l Blog de Rafael Reig

Rafael Reig, escritor y profesor de literatura

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miércoles 27 de junio de 2007

No lo digas en voz alta

Mi hija Anusca ya se ha ido al campamento. La echo mucho de menos.



Cuando por fin arranca el autobús, todos los padres salimos cantando y bailando por la calle José Abascal, muertos de risa.

Debería haber aprovechado para trabajar, pero ¿qué hice? ¿te lo imaginas?

Correcto: me fui a tomar una caña.

Me gusta El Mirador de Bayona porque ponen la cerveza en taza. Está helada, muy rica, siempre dan ganas de pedir otra.



Luego me fui a comer con los amigos fumadores, previo paso por el estanco del amigo Jesús Llano, en Cardenal Cisneros, para aprovisionarnos.



Álvaro Muñoz, yo, Javier Blanco y David Torres.

¿Te has fijado en la bonita lámina de Manolete?

Acababa de recibir una información sobre el Edinburgh Book Festival. Advierte, en negrita, para que sea bien visible: "We have some smoking rooms available, but there is very limited availability for these".

O sea, que tienen habitaciones en las que no está prohibido fumar (me niego a decir majaderías como "habitación de fumadores", como si las habitaciones fueran distintas), pero que tienen muy poquitas.

¿Por qué narices no tienen más? Pues por la sencilla razón de que está prohibido tener más habitaciones en las que no se prohíba fumar, igual que en España. Igual que está prohibido poner una sala de fumadores en un centro de trabajo. ¿Por qué? Si un adulto quiere fumar, ¿por qué no puede hacerlo en un lugar donde no moleste a nadie? ¿Porque no le da la gana a la ministra déspota Salgado o a los cagatintas de la Unión Europea? Vamos anda...

A veces le he dicho a alguien:

--Oiga, ahí no se puede aparcar.
--¡Sólo es un momentito, hombre! --me suele responder indignado, casi a punto de golpearme.

Que los conductores se salten la ley está bien visto en España.

Creo que los fumadores deberíamos hacer lo mismo. Fumar donde nos dé la gana, como aparcan los conductores en pasos de cebra, doble fila, vados, etc.

--Oiga, ahí no se puede fumar.
--¡Sólo es un cigarrito, hombre! --nos indignamos, y ya está.

En cuanto al lenguaje ese orwelliano de "habitaciones de fumador", etc., pienso que deberíamos rebelarnos. Yo veo un cartel que dice "gracias por no fumar" y, de inmediato, enciendo un cigarrillo. Si lo quieren prohibir, que lo prohíban, pero hay que obligarles a llamar a las cosas por su nombre.

Se trata de una prohibición.

Además, en sí mismas, las habitaciones son iguales, ¿no? ¿Hasta dónde vamos a permitirles que lleguen? ¿Habrá pronto "habitaciones de roncadores" o "habitaciones de masturbadores"?

--En esta habitación no se puede masturbar usted, señorita, tenemos un número muy limitado de habitaciones de masturbadores y están todas ocupadas.

Cada vez entiendo menos cosas. Pero de esto ya no se puede hablar en voz alta.

Leo en El País que:

"según el informe de la OCDE, entre 1995 y 2005 el salario real medio en España ha perdido el 4%"


Y al mismo tiempo:

"los beneficios empresariales han aumentado el 73% entre 1999 y 2005".


En el periódico tienen analistas. Estos tíos piensan, se estrujan las meninges, ven cosas que los demás no vemos y, al final, atribuyen el crecimiento ecónomico a la "moderación salarial" y los cuatro millones de inmigrantes.

Formidable: qué capacidad de análisis.

Con su estilo habitual dicen los analistas: "La receta atenuante consiste en aumentar el capital social". O sea, más transporte público, sanidad, educación, etc. En Europa se destina a protección social el 28% del PIB. Aquí: sólo el 20%.

Sí, pero ¿y la moderación empresarial? ¿Es bueno que las empresas ganen tanto dinero, cuando a la vista está que no lo usan para subir los salarios, sino que se lo llevan crudo? ¿Hay que aguantar encima las peroratas de los empresarios acerca de la "flexibilidad", la "creación de riqueza", etc.?

Pero de esto no se puede hablar en voz alta: es un artículo de fe que, cuanto más ganen las empresas, mejor para todos. Ja, ja, ja.

También leo hoy que "las feministas critican cómo se aplica en los juzgados la ley contra el maltrato". Una va y dice: "No puede ser que las mujeres entren denunciando y salgan imputadas".

¿Ah no? ¿Y por qué no puede ser? Lo que no puede ser, señora, es que cualquiera, hombre o mujer, haga una denuncia falsa y se vaya tan campante. Si un juez ve indicios de falso testimonio o denuncia falsa, tendrá que "deducir testimonio" (o como rayos lo llamen) y tendrá que perseguirlo, ¿no le parece?

