l Blog de Rafael Reig

Rafael Reig, escritor y profesor de literatura

Tfno.
917 025 016

Estás en Home » Blogs » Blog de Rafael Reig

viernes 4 de abril de 2008

Lo que estoy leyendo: Gopegui

¿De qué trata la última novela de Belén Gopegui, El padre de Blancanieves?

Como todas las novelas, de muchas cosas. Entre ellas, algunas preguntas.

A menudo los novelistas escriben, no para decir algo, sino para saber qué era lo que querían decir: para conocer su propia respuesta a algunas preguntas.

En el centro nervioso de la novela de Belén hay una pregunta de difícil respuesta: ¿es posible la bondad privada?

Esto no lo he sabido formular hasta que he leído otro libro de Gopegui. Un pistoletazo en medio de un concierto, editado por la Universidad Complutense.

Te lo recomiendo.

El libro es una conferencia que dio en la Universidad de California San Diego.

Allí habla de la bondad, los principios o "como queramos llamarlo" y afirma que la bondad o como lo llamemos "conducirá más temprano que tarde, a lo político, a la lucha contra la explotación, si es que no es ya su consecuencia, pues no hay bondad privada posible en una organización económica, social y política injusta".

Leía esta afirmación, en el metro (línea 2, entre San Bernardo y Quevedo), y caí en la cuenta de que, aunque yo no había sabido formularlo al leerla, de eso creí que trataba en parte El padre de Blancanieves.

La novela es el despliegue dialéctico de esa pregunta. ¿Es posible la bondad privada? El padre cree que sí, por ejemplo. ¿Y por qué lo cree? La hija está convencida de que no. ¿Qué cree entonces?

De eso trata (en parte) la novela.

¿Se puede ser bueno sin meterse en líos? ¿Se puede ser bueno sin intervenir? ¿Puede uno ser bueno solo, sin que los demás también lo sean, sin intentar crear las condiciones para que los demás también puedan serlo?

Una novela no es un catecismo.

En un catecismo, a una pregunta sigue una respuesta. Una novela, en cambio, convierte una pregunta en un organismo que crece, que cambia, que va mostrando diferentes caras, facetas brillantes, aristas incómodas, hábitos imprevistos, rituales de apareamiento entristecedores o una liturgia funeraria aterradora.

Una novela no pretende responder a una pregunta, sino que ofrece la posibilidad de experimentar la pregunta, de vivirla desde todos los lados, de cambiarla de sitio, de complicarla más todavía para a entender así todas sus consecuencias.

Por eso leemos más novelas que catecismos, claro está.

Esta conferencia de Gopegui me ha interesado mucho.

En parte porque me encanta conocer el diapasón de cada novelista, ver dónde afina, qué lecturas, experiencias, recuerdos son ese diapasón que da un La para que el novelista pueda ponerse a escribir en el tono adecuado, afinado.

Para eso hay que leer en la periferia: los diarios, las cartas, los prólogos, los artículos.

Pero no sólo por curiosidad (ver cómo lee, qué lee, cómo piensa) y para entender mejor el resto de su obra, sino que también me ha interesado mucho la conferencia en sí misma.

Trata de un asunto tabú.

¿Pederastia? ¿Uso recreativo de drogas? ¿Independencia del País Vasco?

Frío, frío. Peor todavía.

¿La Ley de Igualdad como impulsora de la violencia? ¿Gerontofilia? ¿Elogio de la castidad acaso?

Frío, frío. Algo mucho más impresentable, más prohibido de nombrar, peor visto por los ciudadanos responsables.

¿Eliminación de minusválidos? ¿Sodomización de monjas? ¿Matrimonio por interés?

Qué va. Frío, frío, te congelas. Algo mucho más grosero y repugnante.

-¿Te rindes?
-Me rindo.
-¡Las novelas que tratan de asuntos políticos!
-¡Ave María Purísima!
-Te lo advertí.

Tú me dirás: ¿es que todas las novelas no tratan de política?

Sí, claro, pero sólo lo notamos cuando tratan de cierta clase de política.

De eso, justamente, es de lo que habla Gopegui.

Como decía Althusser, "la ideología no tiene exterior".

Desde el interior, miramos hacia fuera. Vemos una farola, un adulterio o un asesinato. Lo que no vemos nunca es el cristal de la ventana: forma parte de la ideología dentro de la que estamos metidos, vemos a través de ella, sin verla.

Las novelas escritas desde dentro de la ideología dominante, si las leemos desde el mismo interior, pensamos que no tienen ideología: no hablan de política.

La estridencia, lo que sobresalta, el pistoletazo en el concierto, son las novelas escritas desde fuera. Desde otra posición ideológica.

La política revolucionaria, comenta Gopegui, se da por hecho que ha de aparecer en las novelas caricaturizada. Son las reglas del juego que la mayoría acepta: "debe quedar claro que la política revolucionaria es una pretensión inútil y desmesurada de transformar lo que no puede transformarse".

Cuando leía esto (ya fuera del metro), pensaba: no está mal, el deseo de revolución como bovarysmo.

El deseo de transformar el mundo se representa en la novela burguesa como el deseo del amor romántico; los revolucionarios son las Madame Bovary de la política. Han leído libros que exaltan la revolución y se los han creído. Han perdido el sentido de la realidad. Luego piden imposibles, se engañan a sí mismos pensando que el amor verdadero aparecerá para salvarnos, que es posible en este mundo, que se puede dejar al marido y ser feliz, etc.

El bovarysmo, el autoengaño, las ilusiones ilusas, son un gran tema de la novela burguesa del XIX.

La lectura es así: lees un libro y te aprieta el botón de REWIND, te obliga a releer, bajo otra luz, lo que ya habías leído.

A mí Gopegui acababa de obligarme a rebobinar (ya en la barra del bar Gades, en Álvarez de Castro, empuñando un whisky, que allí los ponen en vaso bajo, no sé por qué) Madame Bovary y, sobre todo, La educación sentimental.

Y encajaba, releído ahora sonaba diferente.

La novela de adulterio decimonónica se puede leer (también) como la fábula didáctica contra los revolucionarios. Creer que se puede transformar el mundo es como creer que existe otra vida más auténtica fuera del matrimonio burgués, que el amor verdadero nos va a salvar si corremos el riesgo de ir hacia él.

Los revolucionarios, como Emma Bovary, se engañan: los amantes son unos patanes, peores aún que su marido. El principio de realidad (ese estribillo del XIX) es la resignación.

¿Por qué había hecho Flaubert a Emma una figura tan trágica?

Siempre había pensado que era para castigarla. Es posible. También porque en Flaubert podría haber esa ambivalencia clásica: ridiculiza el anhelo de Bovary y, a través de él, el impulso revolucionario. Al mismo tiempo, no deja de sentir cierta trágica atracción por el deseo de Emma y de los revolucionarios. Una intensa emoción, una nostalgia venenosa, que traslada al lector (¿te acuerdas cuando Emma está agonizando y pide un espejo?).

