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martes, febrero 27, 2007

La historia del hombre cucaracha que parecía una lechuga


Cuando Arantxa Campo regresó del trabajo a las seis y cuarto, a la misma hora de todos los días, cogió el correo del buzón, subió andando los cuatro pisos para quemar algo de grasa y saludó a la señora Martí, su vecina del quinto que, como de costumbre, estaba barriendo el descansillo para controlar quién venía. Todo era completamente normal. Excepto que su marido, Rogelio Antón, director de una escuela, no estaba esperándola como solía hacer. Pero Arantxa tampoco le dio demasiada importancia. Seguramente, el atasco de las seis se había complicado con algún accidente de tráfico. Así que se puso sus pantalones vaqueros, se quitó los zapatos de tacón, se calzó las deportivas blancas, cogió el carro para hacer la compra en el mercado del barrio y sacó la basura.
Un kilo de pepinos, otro de naranjas, dos lechugas, tres tomates, cuarto y mitad de jamón de York, un pollo troceado para hacer al ajillo y dos botellas de leche desnatada más tarde, Arantxa volvió a su apartamento. Robó los tickets de descuento de la pizzería al vecino del segundo y saludó de nuevo a la vecina del quinto, que continuaba afanada con su escoba. Como todos y cada uno de los lunes. Salvo que Rogelio no estaba en la cocina. Eso era extraño e inusual. En menos de cinco minutos sería la hora de su taza de té con leche y dos azucarillos. Tampoco lo encontró en el salón, ni en el comedor, ni en el dormitorio, ni en la habitación de su hija. Y cuando fue a comprobar el baño, lo encontró cerrado. Eso también era raro.
? ¿Rogelio? ? preguntó a la puerta ? ¿estás ahí?
? Sí. ? Le contestó una voz desde el otro lado.
? Sal. Es la hora de tu té.
? No sé si podré.
? Bueno, acaba pronto que va a llegar Miriam y querrá ducharse después de su clase de aeróbic.
? No, no es eso ¿Puedes desmontar la cerradura?
? ¿Te pasa algo Rogelio?
? Tú date prisa.
Arantxa, a pesar de encontrarse completamente turbada por la absoluta irregularidad de ese comportamiento, se apresuró a hacer lo que su marido le decía. Corrió al armario, cogió la caja de herramientas, sacó el destornillador de estrella y desmontó la cerradura de la puerta. Pero cuando acabó, sudorosa y cansada, Rogelio no estaba allí. Sólo había una lechuga sobre el bidé. Una verde y enorme lechuga
? ¿Una lechuga? ? Preguntó extrañada Arantxa. ? ¿Qué hace una lechuga en el baño? Si llego a saber que había lechuga, no hubiera comprado más. Pero, claro, no podía imaginarme que estaría en el baño...
? Soy yo, Rogelio. ? La interrumpió la hortaliza.
? ¿Qué?
? Que soy Rogelio, tu esposo.
? ¿Cómo? ¿qué te ha ocurrido? ? Preguntó sin signos de sorpresa. Eso ya se apartaba tanto de la normalidad que Arantxa estaba en pleno estado de shock. Hasta se podría decir que se comportaba de forma calmada y racional. ? ¿Efectos secundarios de los insecticidas que echan en las verduras? ¿demasiada ensalada? ¿te ha picado un pulgón mutante? Seguro que ha sido por el cloro del agua. Si es que con tanta química...
? No tengo ni idea. Sólo sé que cuando iba a salir del baño, me di cuenta de que me había transformado.
? ¿Y qué tal es ser una lechuga? ? Le preguntó Arantxa con naturalidad. Como quien pregunta a un amigo si es muy cansado ir al gimnasio dos veces por semana o si le pagan bien en su nuevo trabajo.
? ¿Cómo que una lechuga? No soy una lechuga.
? ¿Y entonces qué eres?
? Una cucaracha, por supuesto. Como en la metamorfosis de Kafka.
? Cariño, Kafka nunca especificó que el protagonista de la Metamorfosis se convirtiera en cucaracha. Sólo decía que era un bicho...
? Me da igual. Yo soy una cucaracha.
? Pero Rogelio, tienes hojitas...
? Da igual, te digo que soy una cucaracha.
? Y eres verde. Las cucarachas no son verdes. Negras y marrones sí. Algunas hasta rojas, pero no verdes.
? Soy una cucaracha.
? Y no tienes patas, ni antenas, ni alas...
? Soy una cucaracha.
? Pues digas lo que digas, a mí me pareces una lechuga.
? Y sin embargo, soy una cucaracha.
? Pero...
? Ni pero, ni nada. Soy una cucaracha, sólo que soy una especial. Diferente a las del resto de mi especie.
? Y tanto. Eres una lechuga...
? ¡¡¡No!!! Soy una cucaracha ¿es que no puedes entenderlo?
