l Blog de Rafael Reig: mayo 2008

Rafael Reig, escritor y profesor de literatura

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sábado 10 de mayo de 2008

Como en casa

El otro día, ordenando libros, encontré Los miserables. Qué maravilla, cuánto he disfrutado con esa novela. ¿Por qué un ser humano querría leer a Ruiz Zafón, o una novela mía, pudiendo leer a Victor Hugo?

A mí no me entra en la cabeza.

Vi que había subrayado muchas cosas. Esta descripción, por ejemplo:

Il avait d'épais sourcils, d'énormes favoris noirs, les yeux à fleur de tête, le bas du visage en museau, et sur tout cela cet air d'étre chez soi qui est une chose inexprimable.


Lo que nos viene diciendo Victor Hugo es, sobre poco más o menos:

Tenía cejas espesas, enormes patillas negras, los ojos a flor de cabeza, la parte inferior de la cara como un hocico y, por encima de todo eso, ese aire de estar en su casa que es una cosa inexpresable.


Cet air d'étre chez soi... ¡formidable!

Tiene algo de grosero, del tipo que se impone sin miramientos, que se siente siempre en casa, dueño y señor, allá donde vaya.

Sí, pero también podría leerse de una forma más atractiva. A mí me gustaría sentirme como en casa en cualquier parte. Transmitir la sensación de que siempre estoy a gusto, cómodo, como si estuviera en zapatillas.

Lo intento.

¿No es la elegancia definitiva: comportarse en todas partes como si estuvieras en casa?

También conozco gente que, hasta en su propia casa, parece que está de visita. Gente que sería lo opuesto: con ese aire de estar siempre de visita. Tipos que, en su casa, cierran la puerta del baño para hacer pis, aunque estén solos. Gente que se lava mucho las manos en su lavabo, que se sienta con la espalda muy derecha y sin poner los pies sobre las mesas, que recoge los vasos de whisky y vacía los ceniceros antes de irse a la cama.

Así me imagino a Javier Marías, por ejemplo. O a Juan Benet. En cambio, a Juan García Hortelano, me lo imagino con cet air d'étre chez soi en todas partes, vestido de frac como si fuera en pijama, cómodo, en su propia casa siempre.

Tú ¿qué prefieres? ¿Ir de visita o estar en todas partes como en casa?

Yo la verdad es que me siento en casa donde vaya y me gusta que en mi casa los amigos se sienta como en la suya, porque es su casa.

En casa de Edu Vilas, el otro día, como en casa, estuvimos jugando al You Tube. Se hace un turno y cada uno va pidiendo un vídeo. Gana el que consigue sorprender, emocionar o avergonzar más al resto.




Vimos, entre otras cosas:

-Pablo Abraira cantando "Gavilán o paloma"
-El Che Guevara hablando en francés.
-Nabokov hablando en inglés con fuerte acento ruso.
-José Alfredo Jiménez, cirrótico, inflamado, cantando con Lucha Villa "Me invitas a una copa o te la invito".
-La familia Telerín cantando "Vamos a la cama que hay que descansar"
-Joan Baez con "We shall overcome"
-Quilapayún, todos con jersey de cuello de buzo negro, levantando el puño y gritando que el pueblo unido jamás será vencido.
-Una actuación cuasi pedófila de Enrique y Ana.
-Facundo Cabral
-Patxi Andión y su "Una, dos y tres"
-Paco Ibáñez cantándole a Georges Brassens su traducción de "La mala reputación". Paco cantaba y Brassens tocaba la guitarra sin dejar de fumar en pipa.


Cuanto más inmunda, inesperada, arrebatadora sea la elección, más posibilidades de ganar.

En vista de eso, Anusca decidió que nos habíamos convertido en Los Frikis Mikis, y nos dibujó a todos así:



Anusca iba con la pierna vendada, por el esguince. No se podía bañar, porque no podía mojar la venda.





Aquí están las niñas y mi novia.

¿Ves que al fondo de la foto se ve una piscina?

