Soledad sonora
15 de Febrero
Hoy por primera vez desde que ocurriera el accidente, he vuelto a salir a la calle. Me desperté con la sensación de estar aún en la clínica, extendí mi mano para buscar el frío metal de la mesita y más arriba el agua embotellada y encontré la cálida espalda de Antonia que respiraba con el ritmo lento y pesado del sueño. Estaba en casa. Tras unos instantes de incertidumbre recompuse todo el espacio que me rodeaba, el cesto donde dormía Valky debajo de la ventana, la cómoda, un butacón, la puerta del dormitorio y el armario empotrado. Estaba en casa. Nada más incorporarme Valky me alcanzó las zapatillas: premio, caricia y palabras bonitas. No debo olvidar premiar al animal cada vez que me deje algo en las manos. Sentado en la cama, he vuelto a sentir ese extraño zumbido en el oído izquierdo que no sé precisar.
Debo ser valiente y enfrentarme a mi nueva situación. Recuerdo las palabras del psicólogo cuando nos decía que el potenciar el resto de sentidos para paliar la falta de uno nos hace, de alguna forma, superiores al resto de las personas. Así me empeño en acariciar a Antonia, dibujando su cuerpo con mis dedos o trato de contar los pasos que me llevan a la cocina o sobre todo permanezco atento a los sonidos que me rodean de manera que pueda familiarizarme cuanto antes con mi entorno inmediato.
Nada más cerrar la puerta de casa, Valky me ha guiado hasta el portal. Paciente, ha esperado a que encontrara el picaporte para salir.
Desde el portero automático, la voz telefónica de Antonia me ha deseado buena suerte. Sentir el sol en el rostro ha sido gratificante después de tanto tiempo. He caminado por la acera con paso seguro ya que es Valky quien tiraba de mí. Buen perro.
He intentado poner en práctica los sistemas de orientación que hemos estudiado en la clínica, no es difícil si se tiene presente el plano zonal que aprendí de memoria. De esta manera he conseguido llegar hasta el colegio que está a tres manzanas de casa. He preferido posponer el reencuentro con mis antiguos compañeros del claustro para otro día, así que una vez he empezado a sentir cercanas las voces de los niños en el patio del recreo, me he dado la vuelta
Si hay algo que me ha llamado la atención es el terrible ruido del tráfico. Me ha sido prácticamente imposible discernir los otros sonidos más tenues. Además el zumbido de la mañana no ha desaparecido, incluso ahora en la quietud de la noche sigue molestándome.
Hoy he paseado durante casi media hora y no he tenido que pedir ayuda a nadie. Empiezo a valerme por mí mismo.
25 de Febrero
He cogido el metro para la revisión médica. Antonia me ha acompañado. Ha sido una experiencia excitante. Recordaba ese olor a tierra sucia, las estancias apenas iluminadas y los rostros de los viajeros en silencio desdibujados en las ventanillas, pero lo que he sentido hoy ha sido muy diferente: una explosión de vida en cada momento. No pensaba que la gente hablara tanto ni que mantuviera ese tipo de conversaciones en un lugar tan poco apropiado. Hay un constante ir y venir de colonias, y sudores, que se mezclan con las palabras más extrañas.
La revisión ha ido bien. Ha sido bastante significativo el escuchar el bombeo de mi corazón en el fonendoscopio del doctor. No le he comentado nada sobre el zumbido en el oído por miedo a más pruebas. De todas las maneras acabaré acostumbrándome, al igual que me he acostumbrado a mi nueva vida.
12 de Marzo
Valky me ha mordido. Ha debido de ser un espectáculo de lo más denigrante. Estaba sentado en el parque, en el quinto banco del paseo principal donde el ruido del tráfico empieza a desaparecer donde el zumbido queda velado por la suave brisa que parte del lago y mueve las hojas de los árboles, o por el resuello de algún deportista ocasional o por los arrullos de las palomas arremolinadas en torno al grupo de jubilados altruistas.
Valky ha empezado a ladrar, el sonido punzante me estaba agujereando los tímpanos. No he podido evitarlo y la he emprendido a paraguazos con el pobre animal para que se callara. La gente estaba escandalizada, nadie se acercaba pero yo les sentía ahí, alrededor de mí estupefactos e indignados con sus ?oh? y sus ?qué hace, bestia? mientras las varillas del paraguas se estrellaban contra el perro. ?Le está bien empleado, por cabrón? he escuchado decir a un jovenzuelo. Le he contestado que era un gilipollas bastardo que no tenía ni puta idea de lo que había ocurrido, que el perro era mío y podía pegarle cuando me viniera en gana, he buscado su voz entre la gente, me he girado hacia él y en ese momento he sentido como el zumbido en mi oído izquierdo se transformaba en un burbujeo como de agua hirviendo totalmente nítido. Y he visto un grupo de células cancerígenas reproduciéndose en su cerebro. Me he asustado al obtener una imagen tan real, pero ya nos avisaron que a veces la imaginación nos puede llevar a tener sensaciones casi oníricas.
17 de Marzo
Después de lo del parque del otro día he decidido quedarme en casa. Cuando Antonia se marcha a trabajar cierro todas las persianas y enciendo la radio a todo volumen así trato de paliar el ruido ensordecedor que lleva intrínseco cualquier acto en esta ciudad, pero aún así sigue existiendo, no puedo zafarme de él.
Trataré de convencer a Antonia para marcharnos unos días al campo.
Valky sigue rehuyendo mis caricias a ella también le vendrá bien un poco de aire puro y de silencio.
25 de Marzo
Lo hemos pasado muy bien los tres en la sierra. A medida que nos alejábamos de la ciudad el zumbido de mi oído parecía atenuarse. Lo que aquí es sordo zumbido allí es un ronroneo suave en todas las cosas: el viento en la hierba esparciendo un olor dulzón a tomillo y a lavanda, el seco desmorone de la tierra al caminar, el crepitar antiguo del fuego?
He preferido no acercarme a las personas no fuera que volviera a escuchar.
29 de Marzo
Antonia ha decidido encerrarse en un mutismo de televisión y lectura, a Valky tuvimos que devolverla a la fundación porque algún hijo de puta decidió denunciarme por maltrato y yo me siento cada vez más perdido.
El stress me gana la partida.
Tengo miedo. El zumbido en mi oído me está volviendo loco. Ahora puedo discernir dentro de él y escucho la conversación a media voz de la pareja del primero A, la estúpida risa de Adelita, la adolescente del tercero B, cuando habla por su móvil escondida en el aseo y así todas y cada una de las voces que me rodean. A veces sólo escucho palabras sueltas como ansiedad, prisa, orphidal, agobio o descansar, entonces trato de hilarlas buscando alguna respuesta. Intento hacerme creer que todo es fruto de mi imaginación, y enciendo la tele y las palabras catódicas se funden con las reales y con las que escucho dentro, en el zumbido, y no sé muy bien qué hacer con todo esto. Estoy desesperado.
30 de Marzo
El sonido. Qué terrible realidad para los que no podemos ver.
He decidido presentarme en la consulta de mi psicólogo para comentarle todo lo que me está sucediendo.
Sonriendo me ha dado la enhorabuena, le ha parecido increíble que en apenas mes y medio haya conseguido potenciar mi audición hasta tales extremos. Que no me preocupe que deje a un lado esos estúpidos miedos infantiles, y que empiece ahora a trabajar con el tacto.
Guillermo de Roebruk (Londres, 1974). Agente de viajes. Es alumno del master de escritura creativa de Hotel Kafka.



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