Nunca se sabe, por Mar Echenique

El vagón está medio vacío y en silencio. El chico de la camiseta negra lee uno de esos periódicos que se entregan gratuitamente a la entrada del metro y mastica sin parar un trozo de chicle con el que, de vez en cuando, infla un pequeño globo de fresa. La joven que se sienta a su lado lleva los auriculares puestos y echa ojeadas por encima del periódico de su vecino de asiento. Nadie habla. Unos dormitan, otros tienen la mirada perdida y la señora del fondo está totalmente enfrascada en su novela.
El tren se detiene en la estación de Cuatro Caminos y dos chicas entran conversando en el vagón y pasan a ocupar los asientos situados frente al de la camiseta negra y la joven de los auriculares.
- Te lo dije, ya sabía yo que hoy no iba a querer quedarse, ese tío tiene un morro que se lo pisa.
- Habrá quedado con su novia, con la oficial.
- ¿La conoces?
- No, pero me ha dicho Elena que ella sí. Se llama Emma y es de su barrio, estudia Biológicas en la Complutense y llevan desde los quince saliendo juntos.
- ¿Y qué vas a hacer?
- Pues nada, yo de momento como si no me importara. A mí Miguel me gusta un montón y no voy a montarle un pollo. Estoy deseando que llegue el fin de semana, nos vamos a ir los dos solos a la casa que tienen sus padres en la sierra.
- Tía, que guay, ¿y qué le contará a su novia?
- Me ha dicho Elena que lo ha preparado todo con su hermano para contarle que se va con él a una concentración de motos.
- Qué fuerte, así que todo el mundo lo sabe.
- Pues sí, todos menos ella.
- Debe de ser un poco tonta, porque esas cosas se notan.
- Será la típica, ya sabes, una ingenua.
- De todas maneras Miguel se tira mucho el rollo, porque tampoco es normal que vaya largando por ahí cómo le pone los cuernos a su novia.
- Sí, desde luego la discreción no es lo suyo... ¿has visto la chupa roja que llevaba hoy? Me encanta...
El chico de la camiseta negra ha doblado su periódico y parece prestar atención a la conversación de las chicas de enfrente. La joven de los auriculares sigue con los pies el ritmo de la música. Justo antes de que el tren se detenga en la estación de Moncloa, se levanta para salir. Lleva una carpeta de estudiante en la mano.
Un chico aparca la moto justo al lado de la boca del metro, se quita el casco y, mirándose en uno de los espejos retrovisores, se remueve el pelo. Saca un paquete de tabaco del bolsillo de su cazadora roja. Enciende un cigarrillo, camina a un lado y a otro de la salida, se apoya en la barandilla, vuelve a caminar, mira el reloj y luego se dirige hacia las escaleras interiores, baja un par de peldaños e inmediatamente vuelve a subirlos, se mira otra vez en los espejos de la moto. Apaga el cigarrillo, lo pisa. Retrocede unos pasos y se sitúa en uno de los laterales de la barandilla. Desde ahí, medio escondido, mira alternativamente al reloj y a las escaleras del metro.
Empieza a salir gente, entre ellos sube la joven de los auriculares con su carpeta en la mano. Cuando sale a la calle, se topa con el joven de la moto. Rápidamente se quita uno de los auriculares.
- Miguel, ¿qué haces aquí?
- Pues...ya ves...
- Ya veo ¿qué?
- Emma... necesitaba verte.
- Miguel, déjame en paz, hace un mes que te lo dije, no quiero seguir contigo, estoy enamorada de otra persona, no sigas fingiendo que tú y yo estamos juntos, asúmelo tío, cuéntaselo a tu gente de una vez. Olvídate de mí y vive tu vida.
Vuelve a ponerse el auricular y camina decidida por la calle sin mirar una sola vez atrás.
Mar Echenique ha realizado el curso True crime en Hotel Kafka
Etiquetas: Hotel Kafka, Mar Echenique, relato, true crime



7 Comments:
Me ha gustado mucho el relato, tiene algo de cinematográfico, parece cómo si estuviera viendo la escena. El final (muy bueno) me ha hecho recordar la frase estrella del doctor House: "Todo el mundo miente".
Es espléndido. Desvela el papel, pequeño, que la sinceridad juega en las relaciones y capta la vida cotidiana en dos pinceladas, de forma que parece que estamos presentes en el metro.
Enhorabuena, Mar.
Encuentro que tu relato engancha desde el pricipio, tiene un ritmo muy vivaz y un final sorprendente.
Me gusta.
Me gusta el tempo del relato la sensación de moviento que creas con el mismo, también el juego de interpretaciones de algunos personajes y del mismo lector que actua como un mirón dentro del cuento.
Un relato breve, pero intenso, muy intenso, que te hace pensar ¿quien no se ha inventando alguna vez su película? y lo peor, se la ha creído, una cosa es tener imaginación y otra vivir en una contínua mentira, todo esto presentado en un escenario de lo más cotidiano añade un valor que lo hace muy cercano.
Muy bueno, el final sorprendente. Hay mucho de verdad en esta historia.
Bravo! me ha encantado.
Me ha gustado, sobre todo el final. He leído algunas otras cosas de Mar y me estoy acostumbrando a esperar buenos finales. Felicitats!
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