l Blog de Rafael Reig

Rafael Reig, escritor y profesor de literatura

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viernes 18 de abril de 2008

Félix de la Concha



¿Éste soy yo?

Sí, así me ve Félix.

Verse uno mismo desde fuera, desde la mirada de otro, es perturbador.

Conocí a Ana Merino hace años en una Semana Negra de Gijón donde lo pasamos muy bien e incluso escribimos juntos un cuento a cuatro manos, una noche, en la redacción de A Quemarropa (el periódico de la Semana). Sus poemas me gustan mucho. Ella también.

A través de Ana conocí a Félix de la Concha: me entusiasma discutir a voces con ellos y con Ángela Vallvey sobre Israel y Palestina en el bar de Pedro.

El otro día me llama Félix y me propone posar para un retrato.

-Claro, no sabes lo vanidoso que soy, me encanta -le dije.

Sólo he posado otra vez, para mi amigo Arturo Revuelta, y me lo pasé muy bien.

A mí me gustan los pintores, el desorden que tienen, la cantidad de objetos que acumulan, yo creo que van con carretillas o con carritos de la compra, en cuanto cae la tarde, recogiendo lo que encuentran en los contenedores, juntando cartones, coleccionando platos de peltre, baldosas rotas y muelles oxidados. Me encanta lo poco que hablan, lo mucho que preguntan y la velocidad a la que se concentran en su trabajo.

A mí, que soy muy vago, ver a un pintor pintando me tranquiliza.

Me digo: bueno, no pasa nada, alguien ya se está haciendo cargo de todo.

Así que me fui a casa de Félix, aquí al lado, en Palma, y me pintó.

La cosa es una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo, en la que ya hay cincuenta retratos que pintó en 2005. Son retratos con conversación, porque mientras pinta graba una charla con el retratado y se puede escuchar al ver el cuadro. Ahora Félix está añadiendo más retratos, pinta uno cada día y los muestra en un blog sobre el proyecto. Luego se unirán todos en el Museo. Aquí puedes ver el blog de Félix: Diario de una exposición.

Félix se disfrazó de pintor, con una especie de pijama, gorra y una camiseta manchada de colores, y se puso a pintar mientras charlábamos. Tardó un poco más de dos horas y ni sé ya las tonterías que debí de decir, con tal de no dejar de hablar.

Este es Félix ante la obra recién terminada:



¿Tú también me ves así, como me ve Félix?

Yo estoy acostumbrado a verme mirándome, en fotos o en el espejo, mis ojos me miran casi siempre. Aquí no, aquí estoy mirando para otro lado y veo a un desconocido.

Un tipo casi machadiano: triste, cansado, pensativo y viejo.

También me gustaría ver a un tipo convencido su tarea, un tipo que ha aceptado una responsabilidad y ae repite a menudo a sí mismo, en voz muy baja: "la alegría es mi deber diario".

¿Tú qué ves? ¿A quién ves? ¿Me ves a mí?

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martes 26 de junio de 2007

Dos láminas y un dibujo de verdad

Dalí solía reírse del izquierdismo de Picasso. ¿Picasso comunista? Ja, ja, ja. Siempre decía: Picasso es comunista y yo, en cambio, soy un facha, ¿verdad que sí? Sin embargo, en todos los dormitorios de clase obrera, en todo Coslada, Móstoles o San Sebastián de los Reyes, ¿qué hay? Una reproducción de mis cuadros. Una lámina del Cristo de Dalí encima de la cama.



En cambio (seguía diciendo Dalí), ¿dónde están las putrefacciones de Picasso, el comunista, el portavoz del pueblo obrero? Pues en todos los pisos de señoritos, de los burgueses que juegan a revolucionarios. Allí nunca falta esa tontería del Guernica. Un obrero de verdad jamás pondría ese cromo en su casa: pone mi Cristo, sin dudarlo.

Algo de razón tenía Dalí.

Y da que pensar, ¿verdad?

El Cristo de Dalí se llama: Cristo de San Juan de la Cruz.

Una vez estaba en Ávila con una novia que tenía (Hola, Marisol). Como sufro de vértigo, lo de subir a las murallas me pareció un suplicio. Me tuve que poner a gatas por las escaleras.

Luego fuimos a La Encarnación. Allí, en una pared, tienen el cuadro original, que es muy pequeñito, menos que un folio. Es un dibujo que pintó San Juan de la Cruz. Este dibujo:



Yo había leído mucha poesía mística, pero nunca había visto algo parecido. Un tío que tiene una visión mística y, en lugar de escribir una poesía, hace un dibujo.

Un dibujo extrañísimo, con un escorzo insólito, como visto por un pájaro en vuelo. Un dibujo con una fuerza casi expresionista en las manos, en los clavos, en esas gotas que podrían ser de sangre.

Me impresionó mucho el dibujo de San Juan de la Cruz, tánto que compré esta postal, y la tuve muchos años pegada con celo encima de mi mesa. Se ven las marcas del celo todavía.

A Dalí también debió de impresionarle y lo copió, como si fuera Bryce Echenique o Lucía Etxevarría. Volvió a pintarlo, pero le puso esos colores de estampita que utilizaba Dalí. No podía evitar que todo le saliera como una ilustración de calendario.

El Guernica, el Cristo de Dalí: dos láminas, dos cromos. El Cristo de San Juan de la Cruz: un dibujo de verdad.

¿Conoces algún místico que trasladara su visión a un pentagrama, que compusiera una pieza musical? ¿O una fórmula matemática? ¿Que silbara algo por lo menos?

Peticiones del oyente: aquí pongo la dichosa entrevista con los Hombres-G. Son tres páginas por separado.

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Ayer me llamó Juan Madrid desde Caracas. Está allí, con Isaac Rosa y otros, para dar el premio Rómulo Gallegos. Que llovía en Caracas. Que bueno. Que si presentábamos su libro, Pájaro en mano, el sábado. Que vale. Que hacíamos algo en la librería Estudio en Escarlata, que además son amigos, y luego nos tomábamos unas copas. Que sí, que cojonudación. Pues allí estaremos el sábado, por si a alguien le apetece: Guzmán el Bueno, 46.

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