Los nuevos matrimonios
Los Panzer, pese a lo que se crea, acostumbran a estar bastante locos, casi sin excepción, desde el CFO al contable; son gente solitaria y divertida, bebedores tenaces, proclives al sarcasmo y escépticos lectores de Fernando Pessoa. Cuando terminan de discutir el EBITDA y el cash-flow, se ponen a leer a Voltaire y a beber whisky a sorbitos. Su especialidad suele ser la acotación insidiosa, la apostilla irónica que hace reventar desde dentro, como una bomba de fragmentación, cualquier discurso apisonador y sistemático.
Total, que se vinieron a tomar jarras de cerveza al Cabreira.
Les presenté a mi chica:
--Es "my significant other" y estos son compañeros de oficina.
--¿Cuándo has estado tú en una oficina? --se asombró mi chica.
Tengo otros pasados, varios de ellos en distintas oficinas, pero no soy nada partidario de facilitar información a mis seres queridos.
Nunca se sabe.
Nacho se había casado en un remoto pueblo de la Vera.
--¿Por la iglesia? --preguntó Bridges, sin duda por incordiar.
--No, nosotros nos casamos por Miguel Hernández.
Al parecer, el juez del pueblo remoto de la Vera tiene la costumbre de solemnizar los matrimonios con la lectura de una poesía.
--La madre que le parió.
--Correcto. Sin embargo, las opciones que nos daba eran Miguel Hernández, Benedetti o Lorca.
--Ça fait rêver...
--Así que nos casamos por Miguel Hernández.
--Qué remedio. Casarse por Lorca no puede traer nada bueno.
--¡Y un matrimonio por Benedetti! Imagínate tú...
--Casado por Benedetti, debe de ser muy fácil obtener la nulidad. Vicio de consentimiento. Matrimonio rato. Error determinans... puedes alegar cualquier cosa.
Nacho se resistía a confesar por qué canon de Miguel se había casado. Teníamos que adivinar:
--"Sonreír con la alegre tristeza del olivo"...
--No fastidies.
--"Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos,
seguiremos besándonos"...
--Frío, frío.
--"Me tiraste un limón y tan amargo,
con una mano cálida, y tan pura"...
--Nada, nada. Otra ronda, Auri, por favor.
--"¿Recuerdas aquel cuello, haces memoria
del privilegio aquel, de aquel aquello...?
--Sí, hombre, sólo faltaba lo del "estrangulable hielo femenino", je, je --contestó Nacho.
--Así se casó Althusser, según parece.
--"Ya puedes, amorosa fiera hambrienta,
pastar mi corazón"...
--Va a ser que no.
--¿Pasamos a los licores, caballeros? --propuso Bridges-- Auri, unos Cutty Sarks, por favor.
A pesar de los whiskies, al final nos rendimos.
--"Es la casa un palomar
y la cama un jazminero.
Las puertas de par en par
y en el fondo el mundo entero".
Atónitos nos quedamos.
--¡Mosquis! Se me ha puesto toda la carne de gallina --admitió Bridges.
--¿Ese poema es el de:
"Arde la casa encendida
de besos y sombra amante"?
--Exacto, de ahí lo sacó Luis Rosales.
--Y Cajamadrid.
Le sugerimos que anulara su matrimonio.
--Te sobran los motivos, compañero.
Esta foto es de cuando trabajaba en aquella oficina en la que había analistas financieros y también algunas chicas, como Lorena y Paloma (hola, hola):
--¿Tú por quién te casarías? --me preguntó luego mi chica.
--No me casaría.
--Es un suponer.
--Ah. No sé. ¿Por Catulo?
Y le recité:
Soles occidere et redire possunt:
nobis cum semel occidit brevis lux
nox est perpetua una dormienda
Como quien dice: los días pueden morir y volver a nacer; pero nosotros, cuando se acabe nuestra breve luz, tendremos que dormir una noche perpetua.
A lo que me respondió de inmediato:
Da mi basia mille, deinde centum
dein altera mille, dein secunde centum
deinde usque altera mille, deinde centum.
Dein
cum milia multa fecerimus...
Cual si dijera: dame mil besos, luego cien, luego otros mil, luego otros cien, luego todavía otros mil, luego cien. Luego, cuando hayamos contado muchos miles...
--Conturbabimus illa, ne sciamus... Perdamos la cuenta, no sepamos...
--Eso, perdamos la cuenta.
Y la perdimos.
También la de copas bebidas.
¿Y tú por quién te casarías? ¿Por Paul Eluard? ¿Por Rilke? ¿Por Bécquer? ¿Por don José María de Pemán? Si el juez te da a elegir entre casarte por Bukowski, por Campoamor o por Pablo Neruda, ¿qué preferirías?
¿Te casarías por Edith Piaf para no arrepentirte de nada? ¿O te casarías por Brassens, mysoginie à part?
Etiquetas: financieros, matrimonio, mi, Miguel Hernández, poesía, Rafael Reig
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.









