l Blog de Rafael Reig: julio 2008

Rafael Reig, escritor y profesor de literatura

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miércoles 30 de julio de 2008

La cita previa

Tengo que renovar el DNI, así que el otro día fui a un fotomatón.




Luego me acerqué a una oficina. No había cola. En cuanto llegué a la puerta vi un cartel: "En esta oficina sólo se atiende con cita previa".

Vale, sabía que había otra oficina un par de calles más abajo. Cuando llego, me encuentro el mismo cartel: "En esta oficina sólo se atiende con cita previa".

Vale. Entro y pregunto en qué oficinas y comisarías se atiende sin cita previa.

-No sé, un momento. Creo que sólo en la de Virgen del Puerto.

Iba a decirle que por qué no hacían carteles más claros, pero me callé, y le dije en cambio.

-Bueno, vale, pues dame cita.
-No, eso no: la tienes que pedir por teléfono.

Intenté razonar (ja, ja):

-Vamos a ver, yo ya estoy aquí. ¿Tengo que irme y llamarte desde la cabina?
-No. Es que nosotros no nos encargamos de las citas. Es lo lleva una empresa privada.

Acabáramos. Una empresa privada.

-Y el teléfono será gratuito, claro, ¿verdad? -le pregunté.
-Eso ya no lo sé.

Yo sí, en cuanto lo vi: un 902.

Uno de esos teléfonos de empresas de atención al cliente, que te cobran algo añadido, además del precio de la llamada.

Al final me dijo que también podía solicitar la cita previa por internet.

Formidable.

Alguien se estará llenando los bolsillos.

Me imagino al cuñado del primo del capitoste de la Brigada de Documentación.

-Tronco, Manolo, menudas colas tenéis, eh...
-Ya ves, Paco. Son unos gilipollas, van todos a la misma hora, porque tienen que ir a sus trabajos los muy cretinos.
-Hace muy mal efecto. Deberías poner cita previa y arreglado.
-¡Cita previa! ¡No te jode! Ni que esto fuera el dentista. Y todo el día los cretinos llamando, nos ha jodido, y los funcionarios como putas enfermeras... Tú no riges, ¿verdad, Paco?
-Eso te lo arreglo yo en dos patadas. Te monto una empresa que te gestiona todas las citas previas.
-Mmmmm... no es mala idea. Lo que pasa es que eso costará una pasta, ¿no?
-Macho, macho, que somos parientes: te lo dejo barato. Luego el resto me lo pagan a mí los cretinos con un número 902.
-No está mal visto, Paco. ¿Pedimos otra?
-Venga, dos vermuts.
-Con unos berberechos, eh.
-Tienes que que dejar una oficina o una comisaría que siga dando sin cita previa, claro... Más que nada por el qué dirán, Manolo, tú ya sabes.
-Pero la pongo a tomar por culo, en Virgen del Puerto, por ejemplo.
-Así se habla. Y yo me monto un call-center baratito, en Santo Domingo o por ahí.
-Y el que no quiera apoquinar, que use internet. Aquí no se obliga a nadie. Total, la mayoría van a llamar.
-Pues no se hable más.
-Vamos a pedir otra ronda...
-¿Con langostinos?
-¡Con langostinos! ¡Nos ha jodío! Esto hay que celebrarlo.

Ahí deben de seguir: celebrándolo.

Mientras tanto, los cretinos pagamos los langostinos.

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martes 22 de julio de 2008

¡Que viene Linneo!

Internet, ese reino de libertad, ese espacio en el que cualquiera tiene voz, etc.

¡Ja!

Seguro que sí, que habrá habido una edad de oro en internet.

La historia empieza con un origen mítico y guerrero (una cosmogonía tan confusa que hasta Al Gore se ha atribuido su invención, aunque parece que lo desarrolló el Pentágono), sigue una época de clásica sobriedad (no otra cosa era aquel rígido Ibertext que usábamos a finales de los ochenta), vienen las tinieblas medievales (plagadas de epidemias, virus, peste bubónica, creencias mágicas, adivinaciones, sicofantes y fanáticos), las guerras de Religión (Microsoft contra Mac), el Renacimiento y el Barroco (con su proliferación selvática, cancerosa, esa exuberancia inabarcable, una manigua donde todo es posible, menos orientarse)...

