l Blog de Rafael Reig: agosto 2007

Rafael Reig, escritor y profesor de literatura

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viernes 31 de agosto de 2007

A partir un piñón

De manera que volvimos del Escorial, cansados y contentos, no sin antes decirle adiós con la mano, desde el tren, al amigo Juan Ramón, y no sin haber partido piñones en la mesa de granito del Guadarrama.

Esto lo hacemos siempre en la mesa piñonera, así la llama mi hija Anusca.



Fuimos a un pueblo de Segovia, al lado del palacio de Riofrío, a casa de los Escudero. Mariluz había preparado un cocido espectacular, de aplauso.



Aquí están mi chica y Rafa luchando con la sombrilla, mientras Mariluz lucha con el Trío Calavera.

Luego nos quedamos toda la tarde bebiendo whisky a sorbitos. Las niñas jugaban con un conejo vivo o a poner monedas de cinco duros en el raíl de la vía del tren o a meter caracoles y gusanos en cajas de cartón con agujeros taladrados con un boli o a lo que rayos jueguen las niñas en los campos agrícolas. Qué más da: si no hacen demasiado ruido, todo andará bien; está es la regla número uno de la paternidad responsable. La número dos, para compensar, es: si no se oye nada, hay que ir a ver qué pasa.

Aquí están Anusca, Blanca y Marcela, con el conejo (todavía) vivo, aunque sin duda (bastante) aterrorizado por el Trío Calavera.



Los niños juegan a extraños juegos... ¿Te acuerdas de esa canción?

En este pueblo rural con su campo agrícola hay bastantes personas de ciudad que, por consiguiente, organizan sin parar actividades culturales, lúdicas, recreativas y teatrales. Esa noche tocaba el legendario cuentacuentos infantil en la vieja iglesia de piedra, con su no menos legendaria chocolatada para todos los pequeños. Para allá que nos fuimos, con un frío de cierta importancia. Las niñas se metieron de cabeza en el aquelarre cultural; los mayores, nos dimos a la cerveza a cielo raso. Tal que así, abrazándonos para darnos calor y compañía:





--¿Y éstas no van al cuentacuentos? señalé una pandilla de chicas de doce a dieciséis.
--Ésas no, en cuanto les salen tetas ya no les gusta que les cuenten cuentos, me explicó Rafa.
--Tiene su lógica, claro. Aunque también podría ser al contrario, ¿no? En cuanto les salen tetas es cuando empiezan a contarles cuentos.
--Sí, porque lo vuestro es de cuento y no acabo, acotó Mariluz.
--Ésas van a la era, me lo ha contado el guardia civil, nos explicó Rafa, señalando con el dedo un espacio conjetural en el paisaje a oscuras. Añadió: hacen una hoguera, beben todos de la misma botella, se tocan por encima y por debajo de la ropa, y vuelven a casa muy afónicas, con los ojos brillantes y la piel con una temperatura diferente, como si tuvieran una o dos décimas de fiebre.
--Qué envidia.
--Ya lo creo.
--Vaya par de botarates, observaron Mariluz y mi chica.

¿A ti qué te parece? ¿Somos, sin remedio, tontos perdidos? ¿No tenemos arreglo?

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miércoles 29 de agosto de 2007

El patio de recreo

La sensación de estar metido en un patio de colegio aumenta. Hay matones, hay chivatos, hay pelotas, hay repetidores y ahora ya ni siquiera dejan fumar.

Todo empieza cuando se considera que los cargos públicos no son otra cosa que una bolsa de recompensas para repartir entre "los nuestros". La Biblioteca Nacional, por ejemplo: una chuche o golosina para premiar a tipos como Luis Racionero o Rosa Regás.

Ahora la legendaria Rosa Regás ha dimitido y, encima, se ha cogido una rabieta.

"He sido objeto de una persecución implacable", dice. Es decir: ¡Seño, es que me tienen manía! ¡Se meten conmigo!

