chavi y de la mía los sacamos de esa orla. Chavi piensa de pie, necesitaba pasear por el huerto entre frase y frase. Yo en cambio no me movía de la silla. Cuando me cansaba de escribir, oía teclear a Chavi a toda velocidad.

--Qué cabrón. Se va a enterar.

Así que seguía escribiendo, qué remedio. Creo que conseguí acabar el libro para no ser menos que Chavi, sólo por fastidiar.

A las nueve o diez nos íbamos a almorzar al Palmeras, unas cervezas y un bocadillo de sepia, y dábamos el trabajo del día por terminado.

Mi libro se publicó el año pasado, se llama Manual de literatura para caníbales. El de Chavi este año, se llama Nadie me mata.

Cada vez que veo a Manuel le pregunto:

--¿Cuánto hemos vendido?
--Unos tres mil.
--Joder. Aún quedan cuatrocientos noventa y siete mil.
--Poco a poco.
--¿Sigue en pie, no?
--Un trato es un trato.

Ahora resulta que Manuel Fernández Cuesta se ha ido de Debate, se marcha a dirigir Península.

Me alegro por él, pero no puedo evitar hacer una sola pregunta:

--Manuel, ¿qué pasa con mi viaje a Las Vegas? ¿Sigue en pie? ¿Ahora quién va a llevarme a Las Vegas con todo pagado?



Aquí está Manuel Fernández Cuesta, hace unos días, con un abanico en el bolsillo y una de esas guayaberas que se trae de Venezuela.

Sí, vale, pero dime, Manuel, ¿qué hay de lo mío? ¿Qué pasa con Las Vegas? ¿Un trato es un trato?

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martes 24 de julio de 2007

Me gustará vivir siempre...

Como tengo bastante trabajo (novela de espías y otras cosas), mi hija Anusca está en Piles con mi hermana Maite, que es la persona más bondadosa de este hemisferio.

Como diría Vallejo: perdón por la tristeza. Es que acabo de llegar a Madrid y ya la echo de menos.

Fue domingo en las claras orejas de mi burro,
de mi burro peruano en el Perú (Perdonen la tristeza).
Mas hoy ya son las once en mi experiencia personal,
experiencia de un solo ojo, clavado en pleno pecho,
de una sola burrada, clavada en pleno pecho,
de una sola hecatombe, clavada en pleno pecho.




He ido a verlas el fin de semana, en Auto-Res, porque el tren ya es casi inexistente en España (salvo el dichoso AVE). Hace diez años ir en tren era sencillo; ahora es imposible. Nos quieren obligar a todos a conducir, pero hay que resistirse.



Naturalmente que la he invitado a helados.

Se merece todos los helados del mundo.

También hemos cocinado macarrones y empanadillas de tomate y huevo duro, que nos encantan y las sabe hacer Anusca.

En Piles, lo primero que hacemos Anusca y yo suele ser comprar cuadernos. Unas vacaciones sin cuadernos nos parecen inconcebibles.

A los dos nos gusta escribir y dibujar y nos divertimos en los bares, cada uno con su cuaderno, charlando de vez en cuando, escribiendo cuentos y haciendo dibujos.



Ahora está haciendo tebeos y le gusta mucho. Primero piensa el guión, la historia general, y me la cuenta. Luego va resolviendo la historia en diferentes viñetas. A veces me pide ayuda:

--¿Tú sabes dibujar perros vistos desde atrás?
--Lo intento.
--¿Y aviones volando sabes hacer?
--Probamos.
--¿Cómo se dibuja un tigre?
--Vamos a ver. No puede ser difícil, hay que ponerle rayas.

Hace un par de años la enseñé a montar en bici, así que también damos paseos, cada uno en nuestra BH (no nos gustan las bicicletas de montaña ni que tengan marchas).

La playa de Piles es muy pequeña, pero a nosotros nos encanta. Mis padres vivían allí.

La casa está al lado del mar y lo que nos gusta es bañarnos, hacer esculturas con arena (casi siempre caracoles, gatos y tortugas) y marcharnos en seguida a tomar el aperitivo. Ni siquiera llevamos toalla porque eso de sentarnos en la arena, los dos como pasmarotes, sin cuadernos ni lápices, sin tijeras ni pegamento, sin bebidas ni pinchos, sin periódicos ni libros... nos parece de majaderos, la verdad. Puede que haya gente que no tenga nada mejor que hacer en todo el día, allá ellos, pero Anusca y yo estamos muy ocupados: hay que escribir cuentos, recortar fotos de animales y pegarlas en el cuaderno especial de animales, dibujar tebeos, pintar acuarelas, apuntar palabras nuevas en el cuaderno especial de palabras, dibujar una baraja de cartas inventadas por Anusca y recortarla para jugar con ella... ¡se nos acumula el trabajo!



Por la noches, con los amigos de Piles, torramos algo en el huerto y cenamos en el patio de casa, viendo las estrellas.



En la foto está Anusca ayudando a Vicente.

Nos acostamos siempre agotados y felices.

Miro fotos de mis padres y sigo recordando a Vallejo:

Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.


Ese poema, así, en voz baja, hasta el final:

Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡tanta vida y jamás! ¡Y tantos años,
y siempre, mucho tiempo, siempre, siempre!

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sábado 21 de julio de 2007

¿Súbditos o ciudadanos?

No se puede tolerar que secuestren una revista. Ésta es la portada:



¿Que es de mal gusto, ofensiva, irrespetuosa, etc.? ¡Toma, claro: es El Jueves, melón, no es Telva! Por supuesto que es de mal gusto, por supuesto que ofende y por supuesto que falta al respeto. Esa es su obligación.

La nuestra es defender el derecho a publicar esa portada aunque no nos guste.

Además, el príncipe no es Mahoma, coño. Además, esto ya no es una dictadura, coño. ¿O sí? ¿O es, como dice Ribas, "un franquismo de partidos"?

¿Aquí somos ciudadanos o súbditos?

El problema es éste: el secuestro no se ha producido por la denuncia de una anciana ofendida ni porque haya ido a reclamarlo Martínez el Facha.

Ha sido el Fiscal General del Estado.

Que, como se sabe, depende del poder ejecutivo.

Eso es lo más inconcebible. Puede que el juez del Olmo sea un alcornoque completo (eso parece, desde luego), pero la responsabilidad última la tiene el Gobierno que tolera estas acciones represivas.

