l Blog de Rafael Reig

Rafael Reig, escritor y profesor de literatura

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sábado 28 de junio de 2008

Precisión

Me ha escrito Orejudo y me ha enviado la nota que le dejó Claudio Rodríguez, así que debo precisar que Claudio jamás escribió nada sobre una servilleta, sino en una hoja de un extraño cuaderno que sin duda debió de aportar él, puesto que ni Orejudo ni yo hemos sido jamás portadores o propietarios de un cuaderno semejante, ni siquiera parecido (de eso estoy seguro: de cuadernos y libretas sí que sé).




Nos hemos venido mi novia y yo a Piles, donde no hacemos más que engordar y aumentar el recuento de transaminasas. Nos trajo en coche Nata, con su hija Jiménez, previa advertencia de que ella, en carretera, no paraba nunca, iba directo Madrid-Piles para luego poder presumir en los bares de que daba cuenta del trayecto en tres horas.

Menos mal que siempre se puede confiar en la diminuta vejiga de mi novia, un órgano delicado y de capacidad mínima, una piedra preciosa y puntual, tal vez iridiscente, que a la altura de Honrubia ya no podía más, y así pude yo tomarme un whisky.

En Piles me paso el día haciendo el tonto, vestido de jeque, yendo y viniendo, escribiendo a ratos perdidos, tomando copas y acostándome temprano, como si fuera Proust, como si tuviera yo que andar pendiente de una obra maetra u Obra Maestra, ja, ja, ja.




Me ha escrito Álvarez-Barthe y, entre otras cosas, así dice:

"No estaría de más que introdujeras en tu blog un caveat o disclaimer dirigido a tus futuros biógrafos para que manejaran con la mayor precaución las informaciones que sobre tus andanzas, y las de las personas con las que tratas, difundes. ¿Propensión a la ginebra Giró? ¿Yo? !Amos anda! A Gordons lo que es de Gordons, y si alguna vez he trasegado la primera sería porque no tenían de la segunda, que uno para esas cosas es muy anglófilo. Otro asunto sobre el que no puedo callar. Como no desconoces, aparte de los problemas de autoría, "A una mujer que se afeitaba y estaba hermosa" tiene una complicada historia crítica (bueno, no tan complicada, la propia de textos de esa edad y condición). Se conocen, en efecto, versiones de valor desigual. La que yo te recité on a gin-soaked afternoon in the late eighties no era, ni por el forro, la que reproduces en tu post. La que yo desgrané decía, por ejemplo: que aquel blanco y color de doña Elvira (y no: que ese blanco y carmín ...) Y también: Pero tras eso confesaros quiero (jamás: Pero también que confeséis yo quiero) Y, sobre todo, no terminaba:

Porque ese cielo azul que todos vemos
ni es cielo ni es azul; ¿y es menos grande,
por no ser realidad, tanta belleza?


sino:

Porque ese cielo azul que todos vemos
ni es cielo ni es azul. !Lástima grande
que no sea verdad tanta Belleza¡


La superioridad de esta última variante, convendrás conmigo, no necesita ser argumentada."

Estoy de acuerdo y, de hecho, ahora que lo dice Antonio, ésa es la variante que recuerdo.

Qué le vamos a hacer.

De jóvenes el Orejudo y yo queríamos escribir obras maestras, O Emes.

-¿Qué tal?
-Ya ves, tío, culminando una O Eme.

Era nuestra conversación habitual.

Estuvimos así una temporada, hasta que incorporamos también la U Eme, la Unidad Móvil.

La U Eme es esa cámara manual que te acompaña y te va filmando desde fuera, con lo cual no dejas de retransmitirte a ti mismo imágenes escogidas de tu propia actividad. En lugar de sentarte después de merendar y ponerte a escribir, te filmas a ti mismo escribiendo: héteme aquí, bajo el palio de la luz crepuscular, avanzando en una O Eme, inclinado sobre la Olivetti, etc.

La U Eme que te retransmite en directo para ti mismo, espectador único, es un suplicio. No puedes ni comprarte pantalones. Mientras te están tomando medidas para meterte los bajos, en el probador, la voz en off te va mostrando imágenes con un texto que te consuela de que nunca jamás los pantalones sean de tu talla: héteme aquí, un genio incomprendido al que nunca le quedan bien los pantalones, etc.