Es posible, pero uno (incluso Rosa Regás) debe preguntarse siempre: ¿por qué se meten conmigo?

La única respuesta que se le alcanza a Rosa es: "No les gusta que manden las mujeres. Y menos de izquierdas como yo".

Acabáramos. Es formidable. Sí, hombre, sí: va a ser eso.

Es el famoso blindaje total.

Le dices a un cojo que le ha salido mal una multiplicación:

--Esto está mal.
--Lo que pasa es que te metes conmigo por ser cojo.¡A que me chivo!

Así no hay manera, claro.

El ministro al parecer le dijo que no había hecho nada en tres años. Otros dicen que eso es una invención: ojalá no hubiera hecho nada, lo único que ha hecho ha sido crear problemas.

--Yo no hago una a derechas, ¿qué pasa? Soy de izquierdas --habrá contestado, impertérrita, la abuela Rosa--. Y eso es una campaña contra mí por ser mujer: ¡a la Seño que vas!

Da pena.

El Banco Central Europeo (BCE) parecía una cosa un poco más seria. Ayer leí en el periódico que su presidente. Trichet, dijo, tras la última reunión, que "desarrollaba una fuerte vigilancia" sobre "los riesgos inflacionistas".

El periodista de El País explica:

Una expresión que el BCE usa cuando quiere avisar de que subirá los tipos de interés [...] Es la seña pactada con los mercados.


El lector adulto se queda de piedra. O sea, que estos tipos del BCE, si quieren decir que subirán los tipos, no dicen que subirán los tipos, qué va. Ellos tienen una señal secreta y dicen: Atención, fuerte vigilancia, compañeros, todas las tortillas de patata son redondas. Y mientras tanto guiñan un ojo.

¡Cómo molan los mayores, con sus señales secretas y todo!

Qué diver, ¿no?

Son como críos.

Luego pasa lo que indica el periódico:

Los mercados, sin embargo, ya no saben si con la nueva seña Trichet mantiene la apuesta por una subida [...] o prefiere dejar pasar esta ronda.


¿No te suena a Mortadelo y Filemón? Unos tios ponen señas secretas, pero luego ya nadie sabe qué significaba nada.

Formidable en verdad. Como en el patio del colegio.

Yo les recomendaría que, si quieren avisar de que subirán los tipos, lo digan hablando con la pe:

--Supubipirapan lospos tipitopos.

Mola mucho.

Mientras nos tienen a todos así, en el patio del cole, sin fumar y oyendo sandeces a diario, los mayores se divierten.

Los bancos han aumentado sus beneficios este año, sólo en los siete primeros meses, un 20%. Los pequeños, sin embargo, en el patio, estamos cada vez más endeudados para poder pagar el balón de reglamento.

Ya lo creo que mola, ¿no te parece?

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martes 21 de agosto de 2007

Exhibición impúdica

Debió de ser a la altura de El Tejar, sobre poco más o menos. Iba yo en el Cercanías y vi por la ventanilla una casa pequeña, con sillares de piedra y una terraza. Asomado al balcón, un hombre en calzoncillos y camiseta de tirantes, con una Mahou de litro al alcance de la mano. Parecía que estaba haciendo el crucigrama del periódico mientras miraba pasar los trenes. Tenía pinta de llamarse Juan Ramón o algo parecido.

Perder una tarde viendo pasar trenes: eso es veranear.

Pensé: usted sí que lo ha entendido, amigo Juan Ramón; usted es una leyenda.

Sentí unas ganas repentinas de ser el hombre que me miraba pasar. Me entró un intenso deseo de veranear en calzoncillos Ocean, merendando cerveza y mirando la calle.

Cada vez que voy o vengo de El Escorial, miro hacia la terraza del amigo Juan Ramón.