No me preguntes cómo, pero Anusca consiguió caerse al agua.

Hubo que quitarle la venda y le dimos el alta: curada.

A ver si adivinas qué estoy buscando en You Tube, que Eduardo se descojona sólo de pensarlo:

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sábado 3 de mayo de 2008

Lo que estoy leyendo: Una puta recorre Europa

El otro día iba por la calle San Vicente Ferrer y me encuentro de pronto a dos poetas o dos poetisas. Yo iba cuesta abajo; ellas, cuesta arriba. La colisión era inevitable y nos metimos en el bar de enfrente para el atestado.

Le pedimos a la camarera que dibujara un croquis del impacto, y le salió así, a mano alzada:




Almudena Guzmán, yo y Xelo Candel.

Hace más de veinte años que conozco a Almudena, a la que los malvados prosistas llamábamos entonces Almidona, la Poesita.

En la Autónoma los poetos y poetas ligaban entre sí, como debe ser, había segregación.

-Esa gente que ni siquiera acaba los renglones -decíamos, mirando por encima del hombro a esa infame turba de personas con inspiración y con sensibilidad.

Nosotros detestábamos la sensibilidad. Abominábamos de la inspiración. El lenguaje musical nos hacía vomitar hasta la primera papilla.

¡Poetas! ¡Esa gente que cuenta las sílabas con los dedos, como quien cuenta monedas! ¡Escriben con la calderilla que los demás dejamos de propina! ¡Revisan las vueltas y pagan con moneda fraccionaria, en lugar de con billetes!

Desafiando todos los prejuicios de género (literario), Almudena y yo ligamos alguna vez, y nos salían tardes multiformes, polimétricas, con trozos narrativos y fragmentos poéticos intercalados, como La Dorotea, de Lope, por ejemplo: un arte nuevo de hacer comedias.

Total, que nos tomamos unas cañas en uno de esos inevitables bares gallegos.

En Madrid, si alguien propone tomar unas cañas, en cuanto te das la vuelta para buscar el primer bar disponible, ese bar de enfrente, aparece un bar gallego que no tiene más remedio que llamarse O'Compañeiro o A' Casiña o algo así.

Siempre con un apóstrofe y alguna eñe.

Todos están equipados con las reglamentarias raciones de lacón y pulpo, su queso de tetilla en el expositor, sus tazas para caldo y su correspondiente camarera con delantal puesto, mirada prometedora y dedos amoratados de tanto fregar vasos.

Son de toda la vida, pero quizá ahora ya reciban subvenciones de la Xunta, no sé.

Allí estuvimos recordando aquellos tiempos y el bar La Alegría de Lista, donde bebíamos coñac y fumábamos Fortuna, unos cigarrillos espachurrados, de tanto llevar el paquete en el bolsillo de atrás del vaquero.

A Xelo la conocí en Saint-Louis University, en Madrid, donde ella organiza con Ángeles Encinar aquelarres mujeristas hasta que se quedan con las rodillas frías y la voz ronca de tanto denunciar el patriarcado, qué le vamos a hacer.

El patriarcado. He estado leyendo Una puta recorre Europa, de Alberto Lema. Gallego, como el bar de enfrente, por cierto.

Me ha gustado mucho. Qué novela tan inteligente. Desde el título (un fantasma recorre Europa...). Dos tías deciden pasar a la acción, empiezan a matar a tiros a los clientes y dejan una tarjeta que pone "Putas Asesinas". Quieren denunciar la prostitución como violación institucionalizada. Intervienen las autoridades. La policía. El Conselleiro. Hacen un manifiesto. Etcétera. Es apasionante y se lee casi sin parar ni para revolver un colacao.

Alguien me comentó que le había gustado, pero que le parecía escrita de forma desmañada, descosida, como si fuera un borrador. A mí me ha parecido todo lo contrario: una difícil construcción, un estilo nuevo muy logrado.