? Francamente, tengo que decir que no. No te comprendo en absoluto.
? Es muy sencillo. Soy una cucaracha que parece una lechuga.
? Me he perdido.
? Sí, mujer. Es muy fácil. Me he convertido en cucaracha, de eso no hay duda. ? Dijo resaltando la última parte al ver que su mujer iba a alegar algo al respecto. ? Pero, parezco una lechuga.
? ¿Así que pretendes que me crea que te transformaste en un insecto que parece una hortaliza?
? Exacto.
? Entonces, explícame por qué he tenido que desmontar la cerradura para poder entrar al baño. Si fueras una cucaracha, tendrías muchas patitas que podrías haber usado para abrir la puerta.
? ¿Cuándo has visto una cucaracha usando un picaporte?
? Eh... en eso te tengo que dar la razón.
? Además, todavía no me he acostumbrado a mi nuevo cuerpo. No creerás que me he pasado todo el día en el bidé por gusto.
? Vale, como quieras. Si dices que eres una cucaracha, pues lo serás. Pero lo que no puedo aguantar bajo ningún concepto es estar manteniendo una conversación trascendental en el cuarto de baño. No es el sitio apropiado.
? Estoy de acuerdo.
? Te llevaré a la cocina. Todavía podemos tomarnos un té antes de la cena.
Arantxa cogió a su marido con apariencia de lechuga y fue a la cocina. Dejó a la cucaracha que era Rogelio encima de la mesa y preparó el té.
? ¿Una taza cariño? ? Le preguntó.
? Sí, por favor.
? ¿Te la echo por encima?
? No. No tienes que regarme. Recuerda que soy una cucaracha. Ponla en un plato y yo me revolcaré en ella.
Arantxa hizo lo que le pedía y le colocó encima.
? Umm qué rico. ? Dijo Rogelio. ? ¿No es genial?
? No está mal, pero me gustaba más el té que compré el mes pasado en la tienda china esa, tenía más sabor...
? No me refería a eso. Decía que es genial que sea una cucaracha, pero que parezca una lechuga. Es fantástico. Así no te doy asco.
? Sí, es verdad. Ya sabes que odio los bichos.
? Pero te encantan las hortalizas. Podremos seguir juntos a pesar de todo.
? Por supuesto, cariño.
? Y como a nadie le daré asco, no me rociarán con insecticida para matarme. Todo el mundo pensará que soy una lechuga.
? Es verdad.
? Pero no soy una lechuga. Soy una cucaracha. Y ellos no se enterarán... oye, esto es maravilloso.
? ¿El qué?
? Nadie se lo esperará. Podré acercarme a todo el mundo tranquilamente y cuando menos se lo esperen...
? ¿Más té?
? No, gracias. Podría ir a cualquier sitio. Podría ir a la presidencia del Gobierno. Entraría y todos creerían que soy una lechuga, pero no..., podría obligarles a decretar una amnistía a todos los insectos oprimidos. O incluso llegar a presidente y dictar mis propias leyes contra el asesinato de bichos.
? ¿Dices que vas a llegar a ser presidente porque te has transformado en una cucaracha que parece una lechuga?
? Claro. Todo el mundo teme a las cucarachas.
? No. A todo el mundo les dan asco.
? Da igual. Cuando se enteren de lo que soy tendrán que darme todo lo que pida..., podría..., podría llegar a ser el amo del mundo. Ja, ja, ja. ? Se rió Rogelio maléficamente.
? ¿El amo del mundo?
? Imagínate. Todos los mandatarios recibirán una lechuga por correo. ?Oh, que lechuga más bonita nos han mandado? dirán felices a sus esposas y maridos. No sabrán que en vez de una lechuga seré yo. Y entonces, todos estarán bajo mi poder...
? Tú sabrás.
? Seré el rey planetario y tú, cariño, serás mi reina. Tendremos todo el dinero que queramos, mansiones, mayordomos, aviones privados...
? Pero cariño, nadie aceptará una lechu..., digo, una cucaracha como amo. La población se rebelará.
? No lo hará. Porque si no..., me enfadaré. Y todo el mundo sabe qué pasa cuando una cucaracha se enfada.
? Yo no ¿Qué ocurre?
? Ahora no tengo tiempo para explicártelo. Tengo que pensar en mis planes para dominar el mundo.
? Supongo que el futuro señor de los terráqueos tendrá que comer ¿qué te apetece? Iba a hacer una ensalada.
? ¡¡Arantxa!! Soy una cucaracha. No comemos ensaladas.
? ¿Y entonces?
? Con un poco de basura putrefacta valdrá.
? Vaya, he bajado la bolsa antes de hacer la compra. Iré a buscar un poco a la papelera de la esquina. Ahora vuelvo.