Estamos mi hermana y yo instalados con Anusca en El Escorial. Me acusan los lectores de exhibicionismo. Vale, pues voy a contar mi veraneo. Me lo dijo Umbral una vez, cuando tomábamos whisky con optalidón: insiste en lo que te critiquen, porque ahí está tu fuerza.

Hace años que intercambiamos casas con Javi y Anabel, amigos de mi hermana Maite. Ellos se van a Piles; nosotros, a su casa de El Escorial. Yo no les he visto nunca, a pesar de que paso todos los veranos en su casa.

En la mesita de noche, Anabel tiene este libro: Einbildungskraft und Interpretation. Por si no queda claro, el subtítulo dice: Die hermeneutische Tragweite von Kants Kritik der Unteilskraft.

¿A que acojona?

Javier tiene Revolución en el tiempo. También lleva subtítulo: El reloj y la formación del mundo moderno.

Al menos está traducido.

¿Qué habré dejado yo en la mesita de noche de Piles? Supongo que alguna novela de Ed McBain o algo así.

En El Escorial estamos muy a gusto y, además, mi hija Anusca y yo podemos disfrutar a mansalva del granito del Guadarrama.

El otro día vinieron Blanca y Marcela. Les dimos un euro para que se fueran al chino a comprar algo y volvieron con pinturas para embadurnarse la cara.

--Qué cara --se quejaba Anusca--. Nos habéis mandado al chino para pedir una ración de boquerones fritos y coméroslos solos.

Nos habían pillado, en efecto.

No sé si como venganza, pintaron también a mi primo Pepe Reig, que había venido con un equipaje de las legendarias longanizas y morcillas de Játiva.



Para que nos perdonaran les hicimos su comida favorita: huevos fritos con arroz y salsa de tomate:



Los mayores nos tomamos por la tarde unas cervecitas:




Mientras tanto, yo me preguntaba: ¿qué estará haciendo Juan Ramón, el legendario Juan Ramón, en estos momentos?

Como si lo viera: mirar el paisaje y a punto de abrir una lata de anchoas para hacerse un bocadillo.

Juan Ramón sí que sabe.

Por puro exhibicionismo, una foto en bañador:



¿Se puede ser más impúdico? ¿O más feliz?

Imposible.

Más impúdico sí, claro. Siempre queda la posibilidad de fotografiarse escribiendo:



¿A ti qué te parece? ¿Exhibicionista?

A mí también.

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miércoles 15 de agosto de 2007

Whisky escocés

He visto a los mejores cerebros de mi generación salir del baño abrochándose la bragueta con las manos aún mojadas y una expresión de alivio en los ojos brillantes.

En Escocia son tan clasistas que hay unos cuartos de baño especiales para autores.



Al parecer los novelistas, las poetisas o los escritores de cuentos no pueden compartir baño con el resto de los mortales. Será que salpican demasiado.

Me sentaba a tomar whisky enfrente de esas dos puertas para ver salir a Terry Eagleton con la bragueta abierta (¿Eres poeta? ¡Pues abróchate la bragueta!) o a Margaret Atwood con la falda descolocada. También vi a una delicada poetisa británica que debió de quitarse el sujetador en el baño y meterlo en el bolso, porque al salir ya no lo llevaba puesto.

Nada más llegar el domingo a Edimburgo me fui con Eugenio Fuentes a un cóctel de una revista, la London Review of Books. Nos pusimos de champán hasta las trancas, con Bernardo Atxaga y Rikardo Arregui (que traía muchos abrazos de nuestro común compadre Iban Zaldua, y se llevó otros tantos de vuelta). Eugenio y yo empezamos a tirarle los tejos a dos chicas de la revista, estupendas y pizpiretas. Lo intentamos en todas las lenguas concebibles: inglés, alemán, francés y el chapurrao cacereño que domina Eugenio.

Nada.

Tenían 23 años.