La única explicación que se me ocurre es ésta: Zapatero quiere acelerar la proclamación de la III República.

Si no, no me lo explico.

En ese caso, hay que apoyarle.

Dedse luego, es probable que tenga éxito. El poco, poquísimo respeto que teníamos hacia la Corona, Sus Esquiadoras Majestades, el Madelman Príncipe y la reales personas ha disminuido más si cabe.

Eso hay que agradecérselo a la Fiscalía y al Gobierno.
Ésa es la buena noticia, ¿no?

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viernes 20 de julio de 2007

Felicidad obscena

Total, que anoche nos reunimos unos cuantos a tomar cervezas y a cenar una pizza en la plaza.



En primer plano está Marcela, la hija de mi chica. Mi chica hacía la foto. A la izquierda, Isaac Rosa. Marta. Yo. Juan Madrid y Sara Rosenberg.

El violinista pasaba por allí y, en cuanto vio la cámara, se acercó para salir en la foto. Esto es característico de los violinistas, me parece.

Isaac es herbívoro (él dice que vegetariano), así que pedimos una pizza de berengenas o algo así.

A mí estas fotos me recuerdan a las películas porno. Cuando se hace una foto, todo el mundo mueve un poco la silla, cambia de postura y se sitúa mirando hacia la cámara, para no dar la espalda (salvo los espías, ça va sans dire). En las pelis porno, los actores se ponen en posturas muy forzadas, casi inverosímiles, porque lo único que importa es que se vea bien.

Lo hacen para el espectador, a beneficio de inventario.

Hay una relación indudable entre la pornografía y las celebraciones familiares. Tienen la misma obscenidad.

Yo creía que obsceno viene de "fuera de la escena", lo que se hace fuera de la escena, porque es demasiado ofensivo para mostrarlo.

Me enteré por José Miguel Lorenzo Arribas de que ésta es una etimología inventada (al parecer, por D.H. Lawrence, ni más ni menos). En realidad:

"Alfonso de Palencia (Universal Vocabulario en latín y en romance, 1490), es la primera fuente que tenemos en que el vocablo obsceno se documenta en castellano. Derivado, a decir de este lingüista de ?lodo? (cenum, en latín, y de ahí ?cieno?), «[e]s no limpio, torpe. Es por feo cantar», abundando: «a las palabras desvergonçadas llamaron oscenas, que ya el uso escribe obscenas»".


Para San Isidoro obsceno deriva "del vicio propio de los oscos (Obscus)"

¡Caramba con los oscos y su "vicio propio"! Qué curiosidad, ¿tú sabes cuál era ese "vicio propio" al que se daban los oscos y las oscas sin parar, todo el santo día, dale que te pego?

¡Quién tuviera un vicio propio! Una vida propia.

A mí, de todas formas, me convence más la etimología imaginaria: lo obsceno tiene que ver con la escena.

Por eso hay gente que vive casi todo el día mirando a la cámara, en una postura incómoda para salir en la foto. Eso es lo que me parece obsceno.

--Mira ése, qué individuo --le digo a mi chica a veces--. Se nota que va con la Unidad Móvil conectada.
--Debe de pensar que le están filmando.

Hay tipos que siempre viven así, en tercera persona, como si estuvieran viendo su vida retransmitida a través de la Unidad Móvil.

A veces todos vivimos así, en tercera persona, vistos desde fuera, alejados de nosotros mismos, en posturas incómodas y cambiándonos de sitio para no salirnos del plano.

A veces, sin embargo, vivimos en primera persona. Nuestra propia vida. Una vida que nos pertenece.

Por ejemplo, yo mañana, que me voy a Piles a bañarme con mi hija.

Ésta es para mí la imagen fehaciente y duradera de la felicidad:





Con mi hija Anusca a la espalda, en el agua, fumando y bebiendo una cerveza fría. ¿Se necesita más para estar alegre?

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jueves 19 de julio de 2007

¿Tengo algún pasado?

En casa de mis padres, un libro a la semana para cada uno formaba parte de los derechos humanos familiares.

Aquí estamos los cuatro (más tarde nació mi hermana Helena) en la casa de Cali, Colombia, ejercitando nuestro derecho con cuentos.



Luego vinieron la colección de Joyas Literarias Juveniles, los libros de los Cinco y Mark Twain.

En casa, aburrirse se consideraba una debilidad de carácter. Mis padres eran muy partidarios de la alegría, les parecía un deber, casi la principal obligación de una persona.

Hubiera preferido ser un escritor maldito, incomprendido y tenebroso, pero no lo conseguí nunca: mi familia se divertía con lo que yo escribía.

Había que fastidiarse.

Desde pequeño, todos los veranos los he pasado escribiendo a máquina. Éste también, porque quiero terminar mi "novela de espías".

La primera novela que terminé se llamaba Esa oscura gente y la escribí entre Boston, donde vivía, y Nueva York, donde me prestaron una casa.

Escribía casi sin parar todo el día y por la tarde jugaba al ajedrez con un amigo inglés que se llamaba Ian Maxwell (¿a que parece un nombre inventado?).



Sí, el mobiliario nunca ha sido mi fuerte. Detesto la decoración. Una caja me vale como mesa, qué le vamos a hacer.

Escribía, como siempre, en pijama.



Aquí estoy con Laurence, es 1986.

En el pasado de todo español que se respete tiene que haber por lo menos una francesa, la mía es la Lorenza.

A mi chica, de esto, ni una palabra, ya sabes.

Más francesa que la Lorenza, imposible. Ponía música de violoncello y leía a John Donne; bebía unos combinados repelentes que se llamaban fuzzy navel (ombligo burbujeante o efervescente o así)y comía como un pajarito; compraba antigüedades y era incapaz de madrugar, pero siempre se reía de todo, como si estuviera a punto de salir de viaje.

Su forma de hacer maletas era conmovedora, podía meter doce faldas, quince sujetadores diminutos y ni una sola braga. Al final siempre tenía que sentarse encima para cerrarla. Metía en la maleta lo primero que se le ocurría: la ropa con las perchas, una lámpara, un molde para hacer tartas. Todo le parecía prometedor: "¡Vamos a hacer tarta de queso!", decía, entusiasmada, o: "Para leer en la cama, la luz de los hoteles es criminal".

