l Blog de Rafael Reig: enero 2008

Rafael Reig, escritor y profesor de literatura

Tfno.
917 025 016

Estás en Home » Blogs » Blog de Rafael Reig

martes 29 de enero de 2008

Hay: The Film

Mi hija Anusca cumple hoy nueve años. ¡Nueve! Ha pedido de regalo unas mechas rojas en el pelo.

Alfredo Landa no hará más películas, se retira. A mi Landa me parece uno de los mejores actores del cine español, además de una persona admirable, honesta y educada. Un lujo.

El landismo, eso que se llama el landismo, poco tiene que ver con él.

De todas formas, Alfredo Landa se retira, pero el landismo goza de buena salud. ¡Siempre nos quedará Juan Cruz!

Juan Cruz ha ido como enviado especial al festival de Hay en Cartagena de Indias. Te recomiendo que leas sus crónicas en El País. Así te enterarás de qué escritora tiene más tetas, de cuál tiene mejor culo y otras informaciones decisivas. Sobre Wendy Guerra escribe Juan Cruz, entre exclamaciones: ¡El mejor desnudo del festival, lo mostró Mordzinski!

¡Guau! ¡Cómo mola, Juan! ¿Mejor que Lucía Etxebarría! ¿Ha visto Juan Cruz desnudas a todas las escritoras que han ido al festival de Hay? ¿Por eso puede afirmar que Wendy es "el mejor desnudo"? ¿Mejor que Belén Gopegui, por ejemplo, que también ha ido al festival?

Cuando yo fui a Hay (no en Cartagena de Indias, sino en Hay-on-Wye)me lo pasé muy bien. Viví en casa de Richard Booth, el rey de Hay, el último excéntrico británico, según la prensa. Él y su mujer, Hope, fueron encantadores. Otro día te lo cuento.

Estuve en Hay con Carmen Posadas, pero no la vi desnuda, ni siquiera en fotos. Un día estábamos bebiendo champagne y fuimos Carmen y yo a saludar a Seamus Heaney, que no todos los días alterna uno con premios Nobel.

Hablábamos con don Seamus cuando se acercó una chica con una Polaroid. Quería hacernos una foto a cada uno y que escribiéramos en ella la palabra favorita de nuestro idioma. Luego iba a mandar todas las fotos a África, como solidaridad o no sé qué (esas demencias que se hacen ahora, como empelotarse en Finlandia para ayudar a Mozambique o formar una cadena humana cogidos de la mano en Barcelona para luchar contra el hambre en Somalia). Vale, le dijimos.

Me tocó a mí y escribí "entretelas", no sé por qué.

Luego le tocó a Seamus y puso "spigot".

Carmen y yo nos miramos sorprendidos. Fui yo el que pregunté:

-Seamus, tronco, ¿qué narices es eso del "spigot"?
-Es un taco de madera que se quita para abrir un barril de sidra -me explicó.
-¡Coño, una espicha, claro! Haber empezado por ahí, Seamus, colega... -le dije.

Luego le tocó a Carmen. La fotografiaron (completamente vestida), con la copa de champagne en la mano, y escribió en la Polaroid la palabra "malaria".

Seamus y yo nos miramos atónitos.

-¡Malaria! ¿La enfermedad? -dijo Seamus.
-¿Malaria, Carmen? -dije yo.
-Bueno, sí, ya sé que el significado no es muy atractivo, pero el sonido de la palabra me gusta... -y repetía "malaria, malaria" en distintos tonos, para que comprobáramos lo bien que sonaba.
-Ah -observó Seamus.
-Ah -confirmé yo.

Total, que enviarían a África una foto de Carmen Posadas brindando con champagne y ofreciéndoles a los sufridos africanos la muy sonora palabra "malaria".

En fin.

Tengo un libro de fotos de Mordzinski, uno que regalaban en la Fnac cuando comprabas cualquier otro. Las fotos son bastante vulgares. Todas son de escritores, pero ninguno sale en pelotas, no me explico por qué. Cortázar va con chaqueta, en cambio, al parecer, a Wendy Guerra sí que la fotografía en bolas (para que Juan Cruz pueda alegrarse las pajarillas). No he visto la foto de Wendy Guerra en bolas, aunque sí he encontrado por ahí estas otras fotos de la escritora, que parece que sí que tiene una cierta afición a posar ligera de ropa. Esta es Wendy Guerra meditando:



Y en esta otra foto la novelista debe de estar en su estudio, trabajando, concentrada en su próxima novela:




Ya estoy viendo los carteles, la versión cinematográfica del festival de Hay, con Juan Cruz haciendo de Alfredo Landa, el enviado especial que le mira las tetas a las jóvenes narradoras. Una película con sal gorda, dudoso gusto, mucho destape... Seguro que hacen chistes como llamarla Wendy Guarra y que por la noche hay fiestas en las habitaciones, con música disco y escritoras contoneándose delante de enviados especiales.

Desmadre en Hay o Plumíferas despelotadas, con Juan Cruz y quince narradoras con Wonderbra.

No te la pierdas.

Vino ayer a casa David Torres, novelista, así que le pregunté si él se hacía muchas fotos en pelotas o en ropa interior, como Wendy. Me preguntó a su vez si yo estaba chalado.

Luego jugamos unas partidas.



Esta posición era muy interesante. Me ganó David, al final, aunque no sin esfuerzo. No voy a explicar cómo lo hizo porque me confundiré y ya la tenemos liada.

Me voy a comprar un regalo para Anusca... ¡de nueve años! Es que lo de las mechas no lo acabo de ver claro.