--Eso va a ser ilegal, Rafita, mejor lo dejamos.
--Sí, están verdes --dije yo, como en la fábula de la zorra y las uvas.

Así que nos concentramos en el whisky.



En Edimburgo, el fanatismo puritano ha llegado a su límite: no dejan fumar en ningún bar ni restaurante. Ni siquiera en tu propia habitación en el hotel.

--¿No puedo fumar en mi propia habitación?
--No, lo siento, Charlie --me decía la chica de recepción.
--¿Por qué? ¡Qué absurdo! ¿Y hacerme pajas puedo o también está prohibido?
--Autorizado, eso está autorizado. De momento --se reía, traviesa.

Como es natural, abrí la ventana y fumé todo lo que me dio la gana.

Faltaría más.

También dejé la puerta entrabierta, por si subía la recepcionista.

¿Tú qué crees? ¿Subió o no?

Al día siguiente nos fuimos Eugenio y yo a hacer turismo. La ciudad, con el fanatismo puritano, es muy inhóspita; aunque no del todo fea.

Tienen un castillo como este:



Vale, oquéis, si te gustan los castillos.

Personalmente, prefiero los single malts.

Edimburgo estaba tomada por la creatividad, daba miedo. Había teatro por las calles, titiriteros, come-fuegos, cientos de argentinos y en general personas con una necesidad imperiosa de expresarse a sí mismos y para quienes no es suficiente una caja de colores Alpino, qué va: necesitaban hacer el saltimbanqui en plena calle.

Criaturas.



Estos dos están anunciando una representación teatral. Se han pintado en el pecho un cartel que dice: "Soy ateo. Soy feliz. Deje un mensaje" y el otro: "Soy cristiano. Soy feliz. Deje un mensaje".

El bostezo que no pudo reprimir la chica ante tanta creatividad hizo que me cayera simpática y la invité a una pinta de cerveza.

También había una exposición del inevitable Andy Warhol y habían hecho una creatividad en el Museo. Esta creatividad en concreto:



En fin. Ya ves tú.

Por la tarde tuvimos la charla Eugenio, José Luis de Juan y yo, con la ayuda de Paul Johnston, un novelista muy simpático.

Estaba lleno, incomprensiblemente, y aquellos seres humanos habían pagado cinco libras cada uno por escucharnos. Inverosímil, ¿verdad?

Así que lo dimos todo, nos entregamos, sudamos la camiseta: se lo merecían.

Luego nos invitó a cenar la editora de Eugenio y José Luis, a la que todos intentamos ligarnos, hasta que llegó un tipo de veinte años, con ojos azules y una gran cantidad de músculos innecesarios, y los demás nos volvimos invisibles.

Mi editor inglés, Pete, en cambio, ni apareció por allí, no sé si avergonzado de las novelas que publica o algo así.

Cuando volví anoche, lo primero que hice fue precipitarme al Cabreira, para tomar un whisky, fumar y meterle mano a mi chica, todo a la vez, como hacen las personas mayores.

sábado 11 de agosto de 2007

Fósforos de seguridad

Anusca está en una playa del norte. La echo de menos más.

Mi chica está en un pueblo, no sé dónde; con el móvil apagado, no sé por qué; sin dar señales de vida, no sé si con mala conciencia.

¿Que si la echo también de menos?

Sí, pero ni se te ocurra decírselo, no sea que nos pongamos luego a sentir sentimientos, a besarnos besos y a pensar pensamientos impuros e intempestivos.

Mañana me voy a Edimburgo, nunca he estado allí y, si Dios lo consiente, intentaré no volver jamás: no dejan ya ni fumar al parecer. Ya no tengo edad para pasar las tardes en una guardería. Vuelvo en un par de días, por suerte. Y volveré recitando a Quevedo:

Volver quiero a vivir a trochimoche,
y ninguno me apruebe ni me tache
el volver de privado a moharrache,
si no lo ha sido todo en una noche.

