Una salud propia
La salud no se impone desde el ministerio a golpe de prohibiciones: es un proyecto personal.
Mi proyecto de vida más obstinado ha sido siempre escribir.
En el 92, antes de irme a trabajar, otra vez, a Estados Unidos, vivía en el Puente de Vallecas. Compartía casa con dos tipos a los que no conocía de nada. Uno quería ser actor y el otro era informático. Nos llevábamos bastante bien, ellos comían frutas y verduras, no bebían nada más que un poco de cerveza y por supuesto no fumaban. Era como vivir con la ministra déspota, Elena Salgado, sólo que mis compañeros eran mucho más simpáticos.
Mi único proyecto entonces era sentarme a la máquina y escribir. Si hacía bueno, me ponía en el terrado de la casa.

Vivía entonces de redactar discursos para los políticos y de analizar encuestas.
Por eso no contesto o miento a propósito en cualquier encuesta. ¿Para qué se hace una encuesta? Para manipularte. Siempre. Por definición. Para venderte la misma porquería en un envase más atractivo o para hacer una campaña electoral con lo que tú quieres oír (la misma porquería en un envase más atractivo, también).
Mi "proyecto de vida" no era en absoluto incompatible con un poco de bronquitis ni con una resaca de vez en cuando. Si quieres ser atleta, necesitas una salud diferente que si quieres ser escritor de novelas, ¿no te parece?
Si quieres ser ministro, en cambio, necesitas salud, sí, pero también bastante desvergüenza:
--"A Zapatero yo le daría el premio Nobel de la Honestidad y la Solidaridad" --ha dicho un señor en cuanto le han nombrado ministro.
Macho, ¿es que no bastaba con mandarle un jamón? ¿Se puede hacer más el ridículo?
Quizá. ¿Tú qué crees?
Etiquetas: escribir, pasado, política, Rafael Reig, salud
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.