Etiquetas: , , , , ,

domingo 27 de enero de 2008

No te resignes

¿Por qué no voy a decirlo? Me aburren soberanamente esos dos partidos de derechas más o menos moderada (PSOE y PP). Me dan alergia sus capitostes y archimandritas. Me apena su cinismo.

Leo en El País esta mañana:

Zapatero anunciará hoy una medida de impacto que se incluirá en el programa electoral del PSOE para las elecciones del 9 de marzo: la devolución de 400 euros a los aproximadamente 13 millones de españoles que pagan el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF).


¿Se puede caer más bajo? ¿Se puede maquinar una medida más demagógica? Al menos los caciques de antes compraban los votos a un duro, contante y sonante.

Dice que: "es una transferencia de renta a los ciudadanos, posible gracias al superávit fiscal".

Qué va, es una desvergüenza. Cuatrocientos euros a Botín y los mismos cuatrocientos al botones de su banco. Cuesta creerlo. 5.000 millones de euros dilapidados en la compra de votos, en lugar de invertirlos en hospitales, colegios, empleo, ferrocarriles, etc.

Apenas repuesto de esto, leo El Mundo, una entrevista con el otro caradura, Rajoy.

Al parecer, Rajoy se ha convertido ya en El Llanero Solitario:

He tenido que defender en solitario lo que es la esencia de nuestro país


Rajoy ya había demostrado un temperamento hamletiano. O no. Y, como Hamlet, no se acaba de decidir a matar a su padre, el rey Aznar. Sin embargo, su melancolía danesa ya llega demasiado lejos. Viene a decir, como Hamlet:

The time is out of joint; O cursed spite,
That ever I was born to set it right!

Hamlet, I, 5

Como si dijera:

El tiempo está fuera de quicio; ¡Hay que joderse, suerte maldita,
que haya tenido que nacer yo para arreglarlo!

Cuando todos han claudicado y prevaricado, cuando los más valientes han salido corriendo, sólo queda un hombre, un solo hombre en España, sobre cuyos hombros recae la responsabilidad de conservar la esencia de la patria.

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¿Es un meteorito? ¡¡NO!! Es Súper-Rajoy, con sus súper-poderes, el Registrador de la Propiedad engendrado en el planeta Krypton por la cópula épica entre don Pelayo y Agustina de Aragón.

En una cabina de teléfonos veremos a Súper-Rajoy arrancarse la corbata, el traje de lana, quitarse la camisa y, con su vestido de superhéroe, emprender el vuelo sobre la estepa castellana para reconstruir la esencia entera del país a partir de esa única molécula que sólo él conservaba.

Hay que fastidiarse con estos dos partidos de derechas.

Para eso, casi mejor eran Cánovas y Sagasta. Total, es lo mismo. La Administración ha vuelto a ser una bolsa de recompensas para los amiguetes; las elecciones, una comedia sin gracia, con compra de votos (mediante cheques-bebé, devolución de 400 euros, etc.) y promesas quiméricas. Los caciques gozan de buena salud (por ejemplo, Chaves en Andalucía). Han vuelto los cesantes galdosianos a llenar los cafés cada vez que cambia el turno de partido en el poder. Han vuelto también los "ojalateros", que no vendían hojalata, sino que deseaban que ojalá llegaran los suyos al poder, porque entonces se iban a enterar.

¿A ti no te da pena?

A mí sí.

Lo que no quiere decir que no haya solución. Dice también Rajoy en esa entrevista:

He sentido el aliento y el apoyo de muchas gentes modestas, no politizadas, que forman la sociedad española real.

¡Qué visión tan paternal y franquista! La buena gente, modesta, a la que no le interesa la política, que pasa de partidos, que sólo quiere vivir tranquila. Rajoy debe de aconsejarle aún a sus hijos: "Tú no te signifiques".

La gente modesta, la gente que forma la sociedad española real, estamos politizados. Lo que no nos interesa es el PSOE ni el PP. La política, la acción para transformar la vida, nos apasiona. Y no nos dejamos camelar por 400 euros ni por la esencia de la patria.

No tenemos por qué resignarnos. Por eso sonrío, a contraluz, en el balcón de casa, mientras recupero fuerzas para seguir tecleando.

Etiquetas: , , , ,

miércoles 23 de enero de 2008

Vil, literalmente vil

Trastornado por el Voltarén, ebrio de trementina y largos besos, renqueaba ayer hacia la calle Colón a ver a mi novia en su buhardilla, cuando me topé con Txemi Quintana, ese monstruo de la radio, ese titán de las ondas, ese buen amigo con el que me tomo cañas cuando se deja. Me mandó Txemi, el reportero dicharachero, una foto que acababa de hacer en la calle del Pez, a la vuelta de la esquina.



Formidable, ¿a que sí? Mi composición de lugar es ésta: una buena señora tiene una camioneta y, a la hora de bautizarla, ¿qué mejor que el nombre de su esposo y su hijo primogénito? Su Juan y su José, faltaría más. ¿Y cómo honrarlos? ¿Mis dos luceros? Menuda mariconada. ¿Mis dos soles? Quita, quita. ¿Mis dos machotes? No fastidies, todavía me sabe a poco. Mis dos cojones, ahí estamos.

Ahora bien, ¿sólo dos cojones entre su Juan y su José? ¿No deberían ser cuatro cojones en total?

¿O acaso la orgullosa transportista tiene un marido ciclán? Eso sumaría tres cojones en la familia, salvo que el chaval, su José (Pepito, en casa) también les haya salido ciclán. Y a mucha honra: en la familia, desde que hay memoria, todos han tenido un solo testículo.