Como nunca lograba cerrar la maleta (se sentaba encima y saltaba, diciendo Merde! cada dos o tres palabras), se ponía a sacar cosas a voleo.

Luego, al llegar, comprobaba que todos los zapatos que había traído eran del pie derecho o algún otro desastre parecido, y le entraba una desesperación muy cómica y muy francesa.

Había que consolarla.

Casi siempre había que consolarla de catástrofes sin ninguna importancia y acabábamos riéndonos a carcajadas.

Al final se fue con Ian. Hizo bien. Supongo.

Ian trabajaba en una difusa firma de inversiones y hacía una tesis en Fletcher School. Es decir: era espía. Seguro. Por eso se las arreglaba siempre para salir de espaldas en todas las fotos. Típico de agentes secretos. Fletcher era entonces un centro de reclutamiento de la CIA. Todavía logré conocer allí a algún kremlinólogo, que es lo que de verdad me habría gustado ser a mí(aunque entonces ahora estaría en el paro).

Por eso me acuerdo de Ian, porque estoy liado con mi novela de espionaje.

(Muchos años después me encontré a la Lorenza, of all places, en casa de Chavi Azpeitia, con la correspondiente francesa del pasado de Chavi, Claude, que trabajaba en el Círculo de Bellas Artes. Lorenza iba con un novio de veinte años, se había propuesto corromperlo a lo Mrs. Robinson, según me dijo entre risas.)

Cuando acabé aquella primera novela, como un auténtico maldito, se la di a leer a mi familia.

Les gustó, encima.

Años después conseguí publicarla y puse una cita al principio. Para mí, aquella frase resumía y resume lo que hemos aprendido siempre en casa, desde pequeños:

"Firmemente convencido de que cada vez que alguien sonríe --y mucho más cuando ríe-- contribuye en algo a ese fragmento de la vida que disfrutamos cada uno de nosotros".


Es de Sterne, del Tristram Shandy.

Sigo pensando lo mismo.

La novela empieza así:

"Van un chino, un americano y un español en un avión. Se rompe un motor".

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miércoles 18 de julio de 2007

The New Reds

Al final uno acaba discutiendo siempre con los socialistas, filosocialistas o criptosocialistas.

Toma, claro, ¡no vas a discutir con los fachas!

Y al final siempre acaban diciendo lo mismo: no estamos comunicando bien lo que hacemos.

¡Atiza!

Lo hacen bien, pero no lo saben contar. Como los demás somos todos unos mentecatos, no nos damos cuenta de lo bien que lo hacen.

Genios incomprendidos con esa obra maestra que ningún editor quiere publicar. Tipos que no se comen una rosca porque las tías no descubren sus múltiples encantos ocultos. Socialistas tan preocupados por hacer las cosas bien que se olvidan de "comunicarlas".

No sé tú, pero yo estoy hasta la coronilla de esa clase de gente.

El convencimiento insensato de que, en realidad, lo que no funciona es "la comunicación" conduce a la demencia. Por ejemplo, esto que acabo de leer:

"Juventudes Socialistas proclamará este fin de semana a Sergio Gutiérrez como secretario general, quien se presenta con una propuesta en la que, entre otros puntos, pide legalizar la eutanasia y la prostitución, permitir el voto a los 16 años y que se revisen los acuerdos del Estado con el Vaticano."


Hasta aquí, oquéis. Dejemos aparte la tontería periodística de "proclamar" secretarios generales, en lugar de elegirlos o nombrarlos. Dejemos aparte la sintaxis sudorosa. Dejemos aparte el brindis al sol de los dieciséis años. Sigamos leyendo.

"Para promocionar el Congreso, el PSOE ha lanzado un vídeo -titulado "Los nuevos rojos" (The new reds)- que muestra a miembros de las JSE como un equipo de rugby bailando el "Haka", una danza maorí que interpreta el equipo neozelandés All Blacks antes de los partidos."


Da risa, sí, lo malo es que es verdad.

Aquí es cuando empiezas a sospechar que esos chavales o son muy gilipollas o se lo hacen o les ha dado un aire o algo. ¿Habrán comido alimentos en mal estado? ¿Se les ha ido la mano con la inhalación de pegamento? ¿Sólo pretenden escandalizar a sus papás? ¿Qué piensas tú?

--Amigos, tengo una idea: para "comunicar" mejor, ¿vale que nos disfrazábamos de maoríes y bailábamos?
--Mola mazo, tío.
--Guay, guay. Es súper-creativo, tío.

Supongo que parten de la idea de que el resto de los jóvenes son igual de descerebrados que ellos y, por lo tanto, para "comunicarse" con la juventud hay que hacer el imbécil todo lo que se pueda.

Si yo fuera joven (menos mal que no), me sentiría insultado.

"El XXIII Congreso Federal Ordinario de JSE se celebrará este fin de semana en Madrid bajo el lema Liderando el presente. Impulsando el futuro y será clausurado el domingo por el secretario general de UGT, Cándido Méndez, y el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero."


Para redondear, no podían faltar esos beneméritos gerundios, característicos de atestado de la Guardia Civil.

En fin. Como hay tantos amigos que vienen a ensalzar o a denostar a Juan Manuel de Prada, pongo una foto que tenía por ahí, para su solaz y esparcimiento:



Silvia Pérez, editora de Imagine, con Prada. Estamos en Calaceite, un pueblo de Teruel en el que hace muchos años hubo una epidemia de escritores, capitaneados por José Donoso.

Bebiendo agua, que conste.

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martes 17 de julio de 2007

Botarates

En el Reino Unido hay al parecer una Comisión para la Igualdad Racial (CIR, como donde se hacía la mili). Son unos auténticos botarates. Tontos, pero tontos con ventanas a la calle.

Quieren que se prohíba Tintín en el Congo porque es un tebeo racista.

Primero querían que se vendiera sólo en la "sección de adultos", como la pornografía, y que le pusieran una etiqueta que dijera que contiene "estereotipos burgueses y paternalistas de la época, interpretación que algunos lectores podrían encontrar ofensiva".

Suena a propio de la Unión Soviética. Es formidable.

Ahora quieren que se prohíba totalmente su venta.

¿El tebeo es racista? Toma, claro.

