l Blog de Rafael Reig

Rafael Reig, escritor y profesor de literatura

Tfno.
917 025 016

Estás en Home » Blogs » Blog de Rafael Reig

jueves 20 de diciembre de 2007

Karate Kid

Con este frío (y sin él, para qué mentir) hay días que le llevo a Anusca el desayuno a la cama. Se toma el colacao y hablamos de nuestras cosas.




Ahora los niños cantan una canción muy emotiva en homenaje al legendario "mensajero de ilusión":

Santa Claus, Santa Claus, pobre desgraciao,
me has traído los juguetes del años pasao, ¡hey!:
un balón pinchao,
un chicle mascao
y los calzoncillos del Athleti de Bilbao... ¡hey!

Así crecen luego, claro, y se hacen estudiantes como éstos:




Esto es en Zamora. En la Biblioteca Pública tuvieron la amabilidad de invitarme a hablar con los estudiantes. La mayoría de los adultos aseguran que hoy en día los estudiantes son poco menos que unos zánganos analfabetos, lobotomizados por las videoconsolas, sin intereses ni lecturas, auténticas acémilas echadas a perder.

Yo, que voy de vez en cuando a colegios e institutos, tengo la sensación contraria. Hace poco un chico de unos quince que había leído una novela mía levantó la mano y preguntó:

"Oiga, me llama la atención que la primera frase de su novela sea: "Para poner fin". ¿Qué ha querido hacer, un juego o algo, empezar poniendo fin?"

Le contesté la verdad:

"Pues mira, tío, me salió de casualidad y, hasta ahora, ni me había dado cuenta. Tal y como tú lo lees, queda estupendo y como si fuera intencionado. La verdad es que yo ni me había fijado. Conclusión: tú lees mucho mejor de lo que yo escribo".

Siempre me pasan cosas así, me hacen preguntas agudas y me suelen dejar pensando durante mucho rato.

Zamora es muy bonito, supongo. Me pasé la mañana leyendo tumbado en la cama, aunque de vez en cuando me asomaba al balcón a ver una iglesia.

"¿Te has dado un paseo?" me preguntaba Asun.
"Claro, claro. Un largo paseo. Precioso, la verdad, precioso".

Luego vino la charla con los estudiantes, me divertí mucho. Las chicas estaban todas estupendas, insolentes, pizpiretas, parpadeantes y, en resumidas cuentas, ereccionales. Se conoce que es la alimentación o algo. Como una de ellas me hubiera guiñado un ojo, mi vida entera habría descarrilado, lo sé: sin pensármelo dos veces, me dejaría corromper por una menor de edad, dignidad y gobierno, con su mochila de colores, su piercing, su dependencia del móvil y sus uñas mordidas. Le escribiría un SMS obsceno y disparatado, la esperaría a la salida de clase y nos iríamos a un hotel para echarnos a rodar cuesta abajo, por la máxima pendiente de sus muslos, como quien tira una piedra a un pozo en el que no se ve el fondo.

Esto creo yo que es lo que les pasa a la mayoría de los adultos. Son tan atractivas, tan resplandecientes, que no hay más remedio que protegerse.

Por eso decimos que las jóvenes de hoy en día son acémilas echadas a perder.

Sí, sí, acémilas.

¡Ja!

Ellas también aprenden a protegerse de viejos verdes como yo, claro. Mi hija, por ejemplo, está aprendiendo kárate para el día de mañana, no sea que vaya a su instituto un día algún escritor con bigote y la mire con el corazón en vilo y la cabeza repleta incendios forestales.



Una patada por lo menos se lleva, el viejo verde.

Por la tarde me dijeron en la estación que el tren tenía dos horas y media de retraso. Me dirigí al bar (¡no iba a ir a la iglesia!) y... ¿a quién dirías que me encontré?

A Jesús Ferrero, exacto.

Cinco whiskies hasta que abordamos el Talgo y, una vez en el vagón, usamos el popular "billete de barra", sin tocar el asiento, acodados en el bar hasta Madrid.

Bajamos del tren a gatas, claro.

Esa noche soñé actos y pensamientos impuros y multitudinarios con estudiantes suspendidas.

Me desperté con sabor a ceniza en el cielo del paladar y arbustos quemados en la retina.

Etiquetas: , , , ,

© 2006 Hotel Kafka. C. Hortaleza 104, MadridTfno. 917 025 016Sala de PrensaMapa del SiteAviso Legalinfo@hotelkafka.com