Pero de esto, de las denuncias falsas, no se puede hablar tampoco en voz alta. Que se lo pregunten a la jueza decana de Barcelona.

Cada vez hay más cosas de las que ya no se puede hablar en voz alta.

Da pena, pero es así.

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viernes 8 de junio de 2007

Parece mentira

A veces hablo con los de Ciencias. Todos me dicen que van a privatizar el Canal de Isabel II.

Lo que nos faltaba.

--Gallardón tiene que pagar la M-30, macho --me explican.

Dicen que es cosa hecha. Cuestión de un año o dos.

El nuevo jefe de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, se ha estrenado diciendo: "la mejor empresa pública es la que no existe".

Contundente, ¿no te parece?

Y el mejor sindicalista el sindicalista muerto, supongo.

Para este individuo con cara de pocos amigos todo se arregla, según ha dicho, con "más iniciativa privada y más mercado, menos intervencionismo, más desregulación y, desde luego, una menor presión fiscal".

Claro que sí, don Gerardo, a la orden.

Sobre todo mucha menos presión fiscal, porque no hay derecho que a Isidoro Álvarez, el de El Corte Inglés, ese filántropo, ese creador de empleo y riqueza, ese apóstol del libre mercado, vengan ahora los rencorosos jueces y le exijan pagar cuatro eurokilos que aún le debe a Hacienda.

Así no puede haber crecimiento. Así no vamos a ninguna parte.

En la foto se ve al pobre Isidoro muy afectado por el acoso judicial del que está siendo víctima:

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jueves 7 de junio de 2007

Violencia patronal

El martes leí que había muerto otra mujer asesinada. Ya son 32 víctimas en lo que va de año.

Treinta y dos.

Ayer miércoles leí que había muerto otro trabajador en el tajo. Ya son 54 víctimas en lo que va de año.

Boris Bladimrou, obrero búlgaro, 34 años, casado y con un hijo, cayó al vacío cuando colocaba, sin arnés, un cartel publicitario en el polígono industrial de Torrejón de la Calzada. No llevaba arnés de seguridad. Un directivo Extimagen, la empresa para la que trabajaba, "lamentó el fallecimiento". Según CC.OO.:
"Se trata de un claro ejemplo de homicidio en el ámbito laboral."


54 obreros muertos en el trabajo en lo que va de año.

Cincuenta y cuatro.

Entonces: ¿Dónde están las manifestaciones y la sensibilidad social? ¿Dónde está la reforma de las leyes para luchar contra la violencia patronal? ¿Dónde está el endurecimiento de las penas contra los empresarios? ¿Dónde está la protección para los trabajadores que denuncien, que puedan atreverse a denunciar? Antes de llegar al homicidio laboral, ¿dónde están las rigurosas medidas contra cualquier forma de malos tratos en el trabajo, desde los sueldos ínfimos a la falta de formación, desde los contratos en precario a las horas extra sin pagar? ¿Dónde están las inspecciones y la actuación preventiva? ¿Dónde están los periódicos, teles y radios rasgándose las vestiduras?

Quizá estas 54 víctimas también merezcan alguna atención. También. Alguna.

Y, por cierto, otra pregunta: ¿No se parece ZP cada día más a Mr. Bean? ¿O son figuraciones mías?´¿Y a qué se debe este fenómeno?

zapatero

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miércoles 6 de junio de 2007

Ayuda humanitaria

Pfizer es una empresa farmacéutica (fabricante, por ejemplo, de Viagra). En 1996 hubo una epidemia de meningitis en Nigeria. Pfizer acudió de inmediato a prestar ayuda humanitaria. Faltaría más: las compañías farmacéuticas, esos angelitos.

Lo que en realidad hicieron fue experimentos secretos con niños para probar un nuevo fármaco. Todo ilegal, por supuesto, sin informar a las autoridades ni, por supuesto, a los niños ni a sus familias, que participaron en estas pruebas clínicas clandestinas sin saberlo.

Murieron once niños y unos doscientos sufrieron malformaciones, sordera, ceguera, parálisis cerebral, etc.

Ahora, más de diez años después, el gobierno de Nigeria aún está pidiendo una indemnización.

¿Te suena? ¿A que sí? Si has leído El jardinero fiel, de John Le Carré, te sonará.

Y aún hay quien dice que son los novelistas los que tienen imaginación.

Por cierto, para provocar el vómito o como laxante nada mejor que leer lo que Pfizer dice en su página web sobre su "misión", su "filosofía", sus "objetivos", etc.

Pfizer se jacta, además, de apoyar la prohibición de fumar en espacios públicos. Lo primero es la salud, claro que sí.

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