Lo indispensable
Era La noche de los Libros y mi novia ya se había apiadado de antemano de mí:
-¡Cómo me vendrás, hijo!
-No será para tanto.
-Bebe sólo lo indispensable.
-Hecho.
Por la mañana me fui con mi amigo Paco Oquendo a dar una charla con el siguiente asunto: "¿Qué leía Manolita Malasaña?".
-Nada -dije-. ¿Alguna pregunta?
-¿Y eso?
-Yo creo que era analfabeta.
Iba a despedirme, pero Paco me advirtió que, sólo con eso, no valía.
-Rafita, tío, no tengas tanta cara.
Así que tuve que improvisar cuatro cosas sobre la literatura de cordel hacia 1808.
Luego comimos un bacalao muy rico y salté a un taxi:

Hace años que no conduzco y adoro la expresión "saltar a un taxi".
Lo siguiente era una tertulia en El Comercial, para hablar de sexo con Juan Manuel de Prada y Paula Izquierdo.
Como ahora en el café prohíben fumar, se hizo indispensable tomar una copa en el Okayama y luego otras en la terraza, antes de entrar.
Paula vino como suele, discreta, sin maquillaje, vestida con sencillez y una modestia que rayaba en lo monjil, decidida a pasar inadvertida a cualquier precio.
Empero, yo no podía dejar de mirarle las tetas y esto hacia difícil la concentración:

Aquí estoy, mirándole las tetas a Paula, algo disperso.
A mí es que las tetas me dispersan mucho, qué le vamos a hacer, tienden a evaporarme el pensamiento, que luego se me condensa sobre la frente en nubosidad de evolución variable, filamentos, cirros formados de cristales de hielo que arañan, estratocúmulos ondulantes, nimbos sin sombras en su interior y un cielo del paladar encapotado, cubierto hasta donde alcanza la vista.
Total, que una idea se me iba y otra se me venía.
Se hizo indispensable beber unas copas.
La idea que se me venía solía ser siempre la misma, una idea sencilla y acompañada de ruido de cremalleras y batir de alas.
¿Y la que se me iba? Sería la más remota y, además, ¡échale un galgo!
Prada dijo que a él le excitan mucho las mujeres con los sobacos sin depilar.
-¿Y qué haces? -le pregunté- ¿Practicas muchos coitos axilares?
-No, hombre, no... -se rió.
-¿No? Pues pruébalo, ya verás -le recomendé.
Hablamos del hirsutismo de Prada, de diversas posturas que me parecieron algo agotadoras, a mi edad, y de si teníamos o no secretos.
Dijimos que sí, claro. ¿Quién no tiene secretos? Como suele decir Edu Vilas: ¿a quién le gustaría que se hiciera público el historial de páginas vistas en su ordenador?
Los elementos eliminados de la papelera de reciclaje son el único resto de nuestra verdadera y minúscula vida espiritual, la huella de un alma, el vaciado de una identidad, el fósil que conserva intacta una verdad interior sublime y sombría.
Cuando acabamos, me fui a firmar libros (es un decir) a Estudio en Escarlata; y de allí, a un VIPS.
Firmar no firmé mucho, así que se hicieron indispensables unos whiskies.
A la salida, ya de noche, me encontré con Chavi Azpeitia y acabamos en el Hotel Kafka, vaciando botellas: fue bastante indispensable.
Mientras iba de vuelta a casa, rozando las paredes con las manos y silbando bajito un tanto, vi a Eloy Tizón en una librería que han puesto en mi calle y que se llama Tres rosas amarillas. Entré a saludar y repostar, sólo porque se había hecho indispensable, una emergencia.
Cansado sí que llegué, sí.
Nublado de tetas como si fuera a llover a cántaros, hasta dejar las aceras encharcadas.
-¡Cómo me vienes! Si es que eres más tonto...
-Un poco sí: lo indispensable.
-Anda, ven.
A menudo me pregunto cuánto será mi mínimo indispensable de ser tonto, de copas, de lectura, de pasear con las manos en los bolsillos.
¿Y el tuyo?
Etiquetas: Eduardo Vilas, Juan Manuel de Prada, Paula Izquierdo, Rafael Reig, sexo
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.