En fin. Ya me he mudado. No soy yo un aventurero, ¿qué pasa?: vivía en el 74 de San Vicente Ferrer y me he mudado al 66 de la misma calle.

Podía haberse puesto mala, haber menstruado oportunamente, haber tenido a la niña con anginas... pero no, mi novia es estupenda: todo el fin de semana la pobre acarretando libros. Hicimos la mudanza con dos carritos de la compra.

Este es el lamentable aspecto que tiene toda la casa:



Hablando de libros, el sábado me leí el artículo de Jesús Marchamalo en el suplemento cultural de ABC. A mí los artículos de Marchamalo siempre me gustan. Tiene visión periférica, que es algo decisivo para un escritor: se fija en los detalles, no sólo en la escena principal. Mira hacia otro lado, cuando todos los demás nos concentramos en el protagonista. En lugar de ver lo que hay en primer plano, Marchamalo siempre pone atención a las figuras desenfocadas del fondo. Este artículo, sin embargo, me puso un poco de los nervios.

"El silencio de los grandes", se titula, y va del (manido) asunto de los escritores que rehuyen la presencia pública. Y salen, cómo no, todos estos tipos que se han hecho famosos por no salir en ningún sitio y de los que sin embargo se habla continuamente: Pynchon, Salinger, etc. Menudo rollo patatero. Entre ellos Philip Roth. Según dice Marchamalo, Roth "se precia de no haber aparecido jamás sonriendo en ninguna foto".

¿Se precia de eso? Pues menudo gilipollas, francamente. Ya son ganas de preciarse de imbecilidades. Philip, tronco, eres más tonto que hecho de encargo. Menuda pedrada tienes, amiguete. Te imagino: ves el objetivo de una cámara y, venga, a poner cara seria, no se vaya a estropear tu reputación y no puedas preciarte ya de la soplapollez de la que tanto te gusta preciarte.

Querido Jesús Marchamalo, ¿por qué no hablamos de escritores que no quieren ser famosos y, en efecto, no lo son? Porque la verdad, estos famosos a la fuerza no se los cree nadie.

¿Quién es Austin Wright, por ejemplo? ¿Está vivo o muerto? ¿Tiene una casa en Connecticut en la que rehuye a la prensa, como todo el mundo sabe que tiene Philip Roth?

Bueno, yo compré un libro de Wright por el titulo: First Persons. Me quedé sorprendido, impresionado, no podía creer que fuera tan bueno. La historia de un criminal contada por él mismo utilizando varias personas verbales. Luego leí Tony and Susan. Susan se ha divorciado de Tony y un día recibe el manuscrito de una novela que ha escrito Tony. Comienza a leer. Leemos la novela de Tony, una historia de terror en una carretera, con secuestros y violencia. Lee un capítulo y para. ¿Por qué le ha enviado eso Tony? ¿Es un mensaje? Se da cuenta de que, en realidad, la novela es la historia de su matrimonio, contada de otra forma. La novela sigue así, intercalando capítulo de novela de Tony y la interpretación de Susan. He leído más cosas de Wright, como After Gregory o The Morley Archives. Me parece uno de los más grandes exponentes de la novela intelectual, con ideas perturbadoras. Y no sé una palabra de él ni qué cara tiene.

Si conozco en cambio a Carlos Pujol. Cuando yo tenía veinte años, Antonio Orejudo me dio un libro: Jardín inglés. Nunca había leído nada igual. Era una visión de la guerra civil contada como si fuera la pimpinela escarlata y como si todo sucediera en una novela de Woodehouse, con Jeeves trayendo el té. Nunca había leído en español algo tan sugerente, tan irónico, con una inteligencia tan afilada y un humor tan elegante. ¿Es famoso? ¿Aparece cada dos por tres rehuyendo las entrevistas? ¿Se ha hecho famoso a base de detestar la fama? No, casi nadie sabe quién es, dónde vive o qué manías tiene, pero a mí me parece uno de los escritores españoles más originales y espectaculares que he leído. Si puedes hacerte con un ejemplar de Jardín inglés, me darás la razón.

Hace años le escribí una carta de fan a Carlos Pujol y tuvo la amabilidad de contestarme. Le envié una novela mía que se titula Sangre a borbotones. En la novela hay un tipo que traiciona sus principios y lo hace para salvar la vida de su hija. Hablé con don Carlos por teléfono:

-No está mal, me dijo, pero no me gusta lo de la hija. Hombre, Rafita, eso de que lo haga por la hija me ha decepcionado -me dijo Carlos-. ¡Si al menos lo hubiese hecho por dinero!

Tenía toda la razón del mundo. Recordé uno de mis poemas favoritos de Pessoa (o de Álvaro de Campos, el Poema en linha reta. A continuación mi (improvisada y conjetural) traducción, primero en portugués:

Nunca conheci quem tivesse levado porrada.
Todos os meus conhecidos têm sido campeões em tudo.


E eu, tantas vezes reles, tantas vezes porco, tantas vezes vil,
Eu tantas vezes irrespondivelmente parasita,
Indesculpavelmente sujo,
Eu, que tantas vezes não tenho tido paciência para tomar banho,
Eu, que tantas vezes tenho sido ridículo, absurdo,
Que tenho enrolado os pés publicamente nos tapetes das etiquetas,
Que tenho sido grotesco, mesquinho, submisso e arrogante,
Que tenho sofrido enxovalhos e calado,
Que quando não tenho calado, tenho sido mais ridículo ainda;
Eu, que tenho sido cômico às criadas de hotel,
Eu, que tenho sentido o piscar de olhos dos moços de fretes,
Eu, que tenho feito vergonhas financeiras, pedido emprestado sem pagar,
Eu, que, quando a hora do soco surgiu, me tenho agachado
Para fora da possibilidade do soco;
Eu, que tenho sofrido a angústia das pequenas coisas ridículas,
Eu verifico que não tenho par nisto tudo neste mundo.