O sea, que nadie censure lo que significa pasar de importante persona (privado) a mamarracho (moharrache), a menos que lo haya sido todo en una noche.

¿Tú has sido todo en una noche? Yo he sido todo, yo he sido todos en una sola noche. Tal vez he sido también tú. Como decía aquel verso de Ovidio que una vez, con una novia de entonces (hola, Almudena, encanto), escribí a boli en la pared de un bar (La Alegría de Lista, se llamaba, ¿te acuerdas? T'en souviens-tu, ma douce?):

Nos duo turba sumus


Como quien dice: tú y yo, cariño, somos una multitud.

Me sigue pasando con mi chica: los dos juntos somos una multitud. Quizá una infame turba.

Mi amigo Tito me da noticia de un website donde, si envías una foto, te la transforman en una viñeta de los Simpson. Simpsonize yourself, se llama el invento. Es este sitio.

Gracias, Tito. Él mandó una foto mía y le devolvieron esto:



Total, como estoy solo, intento con todas mis fuerzas portarme mal y mear fuera de tiesto. Bebo, urdo travesuras, comploto, miro pornografía en internet.

El otro día, por cierto, se peguntaba Edu Vilas dónde está el alma. ¡El alma! ¡Coño, el alma! Decía: el rastro de lo que eres, la sombra del alma, sólo permanece en el historial de páginas visitadas en internet. Luego se corrigió: mejor, dijo, en la papelera de reciclaje, en las huellas que has querido borrar, en lo que preferirías no ser: ahí está tu alma.

Lo intento, pero no es tan fácil portarse mal. Voy a bares, ya no dudosos, sino indudables; sonrío a desconocidas que parecen fenómenos meteorológicos, con riesgo de precipitaciones, nubes de evolución nocturna y una sensación térmica muy por encima de la temperatura real; busco por todo Madrid a las mujeres fáciles en una edad difícil...

Ni modo.

Qué desesperación.

A ver si va a ser verdad lo que le digo a mi chica de mentira, sólo por si cuela. Que yo soy como aquel personaje de una novela que decía:

--Yo soy igual que los fósforos de seguridad, cariño: sólo enciendo en mi caja.

¿A ti te pasa? ¿Tú enciendes sólo en tu caja o te vale cualquier superficie?

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jueves 9 de agosto de 2007

Los nuevos matrimonios

Anoche quedé con antiguos compañeros de la Brigada Panzer, que es como llamábamos en cierta empresa al Departamento Financiero.

Los Panzer, pese a lo que se crea, acostumbran a estar bastante locos, casi sin excepción, desde el CFO al contable; son gente solitaria y divertida, bebedores tenaces, proclives al sarcasmo y escépticos lectores de Fernando Pessoa. Cuando terminan de discutir el EBITDA y el cash-flow, se ponen a leer a Voltaire y a beber whisky a sorbitos. Su especialidad suele ser la acotación insidiosa, la apostilla irónica que hace reventar desde dentro, como una bomba de fragmentación, cualquier discurso apisonador y sistemático.

Total, que se vinieron a tomar jarras de cerveza al Cabreira.

Les presenté a mi chica:

--Es "my significant other" y estos son compañeros de oficina.
--¿Cuándo has estado tú en una oficina? --se asombró mi chica.

Tengo otros pasados, varios de ellos en distintas oficinas, pero no soy nada partidario de facilitar información a mis seres queridos.

Nunca se sabe.

Nacho se había casado en un remoto pueblo de la Vera.

--¿Por la iglesia? --preguntó Bridges, sin duda por incordiar.
--No, nosotros nos casamos por Miguel Hernández.

Al parecer, el juez del pueblo remoto de la Vera tiene la costumbre de solemnizar los matrimonios con la lectura de una poesía.

