Pide un deseo
--Pide un deseo...
Así se desencadena siempre la tragedia.
No sé si fue Eduardo Vilas o Chavi Azpeitia el que me lo hizo notar, la noche del martes, en la Taberna de Santi, con unos tercios de Mahou.
Pepi, la camarera, estaba guapísima.
Este es Eduardo Vilas, en su Hotel Kafka:

Y aquí está Chavi Azpeitia:
De izquierda a derecha, el primero es Chavi Azpeitia. Luego está Juan Cerezo, su editor, que le abraza. Luego yo, de pie, abrazando a Juan Cerezo (un poco) y a la agente de Chavi, Laure Merle D'Auvigné (con bastantes más ganas, no se lo digas a mi chica, por favor). Luego el gran Fernando Marías y, sin hacernos el más mínimo caso, Flora y Carmen.
Estábamos celebrando un acontecimiento, la aparición de Nadie me mata, la última novela de Chavi y la mejor. Sin duda. En la foto falta el que la hacía: Eduardo Becerra, mi amigo de toda la vida.
Sobre Nadie me mata escribí un artículito. Creo que es una novela de las grandes, de las que provocan eco después de acabar de leerlas.
Te la recomiendo.

Bueno, el caso es que el martes, después de unas cervezas, Chavi y Edu Vilas se pusieron a hablar de historias tradicionales. Son así. Yo le miraba los bustos a Pepi, y ellos dale que te pego. Leen a Tucidides para entretenerse: son enfermos. Un genio te concede un deseo y patatín patatán. Se cumple el deseo y... se desencadena la tragedia. Siempre.
La tragedia está garantizada cuando un deseo se cumple. ¿Por qué? ¿Por qué la infelicidad siempre viene de los deseos cumplidos? ¿Lo sabes tú?
De hecho, si el genio concede tres deseos, el segundo se utiliza para borrar los efectos del primero, y así sucesivamente.
La literatura surge de mirar el lado oscuro, sórdido y brillante, la cara oculta que sigue al cumplimiento de un deseo. Algo así decía James M. Cain. Decía que todas sus novelas tratan de lo mismo: alguien que cumple un deseo y entonces, siempre, de forma inevitable, sobreviene la tragedia.
--"Pide un deseo", no es mal título, ¿no? --propuse.
--Cursi. Parece de Susanna Tamaro.
--Flojo. Parece de Lucía Etxevarría.
--Perdón, no he dicho nada, coño. Anda, Pepi, cariño, ponme otra.
Ven, amor, acerca la cabeza, pide un deseo...
Etiquetas: camareras, deseos, Eduardo Vilas, James M. Cain, Javier Azpeitia, Rafael Reig, teoría literaria
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.