Toda a gente que eu conheço e que fala comigo
Nunca teve um ato ridículo, nunca sofreu enxovalho,
Nunca foi senão príncipe - todos eles príncipes - na vida...


Quem me dera ouvir de alguém a voz humana
Que confessasse não um pecado, mas uma infâmia;
Que contasse, não uma violência, mas uma cobardia!
Não, são todos o Ideal, se os oiço e me falam.
Quem há neste largo mundo que me confesse que uma vez foi vil?
Ó príncipes, meus irmãos,


Arre, estou farto de semideuses!
Onde é que há gente no mundo?


Então sou só eu que é vil e errôneo nesta terra?


Poderão as mulheres não os terem amado,
Podem ter sido traídos - mas ridículos nunca!
E eu, que tenho sido ridículo sem ter sido traído,
Como posso eu falar com os meus superiores sem titubear?
Eu, que venho sido vil, literalmente vil,
Vil no sentido mesquinho e infame da vileza.


Que viene a decir, sobre poco más o menos:

POEMA EN LÍNEA RECTA


Nunca conocí a nadie que se hubiese llevado dos hostias.
Todos mis conocidos son campeones de todo.

Y yo, tantas veces ruin, tantas veces guarro, tantas veces vil.
Yo tantas veces incontestablemente parásito.
Inexcusablemente sucio,
Yo, que tantas veces no he tenido paciencia para bañarme,
Yo, que tantas veces he sido ridículo, absurdo,
Que he metido los pies en público bajo alfombras de lujo,
Que he sido grotesco, mezquino, sumiso y arrogante,
Que he sufrido humillaciones y he callado,
Que, cuando no he callado, he sido más ridículo aún.
Yo, que les he parecido cómico a las criadas de hotel,
Yo, que he visto cómo se guiñaban el ojo los botones al verme,
Yo, que he cometido vergüenzas financieras, he pedido prestado y no he pagado,
Yo, que cuando llegó la hora del golpe, me he agachado,
para ponerme fuera de su alcance;
Yo, que he sufrido la angustia de las pequeñas cosas ridículas,
Yo certifico que en esto no hay nadie semejante a mí en todo el mundo.

Entre toda la gente que conozco y que habla conmigo,
nadie hizo nunca el ridículo, nadie sufrió una humillación,
nunca han sido más que príncipes -todos ellos príncipes- en la vida.

¿Quién me dejará oír de una voz humana?
¿Quién confesará, no un pecado, sino una infamia?
¿Quién contara, no una violencia, sino una cobardía?
No, son todos el ideal, cuando los oígo y me hablan.
¿Quién hay en este mundo que me confiese que una vez fue vil,
oh, príncipes, mis hermanos?

¡Joder, estoy harto de semidioses!
¿Dónde hay gente en este mundo?

¿Acaso soy yo el único vil y erróneo sobre la tierra?

Las mujeres podrán no haberlos querido,
podrán haber sido traicionados, ¡pero ridículos nunca!
Y yo, que he sido ridículo sin haber sido traicionado,
¿cómo me atrevo a hablar ocn mis superiores sin titubear?
Yo, que he sido vil, literalmente vil,
vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.


Qué maravilla, ¿verdad?

Qué poema.

Aún me acuerdo, debía de ser en el 90, cuando Angelita Pérez me lo leyó por primera vez, en mi casa. Bueno, no lo leyó: lo recitó de memoria, en una versión que era incluso mejor que el original. (Hola, Ángela, ¿cómo estás? ¿En Bogotá, me han dicho? ¿Sigues tan guapa, con ese acento de Manizales tan enloquecedor?).

Cada vez que me toca las narices el "bueno, en el buen sentido de la palabra bueno", me respondo a mí mismo con "vil, literalmente vil".

¿No hay nadie que haya hecho el ridículo, de quien se hayan reído los camareros, que haya sido vil?

¿Tú has sido vil? ¿Literalmente vil?

Yo sí, pero no se lo digas a nadie.

Etiquetas: , , , ,

viernes 18 de enero de 2008

San Bobby Fischer nos proteja

Lo sé, escribo poco aquí. No por falta de ganas. Me decía un amigo que había leído el blog, al que llamó "tu espacio de felicidad". Tenía razón.

Hay una plataforma de motivos que me han impedido escribir: los achaques, ya no sé ni de qué pie cojeo, veo las estrellas, me duele todo. Otro: la falta de tiempo, con mi hija con muletas (y hay que subirla tres pisos en el cole). (Y bajarla). La mudanza: me cambio de casa. No soy un aventurero, así que me voy a dos portales de distancia. En cuanto esté instalado, este fin de semana, te cuento.

Esta mañana me llama Nacho Rojo, de Público, de la sección de Internet:

-Que se ha muerto Bobby Fischer.
-No me jodas.
-Sí.
-¿Me dejas escribir algo?
-Bueno, manda lo que se te ocurra y veremos.

Así que me puse a ver que me salía. Me salió esto que puedes leer aquí.

A mí Bobby me ha dado mucha felicidad. Hace años escribí una novela en la que contaba su vida. Se titula La fórmula Omega. Una de pensar.

Bueno, eso, sólo quería decirte que echo mucho de menos escribir aquí y que no hay mal que cien años dure y espero estar bien ya la próxima semana.

Gracias. Acepta mis disculpas: la semana que viene estaré (confío) en plena forma.

