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domingo, mayo 25, 2008

LA CITA, por Erika Fernández

César se decidió, pasados tres días, a ir a buscarla a la oficina. Por fin habían quedado en verse y ella no se había presentado, y tampoco le cogía el teléfono, aunque había dejado pasar un día entero antes de llamarla por primera vez. Luego empezó a insistir con más frecuencia, herido un poco en el orgullo, de sentirse plantado y sin explicación.

12 de Enero
Buah, acabo de salir de una relación larga y no quiero compromisos. Pues que se olvide de un polvo fácil y sin compromisos. Luego no ha parado de tontear, sabe que me gusta, eso fijo, pero no pienso caer en lo de ahora no quiero comprometerme. Joder, ni que yo estuviera pensando en boda. Un café, un cine, no se, vamos que no le voy a poner una correa. El caso es que le gusto, eso me lo ha dejado claro, y a mí se me notaba a leguas que me muero por él, hace ya mucho que se lo dejé ver. Y ahora, con esa maldita frase, me tiene que no se que hacer. ¿Se supone que me está dejando claro que no va a ir más allá de un polvo? Porque no es que yo esté pensando tampoco en una relación, pero tampoco en una sola noche. Mierda, por qué narices habrá tenido que decir eso, ¿por qué no habrá dejado que pase sin más?

Tan pronto como salió del portal, César empezó a arrepentirse. Sintió el deseo de volver a subir a su piso de nuevo y como mucho, probar otra vez a llamarla. Tal vez debería dejar pasar esta semana. Quien sabe, puede que le hubiese surgido algo importante y hubiese tenido que marcharse todo el fin de semana fuera, y claro, tratándose de algo importante, lo último en lo que pensaría sería en llamarle a él para darle explicaciones. Total, si sólo habían quedado para cenar el viernes. ¿Qué pensaría si hoy lunes se presentaba en su trabajo, pudiéndola poner en un compromiso incluso, pidiéndole explicaciones por el plantón?

07 de Marzo
Hace un día asqueroso. No me apetece nada salir, todavía un cine. Pero hace un par de semanas que no veo a César y el mono me puede. Me jode que tenga un bar de copas, con la música siempre alta y teniendo que estar a todo menos a una conversación tranquila conmigo.
Parecemos críos. Miradas, indirectas, y yo que me pongo tonta con cualquier gesto suyo. No se a qué jugamos desde hace tanto tiempo.

La decisión de presentarse en su trabajo y dejarle ver realmente lo interesado que estaba en ella, ya no era tanto por orgullo sino más bien por miedo a perderla. Se quedó en el rellano debatiéndose entre abrir la puerta o darse la vuelta y entrar otra vez en el ascensor. Empezaba a temer que el hacerse tanto el desinteresado, como técnica para atraerla más aún, había sido un error. Lo mismo hacía el imbécil presentándose allí, se reiría de él. Se imaginaba como un bobo observando como ella comentaría a sus compañeras algo y luego todas reirían seguro. Aunque, por otro lado, una cita es lo que es, es decir, habían quedado para verse, y querer saber por qué le había dado plantón no significaba estar enamorado de ella, ¿lo estaba? Para abajo otra vez. Miró por si algún vecino le veía hacer el gilipollas de esa manera.

25 de Mayo.
En la oficina una mierda, la casa está echa un asco pero estoy demasiado vaga para ponerme de maruja. El sábado cumplo los 30 y creo que voy a sufrir una gran crisis neurótica o existencial, lo que sea, pero una crisis fijo. Iremos al bar de César a tomar algo, mira, sería un buen día para que me confesase su amor desesperado. Pero no, claro, si es que el pobre todavía no puede pensar en compromisos, por eso de las relaciones del pasado. Debería empezar a dejar de pensar en él, ¿eso se puede hacer premeditadamente? Lo mismo me apunto a un gimnasio o me compro un perro.
Me temo que estoy enamorada de él hasta los huesos.

César caminaba despacio. Ella hacía tiempo que ya le había demostrado lo que sentía, y él disfrutaba haciéndose de rogar, que estupidez. Y lo mismo mientras él se hacía el duro y cada vez se encaprichaba más, ella sólo tonteaba. O puede que ella se hubiese acabado cansando de esperar o hubiese terminado creyendo que realmente a él no le importaba tanto como realmente le importaba. Después de tanto tiempo de "cortejo" ella le había dejado tirado. Y esa actitud de no llamarle ni contestar a sus llamadas realmente le hería.

31 de Mayo.
Estás preciosa. Eso me ha dicho. Ala, ni hola. Serán los 30, no si al final me han sentado bien. Y de regalo me invita a cenar el viernes. Y yo que creía que nunca me volvería a sentir como cuando Luismi el de la Derbi me pidió rollo. Creo que se me ha notado demasiado lo nerviosa que me he puesto, pero ha debido gustarle porque se ha reído y me ha besado. Y ese beso no lo supera ni Luismi.

06 de Junio.
Con los nervios me he dejado la bolsa del gimnasio en la oficina y ya hasta el lunes no podré ir a recogerla. Ahora a ver cómo mato el tiempo hasta las nueve, y lo peor, tendré que conducir con los tacones, con lo que me cuesta. Ya he preparado el disfraz de conquista, el vestido negro y los taconazos nuevos. De escándalo. Por supuesto tanga negro y sujetador a juego, por si esta noche no duermo en casa. Voy a darme un baño relajante.

Se sentía inseguro como un niño. A cada paso que daba se planteaba si debía dar la vuelta. Pasó junto a un puesto de flores y sintió el deseo romántico de comprar una para ella, dudó si sería cursi el gesto. Qué demonios, pensó, tengo treinta y dos años. Paró en el puesto y compró una única flor que le pareció bonita, y no tan ostentoso y anticuado como un ramo. Aligeró el paso, ya estaba cerca. Entró en el edificio y subió las escaleras hasta el segundo piso, se acercó al mostrador de recepción y echó una ojeada por encima de la chica que sentada tras un ordenador le decía: "Dígame". No la vio, se apoyó en el mostrador echándose un poco adelante para ver el final de un pasillo que salía justo detrás del mostrador de recepción. La chica volvió a hablarle: "¿Le puedo ayudar en algo?"


_Sí. Bueno, buscaba a Sara Vallejo. _Contestó aún inclinado en el mostrador y sin mirar a la chica.
_¿Sara? ¿Sara Vallejo, señor? _ La chica le miró extrañada y Cesar de repente la miró de frente y se quedó turbado. Por un momento dudó si se había equivocado de oficina.
_¿No trabaja ella aquí?
_¿Es usted un amigo o familiar?
_Sí, bueno, un amigo, un amigo, sí. _Volvió a mirar por encima de ella. _Trabaja aquí, ¿no?
_Sí. Es decir, trabajaba. _Ella hizo un gesto de fastidio ante la actitud maleducada de él, que empezaba a irritarle _Pero el viernes sufrió un accidente con el coche...

César clavó la mirada en la chica, retrocedió un paso, y siguió mirando a la chica, esperando, con terror, a que terminase de hablar. Ella clavó la mirada en la flor que él llevaba en la mano y al momento lamentó haber sido tan brusca.


Erika Fernández realiza el máster en escritura creativa en Hotel Kafka

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