--La madre que le parió.
--Correcto. Sin embargo, las opciones que nos daba eran Miguel Hernández, Benedetti o Lorca.
--Ça fait rêver...
--Así que nos casamos por Miguel Hernández.
--Qué remedio. Casarse por Lorca no puede traer nada bueno.
--¡Y un matrimonio por Benedetti! Imagínate tú...
--Casado por Benedetti, debe de ser muy fácil obtener la nulidad. Vicio de consentimiento. Matrimonio rato. Error determinans... puedes alegar cualquier cosa.

Nacho se resistía a confesar por qué canon de Miguel se había casado. Teníamos que adivinar:

--"Sonreír con la alegre tristeza del olivo"...
--No fastidies.
--"Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos,
seguiremos besándonos
"...
--Frío, frío.
--"Me tiraste un limón y tan amargo,
con una mano cálida, y tan pura
"...
--Nada, nada. Otra ronda, Auri, por favor.
--"¿Recuerdas aquel cuello, haces memoria
del privilegio aquel, de aquel aquello
...?
--Sí, hombre, sólo faltaba lo del "estrangulable hielo femenino", je, je --contestó Nacho.
--Así se casó Althusser, según parece.
--"Ya puedes, amorosa fiera hambrienta,
pastar mi corazón
"...
--Va a ser que no.
--¿Pasamos a los licores, caballeros? --propuso Bridges-- Auri, unos Cutty Sarks, por favor.

A pesar de los whiskies, al final nos rendimos.

--"Es la casa un palomar
y la cama un jazminero.
Las puertas de par en par
y en el fondo el mundo entero
".

Atónitos nos quedamos.

--¡Mosquis! Se me ha puesto toda la carne de gallina --admitió Bridges.
--¿Ese poema es el de:
"Arde la casa encendida
de besos y sombra amante
"?

--Exacto, de ahí lo sacó Luis Rosales.
--Y Cajamadrid.

Le sugerimos que anulara su matrimonio.

--Te sobran los motivos, compañero.

Esta foto es de cuando trabajaba en aquella oficina en la que había analistas financieros y también algunas chicas, como Lorena y Paloma (hola, hola):



--¿Tú por quién te casarías? --me preguntó luego mi chica.
--No me casaría.
--Es un suponer.
--Ah. No sé. ¿Por Catulo?

Y le recité:

Soles occidere et redire possunt:
nobis cum semel occidit brevis lux
nox est perpetua una dormienda


Como quien dice: los días pueden morir y volver a nacer; pero nosotros, cuando se acabe nuestra breve luz, tendremos que dormir una noche perpetua.

A lo que me respondió de inmediato:

Da mi basia mille, deinde centum
dein altera mille, dein secunde centum
deinde usque altera mille, deinde centum.
Dein
cum milia multa fecerimus...


Cual si dijera: dame mil besos, luego cien, luego otros mil, luego otros cien, luego todavía otros mil, luego cien. Luego, cuando hayamos contado muchos miles...

--Conturbabimus illa, ne sciamus... Perdamos la cuenta, no sepamos...
--Eso, perdamos la cuenta.

Y la perdimos.

También la de copas bebidas.

¿Y tú por quién te casarías? ¿Por Paul Eluard? ¿Por Rilke? ¿Por Bécquer? ¿Por don José María de Pemán? Si el juez te da a elegir entre casarte por Bukowski, por Campoamor o por Pablo Neruda, ¿qué preferirías?

¿Te casarías por Edith Piaf para no arrepentirte de nada? ¿O te casarías por Brassens, mysoginie à part?

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domingo 5 de agosto de 2007

Socialismo bonsái y pensamiento jíbaro

Ayer publicaba El País una entrevista con Felipe González. La tengo recortada y en el bidé, para leerla en el baño y que ilumine mis pasos.

Antes tengo que digerir la última iluminación de González.