Me hice entonces la pregunta decisiva: ¿me da tiempo a otro rapidito antes de ir a buscar a Anusca al cole?

Hubo debate en mi interior, turnos de réplica y votación a mano alzada.

Sí que me daba, se decidió por mayoría simple.

Cuánto agradezco la claridad expositiva del libro. Gopegui escribe aquí de forma coloquial, sencilla, implacable. Parece una conversación.

La apariencia de complicación es característica de artrópodos o de insectos. Cuanto más insignificante la mosca, más facetas tiene en sus ojos compuestos. Los animales más grandes, que recorren más distancia, más complejos, son mucho más sencillos de entender que esos complicadísimos mosquitos.

Para mí, ser claro, expresarse con claridad, no sólo es una virtud literaria, sino mucho más: un imperativo ético.

Leo, con el último dedo de whisky, este párrafo, que también me dejó pensando y que cito, aunque es largo:

Cada vez que se enciende un ordenador ocurre una situación paradójica. Porque, en teoría, el ordenador no sabe hacer nada hasta que se carga el sistema operativo, el conjunto de programas que residen en el disco duro y gestionan los recursos del ordenador. Se necesita, por tanto, un mecanismo de arranque que sea capaz, digamos, de darse instrucciones a sí mismo y logre cargar ese conjunto de programas que gestionarán el resto de las operaciones. Las novelas, a mi modo de ver, no son ese mecanismo de arranque. Las novelas se parecerían más a los programas con que gestionamos algunos de nuestros recursos reales e imaginarios. Sé poco de informática, pero me gusta mucho mirar el momento en que se carga el sistema. El ordenador va reconociendo de qué está hecho y va poniendo en marcha sus distintas capacidades. Si el sistema económico fuera otro, entonces el mecanismo de arranque cargaría, junto con los demás programas, otras narraciones, otras formas de imaginar la vida y de contarnos lo que nos pasa.


¿Qué programas carga tu sistema de arranque cuando te pones en marcha? ¿Flaubert? ¿Tienes instalado un Neruda compatible con mi César Vallejo? ¿Qué versión tienes de Victor Hugo? ¿La Hugo 3.0? ¿Te has instalado la última de Eduardo Mendoza? ¿Y estás segura de que no te ha metido algún virus en el sistema? ¿Tienes un anti-virus?

Entonces me pregunto: ¿podría un novelista ser un hacker? Se trataría de crear un programa con un troyano, que se introduzca en el sistema operativo de los lectores,que los modifique, que haga aparecer archivos inesperados, resultados imprevistos.

¿Serán los novelistas piratas informáticos?

La imagen clásica del hacker se parece: un tío medio chiflado, encerrado en su habitación, tecleando y tecleando, y que quiere llegar desde allí al corazón operativo de medio mundo para infectarlo sin ser descubierto; un tipo que está jugando, en realidad, aunque produzca consecuencias irreparables y daños cuantiosos.

Yo he sufrido ataques beneméritos, he leído novelas que me han contaminado, que han cambiado la configuración interna de mi terminal, he sido víctima de ataques al disco duro, he abierto la puerta a caballos de Troya que me han transformado la vida.

Ejemplo: el ya dicho troyano César Vallejo.

Y no sabes cuánto la agradezco.

¡Las cinco, me cago en la mar! Salí de estampida a buscar a Anusca al cole, con una servilleta en el libro para saber por qué página iba.

(Sí, yo nunca doblo una esquina de una página. Jamás. Ni aunque me pagaran por ello).

La literatura está muy bien. Es, como decía el gran García Hortelano, esa otra vida que la vida vive a escondidas, la doble vida de la vida verdadera.

Y está muy bien, aunque la vida es lo más maravilloso. La vida, está vida:





Luego llevamos todos a las niñas a Olavide. Empieza la temporada de terrazas. Los papás nos tomamos copitas chicoleando con las mamás.

Cuando cae la noche, llamamos a los niños.

-¡Aguedita! ¡Nativa! ¡Miguel!...

¿Sabes lo que estaban haciendo, los muy cabrones?

Pedir limosna.

Habían cogido una cesta de las que usan en las terrazas para poner las patatas fritas y se habían juntado diez o doce críos. Iban cantando mesa por mesa y luego pasaban la cesta y pedían la voluntad.

-¡Estáis mendigando! -se escandalizó una mamá-. ¡Qué vergüenza!
-Poner niños a pedir limosna: nos puede caer un buen puro a todos -nos advirtió Rafa, el papá de Blanca Escudero, que es abogado.
-Si se entera Protección de Menores...
-¡Cómo se os ocurre! -preguntó un padre alarmado.
-Hombre... -dijo una mamá, señalando a los del acordeón, los del violín, los que cantaban con poncho canciones andinas, etc-. No me parece tan raro...
-¿Cuánto habéis sacado? -preguntó el más rastrero de los padres (que resulté ser yo).

Las muy jodías, en media hora, habían sacado tres euros cada una.

-Esto no se vuelve a hacer, eh -dijo una mamá.
-No muy a menudo -dije yo.
-Eso, no todos los días, que os quede claro -corroboró Rafa Escudero.

Y nos fuimos todos para casa, después de pasar por el chino para que las niñas invirtieran los ingresos de la mendicidad en chuches.

Etiquetas: , , , , ,

jueves 15 de noviembre de 2007

Fernando Vallejo: un pelmazo

Fernando Vallejo es un auténtico pelmazo.

Como escritor es un pelmazo, un tostón, el presidente del sindicato del plomo: leí su novela El desbarrancadero y me aburrí como si fuera una exhibición de patinaje artístico o una competición de lanzamiento de huesos de aceituna.

Tiene una prosa bronca, cruda y malsonante, ideal tal vez para escandalizar a seminaristas con acné, pero que a un adulto no le puede dar más que risa.

Como personaje público es más pelmazo todavía. Parece una especie de Pérez-Reverte (Pérez-Reviente, creo que le llaman): soltando tacos y haciéndose el machote de pelo en pecho.

Insoportable.

Hoy aparece en El Cultural una entrevista de la encantadora (y paciente) Nuria Azancot.

El titular: "El lector es una puta. Es voluble, pasajero...".

Será que en Medellín no hay putas tercas, empecinadas en alguna idea fija, testarudas y constantes. ¿O será México, donde vive Vallejo, el territorio de las legendarias putas volubles?

En Madrid, por lo que yo sé (de oídas, claro), las putas no son particularmente volubles. Vamos, en general, no mucho más que las cajeras de supermercado o las profesoras de Secundaria, me parece.

Estaba desayunando, como todos los jueves, con Marta Rivera de la Cruz y Martín Casariego, y nos partíamos de risa.

