Hotel Kafka - Escuela de Ideas

Tfno.
917 025 016

Estás en Home » Blogs » Revista Metamorfosis

martes, julio 29, 2008

Amargos , por Mónica Alonso

La primera vez que vi un mate fue en la mano de mis abuelos, en sus visitas semanales a nuestra casa de Buenos Aires, no sé si en la calle Salta o Alberti, donde vivimos después. Mi abuela paterna, inmigrante gallega y mi abuelo materno, zamorano, se habían aferrado a su acento español pero habían adoptado enseguida la costumbre del país y tomaban mate, cada uno a su estilo, cada uno con un ritual diferente.

Ella lo tomaba dulce, por eso de niña esos fueron mis primeros mates, una vez a la semana llegaba mi abuela, tenía un mate pequeño metálico, con un asa, era azul, como esmaltado, y traía una bandeja con la azucarera y la pava. Ella era la que cebaba y mientras charlábamos y nos contaba historias de su aldea lejana pasaba el mate y después del estruendoso ruido de chupar la bombilla, la risa, se acababa y le tocaba al otro.

Cuando fuimos mayores nos pasamos al amargo, mi hermano era el encargado de prepararlo, primero lo llenaba de yerba, luego le daba la vuelta sobre su mano, lo sacudía y ponía la bombilla en el mate de calabaza curado, haciendo de esta tarea un arte.

Pero más allá de la forma, del color, de la yerba o el modo de prepararlo, el mate era la ronda, en la que de uno en uno se iba pasando mientras uno cebaba, como el que reparte las cartas en una mesa, y con cada carta hay una charla, un trocito de intimidad que se iba hilvanando, y al final de cada tarde de rondas se había tejido una amistad. El mate es mi amiga Clara, las tardes de invierno, la risa de sus hijos, las vacaciones en Bariloche. El mate es Roxana, sus amores y el tomar pavas enteras para engañar el estómago y ayudar a la dieta.

Ayer sonó el teléfono y oí la voz entrecortada de mi madre, lo estaba esperando, no vengas, me dijo, estás muy lejos. Me senté en la cocina y sin pensarlo me puse a preparar un mate, calenté el agua sin dejarla hervir, lo fui cebando con cuidado y por un momento todos volvieron a mi ronda, y hasta mi abuela se sentó a mi lado a compartir estos amargos tan amargos.


Mónica Alonso ha realizado el curso impartido por los profesores de Hotel Kafka en el Museo Nacional de Antropología sobre literatura iberoamericana.

Etiquetas: , , ,

© 2006 Hotel Kafka. C. Hortaleza 104, MadridTfno. 917 025 016Sala de PrensaMapa del SiteAviso Legalinfo@hotelkafka.com