Vil, literalmente vil

Formidable, ¿a que sí? Mi composición de lugar es ésta: una buena señora tiene una camioneta y, a la hora de bautizarla, ¿qué mejor que el nombre de su esposo y su hijo primogénito? Su Juan y su José, faltaría más. ¿Y cómo honrarlos? ¿Mis dos luceros? Menuda mariconada. ¿Mis dos soles? Quita, quita. ¿Mis dos machotes? No fastidies, todavía me sabe a poco. Mis dos cojones, ahí estamos.
Ahora bien, ¿sólo dos cojones entre su Juan y su José? ¿No deberían ser cuatro cojones en total?
¿O acaso la orgullosa transportista tiene un marido ciclán? Eso sumaría tres cojones en la familia, salvo que el chaval, su José (Pepito, en casa) también les haya salido ciclán. Y a mucha honra: en la familia, desde que hay memoria, todos han tenido un solo testículo.
En fin. Ya me he mudado. No soy yo un aventurero, ¿qué pasa?: vivía en el 74 de San Vicente Ferrer y me he mudado al 66 de la misma calle.
Podía haberse puesto mala, haber menstruado oportunamente, haber tenido a la niña con anginas... pero no, mi novia es estupenda: todo el fin de semana la pobre acarretando libros. Hicimos la mudanza con dos carritos de la compra.
Este es el lamentable aspecto que tiene toda la casa:

Hablando de libros, el sábado me leí el artículo de Jesús Marchamalo en el suplemento cultural de ABC. A mí los artículos de Marchamalo siempre me gustan. Tiene visión periférica, que es algo decisivo para un escritor: se fija en los detalles, no sólo en la escena principal. Mira hacia otro lado, cuando todos los demás nos concentramos en el protagonista. En lugar de ver lo que hay en primer plano, Marchamalo siempre pone atención a las figuras desenfocadas del fondo. Este artículo, sin embargo, me puso un poco de los nervios.
"El silencio de los grandes", se titula, y va del (manido) asunto de los escritores que rehuyen la presencia pública. Y salen, cómo no, todos estos tipos que se han hecho famosos por no salir en ningún sitio y de los que sin embargo se habla continuamente: Pynchon, Salinger, etc. Menudo rollo patatero. Entre ellos Philip Roth. Según dice Marchamalo, Roth "se precia de no haber aparecido jamás sonriendo en ninguna foto".
¿Se precia de eso? Pues menudo gilipollas, francamente. Ya son ganas de preciarse de imbecilidades. Philip, tronco, eres más tonto que hecho de encargo. Menuda pedrada tienes, amiguete. Te imagino: ves el objetivo de una cámara y, venga, a poner cara seria, no se vaya a estropear tu reputación y no puedas preciarte ya de la soplapollez de la que tanto te gusta preciarte.
Querido Jesús Marchamalo, ¿por qué no hablamos de escritores que no quieren ser famosos y, en efecto, no lo son? Porque la verdad, estos famosos a la fuerza no se los cree nadie.
¿Quién es Austin Wright, por ejemplo? ¿Está vivo o muerto? ¿Tiene una casa en Connecticut en la que rehuye a la prensa, como todo el mundo sabe que tiene Philip Roth?
Bueno, yo compré un libro de Wright por el titulo: First Persons. Me quedé sorprendido, impresionado, no podía creer que fuera tan bueno. La historia de un criminal contada por él mismo utilizando varias personas verbales. Luego leí Tony and Susan. Susan se ha divorciado de Tony y un día recibe el manuscrito de una novela que ha escrito Tony. Comienza a leer. Leemos la novela de Tony, una historia de terror en una carretera, con secuestros y violencia. Lee un capítulo y para. ¿Por qué le ha enviado eso Tony? ¿Es un mensaje? Se da cuenta de que, en realidad, la novela es la historia de su matrimonio, contada de otra forma. La novela sigue así, intercalando capítulo de novela de Tony y la interpretación de Susan. He leído más cosas de Wright, como After Gregory o The Morley Archives. Me parece uno de los más grandes exponentes de la novela intelectual, con ideas perturbadoras. Y no sé una palabra de él ni qué cara tiene.
Si conozco en cambio a Carlos Pujol. Cuando yo tenía veinte años, Antonio Orejudo me dio un libro: Jardín inglés. Nunca había leído nada igual. Era una visión de la guerra civil contada como si fuera la pimpinela escarlata y como si todo sucediera en una novela de Woodehouse, con Jeeves trayendo el té. Nunca había leído en español algo tan sugerente, tan irónico, con una inteligencia tan afilada y un humor tan elegante. ¿Es famoso? ¿Aparece cada dos por tres rehuyendo las entrevistas? ¿Se ha hecho famoso a base de detestar la fama? No, casi nadie sabe quién es, dónde vive o qué manías tiene, pero a mí me parece uno de los escritores españoles más originales y espectaculares que he leído. Si puedes hacerte con un ejemplar de Jardín inglés, me darás la razón.
Hace años le escribí una carta de fan a Carlos Pujol y tuvo la amabilidad de contestarme. Le envié una novela mía que se titula Sangre a borbotones. En la novela hay un tipo que traiciona sus principios y lo hace para salvar la vida de su hija. Hablé con don Carlos por teléfono:
-No está mal, me dijo, pero no me gusta lo de la hija. Hombre, Rafita, eso de que lo haga por la hija me ha decepcionado -me dijo Carlos-. ¡Si al menos lo hubiese hecho por dinero!