"Llegó, hablo y convenció; mejor, casi apabulló. Esta es la conclusión que puede obtenerse, sin dificultad, del paso ayer" de Felipe González por el Congreso de las Juventudes Socialistas. Así empezaba el 21 de junio Anabel Díez uno de esos babeantes artículos a los que últimamente El País nos tiene tan acostumbrados.

A mí, desde luego, sí que me apabulló. ¿Qué dijo el gran pensador? Lo anoté para intentar descifrarlo más adelante. Aún no lo he conseguido:

"El socialismo es, sobre todo, un sentimiento, y no es y no debe ser una construcción ideológica".


Qué guai.

O, como dicen en mi barrio: "pa' mear y no echar gota".

¿El socialismo no debe ser ideología? ¿Debe ser sentimiento, como en los anuncios de compresas o como el sabor de un nuevo refresco?

Socialismo sin ideología, en oferta en Ikea, se puede montar en casa con una llave Allen.

Socialismo sí; idealogía no. El famoso socialismo bonsái del legendario cultivador de bonsáis.

Supongo que uno de los principales frutos del socialismo sentimental es el pensamiento (?) de Rosa Regás, directora de la Biblioteca Nacional. Va y dice:

"Los grandes logros sociales de este Gobierno se venden mal porque la prensa no es del Gobierno. Todos van a favor de la oposición. Afortunadamente, cada vez se venden menos periódicos".


Sobrecogedor. Lo que le parecería razonable a esta pintoresca abuela es que todos los periódicos fueran del Gobierno. La prensa del Movimiento, como Dios manda.

Como la prensa no es del Gobierno, la abuela republicana y novelista se alegra de que se lean menos periódicos.

Formidable. Ése es el verdadero pensamiento jíbaro, el propio y característico de los reductores de cabezas.

¿Qué hay que hacer para convertir la propia cabeza en una miniatura?

Muy fácil, Rosa Regás nos revela la receta que ella usa para reducir su cabeza a tamaño microscópico:

"Hace dos meses que no leo la prensa, ni veo la tele, ni escucho la radio. Porque me inquieta tanto la crispación que no me deja trabajar. Sé a quien voto, ya sé los insultos y las mentiras por dónde van, y no soy masoquista?.


¿Fácil, verdad? Deja uno de leer, de informarse, de pensar; renuncia uno a su propio criterio y confía en la fe ciega que tiene en el Partido ("sé a quien voto"). Con esta receta de los jíbaros, al poco tiempo, el cerebro se reduce al tamaño de una lenteja y uno acaba alegrándose de que no se lean periódicos.

Qué guai.

Esta señora que presume de no leer periódicos y que echa de menos la prensa del Movimiento es directora de la Biblioteca Nacional.

Aquí estamos unos cuantos escritores leales manifestando nuestra adhesión inquebrantable y decididos a hacer voto de analfabetismo: no leeremos la prensa, salvo que sea del Gobierno, como enseña Rosa Regás.

¡Por favor, queremos que la jíbara nos reduzca la cabeza!

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jueves 2 de agosto de 2007

Asomarse al interior

Ya no voy a terrazas. Me estoy quitando. Hay puñetazos para conseguir mesa, los pinchos que ponen son avarientos (kikos y cosas así) y, en cuanto te descuidas, aparece un escuadrón de acordeonistas desquiciados que no te deja hablar ni siquiera a gritos.

Las cañas en los bares no tienen exterior.

Este verano he optado por irme dentro, a la barra, donde hay aire acondicionado, te ponen pinchos contundentes y a la plancha, y a nadie se le ocurre interpretar habaneras con un acordeón.

El otro día íbamos Edu Vilas y yo a tomar una cerve cuando nos encontramos por la calle a Sofía.

Como guapa, estaba guapa.

Otrosí: iba con dos amigas y, por supuesto, las invitamos a tomar algo en menos tiempo del que se tarda en revolver un colacao.

¿Tú no habrías hecho lo mismo?

A mi chica, ni una palabra. Ella cree que me capturaron para una reunión en la que debatimos en profundidad un conjunto de intrincados problemas.

