l Blog de Rafael Reig

Rafael Reig, escritor y profesor de literatura

Tfno.
917 025 016

Estás en Home » Blogs » Blog de Rafael Reig

sábado 8 de marzo de 2008

Desaparecidos

Mira estas fotos y dime qué parecen:


Mira estas fotos:



¿A que dan lástima?

¿A que parecen desaparecidos?

Dos jóvenes desaparecidos en alguna dictadura del Cono Sur. Era alegres, llenos de ilusión, luchaban por un mundo mejor. Víctimas de una ominosa Operación Cóndor.

¿Qué fue de ellos?

Sus madres todavía se reúnen cada sábado en una plaza, con pancartas con sus fotos: mantienen vivo su recuerdo.

No tienen sepultura, no sabemos cómo desaparecieron. ¿Sufrieron torturas? ¿Los arrojaron al océano desde un avión militar? ¿Les vendaron los ojos y los fusilaron?

Nunca los sabremos. Sólo sabemos que desaparecieron. Estaban tan llenos de vida, con sus ponchos, sus guitarras, sus canciones...

Sólo sabemos que les robaron un futuro: podrían haber sido cualquier cosa, lo que se propusieran, desde cantantes a actores de cine, incluso apoderados del Banco Hipotecario.

No, no pasa nada. Como en la canción: no estaban muertos... ¡estaban tomando cañas!

Los desaparecidos aparecieron: aquí tengo la prueba, aquí estoy yo con los dos, Edu Becerra y Chavi Azpeitia.




O, viendo las fotos, tal vez sí: son desaparecidos. Han sido sustituidos por otros. Por dos impostores que han ocupado el lugar de aquellos dos muchachos. Dos tipos de mediana edad, con ojeras, grandes sonrisas y propensión a acatarrarse,dos infiltrados que han remplazado a los dos que jugaban al fútbol en la Autónoma.

Podían haber sido cualquier cosa, lo que hubieran querido, ¡y han acabado así!

Total, que nos pasamos la tarde cantando canciones, con Chavi a la guitarra.

Como diría Auden (de quien ya estamos un poco hasta las narices en este blog, ¿verdad?):

Is gone like Imperial Rome
Or myself at seventeen.


Como si dijera:

Ha desaparecido como el Imperio romano
o el que yo era a los diecisiete.


¿Qué queda del Imperio romano o de mí a los diecisiete? Ruinas embellecidas por la nostalgia, calzadas, columnas, murallas entre cuyas piedras crecen flores silvestres, murales, estatuas con los brazos arrancados, fotos. libros de Herman Hesse subrayados a lápiz, casetes de Paco Ibáñez, inscripciones, estelas funerarias, cartas escritas a mano y los documentos históricos, las crónicas, la vida de los césares, el recuerdo interesado, con omisiones evidentes y deliberadas, esa versión escrita por los vencedores.

Pero ¿quién de todos los que fui a los diecisiete ha sido el vencedor? ¿Quiénes los derrotados?

Ahora que estoy mayor, así de mayor:





Ahora que estoy mayor, decía, pienso que mi juventud, vista desde aquí, es en realidad una de romanos, una superproducción de Hollywood, como Ben-Hur, con sus anfiteatros de cartón, sus legionarios con reloj de pulsera y esas antiguas novias con sandalias y el Cruzado Mágico de Playtex por debajo de la túnica.

Hablando de desaparecidos: ya he vuelto.

He estado perdido un tiempo, acabando el borrador completo de mi novela de espías, cojeando y cocinando paella, pero ya he vuelto, todo está en orden y volveré a ser puntual.

Etiquetas: , , , ,

sábado 15 de diciembre de 2007

Re: qué vida más triste (vol. II)

"Cómo me vendrás, criatura", me advertía mi novia, sin recriminaciones, casi enternecida.

Tras muchos mails, idas y venidas, vueltas y revueltas, citas y cancelaciones, el jueves por fin conseguimos quedar otra vez los del Quinto Vino para celebrar un Re: qué vida más triste.



Aquí estamos, en el momento exacto del primer sorbo de whisky en copa balón, Eduardo, yo, Chema, Gerardo y Chavi.