Ahora por fin ha llegado la Ilustración.

Ya tiene incluso su Encyclopédie (la Wikipedia) y ha aparecido la incansable furia de la clasificación y la catalogación.

Orden, jerarquía y valor (número de visitas, etc.). Esa es la divisa. Todo son tags, etiquetas, contadores, motores de búsqueda, clasificaciones, etc.

Linneo ya está aquí.

¡Socorro!

La disciplina del espacio público de la Ilustración comienza a desplegarse en internet.

Quizá Foucault más que ningún otro ha mostrado el revés de las Luces y cómo el esfuerzo por ordenar y clasificar la realidad, por legislarla, por trasladarla a diccionarios, mapas y estantes, no es más que un impulso disciplinario.

El corazón de internet, como todo el mundo sabe, es la pornografía: el resto es una tapadera.

Y el esfuerzo que están realizando las páginas porno es digno de Linneo.

Si abres esta página, por ejemplo, aquí, te encontrarás con varios cientos de secciones, cada una de ellas con cientos de fotos y películas. Cientos de miles de pelis y fotos guarra, pero todo organizado y clasificado hasta la demencia, en orden alfabéticos, desde Amputee hasta Wrapped Bondage (desde fotos porno de mujeres con amputaciones hasta fotos de mujeres empaquetadas con papel Albal o con celofán).



¿Hay tantos tipos atraídos por el erotismo del embalaje? ¿Tantos miles de hombres empaquetan a mujeres como quien le prepara la merienda a los niños?

Es verdad que la sexualidad humana es la reclamación más intempestiva, afilada, incomprensible y desoladora que existe. Que se lo pregunten a Max Mosley (o a Pedro Jota, sin ir más lejos).

Ya, ya, pero ¿tánto?

Hablemos de lefa, por poner un solo ejemplo (aunque en la lista encontrarás todo lo concebible e inconcebible).

Sin entrar en prácticas y secciones como las de bukkake, jerking o jizz, aquí aparecen, entre otras, estas opciones básicas con el semen, convenientemente clasificadas:

Cum (películas o fotos donde alguien se corre)
Cum Brushing (una tía hace una mamada y acto seguido se cepilla los dientes con la lefa; luego sonríe para que se vea lo relucientes que le han quedado)
Cum Covered (encharcadas, anegadas en lefa)
Cum Drenched (lluvia torrencial de lefa sobre una mujer, procedente de uno o más hombres)
Cum Gargling (mujeres que hacen gárgaras con semen)
Cum in Her Eyes (tíos que se corren en los ojos de mujeres, a menudo tienen que sujetarse los párpados para mantenerlos abiertos; otras veces llevan gafas de bucear)
Cumshot (el muy clásico lefazo repentino que describe amplia parábola y se clava como una flecha en el lugar más insospechado)
Cum Swallowing (se lo traga)
Cum Swapping (intercambio: una chica hace un buche de lefa en la boca y se lo pasa a otra)

Seamos serios, ¿existen muchas mujers a las que le entusiasme coger un cepillo de dientes y cepillarse con lefa, aunque ésta pertenezca a un ser amado?

Imagino que no, porque la pregunta es: ¿de verdad hay tantos hombres a los que les entusiasma creer que hay mujeres que se cepillarían los dientes con su lefa tan contentas?

¿O que necesitan fingir que lo creen?




-Miénteme, dime que adoras lavarte los dientes con mi esperma.
-Adoro lavarme los dientes con tu esperma.
-Dime que quieres que me corra sobre tus párpados.
-Quiero que te corras sobre mis párpados, cariño.
-Dime que te gustaría hacer gárgaras con mi lefa.
-Me encantaría hacer gárgaras con tu lefa, amor mío.

Enternecedor, ¿a que sí?

Sombrío y terrible, también.