"¿El lector es una puta? Pobre, encima que paga para comprar el libro...", decía yo.

"Si compra uno de Fernando Vallejo, entonces es lo que se suele decir: además de puta, pone la cama", comentaba Marta.

¿Por qué habrá dicho esa sandez?

Mi teoría es ésta:

Quería decir que el lector cambia mucho de gustos, que hoy lee a uno y mañana ya no le lee. El lector es voluble, debió de pensar el colombiano. ¿Qué puedo poner como ejemplo de algo voluble? Con esa puntería de novelista malo que tiene, sólo se le ocurrió un tópico como la copa de un pino: la mujer es voluble. "Ya lo tengo: el lector es voluble cual mujer". Lo anotó en un papel, lo leyó en voz alta y se dijo: "No parece mío. No me gusta la vaina. No suena a Vallejo, carajo. No digo mierda ni cojones ni pinga... ni siquiera me cago en nada". Entonces Fernando se acordó de su convicción más profunda y arraigada: las mujeres son todas unas putas. Muy entusiasmado, tachó y escribió satisfecho: "El lector es una puta. Es voluble".

La entrevista está llena de bravuconadas de legionario, a lo Pérez-Reverte, además de sandeces propias de Vallejo. La Iglesia es, por supuesto, "una ramera". El Papa, "una alimaña". Le pregunta Nuria por qué hay que leer sus libros: porque en ellos hay unas páginas "que le pueden provocar al lector una eyaculación inolvidable".

Guau, qué machote Vallejo.

Por otra parte, si él escribe libros para hacer que los lectores eyaculen, y además cobra por ello, ¿quién es la puta?

Le pregunta Nuria qué autores le interesan.

"Ninguno".

Qué machote. ¿Para qué leer, claro, si la lectura te transforma en una puta? Y en una puta voluble, encima. ¿Cómo va a leer un macho como Vallejo? ¿Va a consentir que le tomen por puta?

Y, por fin, su última frase, la que Nuria eligió para titular, que dice así completa:

"Con mis lectores no me hago muchas ilusiones: hoy me leen a mí y mañana a otro. El lector es cambiante, voluble, pasajero... El lector es una puta".

Caramba, ¿qué esperaba Vallejo? ¿Que los lectores sólo le leyeran a él y a nadie más?

Al leer la frase completa se modifica un poco mi teoría. El lector lee a Vallejo, pero también a otros. Para Vallejo esto es inadmisible, sólo se le ocurre compararlo con lo que (según su machismo frenético) le parece la mayor humillación imaginable: una mujer que, habiéndose acostado con él, se acueste con otro. Esto es inconcebible para Vallejo: esa mujer tiene que ser una puta. A la fuerza, porque, si no, ¿cómo se explica que una mujer no puta pueda acostarse con otro? Por lo tanto, los lectores que "hoy me leen a mí y mañana a otro" no son más que putas. Cualquier lector que lea a otro escritor que no sea Vallejo se comporta como una puta. Entendido. Cambio y corto, Vallejo, tronco.

Todas putas, sí, señor.

Fernando Vallejo, aunque se lo proponga, no escandaliza a nadie (salvo, quizá, a un reducido grupo de catequistas pajilleros). Sus tres únicas ideas (todas putas, todo es una mierda, yo soy la hostia) no interesan a nadie. A este tipo de fanfarrones, en mi barrio, se les oye hablar como quien llover, en la barra del bar, suplicando por lo bajo que se vaya de una vez y sin establecer jamás contacto visual, no sea que se dirija a ti.

Sin embargo, que a semejante pelmazo con el cerebro de un mosquito acatarrado nos lo vendan (sobre todo en El País, pues es autor de Alfaguara) como un gran novelista es inadmisible, ¿no te parece?

Habiendo vivido y escrito César Vallejo, se agradecería que este cantamañanas publicara sus libros firmando con el segundo apellido, la verdad.

Etiquetas: , , , , ,

martes 16 de octubre de 2007

Escritores abducidos

La primera novela que leí de Millás fue Visión del ahogado. La leí porque la estaba leyendo mi padre. Seguramente se la había recomendado su amigo Rodríguez Rivero. Luego leí Papel mojado. Me gustó, y aún me sigue pareciendo una buena novela.

Lo que no recuerdo es cuándo dejé de leer novelas de Millás.

Un buen día dejaron de interesarme las novelas que escribía Millás. Quizá el mismo día (puede que fuera jueves) en que dejaron de interesarle a él las novelas que él mismo escribía.

Lo que sigo leyendo con gran interés son sus columnas. Millás forma parte de ese grupo de novelistas algo impostores porque, en realidad, no son novelistas, sino grandes articulistas. Es un maestro en el artículo, lectura indispensable.

Millás escribió hace muchos años una novela llamada Letra muerta. En ella, un individuo que forma parte de un grupo de activistas clandestinos se introduce en una especie de congregación religiosa a la que detesta. ¿Con qué fin? Para dinamitarla desde dentro o llevar a cabo alguna acción de lucha en el interior. Es una especie de topo. ¿Qué ocurre? Pues que, sin darse cuenta, acaba siendo poseído por el espíritu de cuerpo de la congregación, se apodera de él, acaba convertido en uno de ellos, porque es muy difícil vivir de una forma y seguir pensando de otra distinta, vivir emboscado, hacer una cosa y pensar otra.

Quizá porque, como diría un materialista, son las cosas reales las que modifican las ideas y rara vez las ideas las que cambian las cosas.

Otro versión posible de la misma novela, a ver qué te parece: un escritor milita en defensa de una literatura ambiciosa y de calidad. Detesta el mercado literario, sus trampas y sus pompas satánicas y comerciales. Sin embargo, se introduce clandestinamente en editoriales de prestigio y se presenta a premios como el Primavera, el Nadal, el Planeta, etc. ¿Con qué fin? Para dinamitar desde dentro las trampas del mercado, para ponerlo en evidencia. ¿Qué ocurre? Pues que, sin darse cuenta, acaba siendo poseído por el espíritu de la literatura comercial, se apodera de él, acaba convertido en uno de esos concursantes que ganan premios literarios, en uno de ellos, termina escribiendo aquello de lo que abominaba, porque es muy difícil vivir de una forma y seguir escribiendo de otra distinta, escribir emboscado.

Quizá porque, como diría un materialista, al escribir uno siempre se delata aunque no quiera.

También en eso escribir se parece al matrimonio: uno descubre cosas de sí mismo que preferiría no saber.

Por eso nadie escribe para decir algo, sino para escuchar, para que lo que escribimos nos diga lo que no sabíamos de nosotros mismos, para que nos delate.