Como suelo decir, esto es como los trapecistas: que parezca que se hace sin esfuerzo es lo que más trabajo exige. No queremos ver a un trapecista sudar ni que se note cuánto le cuesta saltar: lo tiene que hacer con apariencia de facilidad, como si dar un triple mortal fuera lo más natural del mundo. Yo creo que eso es lo que hace Lema. A mi modo de ver, es una construcción tan difícil y rigurosa como el "gran estilo" de Benet, pero en otra dirección.

El libro es rápido, eficaz, lleno de sorpresas, pero sin ningún truco. Quiero decir: no parece, en absoluto (y gracias a Dios), una película de Tarantino. Todo lo contrario. Hay violencia, pero no es una violencia estética, imprevista, inexplicable: es la violencia estructural del sistema, una violencia real, mucho más perturbadora que esa violencia de tebeo (en el fondo tan inocente). Los personajes no son tampoco anormales, excéntricos, tipos singulares (y por lo tanto, tranquilizadores, como lo son en las películas de Tarantino), sino que son reconocibles. Tanto los políticos, como los clientes, como las putas somos nosotros.

Un buen libro, te lo recomiendo. Y, por una asociación de ideas que sería largo explicar, te recomiendo de paso una de mis novelas favoritas de los últimos años: El amo del corral, de Tristan Egolf.

Orejudo la había leído y, tanto le había gustado, que un día íbamos paseando y se metió en una librería, compró un ejemplar y me lo regaló.

Esa misma noche leí esa crónica de una huelga de basureros y quedé impresionado. Me pareció una Iliada, una guerra de Troya, un ejército revolucionario y terrible que se entrega a un fracaso memorable.

No sé por qué no se lee más esa novela, te lo digo en serio.

Luego me fui con mi hija a hacer pulseras al bar de los chicos (mi hermana Helena y mi cuñado Álvaro), el Acme, en la calle Velarde.




Este es el catálogo, porque le prometí a Anusca que pondríamos el catálogo on-line, con precios, por si alguien quería hacer un pedido. Así que terminamos esta emisión con unas ofertas comerciales:




¿Quieres comprar alguna pulsera, gargantilla o llavero?

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jueves 1 de mayo de 2008

Dos nueces

Últimamente leo en estéreo. Dos cosas a la vez. Decía Freud que los problemas son como la nueces: si no puedes resolver uno, coge dos, aprieta uno contra el otro en el puño, como las nueces, y acabarás cascando uno de los dos.

Andaba leyendo por un lado libros de amigos, como Lección de anatomía, de Marta Sanz, y Niños de tiza, de David Torres; y por el otro canal se me cruzó el discurso de ingreso en la Academia de Javier Marías.

Habla el académico de la dificultad para contar las cosas como son, lo real: "Contar, narrar, relatar es imposible, sobre todo si se trata de hechos ciertos, de cosas en verdad acaecidas".

Bueno, leyendo a Marías uno siente la tentación de darle la razón: a él se nota que le cuesta mucho esfuerzo contar algo real.

A mí el libro de Marta y el de David me parece que hablan de lo real. Aquí están Chema, mi novia y Marta Sanz, en casa:



Y aquí los herbívoros, Isaac Rosa y su hija Olivia, con Chema:




Cómo contar lo real. Al final, hay que hablar de Wittgenstein. Un austriaco.

Wittgenstein cara A: sólo hay que hablar de lo que se pueda hablar con precisión (Tractatus). Wittgenstein cara B: de lo único que importa hablar es de lo que no podemos hablar con precisión (Investigaciones).

¿Cömo se cascan esas dos nueces, esos dos Wittgenstein, uno contra otro, en el puño?

Como a todos, me ha impresionado la historia del tipo este Fritzl, otro austriaco, el que encerró a su hija en un sótano, la embarazó, etc.

En Austria.

He pensado, claro está, en Freud. Austriaco.

En Boston, a mediados de los ochenta, leí un libro entonces muy famoso: The Assault on Truth (El asalto a la verdad), de Jeffrey Moussaieff Masson.

