¿Es Chávez o es Chaves?
Hace poco lo denunciaba en The Guardian John Pilger (el director, junto a Christopher Martin, de La guerra contra la democracia). Según Pilger: la virulencia de los ataques sugiere que algo interesante está ocurriendo en Venezuela.
Compara Pilger la campaña contra Chávez con la que (financiada por EE.UU.) sufrieron Salvador Allende y los sandinistas. En Chile, la campaña de intoxicación consiguió sacar a la calle con cacerolas a la clase media, para defender sus privilegios, frente al pavoroso y consabido fantasma que recorre América Latina.
Así fue como consiguieron que viniera Pinochet a protegerlos.
Es verdad que Chávez es un individuo pomposo e histriónico, pero no más que nuestro esdrújulo y patriótico José Bono, por ejemplo, del que nadie se ríe tanto. Si Chávez pretende presentarse a una reelección, se convierte en un dictador tiránico. Sin embargo, ¿cuántos años lleva Manuel Chaves de cacique en Andalucía, después de haber sido ministro de Trabajo y haber logrado provocar la primera huelga general de la democracia? La reelección de Chaves es buena; la de Chávez, una dictadura.
Si Chávez besa niños es porque es un político populista. En cambio, cuando Zapatero consigue fotografiarse besando a uno de los pocos niños negros disponibles en Sanlúcar de Barrameda es un político cercano.
Si Chávez propone cambiar la hora, se alza un coro de burlas. Lo comprobé el otro día en la radio. Eso sí, nadie dice una palabra sobre las otras medidas propuestas junto al cambio de hora, como la reducción de la jornada laboral (que a mí me parece una medida importantisima, otro día lo cuento).
Todo vale con tal de desacreditarle.
Aquí estoy en la radio con mis amigos María Guerra y Julio Rey:
¿Por qué hay esa consigna de ridiculizar a Chávez, haga lo que haga?
Lo primero que hay que preguntarse siempre, como decía Josep Pla, es: oiga, pero todo esto, ¿quién lo paga?
Por desgracia todos sabemos la respuesta.
Este formidable coro de grillos sin duda pretende que no logremos escuchar lo que está pasando Venezuela, pero en realidad dice muy poco sobre Chávez o sobre Venezuela: dice mucho más sobre nosotros mismos.
Y lo que dice sobre nosotros es lo que preferiríamos no oír: nuestro propio miedo a la transformación social.
Ojalá no salgamos a la calle con cacerolas a defender nuestros privilegios.
Etiquetas: Hugo Chávez, Julio Rey, María Guerra, Rafael Reig, socialismo
Pues aquí pondré lo que se me vaya ocurriendo. Poca cosa, en general. Lo primero que se me pase por la cabeza. Lo que lea por ahí y lo que me cuenten en la barra de los bares o los amigos. Y si alguien quiere poner algo también, estupendo: no censuraré ningún comentario.