Aquí estoy yo, por ejemplo, abducido también, en plena Puerta del Sol, poseído por la fantasmagoría del escritor de éxito, por el mercado literario, por ser devorado por los lectores y ganar el Planeta: esperando a que mis novelas me delaten.

Etiquetas: , , , ,

viernes 21 de septiembre de 2007

¿Cómo te pones tú las bragas?

Decía Flaubert: basta con poner la suficiente atención en algo para encontrarlo interesante.

Lo creo de verdad. Hay que saber poner atención, pero no es tan fácil.

Por eso a mi me ha gustado mucho leer a John Updike, me parece un novelista excepcional. Updike lo mira todo con una atención incansable. Sus novelas siempre plantean cuestiones morales, siempre tienen algo de experimento social a lo Zola: pone a un americano de clase media, con el equipo moral e intelectual del que está provisto un americano de clase media (no el propio del autor, esto es lo importante) y le enfrenta a situaciones que por lo general le sobrepasan (el racismo, el adulterio, la integridad moral, el más allá, etc.). No juzga, sino que observa. Y mira con una atención exquisita al detalle, a esos "divine details" (Nabokov). Zola a menudo se propone crear símbolos, darnos imágenes poderosas, expresar indignación o belleza. Updike entra en detalles. Sólo Updike podía escribir Roger's Version, una revisión del clásico norteamericano La letra escarlata. Quizá sólo Updike necesitaba hacerlo, por otra parte, para releer así su propia tradición literaria.

En 1828 Whöler logró la síntesis de la urea. Fue una revolución. Por primera vez en la historia, a partir de materia inorgánica, se consiguió crear materia orgánica. Para explicarnos, hasta entonces se podía descomponer la materia en sus elementos; pero no se había logrado la operación inversa: crear un compuesto orgánico a partir de sus componentes inorgánicos. Eso es lo que consiguió Whöler (al parece de forma algo accidental) y dio así origen a la química orgánica.

Creo que cierta literatura realista, mecánica, enumerativa, descriptiva, es muy capaz de descomponer la materia orgánica y enumerar aisladamente sus elementos. Sólo los grandes son capaces de la operación inversa: la síntesis. Es la diferencia que va, pongamos, de Pereda a Galdós. Un novelista puede coger un personaje y descomponerlo, describir su casa, su ropa, sus movimientos, enumerar sus posesiones y reproducir sus palabras. El lector, este lector, suele aburrirse. Un gran novelista, como Updike, en cambio, lleva a cabo un experimento de química orgánica. Produce una síntesis, a partir de los componentes logra materia orgánica, consigue entregarnos a ese personaje tal y como es, vivo, animado, a menudo imprevisible y revelador.

Lo que estoy leyendo es Terrorista. No es lo mejor de Updike. Como diría Hemingway, "el viejo campeón comienza a aflojar el paso". Aun así, sigue siendo Updike, una lectura mucho más intensa que casi cualquier otra.

Mi hermano, que me conoce y sabe que soy quisquilloso, me advirtió que, si quería, me dejaba el original inglés.

Hacia la mitad hay un polvo (adúltero, claro). Updike describe la escena con su habitual precisión. Luego la mujer se viste:

Sus pechos se balancean al agacharse, y son lo primero que se cubre, encajándolos en las copas de gasa del sostén y cerrándolo, con una mueca, por detrás. Luego se pone las bragas por los pies, manteniendo el equilibrio con un brazo alargado, apoyándose con mano firme en el tocador...


¡Y hasta ahí puedo leer!

¿Cómo es eso de que "se pone las bragas por los pies"? Me quedé en el vagón de metro, absorto, sin poder seguir adelante y preguntándome cómo narices se las podría haber puesto, de no ser "por los pies". Una falda se puede poner por la cabeza o por los pies, de acuerdo, igual que un vestido; pero ¿unas bragas?

Me imaginaba a la chica que estaba enfrente intentando ponerse las bragas por la cabeza. Como si fueran una camiseta de tirantes. Deberían ser unas bragas tanga, claro. Tendría que estirarlas un poco, darlas de sí, para que pasaran los brazos y los hombros. Y luego, ¡qué complicación meter las piernas!

¿Habrá escrito eso de verdad Updike?

Me resisto a creerlo. ¿No será la traducción?

Se puso las bragas por los pies. Suena como: miró con los ojos, comió con la boca, etc.

¿Tú crees que es posible ponerse las bragas de otra forma? ¿Cómo te las pones tú?

Etiquetas: , , , ,

viernes 13 de julio de 2007

Van y vienen

César Antonio Molina no podía ser ministro, ya que "tenía un perfil demasiado independiente".

De perfil, se refería. De frente no; de frente sí podía, así que le nombraron ministro frontal.

Tanta debió de ser la sorpresa que, a la semana, ya lo tiene todo estudiado y se pone a hacer nombramientos.

Destituye a Campos Borrego para nombrar a Juan Carlos Marset en el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música, el INAEM.

¿Había tanta prisa?

Por supuesto que sí, hay que colocar a los amigos. Teniendo en cuenta que, en principio, Molina sólo va a ser ministro unos meses y que tiene bastantes amigos, podemos hablar incluso de una emergencia.

Para que te hagas una idea: a su toma de posesión, en la quinta planta del ministerio, acudieron dos centenares de "intelectuales" o "gentes de la cultura".

Desde Plácido Domingo a Alex de la Iglesia. Y Gamoneda, claro, que (según El Mundo) "luego se fundió con él en un paternal abrazo".

¿A qué es bonito fundirse en abrazos, como dos bombillas?

Molina citó a Cervantes y se sirvió un vino español, es decir: todo como manda el reglamento.

Allí le preguntaron si habría cambios y Molina declaró ese día:

--"Lo voy a hacer con tranquilidad, con tiempo y sin apresuramientos".

Pues dicho y hecho.

Ha habido cierto revuelo.

Luis Pascual ha dicho: "No tiene sentido que la dirección del INAEM sea un puesto político, ¡qué error!".

Luis García Montero ha dicho que es una decisión "absolutamente desatinada". Luego se ha quejado: "Alguna vez podríamos aspirar a que un Gobierno socialista se tomara en serio la cultura".

Venga, Luis, amigo, que ya somos mayores.

Yo ni entro ni salgo porque no sé una palabra de Artes Escénicas ni de Música.

Y además hace años que no veo a Juan Carlos Marset.

Cuando éramos muy jóvenes, en la universidad, Pepe Ridao (ahora José María) tenía un amigo que organizaba congresos y cosas, un tal Juan Carlos Marset.

--¿Como Juan Marsé?
--No, con te.

Tenía no sé qué enchufes en congresos por Andalucía y nos invitó a un par de ellos.

Marset con te era entonces monje y estaba metido en un grupúsculo, congregación o secta llamado "Juventud Idente".

--¿Vidente?
--No, sin uve. Son identes, porque van. Del verbo ir.
--Ah, van. ¿Y dónde coño van?
--No sabemos. Parece que a saraos culturales.

