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Rafael Reig, escritor y profesor de literatura

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martes 21 de agosto de 2007

Exhibición impúdica

Debió de ser a la altura de El Tejar, sobre poco más o menos. Iba yo en el Cercanías y vi por la ventanilla una casa pequeña, con sillares de piedra y una terraza. Asomado al balcón, un hombre en calzoncillos y camiseta de tirantes, con una Mahou de litro al alcance de la mano. Parecía que estaba haciendo el crucigrama del periódico mientras miraba pasar los trenes. Tenía pinta de llamarse Juan Ramón o algo parecido.

Perder una tarde viendo pasar trenes: eso es veranear.

Pensé: usted sí que lo ha entendido, amigo Juan Ramón; usted es una leyenda.

Sentí unas ganas repentinas de ser el hombre que me miraba pasar. Me entró un intenso deseo de veranear en calzoncillos Ocean, merendando cerveza y mirando la calle.

Cada vez que voy o vengo de El Escorial, miro hacia la terraza del amigo Juan Ramón.

Estamos mi hermana y yo instalados con Anusca en El Escorial. Me acusan los lectores de exhibicionismo. Vale, pues voy a contar mi veraneo. Me lo dijo Umbral una vez, cuando tomábamos whisky con optalidón: insiste en lo que te critiquen, porque ahí está tu fuerza.

Hace años que intercambiamos casas con Javi y Anabel, amigos de mi hermana Maite. Ellos se van a Piles; nosotros, a su casa de El Escorial. Yo no les he visto nunca, a pesar de que paso todos los veranos en su casa.

En la mesita de noche, Anabel tiene este libro: Einbildungskraft und Interpretation. Por si no queda claro, el subtítulo dice: Die hermeneutische Tragweite von Kants Kritik der Unteilskraft.

¿A que acojona?

Javier tiene Revolución en el tiempo. También lleva subtítulo: El reloj y la formación del mundo moderno.

Al menos está traducido.

¿Qué habré dejado yo en la mesita de noche de Piles? Supongo que alguna novela de Ed McBain o algo así.

En El Escorial estamos muy a gusto y, además, mi hija Anusca y yo podemos disfrutar a mansalva del granito del Guadarrama.

El otro día vinieron Blanca y Marcela. Les dimos un euro para que se fueran al chino a comprar algo y volvieron con pinturas para embadurnarse la cara.

--Qué cara --se quejaba Anusca--. Nos habéis mandado al chino para pedir una ración de boquerones fritos y coméroslos solos.

Nos habían pillado, en efecto.

No sé si como venganza, pintaron también a mi primo Pepe Reig, que había venido con un equipaje de las legendarias longanizas y morcillas de Játiva.



Para que nos perdonaran les hicimos su comida favorita: huevos fritos con arroz y salsa de tomate:



Los mayores nos tomamos por la tarde unas cervecitas:




Mientras tanto, yo me preguntaba: ¿qué estará haciendo Juan Ramón, el legendario Juan Ramón, en estos momentos?

Como si lo viera: mirar el paisaje y a punto de abrir una lata de anchoas para hacerse un bocadillo.

Juan Ramón sí que sabe.

Por puro exhibicionismo, una foto en bañador:



¿Se puede ser más impúdico? ¿O más feliz?

Imposible.

Más impúdico sí, claro. Siempre queda la posibilidad de fotografiarse escribiendo:



¿A ti qué te parece? ¿Exhibicionista?

A mí también.

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