Aquí está mi hija que te presenta a la tripulación de su avión, les copains d'abord:

Etiquetas: , , ,

domingo 13 de enero de 2008

Huellas de pasos

Sigo cojo perdido. Qué le vamos a hacer. Resignado y contento, maguer que adolorido.

Además, el viernes mi hija se cayó y se hizo dos esguinces en el tobillo derecho.
Tiene que estar unos veinte días con muletas.

Menuda pareja hacemos.

Está guapísima, eso sí:



Yo le canto:

Una cojita ye-yé
me tiene embrujado,
yo bien sé por qué


Me contó que fue en clase de gimnasia:

-Estábamos saltando en una de esas cosas que tienen las ruedas...
-¿Un neumático?
-Lo pillas: un neumático. Y me caí. ¿Quieres ver las fotografías de mi pie?
-¿Las radiografías?
-Los pillas, cara de tortilla.
-Vale, lo pillo, membrillo.

Así que vi las fotografías de sus huesos, la huella del pequeño pie derecho de mi hija.

Senti lo mismo que sintió Robinson Crusoe al ver una huella en la arena: No estoy solo. No estoy solo en el mundo.

Volví a leer aquel capítulo de Defoe que empieza:

Ocurrió una mañana, hacia mediodía, cuando me dirigía hacia la piragua. Ante mi enorme sorpresa desscubrí las huellas perfectamente nítidas de un pie desnudo sobre la arena. Me detuve estupefacto, como golpeado por un rayo o como si hubiese visto un fantasma.


Como Robinson Crusoe, contemplando los huesos del pie de mi hija, me sentí atravesado de parte a parte por el relámpago de la felicidad.

Lo malo de leer es que no se acaba nunca. Seguí leyenndo ese capítulo. En seguida volví atrás, al principio:

Nací en el año 1632 en la ciudad de York, de una buena familia, aunque no del país, pues mi padre era un extranjero...


Cuando encontré la huella en la arena (la encontré yo, pues mientras leo yo soy Robinson, y la isla, y Viernes, y el barco que naufraga)me acordé de aquel poema de Apollinaire sobre las huellas de pasos, Cortège.

No tuve más remedio que levantarme de la cama y arrastrame cojeando a buscar el viejo ejemplar de Alcools.

Sólo tardé cuarenta minutos en dar con él: todo un récord en el desorden de mi casa.

Un jour
Un jour je m'attendais moi-même
Je me disais Guillaume il est temps que tu viennes
Pour que je sache enfin celui-là que je suis


Como quien dice:

Un día
Un día yo me esperaba a mí mismo
Me decía Rafita ya va siendo hora de que vengas
Para que yo sepa por fin aquello que soy

Y luego dice:

Je me disais Guillaume il est temps que tu viennes
Et d'un lyrique pas s'avançaient ceux que j'aime
Parmi lesquels je n'étais pas


Más o menos:

Me decía Rafita ya es hora de que llegues
Y con un paso lírico se acercaban aquellos a quienes yo amo
Entre los cuales no estaba yo

Mi memoria, que es un colador, recordaba algo como: oigo el ruido de los pasos de las personas a las que amo, pero entre ellas no estoy yo.

¿También tú te esperas? ¿Tampoco distingues el ruido de tus pasos entre los de los que amas?

Y así seguí, leyendo a Apollinaire, que a su vez me obligó a leer, etc.

Lo malo es que tengo mucho trabajo, demasiado, y no puedo leer.

Quiero acabar mi novela de espías.

Tal y como yo escribo, necesito tanto espacio como tiempo. Tengo libretas, unos blocs amarillos que me regala Edu Vilas, cosas apuntadas en servilletas. Y me gusta escribir a mano, a máquina y en ordenador. Cambio de mesa de vez en cuando o me acodo en el balcón a escribir de pie, a lápiz.

Tengo ya el muerto.

El muerto es toda la novela pero en borrador, contada a la pata la llana y llena de cosas como: aquí va descripción de la ciudad. Aquí follan. Ahora un diálogo copiado de Le Carré. Aquí se tiene que notar que ella es mala. Falta ver al tipo, qué cara tiene.

Todo así. Belén Gopegui me decía el otro día:

-Lo que tenías que publicar es eso, mucho más divertido que la novela acabada.
-Claro, y que el lector lo complete si quiere.

Igual tiene razón.

Para dar vida al muerto necesito mucho espacio y he acabado colonizando incluso el cuarto de mi hija.



Así, mientras escribo, oigo el ruido de sus pasos, la huella en la arena de su pie, y sé que no estoy solo. Nunca. Aunque al final no llegue nadie a esa cita que tengo conmigo mismo.

Etiquetas: , , , , ,

jueves 10 de enero de 2008

Noche de Reyes

Ando tristón. Tuviera yo vida interior, inclusive me deprimiría; pero no es el caso, a lo más que llego es a estar algo abatido, medio mohíno.

Ya no sé ni de qué pie cojeo. Empecé el año cojo perdido, con tendinitis en el tobillo derecho. Cuando se me empezaba a curar, me dio un terrible ataque de gota en el pie izquierdo. Duele mucho, la verdad.

Todos los años Anusca y yo nos vamos a Miranda de Ebro a pasar los Reyes con mi hermana Columna.

Se iba a llamar Pilar, pero mis padres decidieron que no había tanta diferencia entre un pilar y una columna, y se llamó Columna. A mí, como es lógico, no me suena raro.