Nos llevó a un congreso en Sevilla y a otro en Huelva. Orejudo habló de Horacio. Yo hablé de Galdós y el método paranoico-crítico de Dalí. Durante la charla nos bebimos una botella entera de whisky.

El único idente que vimos fue a Marset. Era muy simpático y me pareció buena persona. Le llamábamos "el rey de la montaña", porque tenía cara de escalador nato, con permanente gesto de sufrimiento.

--Es una mezcla entre ciclista y boxeador --decía Orejudo.

Esto fue en 1985 y ésta es la foto que he encontrado. No sale Marset, igual la hacía él.



A la izquierda, Orejudo. Luego, Francisco Castañón (el único que folló en aquel viaje). Luego, de pie, Javier Yagüe. Luego yo, a la cabecera. A mi lado, Mauri de Miguel. Luego, medio escondido, Agustín Carlos López. Después Pepe Ridao.

Las grandes diversiones fueron:

--Interrogar a Marset sobre su voto de castidad. ¿Lo cumplía? Dijo que sí. Le preguntábamos si nunca, nunca, había... No, nunca. Él no, jamás. Le explicábamos lo que se perdía y entonces se le ponía aún más cara de escalador nato. Agustín se ofrecía para llevarle de putas en el acto. Marset decía: no, gracias.

--Beber whisky a morro.

--Reírnos de los poetas que recitaban. Se ponían de pie y movían las manos y nosotros soltábamos carcajadas. Había uno al que llamábamos "el nadador de crawl", porque entre verso y verso giraba la cabeza, como si cogiera aire para dar otra brazada. Nos descacharrábamos de risa.

--Intentar ligar. Aquí la clave era no dormirse. Había pocas chicas y el lema era el de Cela: "el que resiste, gana". Castañón se bebió varios litros de café y se salió con la suya.

O sea, no muy divertido, ¿verdad?

Luego ya no volví a ver a Marset en mucho tiempo.

Una vez nos llevó a ver a María Zambrano, muy anciana, a la que habían instalado en Madrid, cerca del Retiro. A mí me pareció una señora con pinta de pipera o de vendedora de chuches, y que estaba ya un poco ida. Sólo repetía ilusionada:

--¿Sabéis que ha venido la tele?
--Sí, señora. Ya lo sabemos.
--¡¡La tele!! Voy a salir por la tele.

De ahí no la sacabas.

A Marset y a Ridao les pareció emocionante, de una gran lucidez y un encuentro decisivo, o sea, que igual yo me perdí algo.

Otra vez estuve con él y con Ridao de copas (yo; ellos menos, eran más de fantas). Marset me regaló un libro que se llama Puer profeta, con el que había ganado el Adonais, creo. Otra vez, hace unos años, lo encontré en la SGAE y casi no lo conocí: había engordado, tenía una novia guapa y parecía mandar mucho en todos lados.

En eso último no ha cambiado desde el 85, cuando ya tenía extraños contactos y facilidad para invitar a saraos y parecía mandar mucho allí donde fuera.

En fin, mucha suerte, Marset. Y un brindis por los viejos tiempos.

Etiquetas: , , , , ,

sábado 7 de julio de 2007

Comentario de texto

Como ayer hacía tanto calor, pasé la tarde con la refrescante juventud.



Fátima, Lucía y mi chica, en la barra de las Bodegas Camacho, calle San Andrés.

Tomamos una plataforma de cañas, pero la juventud también tiene que aprender el valor del esfuerzo. Les puse algún ejercicio, para que no todo fuera tomar cañas y venga cañas.

Un comentario de texto:

TEXTO:

"Yo tengo un perfil demasiado independiente como para ser ministro"


AUTOR: César Antonio Molina, marzo de 2007 (hace cuatro meses).


EJERCICIOS:

--Lee con atención el texto y subraya todas las palabras que no entiendas. Coméntalas con tus compañeras.

--Define "independiente". Busca en el diccionario tres sinónimos y tres antónimos.

--Sustituye "tengo un perfil" por "soy". Explica los posibles motivos del autor para elegir una u otra opción.

--Consulta la Gramática y explica si "demasiado" es aquí adverbio o adjetivo y por qué.

--Identifica las figuras retóricas presentes en el texto.

--Discute con tus compañeras la "intención del autor".

Mientras yo me pedía otra caña en la barra de aleación (plomo y zinc), al fondo, en la acogedora penumbra del Camacho, las chicas cogieron taburetes para rellenar su ejercicio.

Escribían a lápiz, moviendo la punta de la lengua entre los labios y apretando el puño para que se les ocurrieran ideas.

Como guapas, estaban guapas.

Casi me emulsiono.

Ahora me toca corregir durante todo el fin de semana.

¿Quieres hacer tú también el ejercicio? ¿Te atreves?

Etiquetas: , , , ,

miércoles 4 de julio de 2007

True Crime

Ayer acabamos el primer curso de True Crime en Hotel Kafka. Por la mañana me fui a tomar cañas con estos amigos:



Fernando, editor, con Pote Huerta, de Lengua de Trapo, Alberto Olmos (Trenes hacia Tokio) y Juan Aparicio Belmonte (El disparatado círculo de los pájaros borrachos).

Juan, hijo, ¿cómo se te ocurrió ese título? ¿Te parece normal?

Esa fue la primera pregunta.

Luego alguien contó el argumento de una novela de Juan Manuel de Prada: un tipo está a punto de follar con una tía, pero no se la folla. Repito: no se la folla. Stop. Al final decide que no quiere ponerle los cuernos a su mujer. Stop. El tipo vuelve a casa y... ¡la culpa le atenaza durante el resto de su existencia!

--¿Qué culpa?
--El haber querido follarse a otra, ya sabes.
--¿Pero no dices que no se la folló?
--No, pero tenía ganas, eso es lo que le pasa, sintió tentaciones y por eso la culpa le persigue...
--No jodas.
--Manda huevos.
--Anda, vámonos a comer.

Por lo tanto, la comida, en una pizzería de la calle Hartzenbusch, tuvo como asunto central el siguiente acertijo: ¿Quién sería el Juan Manuel de Prada de izquierdas?

Todos estuvimos de acuerdo en que la respuesta es: ¡Suso de Toro!

Luego planteamos una regla de tres: Suso de Toro es a Juan Manuel de Prada como Manuel Rivas es a X.

Intentamos despejar la X. ¿Jon Juaristi? ¿Sánchez-Dragó?

Después dibujamos el Misterioso Triángulo (de las Bermudas) de la Literatura Madrileña.



En cada vértice está una de las características de lo madrileño:

Provincianismo
Campechanía
Señoritismo


Los madrileños, es verdad, somos campechanos, pero también un poco señoritos, y en el fondo provincianos y papanatas, unos crédulos que nos asombramos de cualquier cosa.