Nos metimos de cabeza en el interior de un bar.




En la foto está Sofía. Luego yo, poniendo cara de tonto, como de costumbre. Eduardo. Paula, chilena, abogada, que está de paso por Madrid. Su amiga Rosalía, también abogada, y... ¡motorista!

Rosalía me regañó por apoyar el casco boca abajo sobre la mesa.

--Se nota que no tienes moto. ¡Mi pobre casco boca abajo!

Total, que rescató su casco y le buscó mejor acomodo, entre sus muslos.

Parecía como si estuviera abrigándose las piernas con los faldones de una mesa camilla.

A mí me puede gustar una chica por las razones más disparatadas o sin ninguna razón: me sobran los motivos. Basta con que pilote una Vespa, a veces. O que tenga mirada atónita y un poco traviesa. O que se haya abrochado la camisa coja. A menudo me conmueven las clavículas o que sople hacia arriba para apartarse el flequilo de los ojos.

Siempre estoy dispuesto a dejarme convencer, ¿qué pasa?

Así que la imaginaba en su Vespa, con el casco rojo, atravesando mi barrio y mi vida en zig-zag, como un relámpago o un mal pensamiento, y me sentía feliz y acalorado: a salvo del cambio climático, protegido por un aumento constante de la temperatura corporal.

Luego le conté a mi chica que la discusión se había prolongado.

--Es que estamos rodeados de socialdemócratas, cariño. Es lo que dice Manolo Rico: ¡condenados socialdemócratas! Ha sido muy complicado...
--Ya. Sí. Claro. Socialdemócratas, ¿no? ¿Ahora las llamáis así, a las pilinguis?

(Sólo por decir "pilinguis" se me volcó el corazón de alegría y me salpicó por todas partes. ¿A que oír esa palabra enternece?)

--Malditos socialdemócratas. Ni te imaginas, amor, qué pesadilla. Menuda Weltanschauung que tienen, qué tíos, qué mentecatos...
--Anda, Rafita, que cómo me vienes...
--"La ideología no tiene exterior", mi vida, ya sabes.
--Ven, tonto, ven aquí.

Cuando empiezo con Althusser, mi chica ya sabe que lo mejor es hacerme callar cueste lo que cueste. Es como una contraseña secreta.

En fin.

Por cierto, me reclama Marina una foto "en bañador y haciendo musculitos". Qué peticiones del oyente tan extravagantes. Pero bueno, por complacerla a usted, aquí estoy tal y como me pide, para asombro del hijo de unos amigos.

El chico puede que se haya traumatizado: un tipo como yo haciendo abdominales es una visión atroz, no por cómica menos abominable.

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Nuevas tecnologías

Hace poco me enteré de que los poetas jóvenes están majaretas (tal y como suponía). Alguien le preguntó a una joven poeta, Elena Medel, si tomaba notas o apuntes con lo que se le ocurría de pronto.

--Sí, claro. Cuando se me ocurre una idea la apunto en el móvil.
--¿Ande dices que lo apuntas, mujer?
--En el móvil, escribo un SMS y lo guardo como borrador.
--Criatura, pero ¿no tienes un cuaderno? ¿Es que no hay servilletas en los bares? ¿O el clásico billete de metro?

El otro día, en la radio, intercambiamos teléfonos. La gente sacaba agendas electrónicas, móviles, aparatos de todo tipo.

Los que lo apuntamos antes fuimos Julio Rey y yo, que usamos un billete de metro y un trozo arrancado a una hoja de periódico.



Ahí estoy apuntando el teléfono donde toda la vida: en el billete de metro, el mismo billete que antes, cuando no había billetes de diez viajes, valía para dos filtros de porro.

Luego me fui con mi hija a jugar al Monopoly al Cabreira. Mucho más divertido que la Nintendo, no te quepa duda.

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