El Poema de Mio Cid también es racista. El Quijote es machista. Tarzán, ni te cuento. En Huckleberry Finn los niños fuman. El Lazarillo no promueve una dieta equilibrada. Todo Quevedo es inadmisible. ¿Y Góngora? ¿Y esos chistes que hace Góngora? Por ejemplo, hay en las Soledades un macho cabrío, o sea un cabrón, que se come las uvas:

El que de cabras fue dos veces ciento
esposo casi un lustro --cuyo diente
no perdonó a racimo...


Hasta que aparece un rival más joven, "rival tierno,/ breve de barba y duro no de cuerno", que al vencerle:

redimió con su muerte tantas vides


En la época, el chiste que compara al cabrito o cabrón joven con Jesucristo (que, como se sabe, redimió con su muerte tantas vidas) era considerado repugnante (pero no lo prohibieron, eran otros tiempos, no arreglaban todo con prohibiciones).

El cabrón viejo, además, se lo sirven al peregrino convertido en cecina, transubstanciado. A pesar del recuerdo burlesco de la comunión, no lo prohibieron. Eso sí: todos los comentaristas de la época lo señalan y dicen que es un chiste asqueroso.

(Por cierto, acabo de comprobar la cita en una edición moderna, de Cátedra, y por supuesto nada dicen del chiste del cabrito que redimió muchas vidas. O no lo entienden o ya está prohibido comentarlo).

Menos mal que Zapatero sólo lee a Borges, a Suso de Toro y a Gamoneda. Si no, ya habría prohibido a Góngora, porque hace burlas a la religión. Encima, a la religión verdadera.

A la hoguera también con el viejo don Luis de Góngora.

Pobre Tintín y pobres de nosotros, rodeados de talibanes.

Toda (o casi toda) la cultura clásica es racista, homófoba, machista, hace bromas anticlericales y además incita a la insubordinación frente a la autoridad.

¿Lo prohibimos todo de una vez, como Elena Salgado, la ministra déspota?

En vista de lo cual me fui a merendar a casa de mi hermana Maite.



Aquí aparece el perro Patán (como el de Los Autos Locos, esos dibujos animados burgueses, machistas y eurocéntricos), Anusca y mi amiga (y de todos los que pasan por aquí) Nata.

Después de la merienda leímos con Anusca un poco de Mark Twain, pero lo hicimos con las persianas bajadas y susurrando, no fueran a denunciarnos los vecinos.

Siempre se lo advierto a Anusca: no digas en el cole que en casa leemos a Mark Twain, ni que vemos películas del Oeste, ni que recitamos poesías de Quevedo. Tú di que sólo vemos la tele, donde se enseña igualdad, respeto y buen gusto. Y no leemos más que a Gamoneda y Suso de Toro, para que nos inculquen esos valores positivos, educación para la ciudadanía y alianza de civilizaciones.

A ver si van a venir el CIR, Elena Salgado y otros botarates y nos reeducan a todos, como los chinos maoístas.



Sigamos leyendo a escondidas, para que no nos sorprenda la policía de costumbres:

náufrago, y desdeñado sobre ausente,
lagrimosas de amor dulces querellas
da al mar; que condolido,
fue a las ondas, fue al viento
el mísero gemido...

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lunes 16 de julio de 2007

¿De qué se trata, que me opongo?

Tengo un pensamiento adversativo. A mí sólo se me ocurren ideas en contra de algo. Mis (escasas) neuronas sólo se ponen en funcionamiento cuando algo me saca de quicio.

Últimamente, como es natural, pienso bastante.

Ver a los obispos en contra de la Educación para la Ciudadanía es un espectáculo. Los obispos protestando porque se adoctrina a los escolares. ¡Los obispos!

Como diría Flaubert, ça fair rêver...

Según el documento de la Conferencia Episcopal, la escuela debe evangelizar. Por medio de la escuela, dicen: "la Iglesia local evangeliza, educa y colabora en la formación de un ambiente moralmente sano y firme en el pueblo"

¿El pueblo?

Se me pone la carne de gallina de la emoción: ¡el pueblo!

¿Hace cuánto que no oías a nadie hablar de "el pueblo"? Nadie habla ya del pueblo, ni siquiera los leninistas ni los falangistas.

Cuando ya hasta los dictadores hablan de los ciudadanos y nadie dice jamás "el pueblo", aparecen los obispos, con un par, hablando de la moral sana y firme del pueblo, como en pleno siglo XIX.

Van a acabar hablando de "los obreros" o incluso de "los productores", como en tiempos de Franco.

El caso es que a mí lo de educar moralmente al pueblo me parece una bobada; y la asignatura de Educación para la Ciudadanía, una bobada de solemnidad. Siempre he pensado que la educación debería ser laica, estatal y obligatoria. Los colegios privados: prohibidos.

Sin embargo...

Sin embargo luego sale el obispo Cañizares y afirma: "Colaborar en la implantación de la nueva asignatura es colaborar al mal".

Claro, así las cosas: ¿a quién no le entran ganas de pasarse a las apretadas filas del Diablo? ¿Quién no está dispuesto a prestar apoyo al mal, así, en general? ¿Quién hay que no esté deseando ponerse al servicio de las tinieblas?

Lo malo de los obispos es que te obligan a defender bobadas. Ayer, en el aperitivo, en La Esquina de Benja, me oí defendiendo bobadas, sólo por llevar la contraria a los obispos.

Qué le vamos a hacer.

Por cierto, Cañizares, menos Historia Sagrada y más gramática. ¿Qué rayos de régimen preposicional es ése? ¿Colaborar en? ¿Colaborar a? Aclárese, narices. ¿Y no sería más sencillo y elegante colaborar con? ¿Colaborar al mal?

¿Podemos confiar en alguien que pone las preposiciones a voleo? Salta a la vista que Cañizares se ha educado con mucha catequesis y poca gramática. ¿A quién se le ocurre usar dos preposiciones distintas para el mismo verbo en la misma frase? ¿Para qué? ¿Para distraer la atención?

Ni María Moliner ni Manuel Seco colaboran a. Sólo el (dudoso) Panhispánico de dudas admite que "raramente" se puede colaborar a.

Sí, muy raramente. Es tan raro como seguir hablando del pueblo.

Como decía, creo recordar, Roland Barthes: la sintaxis es una facultad del alma.