Hacer algo, una O Eme, por ejemplo, mientras te filma la U Eme, es agotador: tienes que andar con cuidado para no pisar un cable, hay que recordar que no se puede mirar a la cámara, hay que moverse despacio para no salirse de plano... En fin, se ve en la foto de contraportada de la mayoría de las novelas: el autor aparece envarado, rígido, con una incómoda conciencia de estar siendo filmado.

Vivir mirando a la cámara: eso, a ti ¿no te da mucha tristeza?

¿Cuándo te diste tú cuenta de que la O Eme y la U Eme eran la misma cosa? ¿Cuándo decidiste interrumpir la transmisión o dar la vuelta a la cámara, girarla en redondo sobre el trípode, para que así filme el mundo exterior en lugar de a ti mismo?

Una novela puede ser un aparato óptico, pero ¿sólo para contemplarse uno mismo? ¿Una O Eme usada como U Eme?

Debió de ser un día cualquiera, más bien por la tarde, bebiendo shots de Jameson en el Tara's Inn, en Port Jefferson, cuando descubrí mi agotamiento. No podía más, ya no me interesaba, ya no quería ver de reojo el puto piloto rojo de la cámara encendida filmando mi puta O Eme.

¿Se puede dar la vuelta a la cámara y que enfoque hacia los demás, en lugar de hacia ti?

Sucede entonces como con unos prismáticos: cuando los tienes mirando hacia ti mismo, del revés, lo ves todo más pequeño, más alejado, minúsculo, como si no tuviera importancia o como si no estuviera a tu alcance.

En cambio, si los pones en la posición correcta, si pones la U Eme y la O Eme mirando hacia fuera, la realidad aumenta de tamaño, gana importancia, adquiere detalles imprevistos y, al final, estás también dentro de ella: te haces real, sales en la foto, pero sin estar mirando a la cámara.

En fin.

Otra precisión: no estoy de acuerdo con las bobadas que ha dicho la ministra sobre el velo.

Mira esta foto:



Estoy con un profesor de universidad y con una traductora. ¿Tú la ves oprimida? ¿Discriminada? Yo no. He estado en muchas otras situaciones parecidas, con el profesor con su reglamentaria corbata y la traductora con el traje sastre de ordenanza: ¿no hay una opresión parecida, una discriminación semejante, una sumisión equivalente a la autoridad?

En fin.

Madrugo, cojo papel y lápiz y comienzo:

Longtemps, je me suis couché de bonne heure...

Luego lo tacho y escribo:

Durante una pausa en el proceso Melvinski, en el vasto edificio de la Audiencia...

Pero lo vuelvo a tachar...

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sábado 21 de junio de 2008

Miénteme

Tengo una gran cantidad de amigos diplomáticos, así que no me extraña que el servicio exterior español esté a la cuarta pregunta, ¿qué se puede esperar de unos tipos que se resignan a ser mis amigos?

Raro será que no estalle una guerra.

A Antonio Álvarez-Barthe, que ahora es Consejero de Cultura en la Embajada de Rabat, lo conocí hace ya veinte años, en Madrid. Lo que más le gustaba era la hipérbole irónica y erudita, las chicas con pantalones o faldas cortas de piel de leopardo y beber cualquier alcohol destilado, a condición de que se lo sirvieran sin hielo (si bien propendía a la ginebra Giró).

En aquellos tiempos en que padecíamos una keynesiana "preferencia de liquidez" fue Antonio el que me hizo conocer aquel soneto de uno de los hermanos Argensola (no está claro si Bartolomé o Lupercio Leonardo):

Yo os quiero confesar, don Juan, primero,
que ese blanco y carmín de doña Elvira
no tiene de ella más, si bien se mira,
que el haberle costado su dinero.

Pero también que confeséis yo quiero
que es tanta la beldad de su mentira,
que en vano a competir con ella aspira
belleza igual en rostro verdadero.

