Dos nueces
Andaba leyendo por un lado libros de amigos, como Lección de anatomía, de Marta Sanz, y Niños de tiza, de David Torres; y por el otro canal se me cruzó el discurso de ingreso en la Academia de Javier Marías.
Habla el académico de la dificultad para contar las cosas como son, lo real: "Contar, narrar, relatar es imposible, sobre todo si se trata de hechos ciertos, de cosas en verdad acaecidas".
Bueno, leyendo a Marías uno siente la tentación de darle la razón: a él se nota que le cuesta mucho esfuerzo contar algo real.
A mí el libro de Marta y el de David me parece que hablan de lo real. Aquí están Chema, mi novia y Marta Sanz, en casa:

Y aquí los herbívoros, Isaac Rosa y su hija Olivia, con Chema:

Cómo contar lo real. Al final, hay que hablar de Wittgenstein. Un austriaco.
Wittgenstein cara A: sólo hay que hablar de lo que se pueda hablar con precisión (Tractatus). Wittgenstein cara B: de lo único que importa hablar es de lo que no podemos hablar con precisión (Investigaciones).
¿Cömo se cascan esas dos nueces, esos dos Wittgenstein, uno contra otro, en el puño?
Como a todos, me ha impresionado la historia del tipo este Fritzl, otro austriaco, el que encerró a su hija en un sótano, la embarazó, etc.
En Austria.
He pensado, claro está, en Freud. Austriaco.
En Boston, a mediados de los ochenta, leí un libro entonces muy famoso: The Assault on Truth (El asalto a la verdad), de Jeffrey Moussaieff Masson.
Como sabes, el Gran Salto Adelante de Freud fue la "teoría de la seducción", el momento en que decide que sus pacientes tienen fantasías. Una mujer le cuenta que de pequeña su padre le hacía cosas. Luego otra. Luego un hombre. Y otro. Hasta que llega un día en que Freud decide: no me lo creo, ya está bien, esto es una fantasía, es ella la que desea acostarse con su padre, etc.
La teoría de la seducción es, claro está, la pieza axial de la construcción freudiana, el trampolín desde el que salta hacia el inconsciente.
Bien, pues este Masson, que era director del Archivo Freud, resulta que descubre documentación que, según él, prueba que Freud prevaricó. Sabía de sobra que no eran fantasías. Tenía datos suficientes para concluir que el verdadero problema era la el abuso sexual de los hijos por parte de papá y mamá. Mucho más común de lo que Freud quería admitir. Una monstruosidad que no se atrevió a hacer pública: mejor barrer debajo de la alfombra. Eligió no creerlo y mirar para otro lado. Es una fantasía. Punto. Se lo inventan.
Eso dice Masson. Desde entonces a Masson lo expulsaron de la comunidad psicoanalítica.
A mí me convenció entonces y me sigue convenciendo ahora hasta cierto punto. Mi posición (¡cómo si a alguien le importara un pito lo que yo pienso!) es: creo que la teoría de la seducción es acertada. Hay fantasías de seducción. Sí. Creo, sin embargo, que también hay muchas seducciones de niños que realmente han sucedido en las familias (como el mismo Freud reconoció). ¿Prevaricó Freud? No lo creo, pero sí me parece evidente que eligió no pensar sobre la seducción real y dedicarse a la fantasía de la seducción.
Hay seducciones reales y fantasías.
Freud decidió apartar una mitad, una de las nueces,encerrarla en el sótano, y dedicarse sólo a cascar la otra.
¿Se puede cascar una sola nuez con la mano? ¿Se puede entender la fantasía de la seducción sin estudiar con la misma fuerza al tiempo la seducción, el abuso real?
Sigmund Freud. Austria. Abusos a menores. Y un sótano: el del inconsciente. Y otro sótano: el de la fantasía, en el que encerró Freud los abusos reales.
¿Nadie sabía nada? ¿Nadie sospechaba nada?
Me refiero a Fritzl, pero también a Kurt Waldhein, por ejemplo. Cuando se hizo público que había sido oficial nazi y se le acusó de crímenes de guerra, ¿dejaron acaso de apoyarle en Austria? No, fue presidente durante seis años, sin otra incomodidad que no poder viajar demasiado (le declararon persona non grata en casi todo el mundo, con la lógica excepción de Ciudad del Vaticano).
Waldhein. Austria. Otro sótano y un país que mira para otro lado, que no quiere que le obliguen a mirar.
¿No te dan ganas de volver a leer a Thomas Bernhard?
Bernhard prohibió que se representaran sus obras en Austria después de su muerte, así como la publicación allí de su obra inédita.
Leo también un folleto de Karl Marx que comienza así:
"El filósofo produce ideas, el poeta poemas, el cura sermones, el profesor compendios, etc. El delincuente produce delitos. Fijémonos un poco más de cerca en la conexión que existe entre esta última rama de producción y el conjunto de la sociedad y ello nos ayudará a sobreponernos a muchos prejuicios. El delincuente no produce solamente delitos: produce, además, el derecho penal y, con ello, al mismo tiempo, al profesor (...) El delincuente produce asimismo toda la policía y la administración de justicia penal (...) El delincuente produce una impresión, unas veces moral, otras veces trágica, según los casos, prestando con ello un "servicio" al movimiento de los sentimientos morales y estéticos del público (...) produce también arte, literatura, novelas e incluso tragedias (...) Podemos poner de relieve hasta en sus últimos detalles el modo como el delincuente influye en el desarrollo de la productividad"
Este breve y magnífico texto (te lo recomiendo) es de los años sesenta (1860) y se editó póstumamente como apéndice a la Teoría de las plusvalías.
Ahora lo ha reeditado en un magnífico libro la editorial Sequitur, con el título de Elogio del crimen, y acompañado de otros textos (algo de Durkheim, que está muy bien, pero nada de Althusser, el estrangulador, al que he echado de menos).
Se puede entender al criminal como excepción, como hecho aislado, sin conexión con el resto. También se puede entender el crimen, en lugar de como amenaza para la sociedad, como parte de la sociedad, como producto de las relaciones sociales.
Se puede pensar que el criminal es un psicópata, alguien que no comparte nuestra naturaleza, pero se puede pensar también el criminal es como nosotros, porque la maldad, la crueldad, la monstruosidad, también forman parte de nuestra naturaleza, de nuestras posibilidades.
Yo querría entender estos crímenes como parte de nuestro sistema social. Entender a la vez al criminal y las relaciones sociales de las que forma parte el criminal. Cascar las dos nueces a la vez.
No sé bien cómo hacerlo todavía.
Al fin y al cabo, Ludwig Wittgenstein y Adolf Hitler, otros dos autriacos, fueron compañeros de colegio. Como Villalonga y Aznar, pero en la Realschule de Linz, que nos viene siendo como el colegio del Pilar de Madrid.
¿Volvemos a leer ahora, juntos como dos nueces, el Tractatus y Mein Kampf?
Yo no sabía esa relación entre el filósofo y Hitler, me he enterado en The Jew of Linz, de Kimberley Cornish.
Que Hitler y Wittgenstein eran compañeros de cole es un hecho. No está probado que se conocieran y trataran tanto como asegura Cornish. También afirma Cornish que Wittgenstein fue el que reclutó a Burgess, Philby, Blunt y McLean. No sólo eso: dice que Wittgenstein le pasó el descifrado de Enigma a la Unión Soviética. Digamos: el que facilitó la posibilidad de vencer a Hitler fue su compañero de colegio.
Todo esto no me parece improbable.
En cuanto a su comparación entre la oratoria de Hitler y la filosofía del lenguaje de Wittgenstein, y su raíz común en el pensamiento hermético, pues no sé, qué quieres que te diga.
Tampoco está probado que Hitler y Kafka se conocieran, pero sí es verdad que frecuentaron los mismos cafés en Viena, cuando Hitler quería ser pintor. Y es verdad que en los Diarios de Kafka habla de un tal H., al que considera un loco fascinante y al que escucha absorto.
Partiendo de esta hipótesis escribió Piglia su Respiración artificial. Kafka no imaginó nada: sólo escuchó lo que le decía H., al que nadie más escuchaba.
Y le creyó.
Luego lo contó. Intento contar lo inefable.
Lo inefable: ahí es donde entra Wittgenstein, el compañero de colegio de Hitler. Uno era un aristócrata, heredero de una de las mayores fortunas del Imperio Austro-Húngaro, y un insoportable que exigía a sus compañeros de cole que le trataran de usted. El otro en cambio era hijo de un agente de aduanas que le azotaba.
En esta foto la identificación de Hitler es segura. La de Wittgenstein es casi segura también. Están en la Realschule de Linz:

Bueno, voy a parar, que menudo rollo te estoy soltando.
Prometo ser breve mañana.
Un sótano en Austria, titularía yo una novela que me gustaría hacer sobre Wittgenstein y Hitler.
Y pasaría en Madrid, por supuesto. ¿Por qué no? ¿No somos Austria también?
Lo malo es que, siendo como soy, igual me sale algo como Dos mujeres en Praga, de Millás, que también pasa en Madrid, y con armarios empotrados en lugar de sótanos, qué le vamos a hacer.
Esas son las dos nueces que me gustaría apretar en el puño de una novela: Wittgenstein y Hitler.
¿Cuál se cascaría antes? ¿Cuál lograría abrir contra la otra? ¿Tú que crees?
¿Se puede contar lo real, lo que de verdad ha pasado, lo que existe de verdad?
Etiquetas: Austria, Hitler, Isaac Rosa, Marta Sanz, Rafael Reig, Wittgenstein
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.