Tenía toda la razón del mundo. Recordé uno de mis poemas favoritos de Pessoa (o de Álvaro de Campos, el Poema en linha reta. A continuación mi (improvisada y conjetural) traducción, primero en portugués:
Nunca conheci quem tivesse levado porrada.
Todos os meus conhecidos têm sido campeões em tudo.
E eu, tantas vezes reles, tantas vezes porco, tantas vezes vil,
Eu tantas vezes irrespondivelmente parasita,
Indesculpavelmente sujo,
Eu, que tantas vezes não tenho tido paciência para tomar banho,
Eu, que tantas vezes tenho sido ridículo, absurdo,
Que tenho enrolado os pés publicamente nos tapetes das etiquetas,
Que tenho sido grotesco, mesquinho, submisso e arrogante,
Que tenho sofrido enxovalhos e calado,
Que quando não tenho calado, tenho sido mais ridículo ainda;
Eu, que tenho sido cômico às criadas de hotel,
Eu, que tenho sentido o piscar de olhos dos moços de fretes,
Eu, que tenho feito vergonhas financeiras, pedido emprestado sem pagar,
Eu, que, quando a hora do soco surgiu, me tenho agachado
Para fora da possibilidade do soco;
Eu, que tenho sofrido a angústia das pequenas coisas ridículas,
Eu verifico que não tenho par nisto tudo neste mundo.
Toda a gente que eu conheço e que fala comigo
Nunca teve um ato ridículo, nunca sofreu enxovalho,
Nunca foi senão príncipe - todos eles príncipes - na vida...
Quem me dera ouvir de alguém a voz humana
Que confessasse não um pecado, mas uma infâmia;
Que contasse, não uma violência, mas uma cobardia!
Não, são todos o Ideal, se os oiço e me falam.
Quem há neste largo mundo que me confesse que uma vez foi vil?
Ó príncipes, meus irmãos,
Arre, estou farto de semideuses!
Onde é que há gente no mundo?
Então sou só eu que é vil e errôneo nesta terra?
Poderão as mulheres não os terem amado,
Podem ter sido traídos - mas ridículos nunca!
E eu, que tenho sido ridículo sem ter sido traído,
Como posso eu falar com os meus superiores sem titubear?
Eu, que venho sido vil, literalmente vil,
Vil no sentido mesquinho e infame da vileza.
Que viene a decir, sobre poco más o menos:
POEMA EN LÍNEA RECTA
Nunca conocí a nadie que se hubiese llevado dos hostias.
Todos mis conocidos son campeones de todo.
Y yo, tantas veces ruin, tantas veces guarro, tantas veces vil.
Yo tantas veces incontestablemente parásito.
Inexcusablemente sucio,
Yo, que tantas veces no he tenido paciencia para bañarme,
Yo, que tantas veces he sido ridículo, absurdo,
Que he metido los pies en público bajo alfombras de lujo,
Que he sido grotesco, mezquino, sumiso y arrogante,
Que he sufrido humillaciones y he callado,
Que, cuando no he callado, he sido más ridículo aún.
Yo, que les he parecido cómico a las criadas de hotel,
Yo, que he visto cómo se guiñaban el ojo los botones al verme,
Yo, que he cometido vergüenzas financieras, he pedido prestado y no he pagado,
Yo, que cuando llegó la hora del golpe, me he agachado,
para ponerme fuera de su alcance;
Yo, que he sufrido la angustia de las pequeñas cosas ridículas,
Yo certifico que en esto no hay nadie semejante a mí en todo el mundo.
Entre toda la gente que conozco y que habla conmigo,
nadie hizo nunca el ridículo, nadie sufrió una humillación,
nunca han sido más que príncipes -todos ellos príncipes- en la vida.
¿Quién me dejará oír de una voz humana?
¿Quién confesará, no un pecado, sino una infamia?
¿Quién contara, no una violencia, sino una cobardía?
No, son todos el ideal, cuando los oígo y me hablan.
¿Quién hay en este mundo que me confiese que una vez fue vil,
oh, príncipes, mis hermanos?
¡Joder, estoy harto de semidioses!
¿Dónde hay gente en este mundo?
¿Acaso soy yo el único vil y erróneo sobre la tierra?
Las mujeres podrán no haberlos querido,
podrán haber sido traicionados, ¡pero ridículos nunca!
Y yo, que he sido ridículo sin haber sido traicionado,
¿cómo me atrevo a hablar ocn mis superiores sin titubear?
Yo, que he sido vil, literalmente vil,
vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.
Qué maravilla, ¿verdad?
Qué poema.
Aún me acuerdo, debía de ser en el 90, cuando Angelita Pérez me lo leyó por primera vez, en mi casa. Bueno, no lo leyó: lo recitó de memoria, en una versión que era incluso mejor que el original. (Hola, Ángela, ¿cómo estás? ¿En Bogotá, me han dicho? ¿Sigues tan guapa, con ese acento de Manizales tan enloquecedor?).
Cada vez que me toca las narices el "bueno, en el buen sentido de la palabra bueno", me respondo a mí mismo con "vil, literalmente vil".
¿No hay nadie que haya hecho el ridículo, de quien se hayan reído los camareros, que haya sido vil?
¿Tú has sido vil? ¿Literalmente vil?
Yo sí, pero no se lo digas a nadie.
Etiquetas: Carlos Pujol, Marchamalo, Pessoa, poesía, Rafael Reig
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.