A mí, alguien que se expresa así, me inspira desconfianza. Sospecho que la incapacidad de hablar claro oculta siempre desórdenes tenebrosos y ocultos, un alma esquinada, agachadiza y de tamaño reducido.

En fin, Cañizares, pídete lo que quieras en la barra, en La Esquina de Benja, en Cardenal Cisneros con Gonzalo de Córdoba (mi hija lo llama Los Toritos). Di que lo pongan a mi cuenta.

De nada, obispo. A tu salud.

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domingo 15 de julio de 2007

¿Con o sin ropa?

Así que ayer sábado me fui a tomar las cañas con Cristina y Marcos en un clásico: el Cangrejero, en la plaza de las Comendadoras.

Ahora que todo el mundo está en las terrazas, yo prefiero la penumbra acogedora del interior de los bares.



Por la noche, la fiesta de cumpleaños de Eduardo Vilas.



En la foto veo a Milagros Frías y Ramón Pernas, a Edu Vilas de espaldas, a Tito y a Mateo con sus chicas.

Las chicas en verano están bastante atractivas, ¿a que sí?



Algunas personas están más guapas cuanta más ropa lleven puesta.

Es mi caso, por ejemplo.

No es el caso, en cambio, de la mayoría de las chicas.

Yo en invierno, con abrigo, bufanda y guantes, me encuentro irresistible. Cuando me tengo que bañar en la piscina sin ropa, como anoche, pierdo bastante, la verdad.

Ellas no. En absoluto.

(Vas a tener que fiarte de mi palabra, porque no voy a poner fotos. Mira otra vez las fotos de arriba: imagínate a esas personas sin ropa. Fue divertido).

A eso de las cuatro de la mañana, nos metimos en la piscina. Nos dimos besos por debajo del agua: salían burbujas.

Al borde de la piscina teníamos los whiskies y los ceniceros: aquello se parecía de forma sospechosa a la felicidad. Era casi alarmante.

Tú ¿cómo estás mejor? ¿Con ropa o sin ropa? ¿Por debajo del agua o en tierra firme? ¿Cuando cierras los ojos o si miras con los labios entreabiertos?

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viernes 13 de julio de 2007

Van y vienen

César Antonio Molina no podía ser ministro, ya que "tenía un perfil demasiado independiente".

De perfil, se refería. De frente no; de frente sí podía, así que le nombraron ministro frontal.

Tanta debió de ser la sorpresa que, a la semana, ya lo tiene todo estudiado y se pone a hacer nombramientos.

Destituye a Campos Borrego para nombrar a Juan Carlos Marset en el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música, el INAEM.

¿Había tanta prisa?

Por supuesto que sí, hay que colocar a los amigos. Teniendo en cuenta que, en principio, Molina sólo va a ser ministro unos meses y que tiene bastantes amigos, podemos hablar incluso de una emergencia.

Para que te hagas una idea: a su toma de posesión, en la quinta planta del ministerio, acudieron dos centenares de "intelectuales" o "gentes de la cultura".

Desde Plácido Domingo a Alex de la Iglesia. Y Gamoneda, claro, que (según El Mundo) "luego se fundió con él en un paternal abrazo".

¿A qué es bonito fundirse en abrazos, como dos bombillas?

Molina citó a Cervantes y se sirvió un vino español, es decir: todo como manda el reglamento.

Allí le preguntaron si habría cambios y Molina declaró ese día:

--"Lo voy a hacer con tranquilidad, con tiempo y sin apresuramientos".

Pues dicho y hecho.

Ha habido cierto revuelo.

Luis Pascual ha dicho: "No tiene sentido que la dirección del INAEM sea un puesto político, ¡qué error!".

Luis García Montero ha dicho que es una decisión "absolutamente desatinada". Luego se ha quejado: "Alguna vez podríamos aspirar a que un Gobierno socialista se tomara en serio la cultura".

Venga, Luis, amigo, que ya somos mayores.

Yo ni entro ni salgo porque no sé una palabra de Artes Escénicas ni de Música.

Y además hace años que no veo a Juan Carlos Marset.

Cuando éramos muy jóvenes, en la universidad, Pepe Ridao (ahora José María) tenía un amigo que organizaba congresos y cosas, un tal Juan Carlos Marset.

--¿Como Juan Marsé?
--No, con te.

Tenía no sé qué enchufes en congresos por Andalucía y nos invitó a un par de ellos.

Marset con te era entonces monje y estaba metido en un grupúsculo, congregación o secta llamado "Juventud Idente".

--¿Vidente?
--No, sin uve. Son identes, porque van. Del verbo ir.
--Ah, van. ¿Y dónde coño van?
--No sabemos. Parece que a saraos culturales.

Nos llevó a un congreso en Sevilla y a otro en Huelva. Orejudo habló de Horacio. Yo hablé de Galdós y el método paranoico-crítico de Dalí. Durante la charla nos bebimos una botella entera de whisky.

El único idente que vimos fue a Marset. Era muy simpático y me pareció buena persona. Le llamábamos "el rey de la montaña", porque tenía cara de escalador nato, con permanente gesto de sufrimiento.

--Es una mezcla entre ciclista y boxeador --decía Orejudo.

Esto fue en 1985 y ésta es la foto que he encontrado. No sale Marset, igual la hacía él.



A la izquierda, Orejudo. Luego, Francisco Castañón (el único que folló en aquel viaje). Luego, de pie, Javier Yagüe. Luego yo, a la cabecera. A mi lado, Mauri de Miguel. Luego, medio escondido, Agustín Carlos López. Después Pepe Ridao.

Las grandes diversiones fueron:

--Interrogar a Marset sobre su voto de castidad. ¿Lo cumplía? Dijo que sí. Le preguntábamos si nunca, nunca, había... No, nunca. Él no, jamás. Le explicábamos lo que se perdía y entonces se le ponía aún más cara de escalador nato. Agustín se ofrecía para llevarle de putas en el acto. Marset decía: no, gracias.

--Beber whisky a morro.

--Reírnos de los poetas que recitaban. Se ponían de pie y movían las manos y nosotros soltábamos carcajadas. Había uno al que llamábamos "el nadador de crawl", porque entre verso y verso giraba la cabeza, como si cogiera aire para dar otra brazada. Nos descacharrábamos de risa.

