Huellas de pasos
Además, el viernes mi hija se cayó y se hizo dos esguinces en el tobillo derecho.
Tiene que estar unos veinte días con muletas.
Menuda pareja hacemos.
Está guapísima, eso sí:

Yo le canto:
Una cojita ye-yé
me tiene embrujado,
yo bien sé por qué
Me contó que fue en clase de gimnasia:
-Estábamos saltando en una de esas cosas que tienen las ruedas...
-¿Un neumático?
-Lo pillas: un neumático. Y me caí. ¿Quieres ver las fotografías de mi pie?
-¿Las radiografías?
-Los pillas, cara de tortilla.
-Vale, lo pillo, membrillo.
Así que vi las fotografías de sus huesos, la huella del pequeño pie derecho de mi hija.
Senti lo mismo que sintió Robinson Crusoe al ver una huella en la arena: No estoy solo. No estoy solo en el mundo.
Volví a leer aquel capítulo de Defoe que empieza:
Ocurrió una mañana, hacia mediodía, cuando me dirigía hacia la piragua. Ante mi enorme sorpresa desscubrí las huellas perfectamente nítidas de un pie desnudo sobre la arena. Me detuve estupefacto, como golpeado por un rayo o como si hubiese visto un fantasma.
Como Robinson Crusoe, contemplando los huesos del pie de mi hija, me sentí atravesado de parte a parte por el relámpago de la felicidad.
Lo malo de leer es que no se acaba nunca. Seguí leyenndo ese capítulo. En seguida volví atrás, al principio:
Nací en el año 1632 en la ciudad de York, de una buena familia, aunque no del país, pues mi padre era un extranjero...
Cuando encontré la huella en la arena (la encontré yo, pues mientras leo yo soy Robinson, y la isla, y Viernes, y el barco que naufraga)me acordé de aquel poema de Apollinaire sobre las huellas de pasos, Cortège.
No tuve más remedio que levantarme de la cama y arrastrame cojeando a buscar el viejo ejemplar de Alcools.
Sólo tardé cuarenta minutos en dar con él: todo un récord en el desorden de mi casa.
Un jour
Un jour je m'attendais moi-même
Je me disais Guillaume il est temps que tu viennes
Pour que je sache enfin celui-là que je suis
Como quien dice:
Un día
Un día yo me esperaba a mí mismo
Me decía Rafita ya va siendo hora de que vengas
Para que yo sepa por fin aquello que soy
Y luego dice:
Je me disais Guillaume il est temps que tu viennes
Et d'un lyrique pas s'avançaient ceux que j'aime
Parmi lesquels je n'étais pas
Más o menos:
Me decía Rafita ya es hora de que llegues
Y con un paso lírico se acercaban aquellos a quienes yo amo
Entre los cuales no estaba yo
Mi memoria, que es un colador, recordaba algo como: oigo el ruido de los pasos de las personas a las que amo, pero entre ellas no estoy yo.
¿También tú te esperas? ¿Tampoco distingues el ruido de tus pasos entre los de los que amas?
Y así seguí, leyendo a Apollinaire, que a su vez me obligó a leer, etc.
Lo malo es que tengo mucho trabajo, demasiado, y no puedo leer.
Quiero acabar mi novela de espías.
Tal y como yo escribo, necesito tanto espacio como tiempo. Tengo libretas, unos blocs amarillos que me regala Edu Vilas, cosas apuntadas en servilletas. Y me gusta escribir a mano, a máquina y en ordenador. Cambio de mesa de vez en cuando o me acodo en el balcón a escribir de pie, a lápiz.
Tengo ya el muerto.
El muerto es toda la novela pero en borrador, contada a la pata la llana y llena de cosas como: aquí va descripción de la ciudad. Aquí follan. Ahora un diálogo copiado de Le Carré. Aquí se tiene que notar que ella es mala. Falta ver al tipo, qué cara tiene.
Todo así. Belén Gopegui me decía el otro día:
-Lo que tenías que publicar es eso, mucho más divertido que la novela acabada.
-Claro, y que el lector lo complete si quiere.
Igual tiene razón.
Para dar vida al muerto necesito mucho espacio y he acabado colonizando incluso el cuarto de mi hija.

Así, mientras escribo, oigo el ruido de sus pasos, la huella en la arena de su pie, y sé que no estoy solo. Nunca. Aunque al final no llegue nadie a esa cita que tengo conmigo mismo.
Etiquetas: Anusca, Apollinaire, Defoe, Eduardo Vilas, escribir, Rafael Reig
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.