¿Qué, pues, que yo mucho perdido ande
por un engaño tal, ya que sabemos
que nos engaña igual Naturaleza?

Porque ese cielo azul que todos vemos
ni es cielo ni es azul; ¿y es menos grande,
por no ser realidad, tanta belleza?


Formidable, ¿verdad? Esta defensa del maquillaje, en el siglo XVI (o principios del XVII) me conmovió. Antonio escribió entonces un magnífico estudio (en una revista mexicana) sobre el soneto y el diálogo que ha mantenido con la idea de verdad y belleza la historia de la literatura. Borges, por ejemplo, le contestaba con el famoso artículo: "El cielo azul es cielo y es azul" y quizá en aquel poema que termina:

El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.


Tenue y eterno... qué felicidad, ¿no? Como diría Borges, en cada página hay una felicidad.

Los poetas siempre están contra el tiempo, es una insurreción contra la eternidad, a favor del instante; contra los valores, a favor de los bienes; contra la verdad, a favor de la belleza. Al final, es una insurrección contra la muerte, que es eterna y verdadera, y a favor de la vida, ese espejismo fugaz, tenue y quebradizo, que sólo el arte puede hacer que perdure. Por eso los tipos de Altamira pintaban bisontes con pigmentos inalterables y Antonio Machado hablaba de la "palabra en el tiempo", es decir, contra el tiempo.

Miénteme, dime que me quieres, ¿te acuerdas de Johnny Guitar? ¿Recuerdas aquel diálogo de Johnny con Vienna, la espectacular Joan Crawford, que repetíamos por los bares desoladores de tu barrio sin árboles en las aceras ni charcos ni ropa tendida en los patios de luces?

Johnny: ¿A cuántos hombres has olvidado?
Vienna: A tantos como mujeres tú recuerdas.
Johnny: ¡No te vayas!
Vienna: No me he movido.
Johnny: Dime algo agradable.
Vienna: Claro. ¿Qué quieres que te diga?
Johnny: Miénteme. Dime que me has esperado todos estos años. Dímelo.
Vienna: Te he esperado todos estos años.
Johnny: Dime que habrías muerto si yo no hubiese vuelto.
Vienna: Habría muerto si tú no hubieses vuelto.
Johnny: Dime que aún me quieres como yo te quiero.
Vienna: Aún te quiero como tú me quieres.
Johnny: Gracias (bebe un trago de whisky). Muchas gracias.


Muchos años después, mi amigo Claudio Chiaramonte me regaló en Nueva York un disco de una amiga suya, argentina, que cantaba el poema de Argensola con aire de tango, así que se puede decir que ese poema no me ha dejado nunca en paz, hasta hoy mismo.

Total, que me han traducido un libro al árabe y me fui a presentarlo. Se titula más o menos, en árabe, Muhakamat Addabía, o sea, juicios literios.

Llegué a Casablanca y me llevó un coche a la Embajada en Rabat. En Marruecos conducen como lo haría alguien a quien le acaban de diagnosticar una enfermedad mortal: con un alegre fanatismo y una impaciencia fatalista. Pasé algo de miedo, para qué mentir.

Antonio tenía guardía y esperamos en su despacho, hablando de chicas, claro, de qué vamos a hablar a nuestra edad.

Luego fuimos a su casa, donde estuve muy a gusto, con su biblioteca y su bodega a mi disposición. Comíamos en el jardín, con buen vino, y los libros al alcance de la mano, porque Antonio es de una precisión admirable.

-Eso es un poco como lo que decía Brecht -podía decir yo, por ejemplo.

Y Antonio se levantaba y traía a Brecht y, en treinta segundos, leía en voz alta, en alemán, la frase exacta.

Así que yo bebía el doble, mientras él iba y venía acarretando la historia de la cultura. Trajo el Corán, Nabokov, Rilke, los inevitables hermanos Argensola, Flaubert, Melville y hasta un ejemplar de Marta Harnecker que resultó ser el mío, que se lo habría dejado a Antonio en aquellos tiempos; me emocioné al ver mi nombre en la primera hoja y una fecha remotísima.

-Llévatelo.

-No, macho, quédatelo. No lo he echado de menos en un cuarto de siglo...