--Intentar ligar. Aquí la clave era no dormirse. Había pocas chicas y el lema era el de Cela: "el que resiste, gana". Castañón se bebió varios litros de café y se salió con la suya.

O sea, no muy divertido, ¿verdad?

Luego ya no volví a ver a Marset en mucho tiempo.

Una vez nos llevó a ver a María Zambrano, muy anciana, a la que habían instalado en Madrid, cerca del Retiro. A mí me pareció una señora con pinta de pipera o de vendedora de chuches, y que estaba ya un poco ida. Sólo repetía ilusionada:

--¿Sabéis que ha venido la tele?
--Sí, señora. Ya lo sabemos.
--¡¡La tele!! Voy a salir por la tele.

De ahí no la sacabas.

A Marset y a Ridao les pareció emocionante, de una gran lucidez y un encuentro decisivo, o sea, que igual yo me perdí algo.

Otra vez estuve con él y con Ridao de copas (yo; ellos menos, eran más de fantas). Marset me regaló un libro que se llama Puer profeta, con el que había ganado el Adonais, creo. Otra vez, hace unos años, lo encontré en la SGAE y casi no lo conocí: había engordado, tenía una novia guapa y parecía mandar mucho en todos lados.

En eso último no ha cambiado desde el 85, cuando ya tenía extraños contactos y facilidad para invitar a saraos y parecía mandar mucho allí donde fuera.

En fin, mucha suerte, Marset. Y un brindis por los viejos tiempos.

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jueves 12 de julio de 2007

Supersticiones

El otro día fui a visitar a un amigo a su oficina. En el metro, pensé que iba a perder el conocimiento. Se había estropeado el aire acondicionado y el vagón se había convertido en un horno crematorio.

Hace ya tiempo, en los trenes y en el metro, las ventanillas de los vagones no se pueden abrir. ¿Por qué? Porque han puesto aire acondicionado. Sin duda:

(A) Tienen una fe de carbonero en la técnica, una credulidad llamativa y supersticiosa: por eso nunca hay un plan B. El aire acondicionado no se estropea. Punto. Son tan idiotas que, si lo permitiera la ley, construirían edificios sin escaleras. ¿Para qué poner escaleras, si hay ascensores que, por supuesto, nunca se estropean?

(B) Tienen una desconfianza superlativa en las personas. Piensan que, si las ventanas pudieran abrirse, los pasajeros las abrirían sin necesidad, derrochando energía y haciendo inútil el aire acondicionado, etc. Sólo por fastidiar o por torpeza. Están convencidos de que los demás somos o tontos o malos y, con frecuencia, ambas cosas a un tiempo.

Los poderosos son así. Confían ciegamente, como niños, en sus propias herramientas. Al mismo tiempo, desconfían de aquellos a quienes someten. Les temen.

La técnica, hoy en día, no es más que otra de las herramientas del poder. La sanidad, la informática, la estadística, etc. Herramientas de dominio en las que los poderosos creen a pies juntillas. Es casi conmovedor.

Cuando llegué, deshidratado, en la puerta del edificio encontré una alfombra de colillas. Como es natural, no se les había ocurrido poner un cenicero. O habían decidido no ponerlo. ¿Para qué, si hay una ley antitabaco?

Otra herramienta de poder a la que veneran es la Ley, así, con mayúsculas.

Los que mandan atribuyen poderes mágicos a sus propias herramientas de dominio. Están convencidos de que basta una ley y un reglamento para que la población deje de fumar, para que desaparezca la violencia contra las parejas o para que deje de haber accidentes laborales.

Se hace una ley y ya está. La realidad no tiene más que obedecer.

Luego, por supuesto, se sorprenden con candidez: resulta que la realidad ha desobedecido. Los hechos son muy testarudos.

Se quedan aturdidos, perplejos, con cara de tontos. Gimotean y no dejan de preguntarse cómo ha podido pasar. ¿Es que acaso no habían hecho una ley?

Son como niños: se tapan los ojos y piensan que basta con eso para que los demás no les vean a ellos.

La gente, claro está, sigue fumando (sólo que ya no hay ceniceros, porque confiaban ciegamente en la Ley, igual que no se pueden abrir las ventanas de los vagones, porque no dudaban del aire acondicionado). Las mujeres siguen muriendo. Los obreros siguen cayéndose de los andamios.

¿Qué hacer?

Frente a este estado de cosas, decidí irme a tomar una caña.

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miércoles 11 de julio de 2007

Pensar con los dedos

Ésta es mi máquina, la que uso ahora:



Me la regaló Chavi Azpeitia, que siempre recuerda que, cuando la compró, se la querían vender sin punto y coma.

--No hace mucha falta --se excusaba el de la tienda.
--Oiga, que yo no soy periodista. Yo sé usar el punto y coma.

Escribo a máquina porque me gusta. El ruido al teclear me acompaña. Me encanta escribir deprisa y acumular las hojas a un lado, ver crecer cada día el montón.

Tengo otras dos máquinas. Una Olivetti roja, en casa de mi chica. Cuando la visito, me pongo a teclear en su buhardilla y la gata Flora me vigila. Otra en la casa del pueblo, en Piles, y es también una Olympia.

Mi primera máquina fue una Underwood 18, y la recuerdo con más cariño que a algunas ex novias. Me encantaba.

Decía Umbral que hay dos tipos de escritores:

A) Los que se ponen a escribir cuando se les ha ocurrido una idea.

B) Aquellos a quienes se les ocurren las ideas escribiendo.

Yo soy del tipo (B). Escribo para que se me ocurran ideas. Escribo, no para decir algo, sino para saber qué es lo que quería decir.

En realidad, pienso con los dedos.

¿Y tú? ¿Hablas cuando tienes algo que decir o hablas para tener algo que decir, para saber lo que querías decir? ¿Hablas por hablar, como yo? ¿Escribes para saber lo que estabas pensando?

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martes 10 de julio de 2007

Una salud propia

Una vez le oí decir a Federico Mayor Zaragoza que "la salud es un concepto biográfico, no biológico. Cada uno debe tener la salud que necesita para hacer realidad su propio proyecto de vida".

La salud no se impone desde el ministerio a golpe de prohibiciones: es un proyecto personal.

Mi proyecto de vida más obstinado ha sido siempre escribir.