Como sabes, el Gran Salto Adelante de Freud fue la "teoría de la seducción", el momento en que decide que sus pacientes tienen fantasías. Una mujer le cuenta que de pequeña su padre le hacía cosas. Luego otra. Luego un hombre. Y otro. Hasta que llega un día en que Freud decide: no me lo creo, ya está bien, esto es una fantasía, es ella la que desea acostarse con su padre, etc.

La teoría de la seducción es, claro está, la pieza axial de la construcción freudiana, el trampolín desde el que salta hacia el inconsciente.

Bien, pues este Masson, que era director del Archivo Freud, resulta que descubre documentación que, según él, prueba que Freud prevaricó. Sabía de sobra que no eran fantasías. Tenía datos suficientes para concluir que el verdadero problema era la el abuso sexual de los hijos por parte de papá y mamá. Mucho más común de lo que Freud quería admitir. Una monstruosidad que no se atrevió a hacer pública: mejor barrer debajo de la alfombra. Eligió no creerlo y mirar para otro lado. Es una fantasía. Punto. Se lo inventan.

Eso dice Masson. Desde entonces a Masson lo expulsaron de la comunidad psicoanalítica.

A mí me convenció entonces y me sigue convenciendo ahora hasta cierto punto. Mi posición (¡cómo si a alguien le importara un pito lo que yo pienso!) es: creo que la teoría de la seducción es acertada. Hay fantasías de seducción. Sí. Creo, sin embargo, que también hay muchas seducciones de niños que realmente han sucedido en las familias (como el mismo Freud reconoció). ¿Prevaricó Freud? No lo creo, pero sí me parece evidente que eligió no pensar sobre la seducción real y dedicarse a la fantasía de la seducción.

Hay seducciones reales y fantasías.

Freud decidió apartar una mitad, una de las nueces,encerrarla en el sótano, y dedicarse sólo a cascar la otra.

¿Se puede cascar una sola nuez con la mano? ¿Se puede entender la fantasía de la seducción sin estudiar con la misma fuerza al tiempo la seducción, el abuso real?

Sigmund Freud. Austria. Abusos a menores. Y un sótano: el del inconsciente. Y otro sótano: el de la fantasía, en el que encerró Freud los abusos reales.

¿Nadie sabía nada? ¿Nadie sospechaba nada?

Me refiero a Fritzl, pero también a Kurt Waldhein, por ejemplo. Cuando se hizo público que había sido oficial nazi y se le acusó de crímenes de guerra, ¿dejaron acaso de apoyarle en Austria? No, fue presidente durante seis años, sin otra incomodidad que no poder viajar demasiado (le declararon persona non grata en casi todo el mundo, con la lógica excepción de Ciudad del Vaticano).

Waldhein. Austria. Otro sótano y un país que mira para otro lado, que no quiere que le obliguen a mirar.

¿No te dan ganas de volver a leer a Thomas Bernhard?

Bernhard prohibió que se representaran sus obras en Austria después de su muerte, así como la publicación allí de su obra inédita.

Leo también un folleto de Karl Marx que comienza así:

"El filósofo produce ideas, el poeta poemas, el cura sermones, el profesor compendios, etc. El delincuente produce delitos. Fijémonos un poco más de cerca en la conexión que existe entre esta última rama de producción y el conjunto de la sociedad y ello nos ayudará a sobreponernos a muchos prejuicios. El delincuente no produce solamente delitos: produce, además, el derecho penal y, con ello, al mismo tiempo, al profesor (...) El delincuente produce asimismo toda la policía y la administración de justicia penal (...) El delincuente produce una impresión, unas veces moral, otras veces trágica, según los casos, prestando con ello un "servicio" al movimiento de los sentimientos morales y estéticos del público (...) produce también arte, literatura, novelas e incluso tragedias (...) Podemos poner de relieve hasta en sus últimos detalles el modo como el delincuente influye en el desarrollo de la productividad"


Este breve y magnífico texto (te lo recomiendo) es de los años sesenta (1860) y se editó póstumamente como apéndice a la Teoría de las plusvalías.