There are more things in heaven and earth, Horatio,
Than are dreamt of in your philosophy


(Hamlet, I, 5)

Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, que las que pueda soñar tu filosofía, ¿a que sí?

¿Cómo?

¿Que qué ando haciendo últimamente?

¿Yo?

Nada, nada de particular.

Aquí, de Rodríguez, mi novia en Madrid y yo trabajando sin parar, ¿por qué lo preguntas?




Y pensando... ¡que viene Linneo!

¡Socorro!

¡Save Our Souls! ¡Salvad lo que en cada uno de nosotros haya de ornitorrinco!

Aún recuerdo la Historia de la sexualidad, de Foucault. ¿Para qué quiere la autoridad que se identifiquen los homosexuales, los masturbadores, los pervertidos? ¿Para reconocerles sus derechos?

¡Ja!

Para disciplinarlos y tenerlos bajo control.

¿A que se debe esta obsesión por ordenar y clasificar internet?

¿Para facilitar la búsqueda?

¡Ja!

Ja, ja, ja...

Pobre internet. Pobres de nosotros. Pobres indefensos ornitorrincos.

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sábado 12 de julio de 2008

Casi sin bolsillos

En verano tenemos que ir por ahí casi sin bolsillos. Como si nadie tuviera nada que ocultar. Como si fuéramos inocentes.

También vamos al cine de verano, como es natural y parece lo lógico en verano. Es un solar tapiado, a cielo abierto, con una gran pantalla rodeada de árboles. La entrada da derecho a una silla; las mesas se alquilan por un euro. Todo está permitido (como si fuera el interior de un poema): se puede traer merienda, silbar, fijar carteles, fumar, emborracharse, meter mano, comentar la película en voz alta, verla acodado desde la barra del bar, pedir una ensalada, una jarra de cerveza o un blanco y negro (de longaniza y morcilla).




Fuera de aquí, en el mundo exterior, ancho y ajeno, tendría yo que ser millonario para permitirme estos lujos: fumar en el cine, volver a casa en bici, tomarme una copa en silencio. ¿Cuánto cuesta el silencio? ¿Dónde lo hay? ¿En qué lugar se puede estar sin música? ¿A qué precio? ¿En el Ritz?

Cogemos las bicis y las mochilas para ir a hacer la compra.



Leemos rumores (turbios) en la prensa, oímos en los bares chascarrillos: fuera de aquí, al otro lado, según parece, hay un país muy estrambótico que está en vilo, esperando a ver si el presidente dice o no dice una palabra.

-¡Ay va lo que ha dicho! ¡Ha dicho crisis!
-Se le ha escapado... ¡Ha sido sin querer!
-De eso nada: lo ha dicho a propósito...

Cuesta creerlo, pero al parecer es cierto: eso es lo que llaman actualidad política.

Hay algunos, sin embargo, que se toman el país en serio: les duele España. Por ejemplo, Félix de Azúa.

Tan en serio se lo toma que está convencido de que va a venir Bin Laden o sus tropas a quemarle. A él. A Azúa. Bin Laden.

"Deja abierto algún puente para que, cuando lleguen los hijos de Bin Laden a quemarnos (vivos o en efigie), los cuatro gatos que aún nos tomamos en serio a este país podamos salir arreando".


Este país no sé yo si se lo tomará Azúa muy en serio, pero a sí mismo desde luego que sí: hasta la solemnidad.

Qué solitario, qué heroico, qué trascendente debe de ser formar parte de esos cuatro gatos que aún tienen un severo sentido de la patria, de la lengua común, de la identidad nacional.

¡Oye, patria, la aflicción de Azúa!

Así las cosas, lo mejor es dedicarse a preparar una paella para Anusca:




Con delantal, sin bolsillos ni segundas intenciones, aunque luego pensemos: tanta inocencia, ¿no delata al culpable? Tanto ir sin bolsillos todo el santo día, ¿no nos convertirá a todos en sospechosos, igual que en las novelas de Agatha Christie?