En el 92, antes de irme a trabajar, otra vez, a Estados Unidos, vivía en el Puente de Vallecas. Compartía casa con dos tipos a los que no conocía de nada. Uno quería ser actor y el otro era informático. Nos llevábamos bastante bien, ellos comían frutas y verduras, no bebían nada más que un poco de cerveza y por supuesto no fumaban. Era como vivir con la ministra déspota, Elena Salgado, sólo que mis compañeros eran mucho más simpáticos.

Mi único proyecto entonces era sentarme a la máquina y escribir. Si hacía bueno, me ponía en el terrado de la casa.



Vivía entonces de redactar discursos para los políticos y de analizar encuestas.

Por eso no contesto o miento a propósito en cualquier encuesta. ¿Para qué se hace una encuesta? Para manipularte. Siempre. Por definición. Para venderte la misma porquería en un envase más atractivo o para hacer una campaña electoral con lo que tú quieres oír (la misma porquería en un envase más atractivo, también).

Mi "proyecto de vida" no era en absoluto incompatible con un poco de bronquitis ni con una resaca de vez en cuando. Si quieres ser atleta, necesitas una salud diferente que si quieres ser escritor de novelas, ¿no te parece?

Si quieres ser ministro, en cambio, necesitas salud, sí, pero también bastante desvergüenza:

--"A Zapatero yo le daría el premio Nobel de la Honestidad y la Solidaridad" --ha dicho un señor en cuanto le han nombrado ministro.

Macho, ¿es que no bastaba con mandarle un jamón? ¿Se puede hacer más el ridículo?

Quizá. ¿Tú qué crees?

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lunes 9 de julio de 2007

La diferencia entre Pepsi y Coca-Cola

He estado leyendo este fin de semana un libro que me dejó Edu Vilas, La diferencia entre Pepsi y Coca-Cola. Es una antología de poesía norteamericana, en edición bilingüe. La selección y la traducción es de Julio Mas Alcaraz. El título de la antología, un acierto (creo yo), es el de un poema de David Lehman. Está en Ediciones Vitruvio y vale la pena echarle un vistazo.

El domingo, como es natural, cumplimos con la liturgia del aperitivo en la plaza del Dos de Mayo, con periódicos y resaca, como todos los domingos.




Aquí están mi hermana Maite, mi chica, Lorenza y Arancha.

Estaba animada la plaza, nos encontramos a bastantes amigos, entre otros a José Ángel Esteban y a Nacho Escolar. Yo repartí numerosos Ibuprofenos que llevaba en la mochila, porque cada uno venía con su propia resaca de casa.

En la antología la mayoría son poetas nacidos en los años cuarenta, aunque hay algunos más jóvenes. Quiero decir: jóvenes como yo, de cuarenta tacos los más jóvenes.

Como decía Francis Ponge, "el poeta no debe darle al lector una idea, sino una cosa". La poesía señala con el dedo. Siempre es específica. Se toma los detalles al pie de la letra y el conjunto en sentido figurado, como escribió Jaime Gil. Eso es algo que siempre me ha gustado mucho de la poesía norteamericana. El poeta se fija en algo, no sé, el ruido que hacen los cubiertos en el plato, y lo observa con atención, y lo construye en el poema, hasta que el poema suena a tenedor contra la vajilla y hasta que ese ruido se transforma en algo revelador, significativo, algo que perturba.

Algo que trata de ti.

Este poema de Jane Hirshfield (NY, 1953), una escritora que no está en esta antología, me gusta mucho, y es un ejemplo de eso.

It is foolish
to let a young redwood
grow next to a house.

Even in this
one lifetime,
you will have to choose.

That great calm being,
this clutter of soup pots and books.

Already the first branch-tips brush at the window.
Softly, calmly, immensity taps at your life.


Más o menos:

No es sensato
dejar que un árbol
crezca cerca de una casa.

Incluso en el tiempo
de una sola vida
tendrás que escoger.

Ese grandioso ser tranquilo.
Este revoltijo de platos y libros.

Ya las puntas de las primeras ramas rozan el cristal.
Suavemente, calmadamente, la inmensidad llama a tu vida.


(Sí, sé lo que es un "redwood", pero pongo "árbol" porque los norteamericanos viven todos en el campo, saben nombres de árboles, pero aquí, salvo que seas Delibes, un árbol es un árbol, un pájaro es un pájaro y ya está).

Es una imagen que me gusta. Has plantado el árbol demasiado cerca. Las ramas ya tocan la ventana de la cocina (los platos y los libros). El lector se pregunta: ¿Y las raíces? ¿Y por debajo qué estarán haciendo las raíces, bajo tu propia casa?

¿Has dejado crecer un árbol demasiado cerca de tu casa? ¿Las ramas rozan el cristal de la ventana, llaman a tu puerta? Piensa en las raíces, por debajo.

En fin, me han gustado mucho algunos poetas de la antología, como Louise Glück (vaya nombre, parece un seudónimo, porque Glück en alemán significa suerte, a veces azar) o Billy Collins. Otros me han parecido más costumbristas y aparatosos, como si fueran Ray Loriga o algo así, para entendernos.

El humor también tiene su sitio. Este poema me ha hecho gracia, porque parece una adivinanza.

It hangs deep in his ropes, a delicate
clapper at the center of a bell.
It moves when he moves, a ghostly fish in a
halo of silver seaweed, the hair
swaying in the dimness and the heat --and at night,
while his eyes sleep, it stand up
in praise of God.


Más o menos dice (traducido por mí):

Cuelga en el interior de sus vestimentas, un delicado
badajo en el centro de una campana.
Se mueve cuando él se mueve, un pez fantasmal
en un halo de algas plateadas, el pelo
flotando en las tinieblas y el calor --y por la noche,
mientras sus ojos duermen, se alza
en alabanza de Dios.


¿Cuál es la respuesta a la adivinanza?

¿La gallina? ¿El pato? ¿La luna?

Está en el título del poema: The Pope's Penis, o sea: El pene del Papa.

Es de Sharon Olds, una señora que nació en 1942. Casi de la edad de mi madre.

A mi me parece que las señoras de esa edad, de más de sesenta, aquí no escriben con tanto desenfado. No me imagino a las abuelitas de aquí escribiendo poemas protagonizados por la polla del Papa, y en los que el Papa, mientras duerme, se empalma. En alabanza de Dios, faltaría más.

