Corazones insurrectos
Luego nos fuimos a casa de Vanessa y Edu Vilas. Comimos pollo y la tortilla manufacturada por mi chica a gran altura, sobre los tejados de Madrid, y anchoas. Bebimos. La tortilla estaba buena. Seguimos bebiendo.
Edu y Vanessa tienen dos perros: Colette y Tosco. A Tosco, porque es casi ciego, yo le llamo siempre Borges.
--Borges me está lamiendo las piernas --anuncié.
--Un buen comienzo de novela --propuso Eduardo--: "Borges me lamía las rodillas mientras yo leía El juguete rabioso".
Mi corazón, me di cuenta de inmediato, es como un animal doméstico: caprichoso, reclama atención constante, no soporta que le dejen solo.
¿Tu corazón también es así? ¿O se comporta con más independencia, como un gato? ¿Se sube a los tejados por la noche? ¿Viene tu corazón cuando le llamas? ¿Te está esperando cuando vuelves a casa de madrugada? ¿Te obedece?
Mi corazón está domesticado, si le dejara solo, en la naturaleza, en medio de la ciudad, no sabría defenderse ni encontrar alimento. Mi corazón no sobreviviría entre desconocidos: ya no tiene instinto, pero aún no sabe hablar.
¿Tienes tú un corazón silvestre, un corazón capaz de salir adelante por sí mismo? ¿Tienes tú un corazón insurrecto, incapaz de aprender a comportarse? ¿Un corazón que ladra y araña la puerta cuando se queda solo?
Aquí hay un vídeo breve en el que aparezco, ¡cómo no!, haciendo el payaso. El que lo grabó tampoco debía de andar muy derecho, a juzgar por sus notorias dificulades para enderezar la cámara.
Etiquetas: animales, Eduardo Vilas, mi chica, Rafael Reig, Roberto Arlt
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.









