Claridad oscura, por Teresa de Paz
Un día le dijeron que podía ser un tumor. Que podía ser un tumor aquella hinchazón, aquel malestar, aquel desasosiego.
Reunió a sus hijos. Les dijo: Ya me toca morirme. Parece que ya me toca morirme. Y si me toca, pues me muero y no pasa nada. No es seguro que sea pero puede ser. Y si tiene que ser, pues tiene que ser, y ya está.
Llamó a un amigo y lloró.
Y ya no salió más de casa. Porque era un enfermo. Y seguramente un enfermo grave. Ya no salió más de casa. Su vida se convirtió en duda y espera. En la duda de la posible gravedad. A la espera de la posible muerte.
A la espera de las pruebas del hospital solamente. Una y otra cita. Una y otra prueba. Semanas interminables. Inútiles días festivos. Todo tan impreciso.
Hasta que un día las pruebas hablaron y el médico habló. Era maligno. Tenía que decírselo. Podía vivir varios años o sólo uno, o sólo meses. Escuchó y no preguntó. Esta sería ya la única duda, la única imprecisión. Sólo dijo gracias. Miró a su mujer como si nada y se fueron.
La casa ahora parecía distinta. Todo era un poco diferente. No podía pensar. Lloraba por dentro sin poder llorar. Y sin poder hablar, hablaba.
Después de la incertidumbre, claridad oscura. Claridad. Oscura. Claridad.
Empezó a salir de casa. Empezó a acordarse de la vida. Se le agolpó en los ojos todo el amor por los suyos. Y se le llenaron los días de minutos.
Teresa de Paz ha realizado uno de los talleres de micro-relato en Hotel Kafka
Etiquetas: Hotel Kafka, micro-relatos, Teresa de Paz



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