En literatura, para cada valor, se ha elegido un escritor-termómetro:

Provincianismo: Ray Loriga (pues hay que ser provinciano para ir así vestido y fingirse neoyorkino).
Campechanía: Almudena Grandes (la más campechana del mercado de Barceló).
Señoritismo: Javier Marías (el clásico señorito madrileño finolis y chuleta).

Con estos parámetros, a partir de sencillas ecuaciones, se puede formular cualquier escritor madrileño. Por ejemplo... ¿Elvira Lindo?

E.L.= 3xP + 2xC + S

El triple de provinciana que Ray (por eso no puede dejar de hablar de Nueva York), el doble de campechana que Almudena (por eso nos cuenta las siestas de su santo), y con el mismo señoritismo que Javier (por eso nos habla de su vestido de Prada).

Nos pasamos la sobremesa, en El Parnasillo, haciendo números y poniéndonos unos a otros ejercicios.

Luego fui a la última clase de True Crime. En el curso, hemos tenido a una forense, a una psicóloga criminalista, a una jueza, a dos investigadores criminalistas de la policía judicial y, ayer, para terminar, a Lorenzo Silva. No creo que haya nada ni parecido en España, estoy deseando que empiece el siguiente.

Etiquetas: , , , , , ,

sábado 30 de junio de 2007

En presencia de desconocidos

Ayer me fui con Rafa Escudero a recoger a las niñas del campamento. Mari Luz no venía porque de vez en cuando, por distracción o por casualidad, los políticos aciertan en sus nombramientos. Enhorabuena, Luz.

Habíamos quedado en La Nueva, en Quevedo, así que me fui un par de horas antes para trabajar en la taberna.

Me encanta leer y escribir en bares, y también perder el tiempo. Me siento a gusto cuando estoy solo y en presencia de desconocidos. Recordé de pronto esa frase: "not exactly alone but in the presence of strangers".

¿De dónde la habría sacado?

Cuando llegó Rafa le hice una foto, ésta:

Rafael Escudero

Nos tomamos una plataforma de cañas, por si acaso: no era cuestión de presentarse in albis en una granja-escuela, en un pueblo llamado Chapinería.

Nunca se sabe.

Las niñas, Blanca y Anusca, estaban agotadas y felices:

Blanca y Anusca

La mochila de Anusca pesaba mucho, demasiado.

--¿Pero qué llevas aquí?
--Un regalo para ti.
--¿Qué es?
--Ah, sorpresa.

¿Una escultura hecha con pinzas de tender? ¿Un barco modelado a navaja en madera de árbol? ¿Un jabón fabricado por ella? ¿Una pulsera? ¿Un porta-mecheros de escayola?

Decía que no a todo. Era una sorpresa. Pesaba más que una maleta grande.

Cuando llegamos a casa abrimos por fin la mochila y apareció el regalo.

Anusca estaba resplandeciente.

Me pareció tan increíble que le hice una foto:


Anusca y granito

--¡Granito del Guadarrama, papá! Lo que tú prefieres siempre... --decía Anusca, radiante.
--Me encanta, amor. Gracias.

¿Ahora comprendes por qué adoro a Anusca, por qué siempre me gusta estar con ella? ¿A que sí? ¿Te la imaginas buscando el pedrusco, guardándolo en la mochila, ilusionada, cargando con eso para mí?

Hace tiempo, un verano, me preguntó cuál era mi "piedra preciosa" favorita.

--El granito del Guadarrama --le dije.
--¿Pero es una joya?
--Yo creo que sí, hija. Se puede considerar joya, ¿por qué no?

Es verdad, el granito me emociona y me da que pensar. A menudo me repito, como una letanía:

--Cuarzo, feldespato y mica; cuarzo, feldespato y mica; cuarzo, feldespato y mica...

Y me siento a salvo, como si estuviera en presencia de desconocidos, en un bar, leyendo.

Granito: simple, pero duradero, resistente al tiempo, conmovedor.

Desde entonces, siempre que ve granito, mi hija me lo señala muy contenta:

--Mira, papá: ¡granito del Guadarrama!

Y en casa ya tengo pequeños trozos de granito que me ha ido trayendo.

Me hacen mucha compañía. Me siento protegido.

A mi hija le pasa lo mismo que a mí: decir sólo "granito" da mucha menos alegría que añadir "del Guadarrama".

"Granito del Guadarrama", en cambio, es un conjuro que desata emociones y ensancha la sonrisa.

¿Te imaginas a Anusca guardando el tesoro, la "piedra preciosa" favorita de su padre?

Es muy buena persona: tiene lo único importante, lo único que de verdad cuenta.

La roca indestructible de la bondad, el mejor material de construcción.

La invité a merendar el helado más grande que la imaginación humana pueda concebir.

Aunque me cuesta creerlo, en el desorden de mi casa a veces incluso soy capaz de encontrar un libro.

Me sonaba que lo había sacado de ahí y no me equivocaba.

Democracy, de Joan Didion. Lo leí, según pone en la primera página, en 1987.

Me aburrió soberanamente, de eso sí me acuerdo; pero subrayé esto en la p. 33:

"Some men (fewer women) are solitary, unattached to any particular place or institution, most comfortable not exactly alone but in the presence of strangers."


Que nos viene siendo, sobre poco más o menos:

"Algunos hombres (menos mujeres) son solitarios, sin vínculos con un lugar o una institución concreta, se encuentran cómodos, no exactamente solos, sino en presencia de desconocidos"


Dentro del libro hay una nota: "Bill Carroll called about the oral exam"... Un estudiante llamó al departamento para cambiar una fecha de examen. También hay una invitación a una barbacoa. En aquel año 87 yo enseñaba en Boston. En la universidad tenía poco trabajo, sólo les torturaba con el subjuntivo los martes y jueves, y podía estudiar gratis lo que quisiera, así que me matriculé en cine y en literatura norteamericana. Por eso leí ese libro aburrido de esta señora tan poco atractiva.


Una niña buena es una piedra preciosa, mi preferida: granito de Guadarrama contra el tiempo.

Se considera joya, sí, ¿no te parece? ¿Aceptamos granito como joya y pulpo como animal de compañía?

Etiquetas: , , , ,

lunes 25 de junio de 2007

La Perla de Labuán

Íbamos diciendo:

--Esas chicas no son unas malvadas: tienen preocupaciones. Piensa que hasta la más fea de ellas ha hecho sufrir a su novio.
--Cierra comillas, Orejudo --le decía yo.

Hablábamos con frecuencia muy tipográficamente: con comillas, subrayados y palabras en negrita.

Era 1983.

Citábamos para enseñar nuestro bachillerato como la chica que se desabrocha otro botón del escote para enseñar el sujetador.