Desde que hay AVE, la red ferroviaria española está mandada recoger. Todo para el AVE, gritan, mientras suprimen paradas, trenes, líneas? Las poblaciones pequeñas se quedan cada día más incomunicadas y aisladas, los viajes son cada vez más caros, en fin, un desastre de proporciones descomunales. El presupuesto de 2008 dedica casi la misma cantidad de dinero al AVE que a todo el resto de la red. Cada año es más caro y más difícil viajar en tren.

Y más incómodo. Salvo en AVE, claro, ese tren para ejecutivos atómicos que sólo le dirigen la palabra a su propio móvil.

A Miranda de Ebro, aquel gran nudo ferroviario, quién lo diría, ya llegan pocos trenes. ¿Qué pensaría Pedro Rojas, el ferroviario (y hombre) inmortal en los versos de Vallejo?

Solía escribir con su dedo grande en el aire:
"Viban los compañeros! Pedro Rojas",
de Miranda de Ebro, padre y hombre,
marido y hombre, ferroviario y hombre,
padre y más hombre, Pedro y sus dos muertes.


Aquel Pedro que era capaz de "vivir dulcemente en representación de todo el mundo", el que fue asesinado, aunque "su cadáver estaba lleno de mundo".

(Hay un libro que se agotó allí, claro, sobre el campo de concentración de Miranda, a ver si lo reeditan y le echo un vistazo).

Cuando paró en Burgos, me bajé a fumar un cigarrillo. En seguida vino el revisor hecho un basilisco.

-No se puede bajar a fumar en las paradas -decía
-¿Por qué no? ¿Este tren va a Autzwitch o a Miranda de Ebro? Faltaría más que no me pudiera bajar donde me dé la gana.

Da un poco de risa: desde que prohibieron fumar en los trenes, los lavabos apestan a tabaco.

Mi hermana Columna, además de tener algunas características comunes conmigo (pocas, por suerte para ella), es todo lo que yo no soy: paciente, hogareña, cariñosa con los niños y de buen conformar y mejor humor. Nada más llegar me pone siempre una cervecita helada:




Mientras tanto, Anusca y ella se ponen a cocinar y charlamos. Aquí están haciendo pisto.




Mira qué cara tan seria pone mi hija cuando cocina. A los niños les entusiasma hacer cosas de mayores, pero las llevan a cabo con gran seriedad, muy concentrados, poseídos por la importancia de su actividad.

A los mayores también nos encanta hacer cosas de niños, travesuras, juegos, canciones, bromas. A veces pienso que nos sucede lo mismo: se nos queda la misma cara, nos lo tomamos demasiado en serio.

Escribir un soneto, ¿no es al fin un juego? ¿Por qué darse entonces tanta importancia y poner esa cara tan solemne? Follar, ¿no es al cabo un juego? ¿Por qué entonces nos lo tomamos tan a pecho, con tanta severidad? ¿Disfrutamos tomándonos en serio los juegos infantiles, igual que los niños disfrutan tomándose en serio las cosas de mayores? ¿Por qué nos dejamos poseer por lo pomposo, en lugar de jugar más a menudo, con más sencillez y sin tanta convicción?

No sé, ¿tú qué piensas?

Luego vinieron mis sobrinos, Rafael y Nieves, de 16 y 14. Después de cenar, iban a salir. Las negociaciones sobre la hora de llegada estaban basadas en el conflicto de Oriente Medio: interminables, urgentes, llenas de falsas promesas y amenazas veladas, engañosas por ambas partes, con tanto victimismo como abuso de poder y con hojas de ruta dibujadas a espaldas de la realidad.

Mientras tanto, mi sobri Rafael se puso a entretener a Anusca. Sacaron más de veinte disfraces. El más peregrino o aberrante fue éste, en el que mi pobre hija quedó convertida en la más joven recluta del ejército:




Hicimos lo que hacemos todos los años: comer mucho, beber más, charlar, dar paseos, ver la cabalgata de Reyes, ir a patinar a Vitoria y jugar a las siete y media con garbanzos (cada uno con un valor de cinco céntimos de euro: mi hija ganó siete euros).

Este año no pude patinar (el anterior tampoco, por un dolor de muelas repentino), aunque presenté parte médico de la tendinitis. Como siempre, mi cuñado José Manuel se encargó de extenuar a mi hija sobre la pista, aun a riesgo de unas cuantas culadas. Ahí van los dos sobre cuchillas:



Gracias, Jose, tronco.

A mí la pista de patinaje de Vitoria, con su kiosko de música, me gusta mucho más que la de Nueva York, ¿pasa algo? Y además, como todos los años, me arrastré cojeando a ver un rato la estatua de Ignacio Aldecoa. A mí me han gustado mucho algunos libros de Aldecoa y me gusta mucho esa estatua en el parque.

Durante la noche del 5 vinieron los Reyes, dejaron huellas de camello por todas partes, se comieron dos mazapanes y se bebieron casi media botella de Ballantines (qué raro, ¿verdad?).

A Nieves le trajeron potingues de maquillarse y un móvil. A Rafael lo que había pedido: libros de Camus, Lorca y Rilke. Con un par. A mí un boli. A Anusca un almohadón, una bolsa, unas cuentas para ensartar collares y un muñeco del Olentzero.

Aquí está, feliz, estrenando el almohadón:




Al día siguiente ya casi estaba curado de la tendinitis. En el tren, Anusca se durmió en su almohadón nuevo, ocupando los dos asientos, lo que me obligó a hacer el viaje con "billete de barra", en el bar, probando los distintos botellines de whisky y procurando apoyar el peso en el pie izquierdo, por si acaso.

Por la noche me dolía un poco el pie izquierdo. Pensé que sería de apoyar el peso sobre él.

