La potencia de Pérez
Enhorabuena a esos estudiantes: yo les habría puesto un sobresaliente.
La profesora que corrigió los exámenes ha dicho: "No me explico cómo han sacado el título de bachiller".
¿No? Pues yo sí. Porque saben leer.
He leído la columna de Pérez y yo tampoco he entendido nada.
Dice mucho "gilipollas", dice "pavos y pavas", "bebedero de patos" y cosas así: viriles. Esenciales. Celtíberas. Tan nuestras.
Su estilo literario apenas se distingue del de un legionario borracho en la barra de un bar.
Al leerlo se percibe que, entre párrafo y párrafo, el autor se rasca los testículos con delectación y fanfarronería. A veces eructa. A veces reclama otra copa de Soberano a gritos: ¡Cagüendiós, pon otra, Hermógenes! ¡Que, si no, me lío a hostias! ¡Que tengo yo mucho peligro, os enteráis!
Como el legionario, empieza advirtiendo que él "está curtido en broncas, adversidades y otros etcéteras.".
A Pérez no le tose nadie.
Ya se lo habíamos oído: yo cagué sangre en Eritrea, los disparos silbaban sobre mi cabeza, pero era cuestión de cojones, soy el novio de la muerte, hay que tener redaños, etc.
Luego sigue un poco de su habitual humildad: asegura Pérez que él tira a la basura muchas "invitaciones a tal o cual acto presidencial, real, ministerial, social o literario; de los que, por cierto, debe de haber tarjetones a cientos, pues nunca voy a ninguno".
Por Dios, no hacia falta decirlo, señor académico.
Pérez caza solo, ya lo sabemos. Es un lobo estepario. Los poderosos de la tierra no hacen más que invitarle sin parar, pero él jamás acepta ni se doblega. Él se ríe de los poderosos, jamás se le ha visto en un pesebre. Faltaría más. ¡Pérez, la potencia de Pérez!
El nudo de su argumento (por lo que he podido comprender, que es bien poco) es que hay unos traperos que se llevan parte de la basura. Esto al parecer irrita a Pérez. Le toca los cojones. Y es sabido que a Pérez nadie le toca los cojones.
Ante este estado de cosas, Pérez ha decidido no reciclar.
Pues bueno, pues vale.
En cuanto a los mencionados traperos, Pérez ha decidido darles su merecido, así que está deseando coger "a una de esas ratas de cloaca e incrustarle los borradores de mis obras completas, previamente bien enrollados y a hostias, en el esófago".
No esperábamos menos.
Enternecedor, ¿verdad?
Igual que un lejía apurando el décimo coñac en la barra del bar.
En la última frase de la columna afirma Pérez, a modo de brillante conclusión, que él saca la basura toda mezclada y "con las siglas QLRVPM pintadas en las bolsas con rotulador: Que Lo Recicle Vuestra Puta Madre."
Pues bueno, pues vale.
Fin de la columna.
¿Hay algo que comprender acaso?
¿A ti Pérez no te recuerda a José María Aznar diciendo que a él nadie le dice lo que tiene que beber? ¿Son Pérez-Reverte y Aznar los dos últimos ejemplares masculinos de español-de-verdad que quedan? Y Ana Botella, la última mujer-mujer, por supuesto. ¿No deberían estar los tres protegidos, como las especies en extinción? ¿No deberían incluso estar subvencionados? ¿No deberían los musulmanes disculparse también ante Pérez por haberle invadido?
Tras la muerte de Cela (¡presente!), Pérez es lo más cómico que le ha pasado a las Letras españolas, ¿no te parece?
Ahora que dan la lata con la letra del himno nacional, ¿no es evidente que el único que puede escribirla es Pérez?
Espero que cuando mi hija Anusca se examine de Selectividad, si le toca algo de Pérez, no entienda ni una palabra.
Si comprendiera algo, entonces sí que me preocuparía mucho.
Pensaría que se ha echado un novio legionario.
Una preocupación para cualquier padre, ¿no te parece?
Tendría que llevarla al médico. Al de Urgencias.
Etiquetas: Anusca, Cela, patriotismo, Pérez-Reverte, Rafael Reig
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.