Ahora lo ha reeditado en un magnífico libro la editorial Sequitur, con el título de Elogio del crimen, y acompañado de otros textos (algo de Durkheim, que está muy bien, pero nada de Althusser, el estrangulador, al que he echado de menos).

Se puede entender al criminal como excepción, como hecho aislado, sin conexión con el resto. También se puede entender el crimen, en lugar de como amenaza para la sociedad, como parte de la sociedad, como producto de las relaciones sociales.

Se puede pensar que el criminal es un psicópata, alguien que no comparte nuestra naturaleza, pero se puede pensar también el criminal es como nosotros, porque la maldad, la crueldad, la monstruosidad, también forman parte de nuestra naturaleza, de nuestras posibilidades.

Yo querría entender estos crímenes como parte de nuestro sistema social. Entender a la vez al criminal y las relaciones sociales de las que forma parte el criminal. Cascar las dos nueces a la vez.

No sé bien cómo hacerlo todavía.

Al fin y al cabo, Ludwig Wittgenstein y Adolf Hitler, otros dos autriacos, fueron compañeros de colegio. Como Villalonga y Aznar, pero en la Realschule de Linz, que nos viene siendo como el colegio del Pilar de Madrid.

¿Volvemos a leer ahora, juntos como dos nueces, el Tractatus y Mein Kampf?

Yo no sabía esa relación entre el filósofo y Hitler, me he enterado en The Jew of Linz, de Kimberley Cornish.

Que Hitler y Wittgenstein eran compañeros de cole es un hecho. No está probado que se conocieran y trataran tanto como asegura Cornish. También afirma Cornish que Wittgenstein fue el que reclutó a Burgess, Philby, Blunt y McLean. No sólo eso: dice que Wittgenstein le pasó el descifrado de Enigma a la Unión Soviética. Digamos: el que facilitó la posibilidad de vencer a Hitler fue su compañero de colegio.

Todo esto no me parece improbable.

En cuanto a su comparación entre la oratoria de Hitler y la filosofía del lenguaje de Wittgenstein, y su raíz común en el pensamiento hermético, pues no sé, qué quieres que te diga.

Tampoco está probado que Hitler y Kafka se conocieran, pero sí es verdad que frecuentaron los mismos cafés en Viena, cuando Hitler quería ser pintor. Y es verdad que en los Diarios de Kafka habla de un tal H., al que considera un loco fascinante y al que escucha absorto.

Partiendo de esta hipótesis escribió Piglia su Respiración artificial. Kafka no imaginó nada: sólo escuchó lo que le decía H., al que nadie más escuchaba.

Y le creyó.

Luego lo contó. Intento contar lo inefable.

Lo inefable: ahí es donde entra Wittgenstein, el compañero de colegio de Hitler. Uno era un aristócrata, heredero de una de las mayores fortunas del Imperio Austro-Húngaro, y un insoportable que exigía a sus compañeros de cole que le trataran de usted. El otro en cambio era hijo de un agente de aduanas que le azotaba.

En esta foto la identificación de Hitler es segura. La de Wittgenstein es casi segura también. Están en la Realschule de Linz:




Bueno, voy a parar, que menudo rollo te estoy soltando.

Prometo ser breve mañana.

Un sótano en Austria, titularía yo una novela que me gustaría hacer sobre Wittgenstein y Hitler.

Y pasaría en Madrid, por supuesto. ¿Por qué no? ¿No somos Austria también?

Lo malo es que, siendo como soy, igual me sale algo como Dos mujeres en Praga, de Millás, que también pasa en Madrid, y con armarios empotrados en lugar de sótanos, qué le vamos a hacer.

Esas son las dos nueces que me gustaría apretar en el puño de una novela: Wittgenstein y Hitler.

¿Cuál se cascaría antes? ¿Cuál lograría abrir contra la otra? ¿Tú que crees?

¿Se puede contar lo real, lo que de verdad ha pasado, lo que existe de verdad?

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