A la mañana siguiente no podía andar. La gota.

Ahora convalezco (qué bonito verbo para conjugar, ¿verdad?). Y ando tristón, pero a ratos me fumo un pitillo y me tomo una cervecita y, como a Garcilaso:

Tras esto el importuno
dolor me deja descansar un rato.

Etiquetas: , , , , ,

martes 8 de enero de 2008

La muerte peatonal

El otro día me comentaba mi amigo Antonio Álvarez-Barthe, que vive en Marruecos, que iban a organizar un homenaje clandestino al capitán Aldana.

-¿Clandestino?
-Bueno, arbitrario. Como nadie sabe con exactitud dónde murió en Alcazarquivir, lo haremos en cualquier parte, da un poco lo mismo, ¿no?

Yo creo que sí. El capitán Aldana murió en la legendaria batalla de Alcazarquivir. Aldana fue allí como consejero mlitar del rey Sebastián de Portugal. Cuando llegó, el rey le hizo maestre de campo general. El 4 de agosto de 1578 entablaron batalla. A la primera salva de artillería, los portugueses salieron corriendo, de estampía.La matanza fue colosal y el formidable proyecto portugués de conquistar África se tambaleó bastante. El rey Sebastián se perdió, desapareció, se desvaneció en la niebla o en el humo de la pólvora, y nunca más se supo. Así surgió ese culto o superstición portuguesa llamada "sebastianismo" (que infectó incluso a Pessoa, que creía que volvería cualquier día para mayor gloria de Portugal). ¿Qué pasó con Aldana? Según Diego de Torres, que hizo el informe oficial:

El día de la batalla, andando Aldana a pie por le haber muerto el caballo, le encontró el rey y le dijo: -Capitán, ¿por qué no tomáis caballo?- Y él dcicen que le respondió: -Señor, ya no es tiempo sino de morir, aunque sea a pie.- Y con la espada en la mano tinta en sangre, se metió entre los enemigos.


Francisco de Aldana tenía 41 años. Así murió, a pie, uno de los grandes poetas españoles.

-Ya nadie lee a Aldana -se quejaba Álvarez-Barthe.
-Yo sí.
-No se puede leer, no se encuentra, no hay ediciones, la juventud no tiene acceso a Aldana. ¡No hay derecho!
-Domínate, tranquilo, tranquilo.
Ése, con el de la vivienda, es quizá el más grave problema de la juventud.

Yo releo a Aldana en la edición de don Elías L. Rivers, en los Clásicos Castellanos de Espasa-Calpe. La compré en 1982, cuando yo mismo era joven.

Al día siguiente cené con Orejudo y le pregunté por Elías. Me dijo que no andaba muy bien. Un abrazo, Elías.

Aquí estamos tomando la copa en el Parnasillo, después de cenar; Orejudo, mi novia, Helena (Mrs. Orejudo) y yo. Hablábamos de Aldana y de Elías Rivers.



Tuve la suerte de conocer a Elías y a Georgina en Nueva York y en Madrid, donde tenían una casa por la calle Cardenal Cisneros. Yo había oído hablar de los caballeros sureños, pero nunca había visto a ninguno de cerca hasta que me presentaron a Elías. Tenía ojos azules y una barba aurisecular (bigote y perilla) ya cana. Vestía impecablemente, con un terno gris, corbata y zapatillas deportivas (unas Nike negras, creo recordar). Por raro que parezca, le quedaban bien las deportivas con traje.

Una vez me encontré a Elías en Madrid. Me contó que se estaba haciendo una casa en Chinchón, pero que las obras iban muy despacio. No lo entendía.

-No lo entiendo, Reig. Trabajan sin ganas, a pesar de que siempre les ofrezco refrescos.
-¿Refrescos? Elías, dales unas copas de coñac, ya verás.
-¿Tú crees?
-Te lo garantizo.

Cuando le volví a ver le pregunté por la casa.

-Ha quedado estupenda. Tenías razón -me dijo.

Se suele decir que la primera obligación de un caballero es no provocar molestias a los demás. Elías llevaba la cortesía mucho más lejos: lograba que a su lado todo el mundo se sintiera más cómodo. Como no podía ser de otra forma, su edición de Aldana es un ejemplo de cortesía hacia el lector: información precisa, rigor filológico, inteligencia sin envanecimiento y elegancia en la prosa. ¡Y pensar que los jóvenes ya no pueden leer a Aldana! No interesa, sin duda, a los poderes fácticos, agentes sociales y creadores de riqueza; no interesa que la juventud lea a Aldana. Si pudieran leer la epístola que le envió a Benito Arias Montano, ¡otro gallo nos cantara! Por mucho que, como a mí, les siguiera alcanzando a veces "de lujuria el rayo encontradizo", se harían propósito, como el capitán, de "caminar derecho / jornada de mi patria verdadera".

¡Oh si los jóvenes pudieran leer algún soneto de Aldana! Hay uno que yo me recito muy a menudo, en mañanas de resaca:

En fin, en fin, tras tanto andar muriendo,
tras tanto varïar vida y destino,
tras tanto de uno en otro desatino
pensar todo apretar, nada cogiendo,


Termina con el deseo de apartarse del mundo "y en un rincón vivir con la victoria de sí".

O aquellos sonetos dialogados, en los que se intercambian frases los amantes (con los fingidos nombres habituales en la época: Damón, Filis, Galatea, etc.). Como éste:

¿Cuál es la causa, mi Damón, que estando
en la lucha de amor, juntos trabados
con lenguas, brazos, pies y encadenados
cual vid que entre el jazmín se va enredando

y que el vital aliento ambos tomando
en nuestros labios, de chupar cansados,
en medio a tanto bien somos forzados
llorar y suspirar de cuando en cuando?