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sábado 5 de julio de 2008

Cuestión de carácter

Cuando yo era niño, mi tío el Cabut me llevaba en su Vespa amarilla a un descampado lejano donde él jugaba al fútbol. Había una caseta con unas grandes cajas de cartón donde se amontonaban camisetas y pantalones. Las zapatillas las llevaba cada uno. El Cabut jugaba de portero y yo, detrás de la red, le guardaba las gafas y le daba ánimos.

-Estaría bien tener una casa con piscina -le decía, de vuelta al centro, cuando atravesábamos urbanizaciones en busca de un merendero para tomar cerveza en jarras.

-Ni hablar: es mejor tener amigos que tengan la casa con piscina. Tú disfrutas de la piscina, más que ellos incluso, pero son ellos los que hacen el trabajo sucio: limpiar la piscina, quitar las hojas del agua y todo lo demás. Lo que hay que ser, Rafita, es buen invitado. Hay que dar espectáculo. Que se lo pasen mejor contigo que por su cuenta, y así te invitan siempre.

He seguido su consejo (como todos los del Cabut) al pie de la letra y a veces consigo que Vanessa y Eduardo Vilas me inviten a su piscina.

El otro día me hicieron una foto como la que me hago casi todos los años: con agua hasta la cintura, bebiendo un whisky y con mi hija al lado, protegido de todos los peligros, feliz, a salvo hasta de mí mismo.



¿Qué queda de los niños cuando pasan los años y uno se hace mayor?

Todo, casi todo, nada se pierde.

A mí ya no me cabe ninguna duda de que la infancia nunca se termina, se prolonga durante toda la vida, permanece en el adulto, casi de incógnito: la infancia es el carácter.

Eso que se suele llamar el carácter, el buen carácter o el mal carácter, el mucho carácter que tiene Fulanito, no es más que el fósil de su propia infancia.

Como la carne sobre un esqueleto, el adulto va formándose sobre el hueso de la infancia. Por dentro de toda persona mayor está el niño testarudo, malhumorado, ventajista, alegre, generoso, cobarde, el que siempre piensa que se merece algo más, el que grita "¡yo no he sido!" en cuanto algo sale mal.

El carácter es una biografía, una foto en blanco y negro del niño que hemos sido, un recordatorio de la Primera Comunión.

"Fulanito tiene mucho carácter" sólo quiere decir en realidad: Fulanito se comporta a menudo como ese niño déspota que fue. Con tiranía infantil, con malhumor de niño contrariado, con el exhibicionismo del crío acostumbrado a que los mayores le rían todas las gracias, con la impaciencia, el egoísmo o la bondad espontánea de un niño.

Por eso decimos que el carácter es inevitable, que no lo hemos elegido y lo sufrimos. Fulanito es así, no lo puede evitar, es su carácter. Es su infancia, en realidad. Porque la infancia es la parte de la propia vida que uno no ha elegido, de la que no es responsable, lo que ha sufrido o disfrutado o a lo que se ha resignado.

Nuestro carácter es un delator: siempre cuenta un secreto de familia.

Cuando discutes sin razón, sólo por discutir, te veo cuando eras niña, como en un álbum de fotos; cada vez que te enfadas, veo a la niña que se asomaba el viernes a la puerta con el corazón en un puño, para ver si había venido su padre a buscarla o no. En tu entusiasmo repentino, en tu desolación ante una contrariedad minúscula, veo aparecer a la niña que miraba absorta, procuraba hacer buena letra y corría a más velocidad que los chicos. En cada contestación intempestiva, en cada risa imprevista, aparecen intactas tu cola de caballo, tu falda tableada, las uñas mordidas y esa goma de borrar Milán a la que a veces le dabas un mordisco: sabía parecido a la fresa, ¿verdad que sí?

Tú, ¿qué ves en mi carácter, como en un billete al trasluz? ¿Aquel niño que fui? ¿Lo has conocido ya? ¿Le has dado un beso o le has regañado? ¿Lo ves aparecer en cada enfado sin motivo, en cada cabezonería, en cada juego absorbente y solitario?

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