¿Que si hablamos de folleteos y ortos, como de costumbre? ¿De las madres con botas de cuero que van a llevar a los niños al cole en un monovolumen? ¿De las estudiantes cuya temperatura corporal hace que se te empañen las gafas?

Ni hablar: hablamos del amor. El verdadero amor. Toma del frasco.


El tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.


Pues sí, el amor. Del que hablaba Jaime Gil de Biedma.

Dime que no te conmueve; dime que no te da risa y escalofríos, anda; míranos y dime que no te da ganas de salir sin hacer ruido y dejarnos solos: míranos, esos cinco cuarentones, todos calvos, todos con barrigas formidables, padres de familia, con pantalones a los que les han tenido que meter los bajos, con llamadas pendientes y recuerdos multitudinarios, míranos hablando del amor, el verdadero amor, como chiquillos: ¡a nuestra edad! ¡Con nuestros cuerpos!

Dime que no te conmueve.

Chavi siempre se remonta a Gorgias (la Defensa de Helena) o a Salustio. Como concesión a la modernidad, habla como mucho de Juan de Mena:

...si amor es ficto, vanílocuo, pigro.


Claro, Chavi, claro. Así se entiende todo.

También yo andaba estos días enredado con Juan de Mena.

Hallábame esotro día en mis (no demasiado ricos) aposentos, tan a mi sabor, leyendo el Laberinto de Fortuna, cuando me encontré de nuevo con doña María Coronel. En realidad, iba buscándola, pues desde que leí el libro por primera vez (en 1982), no la había olvidado.

Dice El Brocense que a doña María "estando el marido ausente vínole tan grande tentación de la carne que determinó de morir por guardar la lealtad matrimonial, y metióse un tizón ardiendo por su natura, de que vino a morir".

Asombroso, ¿verdad?

Y Mena la recuerda en verso:

la muy casta dueña de manos crueles,
digna corona de los Coroneles,
que quiso con fuego vencer sus fogueras.


¡Qué disparate! ¿Qué se le habría pasado por la cabeza a la buena señora? ¿Suicidio para no caer en la tentación, como dice El Brocense? ¡Pero qué disparate de suicidio, ¿no?!¿Homeopatía? Se dijo: "Estoy que me follo encima. Tengo la mi natura que me arde. Estoy caliente como un tizón... ¿He dicho tizón? ¡Ya lo tengo! Fuego en la hoguera: me meto un tizón por la natura y seguro que me alivia..."

De esto hablamos, vino va, vino viene; whisky arriba, whisky abajo.

Yo, para decirlo como Keynes
(ya que soy pobre pero ilustrado),
siempre he padecido
de preferencia de liquidez.


A mí me pasa igual que a mi maestro, Juan García Hortelano (es un poema de La incomprensión del comercio): adolezco de esa tenaz, de esa impaciente y acusada preferencia de liquidez.

"Ficto, vanílocuo, pigro; lo que yo te diga", insistía Chavi.

Como quien dice: ficticio, de vanas palabras, perezoso.

Es el amor una historia que nos contamos, una ficción deliberada, nos amamos como los niños que cantan en la oscuridad para quitarse el miedo; son palabras vacías, pero hermosas; y es incompatible con la vida diaria, con llegar a tiempo al trabajo y recordar que hay que comprar pan Bimbo. Es un lujo.

Mira que eres ficta, amor, dan ganas de decirlo como Chavi. Mi amor, mi ficta, mi vanílocua, mi pigra.

Al final, creo que llegamos a la misma conclusión que el gran Juan García Hortelano:

ya que el amor
duradero es el que se hace
fuera del lugar donde se duerme.


Follemos en el baño, mi ficta, a ver si así nos dura, en la cocina de pie, en el rellano de la escalera.



Así nos quedamos todos, pensativos, enamorados, a nuestra edad, con nuestros cuerpos, con nuestros horarios laborales, con nuestra exagerada preferencia de liquidez.

Etiquetas: , , , , ,

© 2006 Hotel Kafka. C. Hortaleza 104, MadridTfno. 917 025 016Sala de PrensaMapa del SiteAviso Legalinfo@hotelkafka.com