Galimatías Gamoneda
Yo no lo firmé, porque no estoy de acuerdo. ¿Defender el español? Me recuerda un poco a los obispos manifestándose en defensa de la familia. En España, el español está tan amenazado, acosado y ultrajado como la familia.
Los intelectuales defensores del español se me antojaban un tanto episcopales, como Rouco Varela con pancartas defendiendo a gritos el matrimonio entre un hombre y una mujer, la misa dominical y el sagrado derecho a comulgar de rodillas y en la boca.
Yo no firmé, digo, pero me parece muy bien que Gamoneda y Cía. lo firmaran.
Aunque no lo firmé, tonto no soy. No tanto. Ese manifiesto era una acción política.
¿Qué otra cosa iba a ser?
Si yo hubiera firmado, so el poder de Aznar, algo contra, pongamos, la invasión de Iraq, ¿sería razonable que luego me sorprendiera de que se utilizara contra Aznar?
El tal manifiesto nada tiene que ver con la lengua y todo con la política lingüística.
Gamoneda firmó.
Luego se pasó varios días en la mesa camilla, muy entretenido, con una lupa y un metro de costura, midiendo el cuerpo de la tipografía en que aparecía su nombre, viendo el orden en el que le ponían, comprobando qué tal salía en la foto, etc.
De pronto se dio cuenta de que el inmundo El Mundo utilizaba el tal manifiesto con fines políticos.
Qué sorpresa, ¿verdad?
¡Fines políticos! Hay que ser malvado: esos tíos de El Mundo son capaces de todo.
-Me la he cargado -debió de pensar Gamoneda-. ¡A Zeta Pe que voy! Esta vez sí que me la he cargado. Peor aún: ¡a la Vice que voy!
Y entonces decidió escribir un artículo en El País para desdecirse, este artículo.
Podría haber dicho simplemente: donde dije digo digo Diego. Pero no. No es de ésos Gamoneda.
Mejor pergeñar un galimatías ininteligible para decir que ha sido El Mundo el que, traicionando el espíritu incorpóreo del manifiesto, lo ha convertido en "una maniobra política".
Así que ya no está de acuerdo con lo que firmó. O sí, pero no con el uso que hacen de lo que firmó.
De paso nos informa de que él, Gamoneda, es el poeta favorito tanto de Aznar como de Zapatero. Al rey pone por testigo, el tío.
Claro: es que él, Gamoneda, está muy por encima de la política (esa cosa tan sucia y zafia), y por eso gusta por igual al PP que al PSOE.
Y a cualquiera que esté en la Moncloa: al poder, en general.
Al parecer, Gamoneda pensaba que el manifiesto era "una acción en absoluto ideológica".
Ahora comprueba, horrorizado, que tiene un sentido político.
¿Ideología? ¿Política? ¿Intervención pública con sentido político? ¡Hasta ahí podía llegar Gamoneda! Con ideología explícita, con sentido político, ¿se puede ser el poeta favorito del presidente del Gobierno, gobierne quien gobierne?
No, claro que no, así no se llega a ninguna parte: por eso Gamoneda escribe como escribe, de forma ininteligible, no sea que alguien vaya a descubrir un sentido (político incluso).
Tiene que ser deliberado, el estilo incomprensible de Gamoneda, digo. Me niego a creer que nadie que tenga el español como lengua materna pueda escribir así, salvo de intento.
Yo leí el manifiesto y cualquiera entendía que era una reclamación de acción política por parte del Gobierno.
También podía entender cualquiera qué clase de aliados encontraría en esa acción: El Mundo, Losantos, Rouco Varela, etc.
Vale, supongamos que Gamoneda no lo entendió. Si escribe así, ¿cómo leerá, el pobre?
En ese caso, lo que hace falta es decir: me equivoqué, creí que esto no tendría ninguna consecuencia política, pensé que no era una toma de posición ideológica, la verdad es que lo leí por encima y creí que era la típica tontería de qué bonito es el español y qué gran lengua de cultura y patatín, la típica quisicosa que un poeta laureado como yo debía de firmar.
Pues no: Gamoneda no ha dicho eso. Denuncia que ha sido víctima de "una maniobra política".
Qué pena, Gamoneda.
Para ser poeta áulico, hay que perfumarse. No oler a política. Si no, ¿cómo vas a ser el favorito a la vez de Aznar y Zapatero? ¿Cómo estar siempre a bien con el poder si uno huele mal?
A mí, la poesía me gusta como el queso: que huela a queso y que el poeta se manche, en lugar de escribir con un delantal puesto.
Entre Gamoneda y el queso de Gamoneu, no hay color.
El Gamoneu, de al lado de mi pueblo, de Cangas de Onís, huele bastante mal; el Gamoneda, en cambio, sólo perfuma.
Ojalá haya aún poetas que no puedan ser usados como perfume, que no se los puedan poner los políticos en el pañuelo para oler a rosas después de invadir Iraq, después de aprobar la directiva de retorno, sólo para demostrarnos que ellos también tienen mucha sensibilidad, como Javier Solana leyendo a Víctor Hugo antes de dar la orden de bombardear.
Ojalá haya aún poetas que no se dejen convertir en quesito en porciones para los banquetes de las autoridades. Poetas que huelan demasiado mal para formar parte de un cóctel en la Moncloa. Ojalá haya poesía que no sea "concebida como un lujo cultural por los neutrales".
Perdón, ya sé, hoy en día tampoco es de buen gusto leer a mi tocayo Gabriel Celaya. (Es que se llamaba Rafael.)
A mí me gustaba mucho a los dieciséis años una sobrina suya y le pedí al tío poeta que me dedicara un libro, en una Feria del Libro. Le dije que conocía a su sobrina Cecilia y que me gustaba ella más que su poesía, con perdón.
-Pues arrima cebolleta, macho, que por mí no hay problema: estáis en la edad - me recomendó, con una gran carcajada que recuerdo bien (parecía un hombre muy simpático, con ganas de que los demás estuvieran a gusto).
Y me firmó el libro.
Aún lo conservo. Aún lo leo. Aún lo cito.
En cambio, con la sobrina: al final nada de nada.
No tengo arreglo.
Etiquetas: Celaya, Gamoneda, poesía, política, Rafael Reig
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.






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