-¿Nunca has necesitado aclarar un concepto, qué sé yo, algo de la alienación?

-Sí, claro, pero me aguanto y me sirvo otra copa: el hombre es voluntad.

-Miénteme, dime que lo has echado de menos.

-He echado de menos los Conceptos elementales del materialismo histórico.

-Eso me tranquiliza.

Pasé unos días allí, yendo a cócteles de diplomáticos y cosas así. Di una conferencia en la Universidad de Rabat, la Mohamed V Agdal. Como en todo el mundo, en Filología predominan las chicas, aunque algo más variadas que en mi antigua Autónoma, hay que reconocerlo.

Tal que así:



Un día, con Alfredo Mateos, del Cervantes, compramos tres kilos de percebes (¡a cuatro euros!) y nos los comimos con jamón ibéricos (Antonio debe de llevarlo en valija diplomática) y unas cuantas botellas de single malt.

Antes pasamos por la medina porque nos hacía falta laurel y otras cosas,pero ¿cómo narices se dice laurel en árabe o francés? Ninguno de los tres nos acordábamos, así que pasamos la tarde intentando describir una hoja de laurel, que no es tarea fácil, y oliendo todas las hierbas que nos iban sacando y rechazándolas, hasta que apareció el laurel.

Nos dijeron cómo se decía en árabe, pero se me ha olvidado.

Aquí están en la medina de Rabat Antonio, a la izquierda; y Alfredo, a la derecha.




Las cinco de la mañana nos dieron. Bebimos como esponjas. Conversación de chicos: recuento de novias (entre los tres, llegaban a tres cifras), aventuras, ¿has tenido muchas experiencias de squirting? (dos manos levantadas), ¿cuándo has pasado vergüenza en la cama? (no menos que novias, entre los tres), y aquella vez que llaman a la puerta y...

También presentamos el libro en la la librería Kalila wa Dimma de Rabat.

Luego me fui a Casablanca.

Allí me recibió Larbi El Harti, de quien me hice amigo de forma instantánea. Qué simpatía y qué alegría transmite. Comimos al lado del mar, viendo las olas contra los acantilados y hablando de política. La cerveza Casablanca me gustó casi tanto como la Mahou; el Johnny Walker es invariable en cualquier latitud. Tomé salmonetes. Larbi me preguntó por Anusca: le habían hablado de ella. ¿Quién? Pues otros papás del cole que estuvieron por allí, Olvido y José Freixanes, que hizo una exposición espectacular en la catedral de Casablanca, en la que desplegó una enorme tela cosida con retales de ropa usada por inmigrantes de pateras. Lo efímero, la tela ligera, lo tenue (y eterno) contrapuesto a lo sólido, a la voluntad de permanencia de la enorme catedral.

No se puede ir a ningún sitio sin encontrarse con los fabulosos papás y mamás del Rufi, desde luego.

Por la tarde hicimos una presentación de nuestro libro mi traductora y yo.

Aquí estoy con Fatima Lehsini, mi traductora:



Me encantó Fatima, me pareció que podía haber tomate, ¿tú que crees? Yo no voy a decir nada, que luego mi novia se enfurruña. Que no se entere, ni una palabra, ya sabes.

Sólo diré que me hicieron unas entrevistas a las que respondí en mi cómico francés conjetural, vehemente y disparatado, luego tomamos unas copas con Larbi y nos fuimos a cenar al puerto, donde nos hicieron una lubina resplandeciente.

Aquí estoy en Casablanca, en un bar muy agradable donde, como se ve detrás de mí, la gente va a hacerse arrumacos y carantoñas a la puesta del sol:




Ayer volví cansado y contento.

-Miénteme, anda: dime que no has hecho ninguna travesuras con ninguna traductora, por ejemplo.

-No he hecho ninguna travesura.

-Dime que me has echado de menos.

-Te he echado de menos.

-Mira que eres tonto.

-Miénteme, dime que me quieres.

-Anda, ven, vamos a ponernos una copa.

-Vamos.

Y fuimos, como quien salta a bordo, aunque sea de la barca grande del Retiro, como en esta foto:

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