Precisión

Nos hemos venido mi novia y yo a Piles, donde no hacemos más que engordar y aumentar el recuento de transaminasas. Nos trajo en coche Nata, con su hija Jiménez, previa advertencia de que ella, en carretera, no paraba nunca, iba directo Madrid-Piles para luego poder presumir en los bares de que daba cuenta del trayecto en tres horas.
Menos mal que siempre se puede confiar en la diminuta vejiga de mi novia, un órgano delicado y de capacidad mínima, una piedra preciosa y puntual, tal vez iridiscente, que a la altura de Honrubia ya no podía más, y así pude yo tomarme un whisky.
En Piles me paso el día haciendo el tonto, vestido de jeque, yendo y viniendo, escribiendo a ratos perdidos, tomando copas y acostándome temprano, como si fuera Proust, como si tuviera yo que andar pendiente de una obra maetra u Obra Maestra, ja, ja, ja.

Me ha escrito Álvarez-Barthe y, entre otras cosas, así dice:
"No estaría de más que introdujeras en tu blog un caveat o disclaimer dirigido a tus futuros biógrafos para que manejaran con la mayor precaución las informaciones que sobre tus andanzas, y las de las personas con las que tratas, difundes. ¿Propensión a la ginebra Giró? ¿Yo? !Amos anda! A Gordons lo que es de Gordons, y si alguna vez he trasegado la primera sería porque no tenían de la segunda, que uno para esas cosas es muy anglófilo. Otro asunto sobre el que no puedo callar. Como no desconoces, aparte de los problemas de autoría, "A una mujer que se afeitaba y estaba hermosa" tiene una complicada historia crítica (bueno, no tan complicada, la propia de textos de esa edad y condición). Se conocen, en efecto, versiones de valor desigual. La que yo te recité on a gin-soaked afternoon in the late eighties no era, ni por el forro, la que reproduces en tu post. La que yo desgrané decía, por ejemplo: que aquel blanco y color de doña Elvira (y no: que ese blanco y carmín ...) Y también: Pero tras eso confesaros quiero (jamás: Pero también que confeséis yo quiero) Y, sobre todo, no terminaba:
Porque ese cielo azul que todos vemos
ni es cielo ni es azul; ¿y es menos grande,
por no ser realidad, tanta belleza?
sino:
Porque ese cielo azul que todos vemos
ni es cielo ni es azul. !Lástima grande
que no sea verdad tanta Belleza¡
La superioridad de esta última variante, convendrás conmigo, no necesita ser argumentada."
Estoy de acuerdo y, de hecho, ahora que lo dice Antonio, ésa es la variante que recuerdo.
Qué le vamos a hacer.
De jóvenes el Orejudo y yo queríamos escribir obras maestras, O Emes.
-¿Qué tal?
-Ya ves, tío, culminando una O Eme.
Era nuestra conversación habitual.
Estuvimos así una temporada, hasta que incorporamos también la U Eme, la Unidad Móvil.
La U Eme es esa cámara manual que te acompaña y te va filmando desde fuera, con lo cual no dejas de retransmitirte a ti mismo imágenes escogidas de tu propia actividad. En lugar de sentarte después de merendar y ponerte a escribir, te filmas a ti mismo escribiendo: héteme aquí, bajo el palio de la luz crepuscular, avanzando en una O Eme, inclinado sobre la Olivetti, etc.
La U Eme que te retransmite en directo para ti mismo, espectador único, es un suplicio. No puedes ni comprarte pantalones. Mientras te están tomando medidas para meterte los bajos, en el probador, la voz en off te va mostrando imágenes con un texto que te consuela de que nunca jamás los pantalones sean de tu talla: héteme aquí, un genio incomprendido al que nunca le quedan bien los pantalones, etc.
Hacer algo, una O Eme, por ejemplo, mientras te filma la U Eme, es agotador: tienes que andar con cuidado para no pisar un cable, hay que recordar que no se puede mirar a la cámara, hay que moverse despacio para no salirse de plano... En fin, se ve en la foto de contraportada de la mayoría de las novelas: el autor aparece envarado, rígido, con una incómoda conciencia de estar siendo filmado.
Vivir mirando a la cámara: eso, a ti ¿no te da mucha tristeza?
¿Cuándo te diste tú cuenta de que la O Eme y la U Eme eran la misma cosa? ¿Cuándo decidiste interrumpir la transmisión o dar la vuelta a la cámara, girarla en redondo sobre el trípode, para que así filme el mundo exterior en lugar de a ti mismo?
Una novela puede ser un aparato óptico, pero ¿sólo para contemplarse uno mismo? ¿Una O Eme usada como U Eme?
Debió de ser un día cualquiera, más bien por la tarde, bebiendo shots de Jameson en el Tara's Inn, en Port Jefferson, cuando descubrí mi agotamiento. No podía más, ya no me interesaba, ya no quería ver de reojo el puto piloto rojo de la cámara encendida filmando mi puta O Eme.
¿Se puede dar la vuelta a la cámara y que enfoque hacia los demás, en lugar de hacia ti?
Sucede entonces como con unos prismáticos: cuando los tienes mirando hacia ti mismo, del revés, lo ves todo más pequeño, más alejado, minúsculo, como si no tuviera importancia o como si no estuviera a tu alcance.
En cambio, si los pones en la posición correcta, si pones la U Eme y la O Eme mirando hacia fuera, la realidad aumenta de tamaño, gana importancia, adquiere detalles imprevistos y, al final, estás también dentro de ella: te haces real, sales en la foto, pero sin estar mirando a la cámara.
En fin.
Otra precisión: no estoy de acuerdo con las bobadas que ha dicho la ministra sobre el velo.
Mira esta foto:

Estoy con un profesor de universidad y con una traductora. ¿Tú la ves oprimida? ¿Discriminada? Yo no. He estado en muchas otras situaciones parecidas, con el profesor con su reglamentaria corbata y la traductora con el traje sastre de ordenanza: ¿no hay una opresión parecida, una discriminación semejante, una sumisión equivalente a la autoridad?
En fin.
Madrugo, cojo papel y lápiz y comienzo:
Longtemps, je me suis couché de bonne heure...
Luego lo tacho y escribo:
Durante una pausa en el proceso Melvinski, en el vasto edificio de la Audiencia...
Pero lo vuelvo a tachar...
Etiquetas: Antonio Orejudo, Antonio Álvarez-Barthe, Marruecos, Piles, teoría literaria
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.



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