Asomarse al interior
Las cañas en los bares no tienen exterior.
Este verano he optado por irme dentro, a la barra, donde hay aire acondicionado, te ponen pinchos contundentes y a la plancha, y a nadie se le ocurre interpretar habaneras con un acordeón.
El otro día íbamos Edu Vilas y yo a tomar una cerve cuando nos encontramos por la calle a Sofía.
Como guapa, estaba guapa.
Otrosí: iba con dos amigas y, por supuesto, las invitamos a tomar algo en menos tiempo del que se tarda en revolver un colacao.
¿Tú no habrías hecho lo mismo?
A mi chica, ni una palabra. Ella cree que me capturaron para una reunión en la que debatimos en profundidad un conjunto de intrincados problemas.
Nos metimos de cabeza en el interior de un bar.
En la foto está Sofía. Luego yo, poniendo cara de tonto, como de costumbre. Eduardo. Paula, chilena, abogada, que está de paso por Madrid. Su amiga Rosalía, también abogada, y... ¡motorista!
Rosalía me regañó por apoyar el casco boca abajo sobre la mesa.
--Se nota que no tienes moto. ¡Mi pobre casco boca abajo!
Total, que rescató su casco y le buscó mejor acomodo, entre sus muslos.
Parecía como si estuviera abrigándose las piernas con los faldones de una mesa camilla.
A mí me puede gustar una chica por las razones más disparatadas o sin ninguna razón: me sobran los motivos. Basta con que pilote una Vespa, a veces. O que tenga mirada atónita y un poco traviesa. O que se haya abrochado la camisa coja. A menudo me conmueven las clavículas o que sople hacia arriba para apartarse el flequilo de los ojos.
Siempre estoy dispuesto a dejarme convencer, ¿qué pasa?
Así que la imaginaba en su Vespa, con el casco rojo, atravesando mi barrio y mi vida en zig-zag, como un relámpago o un mal pensamiento, y me sentía feliz y acalorado: a salvo del cambio climático, protegido por un aumento constante de la temperatura corporal.
Luego le conté a mi chica que la discusión se había prolongado.
--Es que estamos rodeados de socialdemócratas, cariño. Es lo que dice Manolo Rico: ¡condenados socialdemócratas! Ha sido muy complicado...
--Ya. Sí. Claro. Socialdemócratas, ¿no? ¿Ahora las llamáis así, a las pilinguis?
(Sólo por decir "pilinguis" se me volcó el corazón de alegría y me salpicó por todas partes. ¿A que oír esa palabra enternece?)
--Malditos socialdemócratas. Ni te imaginas, amor, qué pesadilla. Menuda Weltanschauung que tienen, qué tíos, qué mentecatos...
--Anda, Rafita, que cómo me vienes...
--"La ideología no tiene exterior", mi vida, ya sabes.
--Ven, tonto, ven aquí.
Cuando empiezo con Althusser, mi chica ya sabe que lo mejor es hacerme callar cueste lo que cueste. Es como una contraseña secreta.
En fin.
Por cierto, me reclama Marina una foto "en bañador y haciendo musculitos". Qué peticiones del oyente tan extravagantes. Pero bueno, por complacerla a usted, aquí estoy tal y como me pide, para asombro del hijo de unos amigos.
El chico puede que se haya traumatizado: un tipo como yo haciendo abdominales es una visión atroz, no por cómica menos abominable.
Etiquetas: bares de Madrid, desnudos, Eduardo Vilas, mi chica, política, Rafael Reig
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.