Debíamos de ser insoportables.

Hoy, veinticuatro años después, me levanto para comprobar la cita. Me sigue gustando más la traducción de Orejudo:

Ces femmes ne sont pas méchantes elles ont des soucis
cependant
Toutes même la plus laide a fait souffrir son amant


Es Apollinaire, claro: Zone.

En la Universidad Autónoma de Madrid, la UAM, había chicas. Nos gustaban muchas de ellas. Ninguna nos hacía ni caso. No eran malvadas: tenían preocupaciones. Dedicaban demasiado tiempo a hacer sufrir a sus novios.

Entonces se consideraba importante que las carreras tuvieran salidas. En la librería vendían una voluminosa Guía de salidas universitarias. Recuerdo que conocí a Mariló (hola, Mariló) con sus amigas en la librería. Miraban la Guía de salidas universitarias y comentaban:

--Anda, qué guía tan curiosa. Mira a ver si salimos nosotras.
--No aparecemos nosotras --decía Mariló, hojeando el libro--. Ni siquiera Julita, pues menuda guía.
--Imposible, yo seguro que salgo. Si no salgo yo... --aseguraba Julita.
--¿Salen también profesoras? --preguntaba Belén--. ¿Viene con teléfonos?
--¡Cómo no van a salir! En proporción hay más salidas que entre las estudiantes, ¿no?

Nos hicimos amigos y las llamábamos "Mariló y la extraña familia".




Aquí están Julita, Pilar y Mariló. A mí la que más me gustaba era La finesa bonita. Y también La de la moto, que tenía una Vespa.

Nosotros éramos del siglo XIX, queríamos ser escritores, cuando todo el mundo ensayaba en un garage para grabar una maqueta o quería hacer una película o un cómic.

No me sorprende que las chicas no nos hicieran ni caso.

Debíamos de ser abofeteables.

Teníamos ideas tan decimonónicas como la de "fundar una revista".

Esta revista, que en efecto hicimos:



En la UAM, La perla de Lab-UAM: ja, ja, ja. ¿Lo pescas, el chiste? Ja, ja y ja otra vez.

Aquí puedes leer (con algún esfuerzo) la dedicatoria que escribimos Orejudo y yo: dedicatoria.doc

Da pena, ¿verdad? Lo que te digo: abominables.

También pusimos, en la última página, una "Contradedicatoria" igual de larga.

Entrevistamos a un grupo musical que se llamaba Hombres-G. Eran tan poco conocidos que todo el mundo pensó que nos los habíamos inventado (cosa que hubiera sido muy propia de nosotros, por otra parte).

Esos tipos existían, por inverosímiles que parecieran.



A la izquierda están tres hombres-g. El del centro creo que se llama David Summers. A la derecha estamos el Orejudo y yo.

Nos pusimos ciegos de porros y cervezas y la entrevista fue un desastre. Nos parecían tan fachas y tan pijos que, para escandalizarles un poco, Orejudo y yo les dijimos que éramos homosexuales y pareja.

Se escandalizaron más de lo que pensábamos.

Cuando salió la revista y leyeron lo que habíamos escrito juraron partirnos las piernas.

No lo han cumplido.

Todavía.

¿Tú cress que aún corremos peligro o habrá caducado ya el delito?

Etiquetas: , , , ,

viernes 22 de junio de 2007

Anda, dímelo al oído

Decía Pascal:

J'ai découvert que tout le malheur des hommes vient d'une seule chose, qui est de ne savoir pas demeurer en repos, dans une chambre.


Como quien dice:

He descubierto que toda la desdicha de los hombres viene de una sola cosa: de no saber quedarse tranquilo, dentro de una habitación.


"S'il savait demeurer chez soi avec plaisir", si el hombre supiera quedarse en casa con placer, nada malo podría ocurrir.

Bueno, sí, supongo.

Y sin embargo...

No sé tú, pero yo siempre estoy deseando "coger calle", como diría Fortunata.

Así que ayer me fui a celebrar el fin de curso del Hotel Kafka. Estuvimos en la taberna de Santi.



En la foto veo a Raúl, a Eloy Tizón hablando con Federico, y a Edu Vilas al fondo, con Mateo de Paz y Tito.

--Ponme una cervecita, Pepi, anda.
--Qué malo eres, ¡pero qué malo eres!



--Vale, pero una cervecita...
--Oyes, oyes, a mí no me echas tú fotos, que eres muy malo, Rafael.
--Si es con la ropa puesta, Pepi.
--¡Si es que eres más malo!... Te voy a dar yo a ti bustos.

Total, que al llegar a casa, chez moi, a solas con mi maldad, me puse a releer a Blaise Pascal.

Yo no leo: releo, faltaría más.

Todo intelectual que se respete siempre relee. Leer debe de ser de ignorantes, lo propio del hombre de la calle.

Rien ne fait mieux entendre combien un faux sonnet est ridicule que d'en considérer la nature et le modèle, et de s'imaginer ensuite une femme ou une maison faite sur ce modèle-là.


O sea, más o menos:

Nada mejor para comprender hasta qué punto un soneto falso es ridículo que considerar su naturaleza y su modelo e imaginarse a continuación una mujer o una casa hecha a partir del mismo modelo.


A ver si entiendo a Blas Pascual: hay que imaginarse una mujer que, en mujer, equivalga a un soneto de Garcilaso, por ejemplo, o sea, fabricados los dos a partir del mismo modelo, aunque en distintas formas y materiales. O dicho de otra manera: si Pepi, por ejemplo, en lugar de mujer, fuera un soneto, ¿qué soneto sería?

Uno en alejandrinos de Rubén Darío: triunfal, apisonador, pegadizo.

Esos versos que se aprenden de memoria sin querer, sin darse cuenta, y los recuerdas de pronto cuando estabas pensando en otra cosa.

Si Zapatero y Rajoy fueran obras literarias, ¿qué serían? Yo creo que los dos serían antologías. No dan para más. Zapatero, una Antología de micro-relatos. Rajoy, la Antología de la Zarzuela.

¿Y si fueran muebles? Zapatero sería algo de Ikea. Una de esos muebles que nunca acabas de montar y para el que, al final, siempre sobran tornillos, dos tuercas y unos inquietantes tarugos de madera.

Rajoy un mueble heredado y de identidad y utilidad dudosas: un respostero, por ejemplo. Vamos a ver, seamos sinceros: ¿alguien sabe qué narices es y para qué sirve un repostero?

¿Cómo sería, en mujer, la poesía de Luis Alberto de Cuenca, con quien tanto se meten los amigos en este blog?

Sería una niña bien de más de cuarenta, que va a misa de doce con resaca y lleva bragas tanga por debajo de la falda de cuero hasta la rodilla. La clase de mujer que podría ser concejala en Marbella.

¿Y la poesía de Caballero Bonald?