Amor, mi Filis bella, que allá dentro
nuestra almas juntó, quiere en su fragua
los cuerpos ajuntar también tan fuerte

que no pudiendo, como esponja al agua,
pasar del alma al dulce amado centro,
llora el velo mortal su avara suerte.


Inmejorable. ¿Por qué gemimos en la cama, cuando estamos tan a gusto? Hay teorías: hay quien dice que por placer (lo dudo). Otros que para provocar placer en la pareja (no sé, no sé). Otros que para excitarse uno mismo (y funciona, lo sé). Eso le pregunta la Filis de turno. Y Damón (qué viejo zorro debía de ser) le responde: en la cama, abrazados, nuestros cuerpos gimen y suspiran porque no consiguen que al follar el alma se traspase de uno a otro, son como una bisagra, que chirría porque no abre la puerta. ¿Lo intentamos de nuevo, Filis, pero en otra postura? Anda, mira, ponte así, a ver si ahora...

Como Aldana, cuando haya que morir, moriremos, aunque sea a pie, moriremos como peatones, qué remedio, y si hubiera otra vida (y lo dudo tanto como él, si no más):

iríame por el cielo en compañía
del alma de algún caro y dulce amigo
con quien hice común acá mi suerte:
¡Oh qué montón de cosas le diría,
cuáles y cuántas, sin temer castigo
de fortuna, de amor, de tiempo y muerte!


¿Tú lees a Aldana? ¿Tú crees que la juventud se droga y se desespera, y le salen caries, y se siente desdichada, sólo porque no puede leer a Aldana?

Etiquetas: , , , , ,

miércoles 2 de enero de 2008

Conduce con cuidado

El 1 de enero paseaba por el barrio con bastón. Temprano. Me cruzaba con tipos como yo, abuelos con gorra de visera y garrota, con historiales médicos, fracturas, ciática, azúcar, citas quirúrgicas aplazadas y una esportilla de recuerdos tristes que hay que llevar a cuestas.

En la calle había quedado expuesto el interior de los cuerpos de los más jóvenes: vómitos, bilis, sangre, lágrimas, semen, saliva, no sé si también cera de oídos. Pisaba cristales rotos y ese contenido de los órganos internos arrojado a las aceras. Había algunas palomas metiendo el pico en charcos de sustancias viscosas, irisadas; a veces con grumos, a veces humeantes.

No había periódico y quedaban aún criaturas que volvían a casa con los ojos vidriosos, el corazón diminutivo y el estómago empedrado de indigesto chocolate.

Daba cierta tranquilidad de espíritu ser por fin mayor, muy mayor, y poder pasear (aunque fuera cojitranco), y levantar la frente hacia el sol de invierno.

En Nochevieja cenamos todos juntos. Aquí estoy con mi novia en la cocina de Helena y Álvaro, con los whiskies del aperitivo.




Hablé por teléfono con el Orejudo.

-Estoy cojo, Orejudo.
-Pues nada, entonces te tendrás que pasar toda la noche follando.
-Qué remedio.
-Te libras del cava, de la acidez de estómago y del condenado chocolate con churros, que cae como una piedra.
-Sí, pero no puedo apoyar el pie. Así que como un señor: boca arriba y sin hacer grandes esfuerzos.
-Feliz año, avunculus.
-Ídem de lienzo.

Me quedé pensando que, en general, en la cama hacemos esfuerzos en sentido opuesto.Las tías intentan correrse. Lo antes posible. Los tíos intetamos no corrernos. Lo más tarde posible.

Así que, en realidad, casi siempre follamos en dirección contraria.

Como dos vehículos en una carretera solitaria: hay que poner la luz de cruce, para no deslumbrar al otro.

Nos vemos uno al otro de frente sólo un instante; y, luego, de espaldas, por el retrovisor, cada vez más lejos, aunque ya sepamos que, reflejado en espejos, todo está más cerca de la que parece.

Cada uno acelera hacia el lado opuesto, con todas sus fuerzas.

Cenamos lo de todos los años: almejas, lasaña.

Luego mi hermana repartió a domicilio a los cojos (la abuela y yo)y en casa nos pusimos una insensata cantidad de whisky en un solo vaso.

-Hoy vamos a chocarnos, nos estrellamos: ¡colisión frontal! -le aseguré a mi novia.

Así que, durante toda la noche, multiplicamos escandalosamente la siniestralidad, con accidentes en cadena, impactos directos de los que conseguirmos salir despedidos por el parabrisas, los dos lanzados por fin en la misma dirección, hasta estamparnos contra la corteza de un árbol y seguir rodando abrazados por la cuneta, cuesta abajo por un vertiginoso terraplén.

Dormimos felices y, por la mañana, salí a pasear arrastrando el pie malo, para contemplar el contenido de las vísceras de los más jóvenes, desparramado en los adoquines, a orillas de los portales. El serrín del corazón, el tenebroso cargamento del estomago, el espesor oscuro de la sangre estancada: todo convertido en abrevadero de tercas palomas grises.

Me tomé un coñac en el único bar que encontré abierto, La Camocha, en la calle Fuencarral.

Tuve que pedir otro.

En fin. Feliz año. Feliz 2008. Conduce con cuidado: en la dirección correcta. Precaución al volante bajo las sábanas.

Etiquetas: , , , , ,

© 2006 Hotel Kafka. C. Hortaleza 104, MadridTfno. 917 025 016Sala de PrensaMapa del SiteAviso Legalinfo@hotelkafka.com