? De acuerdo ? le respondió Rogelio en un tono que indicaba que le estaba molestando. ? Primero el ayuntamiento, luego el Parlamento, el Gobierno y después, el mundo...
Quince minutos más tarde, Arantxa volvió a casa con una buena provisión de basura. Se había recorrido siete papeleras y tres contenedores. No tenía mucha experiencia en ese tipo de cena y no tenía ni idea de qué era lo que debería llevar, así que había cogido algo variado para ver cuales eran los nuevos gustos de su marido. Llamó al telefonillo al darse cuenta de que se había dejado las llaves con tanta excitación, subió corriendo las escaleras y saludó a la vecina del quinto, la señora Martí, que parecía un poco extrañada ante esa salida tan inesperada. Su hija le abrió la puerta.
? Hola, Miriam.
? Hola, mamá.
? ¿Qué tal la universidad? ? Algo en la cabeza de Arantxa le indicó que había temas más importantes con los que ocupar el tiempo en ese momento. ? ¿Has visto a tu padre?
? No.
? Pero si le he dejado conspirando en la mesa de la cocina.
? Pues cuando he llegado, no estaba ¿quieres un poco? me estaba preparando algo de comer.
? ¿¿Qué?? ? Preguntó asustada Arantxa. ? ¿Qué te has hecho?
? Una ensalada. ? Dijo enseñándole una fuente. ? Pero no te preocupes ? añadió cuando vio la cara triste de su madre ? hay suficiente para las dos. Y si viene papá, ha sobrado bastante. Era una lechuga inmensa, gigantesca. Nada que ver con las otras dos que has comprado.
? ¿Ha sobrado? ? Dijo mientras corría a la nevera. ? Ay dios mío.
Abrió la puerta del frigorífico. Allí estaba Rogelio, frío y con unas cuantas decenas de hojas menos.
? Rogelio ¿estás bien? ? le preguntó poniéndole en la mesa.
? Ay, casi me ahogo ahí dentro ? respondió entre toses ? me duele todo. Esa niña es una fraticida. Ha intentado matarme.
? Pero ¿qué ha pasado? ¿Por qué no la has advertido de que eras tú?
? Me quedé dormido maquinando cómo conquistar el mundo.
? ¿Papá se ha convertido en una lechuga?
? No soy una lechuga, Miriam, soy una cucaracha.
? A mí me pareces una lechuga.
? Cariño ? le dijo Arantxa a su hija ? ya hemos discutido eso antes. Créeme, es una cucaracha que parece una lechuga.
? Pues sabe a lechuga. ? Respondió Miriam.
? ¿Te has atrevido a comerme?
? ¿Y yo qué sabía? Creía que eras una lechuga.
? Ay, mi pobre cuerpo. ? Sollozó Rogelio. ? Cómo voy ahora a conquistar el mundo. No estoy en condiciones.
? No pasa nada, cariño. ? Le consoló su mujer.
? Mamá ¿me pasas el aceite?
? Claro... espera ¿vas a comerte a tu padre?
? Hombre, yo pensaba que ya que no tiene solución, sería una pena tirarlo. Además, está riquísima.
? Ey, que esas son mis alas. Y las cucarachas no se comen.
? Pues estáis muy buenas. Mira, mamá. Prueba.
? Pero hija...
? Le he puesto queso, jamón de york, pepino, tomate y un toque de jengibre, como a ti te gusta.
? ¿Sí? A ver que tal ha quedado.
? ¡Arantxa! ? Se quejó Rogelio cuando vio a su mujer cogiendo un tenedor.
? Pero cariño, sólo voy a probar. ? Se metió un pedazo en la boca y lo masticó. ? Ummm, está fantástica.
? Oye ¿crees que si le plantamos en una maceta crecerá?
? Soy una cucaracha. No crezco en macetas.
? Es que estás tan bueno...
? Eres una psicópata. Ojala cayera una bomba atómica en el pueblo. Así sólo sobreviría yo.
? Claro, cariño. Por cierto, hablando de comer, te he traído tu basura ¿quieres un plato?
? ¿Basura? ¡Fantástico! ¿Qué has cogido?
? Ahora verás. Y tú tranquilo que no dejaré que nadie te vuelva a comer.
Así fue. Y para evitar nuevas equivocaciones, dejaron de comprar la lechuga y se pasaron a la escarola, que no era lo mismo pero no estaba mal. También Rogelio entendió que su semejanza a una lechuga le podría traer más inconvenientes que ventajas a la hora de conquistar el mundo y aparcó sus conspiraciones para volver a dirigir su pequeña escuela. A ningún padre pareció importarle tener que hablar con una lechuga sobre los castigos de sus hijos. Claro que ninguno sabía que en realidad no era una lechuga.

Autor: Manuel H. Cabezas. (Madrid 1981) Actualmente estudia Biología en la Universidad Autónoma y realiza el Taller de Escritura Creativa en Hotel Kafka.

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