Una suegra, sin duda, sería una suegra con cara de vinagre, de esas que resultan más irritantes cuanto más se hacen las simpáticas. La clase de persona que afirma que se siente joven por dentro.

¿Luis García Montero? Yo veo la poesía de Luis como "cuñada tentadora". Esa cuñada a la que uno mira de reojo y siempre acaba provocando pensamientos impuros y repentinos.

¿Cuál es el modelo con el que te han construido a ti? Si fueras poema, con ese mismo modelo, ¿cómo serías? ¿Serías un verso de Claudio Rodríguez o un soneto de Borges?

Anda, dímelo al oído. En voz baja. Recita sin abrir los ojos.

Etiquetas: , , , ,

jueves 21 de junio de 2007

RE: Qué vida más triste

No recuerdo cómo empezó, ni cuando, ni por qué; pero hace años que nos reunimos cada dos o tres meses cinco amigos para comer juntos.

Cuando nos conocimos ni siquiera teníamos barriga ni hijos ni empleos: éramos estudiantes. Ahora los cinco trabajamos en cosas que tienen que ver con la literatura: somos profesores, escritores, editores... por eso jamás hablamos de libros.



De izquierda a derecha, Gerardo Gonzalo, Eduardo Becerra, Chema Gómez Luque y Chavi Azpeitia, tomando las indispensables cañitas previas.

La primera vez comimos en El Quinto Vino, calle Hernani, y ahora ya hemos ido recorriendo todo Madrid.

--Hoy voy con el quinto vino --le digo a mi chica cuando hemos quedado.

--¡Cómo me vendrás! --suspira, resignada.

Un día Chema, que es el único que sabe llevar a cabo operaciones aritméticas sencillas, se dio cuenta de que el 85% de la factura de la comida correspondía a líquidos.

--En realidad, comer, lo que es comer, nos ha salido muy barato --nos consolamos.

Lo que sube un poco el precio son los vinos, los vodkas helados de Chavi, los gin-tonic en vaso de sidra de Eduardito, los orujos de Chema, las ginebras de Gerardo y mis Cutty Sarks.

Desde que hay e-mail quedamos siempre con un correo que lleva como título: "Re: qué vida más triste", no recuerdo por qué, pero ha quedado ya así bautizada la ocasión alegre.

--¿Nos hacemos un qué vida más triste?

--Venga.

Ayer comimos rabo de toro en Cantinela, calle Azcona.



Por lo que puedo recordar se habló de: las previsibles dificultades en Argentina de la editorial "Ediciones del Orto", las nalgas de las argentinas (teoría, práctica, modalidades, ejemplos inolvidables, etc.), conjeturas (¿disparatadas?) sobre la vida sexual de antiguos compañeros de clase, el proceso de demencia progresiva y previsible de antiguos profesores, quién se va a comer la última croqueta (salvo Gerardo, que ya le tocó la última vez, nos acordamos todos, macho), ¿es preferible una inocente becaria veinteañera o una cuarentona corrompida y escéptica? (hubo opiniones divididas: tres a favor de la opción A; dos por la B), los jodidos críos (rango de edad: desde meses --Gerardo y los gemelos-- a plena adolescencia --Eduardo y su Marta--), Rioja: añadas, precios, etc., mujeres fáciles en una edad difícil; y qué habrá sido de aquella novia que tuviste, ¿te acuerdas? Sí, hombre: la de la minifalda que bebía coñac, ¡cómo no te vas a acordar!

También conspiramos. Contra Bryce Echenique, por supuesto.

¿Acaso no conspira el universo entero contra Bryce Echenique?

Acabo de leer este titular en El País:

"Bryce Echenique se disculpa por el plagio de un artículo y lo atribuye a un complot político".


Con dos huevos.

Bryce es de carcajada.

Lleva años plagiando artículos y, cada vez que le pillan, da una excusa más pintoresca. Ana Rosa Quintana, a su lado, es una principiante.

Deberían hacer una teleserie, una sit-com en la que Bryce fuera inventando excusas nuevas en cada capítulo. Éxito total, máxima audiencia.

Que yo recuerde, ha atribuido ya la culpa de que él copie sin vergüenza a:

a) errores informáticos

b) su secretaria, la pobre, que no se entera

c) una campaña de desprestigio

d) la diferencia horaria entre Lima y Barcelona

Esta vez se ha superado a sí mismo: ¡un señor complot político! ¡Toma castaña! Como en el circo: ¡más difícil todavía!

Leo el artículo. Bryce, la víctima, "se presenta como centro de un complot del entorno de Fujimori que pretende acabar con él por la vía del descrédito". Formidable. Al parecer Bryce, el detective, todavía "no ha podido identificar al cerebro de la operación", pero afirma que se trata de "algún canalla". Portentoso. Como es natural, Bryce, el hombre que sabía demasiado, "no desvela cómo los confabuladores pudieron acceder a su correspondencia electrónica y enviar al periódico el artículo, firmado por él y levemente retocado". Espectacular.

El escritor plagiado, José María Pérez Álvarez, se ha mostrado sorprendido y ha dicho: "Si hay algún escritor que se ha opuesto radicalmente a Fujimori ése es Vargas Llosa, y no se sabe que nadie haya utilizado su nombre para plagiar a otros".

No, claro, pero Bryce es mucho Bryce.

Estamos todos muy ilusionados: ¿qué será lo próximo? ¿Abducción extraterrestre? ¿Control mental? ¿Telépatas chinos --sicarios de Fujimori, claro-- que introducen en su cerebro ideas de otros para que Bryce crea que son suyas? ¿Se durmió tras unas copas de más y, al despertar, le habían extirpado un riñón y habían publicado con su firma cinco artículos copiados? ¿Narcotizado por el Mossad, la CIA, el Pentágono y los templarios, en una conspiración internacional? ¿Tú qué opinas? ¿Apostamos algo?

Todos queremos que vuelva Bryce con más diversión.

La deshonestidad, la desvergüenza, la prepotente convicción de impunidad, la falta de escrúpulos y de respeto, etc. por lo general resultan entristecedoras.

En cambio, en el caso de Bryce, no. Bryce, además, garantiza siempre unas cuantas carcajadas.

Habría que agradecérselo, ¿no te parece? ¡Queremos tánto a Bryce!




Cuando fui a ver a mi chica a su buhardilla, me miró con compasión:

--Anda, hijo, que cómo me vienes...

--No es lo que parece. Puedo explicártelo todo: es que hemos estado complotando contra Bryce Echenique, ya sabes. Es algo inocente, ¿no lo hace todo el mundo?

--Qué vida más triste, corazón.

Etiquetas: , , , ,

© 2006 Hotel Kafka. C. Hortaleza 104, MadridTfno. 917 025 016Sala de PrensaMapa del SiteAviso Legalinfo@hotelkafka.com