Aquí, por mucho menos, te empapelan.

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sábado 7 de julio de 2007

Comentario de texto

Como ayer hacía tanto calor, pasé la tarde con la refrescante juventud.



Fátima, Lucía y mi chica, en la barra de las Bodegas Camacho, calle San Andrés.

Tomamos una plataforma de cañas, pero la juventud también tiene que aprender el valor del esfuerzo. Les puse algún ejercicio, para que no todo fuera tomar cañas y venga cañas.

Un comentario de texto:

TEXTO:

"Yo tengo un perfil demasiado independiente como para ser ministro"


AUTOR: César Antonio Molina, marzo de 2007 (hace cuatro meses).


EJERCICIOS:

--Lee con atención el texto y subraya todas las palabras que no entiendas. Coméntalas con tus compañeras.

--Define "independiente". Busca en el diccionario tres sinónimos y tres antónimos.

--Sustituye "tengo un perfil" por "soy". Explica los posibles motivos del autor para elegir una u otra opción.

--Consulta la Gramática y explica si "demasiado" es aquí adverbio o adjetivo y por qué.

--Identifica las figuras retóricas presentes en el texto.

--Discute con tus compañeras la "intención del autor".

Mientras yo me pedía otra caña en la barra de aleación (plomo y zinc), al fondo, en la acogedora penumbra del Camacho, las chicas cogieron taburetes para rellenar su ejercicio.

Escribían a lápiz, moviendo la punta de la lengua entre los labios y apretando el puño para que se les ocurrieran ideas.

Como guapas, estaban guapas.

Casi me emulsiono.

Ahora me toca corregir durante todo el fin de semana.

¿Quieres hacer tú también el ejercicio? ¿Te atreves?

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viernes 6 de julio de 2007

Por tierra, mar y aire

Varios amigos tienen un bolo-net.

Se trata de una organización (clandestina, ça va sans dire) de socorros mutuos para escritores. Ahora mismo hay varios bolo-nets funcionando a pleno rendimiento, algunos especializados en poesía, otros en novela corta, incluso sé de uno de micro-relatos.

Los miembros de un bolo-net, como su propio nombre indica, se consiguen bolos unos a otros. Es decir, se llaman continuamente para jurados de premios, conferencias, mesas redondas, presentaciones de libros, etc.

Los escritores son como Blanche DuBois, que "always depended on the kindness of strangers", esa mujer que siempre dependía de la amabilidad de los desconocidos.

Gracias a concejales de cultura en todo el territorio nacional, los escritores podemos alimentarnos de canapés, cobrar unos eurillos y llevarnos el jabón y el peine de esos hoteles con buffet de desayuno.

Porque de lo que escribes, como todo el mundo sabe, no se vive, a no ser que uno sea un faquir o una top-model anoréxica.

Es lo que decía aquel viejo periodista: "¡La cantidad de gambas que tiene uno que comer para comprarles los macarrones a los niños!"

Hace años me invitaron a un bolo estupendo: 25 escritores hicimos el recorrido del Transcantábrico para inaugurar la reapertura del tramo de La Robla. Ocho días con barra libre.

Es evidente que aquello era el primer paso de una gran operación con el nombre en clave "Por tierra, mar y aire".

Ahora los del bolo-net de mis amigos se han inventado una "traslatio jacobea", o sea, quince escritores en un velero, y a mí no me han dicho nada.

Supongo que lo siguiente será montar a veinte narradores en un zeppelin y sobrevolar los Cárpatos.

Ya puestos.

Según ABC:

"Traslatio literaria y jacobea", así se llama una nueva iniciativa promovida por la Asociación de los Amigos del Camino de Santiago de la Comunidad valenciana, y realizada en colaboración con la Xunta de Galicia, que consiste en recorrer los lugares de la costa española y portuguesa por los que pasaron los restos mortales del Apóstol Santiago, tras su muerte en Jerusalén, antes de llegar a Galicia.


Los bolo-nets son poderosos e implacables. Los "gestores culturales", los tipos que manejan los presupuestos de Cultura, son seres crédulos, débiles y fácilmente impresionables.

Cierto, pero aún así me quito el sombrero: ¿cómo han llegado a convencerles de que les paguen semejante pamplina?

De aplauso.

Juan Manuel de Prada, Fernando Marías, Luisa Castro, Marta Rivera de la Cruz, Almudena de Arteaga, Gustavo Martín Garzo, Ramón Pernas, Milagros Frías y Fernando Martínez Laínez son algunos de los autores que han confirmado su participación, y a los que podría sumarse también la directora de la Biblioteca Nacional, Rosa Regás.


¿Rosa Regás? ¿En la cubierta de un barco? ¿Y Prada? ¿No zozobrará? ¿Habrá suficientes chalecos salvavidas? Para mejorar las cosas, la monumental majadería se llevará a cabo en un buque-escuela de la marina rusa.

Cada uno de los autores participará en una de las seis etapas: cinco por mar, con paradas en Cartagena, Málaga, Cádiz, Lisboa y Ría de Arousa; y una por tierra, desde Padrón a Santiago (20 kms.), aunque hay algunos más atrevidos, como Marías y Rivera de la Cruz, que abrirán y cerrarán el viaje.
Durante el trayecto se celebrarán diversas actividades a bordo del barco, como charlas, conferencias y lecturas a cargo de los autores; además de una exposición de fotografías, sobre la leyenda del traslado del cuerpo del Apóstol, que podrá visitarse en cada uno de los puertos de amarre.


Alucinatorio, ¿no te parece?

Qué lástima me da la tripulación, esos pobres guardiamarinas rusos a merced de la oratoria de Juan Manuel de Prada y sometidos a lecturas de relatos de Rosa Regás. Y encima en alta mar, sin escapatoria posible ni tierra a la vista.

¿No crees que habrá un motín a bordo? ¿Pasarán por la quilla a dos o tres prestigiosos narradores o narradoras?

Ayer desayuné con amigos del barrio, como hacemos casi todas las semanas.




Martín Casariego, Míquel Silvestre y Marta Rivera de la Cruz.

--Martiña, ¿qué os he hecho? --empecé a gimotear--. ¿Me porté acaso mal en el tren? ¿No pago mis cuotas mensuales del bolo-net? ¿Por qué me dais de lado así, en momentos tan dramáticos? Más aún cu