Fósforos de seguridad
Mi chica está en un pueblo, no sé dónde; con el móvil apagado, no sé por qué; sin dar señales de vida, no sé si con mala conciencia.
¿Que si la echo también de menos?
Sí, pero ni se te ocurra decírselo, no sea que nos pongamos luego a sentir sentimientos, a besarnos besos y a pensar pensamientos impuros e intempestivos.
Mañana me voy a Edimburgo, nunca he estado allí y, si Dios lo consiente, intentaré no volver jamás: no dejan ya ni fumar al parecer. Ya no tengo edad para pasar las tardes en una guardería. Vuelvo en un par de días, por suerte. Y volveré recitando a Quevedo:
Volver quiero a vivir a trochimoche,
y ninguno me apruebe ni me tache
el volver de privado a moharrache,
si no lo ha sido todo en una noche.
O sea, que nadie censure lo que significa pasar de importante persona (privado) a mamarracho (moharrache), a menos que lo haya sido todo en una noche.
¿Tú has sido todo en una noche? Yo he sido todo, yo he sido todos en una sola noche. Tal vez he sido también tú. Como decía aquel verso de Ovidio que una vez, con una novia de entonces (hola, Almudena, encanto), escribí a boli en la pared de un bar (La Alegría de Lista, se llamaba, ¿te acuerdas? T'en souviens-tu, ma douce?):
Nos duo turba sumus
Como quien dice: tú y yo, cariño, somos una multitud.
Me sigue pasando con mi chica: los dos juntos somos una multitud. Quizá una infame turba.
Mi amigo Tito me da noticia de un website donde, si envías una foto, te la transforman en una viñeta de los Simpson. Simpsonize yourself, se llama el invento. Es este sitio.
Gracias, Tito. Él mandó una foto mía y le devolvieron esto:

Total, como estoy solo, intento con todas mis fuerzas portarme mal y mear fuera de tiesto. Bebo, urdo travesuras, comploto, miro pornografía en internet.
El otro día, por cierto, se peguntaba Edu Vilas dónde está el alma. ¡El alma! ¡Coño, el alma! Decía: el rastro de lo que eres, la sombra del alma, sólo permanece en el historial de páginas visitadas en internet. Luego se corrigió: mejor, dijo, en la papelera de reciclaje, en las huellas que has querido borrar, en lo que preferirías no ser: ahí está tu alma.
Lo intento, pero no es tan fácil portarse mal. Voy a bares, ya no dudosos, sino indudables; sonrío a desconocidas que parecen fenómenos meteorológicos, con riesgo de precipitaciones, nubes de evolución nocturna y una sensación térmica muy por encima de la temperatura real; busco por todo Madrid a las mujeres fáciles en una edad difícil...
Ni modo.
Qué desesperación.
A ver si va a ser verdad lo que le digo a mi chica de mentira, sólo por si cuela. Que yo soy como aquel personaje de una novela que decía:
--Yo soy igual que los fósforos de seguridad, cariño: sólo enciendo en mi caja.
¿A ti te pasa? ¿Tú enciendes sólo en tu caja o te vale cualquier superficie?
Etiquetas: bares de Madrid, Eduardo Vilas, mi chica, poesía, Rafael Reig, Tito
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.









